El nacimiento de un mito, Audrey Hepburn; la
química de una pareja, Peck-Hepburn; el regreso por la puerta grande de
la comedia romántica; la tarjeta postal de una Roma transformada en
icono cinematográfico; y la aparición de una vespa convertida en
estrella cinematográfica.
La comedia popular del cine italiano de
postguerra hará de la vespa uno de sus medios de transporte más
populares entre las 'maggioratte', las exuberantes bellezas encabezadas
por Sophia Loren y Gina Lollobrigida y sus novios taxistas, bomberos o
maduros seductores.
La Italia del boom económico de la década de los
sesenta, mudará de la vespa por la Aurelia Lancia de la película 'La
escapada'.
El mito BB formando pareja con otra estrella
leyenda del cine francés, Jean Gabin, y argumento literario de Georges
Simenon.
Como galán y amante cinematográfico del sex-symbol, el italiano
Franco Interlenghi y la vespa como medio de transporte de la pareja.
De nuevo la vespa como el vehículo que acompaña a
las clases populares en la comedia italiana de postguerra. Un joven
Renato Salvatore, antes de ser enrolado por Luchino Visconti en su drama
épico 'Rocco y sus hermanos'.
La vespa como parte del atrezzo imprescindible
para una comedia juvenil con las estrellas emergentes del pop italiano:
Adriano Celentano y Mina, una debutante Elke Sommer antes de ponerse en
el primer bikini del cine español ('Bahía de Palma') y la presencia, ni
más ni menos, de Chet Baker en su exilio por tierras europeas.
Los melodramas románticos protagonizados por Troy
Donahue como el nuevo héroe juvenil de Hollywood cruzaban el Atlántico
con destino Italia.
En la tarjeta postal cinematográfica no podían
faltar canciones del Festival de San Remo, maduros 'latin lover' y una
excursión en vespa por las costas italianas.
El reclamo de la imagen exultante de la actriz
Angie Dickinson sobre una vespa, servía de presentación para una comedia
elaborada por Hollywood con toda clase de tópicos, esta vez con la isla
de Sicilia como paisaje
. El director Pietro Germi con 'Divorcio a la
italiana' mostrará ese mismo año una imagen más corrosiva de la sociedad
siciliana.
Otra vez Hollywood viajaba al viejo continente
con los juegos del amor y del sexo llevando de cabeza a sus
protagonistas, por un lado, la pareja de adultos formada por Rock Hudson
y Gina Lollobrigida, y por otro lado, la pareja juvenil, con el
cantante Bobby Darin y la actriz Sandra Dee, que acabaría dándose el sí
en el altar.
Para su debut en la pantalla, Rocío Dúrcal,
además de poner de relieve sus dotes expresivas y aptitudes musicales de
la mano del maestro Augusto Algueró, hacía uso de la vespa como objeto
de modernidad y símbolo de autonomía.
Marisol, ahora como estrella juvenil, y el Dúo
Dinámico, como ídolos de la llamada música moderna, sumaban fuerzas en
la pantalla.
Y de nuevo la vespa como símbolo generacional.
En la galería de personajes de la película, Terry
“The Toad” Fields- interpretado por Charles Martin- se llevaba la parte
más humorística de la pandilla de adolescentes de la localidad
californiana pilotando una vespa, sin duda el vehículo más exótico del
parque automovilístico de la ciudad.
En su momento fracaso comercial para una película
promovida como el 'West Side Story' de la década de los ochenta.
El
Londres de finales de los años cincuenta, entre el jazz, el rock y el
nacimiento de la nueva cultura de los 60, y como no, el héroe
cinematográfico, aquí un fotógrafo, con la scooter como medio de
transporte.
La figura del actor y director Nanni Moretti por
las calles de Roma en vespa, acabará conformando una de las imágenes
icónicas del cine europeo de la década de los noventa. La vespa renacía
sobre las calles de la ciudad como símbolo de libertad y de estilo sin
fecha de caducidad.
Viajar sobre una scooter y en compañía de Julia
Roberts acababa siendo, entre otras, razones muy poderosas para que Tom
Hanks volviera a creer en la vida.
Además de poner su vida en peligro a lo largo de
la película – a pesar de los desvelos de Sean Penn paraqué esto no
sucediera-, Nicole Kidman tenía tiempo de subirse sobre una vespa por
las calles de Nueva York.
La estrella de Disney Channel, Hilary Duff y su
personaje televisivo, Lizzie McGuire, en viaje a la ciudad eterna como
en las viejas comedias de Hollywood, donde, como mandan los tópicos , le
sucederán toda clase de aventuras entre canción y canción, y por
supuesto, su imprescindible viaje en vespa a ritmo de 'Volaré'.
La historia de la scooter italiana está señalada
por sus campañas publicitarias, que han contado con la participación de
toda clase de estrellas y celebridades como imagen de la marca.
Amigos íntimos en tierras de Palestina, y ahora
enemigos a muerte sobre la arena del circo romano, Charlton Heston y
Stephen “Mesala” Boyd se relajan un rato en el plató de 'Ben-Hur' sobre
una vespa antes de otra dura jornada de carrera de cuádrigas.
Durante el rodaje de la película 'El curioso caso
de Benjamin Button' en la ciudad de Montreal, Brad Pitt descubrió los
placeres de conducir un medio de transporte como la vespa. Igual que en
una futura entrega de la saga 'Ocean’s Eleven' lo vemos corriendo por el
Strip de Las Vegas sobre una scooter.
Al
finalizar mi visión de esta película, o acontecimiento cultural y
mundano, me pregunto dónde residen los sublimes méritos de la
contención, qué demonios querrá decir eso.
Estreno de 'Julieta'. El actor Dario Grandinetti en la película de AlmodóvarManolo Pavón
JULIETA
Dirección: Pedro Almodóvar.
Intérpretes: Adriana Ugarte, Emma Suárez, Dario Grandinetti.
Género: drama. España, 2015.
Duración: 96 minutos.
Cuentan que el título inicial de Julieta era Silencio
(nada enfático ni rebuscado, como es habitual en la trascendente obra
de su creador), pero que al enterarse de que Martin Scorsese había
decidido que su última criatura también se llamara así, Almodóvar optó
por el nombre de la shakespeariana y desdichada amante de Verona.
Pero
al finalizar mi visión de esta película, o acontecimiento cultural y
mundano, o lo que sea, después de haber asistido a la suntuosa campaña
de marketing y de que me hayan aclarado hasta el aburrimiento múltiple corifeos o legítimamente enamorados espectadores de Julieta
que en esta ocasión se trataba del Almodóvar más contenido y profundo,
me pregunto dónde residen los sublimes méritos de la contención, qué
demonios querrá decir eso.
Consumida con notable indiferencia, esta película de temática
presuntamente intensa y de visión obligada por la cultivada y exuberante
personalidad de su creador, aunque desde hace mucho tiempo me plantee
por qué tengo la obligación de ver el cine de este señor y que, sin
embargo, nadie me pida explicaciones por ignorar tanto celuloide de
sufrir, desdeñar y tirar, llego a la conclusión de que lo único que me
sugiere es silencio, y no precisamente por el lirismo que Paul Simon
encontraba en los sonidos del silencio, sino porque es lo único que me
inspira.
Silencio ante un argumento que pretende hablar con lenguaje
estilizado y contenido de los sentimientos más devastadores, de la
depresión a perpetuidad de una mujer que sufre el rechazo y el abandono
de su única hija (ya he pillado las artísticas razones de un plano
largo, el parecido que establece el muy culto y penetrante Almodóvar
entre el desgarro de esa mujer rota y el autorretrato que aparece de
Lucian Freud, el escalofriante y siempre atormentado nieto de Sigmund) y
que no logra transmitirme nada, ni emocional ni artístico.
Es el problema que entraña no creerte nada, ni los sentimientos
transparentes ni los subterráneos, ni lo que expresan los personajes ni
lo que callan, ni protagonistas ni secundarios, ni el tonillo
presuntamente natural que acompaña los diálogos, ni el ilusionante
pasado de la dulce profesora de Filosofía Clásica ni el entre angustiado
y desolado presente de alguien que no puede comprender las razones de
que su principal raíz con la existencia haya volado. Y se supone que el
desenlace de esta trágica historia almacena poder de conmoción.
Al no
haberlos tenido, desconozco el amor que se siente hacia los hijos, pero
podría identificarme y conmoverme con la conclusión final si el lenguaje
para describírmelo fuera poderoso.
Pero no hay forma; es imposible que
me afecten ni las descripciones psicológicas, ni el vagabundeo en plan
sonámbulo de la deprimida crónica, ni la erupción del volcán sentimental
en ese desenlace con vocación de remover las entrañas del espectador,
ni el pretendido broche melómano con Chavela Vargas describiendo los
pesares del corazón, ni el pretendidamente insólito y sobrio plano que
cierra Julieta y que me recuerda excesivamente al desenlace de Los exiliados románticos.
Todo el mundo parece estar de acuerdo en que la interpretación de
Emma Suárez es prodigiosa.
Yo la considero una actriz excelente y una
mujer muy atractiva, pero aquí no me resulta nada turbadora, aunque todo
el rato nos muestre que está sangrando por dentro
. No existe ningún
personaje que me resulte verosímil, pero algunos me provocan
involuntariamente la risa
. Como esa Rossy de Palma ataviada con un
estropajo metálico en la cabeza que pretende el simbolismo con la
tétrica ama de llaves de Rebeca . O la ceramista cancerosa, a la
que el marido adúltero define con un sonrojante “nunca ha habido nada
entre nosotros. Solo follamos”
. También me pongo rojo cuando una dama
recuerda su ruptura con la novia: “Yo me fui a estudiar diseño a Nueva
York y ella buscó un refugio espiritual en los Pirineos.
Nos volvimos a
ver años después en Como”. O el labrador que le explica a su hija cómo
conocieron a la señora marroquí que cuida a la madre:
“Nos encontramos
con ella en el festival de música sacra en Fez”. Y trato de entender qué
coño pintan el ciervo o el suicida del tren.
Y trato de imaginarme en
medio de mi tedio cómo sería Julieta si en vez de ser contenida
hubiera optado por la intensidad o el desmadre. Pero no hay que
fustigarse eligiendo lo malo o lo peor.
‘Julieta’, en palabras de Almodóvar
Pedro Almodóvar y Adriana Ugarte durante el rodaje de 'Julieta'.
El pasado 20 de marzo EL PAÍS SEMANAL publicó un reportaje sobre Julieta, con amplias declaraciones de su director. Pedro Almodóvar se refería a ella como un “drama seco”.
“He luchado mucho con las lágrimas de las actrices, contra la
necesidad física de llorar.
Esa lucha es muy expresiva. No es por pudor,
es porque yo no quería lágrimas, lo que quería era abatimiento.
Eso que
se queda dentro después de años y años de dolor”, añadía.
“Esta es una película de mujeres imperfectas pero defendibles, como
sois, como somos todos”, explicaba.
“El cine es mi vida de una forma
total. Lo cual de alguna forma me condena.
Si no estoy involucrado en
una película, mi vida me resulta triste”.
En el contexto del cruce de acusaciones por el controvertido reparto de
la herencia del político, Vanitatis desvela todos los detalles de sus
últimas voluntades Miguel Boyer La guerra Preysler-Boyer no
ha hecho más que arrancar. Los hijos del 'superministro', que nunca se
llevaron bien con la viuda, Isabel, denuncian que esta les ha puesto
impedimentos a la hora de hacer recuento de los bienes en herencia de su
padre y están dispuestos a acudir a los tribunales antes de que se
organice el reparto de lotes. Al menos, Laura. Hasta ahora, han hablado
tanto Miguel Boyer Jr. como la propia Isabel Preysler a través de sus abogados. La una niega, claro, lo que el otro afirma. Pero, ¿qué deseaba el propio Boyer? ¿Qué estipuló en su testamento? [Vea aquí: Miguel Boyer Jr. sobre Preysler: “Dejó a mi padre pelado en vida”]
Vanitatis está en disposición de desvelar hoy algunas de las últimas voluntades testamentarias de Miguel Boyer.
El exministro de Economía de la primera era González quiso testar para
que su patrimonio fuera repartido entres sus legítimos herederos. De las
tres partes en las que se divide una herencia en el régimen general (el
tercio de legítima, el tercio de mejora y el tercio de libre
disposición), la voluntad del último marido de Isabel Preysler fue que el tercio de legítima y de mejora fuera para sus tres hijos a partes iguales.
Miguel Boyer e Isabel Preysler en una imagen de archivo (Gtres)Nuestras leyes recogen que la legítima tiene que recaer a partes
iguales entre sus descendientes.
Distinto es para la mejora. Para este
segundo tercio, la ley permite más flexibilidad a la hora de disponer
entre los herederos. Bien se puede dejar a todos los hijos o bien a
parte de ellos. Este tercio también facilita que el tercio recaiga en
los nietos. En el caso de Miguel Boyer ha utilizado la máxima de "todos iguales".
El tercio de mejora es también para sus tres hijos: Laura y Miguel,
nacidos de su matrimonio con la ginecóloga Elena Arnedo, y para Ana,
única hija en común con Isabel Preysler. Miguel Boyer dejó escrito que el periodo para resolver su herencia y distribuirla podría llegar hasta los cinco años A
Isabel Preysler le corresponde por ley el usufructo del tercio de
mejora.
Es decir, Preysler será la poseedora del tercio de mejora, pero
los propietarios serán los tres hijos.
La opción de testar de Miguel le
ha permitido mejorar a su viuda con el tercio de libre disposición, del que se llevará una buena parte. [Vea aquí: Isabel Preysler contraataca: responde a las acusaciones de los hijos de Miguel Boyer]
La incógnita de los legados
Este tercio de libre
disposición, según ha podido conocer Vanitatis, se ha dividido en
legados.
El legado es una institución de nuestro Código Civil que
permite testar a herederos directos o también indirectos parte de la
masa hereditaria. Isabel Preysler será propietaria de varios de estos legados,
la forma en la que su marido la habría querido compensar ante la poca
generosidad que tiene la ley para los viudos y las viudas
. Otros legados
caerán en sus hijos y también familia directa.
La guerra Preysler-Boyer no
ha hecho más que arrancar. Los hijos del 'superministro', que nunca se
llevaron bien con la viuda, Isabel, denuncian que esta les ha puesto
impedimentos a la hora de hacer recuento de los bienes en herencia de su
padre y están dispuestos a acudir a los tribunales antes de que se
organice el reparto de lotes. Al menos, Laura. Hasta ahora, han hablado
tanto Miguel Boyer Jr. como la propia Isabel Preysler a través de sus abogados. La una niega, claro, lo que el otro afirma. Pero, ¿qué deseaba el propio Boyer? ¿Qué estipuló en su testamento? [Vea aquí: Miguel Boyer Jr. sobre Preysler: “Dejó a mi padre pelado en vida”]
Vanitatis está en disposición de desvelar hoy algunas de las últimas voluntades testamentarias de Miguel Boyer.
El exministro de Economía de la primera era González quiso testar para
que su patrimonio fuera repartido entres sus legítimos herederos. De las
tres partes en las que se divide una herencia en el régimen general (el
tercio de legítima, el tercio de mejora y el tercio de libre
disposición), la voluntad del último marido de Isabel Preysler fue que el tercio de legítima y de mejora fuera para sus tres hijos a partes iguales.
Miguel Boyer e Isabel Preysler en una imagen de archivo (Gtres)
Nuestras
leyes recogen que la legítima tiene que recaer a partes iguales entre
sus descendientes. Distinto es para la mejora. Para este segundo tercio,
la ley permite más flexibilidad a la hora de disponer entre los
herederos. Bien se puede dejar a todos los hijos o bien a parte de
ellos. Este tercio también facilita que el tercio recaiga en los nietos.
En el caso de Miguel Boyer ha utilizado la máxima de "todos iguales".
El tercio de mejora es también para sus tres hijos: Laura y Miguel,
nacidos de su matrimonio con la ginecóloga Elena Arnedo, y para Ana,
única hija en común con Isabel Preysler. Miguel Boyer dejó escrito que el periodo para resolver su herencia y distribuirla podría llegar hasta los cinco años A
Isabel Preysler le corresponde por ley el usufructo del tercio de
mejora. Es decir, Preysler será la poseedora del tercio de mejora, pero
los propietarios serán los tres hijos. La opción de testar de Miguel le
ha permitido mejorar a su viuda con el tercio de libre disposición, del que se llevará una buena parte. [Vea aquí: Isabel Preysler contraataca: responde a las acusaciones de los hijos de Miguel Boyer]
La incógnita de los legados
Este
tercio de libre disposición, según ha podido conocer Vanitatis, se ha
dividido en legados. El legado es una institución de nuestro Código
Civil que permite testar a herederos directos o también indirectos parte
de la masa hereditaria. Isabel Preysler será propietaria de varios de estos legados,
la forma en la que su marido la habría querido compensar ante la poca
generosidad que tiene la ley para los viudos y las viudas. Otros legados
caerán en sus hijos y también familia directa. Cristian Boyer, hermano de Miguel, será
muy probablemente uno de los beneficiarios de alguno de los legados.
Cristian ha tenido una excelente relación con su hermano, hasta el punto
que fue el propio marido de Isabel Preysler quien designó en su
testamento a Cristian para que ejerciera la figura de albacea (persona
que administra) y también de contador-partidor (encargado del reparto)
de su bienes. La polémica nace precisamente en esta figura, porque los
hijos del desaparecido político aseguran que su tío Cristian no ha hecho
nada todavía y que además se lleva 'demasiado' bien con Preysler y
Vargas Llosa.
En este momento la herencia de Miguel Boyer se encuentra en pleno
proceso de inventariado para después llegar a realizar el cuaderno
particional. Miguel Boyer fue previsor hasta en los tiempos de ejecución
del reparto de su herencia y dejó escrito que el periodo para resolver
su herencia y distribuir podría llegar hasta los 60 meses.
Cinco años desde la fecha del fallecimiento del ministro para conocer
qué le corresponde a cada uno de los herederos y legatarios. Miguel Boyer murió el 29 de septiembre de 2014,
por lo tanto, el reparto se podría retrasar incluso hasta 2019 si así
lo estipula el albacea. Un plazo de tres años aún para la polémica.
Villa Meona, obras de arte y un seguro de vida: lo que reclaman los hijos de Boyer a Preysler
Fuentes cercanas a los hijos del exministro indican a Vanitatis que
esperan que sea un proceso largo, pues ellos están decididos y muy
seguros de lo que hacen