El astronauta madrileño fue el primer español en viajar al espacio en 1998
Pedro Duque: “Me gustaría ver en el diario que un europeo ha llegado a Marte”
Pedro Duque (Madrid, 1963) inaugura la serie Mi primera vez con EL PAÍS, en
la que algunos de los personajes más destacados de las últimas cuatro
décadas explican su relación con el diario líder en español. Con motivo
del 40 Aniversario de EL PAÍS, cada martes se publicará un vídeo de un
minuto en el que el entrevistado evocará sus vínculos con este
periódico.
Duque nació en plena carrera espacial, durante los años en que
estadounidenses y soviéticos pugnaban por llegar los primeros a la Luna.
Cuando era joven le aconsejaron cambiar de nacionalidad para poder cumplir sus sueños. No siguió la recomendación y fue el primer astronauta español en viajar al espacio. Lo hizo en 1998 y repitió en 2003, con estancias de nueve y diez días, respectivamente.
El astronauta Pedro Duque, en las instalaciones de la ESA, en Villanueva de la Cañada (Madrid). / G.L.Pedro Duque, en una imagen de archivo. / SAMUEL SÁNCHEZ¿Qué líneas de investigación espacial pueden cambiarnos la vida?
El desarrollo del transporte comercial a la órbita baja de la Tierra:
podría hacer que la gente piense que el viaje al espacio también es para
ellos
. En I+D, los planes son a tan largo plazo que resulta fácil
prever qué va a pasar, porque ya estamos preparando lo que sucederá
dentro de diez años.
Estamos trabajando en misiones que se centrarán en
el estudio de los planetas extrasolares. Después del trabajo del telescopio Kepler
sabemos que hay planetas en muchos sitios y vamos a empezar a
estudiarlos.
Y, por supuesto, vamos a seguir observando la Tierra, lo
que nos servirá, por ejemplo, para saber qué sucede con nuestro clima.
El paseíllo televisivo de las vanidades pilladas en la hoguera de los evasores solo es la espuma.
Con los 14 millones de euros que Mario Conde (parece que) ha
repatriado desde Suiza se financiarían 16.700 becas comedor durante un
año o 24.500 plazas veraniegas para niños sin recursos.
O sea, es mucho dinero.
Si a los millones del banquero castizo sumamos los de las evasiones
(probables) de los clientes de Panamá, daría para bastante más.
Pero en
términos macro, seguirían siendo peanuts.
Cacahuetes en boca de los paganos.
Toda cantidad descubierta por la —en esto, gloriosa— vía de la
traición, delación, espionaje, chantaje o infidelidad, será una ínfima
parte de los 130.000 millones que “el fraude” fiscal “de los ultrarricos
cuesta cada año a los Estados del mundo entero”: en menor recaudación
fiscal, a compensar por los de siempre.
De modo que el paseíllo televisivo de las vanidades pilladas en la
hoguera de los evasores solo es la espuma, un síntoma, un pálido reflejo
del total.
No repitamos lo de la punta del iceberg porque el cambio
climático casi acabó con los icebergs.
El cálculo de los 130.000 millones es superprudente: se basa en la
estimación de que el patrimonio financiero mundial retenido en los
paraísos fiscales alcanza 5,8 billones, de los que solo se declara un
20% (La riqueza oculta de las naciones, Gabriel Zucman, Pasado y Presente, 2013). Una cuarta parte de la calculada por la oenegé Tax Justice Network (The price of offshore revisited, Henry James, TJN 2012.)
Y queda lejísimos del billón de euros anuales estimados para Europa
por la Comisión: 864.000 millones en 2011
. Pero en este caso aluden no a
la evasión fiscal delictiva sino a la elusión fiscal tramposa de las
multinacionales (sobre todo tecnológicas) que apuran intersticios
legales para pagar casi cero. Ya empiezan a recibir palos: de Bruselas
(Google, Apple, Amazon).
Y ahora de Washington, con el Tesoro de Obama
abortando la fusión Pfizer—Allergan.
El banquero engominado, una royal, ese par de primeros
ministros, algunas celebridades deportivas y artísticas... la zapatiesta
de escándalos rosa amenaza la estabilidad de los paraísos fiscales.
Bravo. Espléndido.
Pero si no concretamos cifras, acabará difuminando la
trágica gravedad del asunto. Porque las cuantías evadidas que afloran
son, como porcentaje, de risa.
Yuri
Milner y Mark Zuckerberg apadrinan un programa para alcanzar la estrella
más cercana a la Tierra y observar sus planetas habitables.
Stephen Hawking, en una foto de archivo. Gorka Lejarcegi
¿Se puede llegar a la estrella más próxima en 20 años? Stephen Hawking,
el científico más famoso del mundo, cree que sí y ha presentado hoy una
iniciativa millonaria para conseguirlo.
Se trata del proyecto Breakthrough Starshot, que pretende enviar una miríada de naves espaciales a Alfa Centauri, la estrella más cercana a nuestro planeta.
“La Tierra es un lugar maravilloso, pero puede que no dure para
siempre”, ha dicho Hawking. “Tarde o temprano debemos mirar a las
estrellas” y este proyecto “es un primer paso muy estimulante”, ha
añadido.
Junto a Hawking, apoya la iniciativa el magnate ruso Yuri Milner,
famoso por haber creado alguno de los premios para científicos mejor
pagados del mundo.
El proyecto pretende desarrollar una tecnología
basada en chips de unos pocos gramos, similares a los que hay en los
teléfonos móviles
. Estas nanonaves se moverían con luz láser y serían
capaces de llegar al astro en unos 20 años, según la web del proyecto.
Uno de los objetivos es estudiar los posibles planetas habitables
similares a la Tierra que hay en este sistema solar vecino.
Antes de eso es posible que se tarde otros 20 años en desarrollar
toda la tecnología necesaria
. La iniciativa está financiada con 100
millones de dólares y se ha presentado hoy en una rueda de prensa en
Nueva York. Además de Hawking y Milner, Mark Zuckerberg, fundador de
Facebook, forma parte de la junta directiva. No es casual que la
presentación se haya hecho hoy, cuando se cumplen 55 años del primer viaje el espacio, protagonizado por el cosmonauta soviético Yuri Gagarin.
El director de la iniciativa será Peter Worden, ex director del
centro Ames de la NASA, asesorado por científicos e ingenieros de primer
nivel.
A la presentación de hoy también han asistido otros grandes
nombres de la ciencia y la divulgación como Ann Druyan, coguionista de
la serie Cosmos y que fue mujer de Carl Sagan, o Freeman Dyson.
Con la tecnología actual se tardaría en llegar a Alfa Centauri 30.000
años, dice el comunicado emitido hoy. El proyecto trazado para
alcanzarlo debe conseguir que los nuevos dispositivos necesarios
alcancen la madurez para que cada nave no sea más cara que un iPhone.
Solo entonces se podría enviar muchos de estos vehículos, compuestos por
chips capaces de tomar imágenes que viajarían sobre velas solares
propulsadas por luz y que lograrían moverse unas mil veces más rápido
que los vehículos espaciales actuales.
“Nuestra inspiración viene de Vostok, Apolo, y
otros programas espaciales”, ha dicho Worden.
“Es tiempo de abrir la era
de los viajes interestelares aunque necesitamos mantener los pies en el
suelo para conseguirlo”, ha añadido.
Gagarin el primer hombre que orbitó la Tierra no se debe olvidar nunca porque las nuevas generaciones no lo sabrán
!Que no daría yo por hacer ese viaje a Marte, sin retorno, claro, me gustaría contemplar el Universo porque el Planeta Tierra no va a durar siempre, ya ven como anda el mundo en estos momentos, refujiados. migrantes en una u otra dirección que huyen de una guerra para ver una Europa insolidaria.
Si , no va a desaparecer en un agujero negro sino la destruímos entre todos.
Gagarin murió muy joven al estrellarse un avión de maniobras, ya ven no fue una muerte extraterrestre sino una casualidad del destino.