Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

17 jun 2016

El tempestuoso realismo de Caravaggio............................................ Ángeles García

El Museo Thyssen recrea la maestría del pintor barroco y su influencia sobre los artistas del Norte de Europa en una extraordinaria exposición compuesta por 53 cuadros.


Se consagró en la historia del arte por su uso del claroscuro, el dramático realismo psicológico de sus personajes y por utilizar a prostitutas y vagabundos como modelos de sus obras religiosas. Michelangelo Merisi Caravaggio (Milán, 1571-Porto Ercole, 1610) fue el artista más original e influyente del siglo XVII, una importancia acrecentada por su temprana muerte y por toda una vida pendenciera, en la que no faltaron episodios como el asesinato de un hombre en una discusión por un partido de pelota.
 Dramas aparte, la obra de Caravaggio tuvo tal impacto en la pintura europea de su tiempo que, aunque no tuvo escuela, sus seguidores formaron una legión.
 Entre sus muchos admiradores se encontraban Rembrandt, Rubens o Velázquez, y son muchas las exposiciones dedicadas a quienes han intentado mirarse en su espejo, pero son pocas en las que se han conseguido reunir tantas obras como la que el Museo Thyssen-Bornemisza dedica a Caravaggio y los pintores del Norte desde el 21 de junio hasta el 18 de septiembre.
Nada menos que una docena de cuadros de Caravaggio junto a 41 de artistas que difundieron su esencia por Francia, Holanda y Flandes.
Gert Jan van der Sman, profesor de la Universidad de Leiden y comisario de la exposición, cuenta que entre 1600 y 1630 se establecieron en Roma más de 2.000 artistas. Una tercera parte eran extranjeros.
 Ellos, al igual que los italianos, querían seguir el estilo de Caravaggio por varias razones, pero la más importante consistía en poder trabajar del natural, a partir de la pura observación de los modelos, una tradición muy arraigada entonces en Alemania o en Holanda y que les liberaba de todo corsé académico.
Gert Jan van der Sman relata, casi emocionado ante El sacrificio de Isaac (1603), su obra favorita, que debía de ser muy difícil sustraerse al poder de unos personajes tan cargados de vida.
 Señala las manos, los ojos o el cuchillo de Isaac como elementos cegadores que surgen cargados de fuerza desde un escenario negro en el que al fondo se ve un paisaje veneciano. “Todo lo que aquí vemos es una imitación de la naturaleza, lo que más le importaba
. Despreciaba a sus contemporáneos romanos por la costumbre de hacer primero bonitos dibujos y luego llenarlos de pintura.
 Él presumía de no hacer ni una línea ajena a la naturaleza”, apuntó.
   
'El sacrificio de Isaac', de Caravaggio (1571-1610). Obra procedente de la florentina Galleria de los Uffizi.
Estructurada en seis apartados, la exposición arranca con obras realizadas por Caravaggio en Roma entre 1592 y 1606.
Predominan las escenas de género y bodegones de frutas y flores clásicos de su Lombardía natal como Muchacho mordido por un lagarto (1593-1595).
Se incluyen cuadros con los que se ganó la etiqueta de pintor gay (ya en tiempos contemporáneos), como San Juan Bautista en el desierto (1602), pura sensualidad.
 Después se exhiben lienzos de sus dos primeros admiradores, Adam Elsheimer y Peter Paul Rubens, que introducen chicos de cabellos rizados y el claroscuro para iluminar las escenas.
La parte central está ocupada por maestros flamencos, como Gerard van Honthorst (Utrecht, 1592- 1656), David de Haen (Róterdam, 1597(?)-Roma, 1622), Nicolas Régnier (Maubeuge, c.1588-Venecia, 1667) y Dirck van Baburen (Wijk bij Duurstede c.1594 - Utrecht, 1624). En el grupo de los franceses destaca Valentin de Boulugne (Coulommiers, 1531-Roma, 1632) con una obra, David con la cabeza de Goliat, en la que se recrea a la perfección el gusto por los detalles sangrientos de las obras más impactantes de Caravaggio; aunque nada que ver con el óleo de Caravaggio El sacamuelas (hacia 1608-1610) donde varios rostros contemplan espantados como uno de los presentes se dispone a introducir unos alicates en la boca de un pobre hombre.
 Esta terrorífica escena corresponde al único cuadro sobre el que se plantearon dudas de su autoría. El comisario descarta de plano su cuestionamiento.
“Aunque no fuera de él, sería una obra extraordinaria. Pero ya no se albergan dudas sobre su atribución”.
La exposición concluye con la última obra pintada por Caravaggio, El martirio de Santa Úrsula (1610), una composición en la que lo oscuro ha ganado a la claridad y los personajes apenas se distinguen del fondo negro.
 La luz enfoca el pecho blanquísimo de la santa atravesado por la flecha que le ha disparado el rey de los hunos.

Solo cuatro obras en España

Debido a su prematura muerte, la obra de Caravaggio en museos y colecciones particulares es muy escasa
. No más de 60, según el comisario de la exposición.
 En España, que se sepa públicamente, solo hay cuatro lienzos: David vencedor de Goliat, en el Museo del Prado; Santa Catalina de Alejandría, en el Museo Thyssen; Salomé con la cabeza del Bautista, en el Palacio Real y  San Juan Bautista en Toledo.
 Las dos primeras forman parte de la muestra.
El resto son préstamos del Metropolitan de Nueva York, la Galleria degli Uffizi, de Florencia, el Museo del Ermitage de San Petersburgo, el Rijksmuseum de Ámsterdam, la iglesia de San Pietro in Montorio en Roma y de colecciones particulares.
Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, explica que las negociaciones han sido más largas de lo habitual.
 El préstamo de La buenaventura se ha logrado después de tres años.
 Los cambios en la dirección de los museos italianos también han sido un obstáculo.
 Al final, todos están satisfechos y el comisario, Gert Jan van der Sman, ha completado su discurso expositivo
. Cuando a este se le pregunta si después del supuesto Caravaggio de Toulouse aparecerán más, sonríe más que escéptico.
 “Solo lo he podido ver por fotografía, pero puedo asegurar que esa pintura no es auténtica”.

 

'Maestra': thriller feminista, orgías y alta cocina..................................................Isabel Valdés

HiltonSevillano
La escritora L.S. Hilton el pasado mayo en Madrid. / Luis Sevillano
Las dos primeras páginas fueron capaces de poner en tensión en un vagón de metro a una señora con pelo de moldeador y chaquetilla de vichy.
 Retorció la nariz y miró con aire indignado, se cambió de sitio en cuanto pudo
. Es lo que ocurre con la gente que lee por encima del hombro lo que lleva el de al lado.
 En aquella ocasión, era Maestra, de L.S. Hilton, un batido compacto de sexo, arte, dinero, muerte y poder; eso sí, escrito por una mujer y a través de la pupila de una mujer, Judith Rashleigh, la protagonista.
Algún (o algunos) insensato la intentó comparar con E.L. James y 50 sombras de Grey. O con Perdida, de Gillian Flynn.
 Lejos, muy lejos de la primera, algo menos de la segunda, queda la narrativa clara y directa de Hilton, las referencias al arte con todas sus aristas (gastronomía, libros, música, cine, pintura…) y sobre todo, la nitidez y la normalidad con la que se trata el deseo de asesinar a alguien, de repente o con una pauta milimétrica; también las orgías, deseos y prácticas más o menos habituales, depende de para quién.
Todo ello, sin contar el poder otorgado a la mujer en cada línea, la capacidad de decisión, la franqueza para mostrarse desnuda, literal y metafóricamente
. Maestra también es un libro feminista, aunque no pretendía serlo: “Lo que sí pretendía era, sobre todo, resaltar la fuerza que muchas veces una mujer necesita para poder hacer lo que realmente quiere y ser libre de verdad. Está demasiado claro que para los hombres no es lo mismo”
. Cree, sin embargo, que Judith puede ser un perfecto ejemplo de feminismo.
 Ella misma lo es. “Sinceramente, creo que para ser feminista no hace falta ser demasiado inteligente pero, como mujer, si no eres feminista es que eres idiota”.
Hilton, británica, nació en Liverpool en el 74.
 Después de licenciarse en Oxford, estudió Historia del Arte en París y Florencia y no es la primera vez que se pone a llenar páginas: “Hasta ahora había escrito principalmente novelas históricas y sobre todo biografías.
 Mi anterior agente literaria me propuso escribir algo distinto a lo que ya había hecho, pero cuando leyó el manuscrito de Maestra le pareció demasiado atrevido y no lo quiso”.
 Ahí entró en juego el azar. Hilton tiene un amigo con un restaurante en Londres, donde vive ahora, y le comentó que uno de sus cliente era editor.
 “Me pidió que le dejara una copia y que él mismo se encargaría de que ese señor lo leyera”.
 Y así fue. La primera vez que el editor fue a cenar al restaurante, ese amigo casi le obligó a llevarse el manuscrito
. A la mañana siguiente, cuando fue a abrir el local, el editor estaba ahí esperándole para pedirle su número.
 “No me puedo quejar de cómo el azar se ha portado conmigo”.

De disfraz en disfraz

Con Judith Rashleig el azar fue algo menos benévolo.
 O la vida, en general.
 Esta ayudante en una conocida casa de subastas londinense no es solo una mujer empaquetada en un traje sobrio y tacón medio llegada de provincias e incómoda por ese origen medio; es alguien que sabe que no está cómoda en ese disfraz y quiere otro.
Ese que le dará, bajo su punto de vista, lo que ella merece.
 Y no escatimará recursos, tiempo ni temple para conseguirlo.
El reencuentro, de andén a andén de metro, con una amiga de la infancia empezará a empujarla a esa nueva Judith, la que dejará de someterse a las reglas del patriarcado, los protocolos y los supuestos sociales.
 Judith
Jael y Sisera (1620), una obra de Artemisia Gentileschi. 


Asegura Hilton que no hay nada en su pasado o en su presente que la asemeje a la protagonista, aunque ella también se mudara de Liverpool a Londres.
 “Un tema muy frecuente en las novelas inglesas de los 50 era la distancia que la educación podía crear entre una generación y otra con respecto a la clase social, distancia que tenía luego una correlación geográfica”.
 Hilton quiere explicarse mejor: “Era muy típico ver a jóvenes de clase medio baja que gracias a los estudios podían ascender y que normalmente se mudaban de la periferia, o de pequeñas ciudades, a Londres”
. Hoy los ingleses creen que ya no existe ese clasismo, ni la dicotomía centro-periferia, ni la vergüenza por los orígenes o la procedencia, y además están convencidos de que su mundo es una meritocracia:
 “La vida de Judith demuestra que eso no sólo no es cierto, sino que se trata de una ilusión, algo que nos quieren hacer creer”.
Los peldaños de esa escalera, la del poder y el reconocimiento, que muchos anhelan subir, es aún más empinada para Rashleig: mujer, joven y atractiva.
 Con más ahínco, al final convertido en una rabia supurante, intentará alcanzar el último escalón.
 Esa imagen de una mujer a ratos despiadada, a ratos vulnerable, es la de cualquiera que tenga la franqueza de reconocerse no solo en el amor, sino también en la culpa, en la humillación, en el rencor o incluso en el odio.
 Rashleig no oculta, no aminora ni suaviza lo que siente, lo vive y mueve ficha en consecuencia.
 No le tiembla la mano
. Es quizás ese puré de sentimientos lo que hace empatizar con ella: es la realidad de los yoes más oscuros de cualquiera, elevados y amplificados.
No hay pudor ni reticencias en Judith Rashleig, como tampoco las tuvo Hilton a la hora de escribir. “Tendríamos que aprender a no censurarnos tantos en todas las diferentes esferas de nuestra vida, desde la sexual a la profesional“.
Más allá de eso de lo que habla todo el mundo, el sexo como si fuera algo a la cotidianeidad de la humanidad (casi) al completo, a Hilton le preocupaba e incluso le daba miedo la opinión sobre si estaba mal o bien escrito.
 “He recibido muchos mails de gente que me felicitaba por mi trabajo, pero me entristeció mucho el correo de un lector italiano que me decía que el libro no está bien escrito.
Si ese lector hubiera criticado la trama o, yo qué sé… las escenas de sexo, no me hubiese importado demasiado”.

El cantante Meat Loaf se desploma durante una actuación en Canadá

El intérprete de 68 años estaba cantando 'Haré cualquier cosa por amor' cuando cayó sobre el escenario.


Meat Loaf. 
El cantante de rock Meat Loaf se desmayó anoche durante una actuación en la ciudad canadiense Edmonton, informa hoy en su edición digital el rotativo Edmonton Journal.
Según el diario, que ofrece una imagen del momento en el que el rockero, de 68 años, es atendido en el Jubilee Auditorio de Edmonton, el cantante interpretaba I Would Do Anything For Love (Haré cualquier cosa por amor) cuando colapsó en el escenario.
Lindsay Sundmark, una espectadora citada por el periódico, explicó que no sabían si formaba parte de la actuación hasta que vieron como la ambulancia se llevaba al artista estadounidense.
En ese momento los asistentes fueron desalojados del teatro. Marvin Lee Aday, nombre real de Meat Loaf, nacido en Dallas (Texas), ya canceló el pasado lunes su espectáculo por enfermedad en el auditorio de Clagaray, en el sur de Alberta.

 

La siguiente.................................................... Juan José Millás

Todos los caminos conducen al libro. Sin embargo, cuando un escritor escribe un libro no puede hacerse cocinero ni deportista ni actor ni político.

Un hombre escribiendo a máquina
Y así de forma sucesiva.
Todos los caminos conducen al libro
. Sin embargo, cuando un escritor escribe un libro no puede hacerse cocinero ni deportista ni actor ni político.
 Cuando un escritor escribe un libro, se pone a pensar en el siguiente, que quizá le salga o quizá no.
 A lo mejor le sale, y lo publica y la editorial le invita a firmar ejemplares en una feria del libro a la que el escritor acude ingenuamente para comprobar que quienes de verdad firman son los alpinistas, los expresidarios, los actores, los youtubers…
 Viene a ser, piensa, como si en un congreso sobre la salud tuvieran más éxito los curanderos que los médicos.
Claro que todo el mundo tiene derecho a escribir libros, y a establecerse como curandero, incluso a escribir libros sobre la curandería.
Pero un congreso de oncólogos debería ser un congreso de oncólogos
. El escritor decide no acudir en el futuro a ninguna feria.
 Pero el miedo a ser tachado de envidioso le conducirá a la siguiente.