Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

19 feb 2016

La hija de Álvaro Muñoz Escassi, una más en el 85º cumpleaños de Laura Valenzuela.

Las meninas (holandesas) desfilan en el Rijksmuseum de Ámsterdam.........................................I.sabel Ferrer

La sala expone casi un centenar de vestidos emblemáticos, desde el Siglo de Oro hasta el diseño sesentero de la serie Mondrian, de Yves Saint Laurent.

Parte de la muestra titulada 'Catwalk' que se presenta en el Rijksmuseum, de Ámsterdam.
“¿Lo reconoce? Es un diseño de Balenciaga elaborado en tafetán de seda,”, dice Bianca du Mortier, conservadora de la colección de vestidos del Rijksmuseum, de Ámsterdam, indicando un modelo negro de cóctel que perteneció a una dama de la alta sociedad holandesa. El centro posee una colección de 10.000 trajes y accesorios fechados entre 1700 y 1960, y ha reunido casi un centenar en una muestra titulada Catwalk (Pasarela), abierta hasta mayo. No es una metáfora facilona, porque la pieza del español está montada, junto con otras del siglo XX, sobre maniquís que giran lentamente ante el espectador, acomodado en la primera fila de un desfile de excepción. En medio de una auténtica fiesta de seda y bordados, puede seguirse luego la evolución de la silueta femenina, desde los escotes estilo imperio y los corsés, a la liberación de la minifalda dedicada por el modisto francés Yves Saint Laurent al pintor Mondrian.

Parte de la muestra titulada 'Catwalk' que se presenta en el Rijksmuseum, de Ámsterdam.
“¿Lo reconoce? Es un diseño de Balenciaga elaborado en tafetán de seda,”, dice Bianca du Mortier, conservadora de la colección de vestidos del Rijksmuseum, de Ámsterdam, indicando un modelo negro de cóctel que perteneció a una dama de la alta sociedad holandesa. El centro posee una colección de 10.000 trajes y accesorios fechados entre 1700 y 1960, y ha reunido casi un centenar en una muestra titulada Catwalk (Pasarela), abierta hasta mayo. No es una metáfora facilona, porque la pieza del español está montada, junto con otras del siglo XX, sobre maniquís que giran lentamente ante el espectador, acomodado en la primera fila de un desfile de excepción. En medio de una auténtica fiesta de seda y bordados, puede seguirse luego la evolución de la silueta femenina, desde los escotes estilo imperio y los corsés, a la liberación de la minifalda dedicada por el modisto francés Yves Saint Laurent al pintor Mondrian.

Parte de la muestra titulada 'Catwalk' que se presenta en el Rijksmuseum, de Ámsterdam.
“¿Lo reconoce? Es un diseño de Balenciaga elaborado en tafetán de seda,”, dice Bianca du Mortier, conservadora de la colección de vestidos del Rijksmuseum, de Ámsterdam, indicando un modelo negro de cóctel que perteneció a una dama de la alta sociedad holandesa. El centro posee una colección de 10.000 trajes y accesorios fechados entre 1700 y 1960, y ha reunido casi un centenar en una muestra titulada Catwalk (Pasarela), abierta hasta mayo. No es una metáfora facilona, porque la pieza del español está montada, junto con otras del siglo XX, sobre maniquís que giran lentamente ante el espectador, acomodado en la primera fila de un desfile de excepción. En medio de una auténtica fiesta de seda y bordados, puede seguirse luego la evolución de la silueta femenina, desde los escotes estilo imperio y los corsés, a la liberación de la minifalda dedicada por el modisto francés Yves Saint Laurent al pintor Mondrian.


Las meninas (holandesas) desfilan en el Rijksmuseum de Ámsterdam

La sala expone casi un centenar de vestidos emblemáticos, desde el Siglo de Oro hasta el diseño sesentero de la serie Mondrian, de Yves Saint Laurent

Parte de la muestra titulada 'Catwalk' que se presenta en el Rijksmuseum, de Ámsterdam.
“¿Lo reconoce? Es un diseño de Balenciaga elaborado en tafetán de seda,”, dice Bianca du Mortier, conservadora de la colección de vestidos del Rijksmuseum, de Ámsterdam, indicando un modelo negro de cóctel que perteneció a una dama de la alta sociedad holandesa. El centro posee una colección de 10.000 trajes y accesorios fechados entre 1700 y 1960, y ha reunido casi un centenar en una muestra titulada Catwalk (Pasarela), abierta hasta mayo. No es una metáfora facilona, porque la pieza del español está montada, junto con otras del siglo XX, sobre maniquís que giran lentamente ante el espectador, acomodado en la primera fila de un desfile de excepción. En medio de una auténtica fiesta de seda y bordados, puede seguirse luego la evolución de la silueta femenina, desde los escotes estilo imperio y los corsés, a la liberación de la minifalda dedicada por el modisto francés Yves Saint Laurent al pintor Mondrian.
Tal vez la ropa actual marque más tendencias que clases sociales, pero en el Siglo de Oro, solo el conde Hendrik Casimir I de Nassau podía permitirse un impecable calzoncillo de lino, “lavado por los sirvientes incluso en plena campaña militar”
. Los nombres de estos primeros sastres, costureras (y abnegadas lavanderas) no han pasado a la historia, pero uno de sus trabajos tiene apellido propio.
 Es el vestido más voluminoso de Holanda, fabricado para la boda de Helena Slicher, una plebeya que se casó en 1759 con un barón. “En realidad, ni siquiera su recién adquirido estatus social permitía algo tan espectacular.
Es lo más parecido a la ropa de las meninas españolas.
 Muy difícil de llevar, y maravilloso en su ejecución”, dice Du Mortier, que señala luego un vestido dorado. “En Holanda, este modelo era para la nobleza. En Francia, su estampado de grandes motivos se consideraba tela de cortina. Cara, pero cortina”.
Muestra 'Catwalk' en Rijksmuseum, en Ámsterdam.
La colección del museo se ha formado gracias a donaciones de los dueños de los vestidos. Monarcas incluidos. Por eso presume de la bata de seda japonesa de Guillermo III de Orange, rey de Inglaterra en el siglo XVII, a la vez que estatúder (gobernador general) de las Provincias Unidas de los Países Bajos.
“En su día, era violeta, aunque ahora parece dorada. Imagínese cómo debía imponer con este atuendo intenso y de un tejido excepcional”, apunta la conservadora. En la pasarela solo hay vestidos del siglo XX para que las vibraciones no desprendan los adornos. En una sala contigua, por el contrario, destaca un grupo de piezas a partir de 1800, que evidencian la evolución de la silueta femenina. En particular el corsé, que también abandonó la cintura de avispa. “Se trataba de que ellas caminaran con gracia evitando movimientos bruscos”. A cambio, la hechura era preciosista y los detalles y accesorios interminables.
Para mostrar la liberación de la rígida vestimenta femenina del pasado, Erwin Olaf, el fotógrafo holandés encargado de la escenografía, ha metido en un marco gigantesco el último vestido expuesto. Pertenece a la serie dedicada por Yves Saint Laurent a la pintura geométrica de Mondrian, y semeja un altar laico. “Quería conmemorar la vida, la revolución sexual y la igualdad de derechos cantadas por la generación de los años sesenta”.
Conocido por sus campañas publicitarias para marcas como Microsoft, Nokia o Levi´s, Olaf aceptó el encargo porque le parecía un reto “darle movimiento a un trabajo en tres dimensiones, yo que vengo de la fotografía”, reconoce.
 



 

Muere Harper Lee, autora de ‘Matar a un ruiseñor’

Muere Harper Lee, autora de ‘Matar a un ruiseñor’

La escritora Harper Lee, en una recepción del presidente de EE UU, George W. Bush, en 2007. / EFE
El País Madrid 1
La escritora estadounidense Harper Lee ha fallecido hoy a los 89 años en una residencia de Alabama. La autora que se convirtió en un clásico por solo una novela, 'Matar a un ruiseñor', publicó el pasado agosto ‘Ve y pon un centinela’.
 Esta novela se anunció como el origen de uno de los clásicos de la literatura de EE UU.

¿Quién invita? Errores imperdonables del hombre en una comida de negocios.................... Eduardo Infantes

Los almuerzos de trabajo son reuniones disfrazadas de ocio. Estas son las claves para llegar vivo al café.


Vivimos unas semanas donde muchas cosas se deciden entre cubiertos y manteles. Entre otras, el próximo gobierno de este país. Uno de los lugares predilectos para la negociación es el restaurante. Nosotros hemos querido afrontarlo desde el punto de vista de un hombre. Aquí van algunas pistas para llegar vivo al café

1. ELIJA EL RESTAURANTE
Madrid. Antaño los grandes acuerdos capitalinos se sellaban en locales tradicionales como Casa Lucio o Sacha. “Hoy, el perfil del ejecutivo es distinto, así que la comida también lo es”, explica Iván Morales, cofundador de Taberna Arzábal, que ha conquistado al sector con sus tapas finas. Otros, como Ten Con Ten, lo han logrado con ambiente de bistró (pero del barrio de Salamanca) para ver y ser visto.
Otras capitales. En Barcelona, aunque La Camarga sigue siendo un referente (siempre que la mesa esté lejos de potenciales escondites de micrófonos), suben Neri y El Petit Comité, del chef Nando Jubany, escogido por Mark Zuckerberg para reunirse con Piqué y Shakira
. En Bilbao se alternan negocios y producto de temporada en Nerua, el restaurante del Museo Guggenheim.
Discreción. Muchos locales ofrecen reservados: en los de El Cielo de Urrechu, en Pozuelo de Alarcón (Madrid), se ha cerrado más de un fichaje de futbolista. Si quiere discreción total, el madrileño A Japanese Kirikata es pequeño y está en un sótano.
2. EL MENÚ
¿Qué comer? Olvídese de las comidas copiosas. Esto no es una bacanal, por mucho que no pague usted. “La gente pide menos y bebe menos si después tiene que volver al trabajo”, explica Iván Morales.
“Si es usted el invitado, no pida lo más caro porque no ha ido allí a ponerse las botas”, señala Josefina Escudero, experta en diplomacia ejecutiva.
 La opción perfecta son unos pocos entrantes para compartir y un segundo plato. ¿Es usted goloso? El postre no suele ser una opción. Mejor vaya directamente al café.

¿Hay trato de favor? Cualquier restaurante será igual de profesional con usted en una comida familiar que en una reunión de negocios. Pero todo buen maître toma ciertas precauciones. “Analizamos previamente el nombre de las reservas y su cargo, incluso aunque no lo indiquen. Así podemos intuir si alguien viene con coche oficial, con escolta o si nuestro portero tiene que estar preparado”, explica Iván Morales. Tratar a alguien por su nombre y hacerle sentir reconocido es casi obligatorio.
 “Se puede dar la circunstancia de que dos empresarios se citen aquí pero no se conozcan, así que en cierto modo nosotros somos los encargados de presentarlos”, dice Jesús del Saz.
Oír, ver y callar. “Discretos somos siempre, pero si el cliente se calla cada vez que te aproximas a la mesa a recoger el pan o cambiar de cubiertos, está claro que hay que acercarse con menos frecuencia”, explica Morales. “Cualquier cosa que se diga en la comida puede tener una gran importancia, así que no está de más advertir a los camareros para no interferir en absolutamente nada”, concluye.
4. DURANTE LA COMIDA
Buenas maneras. Sea puntual y educado: “Un restaurante es como una segunda oficina”, sentencia Josefina Escudero.
 Si usted es el anfitrión debe llegar antes y, si se retrasa, asegúrese de que reciben a su invitado en su nombre. Mantenga siempre los modales: nada de poner los codos sobre la mesa, de excederse en confianza con su interlocutor o de quitarse la chaqueta. En esto último, Escudero es tajante: “No tiene justificación. No suele hacer calor en la sala.
 Además, la americana no está ahí para fastidiar. Queda bien y disimula imperfecciones, como si sudamos demasiado”.
¿Y la conversación? Comience hablando de algo trivial y, tras una breve charla, aborde el orden del día
. Un tema infalible para romper el hielo es la propia elección del restaurante: nadie puede sentirse ni ofendido ni incómodo. Está vetado hablar de política, sexo, religión o dinero. No sea caballeroso, sino profesional. Igual que no hace falta que la sirvan primero en la mesa, no varíe su saludo si se reúne con una mujer. “Dele la mano”, señala Escudero. ¿Dos besos? Sólo si hay confianza.
5. LA CUENTA
¿Quién invita? El anfitrión, siempre
. Hay excepciones, como algunos jóvenes emprendedores, que pueden omitir el protocolo y pagar a medias. Incluso hacer la reunión por Skype (sin comer ante la cámara, claro).
A la hora de pagar, dos opciones: tarjeta de crédito o, si hay mucha confianza con el restaurante, basta con dejar la tarjeta de visita para que lo apunten a la cuenta de la empresa. “Con efectivo no paga casi nadie y ya no se sacan billetes grandes.
El color morado sólo lo vemos en la ropa”, ironiza Morales.
Sin aspavientos. “Nunca se abona la cuenta en secreto ni se discute por ver quién paga. Eso es algo que tenemos que cortar de raíz, porque en el resto del mundo no pasa”, asevera Escudero. ¿Y si, a pesar de todo, ocurre? Que pague el último que fue invitado. Tema zanjado.
Cuando íbamos sobrados... La crisis lo ha cambiado todo.
Mientras hace años podían correr cigalas y faisanes a costa de la empresa, ya no es lo habitual. “Ahora la cuenta se revisa más que antes”, señala Morales. Hay excesos, claro, pero sólo si tienen sentido.
 ¿Acaso no ha intentado impresionar a una cita con los mejores platos de un restaurante? “El nivel de agasajo a un cliente debe ir en proporción al negocio”, destaca el restaurador de Taberna Arzábal. Que agasajar le funcione, ya sea en la cita o en el negocio, ya es otro asunto.



 
¿Hay trato de favor? Cualquier restaurante será igual de profesional con usted en una comida familiar que en una reunión de negocios. Pero todo buen maître toma ciertas precauciones. “Analizamos previamente el nombre de las reservas y su cargo, incluso aunque no lo indiquen. Así podemos intuir si alguien viene con coche oficial, con escolta o si nuestro portero tiene que estar preparado”, explica Iván Morales. Tratar a alguien por su nombre y hacerle sentir reconocido es casi obligatorio. “Se puede dar la circunstancia de que dos empresarios se citen aquí pero no se conozcan, así que en cierto modo nosotros somos los encargados de presentarlos”, dice Jesús del Saz.
Oír, ver y callar. “Discretos somos siempre, pero si el cliente se calla cada vez que te aproximas a la mesa a recoger el pan o cambiar de cubiertos, está claro que hay que acercarse con menos frecuencia”, explica Morales. “Cualquier cosa que se diga en la comida puede tener una gran importancia, así que no está de más advertir a los camareros para no interferir en absolutamente nada”, concluye.
4. DURANTE LA COMIDA
Buenas maneras. Sea puntual y educado: “Un restaurante es como una segunda oficina”, sentencia Josefina Escudero. Si usted es el anfitrión debe llegar antes y, si se retrasa, asegúrese de que reciben a su invitado en su nombre. Mantenga siempre los modales: nada de poner los codos sobre la mesa, de excederse en confianza con su interlocutor o de quitarse la chaqueta. En esto último, Escudero es tajante: “No tiene justificación. No suele hacer calor en la sala. Además, la americana no está ahí para fastidiar. Queda bien y disimula imperfecciones, como si sudamos demasiado”.
¿Y la conversación? Comience hablando de algo trivial y, tras una breve charla, aborde el orden del día. Un tema infalible para romper el hielo es la propia elección del restaurante: nadie puede sentirse ni ofendido ni incómodo. Está vetado hablar de política, sexo, religión o dinero. No sea caballeroso, sino profesional. Igual que no hace falta que la sirvan primero en la mesa, no varíe su saludo si se reúne con una mujer. “Dele la mano”, señala Escudero. ¿Dos besos? Sólo si hay confianza.
5. LA CUENTA
¿Quién invita? El anfitrión, siempre. Hay excepciones, como algunos jóvenes emprendedores, que pueden omitir el protocolo y pagar a medias. Incluso hacer la reunión por Skype (sin comer ante la cámara, claro). A la hora de pagar, dos opciones: tarjeta de crédito o, si hay mucha confianza con el restaurante, basta con dejar la tarjeta de visita para que lo apunten a la cuenta de la empresa. “Con efectivo no paga casi nadie y ya no se sacan billetes grandes. El color morado sólo lo vemos en la ropa”, ironiza Morales.
Sin aspavientos. “Nunca se abona la cuenta en secreto ni se discute por ver quién paga. Eso es algo que tenemos que cortar de raíz, porque en el resto del mundo no pasa”, asevera Escudero. ¿Y si, a pesar de todo, ocurre? Que pague el último que fue invitado. Tema zanjado.
Cuando íbamos sobrados... La crisis lo ha cambiado todo. Mientras hace años podían correr cigalas y faisanes a costa de la empresa, ya no es lo habitual. “Ahora la cuenta se revisa más que antes”, señala Morales. Hay excesos, claro, pero sólo si tienen sentido. ¿Acaso no ha intentado impresionar a una cita con los mejores platos de un restaurante?
 “El nivel de agasajo a un cliente debe ir en proporción al negocio”, destaca el restaurador de Taberna Arzábal. Que agasajar le funcione, ya sea en la cita o en el negocio, ya es otro asunto.