Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

15 abr 2016

Japón desactiva la alerta de tsunami tras un terremoto de magnitud 7......................... Agencias

Un temblor en la zona de Kumamoto, al sur del país, causó nueve muertos el jueves y la evacuación de miles de personas.

 

Un terremoto de magnitud 7 en la escala de Ritchter ha sacudido este viernes la región japonesa de Kumamoto, en la isla de Kyushu, donde este jueves otro seísmo de 6,4 causó al menos nueve muertos, más de 1.100 heridos así como graves daños en la zona que obligaron a evacuar de sus casas a unas 16.000 personas.
La Agencia Meteorológica de Japón activó inicialmente la alerta de tsunami en las costas Ariake y Yatsushiro, pero la levantó menos de una hora después.
 Por el momento no hay datos de nuevas víctimas o daños.
El Servicio Geológico de Estados Unidos informó en un primer momento que el terremoto había tenido una magnitud de 7,1 en la escala de Ritcher, y que se había producido a un kilómetro de profundidad. Posteriormente informó que había sido de 7,4, a 40 kilómetros de profundidad, en la misma zona. Finalmente la magnitud fue fijada en 7
. El seísmo fue seguido de numerosas réplicas.

El terremoto del jueves se registró a las 21.26 hora local (12.26 GMT) y tuvo su epicentro en la prefectura de Kumamoto y su hipocentro se situó a unos 10 kilómetros de profundidad, según datos de la JMA. El seísmo ha alcanzado el nivel 7 en la escala japonesa, que se centra más en las zonas afectadas que en la intensidad del temblor, en el distrito de Mashiki, al este de la localidad, donde se sitúa el aeropuerto de Kumamoto.
Huéspedes de un hotel de Kumamoto, en el recibidor del establecimiento tras el terremoto de este 
 viernes
 El del jueves y el de hoy son los primeros terremotos que alcanzan el nivel 7 en la escala nipona desde el potente seísmo del 11 de marzo de 2011 que generó un devastador tsunami que barrió la costa del nordeste nipón, causó la muerte de más de 18.000 personas y provocó en Fukushima la peor crisis nuclear desde Chernóbil.
 A unos 120 kilómetros de donde se ha producido el terremoto de este viernes se encuentra la planta nuclear de Sendai, que es la única actualmente operativa en Japón..

BELLEZA.......................El color de la libertad





El color de la libertad

El maquillaje, con su carga subversiva, forma parte de la esencia de la humanidad desde la edad del bronce. 

Asociado al embellecimiento y el enaltecimiento de la juventud, también ha servido de camuflaje y ha formado parte de rituales. Espejo del estatus social y del nivel de emancipación, en nuestro mundo globalizado, continúa marcando la diferencia. Este es un viaje a través de su historia. 

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placeres. BELLEZA

El color de la libertad

Andrea Aguilar
El maquillaje, con su carga subversiva, forma parte de la esencia de la humanidad desde la edad del bronce.
 Asociado al embellecimiento y el enaltecimiento de la juventud, también ha servido de camuflaje y ha formado parte de rituales. 
Espejo del estatus social y del nivel de emancipación, en nuestro mundo globalizado, continúa marcando la diferencia.
 Este es un viaje a través de su historia.
ActualizadoMiércoles 13 de abril de 201612:26
NUEVA York, 1912.
 En una gran manifestación para reclamar el derecho al voto, las sufragistas desfilan con los labios pintados de brillante rojo.
 La imagen, a primera vista, se aleja de lo que medio siglo después caracterizaría a las nietas de aquellas mujeres, las luchadoras feministas que se rebelaron contra el maquillaje y la ropa interior. Pero el gesto de las abuelas no era menos combativo: aquellos labios reclamaban el derecho a pintarse de forma llamativa y explícita sin que por ello fueran colocadas en la categoría de actrices o en la de chicas de mala vida.
Tres años después, cinco Estados habían otorgado el derecho al voto a las mujeres en Estados Unidos (aún habría que esperar hasta 1918 para que las británicas lo obtuvieran) y la invención de las barras labiales de color metió el ­rouge en el bolso de las mujeres.
 El carmín portátil y de fácil uso llegó, esta vez sí, para quedarse.
 Porque lo cierto es que aunque las barras que hoy se comercializan tienen su antecedente directo en la patente de 1915, las primeras que se conocen fueron descubiertas en las tumbas del Antiguo Egipto.
 

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En la primera imagen, la modelo británica Penelope Tree, estrella de los años sesenta, con un marcado ‘eyeliner’ negro.
 En la segunda, las geishas y sus cuidados afeites llevan fascinando a Occidente desde mediados del siglo XX.
Pero el uso del color rojo para pintarse el cuerpo o el rostro es anterior.
 De hecho, las grandes cantidades de ocre rojizo de 125.000 años de antigüedad halladas por arqueólogos en unas cuevas en Sudáfrica donde no hay pinturas rupestres les llevaron a pensar que esa pintura era usada para ponérsela encima, literalmente.
 Es lo que algunos llaman la “cosmética prehistórica”, que probablemente se empleaba para protegerse de los elementos climatológicos, como camuflaje o como parte de rituales para marcar alianzas tribales o asustar a los adversarios.
 Ahí están los antiguos británicos, que pintaban sus rostros de azul antes de entrar en batalla para amedrentar al adversario, imagen que ha sido recuperada recientemente en la última adaptación cinematográfica de Macbeth, dirigida por Justin Kurzel.
Sin pelea abierta de por medio, lo cierto es que el maquillaje también se asoció desde tiempos remotos al embellecimiento, el estatus social y la preservación de la juventud.
“Pintarnos la cara es algo que forma parte de la esencia humana, casi como comer o dormir”, sostiene la maquilladora británica Lisa Eldridge, autora de Face Paint. The Story of Makeup (Abrams Books), un documentado repaso a la historia y el significado del maquillaje que se apoya en la arqueología, el arte y la literatura. Eldridge sostiene además una interesante tesis en su libro: la libertad y los derechos de las mujeres han estado estrechamente ligados a la libertad con la que pintaban sus rostros.
 Algo así como dime si te puedes pintar (cuánto y cómo) y te diré de qué derechos civiles dispones.
 En el Antiguo Egipto, una de las sociedades con un gusto más refinado, experimental y atrevido en cuestión de maquillaje y cosmética (desarrollaron cremas hidratantes, kohls, rouges e incluso esmalte para uñas), las mujeres podían heredar propiedad y tierras (el 10% de los terratenientes eran mujeres), controlaban sus negocios y podían emprender acciones legales  
contra los hombres. En la Antigua Grecia, aunque se usaba colorete derivado de algas, bermellón y otras sustancias naturales, el maquillaje muy evidente estaba mal visto. Los hombres imponían un modelo femenino virtuoso y casero, y ellas en cualquier caso estaban fuera de la política, de la ley y de las guerras.
 La excepción eran las cortesanas, a quienes se permitía controlar su dinero y asistir a los festines, y que hacían un uso del maquillaje más libre y llamativo.


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placeres. BELLEZA

El color de la libertad

Andrea Aguilar
El maquillaje, con su carga subversiva, forma parte de la esencia de la humanidad desde la edad del bronce. Asociado al embellecimiento y el enaltecimiento de la juventud, también ha servido de camuflaje y ha formado parte de rituales. Espejo del estatus social y del nivel de emancipación, en nuestro mundo globalizado, continúa marcando la diferencia. Este es un viaje a través de su historia.
ActualizadoMiércoles 13 de abril de 201612:26
NUEVA York, 1912. En una gran manifestación para reclamar el derecho al voto, las sufragistas desfilan con los labios pintados de brillante rojo. La imagen, a primera vista, se aleja de lo que medio siglo después caracterizaría a las nietas de aquellas mujeres, las luchadoras feministas que se rebelaron contra el maquillaje y la ropa interior. Pero el gesto de las abuelas no era menos combativo: aquellos labios reclamaban el derecho a pintarse de forma llamativa y explícita sin que por ello fueran colocadas en la categoría de actrices o en la de chicas de mala vida.
Tres años después, cinco Estados habían otorgado el derecho al voto a las mujeres en Estados Unidos (aún habría que esperar hasta 1918 para que las británicas lo obtuvieran) y la invención de las barras labiales de color metió el ­rouge en el bolso de las mujeres. El carmín portátil y de fácil uso llegó, esta vez sí, para quedarse. Porque lo cierto es que aunque las barras que hoy se comercializan tienen su antecedente directo en la patente de 1915, las primeras que se conocen fueron descubiertas en las tumbas del Antiguo Egipto.

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2063colorlibertad004
En la primera imagen, la modelo británica Penelope Tree, estrella de los años sesenta, con un marcado ‘eyeliner’ negro. En la segunda, las geishas y sus cuidados afeites llevan fascinando a Occidente desde mediados del siglo XX.
Pero el uso del color rojo para pintarse el cuerpo o el rostro es anterior. De hecho, las grandes cantidades de ocre rojizo de 125.000 años de antigüedad halladas por arqueólogos en unas cuevas en Sudáfrica donde no hay pinturas rupestres les llevaron a pensar que esa pintura era usada para ponérsela encima, literalmente. Es lo que algunos llaman la “cosmética prehistórica”, que probablemente se empleaba para protegerse de los elementos climatológicos, como camuflaje o como parte de rituales para marcar alianzas tribales o asustar a los adversarios. Ahí están los antiguos británicos, que pintaban sus rostros de azul antes de entrar en batalla para amedrentar al adversario, imagen que ha sido recuperada recientemente en la última adaptación cinematográfica de Macbeth, dirigida por Justin Kurzel.
Sin pelea abierta de por medio, lo cierto es que el maquillaje también se asoció desde tiempos remotos al embellecimiento, el estatus social y la preservación de la juventud. “Pintarnos la cara es algo que forma parte de la esencia humana, casi como comer o dormir”, sostiene la maquilladora británica Lisa Eldridge, autora de Face Paint. The Story of Makeup (Abrams Books), un documentado repaso a la historia y el significado del maquillaje que se apoya en la arqueología, el arte y la literatura. Eldridge sostiene además una interesante tesis en su libro: la libertad y los derechos de las mujeres han estado estrechamente ligados a la libertad con la que pintaban sus rostros. Algo así como dime si te puedes pintar (cuánto y cómo) y te diré de qué derechos civiles dispones. En el Antiguo Egipto, una de las sociedades con un gusto más refinado, experimental y atrevido en cuestión de maquillaje y cosmética (desarrollaron cremas hidratantes, kohls, rouges e incluso esmalte para uñas), las mujeres podían heredar propiedad y tierras (el 10% de los terratenientes eran mujeres), controlaban sus negocios y podían emprender acciones legales contra los hombres.
En la Antigua Grecia, aunque se usaba colorete derivado de algas, bermellón y otras sustancias naturales, el maquillaje muy evidente estaba mal visto. Los hombres imponían un modelo femenino virtuoso y casero, y ellas en cualquier caso estaban fuera de la política, de la ley y de las guerras. La excepción eran las cortesanas, a quienes se permitía controlar su dinero y asistir a los festines, y que hacían un uso del maquillaje más libre y llamativo.
Josephine Baker - 1920s

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placeres. BELLEZA

El color de la libertad

Andrea Aguilar
El maquillaje, con su carga subversiva, forma parte de la esencia de la humanidad desde la edad del bronce. Asociado al embellecimiento y el enaltecimiento de la juventud, también ha servido de camuflaje y ha formado parte de rituales. Espejo del estatus social y del nivel de emancipación, en nuestro mundo globalizado, continúa marcando la diferencia. Este es un viaje a través de su historia.
ActualizadoMiércoles 13 de abril de 201612:26
NUEVA York, 1912. En una gran manifestación para reclamar el derecho al voto, las sufragistas desfilan con los labios pintados de brillante rojo. La imagen, a primera vista, se aleja de lo que medio siglo después caracterizaría a las nietas de aquellas mujeres, las luchadoras feministas que se rebelaron contra el maquillaje y la ropa interior. Pero el gesto de las abuelas no era menos combativo: aquellos labios reclamaban el derecho a pintarse de forma llamativa y explícita sin que por ello fueran colocadas en la categoría de actrices o en la de chicas de mala vida.
Tres años después, cinco Estados habían otorgado el derecho al voto a las mujeres en Estados Unidos (aún habría que esperar hasta 1918 para que las británicas lo obtuvieran) y la invención de las barras labiales de color metió el ­rouge en el bolso de las mujeres. El carmín portátil y de fácil uso llegó, esta vez sí, para quedarse. Porque lo cierto es que aunque las barras que hoy se comercializan tienen su antecedente directo en la patente de 1915, las primeras que se conocen fueron descubiertas en las tumbas del Antiguo Egipto.

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2063colorlibertad004
En la primera imagen, la modelo británica Penelope Tree, estrella de los años sesenta, con un marcado ‘eyeliner’ negro. En la segunda, las geishas y sus cuidados afeites llevan fascinando a Occidente desde mediados del siglo XX.
Pero el uso del color rojo para pintarse el cuerpo o el rostro es anterior. De hecho, las grandes cantidades de ocre rojizo de 125.000 años de antigüedad halladas por arqueólogos en unas cuevas en Sudáfrica donde no hay pinturas rupestres les llevaron a pensar que esa pintura era usada para ponérsela encima, literalmente. Es lo que algunos llaman la “cosmética prehistórica”, que probablemente se empleaba para protegerse de los elementos climatológicos, como camuflaje o como parte de rituales para marcar alianzas tribales o asustar a los adversarios. Ahí están los antiguos británicos, que pintaban sus rostros de azul antes de entrar en batalla para amedrentar al adversario, imagen que ha sido recuperada recientemente en la última adaptación cinematográfica de Macbeth, dirigida por Justin Kurzel.
Sin pelea abierta de por medio, lo cierto es que el maquillaje también se asoció desde tiempos remotos al embellecimiento, el estatus social y la preservación de la juventud. “Pintarnos la cara es algo que forma parte de la esencia humana, casi como comer o dormir”, sostiene la maquilladora británica Lisa Eldridge, autora de Face Paint. The Story of Makeup (Abrams Books), un documentado repaso a la historia y el significado del maquillaje que se apoya en la arqueología, el arte y la literatura. Eldridge sostiene además una interesante tesis en su libro: la libertad y los derechos de las mujeres han estado estrechamente ligados a la libertad con la que pintaban sus rostros. Algo así como dime si te puedes pintar (cuánto y cómo) y te diré de qué derechos civiles dispones. En el Antiguo Egipto, una de las sociedades con un gusto más refinado, experimental y atrevido en cuestión de maquillaje y cosmética (desarrollaron cremas hidratantes, kohls, rouges e incluso esmalte para uñas), las mujeres podían heredar propiedad y tierras (el 10% de los terratenientes eran mujeres), controlaban sus negocios y podían emprender acciones legales contra los hombres.
En la Antigua Grecia, aunque se usaba colorete derivado de algas, bermellón y otras sustancias naturales, el maquillaje muy evidente estaba mal visto.
 Los hombres imponían un modelo femenino virtuoso y casero, y ellas en cualquier caso estaban fuera de la política, de la ley y de las guerras. La excepción eran las cortesanas, a quienes se permitía controlar su dinero y asistir a los festines, y que hacían un uso del maquillaje más libre y llamativo.
Josephine Baker - 1920s
Josephine Baker, toda una adepta al polvo facial. 
El poeta Ovidio, en ‘Sobre la cosmética del rostro femenino’, de El arte de amar, es uno de los raros casos en la Antigua Roma que aplauden el maquillaje, aunque moderado.
 El libro incluye recetas para el cuidado de la piel con ingredientes como los pétalos de amapola y rosa para obtener el rouge.
 Pero aunque no hubiera mucho elogio por escrito, lo cierto es que el uso de pinturas y productos faciales estaba ampliamente extendido en Roma.
 Los envases de madera y cristal encontrados en las excavaciones eran los que empleaban las clases populares, mientras que las patricias usaban contenedores más lujosos, y algunas mujeres incluso contaban con cosmetae o protomaquilladoras romanas
. Un caso extremo fue el de Popea, la esposa de Nerón, cuyos rituales de belleza diarios requerían la participación de cerca de cien esclavos.
 Su obsesión era mantener la piel blanca y luminosa: para ello dormía con una mascarilla de maicena que se retiraba por la mañana con leche de burra, y también se bañaba en esta leche antes de aplicarse tiza y plomo blanco y usar limón para aclarar sus pecas. 
Tan larga es la historia de la cosmética como la de su censura.
 Los escritores cristianos fueron quienes lograron instalar la idea de que el maquillaje era sinónimo de engaño, farsa o truco
. Ahí está, por ejemplo, san Cipriano, que afirmaba que las mejillas pintadas “borraban toda verdad”. 
Hasta el propio Hamlet de Shakespeare, muchos siglos después, increpa a Ofelia: “He oído de tus pinturas, Dios te da un rostro y tú te haces otro”
. La tendencia a la discreción en el maquillaje se ha impuesto mayormente en la historia, salvo notables excepciones: el Antiguo Egipto, con el uso del kohl, que ayudaba a prevenir infecciones oculares y que se extendió entre todas las clases sociales y entre hombres y mujeres; la teatral y decadente Venecia del siglo XVII, en la que para lograr el blanqueamiento de la piel se empleaban sustancias tan tóxicas que iban dañando la epidermis; o la corte de Versalles, donde las sesiones de maquillaje eran una performance, hombres y niños también se pintaban y el rouge podía obtenerse en las perfumerías parisienses.
 El maquillaje en aquel contexto cargaba con una sorprendente dimensión política. 
 
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placeres. BELLEZA

El color de la libertad

Andrea Aguilar
El maquillaje, con su carga subversiva, forma parte de la esencia de la humanidad desde la edad del bronce. Asociado al embellecimiento y el enaltecimiento de la juventud, también ha servido de camuflaje y ha formado parte de rituales. Espejo del estatus social y del nivel de emancipación, en nuestro mundo globalizado, continúa marcando la diferencia. Este es un viaje a través de su historia.
ActualizadoMiércoles 13 de abril de 201612:26
NUEVA York, 1912. En una gran manifestación para reclamar el derecho al voto, las sufragistas desfilan con los labios pintados de brillante rojo. La imagen, a primera vista, se aleja de lo que medio siglo después caracterizaría a las nietas de aquellas mujeres, las luchadoras feministas que se rebelaron contra el maquillaje y la ropa interior. Pero el gesto de las abuelas no era menos combativo: aquellos labios reclamaban el derecho a pintarse de forma llamativa y explícita sin que por ello fueran colocadas en la categoría de actrices o en la de chicas de mala vida.
Tres años después, cinco Estados habían otorgado el derecho al voto a las mujeres en Estados Unidos (aún habría que esperar hasta 1918 para que las británicas lo obtuvieran) y la invención de las barras labiales de color metió el ­rouge en el bolso de las mujeres. El carmín portátil y de fácil uso llegó, esta vez sí, para quedarse. Porque lo cierto es que aunque las barras que hoy se comercializan tienen su antecedente directo en la patente de 1915, las primeras que se conocen fueron descubiertas en las tumbas del Antiguo Egipto.

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2063colorlibertad004
En la primera imagen, la modelo británica Penelope Tree, estrella de los años sesenta, con un marcado ‘eyeliner’ negro. En la segunda, las geishas y sus cuidados afeites llevan fascinando a Occidente desde mediados del siglo XX.
Pero el uso del color rojo para pintarse el cuerpo o el rostro es anterior. De hecho, las grandes cantidades de ocre rojizo de 125.000 años de antigüedad halladas por arqueólogos en unas cuevas en Sudáfrica donde no hay pinturas rupestres les llevaron a pensar que esa pintura era usada para ponérsela encima, literalmente. Es lo que algunos llaman la “cosmética prehistórica”, que probablemente se empleaba para protegerse de los elementos climatológicos, como camuflaje o como parte de rituales para marcar alianzas tribales o asustar a los adversarios. Ahí están los antiguos británicos, que pintaban sus rostros de azul antes de entrar en batalla para amedrentar al adversario, imagen que ha sido recuperada recientemente en la última adaptación cinematográfica de Macbeth, dirigida por Justin Kurzel.
Sin pelea abierta de por medio, lo cierto es que el maquillaje también se asoció desde tiempos remotos al embellecimiento, el estatus social y la preservación de la juventud. “Pintarnos la cara es algo que forma parte de la esencia humana, casi como comer o dormir”, sostiene la maquilladora británica Lisa Eldridge, autora de Face Paint. The Story of Makeup (Abrams Books), un documentado repaso a la historia y el significado del maquillaje que se apoya en la arqueología, el arte y la literatura. Eldridge sostiene además una interesante tesis en su libro: la libertad y los derechos de las mujeres han estado estrechamente ligados a la libertad con la que pintaban sus rostros. Algo así como dime si te puedes pintar (cuánto y cómo) y te diré de qué derechos civiles dispones. En el Antiguo Egipto, una de las sociedades con un gusto más refinado, experimental y atrevido en cuestión de maquillaje y cosmética (desarrollaron cremas hidratantes, kohls, rouges e incluso esmalte para uñas), las mujeres podían heredar propiedad y tierras (el 10% de los terratenientes eran mujeres), controlaban sus negocios y podían emprender acciones legales contra los hombres.
En la Antigua Grecia, aunque se usaba colorete derivado de algas, bermellón y otras sustancias naturales, el maquillaje muy evidente estaba mal visto. Los hombres imponían un modelo femenino virtuoso y casero, y ellas en cualquier caso estaban fuera de la política, de la ley y de las guerras. La excepción eran las cortesanas, a quienes se permitía controlar su dinero y asistir a los festines, y que hacían un uso del maquillaje más libre y llamativo.

Josephine Baker - 1920s
Josephine Baker, toda una adepta al polvo facial.
El poeta Ovidio, en ‘Sobre la cosmética del rostro femenino’, de El arte de amar, es uno de los raros casos en la Antigua Roma que aplauden el maquillaje, aunque moderado. El libro incluye recetas para el cuidado de la piel con ingredientes como los pétalos de amapola y rosa para obtener el rouge. Pero aunque no hubiera mucho elogio por escrito, lo cierto es que el uso de pinturas y productos faciales estaba ampliamente extendido en Roma. Los envases de madera y cristal encontrados en las excavaciones eran los que empleaban las clases populares, mientras que las patricias usaban contenedores más lujosos, y algunas mujeres incluso contaban con cosmetae o protomaquilladoras romanas. Un caso extremo fue el de Popea, la esposa de Nerón, cuyos rituales de belleza diarios requerían la participación de cerca de cien esclavos. Su obsesión era mantener la piel blanca y luminosa: para ello dormía con una mascarilla de maicena que se retiraba por la mañana con leche de burra, y también se bañaba en esta leche antes de aplicarse tiza y plomo blanco y usar limón para aclarar sus pecas.
Tan larga es la historia de la cosmética como la de su censura. Los escritores cristianos fueron quienes lograron instalar la idea de que el maquillaje era sinónimo de engaño, farsa o truco. Ahí está, por ejemplo, san Cipriano, que afirmaba que las mejillas pintadas “borraban toda verdad”. Hasta el propio Hamlet de Shakespeare, muchos siglos después, increpa a Ofelia: “He oído de tus pinturas, Dios te da un rostro y tú te haces otro”. La tendencia a la discreción en el maquillaje se ha impuesto mayormente en la historia, salvo notables excepciones: el Antiguo Egipto, con el uso del kohl, que ayudaba a prevenir infecciones oculares y que se extendió entre todas las clases sociales y entre hombres y mujeres; la teatral y decadente Venecia del siglo XVII, en la que para lograr el blanqueamiento de la piel se empleaban sustancias tan tóxicas que iban dañando la epidermis; o la corte de Versalles, donde las sesiones de maquillaje eran una performance, hombres y niños también se pintaban y el rouge podía obtenerse en las perfumerías parisienses. El maquillaje en aquel contexto cargaba con una sorprendente dimensión política.
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Las polveras se convirtieron en un inesperado campo de experimentación artística en los años cuarenta y cincuenta.
 

Extra, extra: una desconocida gana ‘Gran Hermano VIP’............................................ Luz Sánchez-Mellado

Entraron el 8 de enero y salieron la noche del 14 de abril, aniversario de la República, habiendo soltado por sus orificios todo tipo de deyecciones los unos de los otros.



Laura Matamoros y Jordi González, en 'Gran Hermano VIP'.

Paren rotativas: Laura Matamoros, una morenaza de 23 años, ganó anoche la cuarta edición de Gran Hermano VIP, el reality de Telecinco en que una purrela de ¿famosos? contienden, perdón, conviven encerrados en una casa hasta que solo queda uno.
 ¿Que quién? Sí, hombre, una de los cuatro hijos de Kiko Matamoros con su primera esposa.
 ¿Qué quién? Sí, mujer, el cuñado de Mar Flores, la exmodelo que se acaba de separar de Javier Merino.
 ¿Qué quiénes? Vale, dejémoslo en una canterana de la cadena, que hay que explicároslo todo.
 Lo de Telecinco es como lo de los cuentos. Si ponemos en duda que el lobo feroz le habla Caperucita porque los lobos no hablan, no hay relato.
 Y si nos tomamos lo de VIP al pie de la letra, porque ni Dios conoce a la ganadora, no hay programa.

  Entraron el 8 de enero, con el roscón de Reyes obstruyéndoles aún en el intestino grueso, y salen la noche del 14 de abril, aniversario de la República, habiendo soltado por sus orificios todo tipo de deyecciones los unos de los otros, hasta el punto de que el sustantivo llano bisílabo “mierda” fue, quizá, el más pronunciado. 

De eso se trataba, mayormente. De que ellos se expusieran de cabo a rabo al escarnio, perdón, escrutinio público, y de que nosotros lo viéramos, evaluáramos sus dones y faltas, y decidiéramos soberanamente quien aguantó mejor el tipo en esa pelea de gallos y gallinas.

 Estando en semejante foro Rosa Benito, Raquel Bollo –¿que quiénes?, vale ya, si seguís preguntando, rompo la baraja- Rappel, que nadie dude de que hubo lances de gran altura dialéctica y de la otra.

 En ese sentido, cabe destacar la capacidad de innovación lingüística del elenco de este año al incorporar el vocablo “mueble” –dícese del concursante que no da espectáculo y se limita a despatarrarse en el sofá todo el santo día- como el mayor insulto entre la concurrencia. 

Al cierre de esta edición, la RAE estaba estudiado llevar tal acepción al Diccionario en su próxima sesión plenaria.

 

Belén Esteban y Laura Matamoros.
Total, que después de 14 semanas conspirando entre cámaras, cuchicheos y cuchillos voladores, los Grandes Hermanos salen como entran. Casi, casi, como los Grandes Cuñados del Congreso de los Diputados.
 Entraron sin Gobierno y salen sin Gobierno después de tres meses de entradas y salidas, dramones, invectivas, coqueteos, reconciliaciones, puñetazos en la mesa, maniobras de aproximación, rupturas, recelos, y toneladas de postureo.
 Eso sí, los concursantes de la casa de Guadalix le llevan ventaja a los de la Casa del Pueblo. Sacaron a centenares de personas a la calle a apoyarles, mientras aún está por ver algún día, en algún sitio una triste concentración de cuatro gatos metiéndoles prisa a los padres de la patria para formar Gobierno.
Pues eso, que Laura Matamoros, una belleza morena de 23 años, ganó anoche Gran Hermano VIP, en reñida competencia con Carlos Lozano, un presentador con mejores siglos a la espalda.
Dentro de una semana, nadie se acordará de nadie. Pero que no cunda el desánimo. El jueves que viene empieza Supervivientes, siguiendo el Gran Juego de la Oca de Telecinco: De reality a reality y tiro porque me llevan los audímetros.

Camps dice que “era imposible” para él saber el coste de los actos de Nóos........ñóooooooooooooooooooo

"No sabía que Urdangarin estaba detrás del Valencia Summit", declara el expresidente valenciano como testigo en el juicio que se celebra en Palma de Mallorca.

Francisco Camps antes de declarar en el caso Nóos. Tolo Ramón | ATLAS
El expresidente valenciano Francisco Camps ha asegurado que no supo que Iñaki Urdangarin estaba detrás de las jornadas Valencia Summit hasta que estalló el escándalo.
 Camps, que este viernes ha defendido su gestión en el juicio por el caso Nóos que se celebra en Baleares, ha explicado que acudió a la inauguración de unas jornadas sobre ciudad y deporte en 2004 y 2005 sin saber siquiera que se trataba de las Valencia Summit.
 "He sabido luego que el evento se llamaba Valencia Summit.
 Yo fui a la inauguración de un congreso sobre deporte y ciudad", ha dicho
. Este evento, del que se hicieron tres ediciones, costó 3,1 millones de euros que fueron abonados por la empresa del Gobierno valenciano, Ciudad de las Artes y las Ciencias, y la fundación Valencia Turismo del Ayuntamiento de Valencia.

"Del Valencia Summit no tenía referencia alguna", ha dicho Camps.
 ¿Sabía que Urdangarin estaba detrás?, le han preguntado. "Realmente no", ha manifestado el expresidente valenciano que se ha desvinculado totalmente de las jornadas Valencia Summit y de la manera en la que se gestó el proyecto Juegos Europeos..

 

"¿Quién va a contarme a mí lo que cuestan las convenciones, los decretos...?
 La actividad era constante.
 Era imposible [que me informasen del detalle de los Valencia Summit]", ha recalcado Camps, que ha negado, tal y como declaró Diego Torres, haberse reunido en el palacio de la Zarzuela con los socios de Nóos y la entonces alcaldesa Rita Barberá.
 Los únicos encuentros que ha admitido con Iñaki Urdangarin han sido los realizados en actos protocolarios y una reunión oficial en el Palau de la Generalitat a la que acudió también el presidente del Comité Olímpico Español (COE).
Respecto al convenio de Juegos Europeos, que se presupuestó en seis millones de euros aunque solo se pagaron 382.000 euros, el expresidente valenciano ha insistido en que tenía el aval del Comité Olímpico Español y ha defendido la validez del proyecto.
 "Los Juegos Europeos no se han anulado, el proyecto en Valencia se abortó porque el alcalde Alberto Ruiz Gallardón nos pidió que no hubiese ninguna otra candidatura distinta a las de Madrid 2012 y 2016".
Camps ha defendido el trabajo realizado para los Juegos Europeos, aunque ha sido incapaz de dar detalle alguno sobre las actuaciones realizadas.
 "El presidente de una comunidad autónoma no está pendiente del trabajo que hacen un grupo u otro de personas", ha insistido Camps, "pero si el presidente actual de la Generalitat Valenciana quisiese volver a poner la candidatura de Juegos Europeos encima de la mesa podría hacerlo por el trabajo que se hizo.
 Se lo digo de buena fuente".