Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

11 jun 2016

Estrellas fugaces y perdedores.......................................................... Fernando Garea

La historia democrática ha dejado en el camino aspirantes a la presidencia fracasados. Zapatero, el único que nunca perdió.

Manuel Fraga, rodeado de sus compañeros de Alianza Popular, en la noche de las elecciones del 29 de octubre de 1982.
“Perseguí el fuego del poder y contemplé cómo la esperanza quedaba reducida a cenizas”, dejó dicho el escritor canadiense Michael Ignatieff, tras una breve y fracasada experiencia política que terminó con una amplia derrota electoral.

Su experiencia de fuego y cenizas, de aspirar a lo más alto en unas elecciones y tener que retirarse sin conseguir su objetivo, la han vivido en España en el periodo constitucional media docena de políticos y, con una excepción, todos los líderes han pasado en algún momento por la experiencia de la derrota. La excepción es José Luis Rodríguez Zapatero, el único que ha llegado a presidente del Gobierno en el primer intento y el único también que nunca ha perdido unas elecciones generales.


Con las siglas del PSOE han aspirado a ser presidente del Gobierno, tras ser nombrados candidatos, Felipe González, José Borrell, Joaquín Almunia, Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Pedro Sánchez.
Hasta hoy lo han conseguido dos de los seis.
González es el que más tiempo ha sido presidente (de 1982 a 1996), tras ganar cuatro veces, tres de ellas con mayoría absoluta, pero perdió dos veces antes y se retiró tras una derrota electoral frente a José María Aznar.
La condición de invicto de Zapatero no será igualada el 26-J, porque los cuatro aspirantes principales (Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias) han sido derrotados en alguna ocasión.
Sánchez ha perdido ya unas elecciones como candidato a la presidencia y repite el 26-J.
Es el único político con investidura fallida y, si en esta ocasión, como indican las encuestas, no gana engrosará la lista de estrellas políticas fugaces y perdedores, con dos derrotas en su haber.
 Es decir, puede ser el que más lejos ha llegado de todos los líderes que han sido reducidos a cenizas en unas generales, tras ser propuesto por el Rey para la investidura fracasada.
En esa lista con origen de fuego y final de cenizas se encuentran Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba, con una sola comparecencia electoral y una derrota cada uno.
 Los dos exlíderes socialistas llevan también en su currículum haber logrado los que eran en su momento los peores resultados del PSOE y haber visto al PP sacar holgadas mayorías absolutas. En la derecha, bajo las siglas de Alianza Popular y luego del Partido Popular, ha habido cuatro aspirantes:
 Manuel Fraga, Antonio Hernández Mancha, José María Aznar y Mariano Rajoy. Solo los dos últimos lo han conseguido.
Aznar fue candidato en cuatro ocasiones y perdió dos, en otra tuvo mayoría simple y en la otra absoluta.
 Rajoy le superará el 26 de junio en dos comparecencias en las urnas: en dos perdió, en otra tuvo mayoría absoluta, en otra mayoría simple sin poder llegar a formar Gobierno y ahora aspira a repetir y a lograr apoyo suficiente para la investidura.
El líder de la derecha más derrotado es Fraga, que perdió las tres veces en que se presentó y, además, reducido a cenizas con mayorías absolutas de su oponente, Felipe González.
En la historia política y electoral hay dos casos notables de cenizas sin llegar siquiera a tocar el fuego electoral: José Borrell y Antonio Hernández Mancha no lograron ni ser cabezas de lista en elecciones generales, pese a que fueron designados candidatos por sus partidos.
 Lo curioso es que fueron los dos únicos candidatos de sus partidos elegidos en primarias, uno con voto directo de militantes y otro en congreso abierto, los dos ganaron a candidatos oficialistas y los dos fueron devorados por sus propios partidos
. En el PSOE ha habido primarias o congresos abiertos pero para elegir secretario general, no candidato. Borrell ganó unas primarias a Almunia en abril de 1998 y renunció en mayo de 1999, tras una dura presión interna y la publicación de un caso antiguo vinculado a excolaboradores.
El caso de Hernández-Mancha fue similar: tras ser elegido sucesor de Fraga frente a Miguel Herrero de Miñón en un congreso abierto (caso único en la derecha) en 1986, fue relevado tres años después por Fraga, en vísperas de unas elecciones generales.
 Le cayeron encima los cascotes de la muralla que intentó romper en la derecha tradicional para abrir paso a nuevos dirigentes como Alberto Ruiz-Gallardón o José María Aznar, entre otros.
Mancha fue el primer líder de la oposición sin escaño en el Congreso, pero eso no impidió que protagonizara una moción de censura fallida frente a González
. Su osadía, frente a una mayoría absoluta hegemónica del PSOE, la pagó con el final de su carrera.
Obviamente, en otros partidos que no han gobernado nunca hay una larga lista de aspirantes a la presidencia del Gobierno reducidos a cenizas.
 El más efímero fue Francisco Frutos, que asumió en 2000 la candidatura de Izquierda Unida por enfermedad de Julio Anguita y su liderazgo duró solo el tiempo que transcurrió entre la convocatoria electoral y el recuento de las papeletas.
Anguita fue cabeza de lista en tres ocasiones, renunció a la cuarta por motivos de salud, y dejó a IU en su mejor resultado, en el 10% de los votos, aunque lejos de su soñado sorpasso al PSOE.
El citado Ignatieff resumió así su tránsito por la confrontación electoral en su libro Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política:
 “Salí de mi experiencia con un acrecentado respeto por los políticos como clase y con una fortalecida fe en el buen juicio de los ciudadanos”. 

 

La mafia de las modelos................................................... Patricia Tubella

Las cinco principales agencias de maniquíes que operan en el Reino Unido, acusadas de fijar abultados precios.

La modelo británica Kate Moss. EFE

Las cinco principales agencias de modelos que operan en el Reino Unido están siendo oficialmente investigadas por formar un cartel para fijar los abultados precios de un sector que mueve millones
. El organismo regulador de la competencia (CMA, en sus siglas inglesas) acusa a estas compañías, entre ellas las descubridoras de la top Cara Delevingne o en su día Kate Moss, de “intercambiar información confidencial y sensible para la competencia, incluidos los planes de futuro”.
Las alertas comenzaron a sonar el año pasado, a raíz de las quejas de algunas de las grandes empresas de la industria ante el disparado caché de las modelos.
 La CMA confirmó entonces que tres agencias, Models 1, Premier y Storm, estaban en el punto de mira, lista ahora ampliada con Viva y FM Models.
 La Autoridad de la Competencia y Mercados del Reino Unido les acusa de ponerse de acuerdo —a través de un “regular y sistemático” intercambio de emails— para rechazar las cifras ofrecidas por sus clientes y negociar precios más altos.

Las cinco principales agencias de modelos que operan en el Reino Unido están siendo oficialmente investigadas por formar un cartel para fijar los abultados precios de un sector que mueve millones.
 El organismo regulador de la competencia (CMA, en sus siglas inglesas) acusa a estas compañías, entre ellas las descubridoras de la top Cara Delevingne o en su día Kate Moss, de “intercambiar información confidencial y sensible para la competencia, incluidos los planes de futuro”.
Las alertas comenzaron a sonar el año pasado, a raíz de las quejas de algunas de las grandes empresas de la industria ante el disparado caché de las modelos.
 La CMA confirmó entonces que tres agencias, Models 1, Premier y Storm, estaban en el punto de mira, lista ahora ampliada con Viva y FM Models.
 La Autoridad de la Competencia y Mercados del Reino Unido les acusa de ponerse de acuerdo —a través de un “regular y sistemático” intercambio de emails— para rechazar las cifras ofrecidas por sus clientes y negociar precios más altos.
Las modelos de caché intermedio pueden llegar a cobrar miles de libras por una sesión de fotos, aunque en el caso de las más cotizadas los emolumentos alcanzar fácilmente el medio millón de libras por un solo día de trabajo para una campaña publicitaria.
 Las grandes agencias suelen llevarse una comisión del 30 por ciento que pasa a engrosar sus bien engrasadas cuentas de resultados.
 Como botón de muestra, Storm (la firma que lanzó al estrellato a Delevingne) publicó unas ganancias de 15 millones de libras a lo largo del 2014.
Un representante de la industria de la moda, que requirió el anonimato, explicó al diario The Times la frustración del sector ante el imparable aumento de la cotización de las modelos contratadas para promocionar sus productos:
 “A lo largo de los años los números han ido aumentando más y más...
 Y por mucho que pasáramos horas intentando atajar los costes, las agencias nunca claudicaban”. La razón es que todas se habían coordinado previamente.
 Estas acusaciones conciernen a una sobrecarga de los precios exigidos a una amplia gama de clientes, desde las poderosas cadenas hasta las empresas de confección más modestas, pasando por las compañías online.
  El organismo regulador británico, que prosigue su investigación, anunciará después del verano si se impone una multa (que podría alcanzar el 10 por ciento de las ganancias de las agencias).
La CAM ha rechazado precisar si algunas de sus modelos en nómina conocían esas prácticas irregulares en las que incurrieron las cinco grandes.
 La citada Delevigne se embolsó sólo el año pasado 6 millones de libras, según la lista de fortunas que publica anualmente la revista Forbes.

 

Abecedario de la Feria del Libro 2016...................................... Javier Rodríguez Marcos

¡De la A a la Z, una visión despeinada de la cita librera del año!


Una caseta en Feria del Libro de Madrid.
A– Como decíamos ayer, sigue siendo la letra favorita de las editoriales españolas para buscarse nombre
. Desde A Buen Paso hasta Autores Premiados pasando por Abada, Acantilado, Akal, Anagrama, Aguilar, Alpha Decay, Astiberri, Atalanta, Ana o Automática, este año hay en la feria 37 sellos que empiezan por el principio.

Una caseta en Feria del Libro de Madrid.
A– Como decíamos ayer, sigue siendo la letra favorita de las editoriales españolas para buscarse nombre.
Desde A Buen Paso hasta Autores Premiados pasando por Abada, Acantilado, Akal, Anagrama, Aguilar, Alpha Decay, Astiberri, Atalanta, Ana o Automática, este año hay en la feria 37 sellos que empiezan por el principio.
AUTOFICCIÓN– Descanso del guerrero. // En algunos casos es a los novelistas lo que los discos acústicos a los músicos. // Género memorialístico cultivado por narradores omniscientes. // En algunos casos es a los novelistas lo que los discos en directo a los músicos. // Véase, HARTOFICCIÓN.
BOOKTUBER– Bernard Pivot en formato de bolsillo. // La de 2016 se recordará como la feria en la que triunfaron los booktubers.
 Puede que alguien recuerde también los libros de los que hablaban. // Cuando el booktuber señala la luna, el paseante mira al booktuber (y a la cola) y no a la luna.
CUMPLEAÑOS– Pretexto para convertir en novedad una reedición. // La feria del libro cumple 75 años; Alianza, 50; Calambur, 25; varias editoriales del grupo Contexto, 10. Los cadáveres de Cervantes y Shakespeare, 400. Parece que fue ayer.
DEBRAY, Régis- Intelectual francés –valga la redundancia- que el domingo 12, día de clausura de la feria, presentará a las 11,30 su libro Elogio de las fronteras (Gedisa).
 Le acompañará Alfonso Guerra.
 Como estamos en campaña, es posible que algún espontáneo le pida al ex vicepresidente del Gobierno: “Dale caña, Alfonso”.
EDITORIAL- No paran de nacer, crecer y reproducirse.
 En este curso ha visto la luz un buen puñado: Armenia, Arpa (otras dos con A), Dirty Works, El Paseo, Hoja de Lata, Rata, Ultramarinos... // Antes la gente con inquietudes culturales montaba una revista; ahora monta una editorial.

FERLOSIO, Rafael Sánchez- Escritor poco dado a la vida literaria que el sábado 11 firmará ejemplares a las 19 h. en la caseta de la librería El Buscón. Acaba de publicar el segundo tomo de sus ensayos completos: Gastos, disgustos y tiempo perdido (Debate).
FRANCIA- País invitado que ya lo fue en 2009. Aquella vez, con más peine que gloire. Este año ha ido mucho mejor, tanto que la experiencia organizativa madrileña ha llevado a nuestros vecinos a organizar, del tirón, una Eurocopa de fútbol.
GIL, Emilio- Autor del cartel.
GOPEGUI, Belén- Este año el lema de la feria procede de El lado frío de la almohada, la novela de Belén Gopegui publicada en 2004 por Anagrama:
 “Porque no se imagina en el aire. Porque imaginar tiene que ver con hacer, con poder hacer”.
HARTOFICCIÓN- Término propuesto por Luis Magrinyà, que fue lexicógrafo de la RAE antes que fraile/escritor, como sinónimo de AUTOFICCIÓN.
IDA. La Residencia de Estudiantes acaba de publicar 'La voz de Ida Vitale' en su estupenda colección de audiolibros
. Recoge dos lecturas de la poeta uruguaya en la Colina de los Chopos.
"Uno llamar azar / a su imaginación insuficiente", dice.
JOVEN- A veces se confunde con nuevo a pesar de que todo el mundo sabe que nuevos, por irreductibles, son autores como el citado Ferlosio o Isidoro Valcárcel Medina. // Planta de unos grandes almacenes.
KAIRÓS- Sello barcelonés que un día antes de que se inaugurase la feria ganó el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial. Su caseta es la número 280.

LUCA, Erri de- Escritor italiano que tras una larga travesía del desierto, publica sus novelas en Seix Barral y los libros que no lo son (o no exactamente) en sellos como el Círculo de Bellas Artes y Sígueme
. Esta última -caseta 313- acaba de publicar Y dijo, una particular lectura de los diez mandamientos en la que, desierto por desierto, cumbre por cumbre, Moisés ejerce de alpinista.
MADRID- Poblachón invitado a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara (México) en 2017.
MIEDO- "Ni pena ni miedo". El poeta chileno Raúl Zurita, que pasó un martes por el Retiro para presentar dos libros imprescindibles, escribió esas cuatro palabras en el desierto de Atacama.
Son, por cierto, las mismas que Rosa Montero lleva tatuadas en la espalda.

Ñ- Eñe estrena director (el novelista Luisgé Martín) y ese director se estrena con una entrega dedicada a Cataluña.
 De ahí que la revista, por una vez, se llame Enye. J. M. Caballero Bonald escribe sobre Carlos Barral y una de las grandes expertas en Barral, Carme Riera, no ejerce esta vez de tal sino que publica, otro estreno, poemas.
 También escriben, entre otros, Isabel Coixet, Ignacio Martínez de Pisón, Lorenzo Silva y Sergi Pàmies.
 Por su parte, Miquel de Palol publica una serie de aforismos.
 Como este: "El destino es aquello que se hace para evitarlo". Es decir, "El destí és allò que es fa per evitar-lo".
ORDEN- Francisco Rico, que el jueves 9 recorrió la feria buscando huellas de Cervantes, tiene una idea: agrupar las casetas temáticamente. Tienen un año para pensarlo.
PENA- Véase, MIEDO.
QUIJOTE- Hidalgo de los de lanza en astillero. Andrés Trapiello, que hablará en el Micrófono de la Feria el día de la clausura, publicó durante el segundo fin de semana de festejos un artículo en el que sugería una corrección para su versión moderna de la novela de Cervantes: En astillero.
REDONDO- Según Juan Villoro, Dios lo es. También es temporalmente francés.
SENA- Río que ha pasado por Madrid. // Río que se ve desde el sillón de Amin Maalouf en la Academia Francesa.
NUEVO- Véase JOVEN.

TRADUCIR- Acto de amor no siempre correspondido. // Trabajar por cuenta ajena para un lector que a veces no se da ni cuenta de que trabajas para él.
UDL- Distribuidora que ha conseguido que muchos editores independientes sean lo primero además de lo segundo, es decir, que consigan un grado de profesionalidad poco acostumbrado en un oficio en el que el realismo solía ser inversamente proporcional al pragmatismo.
VALLADOLID- Ex capital de España cuya feria del libro coincide con la de la capital actual. Dura una semana más. Por si alguien se queda con ganas.
WILDE- "Ahora me parece que el amor, sea cual fuere su calidad, es la sola explicación posible de la extraordinaria suma de sufrimiento que hay en el mundo".
 Lorca subrayó esta frase del De profundis de Oscar Wilde en el ejemplar que tenía en su biblioteca. Lo cuenta Luis García Montero en el libro que acaba de publicar:
 Un lector llamado Federico García Lorca (Taurus), un recorrido por las lecturas del poeta granadino. Seguro que alguien subraya el subrayado.
XORDICA- Editorial aragonesa que ha publicado Dentro del secreto. Un viaje por Corea del Norte del escritor portugués José Luís Peixoto, una gran contribución a ese género literario que empieza a ser el país más hermético del mundo.
YOUTUBER- Fenómeno que ha vuelto a dividir el mundo entre apocalípticos e integrados. // Muchacho famoso que a veces produce -o le producen- merchandising en forma de libros que terminan en la feria del libro. // Comentarista de la vida, es decir, novelista por otros medios.

 

Sociedades exasperadas......................................................Daniel Innerarity

Ante el ascenso de indignados y populistas de extrema derecha, el autor invita a convertir las exasperaciones en transformaciones reales.

No creo exagerar si afirmo que vivimos en sociedades exasperadas.

 Por motivos más que suficientes en algunos casos y por otros menos razonables, se multiplican los movimientos de rechazo, rabia o miedo.

 Las sociedades civiles irrumpen en la escena contra lo que perciben como un establishment político estancado, ajeno al interés general e impotente a la hora de enfrentarse a los principales problemas que agobian a la gente.

No creo exagerar si afirmo que vivimos en sociedades exasperadas. Por motivos más que suficientes en algunos casos y por otros menos razonables, se multiplican los movimientos de rechazo, rabia o miedo. Las sociedades civiles irrumpen en la escena contra lo que perciben como un establishment político estancado, ajeno al interés general e impotente a la hora de enfrentarse a los principales problemas que agobian a la gente.
El virtual candidato presidencial republicano Donald Trump habla rodeado por su familia el martes 7 de junio de 2016, en Briarcliff Manor, Nueva York (EE.UU.). EFE
Probablemente todo esto deba explicarse sobre el trasfondo de los cambios sociales que hemos sufrido y nuestra incapacidad tanto de entenderlos como de gobernarlos.
Asistimos impotentes a un conjunto de transformaciones profundas y brutales de nuestras formas de vida.
 Hay quien culpabiliza de estos cambios a la globalización, otros a los emigrantes, a la técnica o a una crisis de valores
. Hay decepcionados por todas partes y por muy diversos motivos, frecuentemente contradictorios, en la derecha y en la izquierda, a los que ha decepcionado el pueblo o las élites, la falta de globalización o su exceso.
 Este malestar se traduce en fenómenos tan heterogéneos como el movimiento de los indignados o el ascenso de la extrema derecha en tantos países de Europa.
 Por todas partes crece el partido de los descontentos
En la competición política, tienen las de ganar quienes aciertan a representar mejor la gestión de los malestares.
 Y no hay nada peor que parecer ante la opinión pública como quien se resigna ante el actual estado de cosas, lo que probablemente explique a qué se deben las dificultades de los partidos clásicos, que son más conscientes de los límites de la política, menos capaces de hacerse cargo de las nuevas agendas y con unas posiciones equilibradas que resultan incomprensibles para quienes están enfurecidos.
La extensión de tal estado emocional no sería posible sin los medios de comunicación y las redes sociales
. En esta sociedad irascible, gran parte del trabajo de los medios consiste precisamente en poner en escena los ataques de ira, mientras que las redes sociales se encienden una y otra vez dando lugar a verdaderas burbujas emocionales.
 En esta mezcla de información, entretenimiento y espectáculo que caracteriza a nuestro espacio público, se privilegian los temperamentos sobre los discursos.
 Las virulencias son vistas como ejercicios de sinceridad y los discursos matizados como inauténticos; quienes son más ofensivos ganan la mayor atención en la esfera pública.
 Gracias a los medios y las redes sociales, hay una plusvalía que se concede a quienes saben asegurar el espectáculo.
Deberíamos comenzar reconociendo la grandeza de la cólera política, de esa voluntad de rechazar lo inaceptable.
 La realidad de nuestro mundo es escandalosa, en general y en detalle.
 Mientras que la apatía pone los acontecimientos bajo el signo de la necesidad y la repetición, la cólera descubre un desor­den tras el orden aparente de las cosas, se niega a considerar el insoportable presente como un destino al que someterse.
El cuadro de las indignaciones estaría incompleto si no tuviéramos en cuenta su ambivalencia y cacofonía.
 El disgusto ante la impotencia política ha dado lugar a movimientos de regeneración democrática, pero también está en el origen de la aparición de esa “derecha sin complejos” que avanza en tantos países.
 Hay víctimas pero también victimismos de muy diverso tipo; además el estatus de indignado, crítico o víctima no le convierte a uno en políticamente infalible.
Para ilustrar en variedad de iras colectivas, pensemos en cómo la política americana ha visto nacer después de 2008 dos movimientos de auténtica cólera social de signo contrario (el Tea Party y Occupy), así como en el hecho de que los últimos ciclos electorales han estado marcados por la polarización política y el ascenso de los discursos extremos.
 El éxito de Donald Trump ha sido interpretado como la gran cólera del pueblo conservador.
 Pero a veces se olvida que lo que impulsó al Tea Party fue el anuncio del Gobierno de Obama de nuevas medidas de rescate financiero a los grandes bancos, exactamente lo mismo que puso en marcha a los movimientos de protesta en la izquierda altermundialista.


No creo exagerar si afirmo que vivimos en sociedades exasperadas. Por motivos más que suficientes en algunos casos y por otros menos razonables, se multiplican los movimientos de rechazo, rabia o miedo. Las sociedades civiles irrumpen en la escena contra lo que perciben como un establishment político estancado, ajeno al interés general e impotente a la hora de enfrentarse a los principales problemas que agobian a la gente.
El virtual candidato presidencial republicano Donald Trump habla rodeado por su familia el martes 7 de junio de 2016, en Briarcliff Manor, Nueva York (EE.UU.). EFE
Probablemente todo esto deba explicarse sobre el trasfondo de los cambios sociales que hemos sufrido y nuestra incapacidad tanto de entenderlos como de gobernarlos. Asistimos impotentes a un conjunto de transformaciones profundas y brutales de nuestras formas de vida. Hay quien culpabiliza de estos cambios a la globalización, otros a los emigrantes, a la técnica o a una crisis de valores. Hay decepcionados por todas partes y por muy diversos motivos, frecuentemente contradictorios, en la derecha y en la izquierda, a los que ha decepcionado el pueblo o las élites, la falta de globalización o su exceso. Este malestar se traduce en fenómenos tan heterogéneos como el movimiento de los indignados o el ascenso de la extrema derecha en tantos países de Europa. Por todas partes crece el partido de los descontentos. En la competición política, tienen las de ganar quienes aciertan a representar mejor la gestión de los malestares. Y no hay nada peor que parecer ante la opinión pública como quien se resigna ante el actual estado de cosas, lo que probablemente explique a qué se deben las dificultades de los partidos clásicos, que son más conscientes de los límites de la política, menos capaces de hacerse cargo de las nuevas agendas y con unas posiciones equilibradas que resultan incomprensibles para quienes están enfurecidos.
La extensión de tal estado emocional no sería posible sin los medios de comunicación y las redes sociales. En esta sociedad irascible, gran parte del trabajo de los medios consiste precisamente en poner en escena los ataques de ira, mientras que las redes sociales se encienden una y otra vez dando lugar a verdaderas burbujas emocionales. En esta mezcla de información, entretenimiento y espectáculo que caracteriza a nuestro espacio público, se privilegian los temperamentos sobre los discursos. Las virulencias son vistas como ejercicios de sinceridad y los discursos matizados como inauténticos; quienes son más ofensivos ganan la mayor atención en la esfera pública. Gracias a los medios y las redes sociales, hay una plusvalía que se concede a quienes saben asegurar el espectáculo.
Deberíamos comenzar reconociendo la grandeza de la cólera política, de esa voluntad de rechazar lo inaceptable
. La realidad de nuestro mundo es escandalosa, en general y en detalle.
Mientras que la apatía pone los acontecimientos bajo el signo de la necesidad y la repetición, la cólera descubre un desor­den tras el orden aparente de las cosas, se niega a considerar el insoportable presente como un destino al que someterse.
El cuadro de las indignaciones estaría incompleto si no tuviéramos en cuenta su ambivalencia y cacofonía.
El disgusto ante la impotencia política ha dado lugar a movimientos de regeneración democrática, pero también está en el origen de la aparición de esa “derecha sin complejos” que avanza en tantos países.
 Hay víctimas pero también victimismos de muy diverso tipo; además el estatus de indignado, crítico o víctima no le convierte a uno en políticamente infalible.
Para ilustrar en variedad de iras colectivas, pensemos en cómo la política americana ha visto nacer después de 2008 dos movimientos de auténtica cólera social de signo contrario (el Tea Party y Occupy), así como en el hecho de que los últimos ciclos electorales han estado marcados por la polarización política y el ascenso de los discursos extremos.
El éxito de Donald Trump ha sido interpretado como la gran cólera del pueblo conservador. Pero a veces se olvida que lo que impulsó al Tea Party fue el anuncio del Gobierno de Obama de nuevas medidas de rescate financiero a los grandes bancos, exactamente lo mismo que puso en marcha a los movimientos de protesta en la izquierda altermundialista.
A la indignación le suele faltar reflexividad.
 Por eso tenemos buenas razones para desconfiar de las cóleras mayoritarias, que frecuentemente terminan designando un enemigo, el extranjero, el islam, la casta o la globalización, con generalizaciones tan injustas que dificultan la imputación equilibrada de responsabilidades.
 Hay que distinguir en todo momento entre la indignación frente a la injusticia y las cóleras reactivas que se interesan en designar a los culpables mientras que fallan estrepitosamente cuando se trata de construir una responsabilidad colectiva.
Por todas partes crece el partido de los descontentos. 
Tiene las de ganar quien representa mejor los malestares
El hecho de que la indignación esté más interesada en denunciar que en construir es lo que le confiere una gran capacidad de impugnación y lo que explica sus límites a la hora de traducirse en iniciativas políticas.
 Una sociedad exacerbada puede ser una sociedad en la que nada se modifica, incluido aquello que suscitaba tanta irritación.
 El principal problema que tenemos es cómo conseguir que la indignación no se reduzca a una agitación improductiva y dé lugar a transformaciones efectivas de nuestras sociedades.
Ante el actual desbordamiento de nuestras capacidades de configuración del futuro, las reacciones van desde la melancolía a la cólera, pero en ambos casos hay una implícita rendición de la pasividad. En el fondo estamos convencidos de que ninguna iniciativa propiamente dicha es posible.
Los actos de la indignación son actos apolíticos, en cuanto que no están inscritos en construcciones ideológicas completas ni en ninguna estructura duradera de intervención
. Lo político comparece hoy generalmente bajo la forma de una movilización que apenas produce experiencias constructivas, se limita a ritualizar ciertas contradicciones contra los que gobiernan, quienes a su vez reaccionan simulando diálogo y no haciendo nada.
 Tenemos una sociedad irritada y un sistema político agitado, cuya interacción apenas produce nada nuevo, como tendríamos derecho a esperar dada la naturaleza de los problemas con los que tenemos que enfrentarnos.
La política se reduce, por un lado, a una práctica de gestión prudente sin entusiasmo y, por otro, a una expresividad brutal de las pasiones sin racionalidad, simplificada en el combate entre los gestores grises de la impotencia y los provocadores, en Hollande y Le Pen, por poner un ejemplo (la Hollandia y la Lepenia, como decía Dick Howard).
La miseria del mundo debe ser gobernada políticamente.
 Se trataría de acabar con las exasperaciones improductivas y reconducir el desorden de las emociones hacia la prueba de los argumentos.
 Nos lo jugamos todo en nuestra capacidad de traducir el lenguaje de la exasperación en política, es decir, convertir esa amalgama plural de irritaciones en proyectos y transformaciones reales, dar cauce y coherencia a esas expresiones de rabia y configurar un espacio público de calidad donde todo ello se discuta, pondere y sintetice.