El actor presenta un rostro más joven en la entrega de los premios Bafta que se compara con el de Renée Zellweger.
Tom Cruise en la entrega de los Bafta 2016. Y en una imágen en septiembre de 2015. WireImage / Cordon Press
Tom Cruise fue uno de los protagonistas de la 69 edición de los Premios Bafta del cine británico no solo porque entregó el galardón al equipo de El Renacido,
que logró cinco premios, si no por el renovado aspecto que el actor
presentó en la gala.
Cruise sorprendió con un cambio de imagen al estilo
Renée Zellweger, con un rostro particularmente hinchado que más que
producto de un aumento de peso parece corresponder a un retoque
estético.
El actor, a sus 53 años de edad, se ha mostrado siempre muy cuidadoso
con su imagen.
Se mantiene muy en forma y cuando posa ante las cámaras
siempre pide que se le tome por su lado bueno; también recurre a las
gafas de sol cuando no cree tener un buen día para ser fotografiado.
Tras su separación de Kate Holmes no tiene pareja oficial.
Tom Cruise en la entrega de los Bafta 2016. Y en una imágen en septiembre de 2015. WireImage / Cordon Press
Tom Cruise fue uno de los protagonistas de la 69 edición de los Premios Bafta del cine británico no solo porque entregó el galardón al equipo de El Renacido,
que logró cinco premios, si no por el renovado aspecto que el actor
presentó en la gala. Cruise sorprendió con un cambio de imagen al estilo
Renée Zellweger, con un rostro particularmente hinchado que más que
producto de un aumento de peso parece corresponder a un retoque
estético.
El actor, a sus 53 años de edad, se ha mostrado siempre muy cuidadoso
con su imagen. Se mantiene muy en forma y cuando posa ante las cámaras
siempre pide que se le tome por su lado bueno; también recurre a las
gafas de sol cuando no cree tener un buen día para ser fotografiado.
Tras su separación de Kate Holmes no tiene pareja oficial.
Tom Cruise, en la entrega de los Premios Bafta 2016. Dave J HoganGetty Images
Cada vez son más los hombres que recurren al bótox
o a otros tratamientos para luchar contra el paso de la edad.
Ya lo han
hecho John Travolta, Mickey Rourke, Arnold Schwarzenegger, Sylvester
Stallone entre otros.
Ahora Cruise, uno de los actores más poderosos de
Hollywood, se une al club. Su compañera de profesión RenéeZellweger decidió recurrir a los retoques estéticos a finales de 2014 .Endeclaraciones exclusivasa la revista People,laganadora de un Oscar aseguró que si su rostro estaba diferente se debía a que estaba "más sana" y "más felizque nunca", y añadió "la gente debe de tomar nota". "¡Estoycontenta de quela genteme veadiferente!Estoy viviendounavida feliz y diferente,más plena,y estoyencantada de quese note".
Tom Cruise en la entrega de los Bafta 2016. Y en una imágen en septiembre de 2015. WireImage / Cordon Press
Tom Cruise fue uno de los protagonistas de la 69 edición de los Premios Bafta del cine británico no solo porque entregó el galardón al equipo de El Renacido,
que logró cinco premios, si no por el renovado aspecto que el actor
presentó en la gala. Cruise sorprendió con un cambio de imagen al estilo
Renée Zellweger, con un rostro particularmente hinchado que más que
producto de un aumento de peso parece corresponder a un retoque
estético.
El actor, a sus 53 años de edad, se ha mostrado siempre muy cuidadoso
con su imagen. Se mantiene muy en forma y cuando posa ante las cámaras
siempre pide que se le tome por su lado bueno; también recurre a las
gafas de sol cuando no cree tener un buen día para ser fotografiado.
Tras su separación de Kate Holmes no tiene pareja oficial.
Tom Cruise, en la entrega de los Premios Bafta 2016. Dave J HoganGetty Images
Cada vez son más los hombres que recurren al bótox
o a otros tratamientos para luchar contra el paso de la edad. Ya lo han
hecho John Travolta, Mickey Rourke, Arnold Schwarzenegger, Sylvester
Stallone entre otros. Ahora Cruise, uno de los actores más poderosos de
Hollywood, se une al club. Su compañera de profesión RenéeZellweger decidió recurrir a los retoques estéticos a finales de 2014 .Endeclaraciones exclusivasa la revista People,laganadora de un Oscar aseguró que si su rostro estaba diferente se debía a que estaba "más sana" y "más felizque nunca", y añadió "la gente debe de tomar nota". "¡Estoycontenta de quela genteme veadiferente!Estoy viviendounavida feliz y diferente,más plena,y estoyencantada de quese note". Expertos en belleza aseguraron que Zellweger se habría retocado las mejillas y corregido la nariz,
además de realizarse un estiramiento en los párpados y aplicarse bótox
en su ahora lisa frente. No es la primera vez que la actriz se hace
retoques estéticos aunque ella no lo reconoce.
Expositor de Luxottica en una feria de gafas en San Diego. Cordon Press
Ovaladas, redondas o de pera, con cristales claros, oscuros o espejados. Hay gafas de sol para todos los estilos.
De distintas marcas y aparentemente más o menos parecidas, pero la
mayoría de ellas tiene el mismo origen.
Una única empresa italiana, de
comienzos humildes pero convertida en una poderosa compañía sin apenas
competencia, controla y dicta las tendencias del mercado mundial de las
gafas de sol. Es Luxottica, compañía nacida en 1961 en Agordo, localidad del norte de Italia de poco más de 4.000 habitantes, en la región de Véneto.
Ahí están las raíces de la verdadera reina de las gafas de sol de
lujo, que domina alrededor del 80% del negocio en todo el mundo.
En su
poder están el diseño, la fabricación y la distribución de dos de las
más poderosas de la industria de las lentes, Ray-Ban
y Oakley, de las que es propietaria
. Pero, además, tiene licencia para
producir gafas de firmas de lujo como Armani, Burberry, Chanel, DKNY,
Michael Kors, Ralph Lauren, Prada, Dolce & Gabbana, Tiffany o
Versace.
Se presenta como símbolo de la calidad y el diseño
. Su red abarca 130
países repartidos en cinco continentes.
Comercializa gafas al por mayor
y también vende directamente al público en 50 filiales que tiene
repartidas en lo que denomina “mercados estratégicos”
. Diseña,
desarrolla y fabrica las gafas en seis instalaciones que tiene en
Italia, además de en tres fábricas de China, una de Brasil, una en
Estados Unidos —que se encarga de las gafas de sol deportivas— y una de
India, que sirve para abastecer el mercado local.
Es un negocio redondo.
En 2015, las ventas aumentaron un 17% y
alcanzaron un valor de 9.000 millones de euros. Sus inicios, sin
embargo, no hacían esperar cifras similares.
Su fundador, Leonardo Del
Vecchio (1935) se quedó huérfano de padre siendo niño y lo mandaron a un
orfanato. Con solo 14 años empezó a trabajar en una fábrica de anteojos
y a los 25 creó Luxottica. Del Vecchio siempre ha estado al mando de la empresa
y continúa hoy en día a sus 80 años.
Supo ver la oportunidad de negocio
que había en el exterior y, poco a poco, fue haciendo crecer su
empresa, que debutó en la Bolsa de Nueva York en 1990, década en la que
llegó a acuerdos con las firmas de lujo más poderosas.
Actualmente, es el segundo hombre más rico de Italia, con un
patrimonio de 18.300 millones de dólares (algo más de 16.000 millones de
euros), según la revista Forbes
.
Con fama de trabajador y emprendedor, también es conocida su afición
por el lujo y posee varios coches de alta gama, yates y hasta un avión
privado.
En Italia, su fortuna solo se ve superada por la de Maria
Franca Fissolo Ferrero, viuda de Michele, propietario del Grupo Ferrero
fallecido hace un año.
Los
psicofármacos han dignificado la vida de los pacientes con trastornos
graves.
Su uso ha aumentado como en otras disciplinas médicas.
Eva Vázquez
El domingo pasado leímos una entrevista publicada en EL PAÍS con el periodista estadounidense Robert Whitaker,
titulada "La psiquiatría está en crisis", y quisiera presentar algunas
objeciones a sus afirmaciones
. Al “falso relato histórico” sobre la
psiquiatría norteamericana mencionado en la entrevista [el entrevistado
sostiene que se ha hecho creer erróneamente a Occidente que la causa de
la depresión y la esquizofrenia es biológica y que se pueden curar con
fármacos], cabe hacer muchas matizaciones, especialmente en lo referido a
los “efectos negativos”, como él los llama, de la medicalización de la
psiquiatría.
La llegada a América en la posguerra de gran número de psicoanalistas
atenuó la barrera entre “lo normal y lo anormal” y, como consecuencia,
acudieron a sus terapias pacientes con un cierto estatus social.
Los
pacientes psiquiátricos graves quedaron relegados a la asistencia
pública.
En estas circunstancias, el descubrimiento de la clorpromazina en
Francia (1951) supuso la primera revolución psicofarmacológica e influyó
de forma neta en la posterior desinstitucionalización del enfermo
psiquiátrico, hasta entonces, mayoritariamente recluido en
establecimientos asilares
. La enfermedad mental se consideraba
prácticamente inmodificable y la sociedad excluía a estos enfermos de
por vida. Los antipsicóticos supusieron un avance incontestable.
Esto
marcó una modificación radical en la política asistencial americana y J.
F. Kennedy (1962) arbitró cambios legales que permitieron nacer un
nuevo modelo: la psiquiatría comunitaria, exportada posteriormente a
todo el mundo y que supuso la externalización de los enfermos
psiquiátricos más graves, el desarrollo de centros de salud mental, de
servicios de psiquiatría en hospitales generales (comienzo de la
medicalización de la psiquiatría en los años sesenta) y de recursos
intermedios que mejoraron el tratamiento del enfermo.
Además, mejoró la formación de psiquiatras, psicólogos, enfermeras,
trabajadores sociales…
La relación entre los antipsicóticos y la
desinstitucionalización de los enfermos mentales graves en EE UU es
innegable.
Se pasa de una cifra de 34 personas ingresadas por cada
10.000 americanos en 1955 a 3 personas ingresadas por cada 10.000 en
1994.
La psiquiatría continuaba, afortunadamente, su medicalización.
El
enfermo psiquiátrico empezó a ser tratado como el resto de los enfermos.
Tomó conciencia de su dignidad, de sus derechos.
Surgieron las
asociaciones de familiares de enfermos psiquiátricos y asociaciones
específicas de enfermos, a imagen y semejanza de otras asociaciones de
pacientes somáticos.
El libro que quiere vender el entrevistado en España alude a la
ineficacia de la psiquiatría por el aumento progresivo de enfermos
psiquiátricos, lo que no resiste un mínimo análisis racional
. El aumento
bruto de trastornos mentales en 30-40 años con toda probabilidad no es
distinto porcentualmente del de cáncer de páncreas o artritis reumatoide
en el mismo periodo
. Para sustentar sus confusas opiniones, el
periodista cita un artículo publicado en aquella época con claros
problemas metodológicos, como que la medida —“buen resultado”— varía
mucho según época y sociedades.
Por ejemplo, entonces vivir con los
padres a los 30 años era considerado “mal resultado” social en EE UU,
cuando en España resultaba “normal”.
Tenemos el dudoso honor de ser la única especialidad con un movimiento ‘anti’
Otro sesgo es el que se refiere a trastornos de ansiedad.
La ansiedad
es consustancial con el ser humano, pero la ansiedad patológica no.
El
periodista no contempla el sufrimiento que presentan muchos enfermos que
hasta hace pocas décadas no eran tratados, salvo en el restrictivo
ámbito de la psiquiatría privada americana
En lo que se refiere al Valium, pocas veces en la historia un
medicamento ha beneficiado a tanta gente y de tan diversas patologías.
Plantea este señor que la enfermedad mental no es una enfermedad
cerebral
. Cree al parecer que el cerebro es el único órgano del cuerpo
que nunca se pone enfermo y siempre presenta un perfecto funcionamiento.
Y que las enfermedades mentales se curan con palmaditas en el hombro.
¿Desde cuándo la actividad mental no está determinada por el cerebro?
Diremos más, prácticamente todos los tratamientos psicosociales
que se aplican en psiquiatría hoy se basan en pruebas de eficacia que
descansan en modelos procedentes de la neurociencia cognitiva, que
postula que el cerebro humano tiene capacidad de neurogénesis y
plasticidad neuronal hasta su muerte, lo que le permite adquirir y
consolidar nuevos hábitos que compensan funciones perdidas por la
enfermedad mental. Y esto es algo más que “pastillas”
. Es la parte
nuclear de la psiquiatría moderna basada en modelos antitéticos a los
que se proponen en esa entrevista.
Los psiquiatras no somos los únicos médicos que tratamos síntomas
mentales: el dolor o el llamado mal estado general es tan mental como la
ansiedad, la tristeza o el delirio
. Prácticamente nadie discute que el
dolor debe ser tratado y suprimido como sea.
Ahí están las modernas unidades del dolor. Sin embargo, la ansiedad patológica no
. Esta discrepancia es acientífica.
El entrevistado considera que hay un “excesivo” consumo de
psicofármacos. Efectivamente, ha habido un aumento global del uso de
psicofármacos, aunque en EE UU esto se produce en menor medida en
población negra e hispana. Poblaciones que cuando enferman tienen más
probabilidades que los anglosajones de suicidarse o acabar en una
prisión que ir al hospital o a la consulta privada de un psiquiatra. Las
cifras son sobrecogedoras. Esto no parece importarle al señor Whitaker.
Los enfermos ricos toman medicaciones y los pobres son excluidos
socialmente, a la cárcel o al cementerio.
Los psicofármacos han permitido el desarrollo de terapias no
coercitivas, no farmacológicas, destinadas a aliviar los déficits
sociales de los enfermos así como a controlar sus síntomas más
disyuntivos.
La tendencia al aumento de consumo de fármacos es un fenómeno global:
la farmacoterapia analgésica sigue parecida evolución (y nadie hace un
movimiento ideológico en contra de tratar el dolor con química). En EE
UU, el porcentaje de usuarios de analgésicos más potentes que la morfina
pasó del 17% al 37%, y lo mismo pasa con los antibióticos, cuyo consumo
aumentó un 36% en la década de los años 2000
. Ocurre lo mismo con
hipocolesterolémicos, antihipertensivos, antidiabéticos y
antineoplásicos. Han aumentado las intervenciones de cataratas, de
cirugía digestiva, los trasplantes y en general toda la actividad
médica.
Esta tendencia global se relaciona con el acceso a mejores servicios
médicos. ¿Hay que corregir esto? Es posible, pero afecta de manera
transversal a todas las especialidades médicas. Focalizar el discurso en
exclusiva sobre la psiquiatría no es otra cosa que contribuir a
perpetuar su rechazo social y los prejuicios antipsiquiátricos. ¿Qué
otra especialidad médica ve tan cuestionada la validez científica de su
disciplina? Tenemos el dudoso honor de ser la única especialidad médica
con un movimiento anti. Hay un movimiento contra la
psiquiatría.
Ustedes nunca oirán hablar de un movimiento anticardiología
o de un movimiento antidermatología. Entrevistas como esta contribuyen a
la estigmatización de la psiquiatría y a la exclusión de muchos
enfermos
. Presentar la ciencia médica adecuadamente para un público
informado debe ser una exigencia ajena al oportunismo.
Miguel Gutiérrez Fraile es presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y catedrático de Psiquiatría de la Universidad del País Vasco.
Pocas mujeres en España dimiten más y mejor que Esperanza Aguirre.
Pocas mujeres en España dimiten más y mejor que Esperanza Aguirre.
Nadie consigue lo que ella en cuanto a puesta en escena: convocatoria
relámpago, secretismo absoluto y a la hora del cocido.
Así se hacen las
cosas en la política pop.
Uno de sus colaboradores más cercanos la
recuerda dictando decisiones descomunales en sus días libres, sentada al
borde de una piscina y con los pies chapoteando en el agua.
Ordenando
cambios de Gobierno sujetando una lista de nombres colocados en orden
según su grado de discreción para evitar filtraciones.
Deambulando por
el despacho de la Comunidad con aire grave mientras pronuncia
expresiones que se creían desterradas del castellano ante lo que
consideraba la traición de un amigo o algo peor: el amor de un enemigo.
En ese contexto se entiende la rueda de prensa de este domingo, elaborada a su imagen y semejanza: una: una despedida con zarpazo que ni
siquiera es tal, ni la despedida ni el zarpazo.
Continúa siendo la jefa
de la oposición a Carmena, y recogió las uñas cuando tuvo a tiro el
cuello de Rajoy, al que prefirió dejarle la marca antes que desangrarlo
en su propia casa
. Salvo sus razones, el resto de su intervención no la
escribió para ella sino para el presidente.
Que la leyese Esperanza
Aguirre antes se debió a que confía más en su discreción que en la de
Rajoy, por eso se puso ella delante en la lista.
Todo, todo ese discurso que por ratos abría teatralmente las carnes (“la corrupción nos está matando”)
parecía estar pronunciándolo mientras impostaba la voz del presidente
del Gobierno.
Solo hay que fijarse en cómo abría de vez en cuando los
ojos en señal de estupor y las ganas que tenía, en el fondo, de fumar un
puro y pedir el Marca cuando pronunció una frase estratégicamente llena de eses:
“Este no es el tiempo de los personalismos, sino de los sacrificios y
las cesiones”
. Un asesor la detuvo en medio del pasillo cuando se
dirigía a la sala de prensa con una barba postiza. Todo un aviso para
navegantes si hubiese agua debajo de Rajoy.
Un remedo, en realidad, de
aquello de Jacinto Benavente: “Solo los náufragos eligen puerto”. Si no
se ahogan antes.
No se va, porque mujeres así no se van nunca, pero hay que
reconocerle pasión en sus dimisiones
. Ha terminado tan rodeada de
corrupción que la única salida que empezaba a quedarle era decir que a
sí misma no se conocía de nada y que si había ido a su propia boda fue
porque no le quedaba más remedio.
Su anuncio es más ruidoso que efectivo
(le quedaba poco tiempo) , pero la coloca de nuevo en el pret a porter
de la dimisión preventiva. Con la cúpula financiera de Génova acusada
de organización criminal, y las costuras del PP de Madrid a punto de
reventar en mil pedazos (hay que reconocerle resistencia), Aguirre ha
encontrado el momento adecuado para marcharse y concentrarse en una
misión más peliaguda: la desarticulación municipal de titiriteros y
Reyes Magos.
Lo hizo con una razón humana, la corrupción, que podría resumirse así: “Empiezo a recordar de qué me suena Francisco Granados”.