Los
tribunales británicos impiden que se publique información sobre la
pareja afectada en Inglaterra y en Gales mientras que en EE UU y Escocia
difunden la información.
Titulares de medios escoses y estadounidenses.
La prensa británica y estadounidense lleva semanas hablando de un
famoso que, mediante una orden restrictiva de la justicia británica,
impide que se revelen las infidelidades que ha sufrido de su cónyuge.
Esta orden, conocida en inglés como super-injunction, prohíbe
que medios de comunicación de Inglaterra y Gales publiquen datos que
puedan identificar a la pareja.
El famoso en cuestión ha logrado
silenciar a los diarios después de apelar un primer veredicto que
rechazó su petición inicial de silencio.
Según la sentencia del juez,
del pasado 22 de enero, la información de la infidelidad carece de
interés público y su difusión perjudicaría a los dos hijos de la pareja.
Periodistas galeses e ingleses podrían cumplir una condena en prisión
si hicieran pública la identidad de la estrella y de su cónyuge.
Esta decisión judicial ha indignado a algunos de los diarios más leídos de Reino Unido. The Daily Mail ha publicado artículos de protesta y The Sun ha intentado revocar la situación por medios legales.
El tabloide
mantiene que la publicación de los nombres contribuiría al debate sobre
los límites de libertad de expresión y la protección de la intimidad y
recalca que la pareja anteriormente ha hecho públicos detalles de su
vida familiar.
El debate ha llegado incluso hasta la Cámara de los
Comunes y, según The Telegraph, uno de los parlamentarios
estaba decidido a usar su privilegio político para revelar los nombres,
hasta que se le ordenó no hacerlo.
La controversia se ha multiplicado en el momento en el que dos
publicaciones ubicadas fuera del marco legal de la orden se atrevieron a
nombrar a los innombrables.
La primera fue la revista estadounidense National Enquirer, que sostiene que se trata de un famoso cantante británico con título de sir.
El tabloide recoge las declaraciones de un hombre de negocios británico
que asegura que mantuvo relaciones sexuales –algunas de ellas sin
protección- con la pareja de este artista.
Los encuentros se produjeron
en 2009, 2010 y 2011.
El escocés Sunday Mail publicó la noticia el 11 de abril
amparándose en que la ley no se aplica en Escocia.
La información, sin
embargo, no puede reproducirse en la web, al estar disponible para los
lectores ingleses y galeses. Sunday Mail afirma en un editorial que tomó la decisión
en defensa de la libertad de prensa y expresión. "Nos preocupa que los
ricos gasten grandes sumas de dinero silenciando las informaciones que
no les gustan. Si no les nombrásemos animaríamos a otros –famosos,
magnates y políticos- con algo que esconder a ocultarlo tras una orden
judicial", afirma. La publicación escocesa
recalca lo absurdo que es intentar frenar una información disponible en
formato digital:
"Estados Unidos lo sabe. Internet lo sabe. El mundo
entero lo sabe. Y ahora Escocia también".
La teoría
de una suplantación pone al PP y al Gobierno en la tesitura de apoyar a
un ministro con serios problemas de credibilidad.
¿Quién suplantó a Soria? ¿La Presa? ¿Estábamos en Carnavales? ¿Por qué ha quitado que vengan cruceros de millonarios en Domingo?
El ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria. Fernando VillarEFE
Exige cierto esfuerzo creer en la teoría de la suplantación de Soria.
Exige incluso acordarse de La invasion de los ultracuerpos,
aquella película de terror de Don Siegel que nos estremeció de niños y
en cuya trama unas extrañas vainas extraterrestres crecían hasta
adquirir el aspecto idéntico de los humanos que las cultivaban.
Ha podido ocurrirle algo parecido a Soria mientras dormía.
Pensábamos
que su doble era José María Aznar, a cuenta el asombroso parecido
físico y hasta ideológico, pero la teoría del ministro implica que su
papel ejecutivo en una sociedad de Bahamas y en otra británica —las dos
con el mismo nombre, UK Lines— proviene de una falsificación identitaria.
Una falsificación familiar, dinástica, que arrastra a su padre y hasta
su hermano, cuyas firmas en los documentos fundacionales tampoco
reconoce como legítimas pese a haber acreditado su autenticidad los
peritos caligráficos.
Soria tiene un problema de credibilidad por la confusión que ha aportado
él mismo a las diferentes explicaciones —ha dado hasta tres—. Y porque
ya ha incurrido en una mentira.
Dijo que se desvinculó de toda actividad
empresarial en 1995, al iniciar su carrera política, pero ocurre que en
1997 todavía figuraba como administrador de Ocean Lines, una sociedad
radicada en Londres que formaba parte del holding familiar.
Semejantes circunstancias complican las hipótesis de la clonación o
del sabotaje identitario, pero Soria ha encontrado la inmediata
solidaridad de sus compañeros de Gobierno. Margallo, De Guindos y
Catalá, tres superministros, se han apresurado a legitimar las versión
del colega, exactamente como hizo de oficio el portavoz parlamentario
Rafael Hernando, mencionando una conspiración mediática que Josñe Manuel
Soria piensa atajar en la comparecencia del Congreso.
Será la manera de solemnizar su teoría exculpatoria.
De lo contrario,
Soria habría provocado un daño descomunal a su partido. Por haber
tenido y ocultado una sociedad offshore. Por haber mentido al
respecto.
Y por haber movilizado al PP para sostenerlo, forzándolo a
encubrir sus desmanes en los prolegómenos de la campaña electoral.
Tal como ocurre en La invasión de los ultracuerpos, José
Manuel Soria ha sido víctima de una clonación.
La culpa fue de su doble.
Pero no es el doble del ministro sino el ministro mismo quien ha
intoxicado la separación de poderes dando instrucciones a la Fiscalía
Anticorrupción para agilizar la aclaración de su caso.
Un disparate que
carece de todo sentido porque Soria no está investigado y porque no
existe sospecha de la comisión de un delito.
Y porque es él quien debe
pedir explicaciones al bufete panameño del que han salido los documentos
comprometedores.
Soria o su clon no tienen un problema judicial.
Tienen un problema
político. Que pone a prueba su credibilidad. Y que pone a prueba la
política de tolerancia del PP
con las ovejas descarriadas camino del 26-J
. Cuidado con Rajoy.
Es un
cocodrilo inmóvil, pero también inmisericorde cuando pasa delante el
cordero sacrificial cuando está en juego su hambre y su supervivencia.
Vocalistas
que no cantan, músicos que no tocan, compositores que copian, mánagers
que cogen todo el dinero y corren… Repasamos los mayores fraudes.
“¡Tu voz! ¡Me prometiste tu voz! ¿No recuerdas nuestro contrato?”.
Estas frases, exclamadas por el magnate Swan en la película El fantasma del paraíso
(Brian de Palma, 1976), resumen muy bien los turbios tejemanejes que
rodean a la industria discográfica. En el filme, vemos cómo un diabólico
e implacable productor crea y destruye artistas, se apropia de
canciones ajenas, y es capaz de todo para alcanzar el éxito.
Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia . Desde que
el pop es pop, son moneda corriente el plagio, la estafa, el robo y el
engaño. En este negocio (y en otros muchos) las apariencias engañan, y a
veces el cantante que sale en los vídeos no es quien canta, ni el que
canta se lleva la pasta, ni el que compone es quien figura en
los créditos . El pop es una jungla llena de trampas y espejismos; nos
corresponde a nosotros, sufrido público, desenmascararlos y estar
atentos para que no nos vuelvan a dar gato por liebre ni bandurria por
guitarra. 1.Milli Vanilli: un Grammy y millones de ventas por hacer 'playback'.
En 1987, el productor discográfico alemán Frank Farian descubrió al
francés Fab Morvan y el alemán Rob Pilatus, dos mulatos que bailaban con
la cantante Sabrina. A ojos de Farian, aquella exótica pareja lo tenía todo para triunfar: dotes para la danza, desparpajo y sex appeal. Como no sabían cantar, el productor contrató a un par de vocalistas y
un puñado de músicos: ellos grabarían los discos, mientras Fav y Rob
movían las bocas y el esqueleto . ¿Resultado? Vendieron millones de
discos y recibieron un premio Grammy.
Rihanna, Milli Vanilli y Oasis, timadores del pop.
“¡Tu voz! ¡Me prometiste tu voz! ¿No recuerdas nuestro contrato?”. Estas frases, exclamadas por el magnate Swan en la película El fantasma del paraíso
(Brian de Palma, 1976), resumen muy bien los turbios tejemanejes que
rodean a la industria discográfica. En el filme, vemos cómo un diabólico
e implacable productor crea y destruye artistas, se apropia de
canciones ajenas, y es capaz de todo para alcanzar el éxito.
Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Desde que
el pop es pop, son moneda corriente el plagio, la estafa, el robo y el
engaño. En este negocio (y en otros muchos) las apariencias engañan, y a
veces el cantante que sale en los vídeos no es quien canta, ni el que
canta se lleva la pasta, ni el que compone es quien figura en
los créditos. El pop es una jungla llena de trampas y espejismos; nos
corresponde a nosotros, sufrido público, desenmascararlos y estar
atentos para que no nos vuelvan a dar gato por liebre ni bandurria por
guitarra. 1.Milli Vanilli: un Grammy y millones de ventas por hacer 'playback'.
En 1987, el productor discográfico alemán Frank Farian descubrió al
francés Fab Morvan y el alemán Rob Pilatus, dos mulatos que bailaban con
la cantante Sabrina. A ojos de Farian, aquella exótica pareja lo tenía todo para triunfar: dotes para la danza, desparpajo y sex appeal.
Como no sabían cantar, el productor contrató a un par de vocalistas y
un puñado de músicos: ellos grabarían los discos, mientras Fav y Rob
movían las bocas y el esqueleto. ¿Resultado? Vendieron millones de
discos y recibieron un premio Grammy.
Milli Vanilli, grandes impostores. Getty
El chasco llegó en 1990, cuando un tal Charles Shaw confesó en un
periódico que él era quien cantaba en los discos y que Milli Vanilli
eran un par de impostores
. Desesperados, Rob y Fav le pidieron a Frank
Farian que los cubriera pero, temeroso de hacer más el ridículo, el
productor optó por reconocer públicamente la verdad
. Poco después, al
dúo le quitaron su Grammy y lo echaron de su sello discográfico.
Tras el escándalo, los Milli grabaron algún disco con sus verdaderas
voces, pero ya nadie les creía. Rob no encajó bien el fracaso y acabó
muerto por sobredosis en 1998. 2. Jordy: el niño cantor traicionado por sus padres.
Marisol, Joselito, Nikka Costa… Casos de niños canores los hay a
patadas, pero ninguno tan precoz y tan fugaz como el del francés Jordy.
Su primer éxito, con solo cuatro años, fue Dur dur d’être bébé! (1992), donde, sobre una base dance,
el niño balbuceaba una letra sobre las tribulaciones de ser pequeño
.
Los responsables de la música eran sus padres, el productor Claude
Lemoine y la compositora Patricia Clerget, que se hicieron de oro
gracias a la simpatía de su vástago.
Con su primer disco, Jordy entró en
el Libro Guiness de los Records como el artista más joven (4
años) en llegar al número uno en todo el mundo.
El segundo disco mantuvo
el éxito, y una de sus canciones fue incluida en la película Mira quién habla también (1993). Pero el tercero fracasó.
Mientras, los padres de Jordy dilapidaron la fortuna ganada por su hijo y hasta montaron La granja de Jordy,
una fallida atracción turística.
Arruinado, el matrimonio se divorció y
el nene volvió al cole.
Cuando llegó a la mayoría de edad no quedaba ni
un céntimo de todo aquel dinero que había ganado de niño, y acabó
haciendo reality shows, esos grandes vertederos de juguetes rotos.
Rihanna, Milli Vanilli y Oasis, timadores del pop.
“¡Tu voz! ¡Me prometiste tu voz! ¿No recuerdas nuestro contrato?”. Estas frases, exclamadas por el magnate Swan en la película El fantasma del paraíso
(Brian de Palma, 1976), resumen muy bien los turbios tejemanejes que
rodean a la industria discográfica. En el filme, vemos cómo un diabólico
e implacable productor crea y destruye artistas, se apropia de
canciones ajenas, y es capaz de todo para alcanzar el éxito.
Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Desde que
el pop es pop, son moneda corriente el plagio, la estafa, el robo y el
engaño. En este negocio (y en otros muchos) las apariencias engañan, y a
veces el cantante que sale en los vídeos no es quien canta, ni el que
canta se lleva la pasta, ni el que compone es quien figura en
los créditos. El pop es una jungla llena de trampas y espejismos; nos
corresponde a nosotros, sufrido público, desenmascararlos y estar
atentos para que no nos vuelvan a dar gato por liebre ni bandurria por
guitarra. 1.Milli Vanilli: un Grammy y millones de ventas por hacer 'playback'.
En 1987, el productor discográfico alemán Frank Farian descubrió al
francés Fab Morvan y el alemán Rob Pilatus, dos mulatos que bailaban con
la cantante Sabrina. A ojos de Farian, aquella exótica pareja lo tenía todo para triunfar: dotes para la danza, desparpajo y sex appeal.
Como no sabían cantar, el productor contrató a un par de vocalistas y
un puñado de músicos: ellos grabarían los discos, mientras Fav y Rob
movían las bocas y el esqueleto. ¿Resultado? Vendieron millones de
discos y recibieron un premio Grammy.
Milli Vanilli, grandes impostores. Getty
El chasco llegó en 1990, cuando un tal Charles Shaw confesó en un
periódico que él era quien cantaba en los discos y que Milli Vanilli
eran un par de impostores. Desesperados, Rob y Fav le pidieron a Frank
Farian que los cubriera pero, temeroso de hacer más el ridículo, el
productor optó por reconocer públicamente la verdad. Poco después, al
dúo le quitaron su Grammy y lo echaron de su sello discográfico.
Tras el escándalo, los Milli grabaron algún disco con sus verdaderas
voces, pero ya nadie les creía. Rob no encajó bien el fracaso y acabó
muerto por sobredosis en 1998. 2. Jordy: el niño cantor traicionado por sus padres.
Marisol, Joselito, Nikka Costa… Casos de niños canores los hay a
patadas, pero ninguno tan precoz y tan fugaz como el del francés Jordy.
Su primer éxito, con solo cuatro años, fue Dur dur d’être bébé! (1992), donde, sobre una base dance,
el niño balbuceaba una letra sobre las tribulaciones de ser pequeño.
Los responsables de la música eran sus padres, el productor Claude
Lemoine y la compositora Patricia Clerget, que se hicieron de oro
gracias a la simpatía de su vástago. Con su primer disco, Jordy entró en
el Libro Guiness de los Records como el artista más joven (4
años) en llegar al número uno en todo el mundo. El segundo disco mantuvo
el éxito, y una de sus canciones fue incluida en la película Mira quién habla también (1993). Pero el tercero fracasó.
Mientras, los padres de Jordy dilapidaron la fortuna ganada por su hijo y hasta montaron La granja de Jordy,
una fallida atracción turística. Arruinado, el matrimonio se divorció y
el nene volvió al cole. Cuando llegó a la mayoría de edad no quedaba ni
un céntimo de todo aquel dinero que había ganado de niño, y acabó
haciendo reality shows, esos grandes vertederos de juguetes rotos. 3. U2: un directo lleno de sonido enlatado. En 1992, tras un radical cambio de imagen y sonido, la banda irlandesa más famosa del mundo emprendió el Zoo TV Tour,
una gira de conciertos por los cinco continentes
. En ella, el grupo
cambió por completo su concepción del directo, que pasó de la austeridad
de las giras anteriores a ser un espectáculo multimedia.
Para quitarse
trabajo y sincronizar bien imágenes, luces y sonidos, Bono y los suyos
llevaron todos los instrumentos pregrabados.
Como a menudo había fallos
de sincronización, fueron muchos los que los acusaron de fraude.
Uno de los que los que más cizaña metió fue el cantante de Kiss Gene
Simmons: “Si, como U2, cobras 100 dólares por la entrada, hacer mímica
sincronizada es una falta total de honradez”, sentenció en una
entrevista.
Lo más curioso es que, más de una década después, el grupo
Kiss también fue sorprendido haciendo playback y tuvo que pedir perdón en Twitter. 4. Technotronic: la despampanante chica de portada no sabe cantar. Este grupo belga de eurodance fue ideado por el productor Jo Bogaert, alias Thomas de Quincey
. Cuando lanzaron su primer disco, el rompepistas housePump up the jam
(1989), la chica que salía en la portada y en el vídeo era la
despampanante modelo Felly Kilingi, pero cantaba Manuela Kamosi, alias
Kid K, mucho menos atractiva.
En 2009, coincidiendo con el vigésimo aniversario del disco, MC Eric, el otro miembro del dúo, explicaba así el fraude en Tentaciones:
“Kid K firmó un contrato ilegal porque era menor de edad. Cuando todo
el mundo se dio cuenta, era tarde, porque la canción ya era un éxito en
los clubes. Así que encontraron a esta chica parecía africana y tenía
una imagen muy fuerte.
La compañía la escogió sin que lo supiéramos”.
La compañía de discos decidió poner a esta chica en la portada ya que la que cantaba no era lo suficientemente atractiva.
A partir del siguiente disco, rectificaron, saliendo en todas las
fotos y videos y tocando mucho en directo. Pero el éxito nunca les
volvió a acompañar. 5. Leonard Cohen: su mánager y amante le robó todo el dinero.
En 1994, harto del mundanal ruido, el cantautor Leonard Cohen tomó la
decisión de raparse la cabeza, hacerse monje y recluirse en un
monasterio zen de Mount Baldy, Los Ángeles.
Antes de retirarse, dejó sus asuntos económicos en manos de su mujer
de confianza, Kelly Lynch, que durante 17 años había sido asesora
financiera y amante esporádica del cantautor.
Pero, traicionando su
confianza, Lynch se fugó con los cinco millones de dólares que Cohen
tenía ahorrados para su jubilación, dejándolo casi en la bancarrota.
Leonard Cohen tuvo que salir de gira después de que su mánager se llevara todo el dinero. Al menos disfrutamos de su directo. Cordon
Así las cosas, el cantante tuvo que colgar los hábitos para volver a
la carretera y ganar algo de dinero. Y Kelly Lynch fue condenada a 18
meses de cárcel. 6. Rihanna: plagiando con descaro. Pese a tener una
preciosa voz y un desarmante atractivo físico, la cantante de Barbados
nunca se ha caracterizado por su originalidad.
Su efervescente R&B
suele picotear de aquí y allá, homenajeando y sampleando (coger partes de otra canción) a su antojo
. Por ejemplo, uno de sus mayores éxitos, Don’t stop the music, está construido sobre Wanna be starting something, de Michael Jackson, que la cantante sampleó a golpe de talonario.
Héroes del Silencio: que me devuelvan el dinero. 42
euros, de 2007, costaba la entrada del concierto sevillano de los Héroes
del Silencio en el estadio olímpico de La Cartuja; una cita enmarcada
en la gira de despedida que llevó al grupo por diferentes capitales
españolas y americanas. El de Sevilla era uno de los tres conciertos que
dieron en España, por eso mucha gente peregrinó desde sus localidades
para verlos, gastándose un buen puñado de euros en viaje, alojamiento y
entrada.
El estadio estaba abarrotado y, al ser un recinto tan grande, los que
no estaban muy cerca creyeron que todo iba bien, pero los asistentes de
las primeras filas vieron con horror cómo su grupo favorito perpetraba
un playback de agárrate y no te menees:
Bunbury no atinaba a
mover la boca cuando sonaba su voz enlatada, y por los altavoces sonaban
armónicas y otros instrumentos que brillaban por su ausencia en el
escenario. Indignados, muchos asistentes escribieron críticas en
Internet y reclamaron a la promotora del concierto unas indemnizaciones
que nunca llegaron a pagarse.
Soria rectifica y anuncia que comparecerá en el Congreso
El
ministro en funciones acudirá el martes a la Comisión de Industria y
sostiene que su nombre aparece por error dos veces en Panamá y Reino
Unido.
Soria, este martes en el Congreso. / ULY MARTÍN / ATLAS
El ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria, ha rectificado y ha anunciado en el Congreso que comparecerá en la Cámara para explicar su relación con los llamados papeles de Panamá, en los que aparece en una sociedad opaca.
El ministro atribuye a "un error" que su nombre aparezca en una
sociedad radicada en Las Bahamas y a otro también que aparezca en el
registro mercantil de Reino Unido como secretario de esa misma empresa.
"Quiero saber por qué está mi nombre ahí".
"Yo no sé por qué aparece mi
nombre y no sé por qué se produce ese error", ha dicho reiteradamente en
rueda de prensa.
Soria ha explicado este martes ante los periodistas en el Congreso
que ha pedido su comparecencia en la Comisión de Industria; "sin
perjuicio", ha dicho, de que no se refiera a su condición "de ministro
ni de político a lo largo de los últimos 21 años"
Ay Soria!! nunca pasas desapercibido, te metes en lios y luego no te acuerdas. Un ministro de adorno, porque no has hecho nada ni como Industria , menos de Comercio y nada de Turismo salvo las chapuzas de conceder regalos a cambio de pasar un mes en un Hotel de Lujo. Un mes completo y verdadero para que yo sepa 4 personas con todo pagado. Y ahora dices que quieres saber porqué está tu nombre en Panamá y en Reino Unido. Igual está en el Lago Ness, nadie te quiso como alcalde salvo a los que prestabas favores para cosas que nadie nos enteramos. Eso si tus baños en el Hotel Sta Catalina que no faltasen y los fines de semana estancia y comida gratis si estabas en La Ciudad, farfullero y mentiroso y no nos podemos despegar de ti ni con agua caliente. ¿Un hijo tuyo no andaba por un proyecto marino industrial? ¿O era una foca despitada que andaba entre plataformas petrolíferos? Jincate un tuno y vete ya que no queremos verte más el careto.....