Me recuerda el Pais en Internet si quiero ver el discurso o mitin de Pedro Sánchez, pero no me interesa. Sé a quien voy a votar, naturalmente, y algunos discursos he visto, como los 4 en Telecinco, más que nada por novelería, repito que nunca he sido de los-las indecisas. El caso es que me sobra esa saturación de palabras que ya nadie me convencerá de lo contrario, salvo cuando dicen que las mujeres somos analfabetas políticas, que las podrá haber, eso seguro, y extremistas radicales de derechas, pero igual que pasa con los hombres. Con esos que se quejan tanto de lo que nos ha sucedido, de esos autónomos que no tienen ayudas, protestan pero luego dicen que votaran al PP, su enemigo Nº 1 pero que no lo relacionan con Rajoy o eso dan a entender. Así que respetando determinados argumentos de los Partidos, sé cual voy a votar porque yo ya voté cuando tocaba y me molesta muchisimo tener que volver a votar.....pero eso es otra historia. Así que me pongo a ver el futbol, no todo, cuando juega la Roja, y ayer un poco, fui testigo asombrado.a de Cristiano que no metió ni un gol, y eso que lo tuvo como la cabeza de Juan el Bautista, en Bandeja de Plata....y venga a cometer faltas, eso es para mi un misterio, porque a Iniesta le dieron un patadón que casi lo mandan a la enfermería pero esos unguentos que les ponen contra el dolor deben ser milagrosos. Así que prefiero ver a España Roja por un dia, como en el anterior mundial de sudafrica que por supuesto a Rajoy que estuvo por Canarias ayer.....y que es de nuestro Soria? desde Panamá no sé nada de él y bueno ya volverá a salir a contar mentiras....
El
manchego es tan Messi con La Roja que también explota de maravilla su
propia sociedad con Alba, la pareja más decisiva en el nuevo método de
ataque español.
España celebra el 3-0 a Turquía. B. L.AFP
La treta es familiar, pero como tantas argucias futboleras de autor
pocos la pillan.
En el Barça, de reojo Messi ya escucha de inmediato:
“¡Presente!”.
Es Jordi Alba, a todo gas por su pista, la gran ruta de
evacuación azulgrana.
Con Leo en la Copa América
y Xavi por Qatar, Iniesta ha dado unos cuantos pasos al frente y hoy es
la trinidad.
No solo es Iniesta. Es el Xavi que sirve de satélite a
todos y el Messi que en la periferia del área limpia rivales o enfila a
los suyos hacia la meta adversaria con toques por el ojo de una aguja.
Nadie lo interpreta mejor que Jordi Alba.
Se han intercambiado 66 veces la pelota,
y casi en todas las ocasiones en terreno enemigo. Un correo solo
superado por el de Alba con Ramos (75), pero esta filiación se produce
al inicio de las jugadas, en las zonas templadas.
El enemigo, por estudioso que sea, pocas veces sabe cómo cortar los
cables de ciertas conexiones, por más que en el caso español, la vía
Iniesta-Alba sea de cercanías, no de largo recorrido, de costado a
costado, como la de Messi y el lateral. Leo causa pánico y, a lo lejos,
al otro lado, Alba aprovecha la basculación de la zaga contraria
. Con
Iniesta, que también atrae carcelarios, la jugada circula por la misma
dirección y se requiere un toque de billar.
Una acción distingue al
Barça, la otra comienza a ser bandera en La Roja.
En su club, Jordi
espera órdenes del argentino; en España, del manchego.
Ellos le marcan
el camino, y él, sin respiro, va puntual a la sala de espera.
Los pases subordinados entre los dos barcelonistas y Nolito han
convertido la orilla izquierda en la banda sonora de la Roja.
Por ese
lateral han llegado tres de los cuatro goles y los mayores oleajes del
equipo, de una selección que amaga por dentro y pica por fuera.
Tampoco
es menor la aportación de Juanfran, pero en sus descargas, menos
frecuentes, no participa Iniesta, que circula por el extremo contrario.
En esta nueva España, menos proclive al embudo central, Alba es un
certamen de velocidad, la marcha imposible para los contrarios.
Un
futbolista que sabe como pocos cuándo tocar la corneta al espacio y
cuándo buscar otras cosquillas a la jugada, frenar e indagar otra
salida.
En cada esprint, con la barbilla a punto de estallar y la nuca a
punto de reventar, parece que el pequeño Jordi vaya a explotar con
tanta estampida.
Es solo un espejismo, con el mismo gesto terminal coge
el patinete y retrocede —en los dos partidos, con solo una falta
cometida, nadie le ha regateado—.
No hay laterales con más peso en el
juego que él y Marcelo.
Fue Alba quien desmayó definitivamente a Italia con su gol poco antes del descanso en la final de la Eurocopa de Kiev de 2012
.
Y fue Alba quien hace un mes rindió al Sevilla en la final de Copa.
Extremo de cuna reconvertido a la lateral por Unai Emery en sus tiempos
en el Valencia, a sus 27 años es una pieza básica en su club y en La
Roja
. Hasta el punto de que el juego español se vuelca más de un 40% por
su carril
. Lógico por la incidencia de Iniesta.
Es el jugadorazo de la
Euro y Alba su mejor flecha.
Junto a Nolito, han configurado la línea de ataque española más
perpetua y efectiva.
El vértice del triángulo es Iniesta, un manual de
instrucciones
. Si el gaditano fija a su centinela en la orilla, Alba se
adentra y Andrés decide.
Si Nolito se aleja de la línea de banda para
dejar aire al catalán, Andrés elige cuál es la dirección adecuada
. Si no
le convence ninguna, cabe que sea él mismo quien reme hacia la meta
rival.
Tal es la influencia de Alba, lo que refleja la disposición ofensiva de
Iniesta al mando de La Roja, que el pequeño zurdo, en la suma de los dos
partidos, ha contactado con la pelota 36 veces en campo propio y 92 en
el ajeno
. Además, el 37% de sus servicios han sido hacia adelante.
En esta España que, de momento, da gusto, nada suena mejor que el dúo Iniesta-Alba.
Seis años de prisión por un delito de 79,20 euros cometido a los 18.
Ocurre en este país de tenaces ladrones millonarios que campan a sus
anchas.
SIEMPRE he tenido la sensación de que la vida es un desfiladero
tortuoso, un sendero colgado sobre el abismo. Hay personas a las que un
pequeño tropezón puede precipitar a las profundidades; otras, en cambio,
se dedican a ejecutar locas y arriesgadas cabriolas en el filo de la
nada, pero los arbustos detienen milagrosamente su caída. Sea como
fuere, creo que todos llevamos dentro nuestra posible perdición, la
puerta de nuestro infierno, la debilidad concreta capaz de hacernos
pedazos.
Cuando miro hacia atrás, veo que yo pude desbarrancarme unas cuantas
veces. Malas compañías, malas decisiones. Sin embargo, me salvé. Es
decir, ni siquiera llegué a resbalar. Pero se han dado casos de caídas
espectaculares que luego se han quedado en nada.Grandes prestigios construidos a partir de un patinazo descomunal. Como
sucedió, por ejemplo, con André Malraux (1901-1976), célebre escritor y
político francés, ministro de Cultura con De Gaulle. Y, sin embargo,
este padre de la Patria gala tuvo una juventud más que movida. En 1923,
con 21 años de edad y recién casado, viajó a Camboya con su mujer para
robar piezas de arte jemer. Los pillaron arrancando relieves milenarios
en un templo, cosa que no es la mejor referencia para convertirte luego
en ministro de Cultura. Los condenaron a tres años de cárcel, aunque
apenas pasaron unos meses en prisión porque los escritores se
movilizaron para sacarlos. Fue un tropezón que no se repitió: a partir
de aquello, el éxito, la respetabilidad, la consagración. Claro que no
todos los caídos cuentan con una legión de intelectuales firmando
manifiestos a su favor. También debió de ayudar que era un niño rico. Y
su ingenio natural, su talento, su gracia.Cuento todo esto impactada por el caso de Alejandro Fernández, un
granadino de 24 años que, si no media un milagro, habrá ingresado en
prisión para cuando ustedes lean esto. Repito una vez más que este
artículo tarda dos semanas en imprimirse; mientras lo escribo, a
Alejandro le faltan tan sólo 48 horas para que lo encierren. Su madre ha
colgado en Change.org una petición de indulto; en 24 horas ha subido de
3.000 firmas a 188.000. Todo empezó hace seis años, cuando Alejandro tenía tan sólo 18. Se
había hecho amigo de un hombre veinte años mayor que él, un conocido de
su novia. El tipo le trataba como a un igual y Alejandro se deslumbró:
era su héroe, su modelo, lo admiraba. Hicieron un viaje a Málaga y el
hombre le dio una tarjeta de monedero expedida a nombre de Alejandro. Dice el chico que confiaba tanto en su mentor que no sospechó que fuera
falsificada. El tipo le mandó comprar bebidas alcohólicas en una tienda y
eso hizo Alejandro, junto con un batido de chocolate para él, porque no
bebe. Todo costó 79,20 euros. Por esta compra le acusaron de
pertenencia a banda organizada y estafa. Le condenaron a doce años, que
luego la Audiencia redujo a seis. Ha estado en libertad provisional
desde entonces, presentándose los días 1 y 15 de cada mes. Y ahora, seis
años después, lo van a meter en la cárcel. Podemos creernos o no lo de que Alejandro ignoraba el negocio de las
tarjetas. Yo sí le creo, pero, aunque supiera más de lo que dice, los
hechos innegables son que tenía 18 años y lo manejaban tipos peligrosos
que le doblaban la edad; que carece de antecedentes penales y que está
totalmente rehabilitado. Alejandro ha estado trabajando desde entonces y
no ha vuelto a tener problemas con las leyes, “ni una multa de
tráfico”. Ahora es camarero con puesto fijo en un bar (y su jefe lo
apoya); tiene una casa con opción a compra y lleva cinco años viviendo
con una mujer que depende económicamente de él. Alejandro pidió el
indulto hace un año, pero esos procesos tardan y casi nunca prosperan. Ojalá se lo hayan concedido para cuando lean esto, pero no está claro. Y, si lo encierran ahora, lo perderá todo. Son demasiado frecuentes
estos absurdos legales, estos encarcelamientos tardíos, extemporáneos. Seis años de prisión por un delito de 79,20 euros cometido a los 18, ¡en
este país de tenaces ladrones millonarios que siguen campando a sus
anchas tan felices! Es una situación escandalosa y discriminatoria que
te hace perder la fe en la justicia.
Lo de los “derechos” de los animales es un despropósito. Con frecuencia
son sus propietarios quienes quieren para sí una especie de privilegio
añadido.
cUANDO Obama ocupó la Casa Blanca hace casi ocho años, se
encontró con un problema inesperado, mucho más grave que su raza o su
poco definida religión: no tenía perro. Hubo de comprarse uno a toda
prisa, porque en los Estados Unidos hace mucho que se llegó a la
peregrina conclusión de que quien carece de perro es mala persona. España presume de ser un país muy antiamericano, pero copia con
servilismo todas las imbecilidades que desde allí se exportan, y casi
ninguna de las cosas buenas o inteligentes.En la beatería por los chuchos (y por extensión por todos los animales,
dañinos o no), estamos alcanzando cotas demenciales, y, sobre todo, los
dueños de canes quieren imponer sus mascotas a los demás, nos gusten o
no. Leo que sólo en Madrid hay más de 270.000 censados, cifra altísima,
pero que no deja de representar a una minoría de madrileños. Ésta, sin
embargo, en consonancia con la lerda idea estadounidense de que los
perrólatras gozan de superioridad moral y de un salvoconducto de
“bondad” (Hitler se contaba entre ellos), abusa sin cesar y exige
variados “derechos” para sus perros. Lo de los “derechos” de los
animales es uno de los mayores despropósitos (triunfantes) de nuestra
época. Ni los tienen ni se les ocurriría reclamarlos. Quienes se erigen
en sus “depositarios” son humanos muy vivos, con frecuencia sus
propietarios, que en realidad los quieren para sí, una especie de
privilegio añadido. Los animales carecen de derechos por fuerza, lo cual
no obsta para que nosotros tengamos deberes para con ellos,
algo distinto. Uno de esos deberes es no maltratarlos gratuitamente,
desde luego (pero si nos atacan o son nocivos también tenemos el derecho
e incluso la obligación de defendernos de ellos).Los dueños de perros claman ahora por que se deje entrar a éstos en casi
todas partes: en bares, restaurantes, tiendas, galerías de arte,
museos, librerías, y aun se les creen sus propios parques … Una
apasionada declara: “No apoyo sitios en los que no me dejen entrar con
mi familia” (sic). “Vaya con o sin mis perros”. (Supongo que
regiría igual para quien decidiera adoptar jabalíes, serpientes o
cachorros de tigre.) Ella y otros entusiastas celebran que ahora La Casa
Encendida abra sus puertas a los perros, y no sé si también la
Calcografía Nacional (donde se ha hecho una exposición de la Tauromaquia de Goya tan manipulada y falseada que se convirtió al pintor en un “animalista avant la lettre”
(!). En lo que a mí respecta, ya sé qué sitios no voy a volver a pisar,
por si las moscas. Nada tengo contra los perros, que a menudo son
simpáticos y además no son responsables de sus dueños. Pero no me
apetece estar en un restaurante rodeado de ellos. No todos están
educados, no todos están limpios ni libres de enfermedades, no todos se
abstienen de hacer sus necesidades donde les urjan, muchos ladran en
cualquier momento por cualquier motivo. Con frecuencia sus amos no se conforman con uno, sino que llevan tres o
cuatro, cada uno con su larga correa que ocupa la calle entera e impide
transitar a los peatones. Un perro es, además, un lujo. Su mantenimiento
es carísimo y una esclavitud, desde la comida especial hasta las
expulgaciones, las continuas visitas al veterinario, los lavados y
peinados y “esquilados” a cargo de expertos, incluso el tratamiento
“psiquiátrico” que necesitan muchos porque se “estresan”, se asustan al
oír el timbre, se desquician en pisos de escasos metros y en ciudades no
preparadas para su sobreabundancia. De las cacas que van sembrando no
hablemos; por mucho que se obligue a sus amos a recogerlas en una
operación de relativa asquerosidad, siempre los habrá que se negarán a
la humillación. Nada tengo contra los perros, ya digo, pero hay mucha
gente que sí, que les tiene miedo y no los soporta. Y se los intenta
imponer a esa gente en todas partes, hasta mientras come. Entre ella estaba Robert Louis Stevenson, que escribió en 1879: “Me vi
muy alterado por los ladridos de un perro, animal que temo más que a
cualquier lobo. Un perro es notablemente más bravo, y además está
respaldado por el sentido del deber. Si uno mata a un lobo, recibe
ánimos y parabienes; pero si mata a un perro, los sagrados derechos de
la propiedad y el afecto elevan un clamor y piden reparación … El agudo y
cruel ladrido de un perro es en sí mismo un intenso tormento … En este
atractivo animal hay algo del clérigo o del jurista … Cuando viajo a
pie, o duermo al raso, los detesto tanto como los temo”. Todo esto se
olvida, en efecto: según su tamaño y su raza, el que va con perro porta
un arma. Si está prohibido ir por ahí con una pistola o un cuchillo de
ciertas dimensiones, no se entiende tanta permisividad con una bestia
que obedecerá a su amo y que éste puede lanzar contra quien le plazca. Una vez un vecino misantrópico me insultó gravemente, sin motivo, en el
portal. Mi reacción normal habría sido encararme con él. Pero el hombre
sujetaba a un perro de aspecto fanático, que a su orden habría defendido
a su dueño aunque éste no llevara razón. Como es natural, porque a los
canes no les corresponde averiguar tales matices, sino someterse
ciegamente a quien los alimenta y cuida. Si eso no es un peligro en
potencia … En Madrid hay los perros que dije, así que no quiero
imaginarme cuántos enemigos me he creado en España con estas líneas.
Ninguno tendrá cuatro patas, eso es seguro.