A Claude Lanzmann se le ocurrió una vez decir que el Holocausto no se podía representar con imágenes reconstruidas y solo por eso se ganó un puesto en la historia del cine. Bueno, no solo por eso, pues lo dijo a propósito de su película Shoah
(1985), una obra maestra de casi diez horas que hablaba del extermino
utilizando únicamente testimonios orales . Steven Spielberg no dijo nada
cuando estrenó La lista de Schindler
(1993), quizá porque resultaba evidente que no quería abordar el tema
en cuestión, sino confeccionar otra de sus odiseas aventureras, esta vez
con un nazi perverso ocupando el lugar de sus monstruos habituales (del
tiburón del film homónimo a La guerra de los mundos o Parque jurásico)
y un alemán más o menos decente en el papel de bueno de la película
(una especie de Indiana Jones de la burocracia bélica). En cualquier
caso, estas dos propuestas representan dos extremos opuestos: por un
lado, el horror evocado; por otro, el horror
Auschwitz, 1944. Saul Ausländer (Géza Röhrig) es un deportado judío de
origen húngaro que forma parte de la Sonerkommando en este campo de
concentración.
Este grupo, al que llamaban los “portadores de secretos”,
vivía aislado del resto de los prisioneros y era forzado a trabajar
como mano de obra al mando de los nazis en la logística del exterminio.
Su tarea era limpiar los crematorios, quemando todos los cadáveres de
los judíos exterminados en la cámara de gas.
En este contexto
atroz donde ingresamos en el horror de la maquinaria de exterminio nazi,
Saul trata de salvar de las llamas el cuerpo de un joven muchacho, que
cree que es su propio hijo.
Es entonces cuando decide hacer lo imposible
para que un rabino le dé sepultura adecuada.
El hijo de Saúl
está dirigida por el debutante László Nemes y ha sido galardonada con
el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes.
El film está
protagonizado por Géza Röhrig, que también debuta como actor con este
film.
Terminaba anteayer de escribir el triunfal artículo que tantas alegrías
me ha dado (también algún que otro disgusto, a qué negarlo: la gente
puede llegar a ser supermalvada) cuando mi madre cambió de canal en la
tele del hospital y dijo: “Yo no apruebo ni acepto ni entiendo que
escribas sobre chismes, pero ya que lo haces tendrías que escribir sobre
esto”.
Levanté la mirada por encima de las gafas de culo de botella
(que sólo me pongo en presencia de mi cariñosa madre) y vi a Isabel Preysler en el asiento de Pablo Motos.
No podía creerlo: estaba más joven todavía que en la maravillosa fiesta que celebró hace unos meses Vanity Fair, cuando la confundí con Tamara (no llevaba las gafas), que fue la última vez que la vi. Pero, entonces, ¿es cierto que esas cremas suyas funcionan?
Mi amigo Txema Mirón, consultor y experto apasionado en el mundo beauty, diría que sí, pero yo tendría que verlo para creerlo.
Desconfío un poco de los efectos milagrosos de las cremas, pero no
tanto de los del photoshop.
He visto con estos ojos míos verdaderos
milagros merced a este programa informático (también bastantes
descalabros). Y ella lo sabe
. Y es que cuando la Preysler sale en una
exclusiva exige un photoshop digno de Ana Rosa Quintana en su propia revista
.
No hay otra famosa que cuide tanto su imagen como nuestra “reina de
corazones” (quedó demostrado que sigue ostentando este título: rompió
los audímetros EH como nadie lo había hecho antes: casi cuatro millones
de seres humanos).
Claro que lo de su eterna juventud no es solo cuestión de arreglos de
ordenador.
Porque cuando una la ve en persona no sabe qué edad tiene.
Lo mismo podría tener cuarenta y cinco que cincuenta. Tiene sesenta y
cuatro
. Y está tan delgada… “Mis amigas vienen un día a la
semana a ver una serie y dicen: nos vamos a hinchar. Tomamos
hamburguesas, perritos calientes, patatas fritas, tarta de chocolate,
bizcocho, de todo, absolutamente de todo, estamos todo el tiempo
comiendo…Vemos cinco o seis capítulos. Empieza ya a amanecer cuando terminamos y todo ese tiempo estamos comiendo sin parar”
Sí, claro, del Burguer King.
Dice que es cuestión de genética. Que
ella come un montón y no engorda.
Pero luego dice que tiene entrenador
personal. Y que baila en el baño.
Y en otras entrevistas ha contado que
un día a la semana toma solo piña para depurar.
Total, que lo que más me interesó fue su desayuno: Un batido detox
(una siempre está a dieta, como Alaska y como mi íntima Topacio Fresh),
pero cuando esta mañana ha llegado la enfermera y le he sugerido que me
trajera el sencillo batidito ha abierto los ojos tanto que he tenido
que decirle que era una broma. Con tod@s la comparto ahora: Zumo de lima + Brócoli + pimiento + pepino + manzana + col rizada + espinacas + calabacín = Batido energizante de la Preysler.
¡Dice que lo toma todas las mañanas!
Conclusión: que Isabel llegó a la tele después de veinticinco años y arrasó casi más que yo en mi primer post.
Hubo tuits destructivos, pero los buenos ganaron por goleada.
Y fue tan lista que se metió a todos los periodistas en el bolsillo. No
es difícil meterse a un periodista del corazón en el bolsillo. Los
periodistas del corazón son esos a los que se les insulta una media de
100 veces por semana. En cambio, ella dijo: “Gracias a ellos estoy
aquí”. Es casi, casi tan lista como su hija Ana Boyer, que ha
superado a la maestra
. Pero de Ana hablaremos otro día. Y de mi adorada
Tamara (sin duda mi preferida) hablaremos muchos días. Adoro a Tamara y a
su cabecita casi tan loca como la mía.
Ahora os dejo: está a punto de llegar mi coach, y como se entere que
no he hecho los ejercicios que me ha mandado para mejorar la relación
con mi madre verás la que me lía.
Bueno es el pelma.
¡Hasta mañana y requete gracias a todos/as los que dejasteis
comentarios! (incluido a Javier, que opinó que yo era Ángela Portero
disfrazada. ¡Haber estudiado Filología para esto!)
Con todo el cariño
Pronto no
quedará nadie que le llame Luisma. Protagoniza 'Embarazados' (hoy
estreno), prepara una zarzuela y anuncia: "El 'seso er güeno"
ampliar fotoPaco León viste chaqueta Cesare Attolini para just One y camisa Barbour. Ximena Garrigues y Sergio Moya
Ni siquiera tras el estreno de Carmina y amén
consiguió tomarse un descanso
. Paco León (Sevilla, 41 años) lleva
dentro una fuerza centrífuga que le hace salir disparado en todas las
direcciones posibles. “Soy ansiedad pura. Mis Orfidales me cuesta
descansar, porque tengo mucha prisa, muchas ganas y mucho todo”, cuenta
el sevillano, que acaba de estrenar (el 29 de enero) película como actor
(Embarazados), el 1 de abril lo hace como director (Kiki, el amor se hace)
y no sabe si luego protagonizará otro proyecto, aunque entre medias
anuncia:
“Dentro de esa voluntad de no aburrir y no aburrirme, voy a
hacer una zarzuela dirigida por Miguel del Arco, ¿cómo te quedas?
No soy
de los que espera a que suene el teléfono. Soy hiperactivo y me
autogestiono
. Cuando hay proyectos, bien, y si no, me los invento”.
ampliar fotoPaco León viste chaqueta Cesare Attolini para just One y camisa Barbour. Ximena Garrigues y Sergio Moya
Ni siquiera tras el estreno de Carmina y amén
consiguió tomarse un descanso. Paco León (Sevilla, 41 años) lleva
dentro una fuerza centrífuga que le hace salir disparado en todas las
direcciones posibles. “Soy ansiedad pura. Mis Orfidales me cuesta
descansar, porque tengo mucha prisa, muchas ganas y mucho todo”, cuenta
el sevillano, que acaba de estrenar (el 29 de enero) película como actor
(Embarazados), el 1 de abril lo hace como director (Kiki, el amor se hace)
y no sabe si luego protagonizará otro proyecto, aunque entre medias
anuncia: “Dentro de esa voluntad de no aburrir y no aburrirme, voy a
hacer una zarzuela dirigida por Miguel del Arco, ¿cómo te quedas? No soy
de los que espera a que suene el teléfono. Soy hiperactivo y me
autogestiono. Cuando hay proyectos, bien, y si no, me los invento”.
En Embarazados no hace de mujer, ni de entrañable
extoxicómano, sino de varón en las postrimerías de la treintena con unos
espermatozoides tan perezosos a la hora de enfrentarse a la paternidad
como él mismo
. De esos hay muchos.
He tenido que interpretar a una persona completamente normal, algo a
lo que no estoy acostumbrado, así que he trabajado a un nivel
interpretativo no explorado. Lo que pasa es que mi chica es una de las
guionistas, y la directora, Juana Macías, es amiga, así que ha sido un
proyecto muy familiar
. Me lo propusieron y me parecía que tenía un
temazo, todo eso de los padres tardíos, que les dan galletitas de
fructosa a sus hijos y les abren un Pinterest.
Me hace gracia que me vean como una folclórica. Vine de Sevilla a
Madrid sólo porque aquí es donde más trabajo hay. Pero, ¿conoces a mi
hermana? Si yo soy así, ella es un maricón de 50 años en el cuerpo de
una de 30
Usted mismo pasea a su hija [Manuela, de cinco años] en un carrito Bugaboo. Y a día de hoy, quien no tiene uno no es nadie.
Y sobre eso precisamente trata la película. Ojalá fuera un exitazo y
pudiésemos hacer una segunda parte, ya no sobre el embarazo sino sobre
la maternidad-paternidad en sí
. Madre mía. Hay que desmitificarlo porque
realmente es durísimo.
Por mucho que te avisen, es inevitable que
cuando te encuentras con todo el pastel pienses: “A mí nadie me había
dicho nada de esto”.
Su siguiente proyecto tras la cámara, la comedia sexual Kiki, el amor se hace, es una película de encargo. No es que ande usted a vueltas con el sexo.
Viniese de donde viniese, la iba a aceptar porque la vi como algo
cercano, interesante y que podía hacer mío. Es una película muy vital,
descarada y disfrutona, que no deja de ser una comedia romántica porque,
al final, la componen cinco historias de amor. ¿Resulta más productivo entonces tomarse el sexo en clave de humor? Aquí desde luego se trata de un enfoque nada oscuro.
Si tiene el subtítulo de El amor se hace es porque apunta en la dirección de que el sexo es el lenguaje universal que nos salva de todo. El seso er güeno.
Hay que quererse, que estamos aquí tres días, así que mejor rocémonos.
En ese sentido, el mensaje de la película es el de “haz el amor y no la
guerra”, algo bastante hippy que a mí me sigue pareciendo subversivo. ¿Y cómo ve el asunto del sexo hoy en día gracias o por culpa
de las aplicaciones para ligar? Porque está claro que las reglas del
juego han cambiado. Ahora mismo estamos como niños con juguete
nuevo, disfrutando de todos esos medios. Es verdad que ha cambiado el
ritual.
Ya no hace falta ir a un bar a echar horas para ligar, o que un
amigo haga de intermediario presentándote a alguien que cree que te
puede gustar, pero la esencia es la misma. Supongo que hay más
oportunidades.
Y a mí, si hay más interacción, me parece bueno. Si la
gente folla más, pues olé. En su inevitable comparación con Almodóvar late el retrato costumbrista. A usted no le duele España.
Siempre me acuerdo de la canción de Mecano esa de “a mi me tocó nacer
en Madrid y no es un trauma ni un orgullo para mí porque no me dejaron
elegir”.
Soy mucho de “con mi familia me meto yo, no tú”.
Y para mí, lo
más honesto es hablar de lo que tienes cerca, por eso creo que, cuanto
más particular seas, más universal resultas y, cuanto más básico, más
moderno.
No intento hacer juicios de valor sino instantáneas sociales.
Cuando me dicen que Carmina es muy española, pues pienso: “Será”. Incluso hablando, usted es mucho de esa manera de sentenciar que tienen las folclóricas. Es que me he reconciliado mucho con mis raíces a partir de las Carminas .
No es que me viniera a Madrid huyendo de Sevilla para vivir el sueño de
la capital sino porque aquí es donde más trabajo hay.
Y luego es que
hay una edad en la que uno vuelve. Cuando eres joven quieres ser todo lo
contrario de tus padres, pero llega un momento en el que dices: “No, es
que soy ellos. No es que me parezca, es que lo soy, a nivel genético,
celular
. Cómo pongo la mano, cómo hablo…”. Y eso es sano.
Pero me hace
gracia que me vea así. ¿Conoce a mi hermana [la actriz María León]? Porque si yo soy así, ella directamente es un maricón de 50 años metido en el cuerpo de una de 30. ¿Por qué ya no se traviste? Con lo guapa que salía con sus personajes de Homo Zapping.
Yo es que de mujer gano. Pero no, ya no me queda tan bien la pestaña
postiza. No me veo ya, me da mucha pereza. Además, creo que hay que
matar a los Frankenstein porque si no todavía podría estar haciendo de
Raquel Revuelta o del Luisma perfectamente.
ampliar fotoPaco León posa con traje Acne para Mini, camiseta Diesel y gafas Persol. Ximena Garrigues y Sergio Moya
Y al Luisma, ¿lo ha matado ya socialmente? Es heavy
lo que voy a decir, pero depende del nivel cultural de la gente.
Los
que sólo ven televisión me identifican con el Luisma aunque sepan que me
llamo Paco León. Y para la gente que lee revistas o va al cine soy Paco
León
. Pero no me peleo con ninguna de las cosas. Yo soy producto de la
tele y me moriré como Chanquete. Después de haber contado la historia de su familia, ¿le ronda alguna otra por la cabeza?
He abierto tantos campos que reconozco que ahora mismo no sé por dónde
tirar.
Hay tantas opciones que de repente se me hace bola. Me da mucha
nostalgia lo de la primera Carmina, la verdad, lo de trabajar el low cost ¿Ese low cost de la primera no fue un camino para poder ser más ambicioso en la segunda?
No te creas, yo volvería gustoso a aquello.
Para mí, el verdadero lujo
no es el dinero sino la libertad.
Esto me ha quedado de titular de
aplauso, ¿eh? No, lo pienso de verdad.
El auténtico lujo es hacer lo que
te dé la gana.
Yo no me puedo quejar porque lo hago en un porcentaje
muy alto, pero quiero hacerlo más.
Tengo proyectos muy chulos en mente
pero que no puedo hacer porque son muy caros o porque todavía no me dan
el crédito artístico de decir: “A este, lo que pida”. Y su familia, ¿qué tal tras la catarsis de las Carminas? Se ha naturalizado todo mucho. Primero, porque ha nacido una estrella, que es mi madre, que no te creas que está recogidita en casa. Está haciendo Allí abajo
(Antena 3) con mi hermana, acabamos de rodar un anuncio dirigido por mí
y protagonizado por ella y ahora en enero lanzamos un canal de YouTube.
“Soy vanidoso, pero voy al límite, provoco.
No soy políticamente correcto, y el gamberreo me da mucho morbo. Pero
luego soy bastante tímido.
Por eso hago cosas desde mi profesión o las
redes que en persona nunca haría
¿Y si su madre se hace más famosa que usted? Ya lo
es
. Al menos, en Sevilla. Cuando vamos juntos y nos para un fan por la
calle, este me pide a mí que les saque una foto juntos, no que salga yo
en ella.
Y hacemos sesiones fotográficas y rodajes y todo, pero siempre a
nuestra manera.
No te creas que mi madre deja de fumar en ningún plató. Es que las señoras a cierta edad son ingobernables. Eso sí que es libertad. Hablando de libertad, usted no sólo nos ha puesto en bandeja
su universo personal, sino que no tiene ningún pudor a la hora de
mostrarse en otro sentido más prosaico, el del desnudo. Se quita la ropa
muy alegremente para celebrar el aumento de seguidores en Twitter o
Instagram. Me sorprende que lo sigan considerando noticiable
porque es algo muy sano que no compromete mi libertad personal.
A mí,
como vanidoso que soy, me preocupa mucho lo que piensen de mí, pero
también quiero ser honesto
. Y en esa honestidad está el descaro y el “me
da igual”. Voy al límite, provoco. No soy políticamente correcto, y el
gamberreo me da mucho morbo
. Pero luego soy bastante tímido. Por eso
hago esas cosas desde mi profesión o las redes que en persona nunca
haría. Y todo eso sin haber sacrificado su vida privada por el camino. Es que intento ser muy generoso en un sentido para ser muy rácano en otro. Y la gente se lo consiente. Lo íntimo lo puedo hacer público, pero lo privado está en otro paquete distinto.