Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

14 feb 2016

Esto no estuvo aquí siempre................................................................. Javier Marías

Si ha habido en tiempos recientes una engañifa injusta y despreciable, ha sido la autopropaganda de algunos partidos.

Si ha habido en tiempos recientes una engañifa injusta, despreciable y en el fondo muy burda, ha sido la autopropaganda de algunos partidos saltados hace poco a la palestra.
La base de su publicidad ha sido presentarse como “nuevos” frente a las formaciones “viejas”, proclamarse “más representativos” pese a no haber pasado apenas por las urnas, vociferar que “la gente” (concepto vago y delicuescente) está con ellos, mientras que los demás son “una casta” (término no original, sino copiado del tonto italiano Grillo) al servicio de “los de arriba” (otro concepto tan demagógico y facilón como difuso),
 y brincar por el tablero con la misma facilidad que los caballos de ajedrez: ahora somos de extrema izquierda, ahora socialdemócratas, ahora de centro, ahora estamos con “los de abajo” como Perón, ahora creemos en la democracia, ahora en el asambleísmo, ahora queremos arrumbar la Constitución, ahora preservarla y reformarla, ahora defendemos el “derecho a decidir”, ahora a medias, ahora tenemos por modelo a Venezuela, o no, mejor a Dinamarca … Si algo parece claro, y sin embargo dista de estarlo para un gran número de votantes, es que ni Podemos ni la CUP, por mencionar a los más conspicuos, son de fiar en absoluto y nada tienen de “nuevos”
. Al contrario, su oportunismo y su desfachatez se asemejan enormemente a los del PP, sobre todo cuando éste se siente acorralado; con la diferencia sustancial de que, hasta ahora, ninguno de esos dos partidos se ha sentido acorralado, lo cual equivale a decir que su oportunismo y su desfachatez son vocacionales.
 Están en su naturaleza, que en modo alguno desdeña engañar a la gente, ni tratarla como a idiota, si eso vale para sus propósitos.

Si ha habido en tiempos recientes una engañifa injusta, despreciable y en el fondo muy burda, ha sido la autopropaganda de algunos partidos saltados hace poco a la palestra.
La base de su publicidad ha sido presentarse como “nuevos” frente a las formaciones “viejas”, proclamarse “más representativos” pese a no haber pasado apenas por las urnas, vociferar que “la gente” (concepto vago y delicuescente) está con ellos, mientras que los demás son “una casta” (término no original, sino copiado del tonto italiano Grillo) al servicio de “los de arriba” (otro concepto tan demagógico y facilón como difuso), y brincar por el tablero con la misma facilidad que los caballos de ajedrez: ahora somos de extrema izquierda, ahora socialdemócratas, ahora de centro, ahora estamos con “los de abajo” como Perón, ahora creemos en la democracia, ahora en el asambleísmo, ahora queremos arrumbar la Constitución, ahora preservarla y reformarla, ahora defendemos el “derecho a decidir”, ahora a medias, ahora tenemos por modelo a Venezuela, o no, mejor a Dinamarca …
Si algo parece claro, y sin embargo dista de estarlo para un gran número de votantes, es que ni Podemos ni la CUP, por mencionar a los más conspicuos, son de fiar en absoluto y nada tienen de “nuevos”.
 Al contrario, su oportunismo y su desfachatez se asemejan enormemente a los del PP, sobre todo cuando éste se siente acorralado; con la diferencia sustancial de que, hasta ahora, ninguno de esos dos partidos se ha sentido acorralado, lo cual equivale a decir que su oportunismo y su desfachatez son vocacionales
. Están en su naturaleza, que en modo alguno desdeña engañar a la gente, ni tratarla como a idiota, si eso vale para sus propósitos.
Si algo parece claro es que ni Podemos ni la CUP son de fiar en absoluto y nada tienen de “nuevos”
Lo único en lo que no han variado su discurso es en la condena general de lo que han dado en llamar “el régimen del 78” (a la capciosa definición también se han apuntado ERC, IU y otros). La palabra “régimen” está muy connotada: así se calificaba a sí mismo el franquismo.
 Al aplicar el término al largo periodo democrático que hemos vivido, se intenta asimilarlo a la dictadura, lo cual, como he dicho antes, es injusto, burdo y despreciable, y supone ponerse en contra no sólo de los actuales políticos a menudo corruptos y sin escrúpulos, sino también de los que llevaron a cabo la Transición, todo lo imperfecta que se quiera, e instauraron la democracia sin apenas derramamiento de sangre.
 Es decir, se ponen del lado de quienes la combatieron en su día.
 ¿Y quiénes eran esos?
 Los residuos más recalcitrantes del franquismo, que detestaban al Rey, a Suárez, a su necesario colaborador Carrillo, al General Gutiérrez Mellado y a Felipe González; la extrema derecha terrorista, autora de la matanza de Atocha; una parte considerable del Ejército, muchos de cuyos mandos aún eran leales a Franco, y de ahí que en aquellos años se rumoreara cada poco que había “ruido de sables”, los cuales se convirtieron en estruendo con el golpe fallido de Tejero; la policía, que costó Dios y ayuda que se amoldara a los nuevos tiempos (aquellos sí que eran nuevos de verdad, y no de pacotilla) y comprendiera que su función era proteger a los ciudadanos y no controlarlos y amenazarlos; y ETA, claro, que incrementó su actividad y llegó a asesinar a ochenta personas en un solo año.
Se ha perdido de vista con qué se hubieron de enfrentar los políticos de la época, alegremente denostados ahora por muchos jóvenes y no jóvenes que reclaman para sí un heroísmo que, para su bendición, no está a su alcance.
 Se han encontrado un país plagado de defectos y carencias e injusticias, pero no intrínsecamente anómalo, como aún lo era el de 1976.
 Se han encontrado con un Ejército profesional y sometido al poder civil, del que nadie teme que se pueda levantar en armas contra sus políticos y su propia gente; con una policía que, como todas, comete excesos, pero que no representa un peligro para la población ni detiene a capricho; con un país sin censura, con libertad de expresión, en el que se admite cualquier postura (incluida la disgregación) siempre que no la acompañe violencia; con divorcio (no lo hubo hasta 1981), sin sumisión legal de la mujer, con libertad religiosa, con matrimonio homosexual, sin juicios de farsa, con sindicatos (¿o es que ignoran que estaban prohibidos en el franquismo, lo mismo que los partidos y las elecciones?).
 Quienes han nacido ya con esto no saben o no quieren saber que esto no estuvo aquí siempre; que costó mucho esfuerzo, mucha mano izquierda, mucha habilidad conseguirlo sin casi sangre, así como buenas dosis de renuncia y contemporización necesarias.
 La prueba del éxito de la operación en su conjunto es la propia existencia de esos partidos “nuevos” pero nada novedosos, dedicados a echar pestes de quienes la llevaron a cabo.
 Aquellos políticos y aquella sociedad civil sí que tuvieron dificultades, sí que inauguraron una era e hicieron una revolución en sordina, sí que se la jugaron de veras.
 Hasta la vida, algunos.
 Lo hicieron regular o mal en algunos aspectos, qué menos.
 Podría haberse hecho mejor, como toda empresa humana.
 Pero lo que desde luego no merecen es el vituperio a que se los lleva sometiendo algún tiempo, a ellos y a sus logros.
Por parte, además, de ventajistas y megalómanos, de los que la política ha estado llena desde su prehistoria.
 Nada tan viejo como los caudillos “carismáticos” y con labia.
 Lo que hoy presume de “nuevo” es en realidad de una ancianidad, qué digo: de una decrepitud pavorosa.

 

Paraísos de muerte............................................................ Rosa Montero

La sencilla veracidad del testimonio de la norcoreana Yeonmi Park nos obliga a recordar la realidad de los refugiados.

 

Hoy voy a hacer algo poco recomendable para un periodista, y es centrar mi artículo en una noticia ya vieja.
 Pero, por desgracia, se trata de un tema que sigue estando de plena actualidad.
 Si googleáis las palabras “yeonmi park español” os encontraréis con un vídeo de YouTube en el que la refugiada norcoreana Yeonmi cuenta su historia
. Es una intervención que hizo en 2014 durante una conferenc
ia de One Young World en Dublín. Quizá ya lo conozcáis: la película ha dado la vuelta al mundo. Si no lo habéis visto, por favor, no dejéis de hacerlo. Son cinco minutos estremecedores, hipnotizantes. Yo no pude contener las lágrimas
. De hecho, hay otras personas que aparecen en la filmación, espectadores de las palabras de la chica, que también se echan a llorar como magdalenas
. Resulta imposible no emocionarse.
En 2014, Yeonmi Park tenía 20 años.
 En el vídeo parece muy joven, una niña vestida con sus mejores galas, con una rosita de tafetán en la cabeza y un primoroso traje oriental de pesadas y crujientes sedas.
 Parece una figurita de porcelana, una tanagra.
 Y de pronto esta niña frágil abre la boca y llora, abre la boca y habla.
 Y cuenta que el régimen norcoreano es una pesadilla; que la gente es condenada a muerte por el simple hecho de haber telefoneado sin autorización al extranjero; que cuando tenía nueve años asistió a la ejecución de la madre de una amiga suya por el delito de haber visto una película de Hollywood. Nos explica que por fin su familia logró escapar del país cuando ella tenía trece años; que la huida fue terrible, infernal; que en Mongolia vio cómo los traficantes chinos violaban a su madre, la cual se ofreció para evitar que la violaran a ella; y que, durante el largo tiempo que vagaron en busca de refugio.
, se sintieron completamente abandonados, desamparados, ignorados en su dolor, como si tan solo las estrellas del cielo los miraran.
 Cuenta todo esto sin parar de llorar, pero sus lágrimas son educadas, modestas, silenciosas, no le alteran el gesto ni rompen su discurso, son las lágrimas de alguien que ha llorado tanto que se ha acostumbrado a hacerlo sin aspavientos
. Al escucharla, es imposible no pensar en la marea imparable y agónica de los refugiados sirios, en esas columnas de gente desesperada que atraviesan a pie Europa sin que nadie los mire, salvo las estrellas.
 Esas víctimas a las que los daneses, los suizos y varios Estados alemanes arrebatan sus pocas posesiones, su dinero, sus joyas, un robo que para mayor vergüenza es votado en los Parlamentos democráticos ante la indiferencia de todos nosotros.
Por eso es tan necesario ver este vídeo de Park: porque la sencilla veracidad de su testimonio nos obliga a recordar la realidad dantesca de los refugiados, a ponernos en su piel, a salir de nuestra confortable desmemoria.
El afán de justificar lo injustificable para seguir creyendo en utopías es una patología intelectual repetitiva y tenaz
Pero aún hay algo peor en todo esto, aunque parezca difícil
. Y es que colgué el discurso de Yeonmi en mi Facebook y hubo unos cuantos comentarios… ¡a favor del régimen norcoreano! Sí, lo repito porque sé que parecerá mentira: unas pocas personas defendieron esa dictadura disparatada, aberrante y psicopática. 
De hecho, aprovecharon la ocasión para soltar el viejo discurso de las izquierdas, como si Corea del Norte fuera un lugar revolucionario y progresista
. Encontrarme con semejante nivel de ignorancia y de fanatismo a estas alturas me dejó bastante desconsolada. El afán de justificar lo injustificable para seguir creyendo en utopías es una patología intelectual repetitiva y tenaz.
 Los paraísos no existen: ni en el cielo, por más que la Inquisición o el ISIS hayan quemado viva a la gente en su nombre, ni en la tierra, aunque los nazis hayan gaseado y los totalitarios marxistas fusilado para implantarlo.
Y por cierto: tan bestial es el totalitarismo de derechas como el de izquierdas, aunque la progresía occidental siempre ha sido mucho más tolerante con este último (yo también lo he sido, a mí también me ha costado verlo).
Es ese dogmatismo criminal, ya sea islámico o norcoreano, el que subyace tras el drama de los refugiados.
 Por otra parte, los dogmáticos no son necesariamente tontos.
 Los hay eruditos y bastante listos, que no inteligentes, porque para mí la verdadera inteligencia, la verdadera sabiduría, exige madurez emocional, autocrítica y empatía.
 Pero, en cualquier caso, lo que falla en ellos no es el cerebro, sino el corazón
. Creo que es gente emocionalmente muy cobarde que necesita respuestas absolutas a las que agarrarse.
 Son como niños: tienen miedo de la complejidad del mundo, de la incertidumbre de la vida, y exigen que les cuenten cuentos tranquilizadores y consoladores.
 Pero lo terrible, lo imperdonable, es que sus dulces sueños irreales se terminan convirtiendo en atroces pesadillas verdaderas para incontables víctimas.

Bomba Rita........................................................................... Manuel Vicent

Su desgracia empezó el día en que decidió sustituir el capacho por un bolso de Louis Vuitton-

 Decía Joan Fuster que todos los papas y príncipes renacentistas eran unos facinerosos, pero los nuestros, los Borgias valencianos eran los mejores, los más profesionales y también los más imaginativos, puesto que al crimen le añadían un voluptuoso placer.

 A la hora de impartir el veneno unas veces lo hacían con la liturgia sinuosa de un sacramento vertiendo la pócima desde el falso anillo en la copa del distraído comensal y otras usaban el matarratas a porrón entre grandes carcajadas como una gracia añadida al banquete. 

Y si se veían obligados a sustituir el veneno por el puñal, eran partidarios de una estocada rápida y por la espalda que les diera tiempo a llegar a los oficios a pedir perdón a Dios.

 Cada tierra imparte su genio. 

Hoy la corrupción valenciana tampoco puede separarse de la fiesta entre la pólvora y el azahar. 

En esta franja del litoral mediterráneo cualquier corrupto debe cumplir las reglas propias de la tribu.

El golfo tiene que ser simpático, debe disfrutar del latrocinio sin importarle que se note y ante todo tiene que comportarse como un corrupto desparramado y si es un hortera alegre, mucho mejor. 

Rita Barberá era imbatible cuando llevaba un bolso de paja con la gracia de la mujer que va al mercado central a comprar frutas y verduras.

 Lo decía Blasco Ibáñez: quien se apodere del secreto del mercado tendrá la llave de Valencia.

 La desgracia de Rita empezó el día en que decidió sustituir el capacho que la gente imaginaba lleno de lechugas por un bolso de Vuitton de 1.500 euros en el que la cebolla es hoy realmente una bomba de racimo.

 La corrupción del Partido Popular en Valencia tiene el carácter de una inundación producida por la ruptura de un embalse.

 La gran riada de 1957 dejó en las paredes a dos metros de altura la marca: hasta aquí llegaron las aguas, pero eso será nada si la bomba de Rita estalla.

¿Vive en el caos? Podría ser un genio......................................................... Eva van den Berg

La organización está sobrevalorada. El desorden tiene ventajas, la cuestión es encontrar el equilibrio.

Guardar
El día que Albert Einstein murió, el 18 de abril de 1955, Ralph Morse, fotógrafo de la revista LIFE (que falleció en 2014 a los 97 años) fue el único reportero que pudo entrar en su casa.
 Equipado con su cámara y una caja de botellas de whisky, Morse logró convencer a sus allegados para retratar algunas de las dependencias del hogar de los Einstein en Princeton, Nueva Jersey (EE UU) y documentar el día de su funeral.
 Por voluntad expresa de la familia, todas las imágenes que Morse realizó quedaron custodiadas en un archivo durante décadas.
 Cuando por fin vieron la luz en 2010, una de ellas despuntó entre todas las demás: la que muestra el caos de documentos, apuntes y libros que cubren la mesa del despacho de quien fue uno de los cerebros más famosos y prolíficos de la historia; esa mesa en la que llevaba trabajando incansablemente desde 1936, el año en el que adquirió la propiedad.
 Era por todos conocido que el famoso artífice de la Teoría de la relatividad era sumamente desordenado.
 Él mismo solía comentar: “Si una mesa atestada y desordenada pertenece a una mente igualmente atestada y desordenada, ¿a qué tipo pertenece una mesa vacía?”.

Las ventajas del descontrol

Aunque nos empeñemos –ciertamente, unos más que otros– en mantener un orden en nuestra vida, tanto en lo que respecta a los objetos que manejamos y acumulamos, como en el desarrollo de las acciones cotidianas, o incluso en el modo de generar y procesar nuestras ideas y pensamientos, hay quien afirma que, en el fondo, el caos, el (des)orden natural, reina en el universo
. Y a partir de cierto punto, un afán desmedido por el orden es un objetivo tan inútil como sobrevalorado.
 Esta es la idea del libro A perfect mess, algo así como un desorden perfecto.
Sus autores, Eric Abrahamson y David H. Freedman, destacan que hay ventajas ocultas en el desorden.
Por ejemplo, permite tanto a las personas como a organismos o instituciones ser más creativos y flexibles
. La cuestión, defienden, es encontrar el equilibrio en el caos: cuando uno trabaja, produce o crea, inevitablemente genera anarquía.
 Podemos parar, ordenar y proseguir... o continuar como si tal cosa. Indudablemente, si no hacemos absolutamente nada por preservar cierto nivel de organización, llegará un punto en el que nos perderemos en medio de un absoluto follón.
 Pero si cada cinco minutos nos detenemos para recomponer un pulcro escenario, nuestro ritmo de trabajo se verá seriamente retrasado.
¿Qué tal si nos las apañamos para descubrir nuestro punto de desorden óptimo? Sí: efectivamente no hay uno único para todos...
 Cada cual tiene el suyo y viene sin manual de instrucciones.
Según la psicóloga Kathleen Vohs, de la Universidad de Minnesota (EE UU), tanto la organización como la anarquía tienen sus pros y sus contras
. Mientras todo indica que un ambiente organizado favorece las acciones positivas –e incluso hace que sean más pacíficas y generosas–, un entorno desordenado potencia el pensamiento creativo y estimula la generación de nuevas ideas.
 El caos conlleva innovación, hace descubrir aspectos inéditos.
Y el orden mejora la productividad y aumenta el rendimiento y el sosiego
. Para manejar esa medida del caos, ese punto medio tan conveniente para tantos aspectos de la vida, una buena medida es valorar nuestro nivel de funcionalidad.
 Si su pequeño ecosistema es un auténtico desbarajuste, pero encuentra todo lo que busca y ha conseguido erigir un orden oculto en el caos, no se preocupe demasiado. 
Según la psicóloga Kathleen Vohs, de la Universidad de Minnesota (EE UU), tanto la organización como la anarquía tienen sus pros y sus contras
. Mientras todo indica que un ambiente organizado favorece las acciones positivas –e incluso hace que sean más pacíficas y generosas–, un entorno desordenado potencia el pensamiento creativo y estimula la generación de nuevas ideas.
 El caos conlleva innovación, hace descubrir aspectos inéditos.
Y el orden mejora la productividad y aumenta el rendimiento y el sosiego.
 Para manejar esa medida del caos, ese punto medio tan conveniente para tantos aspectos de la vida, una buena medida es valorar nuestro nivel de funcionalidad.
 Si su pequeño ecosistema es un auténtico desbarajuste, pero encuentra todo lo que busca y ha conseguido erigir un orden oculto en el caos, no se preocupe demasiado.

Por el contrario, si su guarida está muy estructurada y su capacidad productiva anda estancada, quizás la rigidez mental le esté pasando factura y el orden exagerado no es más que un signo de ello.
De lo que no hay duda es de que no debemos subestimar la importancia que tiene para cada uno de nosotros desarrollar la aptitud necesaria para conducir nuestro propio universo y, a poder ser, con nota. No es un asunto fácil, pero es de lo más estimulante.
 Los genios llevan una eternidad reflexionando sobre esta cuestión. “Vivimos en un arcoíris de caos”, dijo el pintor Paul Cézanne.
 “Sé ordenado en tu vida para poder ser violento y original en tu trabajo”, aconsejaba el escritor Gustave Flaubert
. Mientras tanto, como dijo Bruce Lee, dediquémonos simplemente a vivir, “buscando la simplicidad en el caos y la armonía en la discordia”. Tal y como se puede leer al inicio de El hombre duplicado (Alfaguara), de José Saramago, “el caos es un orden aún por descifrar”
. Ante todo, mucha calma.