Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

14 feb 2016

¿‘Got Talent’ o ‘Got Friki’?............................................................ Natalia Marcos

No hay talento suficiente en toda España para tanto programa de talentos.

 Por eso luego pasa lo que pasa y estos espacios se llenan de la fauna ibérica más pintoresca.


Eva Hache, Jorge Javier Vázquez, Edurne y Jesús Vázquez, jurados de 'Got Talent'.
No hay talento suficiente en toda España para tanto programa de talentos.
 Por eso luego pasa lo que pasa y estos espacios se llenan de la fauna ibérica más pintoresca.
 El sábado arrancó en Telecinco la versión española de uno de los formatos de búsqueda de talentos más exitosos del panorama internacional, Got Talent.
 Nombres con mucho gancho en el jurado (desde los mismísimos Jorge Javier Vázquez y Jesús Vázquez abandonando sus labores habituales de presentadores para pasarse al otro bando, hasta la dicharachera Eva Hache y la eurovisiva Edurne) y la extensa campaña promocional que Telecinco suele dedicar a sus novedades en toda su parrilla
. Todo para cuidar su gran apuesta para una noche de los sábados dominada hasta ahora por el cine y por las tertulias políticas.

 

¿El resultado? Un éxito de audiencia (según los datos avanzados, arrancó con 3.486.000 espectadores, aunque con la película El médico, en Antena 3, pisándole los talones con 3.164.000 espectadores) y muchas dudas sobre si realmente es "el mayor espectáculo televisivo del mundo", como vendían en las promociones.
Algo de talento había, por supuesto, pero también mucho frikismo.
 Demasiado.
La noche arrancó con un par de actuaciones que dejó a los miembros del jurado con la boca abierta: un hombre tocando un aria con un serrucho y un grupo de hombres y mujeres de más de 45 años bailando hip hop.
 Impresionante. Ajá. Luego vendría una tanda de personajes (por llamarlo de alguna forma) que ponían el nivel del programa por los suelos.
 ¿Esto iba de encontrar talento o de dejar a cualquiera subir a un escenario a hacer el ridículo delante de tres millones y medio de personas?
Un pseudo-Cañita Brava (seguro que recuerdan el personaje...), una especie de imitadora de Heidi que se podría aparecer en tus pesadillas y una mujer que quería colar la próxima canción del verano con una especie de "baile del cangrejo" lamentable.
 También habría historias de superación, gente con talento de verdad y el primer pase directo a la semifinal para Pedro, de 12 años y una gran voz.
Pero el frikismo emborrona el resultado.

Tampoco ayuda el montaje, a base de cortes de grabaciones de diferentes días en los que jurado y presentador llevan diferente ropa y diferente peinado.
 Parece ser que es marca de la casa del formato, pero a los espectadores españoles les resultaba extraño, acostumbrados a la cuidadosa edición de programas como La voz, donde los coaches van vestidos siempre igual durante todas las grabaciones de la misma fase del programa precisamente para facilitar la edición posterior.
¿El jurado? Cada uno en su papel.
 Jesús Váquez en plan duro pero con una sonrisa siempre en la cara. Jorge Javier Vázquez fomentando el frikismo (aseguró haber estado a punto de dar al botón dorado que da el pase directo a la semifinal a un hombre que bailaba Bollywood como si estuviera en el salón de su casa). Y Eva Hache y Edurne también se mantuvieron en su papel dignamente.
 Todos con un tono buenrollista excesivo pero esperable.
La conclusión es que Got Talent España parece una mezcla de Tú sí que vales y El semáforo que funciona en la noche de los sábados, un día sin dura competencia y apto para el entretenimiento sin mayores pretensiones que hacer que el espectador se relaje y ría.
 O llore
. O sienta vergüenza ajena.
 Eso queda a elección de cada uno.

Los usos inconfesables del billete de 500 euros.................................................................. Luis Gómez


Un empleado de banca muestra billetes de 500 en una sucursal del banco Sparkasse en Múnich (Alemania). EFE
Si un 56% de los ciudadanos europeos nunca ha visto un billete de 500 euros, según un estudio del Banco Central Europeo (BCE), si los empresarios no lo consideran interesante para las transacciones económicas y se imponen cada vez más los medios de pago electrónico entre los consumidores, ¿qué sentido puede tener que el 30% del valor de los euros en circulación sean billetes de tan alto valor? Esta pregunta permanece sin respuesta desde el mismo momento en el que nació la moneda europea, hace ya 14 años
. Casi tres lustros de advertencias de organismos antifraude y cuerpos policiales habían sido menospreciados por los rectores de tan alta institución bancaria, que ahora parece dispuesta a estudiar su posible eliminación
. Y es que también los terroristas yihadistas aprecian las ventajas de este billete.

Se da por aceptado que el BCE fue sensible a una petición de países como Alemania, Holanda y Austria, que reclamaban un billete de alto valor porque era parte de su cultura monetaria.
 Nació así el billete de 500 euros, solo superado en el mundo por el de 1.000 francos suizos (909 euros) y el de 10.000 dólares de Singapur (66.357 euros).
 Ya en los albores de su nacimiento (2002) algunas voces pronosticaron que se convertiría en una sabrosa divisa para los delincuentes.
No hubo que dejar transcurrir demasiado tiempo para detectar su uso extensivo entre los narcotraficantes colombianos
. Había alguna razón de peso: un millón de euros en billetes de 500 pesan 2,2 kilos, ocupan un volumen aproximado de tres litros y pueden caber en un bolso mediano.
Europol concluyó en 2014 que es el favorito de las bandas criminales
Las unidades policiales fueron sumando experiencias.
 En el año 2006, tras el descubrimiento de una enorme estafa financiera en España (Fórum Filatético y Afinsa) con cientos de miles de afectados, la policía entró en el chalé de uno de los imputados y, además de una discoteca en casa y algunas obras de arte, descubrió tras un falso tabique una bolsa con 12 millones de euros en billetes de 500.
 Aquello fue un récord, pero no el único
. En Portugal, la detención de un general angoleño que había creado una fundación en Lisboa con intenciones poco claras, permitió encontrar en uno de sus apartamentos un paquete con ocho millones, naturalmente en billetes de 500.
 Unas tras otras se sucedían operaciones con resultados parecidos, hasta la más reciente operación Emperador, también en España, dirigida por el chino Gao Ping, donde según la fiscalía se blanquearon entre 800 y 1.200 millones de euros en cuatro años.
 La primera fase del lavado era muy sencilla: los chinos sacaban dinero de España en sus viajes a China para visitar a la familia.
Fueron tantas las operaciones policiales, las incautaciones en aduanas o aeropuertos, que a nadie sorprendió que, en 2010, el Banco de Inglaterra recomendara a las entidades no distribuir billetes de 500 porque, según informes policiales, “el 90 % de los billetes vendidos en el Reino Unido estaban en manos de organizaciones criminales”.
 El último informe de Europol sobre la materia (2014) llega a una conclusión parecida:
 No todo su uso es delictivo, pero está acreditado que todas las organizaciones delictivas lo tienen como su divisa favorita.
Según los expertos, en tiempos de crisis sirve como valor refugio
La cuestión, actualmente, es que, por efecto de la crisis, además de atractivo para delincuentes, el billete de 500 (y el de 200) se está convirtiendo en un valor refugio: con los tipos por los suelos y las bolsas cayendo, guardar el dinero en casa aparece como una solución.

En el caso español, los datos evidencian cómo a la acumulación de los años dorados del ladrillo (el 26,68% de los billetes de 500 en circulación en Europa en enero de 2007) siguió una evidente caída. Pero, ahora, se observa otro dato singular: el 79,36% del valor de los billetes en circulación en España corresponde a los de 500 y 200 euros, un incremento sin igual en otros países de la eurozona, según cálculos del sindicato de técnicos de Hacienda (Gethsa).
¿Estamos guardando billetes en casa? Todo es posible con un billete cuya trayectoria vital es tan poco transparente.



Falsificación para narcotraficantes

La falsificación de billetes de 500 no era una preocupación de las autoridades, precisamente porque tampoco era de especial interés para los potenciales falsificadores: ¿quién iba a copiar un billete que no usa la gente? Y así ha sido: según datos del propio BCE, apenas el 0,8 % de las falsificaciones afectaban a este billete (el 46,5 % eran de billetes de 20 y el 34,7 % de los de 50).
Sin embargo, las pocas falsificaciones que se han detectado estaban destinadas a ser utilizadas como medio de pago en transacciones ilícitas, como destaca un informe de Europol. La más importante se descubrió en España en 2009, cuando se detectó, a lo largo de una investigación rutinaria de narcotráfico, que uno de los grupos se dedicaba también a falsificar billetes de 500 para pagar partidas de droga: en el registro aparecieron hasta 8 millones de euros en billetes falsos de muy buena calidad. Falsos o verdaderos, era una prueba más de que los de 500 cotizan al alza en el mundo criminal.

13 feb 2016

Carol Crítica de la Película

En un momento de Carol, un chico está viendo El crepúsculo de los dioses por enésima vez.
 Comenta a sus amigos que, con ese visionado, está intentando diferenciar lo que los personajes dicen de lo que los personajes sienten. Esta frase podría aplicarse a Carol, una película tan llena de discursos explícitos como de silencios.
 Basada en la novela de culto de Patricia Highsmith, la adaptación cinematográfica de Todd Haynes cambia algunos detalles respecto al libro.
 Si en la versión en papel el punto de vista principal es el de Therese, una joven dependienta de unos grandes almacenes, en la película el relato pende sobre todo de Carol, la mujer en trámites de divorcio de la que Therese se enamora.
 Carol es una presencia fuerte, con el rostro y el aplomo de una Cate Blanchett que imprime carácter al personaje. 
Therese, en cambio, es una figura grácil, callada, es el ángel caído del cielo al que se refiere Carol insistentemente. 
Therese tiene el rostro y el cuerpo fino y sutil de Rooney Mara. A partir del silencio y la calma de Therese y de la entereza y el aplomo de Carol se construye una película perfecta, que bascula entre lo explícito y lo sugerente.

Carol - Cartel

En Carol, las dos protagonistas aparecen a menudo esquinadas en el plano, como si participaran de un secreto
. O como si el director pretendiera revelar así la sociedad opresora en la que viven los personajes, la Nueva York de los años cincuenta.
 Amante del melodrama, Haynes ha hecho una película de tonos apagados, que evoca a Douglas Sirk –director al que Haynes ya había parafraseado– mediante los reencuadres de los personajes en marcos y espejos, y no a través de una exuberante paleta de colores.
 De hecho, Haynes ha tomado una decisión subversiva: en pleno apogeo de la imagen digital, ha rodado en 16mm, dejando que la película, el soporte físico del celuloide, otorgue una textura grumosa e íntima al relato.
El gesto pensativo de Therese en el interior de un coche se ve acentuado por las luces de la ciudad y por el cristal empañado de la ventanilla, también, por la exquisita imperfección del celuloide.
 Así se desprenden el desgarro, la melancolía y el amor en una película que se gesta a partir de los detalles.
 De la mano de Carol sobre Therese en la escena que abre la película.
 De los guantes de Carol sobre el mostrador en el primer encuentro entre ambas. Del rostro de Carol cuando Therese, que aspira a ser fotógrafa, la captura con su cámara por primera vez
. Haynes ha hecho una película que sublima los gestos y las miradas, los detalles y las emociones; y que esconde, bajo el hermoso pretexto del amor, un discurso nítido sobre la libertad.Y
 te quedas con ganas que se acabe porque todo
es igual y alargan alargan los momentos.

Carol

Estreno (1h58min
Director
Con Cate Blanchett, Rooney Mara, Kyle Chandler más
Género Drama , Romántico
País Gran Bretaña , EE.UU.

Sinopsis

 
Nueva York, principios de los años cincuenta.
 Es Navidad y Therese Belivet (Rooney Mara) es una joven sin muchos recursos que trabaja temporalmente en una juguetería de Manhattan.
 Tiene un novio, Richard (Jake Lacy), un joven apuesto al que realmente no quiere y que la pasea en bicicleta.
Su verdadero sueño es ser fotógrafa, y su talento fotográfico tiene un futuro prometedor. Pero Therese todavía no se ha encontrado a sí misma.

Todo cambiará cuando, en un largo y monótono día de trabajo, aparezca en su vida Carol Aird (Cate Blanchett), una distinguida mujer de clase alta y envuelta en visones, con fuerte temperamento aunque siempre permanezca a la sombra de su marido Harge Aird (Kyle Chandler), con el que tiene una hija y cuyo matrimonio aborrece.

Carol le dará su dirección a la joven para que le sean entregadas sus compras en casa.
 Guiada por un impulso repentino, Therese le envía una postal navideña. Carol, que pasa por un difícil momento matrimonial y se siente muy sola, responde a la felicitación invitando a Therese a citarse juntas un día.
 Surgirán entonces la atracción y el cariño entre ambas mujeres, una perturbación a la que Therese no sabe cómo reaccionar, aunque íntimamente sabe que se trata de algo más: está enamorada de Carol.
Una historia de dos mujeres que se arriesgan a abandonar sus infelices vidas y encontrar su lugar en el mundo, aventurándose en una nueva y prohibida relación amorosa.

Basada en una novela de Patricia Highsmith, Carol es un trabajo del cineasta Todd Haynes (Mildred Pierce, I'm Not There, Lejos del cielo). Sus protagonistas son las actrices Cate Blanchett (La verdad, Monuments men, Blue Jasmine) y Rooney Mara (Pan (Viaje a Nunca Jamás), Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, La red social). Completan el reparto Kyle Chandler (Aquí y ahora, El lobo de Wall Street), Sarah Paulson (12 años de esclavitud, Mud) y Jake Lacy (Navidades, ¿bien o en familia?, Girls).