El jurado destaca que es una intérprete “espontánea, auténtica y arriesgada"
El galardón está dotado con 30.000 euros.
La actriz Ángela Molina
ha sido galardonada con el Premio Nacional de Cinematografía, según ha
decidido el jurado que se ha reunido este jueves. El Instituto de la
Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), organismo adscrito
al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, concede este premio, que
está dotado con 30.000 euros.
Este premio está destinado a recompensar la aportación más
sobresaliente en el ámbito cinematográfico español durante el año
anterior a su concesión, o labor profesional desarrollada durante ese
mismo año. Además, en casos excepcionales, también se podrá otorgar como
reconocimiento a la trayectoria profesional. El jurado ha premiado a la actriz
“por su trayectoria profesional que viene desde sus primeras películas
con apenas 20 años, dejando palpable la estirpe de artistas de donde
proviene, trabajando fuera y dentro de nuestras fronteras, marcando con
sus interpretaciones la talla de actriz que la han hecho merecedora de
numerosos reconocimientos y premios, destacando su amor y generosidad
con cada uno de los actores y directores que ha trabajado. Una actriz
espontánea, auténtica, arriesgada y original”. Hace tres años Molina
obtuvo también la Medalla de Oro de la Academia de Cine. Fernando Trueba
fue galardonado el pasado año y se sumó a la lista de premiados en años
anteriores: la guionista, novelista y productora Lola Salvador (2014);
el director Juan Antonio García Bayona (2013); la diseñadora de
vestuario Yvonne Blake (2012); el director Agustí Villaronga (2011); o
el cineasta Álex de la Iglesia (2010). Asimismo, desde 1980, han recibido este galardón grandes
personalidades del cine español como Carlos Saura Atares, Francisco
Rabal, Mario Camus, Elías Querejeta Gárate, Carmen Maura, Vicente
Aranda, Fernando Fernán Gómez, José Luis Garci, Víctor Erice, Marisa
Paredes, Montxo Armendariz o Manuel Gutiérrez Aragón, entre muchos
otros.
La identidad del raptor, que escapó en paracaídas con 200.000 dólares, nunca ha sido descubierta.
Dos retratos robot de D. B. Cooper difundidos por el FBI.REUTERS-QUALITY
El FBI ha renunciado, después de 45 años, a seguir investigando el
caso NORJAK.
Es el tiempo que la agencia norteamericana lleva tratando
de averiguar la verdadera identidad de Dan
Cooper, el hombre que secuestró un avión de pasajeros y saltó en
paracaídas a 3.000 metros de altitud con los 200.000 dólares que
había obtenido como rescate.
El FBI comunicó este martes que, tras
seguir todas las pistas creíbles durante más de cuatro décadas, ha decidido derivar los recursos de la investigación hacia otras "prioridades investigadoras".
El 24 de noviembre de 1971, un hombre de mediana edad en traje negro y
corbata se subió en Portland (EE UU) al vuelo 305 de la compañía
NorthWest Orient Airlines, con destino Seattle
. Desde la última fila del
pasaje, y tras haber pedido un bourbon con soda, el pasajero
entregó una nota a una azafata en la que le advertía de que tenía una
bomba.
Con el rostro escondido tras unas gafas oscuras, D. B. Cooper
—como le ha recordado la leyenda—, informó de sus exigencias a los
pilotos, que se encargaron de comunicarlas al control en tierra: cuatro
paracaídas y 200.000 dólares.
Dos retratos robot de D. B. Cooper difundidos por el FBI.REUTERS-QUALITY
El FBI ha renunciado, después de 45 años, a seguir investigando el
caso NORJAK. Es el tiempo que la agencia norteamericana lleva tratando
de averiguar la verdadera identidad de Dan
Cooper, el hombre que secuestró un avión de pasajeros y saltó en
paracaídas a 3.000 metros de altitud con los 200.000 dólares que
había obtenido como rescate. El FBI comunicó este martes que, tras
seguir todas las pistas creíbles durante más de cuatro décadas, ha decidido derivar los recursos de la investigación hacia otras "prioridades investigadoras".
El 24 de noviembre de 1971, un hombre de mediana edad en traje negro y
corbata se subió en Portland (EE UU) al vuelo 305 de la compañía
NorthWest Orient Airlines, con destino Seattle
. Desde la última fila del
pasaje, y tras haber pedido un bourbon con soda, el pasajero
entregó una nota a una azafata en la que le advertía de que tenía una
bomba.
Con el rostro escondido tras unas gafas oscuras, D. B. Cooper
—como le ha recordado la leyenda—, informó de sus exigencias a los
pilotos, que se encargaron de comunicarlas al control en tierra: cuatro
paracaídas y 200.000 dólares.
Un dinero que Cooper obtuvo en Seattle, tras un aterrizaje tranquilo,
a cambio de los 36 pasajeros del vuelo.
El enigmático secuestrador
retuvo entonces a la tripulación y dio una orden: poner la aeronave
rumbo a México D.F. Es entonces cuando puso en marcha la última fase de
su plan.
Cooper saltó con uno de los paracaídas que había pedido y el
dinero del rescate a buen recaudo en algún punto entre las ciudades de
Seattle y Reno, a 900 kilómetros del lugar del despegue.
Agentes del FBI buscan pruebas del paradero de D.B. Cooper en el río Columbia (1980). R. Blackburn
Agentes del FBI buscan pruebas del paradero de D.B. Cooper en el río Columbia (1980). R. BlackburnNunca más se supo de D.B. Cooper. No se encontró ningún cadáver, ni se
halló rastro del dinero. Su misteriosa desaparición ha alimentado el
imaginario colectivo durante décadas. En el pueblo de Ariel, en el Estado de Washington —donde se cree que saltó el fugitivo— piensan que el secuestrador sigue vivo y decenas de admiradores celebran cada año su "hazaña" en los llamados días de D.B. Cooper. En 1980, un niño desenterró en la rivera del río Columbia manojos
desmenuzados de billetes de 20 dólares, que supuestamente formaban parte
del botín. El FBI conservará en su cuartel general de Nueva York, según el New York Daily News, ese dinero, una corbata negra y un paracaídas como evidencias históricas de la historia que nunca pudieron resolver.
El museo del artista en Ámsterdam recorre los últimos 18 meses de su vida en una muestra que investiga sus enfermedades.
Vincent van Gogh
es uno de los enfermos más famosos de la historia del arte, y su oreja
cortada, la dolorosa prueba del coste de su pasión.
Porque se la rebanó
casi entera, tal y como ha podido demostrarse ahora gracias a una nota
manuscrita de Félix Rey, el médico que le curó en la ciudad francesa de
Arlés.
Resuelto este enigma, quedaba por despejar el de su trazo
vigoroso, intenso... ¿enfermo? En otras palabras, se trata de saber si
pintaba de esa forma poseído por algún trastorno físico o mental, como
se ha sostenido en numerosas ocasiones.
En absoluto. Su excepcional pincelada no era el resultado de una
dolencia mal diagnosticada, o peor tratada. Es más, cuando padecía un
ataque, los médicos se lo quitaban todo, lienzos, pintura o trementina
para evitar lesiones. Era solo su estilo, marcado, desde luego, por sus
circunstancias vitales y un mal misterioso todavía por identificar.
¿Padecía epilepsia, esquizofrenia, vértigo, neurosífilis, tal vez un
envenenamiento debido a la absenta que bebía, y a los óleos mismos,
ingeridos al mojar el pincel con los labios? Al borde de la locura: Van Gogh y su enfermedad
es la primera exposición que investiga dicha influencia en su obra, y
el museo que lleva su nombre en Ámsterdam espera iluminar un caso
cerrado en falso. Porque, sin cadáver, no hay crimen. Y sin paciente,
tampoco un diagnóstico fiable. Durante decenios, se ha especulado con la naturaleza de la autolesión
de Van Gogh, ocurrida el 23 de diciembre de 1888. Se ha dicho que fue
una porción pequeña del pabellón auditivo, a resultas de su mala
relación con su colega francés Paul Gauguin. Con él compartió un taller
en la famosa Casa amarilla, de Arlés, retratada ese año por el holandés. Cuando se pelearon, Vincent no pudo soportar la tensión. También se ha
especulado con que el episodio pudo costarle muy caro, porque seccionó
todo el lóbulo. Y lo contrario, que se trató solo de un arrebato que
valía la pena exagerar dada la personalidad de su protagonista.
Una nota manuscrita del doctor Félix Rey, que le cuidó en 1888, ha
despejado todas las dudas. Rey era un hombre amable que le tenía
aprecio. En 1930, le contó lo sucedido al escritor estadounidense Irving
Stone, autor de una biografía titulada Pasión por la vida. La misma que apuntaló el guion de la película El loco del pelo rojo,
dirigida en 1956 por Vincent Minelli. Protagonizada por Kirk Douglas,
que logró una sobrecogedora caracterización del pintor, ha marcado la
imagen del artista pelirrojo. “Le remito encantado la información que me pide sobre mi pobre amigo
Van Gogh. La oreja fue cortada con una cuchilla siguiendo la línea de
puntos (según puede verse en el dibujo hecho por el médico). Espero, de
corazón, que sea usted capaz de honrar el genio de este pintor especial
como se merece”, añade Rey. El billete ha sido presentado por la autora
británica Bernadette Murphy durante la apertura de la muestra, y ha
desvelado que permaneció durante décadas en el archivo californiano de
Stone. Ella lo descubrió cuando preparaba su libro La oreja de Van Gogh, sobre el que se ha basado un documental de la BBC que será estrenado a finales de año.
Compasión por los débiles
Parte médico que explica cómo Van Gogh se seccionó parte de la oreja.
Por si el tajo fuera poco, el pintor envolvió la oreja en papel de
periódico y se la dio a una chica que trabajaba en un burdel cercano. Llamada Rachel, las crónicas de la época dicen que se desmayó al verla.
Según Murphy, su verdadero nombre era Gabrielle y tenía una herida
terrible por culpa de la mordedura de un perro. Van Gogh, que intentó
ser predicador, nunca perdió su compasión por los más débiles. “Es
posible que quisiera darle una parte de su propia carne en pleno
delirio”, apunta la ensayista.
Para la supuesta locura de la pincelada hay que preguntar a Nienke
Bakker, conservadora de la muestra. “La gente intenta ver su obra a
través de ese presunto desequilibrio, cuando Vincent pintaba siempre. Solo paraba durante los ataques. La enfermedad, cualquiera que fuese,
cambia su vida, pero hasta en el hospital psiquiátrico le dejaban plena
libertad cuando estaba mejor. Sí quiso abandonar su encierro, porque en
Arlés estaba con 42 hombres y mujeres dolientes, y vio que así no
mejoraba . Pero no pudo hasta que remitieron sus ataques”, dice. El museo ha
repasado los últimos 18 meses de su vida, desde un autorretrato donde él
mismo se ve enfermo y pálido, su posterior periplo por Francia y los
internamientos, hasta el disparo final. Para ello ha reunido documentos
del archivo municipal de Arlés, sus últimos dibujos, donde trabaja de
memoria y vuelve a los campesinos y molinos holandeses, y la nota del
doctor Rey.
La otra estrella de la cita es un retrato del médico. A Rey no le
acabó de gustar cómo le pintó su paciente, y lo vendió a un marchante de
Marsella. De ahí pasó a París, para recalar al final en el museo
Pushkin, de Moscú . En septiembre, la sala holandesa abrirá un simposio
internacional sobre las enfermedades de Van Gogh, que no alucinaba
mientras pintaba.
¿El revólver con el que se disparó?
El revólver de 7 milímetros de calibre, del fabricante galo Eugène
Lefaucheux, fechado entre 1865 y 1873, con el que supuestamente intento
suicidarse Vincent van Gogh, no era potente. Colocó el revólver en su
corazón, disparó y la bala chocó contra una costilla y acabó alojada en
el estómago. Falleció 30 horas después. Perteneciente a una colección
particular, es la primera vez que se exhibe en público el arma. La
pistola estuvo desaparecida un tiempo y fue hallada posteriormente en un
prado en Auvers-sur-Oise, en el sur de Francia. Allí estuvo enterrada
“entre 50 y 80 años”, según apuntaron ayer expertos del Museo Van Gogh. Las
fechas de fabricación y del hallazgo del revólver refuerzan la tesis de
que se trataría del arma del artista fallecido en 1890. Teio
Meedendorp, investigador del museo, recuerda que Vincent se desmayó tras
el disparo: “Al recobrar el conocimiento y ver que había fallado, buscó
sin éxito el revólver. Luego regresó dando tumbos al albergue Ravoux,
donde residía”. Sin embargo, Steven Naifeh y Gregory White Smith, autores de la biografía Van Gogh: la vida,
sostienen una teoría diferente: fue un homicidio por imprudencia. Unos
adolescentes que jugaban con la pistola le dispararon sin querer. Para
ahorrarles el reformatorio, él no dijo nada. La familia del pintor, no
obstante, cree que las últimas palabras de Van Gogh son las válidas. En
brazos de su hermano Theo dijo poco antes de expirar: “He sido yo y es
hora de marchar”.
Los trastornos mentales de Vincent
En función de los avances médicos a lo largo del tiempo, Vincent van
Gogh (Zundert 1853-Auvers-sur-Oise, 1890) pudo padecer los siguientes
trastornos y enfermedades mentales: Epilepsia. Es el diagnóstico que se le dio en 1889, pero en 1922 lo definieron como trastorno psicótico de la esquizofrenia. Neurosífilis fue uno de sus diagnósticos más conocidos, y se
determinó en 1923. Años después se dictaminó que sufría psicopatía y,
posteriormente, trastorno bipolar. Envenenamiento al ingerir pintura apareció como causa en 1949, a lo
que se sumó la intoxicación alcohólica (1953), el vértigo de Ménière
(1979), la psicosis cíclica (1988), la porfiria (1991) y el desorden de
personalidad (2000).