Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

12 feb 2016

El lado ecléctico de Desigual................................................ Sandro Pozz

La firma de moda española da el pistoletazo de salida a la Semana de la Moda en Nueva York.


Una modelo luce una creación de la marca española Desigual. EFE
Desigual dio el pistoletazo de salida a la Semana de la Moda en Nueva York invitando a la mujer a crear su propio estilo a partir de diferentes influencias. No podía ser de otra manera en la metrópoli más abierta del mundo.
 La firma de moda española presentó así ante el público diverso de la ciudad de los rascacielos una colección ecléctica, que evoca a una joven urbana con un gusto multiétnico y multicultural.

Una modelo luce una creación de la marca española Desigual. EFE
Desigual dio el pistoletazo de salida a la Semana de la Moda en Nueva York invitando a la mujer a crear su propio estilo a partir de diferentes influencias. No podía ser de otra manera en la metrópoli más abierta del mundo. La firma de moda española presentó así ante el público diverso de la ciudad de los rascacielos una colección ecléctica, que evoca a una joven urbana con un gusto multiétnico y multicultural.
Uno de los bolsos presentados por la firma. WireImage
Las prendas están, de hecho, inspiradas en las grandes ciudades míticas, pasadas y presentes. Espacios en los que sus gentes vienen de diferentes orígenes y crean gracias al intercambio de ideas una nueva realidad.
 La mujer del siglo XXI, en concreto, se nutre de esa riqueza para expresarse con un estilo muy personal, mezclando piezas de diferentes épocas, culturas y regiones del mundo.
Los modelos eran así la vez bohemios y sofisticados, que combinaban múltiples estampados geométricos sobre una paleta de colores neutros y distintos tejidos, desde el terciopelo al cuero.
 La colección para la próxima temporada Otoño-Invierno 2016 está cargada de texturas y puso mucha fuerza en abrigos largos que contrastan con faldas muy cortas.
 Todos estructurados para respetar la silueta natural.

Modelos lucen creaciones de la marca española Desigual. EFE
Desigual hace en esta colección un uso muy creativo de la prenda vaquera.
Es un recurso muy retro, que combina con bordados, encajes, detalles hindúes y múltiples accesorios. Es una colección, como señalan desde la marca, que traduce el espíritu libre propio de la filosofía de la firma, donde la creatividad se ve como un estilo de vida.
Se consigue crear una colección muy versátil.
 Así es la sociedad moderna.
 La colección de Desigual tiene una fuerte carga retro.
 Aunque ningún diseñador lo dice en voz alta, la muerte de David Bowie va a dejar huella en esta edición de la Fashion Week.
No solo porque fuera una de las figuras más relevantes de la urbe. Su recuerdo reconoce la influencia de los años Setenta en el mundo de la moda.
 La pasarela de Nueva York es la única por la que va a desfilar esta colección de Desigual.
Esta vez el protagonismo no se lo llevaron modelos estrella como en pasadas ediciones, sino el fascinante collage cultural en el que se convierten las prendas femeninas más sofisticadas
. Al evento acudieron celebridades como Alejandra Silva, novia de Richard Gere, Vega Royo Villanova, o Diane Pernet.

 

El argentino que se hizo querer de todos............................................ Gabriel García Marquez.

Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar.
 Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión, y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados.
A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en qué momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz
. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas.
Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk.
 No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas.
 Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible.


El argentino que se hizo querer de todos

. Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles
La noche de Mantequilla Nápoles.
 Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ése el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios.
 Fue otra experiencia deslumbrante.
 Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aun para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo.
Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también los que mejor lo definían
. Eran los dos extremos de su personalidad
. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen, sentido de otros tiempos.
 En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más impresionante que he tenido la suerte de conocer.
Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos
. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta centavos, entre peloteros mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande.
 Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del Boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición.
Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón.
Años después, cuando ya éramos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a sí mismo en uno de sus cuentos mejor acabados -El otro cielo-, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina.
Como si lo hubiera hecho frente a un espejo, Cortázar lo describió así:
"Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija, la cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y rehúsa dar el paso que lo devolverá a la vigilia".
 Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera recibido una interpelación semejante.
 Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor.
 Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo.
En las muchas veces que n os vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez.


Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias.
 Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción.
 Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo.
Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estarse muriendo otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte.
Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios.
 Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. En alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse.
 Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elegías por Julio Cortázar.
Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.
Copyright 1984. Gabriel García Márquez - ACI.


El creador de angustia......................................................................... Gregorio Belinchón

Jeff Nichols presenta en la Berlinale ‘Midnight Special’, un drama de ciencia-ficción que protagoniza Michael Shannon, su actor fetiche.

 

Enviado especial a Berlín
La actriz Kirsten Dunst firma autógrafos ayer, en el Festival de Berlín. AFP
Hay pocos cineastas estadounidenses indies que generen tanta expectativa en el mundo festivalero como Jeff Nichols (Little Rock, Arkansas, 1978). Muy poca gente vio su primera película, Shotgun stories (2007), en la que brindaba el primer papel protagonista a Michael Shannon, secundario que iba escalando posiciones en Hollywood.
 La segunda, Take shelter (2011), fue otra cosa: una impagable carta de presentación de un cineasta que sabía cómo generar angustia en el espectador.
 Al año siguiente, Mud, su canto de amor a Mark Twain, incidía en su talento: crea atmósferas, saber escribir historias, exprime a los actores.
 Con tres películas, Nichols se colocaba entre los elegidos.
 
La actriz Kirsten Dunst firma autógrafos ayer, en el Festival de Berlín. AFP
Hay pocos cineastas estadounidenses indies que generen tanta expectativa en el mundo festivalero como Jeff Nichols (Little Rock, Arkansas, 1978). Muy poca gente vio su primera película, Shotgun stories (2007), en la que brindaba el primer papel protagonista a Michael Shannon, secundario que iba escalando posiciones en Hollywood.
 La segunda, Take shelter (2011), fue otra cosa: una impagable carta de presentación de un cineasta que sabía cómo generar angustia en el espectador.
 Al año siguiente, Mud, su canto de amor a Mark Twain, incidía en su talento: crea atmósferas, saber escribir historias, exprime a los actores.
 Con tres películas, Nichols se colocaba entre los elegidos.
Así que Midnight Special era una película muy ansiada en el concurso oficial de la Berlinale
. Y más cuando se escuchaba que era la historia de un padre (Shannon) y su hijo, un niño con superpoderes, que huían de una secta y del FBI hacia un encuentro misterioso.
 A Nichols le ha costado porque, según contaba ayer en Berlín, se le atragantó el guion: “Es una combinación de experimentos, una mezcla de personajes e historia
. Del primer libreto decidí quitar mucha información, y así es como sentí que empezaba a funcionar, aunque me estaba jugando que el público se perdiera.
 En mi equipo algunos lo entendieron, otros no.
 Creé una regla: ningún personaje podía hablar con otro de algo que ambos ya supieran”.
 Efectivamente, en Midnight Special el público construye el puzzle poco a poco, sin que haya ninguna reiteración en los diálogos.
 “Más aún, decidí que, como es un viaje, una road movie, quien se quedara atrás desaparecería y no volveríamos a saber de él”.
 Por eso, alguno de los rostros famosos del reparto (junto a Shannon, Joel Edgerton, Sam Shepard, Adam Driver, Kirsten Dunst y un niño sorprendente, Jaeden Lieberher) no vuelven tras sus apariciones al inicio de la trama, y otros no llegan a la pantalla hasta el tercio final del metraje.

Este cambio de técnica generó su cuarto filme: “Es la culminación de una narrativa en la que yo me he estado debatiendo toda mi carrera
. Eso en el estilo, porque la idea inicial arrancó cuando me pregunté qué significa ser un padre”. Soterradamente, su película ilustra los lazos paternofiliales de forma contundente, sin ambages moralistas.
Un padre matará si con eso salva a su hijo, y no hay dudas que valgan. “Cosa de la genética”, asegura Shannon.

En Midnight Special, Nichols vuelve a un género que apuntaba, solo apuntaba, en Take shelter: la ciencia-ficción.
“Reconozco que es solo envoltorio, porque me interesa más la parte emocional”,
apuntaba ayer en la Berlinale. “Sin embargo, en ese género hay un sentimiento que valoro mucho: que todo puede pasar, que nadie puedo contralar la acción, como le pasa al padre de mi filme
. Ese miedo al descontrol es muy interesante”.
Nichols confesó ante la prensa otra motivación para escribir sobre la paternidad:
“Mi esposa y yo pasamos un terrible momento cuando mi hijo de un año entró en convulsiones febriles.
Lo llevamos corriendo al hospital, pensando que se moría.
 Se recuperó, pero aquello me hizo darme cuenta que cualquier cosa puede pasar, que yo no puedo controlarlo todo”. De fondo, el principal lastre de Midnight Special, sus obvios referentes.
 “Crecí viendo E. T., el extraterrestre, Encuentros en la tercera fase, las película de John Carpenter… Es curioso cómo emanaban de ellas el misterio. Spielberg es un maestro complementando misterio y arte”.
Sobre su relación con Nichols, Shannon contó, primero de broma, que más que apelar a la figura de su padre o de su hermano mayor, parecía más bien “su profesor de guardería”
. Y más en serio, confesó: “Coincidimos de una manera casi mística”. Para el director: “Hay un actor adecuado para cada papel.
 Solo tienes que estar atento, y verlo venir en las pruebas, no cerrarte a lo previamente escrito”.
Ahora el protagonista es Edgerton, que en Berlín habló maravillas de Nichols como persona y como cineasta, y Shannon queda en segundo plano
. En ese amor también habrá angustia.
Nichols ya ha rodado su quinta película, Loving (Midnight Special ha necesitado mucho tiempo de posproducción por los numerosos efectos digitales), que cuenta la historia de los Loving, una pareja interracial que acabo en 1958 en Virginia en la cárcel por el simple hecho de casarse.

Makoke, la mayor enemiga de Javier Tudela

Con su defensa desnatada, la pareja del televisivo Kiko Matamoros, no hace más que potenciar la imagen de hedonista malcriado y sin recursos que proyecta el joven dentro de la casa.

 Foto: Javier Tudela y Makoke (Imagen Twitter)
Javier Tudela y Makoke (Imagen Twitter)


Makoke, que pese a tener una carrera propia en televisión es conocida por el gran público por su relación sentimental con el televisivo Kiko Matamoros, se ha convertido en la peor defensora de su hijo.
 En su mayor enemiga. Javier Tudela proyecta la imagen de joven hedonista cuyos únicos esfuerzos diarios están dedicados a cultivar su figura.
 Una figura que no dista en nada de la de cualquier 'musculoca' de gimnasio y que se ve coronada por un rostro de los tantos que se ciñen a los cánones occidentales de belleza adolescente pre-Interne
t. Su guapura común desierta de exótica combinación, no es, por tanto hoy, un valor, porque la belleza lo es, como lo es la inteligencia o la naturalidad.
Tiempo de lectura2 min
Makoke, que pese a tener una carrera propia en televisión es conocida por el gran público por su relación sentimental con el televisivo Kiko Matamoros, se ha convertido en la peor defensora de su hijo. En su mayor enemiga. Javier Tudela proyecta la imagen de joven hedonista cuyos únicos esfuerzos diarios están dedicados a cultivar su figura.
Una figura que no dista en nada de la de cualquier 'musculoca' de gimnasio y que se ve coronada por un rostro de los tantos que se ciñen a los cánones occidentales de belleza adolescente pre-Internet
. Su guapura común desierta de exótica combinación, no es, por tanto hoy, un valor, porque la belleza lo es, como lo es la inteligencia o la naturalidad.
Javier Tudela (Twitter)

 Su personalidad, diseñada para entrar en 'Gran Hermano VIP', desprende el mismo tufo a fingido que su envoltorio
. Gruesas pinceladas de acuarela -para dibujar sobre el papel un secundario de perfil medio bajo e impermeable al comentario ajeno- que esconden sus escasas capacidades.
 Un boceto de niño bien educado que no arremete contra los contrarios así le toquen a su madre, que, por norma general, hasta que uno tiene hijos es a lo que más quiere.
 Para el retrato de Javier, su autora -que no es otra que su mamá- ha diluido poca pintura en mucho agua y tan mala mezcla nos ha permitido descubrir las pinceladas cobardes y faltas de recursos dialécticos que hablan de colchones de precios prohibitivos o traiciones a la que llama de vez en cuando hermana.
 Triste caricatura de un señor.
 La cara de dolorosa de Makoke
La cara de dolorosa de Makoke
Su madre resulta otra parodia, una bufonada de señora elegante y educada que lava los trapos sucios en casa o en las portadas de las revistas del corazón.
Mala actriz que exagera la cara de dolorosa ante los ataques del villano de su cuento, Diego Matamoros.
 Un papel de perfecta dama mal ejecutado que esconde una incapacidad argumental y un miedo, natural, a enfrentarse al enemigo, que por otro lado tampoco es Premio Nacional de las Letras. Makoke es insuficiente, y a su imagen y semejanza es la línea de defensa que hace de su hijo. Makoke no arremete con quién intenta morder a su cachorro y pierde el tiempo en decir que el niño hace las camas...qué poca bravura, leona
. Qué par de papeles tan mal ensayados.