La
selección española gestionó mal todas las circunstancias que se dieron
con Croacia, a la que metió en el partido y no le supo cerrar una contra
final.
Nolito, en primer término, y De Gea, tras el primer gol de Croacia en el partido del martes. LUIS SEVILLANO
De la Eurocopa al Eurocopón.
Ahí radica el extravío de España, cuya
mala interpretación ante Croacia le obliga ahora a unos cuantos peajes
de órdago.
Cuando menos se esperaba, La Roja se lo buscó por su falta de
aplicación.
En campeonatos de distancia corta hay que saber manejar las
circunstancias, al menos las que no son fortuitas.
Y no lo hizo el
equipo de Del Bosque, cuyos titularísimossacaron conclusiones
tan erróneas como precipitadas, auscultaron mal el duelo, con la ventaja
y con el empate
. Lo llaman leer el partido, y España no entendió nada.
Un escarmiento. Hay que leer con más sentido.
La selección no estuvo espabilada, pragmática, y se condenó al
calvario que le espera.
Un sofocón para los españoles, como para
italianos, franceses, ingleses y alemanes. Que se les cruce La Roja
tampoco es para tirar serpentinas.
Los apretones, para todos.
El torneo
cobra una doble intriga, saber quién, con tantas curvas, sobrevivirá por
el tortuoso lado del cuadro, y qué aspirante inesperado se presentará
en la final de París.
Por la ruta de los presuntos teloneros no irá un
solo campeón.
En el fútbol, el buen juego suele avalar al ganador, pero el azar se reserva una cuota
En el fútbol, el buen juego suele avalar al ganador, pero el azar se
reserva una cuota, lo mismo que ciertas eventualidades que requieren
diligencia
. Hubo equipos a los que no les llegó con la excelencia, como a
la Hungría del 54, a la Holanda del 74 o al Brasil del 82.
Un mal
peritaje de ciertos detalles los dejaron en la cuneta.
Con menos
cosmética, el podio fue para los que no se confundieron en el momento
adecuado.
Nolito, en primer término, y De Gea, tras el primer gol de Croacia en el partido del martes. LUIS SEVILLANO
De la Eurocopa al Eurocopón. Ahí radica el extravío de España, cuya
mala interpretación ante Croacia le obliga ahora a unos cuantos peajes
de órdago. Cuando menos se esperaba, La Roja se lo buscó por su falta de
aplicación. En campeonatos de distancia corta hay que saber manejar las
circunstancias, al menos las que no son fortuitas. Y no lo hizo el
equipo de Del Bosque, cuyos titularísimossacaron conclusiones
tan erróneas como precipitadas, auscultaron mal el duelo, con la ventaja
y con el empate. Lo llaman leer el partido, y España no entendió nada.
Un escarmiento. Hay que leer con más sentido.
La selección no estuvo espabilada, pragmática, y se condenó al
calvario que le espera. Un sofocón para los españoles, como para
italianos, franceses, ingleses y alemanes. Que se les cruce La Roja
tampoco es para tirar serpentinas.
Los apretones, para todos. El torneo
cobra una doble intriga, saber quién, con tantas curvas, sobrevivirá por
el tortuoso lado del cuadro, y qué aspirante inesperado se presentará
en la final de París.
Por la ruta de los presuntos teloneros no irá un
solo campeón.
En el fútbol, el buen juego suele avalar al ganador, pero el azar se
reserva una cuota, lo mismo que ciertas eventualidades que requieren
diligencia.
Hubo equipos a los que no les llegó con la excelencia, como a
la Hungría del 54, a la Holanda del 74 o al Brasil del 82
. Un mal
peritaje de ciertos detalles los dejaron en la cuneta.
Con menos
cosmética, el podio fue para los que no se confundieron en el momento
adecuado.
España jugó bien, y muy bien, los dos primeros partidos, en los que
hizo un fútbol recreativo
. Sin olvidar que resolvió ciertos espasmos que
poco tienen que ver con la obra en su conjunto.
Aquel gol que salvó
Cesc bajo el larguero con 0-0 ante los checos y que Ramos se librara de
una expulsión o un tanto en contra cuando tras un esguince a la pelota
se ganó una tarjeta frente a Turquía también con 0-0.
Detalles,
detalles. Marcan tanto como el fútbol de buen paladar.
Lo tuvo España en
las dos recientes Eurocopas ganadas, y en Sudáfrica 2010, pero para
hacer cumbre tuvo que acertar con penaltis, remates, paradas milagrosas,
cabezazos imposibles…
Sobredosis de autoestima
Frente a Croacia, España fracasó al afrontar las particularidades del
choque
. De entrada, dio la sensación de que el hecho de alistar a los
mismos se digirió de la peor manera
. Si Del Bosque quiso con ello
realzar el partido, dada su relevancia, los jugadores parecieron
sentirse demasiado elegidos, lo que se tradujo en una cierta
relajación y una sobredosis de confianza, de autoestima.
El gol de
Morata, tan de ese ingenio que etiqueta a la España de días ilustrados,
lejos de marcar la pauta disparó la condescendencia.
Una pifia de Ramos,
otra de De Gea… La selección se libró de casualidad, pero invitó al
partido a los croatas, que percibieron que allí había batalla, que la
dicha española no era para tanto.
Al filo del descanso, cuando conviene
la mente fría, otro abandono.
No hubo cerrojo para Perisic y tampoco
para Kalinic, fuera de lugar Ramos y atornillado a la línea De Gea.
Por
suerte para los de Del Bosque, no tuvo el efecto demoledor del gol del
holandés Van Persie en Brasil, también en la zona Cesarini de un primer tiempo.
Pero de nuevo animó al rival. Ramos falla el lanzamiento de penalti. Kai FörsterlingEFE
Como aquel fatídico día ante Holanda, España pudo gestionar con
pericia un empate, pero fue incapaz.
Contra los croatas, visto que no
era el día y el partido oscurecía, La Roja consintió una contra
fulminante a tres minutos del tiempo a añadir cuando le valía el
resultado
. Parvulario. El cronómetro requería bajar la persiana, ponerse
a resguardo con el balón, para ello había entrado Bruno junto a
Busquets.
Pero se permitió una contra en la que nadie estaba donde
debía
. Para colmo, De Gea se sumó al espanto.
Ahora, sudores fríos. De
inicio, Italia.
De haber hecho los deberes, Portugal, también un hueso,
pero el único por ese lado del cuadro.
Por el medio, un penalti con la cruz de Ramos, el mismo que a lo Panenka
se lo clavó a Portugal en 2012. Esta vez, el chivatazo de Modric a su
portero dejó al capitán español en la diana.
No es un especialista, de
acuerdo, y le puede la fe. Lo es CR, y con su fallo metió en un lío a
los portugueses
. Matices, matices, matices.
El día después, nadie dio
explicaciones en España.
Quizá no vieron defensa, como no la tuvo un
equipo que cimentó sus éxitos a partir del blindaje general con su apego
a la pelota, aunque también sin ella.
Ya ha encajado un tanto más que
en Ucrania-Polonia 2012 y los mismos que en todo Sudáfrica.
Aguilar
Camín publica 'Toda la vida' (Random House), una historia que a lo largo
de 125 páginas hace girar a México y al lector desde el misterio hasta
la melancolía.
El escritor Aguilar Camín en su casa de Ciudad de México, este junio. SAÚL RUIZ
El día se ha apagado en la Ciudad de México
. Bajo un cielo repentinamente oscuro, Héctor Aguilar Camín,
calcetines naranjas, chaleco rojo, recorre los jardines de su casa y
enseña sus maravillas
. En un patio repleto de helechos se alza una
inmensa araucaria, en otro un sauce llorón y, en una esquina, junto al
estudio, una secuoya que seguirá creciendo cuando este mundo no esté y
que al autor mexicano le gustaría podar un poco por la base.
“Escribir
es reescribir y reescribir es podar”, bromea.
A sus 69 años, Aguilar Camín es el creador de una literatura que ya se sabe que enraizará en el tiempo.
Su última aportación es Toda la vida
(Random House), una depurada historia que a lo largo de 125 páginas
hace girar a México y al lector desde el misterio hasta la melancolía.
Una novela de amor extremo, crimen e impunidad que una vez leída no deja
de crecer. Pregunta. En el libro hay un asesinato y un personaje que lo investiga a lo largo de los años. ¿Es novela negra? Respuesta. Es una novela de amor fatal que tiene en
el centro el enigma de un asesinato.
La historia está lejos de ser
inocente.
El narrador es novelista y, por tanto, va de frente y al
sesgo.
El tipo se pasa la mitad de la vida huyendo de la mujer que
quiere y la otra mitad buscándola y encontrándola.
Lo que los une y
separa es la escena extrema en donde ella le hace saber que es capaz de
mandar matar a alguien y que lo ha hecho.
La novela es la doble
averiguación de qué pasó realmente con el asesinato y dónde está la
mujer. P. Hay un juego de versiones que recuerda la verdad a
la mexicana. Un baile donde no se sabe quién dice la verdad y qué es
verdad de lo que se dice. P. Eso es muy exacto. Desde el primer libro que escribí tomé esa opción:
un relato de apariencia realista que al final no es más que la suma de
versiones.
Salvo ciertos hechos duros, nunca tienes la certidumbre de
qué pasó con este asesinato, con estas vidas; procedes por
aproximaciones.
La verdad, al final, no puedes asirla. Como tantas veces
pasa en la vida pública de México. P. Esa es la base de la impunidad. R. La impunidad recorre la novela, toda ella está
construida en un territorio más allá de la ley, de las reglas morales,
del castigo. Es un mundo de cómplices que han envejecido y cruzado la vida pública con impunidad. P. ¿Otro espejo de México? R. El dilema de la novela es: ¿se puede salir
moralmente impune de un homicidio? ¿Se puede vivir con la culpa de un
crimen? Es una pregunta que se extiende a la sociedad mexicana. ¿Se
puede salir impune de este nivel de violencia y barbarie?
La novela no
pretende responder a esto, pero sí mostrar el daño profundo que estos
personajes han infligido a sus vidas por haberse situado en una región
de excepción donde viven con ese secreto a cuestas.
Un secreto que
incendia, marca y daña. Es una historia de amor en los extremos. P. El libro genera cierta melancolía. ¿Responde a un estado de ánimo del autor? R. Estoy volviendo a partes de mi vida que se han
ido y que no van a regresar.
Están puestas ahí como piedras de una
civilización desaparecida, escenas de una vida vivida que no volverá.
Pero la novela también está llena de vitalidad
. Hay una decisión del
narrador de asumir los riesgos, de vencer los miedos que ha tenido por
esta mujer y de tirarse al río a ver qué sucede.
Y sucede lo que sabe
que le va a suceder. P. Sus personajes femeninos son muy poderosos, incluso fatales. R. En una sociedad donde tienen tantas limitaciones y
castigos he creado en mis novelas mujeres que gozan de una gran
autonomía y fuerza, aunque a menudo pagan el precio de su libertad,
porque una vida tan libre y transgresora como la de la Liliana Montoya
tiene un coste. P. Liliana Montoya es además explosivamente erótica. ¿Técnicamente cómo lo logró? R. El erotismo se ha de tocar con los personajes
vestidos, todo lo demás es de menor calidad.
Es un asunto tan delicado y
tan intenso, tan cercano al exceso y a la vulgaridad de la pornografía
que más vale que todo sea vestido.
Lo mismo ocurre con la literatura:
los grandes momentos tienen que ver con lo que está implícito y no con
la superficie explícita del texto. P. Por el libro desfilan épocas pasadas. La noche, la juventud, la universidad… ¿Hasta qué punto hay una revisión de su pasado? R. Hay bastante, pero al mismo tiempo pongo todo
ello al servicio de la experiencia de esos personajes; es un libro
melancólico respecto a un México que ya se fue. Que sólo queda en
nuestra memoria, en pasajes de novelas.
Es un mundo que ha desaparecido y
que tuvo que ver con la plenitud de la vida. P. ¿Añora el pasado? R. Cada vez que pienso en el pasado lo añoro.
Pero
no tengo una actitud melancólica. La tengo como escritor porque así
salen las cosas cuando escribo.
Me parece que el efecto más profundo de
la literatura, o al menos de las novelas que han marcado mi vida, es esa
sensación de haber penetrado un mundo y salir de él lleno de
experiencia, de vidas imaginarias que producen melancolía.
Wilde decía
que la cosa más triste que le había sucedido era la muerte de Lucien de
Rubempré
. Yo voy buscando que me hagan sentir que he perdido un mundo
que he podido compartir pero que nunca podrá ser plenamente mío.
La
genuina emoción que produce un gran libro es melancólica.
Una Reina es una Reina pero somos tan generosos que aquí mantenemos a dos.
La reina Letizia felicita a la reina Sofía, durante un acto conmemorativo. Sergio BarrenecheaEFE
"Pensaba que me retiraba y no paran de pedirme cosas: hay que ir aquí, hay que ir allí...", ha confesado esta mañana doña Sofía a un grupo de periodistas tras recibir un homenaje por su dedicación a la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD), de la que ocupó durante casi 30 años la presidencia de honor.
La encargada de entregarle dicha distinción fue la reina Letizia.
El homenaje a la madre del Rey, que pasó el testigo de este cargo
honorífico a doña Letizia el pasado septiembre, ha tenido lugar este
miércoles durante el acto conmemorativo del 30 aniversario de esta
entidad
. En el discurso, pronunciado sin leer, la Reina ha destacado la
labor de su predecesora en el cargo y ha explicado que doña Sofía le
confió que de todas las tareas sociales que había desempeñado, la de la
FAD era la que mayor satisfacción personal le había reportado.
Ha revestido de misterio el "secreto" que iba a desvelar al respecto y
le ha puesto emoción: "Detecto el rumor de la expectativa y cómo afilan
los oídos los periodistas".
Según ha explicado, "hace ya algunos años"
le contó: "Hago muchas cosas, trabajo con muchas personas, son
muchísimas las iniciativas ciudadanas que merecen el apoyo
institucional.
Pero, sin duda, una de las que más me ha hecho sentir
digna de servir, feliz por estar, por ir de la mano de la mano de una
causa, esa es, sin duda, la Fundación de Ayuda a la Drogadicción".
Esa labor, según confió la madre del Rey a su nuera, que todavía era
princesa, "apunta a lo más alto de la condición humana: a los valores, a
la voluntad, a la toma individual de decisiones, que es, además, lo que
nos define -internamente- como seres libres".
La reina Letizia felicita a la reina Sofía, durante un acto conmemorativo. Sergio BarrenecheaEFE
"Pensaba que me retiraba y no paran de pedirme cosas: hay que ir aquí, hay que ir allí...", ha confesado esta mañana doña Sofía a un grupo de periodistas tras recibir un homenaje por su dedicación a la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD), de la que ocupó durante casi 30 años la presidencia de honor. La encargada de entregarle dicha distinción fue la reina Letizia.
El homenaje a la madre del Rey, que pasó el testigo de este cargo
honorífico a doña Letizia el pasado septiembre, ha tenido lugar este
miércoles durante el acto conmemorativo del 30 aniversario de esta
entidad. En el discurso, pronunciado sin leer, la Reina ha destacado la
labor de su predecesora en el cargo y ha explicado que doña Sofía le
confió que de todas las tareas sociales que había desempeñado, la de la
FAD era la que mayor satisfacción personal le había reportado.
La reina Letizia y doña Sofia. FotonoticiasWireImage
En su intervención, doña Sofía, ha agradecido el homenaje "tan lleno
de cariño" y ha destacado el compromiso, la efectividad y el ejemplo de
la FAD, así como "su proyección iberoamericana al acercar la solidaridad
española a muchos países hermanos".
Tras el acto, doña Sofía ha
comentado en un corrilo sentirse muy alagada por las palabras de la
Reina.
Además del reconocimiento a doña Sofía, durante el encuentro se han
entregado distinciones a varios representantes de los principales grupos
y medios de comunicación españoles, como PRISA, Zeta, Atresmedia, RTVE o
la Agencia Efe, y a las asociaciones representativas de diferentes
colectivos y empresas de publicidad exterior en agradecimiento por el
apoyo prestado a la fundación para difundir sus campañas de
sensibilización
Cristina Cifuentes, la reina Letizia y doña Sofia. FotonoticiasWireImage
Creada en 1986 por iniciativa del militar Manuel Gutiérrez Mellado,
la FAD es una institución privada, sin ánimo de lucro, no confesional,
independiente de toda filiación política y de carácter
benéfico-asistencial.
Está dotada de estatus consultivo con categoría II
ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas y tiene como
misión fundamental la prevención del consumo de drogas y otras conductas
de riesgo que impidan o dificulten el desarrollo personal y social de
los adolescentes.
La fundación ocupa un espacio destacado como una organización líder y
referente de las intervenciones en el sector, tanto en España como en
América Latina, donde ha compartido su experiencia y su modelo de
intervención con 14 países.
Dinámica desde la retaguardia
El homenaje a doña Sofía sigue la senda de reconocimientos que la
madre del Rey ha ido recibiendo desde el cambio dinástico, cuando la
proclamación de Felipe VI situó a doña Letizia en primera línea de la
Corona y, en consecuencia, propició el relevo en aquellas instituciones
que había apoyado con su presencia.
El 30 de abril de 2015, ambas Reinas acudieron a la entrega de los
premios anuales convocados por el Real Patronato de Discapacidad en el
palacio de El Pardo. Aquella cita sirvió de homenaje a doña Sofía en el
último año en que los galardones llevaban su nombre.
Dos meses después, el 23 de junio de 2015, las dos reinas
protagonizaron un acto en la entrega de los premios del Comité Español
de UNICEF, en el que la madre del Rey fue galardonada con el premio
Joaquín Ruiz-Giménez por su compromiso personal e institucional durante
casi cinco décadas en defensa de los niños.
En aquella ocasión, doña Letizia quiso felicitar de “forma muy
especial” a su “suegra” (“nunca la palabra suegra ha sonado mejor”, dijo
saltándose el discurso escrito) por haber dedicado “una vida entera” a
su trabajo en favor del “bienestar del que todos los niños tienen
derecho”. "Me lo has puesto muy difícil", dirigió en tono cariñoso a doña Sofía, a la que, además de en el trono, sustituyó también en el cargo de presidenta de honor del Comité Español de UNICEF.
Con todo, la madre del Rey, que cumplió 77 años el pasado 2 de
noviembre, sigue muy dinámica desde la retaguardia con una constantes
presencia en la agenda de la Casa del Rey.
Recientemente ha compartido varios actos con Juan Carlos I, como la inauguración de la exposición De Caravaggio a Bernini
en el Palacio Real o la celebración del 70 aniversario del Rey de
Suecia. Asimismo, ha mantenido su actividad en solitario en
inauguraciones de exposiciones, actos y simposios sociales y sanitarios.
Además, no se ha desvinculado de su actividad en el Centro Reina
Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, ni tampoco en el centro
destinado al tratamiento del alzhéimer o en la Escuela Superior de
Música que llevan su nombre.
Los jugadores de Croacia celebran la victoria. KHALED ELFIQIEFE
El primer gol de Croacia fue una buena noticia para España.
Llegó cuando tenía que llegar, en la última jugada del primer tiempo,
y como consecuencia de la relajación y el despiste, dos rasgos de la
defensa española que merecían un gol en contra para evitar eso tan
peligroso de la fe: en la buena suerte, en el karma, en la impunidad.
Los croatas marcaron después de un centro cómodo y gracias a un despiste
de Ramos, que vio pasar al delantero tratando de pararlo con los brazos
en jarras.
Lo hicieron suavemente con el exterior, que es la parte de
la bota que utilizan los verdugos con estudios.
Para entonces España se estaba dejando querer en defensa, saliendo a
todos los bailes, y pegándose un baño de euforia en ataque.
Había un
contraste alarmante, como cuando uno pierde el control de una parte de
su cuerpo. Pases cortos, entregas pasotas al rival, controles de verbena
de verano.
Todo lo resolvía Croacia con zambombazos a los aires, como
si se dedicasen a festejar la recuperación más que a buscar un gol.
Y
cuando uno le puso sutileza fue tan certero que el balón golpeó todos
los palos de Burdeos antes de salir otra vez al área, nada convencido.
Los jugadores de Croacia celebran la victoria. KHALED ELFIQIEFE
El primer gol de Croacia fue una buena noticia para España.
Llegó cuando tenía que llegar, en la última jugada del primer tiempo,
y como consecuencia de la relajación y el despiste, dos rasgos de la
defensa española que merecían un gol en contra para evitar eso tan
peligroso de la fe: en la buena suerte, en el karma, en la impunidad.
Los croatas marcaron después de un centro cómodo y gracias a un despiste
de Ramos, que vio pasar al delantero tratando de pararlo con los brazos
en jarras.
Lo hicieron suavemente con el exterior, que es la parte de
la bota que utilizan los verdugos con estudios.
Para entonces España se estaba dejando querer en defensa, saliendo a
todos los bailes, y pegándose un baño de euforia en ataque.
Había un
contraste alarmante, como cuando uno pierde el control de una parte de
su cuerpo. Pases cortos, entregas pasotas al rival, controles de verbena
de verano.
Todo lo resolvía Croacia con zambombazos a los aires, como
si se dedicasen a festejar la recuperación más que a buscar un gol
. Y
cuando uno le puso sutileza fue tan certero que el balón golpeó todos
los palos de Burdeos antes de salir otra vez al área, nada convencido.
El gol, en la primera ocasión y tras dos minutos de acoso croata,
hizo creer a España en la inmortalidad.
Fue un monumento
. Salió el balón
en defensa mediante un triángulo que dejó tirada la primera línea
rival, y tras eso se dejó todo en manos de Cesc
. Hay desmarques que son
asistencias en sí mismas
. El catalán se fue a por un hueco en el área
que sólo vio él y el cerebro depredador de Silva contemplándolo
intramuros
. Fue una asistencia larga y telegrafiada por Cesc, que salió
de tan atrás que llegó como un barco y resolvió finísimo
. Comenzó
entonces la ruleta rusa: al juego cinematográfico de España, con los
laterales desencadenados, le sucedía la categoría en la salida de
Croacia, una selección de domadores que terminó el partido sacando los
aros para colar dentro a los leones.
No había un punching ball delante, sino una aspirante a
campeona que aguantó el asedio, los errores arbitrales y un penalti.
Hay
dos clases de penaltis de Ramos: los contra natura, que los tira
despacito y los mete todos, y los naturales, a romper como si quisiese
saldar una cuenta terrible con la vida; la lucha de Ramos en los once
metros no es contra el portero, sino contra sí mismo.
Todo lo soportó Croacia para seguir mirándole a la cara a la
deslumbrante España.
Y después del penalti, siguiendo un guion que le
cayó encima de la mesa, se fue a saludar a De Gea. Ese segundo gol no
fue buena noticia.
En realidad, visto ahora con perspectiva, fue
bastante mala.