La actriz y ex primera dama estadounidense fallece a los 94 años.
Nancy y Ronald Reagan, en una imagen de 1994.MIKE THEILER (Reuters)/ Reuters-Quality
Nancy Reagan, viuda del expresidente estadounidense Ronald Reagan y antigua actriz de Hollywood, ha muerto a los 94 años, según ha confirmado la familia el portal TMZ.
Reagan trabajó en algunas películas sin mucho éxito antes de conocer a
quien sería su marido, el también actor Ronald Reagan, con quien se
casó en 1952
. Ambos ocuparon la Casa Blanca durante dos mandatos, entre 1981 y 1989.
En este periodo fundó la organización contra la droga Just Say No (Di
no).
Su marido falleció en 2004, tras sufrir alzheimer.durante una
década.
Nancy Reagan ejerció siempre una discreta influencia sobre su marido con
confidencias y opiniones en ocasiones pasadas por el filtro de la
astrología
. Desde su salida de la Casa Blanca para dar paso a los
primeros Bush, la ex primera dama se ha mantenido lejos de los focos y
de la política, con escasas excepciones.
Es pertinente se deje de rendir homenaje a militares y políticos que participaron en la sublevación de Franco.
Al final unos y otros se han echado las culpas, como sucede siempre que
alguien mete la pata en este país.
Y, por supuesto, nadie dimite jamás
de su cargo, un rasgo más, entre muchos, que el autoproclamado “nuevo”
partido Podemos comparte sobre todo con el PP.
Pero lo cierto es que el
Ayuntamiento de Carmena hizo el encargo: contrató y pagó a la Cátedra de
la Memoria Histórica (?) de la Universidad Complutense, formada por
cinco historiadores muy raros y dirigida por Mirta Núñez, la elaboración
de un primer listado de “calles franquistas”, para cambiarlas.
Si he subrayado “primer” es porque eso indica que por lo menos tendría
que venir un segundo, y eso que el inicial computa nada menos que 256,
número que en principio parece excesivo teniendo en cuenta que, ya hacia
1980, algunos de los más conspicuos nombres franquistas desaparecieron,
por fortuna, de nuestro callejero: la Gran Vía dejó de llamarse José
Antonio; la Castellana, Generalísimo; Príncipe de Vergara, General Mola;
la glorieta de San Vicente, Ramiro Ledesma, etc. Aun así, es obvio que
algunos quedan, y, en efecto, es pertinente que en cualquier sitio de
España se deje de rendir homenaje a militares y políticos que
participaron en la sublevación de Franco y en la criminal represión
desatada a partir de entonces
. Como tampoco sería admisible la
celebración de individuos “republicanos” que se mancharon las manos de
sangre en las zonas que controlaron durante la Guerra.
Si he
entrecomillado “republicanos” es porque entre los presuntos defensores
de la República hubo muchos que pretendieron cargársela con el mismo
ahínco que los sublevados, sólo que desde el otro extremo.
Pero ese “primer” listado no se ha limitado a señalar a los Generales
Varela, Yagüe, Aranda, Dávila o Fanjul, todos merecedores de castigo y
no de premio, sino a numerosos escritores, artistas y personalidades que
en algún momento de la larguísima dictadura le mostraron su apoyo o no
fueron combativos con ella.
Gente a la que no era imputable ningún
delito (o sólo de opinión) y que probablemente recibió una calle o una
plaza por sus méritos artísticos o literarios y no por su adhesión al
régimen o su tolerancia con él.
Sus obras nos pueden gustar más o menos,
y sus figuras caernos simpáticas o antipáticas, pero a estas alturas
nadie que no sea cerril discute la valía de Pla, Dalí, D’Ors, Mihura,
Jardiel Poncela, Cunqueiro, Manuel Machado o Gerardo Diego. Tampoco los
logros, en sus respectivos campos, de Manolete, Bernabéu, Lázaro
Galdiano, Turina, Juan de la Cierva o Marquina.
La mentalidad y el tono
con que se ha configurado esa lista son policiales e inquisitoriales:
mentalidad de delator, o, si se prefiere, de “comisario del pueblo”.
El 27 de mayo de 1937, en plena Guerra, mi padre publicó un artículo en el Abc
madrileño (esto es, republicano), “La revolución de los nombres”.
Entonces era un joven de casi veintitrés años, soldado de la República.
En esa pieza señalaba cómo “desde que estalló la rebelión ya no hay
medio de saber cómo se llama nada.
Cuando se lee algún periódico
faccioso” (es decir, franquista) “de cualquier ciudad, se puede ver que
cualquier desfile, procesión o manifestación sale de la plaza de Calvo
Sotelo, pasa por las calles de Franco y Falange Española, luego por la
Avenida de Queipo de Llano para seguir por la calle de Alemania y
terminar en la alameda de José Antonio Primo de Rivera.
El orden cambia
según se trate de Salamanca, Zaragoza o Sevilla; pero los nombres
permanecen”.
Y añadía: “Y es de todo punto lamentable que imitemos en
esto a los rebeldes, porque no hay que imitarlos en nada”.
Y así, cuenta
cómo en Madrid la calle Mayor ha perdido su nombre en favor de Mateo
Morral, anarquista que atentó contra Alfonso XIII … y mató a veinticinco
personas, pero no al Rey; cómo el Prado, Recoletos y Castellana han
pasado a llamarse Avenida de la Unión Proletaria; cómo Príncipe de
Vergara (título de Espartero, general anticarlista y liberal) también ha
caído por ignorancia. “Y lo más grave, lo intolerable”, seguía mi
padre, “es el nombre elegido para sustituirlo: Avenida del 18 de julio.
¿Es que nosotros podemos celebrar esa fecha, en que empezó una de las
más grandes tristezas de la historia española? ¿Podemos conmemorar el
día en que el pueblo español, que se disponía a mejorar sus destinos en
la paz de un Gobierno suyo como el del Frente Popular, se vio obligado a
llenarse de sangre en una guerra tremenda?
También cuenta cómo en Valencia la calle de Caballeros ha pasado a ser
Metalurgia (!), o cómo el pueblo de San Juan, en Alicante, se llama
ahora Floreal … Todo esto suena de otro mundo, y sin embargo … Hace casi
ochenta años que el joven que fue mi padre escribió este artículo
. Lo
hizo en un país en guerra, partido y lleno de odio, en el que un bando
imitaba al otro, cuando “a los rebeldes no hay que imitarlos en nada”.
¿Tiene algún sentido que volvamos a hablar del callejero al cabo de
tanto tiempo, cuando además no hay guerra, ni hay dos bandos?
Hay una
parte de España, parece, nostálgica de nuestros peores tiempos y
nuestras peores costumbres, desde luego de las más idiotas. Eso es
siempre inevitable.
Lo malo es que esos nostálgicos del encono y la
animadversión tengan capacidad decisoria y mando en plaza, sean del lado
que sean.
Todavía está en nuestra mano no dárselos, ni la capacidad ni
el mando.
Hay cerca de 7.000 enfermedades raras. Todas sumadas, afectan a cerca del 7% de la población, lo cual es una cifra abultadísima.
El lunes pasado fue el Día Mundial de las Enfermedades Raras.
En
Europa se considera que una enfermedad rara es aquella que afecta a una
de cada 2.000 personas. Pero hay cerca de 7.000 enfermedades raras, así
que, todas sumadas, afectan a cerca del 7% de la población, lo cual es
una cifra abultadísima, más aún si sabemos que el 65% de estas
enfermedades aparecen en la infancia y son graves e invalidantes, que
menos del 15% tienen tratamiento, y que éste en ningún caso es curativo,
sólo paliativo.
Claro: al ser tan pocos los aquejados, a la industria
no le merece la pena estudiar su curación.
O dicho de una manera menos
bárbara: la investigación requeriría una inversión de muchísimos
millones que no pueden permitirse si no tienen perspectivas de
recuperarlos.
En fin, se diga como se diga, así de brutalmente dura es
nuestra sociedad.
Los seres vivos somos un producto maravilloso de la ingeniería
orgánica.
Basta con contemplar un ojo, por ejemplo, para alucinar ante
su intrincada magia. Pero claro, unas estructuras tan increíblemente
complejas pueden tener pequeños defectos de fábrica, y eso es lo que son
las enfermedades raras.
Lo malo es que esos errores de construcción,
que para un automóvil apenas serían nada, para un ser humano pueden
constituir una tortura espantosa.
De cuando en cuando se pone en
contacto conmigo alguna de las muchas asociaciones que existen en este
terreno, cada una de ellas específica de su propia dolencia.
Todas
luchan por la visibilidad de sus enfermos, para que se conozca su
situación, para movilizar las conciencias y reunir dinero e investigar
posibles remedios.
Ya he dicho que la mayoría de estos males empiezan en
la infancia y son terribles: se trata, por lo tanto, de colectivos
estoicos, esforzados, muy conmovedores.
Padres y madres coraje, y
además, en numerosas ocasiones, enfermos heroicos que nos demuestran que
son capaces de vivir vidas imposibles.
Son valientes exploradores de mundos inhumanos, viajeros intrépidos al inhóspito Marte de sus cuerpos.
Hay catalogadas 7.000 enfermedades raras, que afectan al 7% de la población. Sólo el 15% tiene tratamiento paliativo
Una de esas asociaciones de luchadores se ha puesto en contacto
conmigo recientemente, la Duchenne Parent Project España.
Son los
familiares de los enfermos de Duchenne, una distrofia muscular
degenerativa que por lo general empieza a los seis años, deja a los
niños sentados en silla de ruedas a los doce y los suele acabar matando
antes de los treinta.
La asociación acaba de lanzar una campaña de
visibilización y recaudación titulada El sueño de Rafa porque
se apoyan en la figura de uno de los enfermos, un coloso de 22 años que
se llama as
í. Rafa es de Sevilla y está estudiando periodismo en la
universidad, porque ansía ser periodista deportivo y cubrir la
información de los deportes adaptados
. La distrofia muscular le ha ido
robando el cuerpo, hasta el punto de que ahora ya no puede mover las
manos ni sostener por sí solo la cabeza. Pero su mente sigue siendo
brillante e indomable y se expresa muy bien: lo escuché en una
entrevista en la COPE y sin duda podría ser periodista radiofónico
Mención especial merece su madre,
Consuelo, la del perfecto nombre,
que, sin haber cursado estudios y ni siquiera tener el graduado escolar,
acompaña a su hijo a la universidad todos los días, le toma
dificultosamente los apuntes con su mala escritura, pide citas con los
tutores, le ayuda a rellenar los exámenes.
Me conmueve pensar en esa
consoladora heroína. Todos ellos juntos, Consuelo, Rafa y el resto de
los padres y madres de la asociación, nos piden que mandemos un SMS con
la palabra sueño al 28014, para reunir fondos e investigar a esa enemiga
cruel que es la Duchenne.
No es el único guerrero que conozco; el caso de Rafa me ha recordado a
mi amigo José Antonio Fortuny, un menorquín de 43 años que padece
atrofia muscular espinal, una enfermedad degenerativa aún más rara que
la Duchenne pero igual de atroz
. José Antonio debería estar muerto desde
hace varios años, pero ahí sigue, pleno y vivo dentro de ese cuerpo
sitiado
. Es escritor y ha publicado ya dos libros, una estupenda
autobiografía titulada Diálogos con Áxel y luego una brillante novela de humor negrísimo, Alehop,
que acaba de ser traducida al polaco.
Ahora está preparando su próxima
obra. Es, simplemente, un ser que no se rinde, lo mismo que Rafa. O que
Stephen Hawking. Individuos valientes y tenaces que hacen de su vida una
obra maestra. Pienso ahora en ellos, y en ese casi 7% de la Humanidad
que está sometido a estas pruebas terribles. Y estoy segura de que la
inmensa mayoría de los enfermos luchan como jabatos, con un coraje, una
entrega y una entereza admirables.
Pero no sólo ellos: también sus
familiares.
Vaya, suelo pensar que vivimos en la sociedad acomodaticia y
banal del Gran Hermano y ahora me doy cuenta de que estamos rodeados de
héroes.
Algunos
descarrilaron y no se han vuelto a levantar. Otros estuvieron en el
infierno, pero ahora reviven.
Qué ha sido de los iconos de una
generación.
A la izquierda, un atractivo Van Kilmer en 'Top gun' (1986); a la derecha, en un acto reciente en Los Ángeles. Cordon
Son rostros que acompañaron la adolescencia y la juventud de toda una
generación.
Esos intérpretes que en los noventa proyectaban glamour,
belleza y envidia. Pasados los años nos preguntamos dónde están y qué
tal les ha tratado el paso del tiempo.
Algunos descarrilaron hasta
estamparse; otros han preferido echarse a un lado; los hay que están
envejeciendo con dignidad; y también los que después de varios años en
el infierno empiezan a levantar cabeza. Veamos...
Daryl Hannah (Chicago, 55 años)
Lo que fue... Su carrera
cinematográfica es una montaña rusa en la que se alternan personajes
míticos y tremendos baches profesionales.
Entre los primeros, la
replicante Pris de Blade runner (1982) o Madison, la curvilínea sirena de 1,2,3… splash (1984). Nada logró impedir que en los noventa su carrera menguara tan rápido como ella crecía en El ataque de la mujer de los 50 pies (1993), innecesario remake
del cásico de la serie B de los cincuenta que ella misma coprodujo.
Este declive no impidió sin embargo que fuera incluida en la lista de Las 100 estrellas más 'sexies' de la historia del cine publicada en 1995 por Empire Magazine.
Para lo que ha quedado... Su aparición estelar en Kill Bill
(2003-2004), de Tarantino, como la asesina tuerta Elle Driver parecía
que iba a relanzar su carrera, pero ha habido que esperar hasta 2015
para verla de nuevo en un papel interesante, la de la protagonista de la
serie de los hermanos Wachowsky para Netflix Sense8 (con nuestro Miguel Ángel Silvestre).
Quizá la culpa de tan desigual currículo lo tenga su activismo
político, que le ha ocupado gran parte de su tiempo.
Ecologista
convencida, Daryl es habitual de concentraciones de protesta y buena
conocida de la policía, que la detuvo frente a la Casa Blanca
en 2011 por protestas contra la construcción de un oleoducto en el
Golfo de México
. Aunque nunca ha llegado a casarse, su historial amoroso
está trufado de nombres famosos, como Jackson Browne, John F. Kennedy
Jr., Val Kilmer, el mago David Blaine o Rami Jaffee, teclista de la
banda The Wallflowers
. Desde 2014 comparte su vida con otro mito del
rock: Neil Young, 15 años mayor que ella. No solo al lado del canadiense
parece más joven
. El rock and roll le sienta muy bien a esta imponente
rubia de 55 años.
Daryl
Geena Davis (Wareham, Massachusetts, 60 años)
Lo que fue... Alcanzó la gloria en 1988 gracias al Oscar a la mejor actriz secundaria por El turista accidental.
La cima de su fama llegaría tres años más tarde dándole la réplica a Susan Sarandon en Thelma y Louise.
Antes, Geena Davis se había topado con Jeff Goldblum en La mosca
(1986), que se convirtió en su segundo esposo (había estado unos meses
casada con un tal Richard Emmolo), aunque posiblemente el encontronazo
más trágico para su carrera fue el que tuvo con el director finés Renny
Harlin.
Se casó con él 1993 y este la convirtió en musa de sus mediocres
películas de acción
. Tanto La isla de las cabezas cortada (1995) como Memoria fatal
(1996) se convirtieron en dos grandes fracasos que echaron por tierra
todo su crédito en la taquilla.
En 1998 tomó dos decisiones drásticas:
divorciarse de Harlin y abandonar temporalmente el cine
. Un año después
tomó otra más sorprendente: prepararse a conciencia para participar en
los Juegos Olímpicos de Sydney en la especialidad de… ¡tiro con arco!
No
lo logró, pero se quedó a las puertas (en un más que honroso 24º puesto
de los más de 300 aspirantes).
Para lo que ha quedado... Davies volvió a los escenarios con participaciones más o menos sonadas en cine (Stuart Little) y televisión, donde obtuvo un Globo de Oro a la mejor actriz en 2006 por la muy olvidable serie Señora presidenta.
En lo personal, está felizmente casada desde 2001 con su cirujano
plástico Reza Jarrahay, con quien ha tenido tres hijos.
El número de
intervenciones a las que se ha sometido es un misterio, pero le permiten
mantenerse prácticamente con la misma cara de siempre.
Geena Davis.
Christian Slater (Nueva York, 46 años)
Lo que fue... Hijo de una importante directora de casting,
Slater lo tuvo bastante fácil desde pequeño para abrirse camino en el
cine.
Prácticamente creció sobre los escenarios, aunque la fama no le
llegaría hasta 1986, cuando dio réplica a Sean Connery en El nombre de la rosa
. Después encadenaría películas juveniles de esas que marcan a una generación, como Escuela de jóvenes asesinos (1989), junto a Winona Ryder, y taquillazos de la talla de Amor a quemarropa (1993) o Entrevista con el vampiro (1994).
Para lo que ha quedado... Sus
mejores interpretaciones no tardaron en trasladarse de los platós de
rodaje a las calles y comisarías por obra y (des)gracia del alcohol y
las drogas.
En 1997 le detuvieron por intentar pegar a su novia y al
policía que se puso en medio durante una fiesta en Los Ángeles.
Un juez
lo halló culpable y lo condenó a 90 días de cárcel.
Él culpó a la
cocaína.
En 2005 se vio envuelto en otro escándalo al ser acusado de
abusos sexuales tras tocar el culo a una mujer en plena calle en Nueva
York
. Lo detuvieron de nuevo, borracho. Hay que reconocer, sin embargo,
que el alcohol le ha conservado sorprendentemente bien, aunque no ha
hecho lo mismo por su carrera.
Tras muchos tumbos, ha encontrado acomodo
en la serie de culto Mr. Robot, donde da vida sin apenas esfuerzo al oscuro protagonista, lo que le ha llevado a ganar recientemente el Globo de Oro al mejor actor de reparto.
Christian Sl
Demi Moore (Roswell, Nuevo México, 53 años)
Lo que fue... Representó a la
perfección el cuento del patito feo convertido en cisne.
De niña con
parche en el ojo por diversas intervenciones y los consiguientes
traumas, a una de las mujeres más deseadas de los noventa.
Gracias a
películas como Ghost (1990), Algunos hombres buenos (1992) y Una proposición indecente
(1993), pasará a la historia como la primera actriz en cobrar 10
millones de dólares por película.
Para celebrar este hito, posó desnuda y embarazada en la portada deVanity Fair
y empezó a elegir mal sus papeles: bodrios como ‘Striptease’ (1996) y
‘La teniente O’ Neil’ (1997) la devolverían a la casilla de salida, con
unas cuantas tallas más de sujetador por exigencias del guion de la
primera.
Para lo que ha quedado… En lo profesional Moore solo ha sido noticia en los últimos años por enseñar palmito en la primera de Los ángeles de Charlie
(2003).
A partir de ahí, solo sus divorcios de Bruce Willis en 2000
tras emparejarse con un jovencísimo Ashton Kutcher y las infidelidades
de este con Mila Kunis han conseguido llamar la atención de los medios.
También es experta en posar junto a sus hijas para demostrar que, a
pesar de los años, sigue pareciendo su hermana
. Su hermana pequeña,
incluso, porque en 2012 la lió parda al pillar una sobredosis (ella dijo
que fue con "gas de la risa") que obligó a su hospitalización.
Demi Moore.
Denise Richards (Chicago, 45 años)
Lo que fue... Melenón rubio,
sonrisa perfecta, cuerpo de escándalo.
Si exceptuamos el talento
interpretativo, Denise lo tenía todo para triunfar en el cine. Y estuvo
cerca. Deslumbró en la nunca lo suficientemente bien ponderada Starship troopers (1997), contribuyó al calentamiento global junto a Matt Dillon en Juegos salvajes (1998) y rozó con la punta de los dedos la gloria como chica Bond en El mundo nunca es suficiente (1999).
Luego conoció a Charlie Sheen…
Para lo que ha quedado... Tras su boda con el
tarambana de Charlie en 2002, su vida se convirtió en su mejor película
.
A los tres años pidieron el divorcio, pero luego se arrepintieron,
volvieron juntos y la cosa terminó en 2006, órdenes de alejamiento y
amenazas de muerte mediante.
Denise probó suerte en el proceloso mundo
de los realities shows con un bodrio titulado Denise Richards: It’s complicated
(2008-2009), pero no pasó de la segunda temporada. En lo profesional no
ha vuelto a levantar cabeza, pero eso no le ha borrado su preciosa
sonrisa.
Tampoco el gusto por el rock and roll. El último hombre
conocido de su lista es el exguitarrista de Bon Jovi, Richie Sambora.
Denise Richards.
Stephen Dorff (Atlanta, 42 años)
Lo que fue... Las cámaras fueron
testigo de cómo Stephen Dorff pasaba de niño actor a tipo duro y
problemático. Con una carrera a ratos potable (destacó dando vida Stuart
Sutcliffe, el ‘quinto Beatle’, en Backbeat, 1994), se especializó en los noventa en papeles de malvado, como el del vampiro Deacon Frost en Blade
(1998) y en colgarse del brazo modelos espectaculares. Una vida vacía y
frívola que, como todo el mundo sabe, no conduce a nada bueno.
Para lo que ha quedado... En 2008 le pasaron dos cosas que cambian la vida de cualquiera: cortó con Pamela Anderson
tras cuatro años de relación y perdió a su madre por un cáncer
cerebral. Lo segundo le hizo preguntarse qué había hecho hasta entonces
con su vida y se sumió en una profunda depresión. Dice que le salvó una
llamada de su amiga Sofia Coppola ofreciéndole protagonizar su película Somewhere
(2010). Ahora, con un rostro al que los años han dotado de un cierto
aspecto pétreo y de unas profundas entradas, se niega paradójicamente a
seguir haciendo de malo (pronto le veremos persiguiendo a Leatherface en
una precuela de La matanza de Texas) pero sigue yendo del brazo de modelos espectaculares, como Charlotte McKinney, su última novia.
Stephen Dorff.
Brendan Fraser (Indianápolis, 47 años)
Lo que fue... Hubo un momento en
los noventa en el que prácticamente era imposible asomarse a la
cartelera sin topar con la bobalicona sonrisa de Brendan Fraser.
El
actor encadenaba películas a un ritmo frenético y una, Dioses y monstruos (1998), hasta le salió buena.
Lo habitual era verlo en comedias mostrencas, como Cabezas huecas (1994), o muy mostrencas, como George de la jungla (1997), hasta que al final de la década pegó el pelotazo con La momia (1999).
Para lo que ha quedado... Tras dos secuelas de La momia (2001 y 2008) y un vano intento de repetir la fórmula con Viaje al centro de la Tierra
(2008), Brendan empezó a perder los papeles y a ganar peso. Nunca ha
abandonado la interpretación, pero ahora encadena problemas judiciales,
económicos (se declaró en quiebra en 2013) y familiares. Con su divorcio
de la actriz Afton Smith en 2007 (llevaban casados desde 1998)
provocado según las malas lenguas por una infidelidad con Maria Bello, a Fraser se le cayó literalmente el pelo.