Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

5 jul 2016

Cayo Lara anuncia su alta en el paro antes de jubilarse: “Mi puerta giratoria”.............................. E. G. DE BLAS

Con 64 años, le queda menos de un año de cotización para jubilarse.

 

 
Cayo Lara, en una imagen de archivo.

"La cita de hoy para apuntarme al paro. Mi puerta giratoria", ha tuiteado este martes Cayo Lara, junto a la fotografía del número de cita en la oficina de desempleo.
 El exlíder de Izquierda Unida, de 64 años, ha acudido como un ciudadano más esta mañana a registrarse como demandante de empleo, después de haber cedido el testigo de la coordinación general de IU a Alberto Garzón el pasado 4 de junio.
 Lara, que ha ejercido de líder de la federación de izquierdas casi ocho años, estará en el paro alrededor de un año, ya que tiene previsto jubilarse después. 
En sus planes está escribir sus memorias.
 IU envió a Lara, en plena campaña, la carta de despido con el preaviso de 15 días. 
El exlíder de IU está en el paro desde el 1 de julio y, a menos que encuentre un trabajo, continuará así al menos durante un año, porque no se jubilará hasta el verano de 2017.
 De profesión agricultor, ha dedicado gran parte de su vida a la política, 29 años, que ahora deja por completo. 
El excoordinador no forma parte ya de los órganos de dirección del partido, en los que decidió no participar tras su salida.
Lara empezó su carrera política como alcalde en su pueblo natal, Argamasilla de Alba (Ciudad Real), cargo en el que se mantuvo durante doce años, entre 1987 y 1999. 
Un año después fue elegido coordinador de IU en Castilla-La Mancha hasta 2008. 
En el Congreso ocupó escaño en la legislatura iniciada en el año 2011, durante el primer mandato de Mariano Rajoy, y fue portavoz del grupo de Izquierda Plural.
Sus últimas palabras como líder de IU expresaron un malestar guardado en silencio los últimos meses. 
El pasado 4 de junio, Lara pronunció un discurso emotivo de agradecimiento a gran parte de la organización.
 Ante el medio millar de delegados llegados de todo el país a la XI Asamblea Federal del partido, el excoordinador fue, sin embargo, especialmente frío con su sucesor, Alberto Garzón.
 Desde la tribuna —en la que lucía el nuevo logo de IU, encuadrado en un corazón multicolor fruto del acuerdo electoral con Podemos— Lara no dedicó a Garzón palabras elogiosas. 
"Alberto, tú has sido, eres y serás mi candidato a presidente del Gobierno", se despidió Cayo Lara de liderazgo de IU, pero con ello expresaba su queja porque, tras el acuerdo con Podemos, el candidato a La Moncloa por la coalición Unidos Podemos es Pablo Iglesias, como cabeza de lista.
 "Me va a costar votar en estas elecciones", aseguró.

La vida en zigzag.......................................................................... Jordi Costa

Kiarostami hizo del cine el arte de saber mirar y de enseñar a mirar.


William Shimell y Juliette Binoche en 'Copia certificada'. El País Vídeo
El sendero en zigzag que recorre el niño protagonista de ¿Dónde está la casa de mi amigo? podría erigirse en emblema del arte de Abbas Kiarostami, orfebre de la síntesis que nunca avanzó en línea recta y que, partiendo de la inesperada resurrección de la poética neorrealista en el cine iraní, acabó erigiéndose en constructor de sofisticados laberintos dentro de la cámara de ecos de la metaficción.
Kiarostami, que no solo ha sido uno de los cineastas esenciales de la contemporaneidad sino también poeta de la palabra, ilustrador, fotógrafo y artista plástico, siempre entendió la estética como resultado de una toma de postura ética: en su cine, lo que cada plano enmarcaba resultaba tan importante como lo que dejaba fuera de campo, proponiendo en todo momento un diálogo de complicidad con el espectador y favoreciendo una educación de la mirada que ponía en evidencia hasta qué punto nuestra cultura de la imagen esta superpoblada de redundancias y anémica de significado.
Su cine abordó las cuestiones esenciales que tenía que afrontar el medio en su radical salto de su memoria fotográfica a su presente y porvenir digital: la disolución de las fronteras entre realidad y ficción, entre testimonio y artificio, el poder ideológico de la imagen como arma de resistencia bajo la claustrofobia de un poder opresivo, la revelación del dispositivo formal en la búsqueda de una nueva inocencia de la imagen, la democratización de la mirada asociada a la ocupación y legitimación cinematográfica de espacios cotidianos... 
El cine de este cambio de milenio no se podrá explicar sin él, del mismo modo que la eclosión de la modernidad cinematográfica a mediados del siglo XX no podría explicarse sin Roberto Rosellini, cineasta de quien se reconoció deudor en la inagotable Copia certificada, su primera película rodada fuera de Irán, y un sofisticado juego postmoderno en torno a la ineludible vigencia de Te querré siempre.

Kiarostami dialogó con Víctor Erice en una exposición que partió de la correspondencia entre dos cineastas tan distintos como afines. También contó en Shirin un relato mítico de la tradición persa a través de los rostros de las espectadoras que se emocionaban con esa película invisible para nosotros; recorrió la oscuridad más absoluta en una de las escenas documentales de ABC Africa; condenó a un innegociable fuera de campo al equipo de rodaje que visitaba una población rural en El viento nos llevará; elaboró un corte en sección de la sociedad iraní a través de las diez conversaciones al volante que mantenía la protagonista de Ten; reformuló y falseó el realismo baziniano para la era digital con el juego casi abstracto de Five, y elaboró un complejo tratado  sobre la impostura y la identidad en Close Up, película que partía de un caso de suplantación de personalidad sufrido por su colega Mohsen Makmalbaf para bifurcarse en derivas imprevisibles. La obra cinematográfica de Kiarostami ocupa un territorio único, una tierra de nadie equidistante entre la extrema simplicidad, con una marcada vocación de transparencia y legibilidad, y una contradictoria pulsión de complejidad, de construir un trampantojo para perderse en él y no sentir la necesidad de la salida. 
En la obra de Jafar Panahi, cineasta represaliado por el régimen iraní, las más autoconscientes estrategias del cine de Kiarostami parecen haber encontrado una continuidad capaz de seguir desafiando, pese a todo, la impuesta mordaza.
 Kiarostami recapituló a menudo sobre escenarios y personajes y demostró una y otra vez que el cine no es solo el arte de saber mirar, sino también el de enseñar a mirar, el de invitarnos a todos a interrogarnos sobre lo que está detrás de las imágenes.
 Y fuera de ellas.

 

Cómo ir de vacaciones en agosto sin arruinarse.................................................. Laura Delle Femmine

Internet y flexibilidad son las claves para encontrar buenas ofertas en el mes más caro del verano

España no se desmiente: en lo que va de año, el número de turistas extranjeros que ha llegado al país ha crecido un 11,4% con respecto a 2015, hasta superar los 25,2 millones, de acuerdo con Encuesta de Movimientos Turísticos en Frontera (FRONTUR) publicada el pasado jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Este número está destinado a subir a medida que avance el verano: el pasado agosto —mes por excelencia para las vacaciones—, la cifra de viajeros internacionales que eligió a España como destino para su descanso estival rebasó los nueve millones de personas.

Los españoles que tengan margen para elegir fechas alternativas al mes de agosto no solo evitarán sumarse a la ola de turistas que viene a veranear a España, sino tendrán otros beneficios.
 Porque el problema va más allá de una playa abarrotada de gente: en temporada alta crece el número de viajeros y también levitan los precios.

Este año los españoles se gastarán 2.246 euros de media para sus vacaciones de verano, según un estudio de American Express.

 Dentro de este presupuesto, alojamiento y transporte se llevan la mayor tajada: un 57%, frente al 20% destinado a restaurantes, 12% a ocio y 7% a compras.

 De acuerdo con el mismo estudio, la costa es el destino más buscado, pero es también el lugar donde más suben los precios para el alquiler vacacional —aunque con diferencias importantes en función del lugar—. ¿Se puede disfrutar de la tregua del trabajo sin gastarse una fortuna?   

Londres es, un año más, el destino más reservado por los españoles durante el verano, según un análisis del comparador de vuelos Skyscanner.

 Pero es a la vez uno de los trayectos que más se encarece en agosto. Junto con Palma de Mallorca, Roma y Ámsterdam, volar a la capital británica en el mes más concurrido del año supone gastarse entre un 21% y un 42% más en comparación con el precio medio que tiene el billete a lo largo del año. Esperar hasta septiembre supondría un ahorro de casi el 20%. Los destinos que al contrario resultan más accesibles en agosto son Bilbao, Oslo y Zúrich —el precio del vuelo baja entre un 3% y un 6%—, así como Lisboa, Düsseldorf y Oporto —el boleto se encarece en solo en un 10% en estas fechas—.

Si el trayecto no es muy largo, existe la opción del coche. 
El propio o el de los demás: la explosión de la economía colaborativa ha brindado una infinidad de herramientas para abaratar el coste de los viajes sobre cuatro ruedas.
 Desde BlaBlacar a Amovens o Shareling —con esta última aplicación también se puede viajar fuera de España—, las ofertas suelen ser muy competitivas. 
Pero en función de horario y ruta puede resultar más ventajoso el autobús, el tren o inclusive el avión.
Páginas como Gopili o Liligo comparan el coste de cubrir el mismo recorrido con diferentes medios de transporte. 
Si por ejemplo hubiéramos salido el pasado viernes de Madrid rumbo a Málaga, la opción más barata hubiera sido el coche compartido, por 23,47 euros, apunta Gopili.
 También de Madrid a Valencia, con fecha de salida el próximo 9 de agosto, el coche ganaría, aunque por solo un euro de diferencia con el tren, de acuerdo con Liligo. 
En la ruta Bilbao-Barcelona, saliendo el 12 de agosto, el medio de transporte más económico sería por otro lado el avión, y el más caro el coche compartido. 
Al contrario, la manera menos prohibitiva para desplazarse de Valencia a Barcelona el 5 de agosto es el autobús: ocho euros frente a los 22 del tren, 23 del automóvil y 79 del vuelo. 
En Internet se pueden encontrar también descuentos para viajar en tren. 
La plataforma Railpanda revende billetes de AVE, y los precios que recomienda para la ruta Madrid-Barcelona oscilan entre los 55 y los 59 euros, mientras para Madrid-Sevilla sugiere tarifas de entre 40 y 45 euros. 
Si compramos el billete y al final no podemos salir de viaje, siempre podemos volver a venderlo en la misma página.
 En Compartetren podemos encontrar viajeros con los que compartir la Tarifa 4 Mesa de Renfe, y lo mismo podemos hacer en sitios web como Truecalia, donde también se encuentran billetes baratos de autobús.
Si viajamos con nuestro vehículo, más allá de respetar las medidas de conducción eficiente, como apagar el coche durante las paradas prolongadas o reducir el uso del aire acondicionado, existen aplicaciones y páginas web, como el geoportal de hidrocarburos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, que ayudan a encontrar las estaciones de servicio más baratas de cada provincia.

Bueno, bonito y barato: aprovecha los descuentos en restaurantes

Internet se presenta como un válido aliado también a la hora de comer. 
Aunque no pueda todavía prepararnos un filete, sí puede indicarnos donde conseguir uno, tanto en España como en el extranjero.
 El sector de las reservas online en restaurantes no solo funciona como guía de locales, sino que permite reservar mesa y obtener descuentos interesantes, de hasta el 70% sobre el precio final.
Páginas como restaurantes.com o tripadvisor.es permiten filtrar la búsqueda por precio, tipo de comida, ubicación, fecha y hasta por promociones. 
Además, los usuarios pueden dejar comentarios para valorar la calidad del servicio y de la comida, y así orientarnos sobre nuestra elección no solo desde el punto de vista del precio, sino de su experiencia.

 

 

Cartas que daban la vida..................................................Manuel Morales

Un estudio rastrea la correspondencia que se cruzaron los presos del franquismo y sus familias.

“Es en las cartas donde se existe, mucho más que se existió en la vida, porque en ellas se sobrevive”.
 Quien escribió esto lo sabía por propia experiencia, el poeta Pedro Salinas, miembro de la Generación del 27, que se exilió a EE UU por la Guerra Civil
. De lo que para los españoles encarcelados desde 1936 y durante el franquismo supuso escribir y recibir cartas de sus seres queridos —ya fuese para pedir comida o ropa, o como despedida para siempre—, se ocupa el minucioso estudio Cartas presas (editorial Marcial Pons), de la doctora en Historia Verónica Sierra Blas.
Preso escribiendo en un cuaderno en la prisión de Carabanchel (Madrid), 1944, dibujo de José Manaut Viglietti.
Esta profesora de la Universidad de Alcalá ha manejado miles de misivas que halló en archivos públicos y personales: epistolarios, autobiografías y diarios, tanto publicados como inéditos.
 De ellas analizó unas 1.500 de hombres y mujeres, mayores y jóvenes, analfabetos o cultos, que querían "combatir su soledad y preguntar a su pareja cómo estaba, cómo crecían los hijos y si se ocupaban de la casa", dice esta historiadora especializada en las comunicaciones escritas en la Edad Contemporánea.
 "Muchos historiadores, tradicionalmente, no han tenido en cuenta este tipo de documentos por su subjetividad. 
Yo creo, sin embargo, que tienen gran valor porque permiten construir la historia de los hombres y mujeres corrientes".
Tras la Guerra Civil, con la represión dentro y fuera de las prisiones, se creó "una comunidad carcelaria que abarcaba también a los familiares". 
"Las madres tenían que adoptar el rol paterno y trabajar fuera, y ocuparse de los trámites para intentar sacar a sus maridos de la cárcel. 
Yo las llamo las secretarias de las penas", explica Sierra (Guadalajara, 1978). Para poder empezar a escribir, los presos afrontaban una dificultad básica: las materiales, como conseguir papel y lápiz. Cartas presas recuerda que se utilizaron páginas arrancadas de libros y periódicos, trozos de cartones, papel higiénico, telas…
El siguiente paso para los que sabían leer y escribir —los iletrados tenían que recurrir a compañeros o a personal de la prisión— era esquivar la censura. “No había una legislación clara, y cada director de prisión actuaba según la situación de su centro.
 La censura decidía cuándo se podía escribir; los temas, que eran el estado de salud y poco más, y el formato". 
Sobre este último aspecto, subraya que, "en un 80%, la correspondencia carcelaria eran tarjetas postales que el preso o su familia compraban en el economato de la prisión".
 "La vigilancia era férrea, se censuraban muchas cartas, pero a ello se oponía la inventiva de los encarcelados, sobre todo a la hora de esconder las misivas".

“Es en las cartas donde se existe, mucho más que se existió en la vida, porque en ellas se sobrevive”. Quien escribió esto lo sabía por propia experiencia, el poeta Pedro Salinas, miembro de la Generación del 27, que se exilió a EE UU por la Guerra Civil. De lo que para los españoles encarcelados desde 1936 y durante el franquismo supuso escribir y recibir cartas de sus seres queridos —ya fuese para pedir comida o ropa, o como despedida para siempre—, se ocupa el minucioso estudio Cartas presas (editorial Marcial Pons), de la doctora en Historia Verónica Sierra Blas.
Preso escribiendo en un cuaderno en la prisión de Carabanchel (Madrid), 1944, dibujo de José Manaut Viglietti.
Esta profesora de la Universidad de Alcalá ha manejado miles de misivas que halló en archivos públicos y personales: epistolarios, autobiografías y diarios, tanto publicados como inéditos. De ellas analizó unas 1.500 de hombres y mujeres, mayores y jóvenes, analfabetos o cultos, que querían "combatir su soledad y preguntar a su pareja cómo estaba, cómo crecían los hijos y si se ocupaban de la casa", dice esta historiadora especializada en las comunicaciones escritas en la Edad Contemporánea. "Muchos historiadores, tradicionalmente, no han tenido en cuenta este tipo de documentos por su subjetividad. Yo creo, sin embargo, que tienen gran valor porque permiten construir la historia de los hombres y mujeres corrientes".
Tras la Guerra Civil, con la represión dentro y fuera de las prisiones, se creó "una comunidad carcelaria que abarcaba también a los familiares". "Las madres tenían que adoptar el rol paterno y trabajar fuera, y ocuparse de los trámites para intentar sacar a sus maridos de la cárcel. Yo las llamo las secretarias de las penas", explica Sierra (Guadalajara, 1978). Para poder empezar a escribir, los presos afrontaban una dificultad básica: las materiales, como conseguir papel y lápiz. Cartas presas recuerda que se utilizaron páginas arrancadas de libros y periódicos, trozos de cartones, papel higiénico, telas…
El siguiente paso para los que sabían leer y escribir —los iletrados tenían que recurrir a compañeros o a personal de la prisión— era esquivar la censura.
“No había una legislación clara, y cada director de prisión actuaba según la situación de su centro. La censura decidía cuándo se podía escribir; los temas, que eran el estado de salud y poco más, y el formato". Sobre este último aspecto, subraya que, "en un 80%, la correspondencia carcelaria eran tarjetas postales que el preso o su familia compraban en el economato de la prisión".
 "La vigilancia era férrea, se censuraban muchas cartas, pero a ello se oponía la inventiva de los encarcelados, sobre todo a la hora de esconder las misivas".

Ansiedad y equívocos

De los muchos ejemplos que recoge Sierra, hay uno que demuestra la ansiedad con que se leían aquellas cartas, lo que daba lugar a equívocos: una toledana y dos de sus hijas estaban en la prisión de Amorebieta (Vizcaya), cuando recibieron una carta de su hijo pequeño cuya primera página acababa con la frase "padre ha muerto"
. La mujer arrugó la carta y se desesperó, pensando en sus pequeños huérfanos.
 Cuando recobró algo de calma, sus compañeras le  animaron a que terminara la lectura, y al doblar la carta seguía: "Padre ha muerto un cerdo de catorce arrobas, hemos hecho la matanza…".
Tarjeta postal ilustrada del preso Marcelino Díez López a su mujer, Melchora Muñoz, desde la prisión de  Figueirido (Pontevedra), agosto de 1939.
El estudio de Sierra se centra de 1939 a 1950, "los de mayor terror de la dictadura", aunque también incluye ejemplos de encarcelados por la República. 
Dedica un capítulo a las cartas de petición o súplica. "Eran las que rompían la intimidad porque entraban en lo público: se solicitaba atención médica, otras eran pliegos de descargo, o se pedía una reducción de condena o el indulto".
 Todas con un lenguaje de formulismos de respeto y deferencia al destinatario (“Muy señor mío y de toda consideración más distinguida”).
 De esa panoplia sobresalen las mandadas a Franco suplicando clemencia.
 Llegaron cientos, y también a su mujer y a su hija, como la de una niña de 12 años cuyo padre estaba sentenciado a muerte: “[…]el fin de rogarle, encarecidamente, interceda cerca de su papá, que todo lo puede, para que indulte al mío". 

  La historiadora Verónica Sierra, en el museo de la Imprenta de Madrid.









"De vacaciones entre nata y buñuelos"

Para evitar la censura en las cartas que los presos del franquismo enviaban a sus familias, lo mejor era no escribir algo que pudiera molestar a las autoridades de la prisión, pero hubo quien optó por mentir a sus hijos para que no sufrieran.
 El preso Josep Fortuny Torrens, encarcelado en León, hizo creer a  su pequeño Pedro que estaba de vacaciones en un pueblo donde había "muchos dulces, plátanos, nata, churros, buñuelos y otros artículos de tu específico paladar".
"Si alguna vez puedo ya te mandaré un paquete".