Son tantos
y tan graves los problemas públicos que nos acucian, que prestar
atención a un fenómeno lingüístico caracterizado por alargamiento
innecesario de las palabras suena a frivolidad impropia del buen
ciudadano.
EDUARDO ESTRADA
Ya lo advirtió Horacio.
Fue al elogiar en su Arte poética a quienes evitaban las “palabras ampulosas y rimbombantes”, y a las que llamó sesquipedalia verba por medir “un pie y medio” de largo.
Como quizá algunos lectores recuerden, aquí las he bautizado como archisílabos
y aventuré que ese gusto por el alargamiento innecesario —aunque no
siempre incorrecto— responde al probable afán de sobresalir de los
demás.
Un gusto contagioso, sin duda.
No vayan a pensar entonces que, el silenciarlos desde hace un par de
años, denote un decaimiento en el uso y abuso de estos vocablos que
coleccionamos.
Lo que pasa es que son tantos y tan graves los problemas
públicos que nos acucian, que prestar atención a este fenómeno
lingüístico suena a frivolidad impropia del buen ciudadano.
Craso error.
El ciudadano es antes que nada un hablante y, por alejados que
parezcan, la calidad del uno dice
EDUARDO ESTRADA
Ya lo advirtió Horacio. Fue al elogiar en su Arte poética a quienes evitaban las “palabras ampulosas y rimbombantes”, y a las que llamó sesquipedalia verba por medir “un pie y medio” de largo. Como quizá algunos lectores recuerden, aquí las he bautizado como archisílabos
y aventuré que ese gusto por el alargamiento innecesario —aunque no
siempre incorrecto— responde al probable afán de sobresalir de los
demás. Un gusto contagioso, sin duda.
No vayan a pensar entonces que, el silenciarlos desde hace un par de
años, denote un decaimiento en el uso y abuso de estos vocablos que
coleccionamos.
Lo que pasa es que son tantos y tan graves los problemas
públicos que nos acucian, que prestar atención a este fenómeno
lingüístico suena a frivolidad impropia del buen ciudadano. Craso error.
El ciudadano es antes que nada un hablante y, por alejados que
parezcan, la calidad del uno dice mucho también de la calidad del otro.
A
la postre, ambas figuras pueden incurrir en parecido empobrecimiento o
indiferencia ante el deterioro de lo común.
Al hilo de ciertos prefijos y sufijos, y ahorrándonos los centenares
de torpes polisílabos recogidos en ocasiones pasadas, entremos de nuevo
en materia.
Por ejemplo, en aquellos que pretenden subrayar la
diferencia entre un acto y su proceso de llevarlo a cabo. ¿Quién no ha
oído hablar de esa desvalorización que equivale a una “devaluación”?
¿Acaso no es cierto que la autoridad se ejerce mediante actuaciones en vez de por “acciones”?
Una contratación
administrativa goza de mayor empaque que un mero “contrato”, dónde va a
parar, y los fabricantes de automóviles se enorgullecen de exhibir sus
variadas motorizaciones (o sea, sus “motores”).
Si va usted para locutor, elija siempre incrementación o incremento,
sea de los accidentes de tráfico o de los precios, y nunca su
“aumento”.
Causa perplejidad conocer que una banda musical está en ascensión, y no en “ascenso”, pero las cosas se complican cuando la “compartimentación” desemboca en el trabalenguas de la compartimentalización o el “clientelismo” engendra la clientelización.
Habrán observado asimismo que la notable afición a destacar la
cualidad abstracta de las cosas lleva a menudo a sustituir la cosa misma
por ese rasgo abstracto que encarna.
De modo que la “equidad” de un
acto equitativo acdad abstracta de las cosas lleva a menudo a sustituir la cosa misma
por ese rasgo abstracto que encarna.
De modo que la “equidad” de un acto
equitativo acaba trocándose en equitatividad, y la “variación” deja paso a la variabilidad.
Por esa misma ley no escrita, la unitariedad se impone sobre la “unidad”, lo mismo que preferimos la confortabilidad del sillón a su “confort” o el precario estado de marginalidad al de “marginación”. Una “excepción” a la regla se cita como excepcionalidad . En cuanto algún aparato cumple una “función”, el experto sentencia que posee funcionalidad. Un ilustre abogado sugiere someterse no tanto a la “letra”, sino más bien a la literalidad de la ley. Y ciertos políticos proponen ahora una ley de transitoriedad jurídica, es de suponer que para perfeccionar la mera “transición”.
El “vértigo” es ocupado por la vertiginosidad, igual que la dimensionalidad arrincona a la más simple “dimensión”.
Eso sí, no me pregunten por el significado de la intermodalidad, que hasta ahí no llego.
Causa perplejidad conocer que una banda musical está en ‘ascensión’ y no en “ascenso”
En el vergonzante empeño por que nuestro lenguaje cotidiano se transforme en spanglish, procuremos que lo “diferente” alcance siempre el grado de diferencial y no hagamos ascos al comunicacional ni al conversacional.
Las ondas “vibratorias” de toda la vida deben bautizarse como vibracionales, en una operación parecida a la de denominar componente nutricional a lo que calificábamos de “nutritivo”.
Clásicos, clásicos renovados, modas y los favoritos por regiones.
El nombre de tu bebé es una decisión importante, claro.
Lo va a
llevar toda su vida o, al menos, hasta que a los 18 años pueda cambiarlo
legalmente.
Aún no sabemos si Goku, nacido el año pasado,
estará contento con la decisión de sus padres, sobre todo teniendo en
cuenta que lo tiene difícil incluso en caso de que quiera usar su
segundo nombre, Ceferino.
Aunque la mayoría nos acostumbramos
. Incluso Giovanni Hitler Cando,
que en una pieza de Verne dejó bien claro que no tiene nada que ver con
el dictador y que el nombre tampoco le ha supuesto un problema grave.
Tampoco lo es para su hermano Lenin.
Optar por un nombre extravagante (algunos quizás prefieran el
adjetivo "original") no es la solución más común.
A veces se siguen
tradiciones familiares y en ocasiones se siguen modas.
Hay padres que no
se aclaran y otros que lo tienen claro desde el primer día.
No solo hay
libros y webs dedicados a este asunto, sino que todos los amigos y
familiares quieren dar (y dan) su opinión casi desde el primer día de
embarazo.
Visto el panorama, es incluso comprensible que una empresa se ofrezca
a escoger el nombre por la familia y lo presente como un trabajo a
externalizar: ya lo hicieron a petición de los padres de Eire, una niña asturiana que fue la primera en disfrutar de sus servicios.
Vamos a repasar algunos de los pasos que se siguen a la hora de
escoger y, sobre todo, descartar nombres, y a comentar la popularidad de
las diferentes opciones con ayuda de los datos del Instituto Nacional
de Estadística, que proporciona información de frecuencia por décadas
hasta los años 2010 y por año entre 2002 y 2014.
1. Los clásicos sí pasan de moda
Los cinco nombres más populares entre los hombres son Antonio (el 3%
de varones comparte este nombre), José, Manuel, Francisco y Juan
. El 12%
de toda la población tiene alguno de estos cinco nombres, según publicaba El País, recogiendo datos del padrón de 2014.
Pero Antonio (el nombre) está cayendo en picado: hasta los años 60,
había más de 100.000 Antonios nuevos cada año, pero actualmente no
llegan a los 2.000 cada 12 meses.
Su media de edad es de 54 años.
Algo
parecido ocurre con José, cayendo desde los años 60 y con una media de
edad de 59,6 años; con Manuel (media de 53,6 años); con Francisco (55,5
años) y con Juan (54,6 años).
El descenso es aún más dramático si
recordamos que desde 1960 y 2010, la población pasó de 30,5 a 47 millones de personas, lo que supone un crecimiento del 54%.
Para
las mujeres, los nombres más habituales son María Carmen (2,8% de la
población femenina), María, Carmen (por separado), Josefa e Isabel.
La situación es parecida. Las Carmen tienen una media de edad de 60
años; las Josefa, de 65, con solo 121 recién nacidas con ese nombre
desde 2010; las Isabel, de 55,7.
Suerte parecida corren otros clásicos
como Pilar, con una media de edad de 61,5 años y prácticamente
desaparecidas entre las recién nacidas.
La excepción: María. La media de edad está en los 40 años y en 2014
fue el segundo nombre más popular para las niñas, después de Lucía.
2. Clásicos sobrios
Otra opción que se tiene en cuenta es la de los nombres que, siendo
clásicos, nunca han estado de moda, sin tampoco haber llegado a
desaparecer.
Tienen la ventaja de que la niña o niño no se va a
encontrar con otros cuatro o cinco compañeros de clase con el mismo
nombre, pero lo cierto es que no son divertidos ni memorables
. En esta
línea, encontramos nombres como Ana, Elena, Miguel, Andrés y Jaime.
Jaime está bien. Yo lo recomiendo.
En esta categoría se pueden añadir nombres que tuvieron su momento de
esplendor, pero que en lugar de haberse olvidado siguen siendo
moderadamente frecuentes, ya sea porque son nombres clásicos, como
Alberto (especialmente popular para niños nacidos en los 70 y 80) o
porque su momento de gloria no venía de la nada y tenían ya cierta
presencia en el padrón, como Óscar, Silvia y Eva (populares en los 70).
3. Clásicos remozados
Dolores está cada vez más en desuso: desde los años 60 se usa cada
vez menos para las niñas.
Pero está volviendo como Lola: el diminutivo
se usa como nombre en el registro y en el DNI, en una práctica que hasta
la década de los 2000 era inexistente (se llamaban Dolores, aunque las
llamaran Lola). Las mujeres (o niñas, más bien) con el nombre de Lola
tienen una media de edad de 7,9 años.
No es el único diminutivo que se usa de este modo
. Pasa con Nora (de
Honora y Eleonora) y Teo (en lugar de Teodoro o Teófilo).
Y en Cataluña
son frecuentes Biel (por Gabriel) y Quim (por Joaquim).
Y ocurre algo
parecido con las Candelas, que tienen 8,4 años de media.
Este nombre es
más popular ahora de lo que jamás fue Candelaria.
4. Los nombres de moda
En cuanto a los nombres para recién nacidas, la estrella es Lucía.
Su
media de edad es de 22,5 años y la década en la que más Lucías nuevas
llegaron fue en la de los 2000.
Pero sigue siendo popular: lleva 12 años
seguidos como el favorito entre los padres españoles.
Como está de moda, es probable que muchas familias comiencen a optar
por otros nombres, ya que no suelen gustar los que son excesivamente
comunes.
Pero aunque pueda pasar de moda en unos años, tiene la ventaja
de que no viene de la nada: se trata de un nombre tradicional, igual que
Paula, Sara y Sofía, que también están entre los diez más populares de
2014.
Pueden correr una suerte similar a Silvia o a Ana y mantenerse
durante décadas sin caer en el olvido.
No pasa lo mismo con las Danielas (media de 13,7 años), Carlas
(10,7), Valerias (9,1) y Albas (14,2). Estos nombres se han puesto de
moda en los últimos años pero que es posible que reduzcan su frecuencia
en el futuro sin quedarse como clásicos, al carecer de tradición en
España.
Un caso particular es Martina, que casi desapareció en los 80, pero
merece la pena mencionar que antes de los años 70 era algo más
frecuente.
En el caso de los nombres de niño, destaca Hugo, que es el único de
entre los diez más populares en 2014 que no podemos considerar (más o
menos) clásico.
En el gráfico se ve que hasta los años 2000 no se usaba
apenas y antes de los años 70 era prácticamente inexistente.
Eso sí,
sigue creciendo: entre 2010 y 2014 se ha escogido más de 20.000 veces,
frente a las 30.000 de toda la década anterior.
Lleva dos años como el
nombre más escogido y en 2012 ya fue el segundo favorito.
La media de
edad de los Hugo es de 8,8 años.
Podemos comparar el gráfico con los datos de Daniel, Pablo y
Alejandro, los siguientes nombres más populares en 2014. A pesar de que
han registrado incrementos en los últimos años, este crecimiento lleva
sosteniéndose desde los años 60
. Daniel lleva en aumento desde los años
70 y estable desde los 80 (con unos 60.000 Danieles nuevos cada año).
Pablo casi ha duplicado su número en la década de los 2000
. Alejandro
llegó a su pico la década pasada y está cayendo, pero en los años 70 y
80 también era de los favoritos.
5. ¿Alguien se acuerda de Vanessa y de Jonathan?
El peligro de seguir las modas en los nombres se ve muy claro en los
gráficos de Jéssica, Vanessa, Jonathan y Kevin.
Un pico de popularidad
para luego caer en el olvido, aunque Jonathan y Kevin están aguantando
mejor.
De hecho y si no hay recuperación en los próximos años, la media
de edad, que está en los veintitantos, se irá desplazando hasta que
estos nombres, que ahora nos suenan juveniles, pasen a ser típicos de
personas mayores.
En unos años, Vanessa podría sonarnos como Josefa.
Por ejemplo, solo hubo siete Jéssicas en toda la década de los 50 y 20 Vanessas en los años 40 y 50 juntos. Antes, nada.
Es decir, vienen casi de la nada y crecen muy deprisa, para luego
caer.
Además de los ejemplos que ya hemos mencionado, vemos una
tendencia parecida en nombres como Jimena, Noa, Enzo, Leo y Gael, que
están en esa primera fase de la curva
. El hecho de que no tengan casi
antecedentes (a pesar de que Jimena es un nombre ya usado en la Edad
Media) hace pensar que pueden correr destinos similares.
Sobre todo si
tenemos en cuenta que Leo se está popularizando por Leo Messi y en el
caso de Gael influye la popularidad del Gael García Bernal (más sobre la
influencia de los famosos en unos cuantos párrafos).
(Los datos de la década de 2010 son hasta 2014).
Algunos de estos nombres se importan: por ejemplo, Jennifer estuvo de moda en Estados Unidos entre 1965 y 1985, justo antes de que comenzara su temporada de éxito en España.
No solo pasa con nombres anglosajones. Lorena viene del
francés, como sabrán muchas Lorenas nacidas en la década de los 80
.
Entre 2010 y 2014 apenas nacieron unas 1.200 nuevas Lorenas.
. Al parecer, no tendría relación ni con Izani, nombre vasco medieval, ni con el verbo izan,
que en euskera significa 'ser'. Lleva dos años entre los 20 nombres más
populares para recién nacidos. Los Izanes tienen una media de 5,3 años.
Hubo menos de 500 en los años 90 y ninguno antes.
En los 2000, más de
10.000. Y entre 2010 y 2014, casi 7.500.
6. La influencia de los famosos
En Freakonomics ponen en duda que escojamos nombres de
famosos para nuestros hijos. Según los autores del libro, Steven D.
Levitt y Stephen J. Dubner, muchos padres optan por el nombre de sus
hijos siguiendo un componente aspiracional, pero tomando sobre todo
ejemplo de otras familias acomodadas que escogen los mismos nombres para
sus hijos
. Cuando este nombre llega a su pico, se empieza a abandonar
paulatinamente.
En opinión de los autores, esto ocurrió, por ejemplo, con Britney
Spears: ella era otra Britney que seguía esta moda y no la que marcó
esta tendencia.
De haber nacido antes, quizás se habría llamado
Jennifer.
Como contraejemplo, los autores recuerdan las pocas niñas
bautizadas como Madonna en los años 80 o 90.
En España podríamos citar un ejemplo similar: Marc Márquez,
nacido en 1993, es consecuencia de la moda de los Marc en Catalunya y
no al revés.
Que Chenoa pase de 0 a
265 en unos años (solo en la década pasada) es significativo, sin duda,
pero hay mil veces más Lauras, que es el nombre real de Chenoa. Lo
mismo se puede decir de las casi 500 Shakiras también de los años 2000.
De todas formas, hay casos en los que se deja notar la
influencia de las celebridades: Ana Belén no fue una de las 151 niñas
con este mismo nombre nacidas en la década de los 50: su nombre es María del Pilar
. Lo cambió en 1965 para la película Zampo y yo.
En esta década ya hubo 2.492 niñas con este nombre, aunque el boom
llegaría en los años 70, que suma más de 32.000 Ana Belén nuevas. Por
cierto, con Victor Manuel pasa algo parecido, pero a menor escala.
Otro ejemplo: la canción Noelia, que es de 1972.
Esa década
justo llega el boom de las Noelias y de forma exagerada: en toda la
década de los años 60 solo hubo 57 recién nacidas con este nombre.
Y no,
Nino Bravo no le cantaba a ningún bebé, sino a Miss Europa 1970.
Por supuesto, una canción de éxito no basta: Penélope,
de Serrat, también fue un exitazo, pero llegó unos años más tarde del
ligerísimo boom del nombre, que nunca dejó de ser minoritario ni con
ayuda de la canción.
Aunque hay casos que dan muestra de su influencia,
como ocurrió con los padres de Penélope Cruz: esta era una de sus canciones favoritas.
En el caso de los niños, manda más el fútbol que la lírica.
Ya hemos mencionado a Leo, nombre que crece en popularidad con la
llegada de Messi al Barcelona. Eso sí, hay pocos Lionel, que es el
nombre completo del jugador.
También asoman unos cuantos Thiagos (casi
un millar desde 2010, incluido el hijo mayor de Messi, nacido en 2012).
Pero quizás el caso más claro sea el de Iker, sobre todo si tenemos en
cuenta que es un nombre vasco que se ha extendido por toda España.
(Los datos de la década de 2010 son hasta 2014).
Aunque no es el único nombre vasco popular fuera de Euskadi y Navarra. Por ejemplo, Unai (que por cierto significa vaquero)
está bastante extendido.
De hecho, en Barcelona y Madrid nacieron en
2014 más Unai que en Euskadi y Navarra. Se puso de moda ya en los 2000 y
su media de edad es de unos 15 años.
7. Los nombres de la tierra
También hay nombres que son más populares en algunas comunidades
autónomas que en otras. No solo por las traducciones, como ocurre con Pau y Pablo, o Marc y Marcos en Cataluña y en España. También influyen, por ejemplo, los patrones:
Santiago: muy popular en Galicia y también en León.
Almudena: Madrid, aunque también Castilla-La Mancha y Extremadura.
Pilar: Aragón, pero también Cuenca y Albacete.
Jorge: Aragón (y Jordi en Cataluña, claro).
Además de eso, podemos detectar ciertas tendencias territoriales. Para ellos:
Joel: es popular en Cataluña, Valencia y Galicia.
Alonso: Castilla la Mancha y Extremadura.
Iker: además del País Vasco, es frecuente en Guadalajara, Tarragona y Castellón.
Álvaro: es un nombre habitual en la meseta, pero también en Sevilla.
Antonio: Andalucía.
Daniel: se lleva sobre todo en Madrid, además de La Mancha, Teruel y Zaragoza.
Martín: en Galicia.
Eric: en Cataluña y Valencia, en claro ascenso, por cierto.
Y para ellas:
Marta: muy popular en Cataluña. Igual que Martina (aunque tienen orígenes diferentes).
Abril: también en Cataluña.
Lucía:
aunque está muy repartido, al ser muy popular, tiene éxito
especialmente en el norte, mientras que en Cataluña y Valencia no se
estila nada. Igual que otros nombres de moda, Hugo y Adrián. ¿Asturias
sucumbe a las modas o las marca? De ser la segunda opción, no perdamos
de vista Eire. De momento solo hay 359, la mayoría nacidas en los
últimos 15 años, pero nunca se sabe.
Carmen: Andalucía, pero también Pontevedra.
Carla: Cataluña y Valencia.
Noa: Cataluña y Galicia.
8. ¿Hasta qué punto es importante el nombre?
¿Influye el nombre en nuestras vidas? ¿Es tan importante? Es probable
que esta misma pregunta se la hiciera Robert Lane, quien llamó Winner
(ganador) a su hijo nacido en 1958 y Loser (perdedor), al nacido en
1961.
A eso hay que añadir que su apellido, Lane, significa carril o
camino.
Tal y como explican Levitt y Dubner en Freakonomics, uno de
los hermanos acabó siendo detective de la policía de Nueva York,
mientras que el otro acabó en la cárcel por robo.
El policía es Loser.
El delincuente es Winner. Aunque alguno no estará de acuerdo, parece que
el nombre no fue muy acertado.
Obviamente, resulta difícil creer que ese experimento podía tener un
resultado fiable.
Nadie piensa que el ya mencionado Giovanni Hitler
simpatice con dictadores, por poner otro ejemplo, ni que su hermano
Lenin vaya a iniciar una revolución bolchevique, por mucho que hiciera
campaña por Podemos.
Aun así, las asociaciones que evocan ciertos nombres hacen que se les
solamos atribuir ciertas características a las personas que los llevan,
lo que puede influir en cómo les tratamos.
Según recoge Richard Wiseman en 59 seconds, el efecto es
escaso, pero sí hay datos que apuntan a que los nombres y apellidos que
van antes en el alfabeto suelen tener comparativamente mejores notas
(solo un poco).
El efecto psicológico de estar los primeros en la lista
parece que tiene cierta influencia.
En el caso de Inglaterra y también según los estudios citados por
Wiseman, nombres como Lucy y Sophie se consideran propios de mujeres más
atractivas por el “sonido suave y el final con la i larga", mientras
que los nombres de chicos a los que se considera más guapos suelen ser
cortos y contundentes, como Jack y Ryan. Quienes llevan nombres
asociados a la realeza (en Inglaterra) como James y Elizabeth, “se
suelen ver como exitosos e inteligentes”
. Aunque esto último igual ha
ido cambiando con el tiempo.
Es injusto, pero todos caemos en esos estereotipos.
Si alguien se
llama Borja, acostumbramos a sospechar que es un pijo, y si se llama
Eustaquio, asumimos que se trata de un señor mayor que vive en un
pueblo.
Además de eso, por mucho que nos guste un nombre jamás lo
escogeremos para nuestro hijo si conocemos a alguien que se llama del
mismo modo y nos cae fatal.
9. Vale, ¿y ahora qué?
Eso ya lo tienes que decidir tú. Puedes ponerle José o Dolores, como
los abuelos. O romper la tradición y optar por Hugo o Valeria
. Aunque a
lo mejor prefieres que no pasen de moda y optas por algo seguro, como
Daniel o Lucía. Pero puede que estos nombres te aburran y a lo mejor
prefieres un punto medio, como Teo o Lola, que son clásicos, pero no lo
parecen (o no tanto). O llámale Goku Ceferino. Si no le gusta, que se lo cambie cuando cumpla 18.
* Para que no te pierdas nada, nosotros te mandamos lo mejor de Verne a tu móvil: ¡únete a nuestro Telegram telegram.me/verneelpais!
Vaya con los nombrecitos...si llegan a ser niñas les llamarían Letizia y Carolina o de ser niñas con antecedentes ideólogicos serian ¿Kruskaya y Rosa Luxemburgo?
Kerry reclama a Moscú que cese los bombardeos en Sira contra civiles y opositores a El Asad.
El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev saluda a su homólogo francés, Manuel Valls, en la cumbre de seguridad de Múnich. Lennart PreissGetty Images
El deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente propiciadas
por crisis como la de Siria y Ucrania se agrava hasta el punto de que el
primer ministro Dmitri Medvédev alerta de un escenario cada vez más
parecido a la guerra fría que dividió al mundo durante la segunda mitad
del siglo XX. “La política de la OTAN hacia Rusia es poco amistosa y
terca.
Para ser sinceros, nos estamos desplazando rápidamente a un
periodo de una nueva guerra fría”, ha asegurado el sábado Medvédev.
El
primer ministro añadió se siente confundido, ya que, según dijo, a veces
no sabe si vive “en 2016 o en 1962”.
El duro discurso pronunciado por Medvédev en Múnich -donde este fin
de semana se celebra la Conferencia de Seguridad que reúne a un centenar
de jefes de Estado, de Gobierno y ministros- ha chocado con los
reproches hacia Moscú lanzados por buena parte de los líderes
occidentales que participan en el mismo foro.
“La inmensa mayoría de bombardeos rusos van dirigidos contra grupos
de la oposición legítimos. Esta situación debe cambiar”, dijo el
secretario de Estado de EE UU, John Kerry.
“Todos sabemos que para regresar al camino de la paz, los bombardeos
rusos contra civiles debe terminar”
, dijo el primer ministro francés,
Manuel Valls.
Su homólogo ruso, que participaba en el mismo debate que
Valls, negó la mayor.
“Pese a que todo el mundo nos esté acusando de
ello, no hay ninguna evidencia de que bombardeemos civiles.
Simplemente
es falso”, dijo Medvédev, un comentario que sorprendió a varios de los
presentes.
Medvédev ya había calentado el ambiente antes de llegar a Múnich.
En
plenas negociaciones de paz de Siria –que en la madrugada del viernes
alumbraron un frágil alto el fuego para la próxima semana-, el primer
ministro ruso había alertado en una entrevista al periódico alemán Handelsblatt
de los riesgos de caer en una “guerra permanente” o incluso mundial si
no se buscaba una solución al conflicto sirio.
En su discurso del
sábado, Medvédev pidió un compromiso para aumentar la cooperación
militar –dijo que Estado Islámico debe estar agradecido a Occidente por
no haber querido cooperar-, luchar contra el terrorismo e impedir la
desintegración de Siria.
Pese a los grandes desafíos a los que se enfrenta el mundo, Kerry
quiso ser optimista en su discurso en Múnich.
El jefe de la diplomacia
estadounidense cree que ahora se ha abierto la posibilidad para detener
la guerra en Siria.
“Espero que esta semana pueda ser de esperanza. Este
es el momento.
Las decisiones de los próximos días y semanas pueden
acabar la guerra en Siria", aseguró.
La artista recuerda los espacios de su infancia, sus lugares de trabajo y recomienda restaurantes.
Lolita en la azotea del Teatro La Latina. Bernardo Pérez
1. María de Molina. Ahí, en el número cinco, está la
casa donde crecí.
Mi madre tenía un piso en un edificio donde vivían
grandes artistas como Marisol o Isabel Garcés. Yo llegaba del colegio,
soltaba la cartera, y me iba corriendo a ver a Marisol.
Ahí nació mi
hermana y vivimos hasta que nos fuimos a La Moraleja. Ahora ya son todo oficinas. 2. El Viso. Un barrio emblemático de mi infancia
porque iba al Liceo Anglo Español y frecuentaba toda esa zona. Recuerdo
que por allí abrieron la primera cafetería Vips de Madrid, que era muy
chiquitita. Hacía allí la vida.
3. Goya. Yo era mucho de ir a la cafetería
California 47 durante mi adolescencia a comer tortitas con nata y
chocolate.
Tenía amigas en la zona, y luego nos íbamos al cine Carlos
III, donde una vez me colé a ver La gata sobre el tejado de zinc porque era menor de edad.
Ahora donde estaba el cine hay un espacio de ocio gastronómico, Platea Madrid. 4. Teatro español y alrededores. Al Español le estoy muy agradecida porque me dio la oportunidad de interpretar a la Colometa en La plaza del Diamante
y todavía sigo con ello, un año y pico después. Allí debuté, con mucho
miedo, pero fue muy bien.
Me gusta la plaza de Santa Ana, El Callejón,
de amiga Dolores, también gitana, el Viva Madrid, la calle del Príncipe
donde tuve mi primer modisto de jovencita... 5. Teatro La Latina. Aquí vine a ver muchas veces a
Lina Morgan, mi madre trabajó aquí y luego yo misma.
Y tuve el honor de
que Lina viniera a vernos con la primera temporada de Sofocos, que hice con Paz Padilla, Fabiola Toledo y Ana Hurtado (Plaza de la Cebada, 2). 6. Tirso de molina y alrededores. Por ahí están
algunos sitios de flamenco y de copitas que solía frecuentar, aunque
ahora ya no salgo mucho: el Candela, Casa Patas, Cardamomo, el
Burladero. También solía salir en los 80 por el Mau Mau, en el
Eurobuilding, o por Chueca, cuando despuntó en los 90. 7. Floren Domezain, el Rey de las Verduras. Todo lo
que comes en este restaurante es ecológico, de su huerta, y todo está
hecho muy sano, en un lugar muy agradable, bonito, casero, moderno,
donde te sientes bien.
Es imprescindible probar las alcachofas, los
cardos, la ensalada de tomate (Castelló, 9). 8. Casa Lucio. Los huevos fritos, claro
. Conocí a
Lucio cuando tenía El Chotis, y mi padre nos llevaba a toda la familia a
comer la carne a la piedra
. Cuando abrió Casa Lucio
seguimos yendo todas las semanas. Lucio es Madrid. Si vienes a esta
ciudad y no vas a su restaurante es como si no visitases el museo del
Prado.
Lucio es el oso y también el madroño (Cava baja, 35). 9. Teatro Bellas Artes. Será mi casa durante los próximos tiempos, pues estaré dos meses con La Plaza del Diamante.
En ese teatro vi a grandes actores, he cantado y he visto actuar por
primera vez a mi sobrina Alba Flores, que ahora está a tope.
También me
gusta frecuentar el Círculo de Bellas Artes, que tiene esa cafetería
maravillosa (Marqués de Casa Riera, 2). 10. Mi casa. Mi sitio preferido, junto con Caños de
Meca y Marbella.
Mi casa es el descanso del guerrero, porque viajo
muchísimo, y ahí es donde disfruto del amor de mis hijos.
Y también mi
espacio creativo, en el que veo series, pinto y escribo canciones,
pensamientos y todo lo que se me ocurre
. Me lleno de energía, de paz y
de amor.