La infanta Cristina y su esposo, Iñaki Urdangarin, en Ginebra (Suiza). EP
El juez del caso Nóos,
José Castro, ha autorizado a Iñaki Urdangarin a vender por 250.000
euros dos pisos con plazas de garaje y trasteros que tiene en Palma a
nombre de Aizoon, la empresa que comparte al 50 % con su esposa, la
infanta Cristina.
La decisión de ordenar el levantamiento del embargo de los pisos se
produce días después de que Urdangarin presentara un escrito ante el
Juzgado de Instrucción número 3 de Palma en el que advertía del
"peligro" de que los interesados en los inmuebles pudieran haber
abandonado su interés" en adquirirlos, alegando no haber recibido
ninguna nueva notificación judicial de cara a serle autorizada la venta
de los inmuebles, valorados en 317.000 euros
."El precio de 250.000
euros, aunque ciertamente escaso, representa una oferta seria que en las
condiciones actuales es aceptable, tanto más cuando absolutamente
ninguna de las partes acusadoras ha manifestado lo contrario tras que se
diera traslado del informe de tasación", indica el juez en su escrito.
Los dos apartamentos, de 65 metros cuadrados cada uno, están ubicados
en un edificio moderno de segunda línea del paseo Marítimo, una de las
zonas más caras de Palma, a menos de un kilómetro del Palacio de
Marivent.
La compra de los inmuebles ocurrió una década atrás.
El año pasado, el juez Castro autorizó a la Infanta y su esposo a
vender su palacete de Barcelona por 6,9 millones de euros, trabado con
una hipoteca de 4,4 millones. El inmueble de mil metros cuadrados y llamado palacete de Pedralbes había sido comprado por la pareja en 2004.
El juicio del caso Nóos, que arrancó el 11 de enero con una sesión
íntegramente dedicada a las cuestiones previas en la que la infanta
Cristina se sentó en el banquillo junto a los otros 17 acusados, se
reiniciará el 9 de febrero.
Antes, el tribunal de la Audiencia de Palma
que enjuicia la presunta trama de corrupción en torno al Instituto Nóos,
deberá resolver sobre la petición de la defensa de la infanta de que se
levanten las imputaciones de delito fiscal que pesan sobre ella por la
falta de legitimación de la acusación popular de Manos Limpias para
ejercer esa función en solitario.
El pecado capital del español no es, contra lo que comúnmente se cree, la pereza ni la lujuria, sino la soberbia.
La chulería, el chulo, el sobrao, que dicen ahora los jóvenes,
siempre ha tenido predicamento en este país forjado en la prepotencia
del señorito, el arabesco barroco, el andar flamenco, el clavel reventón
entre los pechos de la chulapa o la bailaora y los desplantes taurinos
mirando a la galería del literato o del actor de éxito o del
politiquillo de tres al cuarto.
Ya en el siglo pasado, Fernando
Díaz-Plaja señaló que el pecado capital del español no es, contra lo que
comúnmente se cree, la pereza, ni la lujuria representada por aquellos
cómicos que perseguían a las turistas por las playas del desarrollismo
hispano, sino la soberbia.
Díaz-Plaja lo deducía del estudio
pormenorizado de nuestro idioma, que está trufado de frases hechas
forjadas en las barras de los bares y definitorias de nuestra concepción
moral: “Te lo digo yo y punto”,
“a mí me vas a decir…”, “pa cojones, yo”,
“tú no sabes con quién estás hablando”…
Y eso que no reparó en la propia esencia del idioma, esa que
sorprende tanto a los extranjeros, pues descubre a su luz que el español
es soberbio por definición: un español no recibe clases de nadie, se
las da él mismo (“estoy dando clases de inglés”), no necesita del
dentista (“ayer me saqué una muela”) ni del peluquero (“vengo de
cortarme el pelo”) y, ya en el colmo de la autosuficiencia, se opera él
mismo:
“El lunes me opero a corazón abierto”.
Nada de “me sacó una muela
el dentista”, “me cortó el pelo el peluquero” o “me operó un cirujano
buenísimo”
, que es como dicen en sus idiomas los extranjeros, tan
educados y tan respetuosos.
¿A quién le puede extrañar, a la vista de esa concepción del mundo, que
la arrogancia y la prepotencia no solo sean comunes entre nosotros, sino
que despierten admiración entre mucha gente, que valora en los demás
como virtud lo que a todas luces es un defecto? La psicología está llena
de tratados sobre esa patología que afecta a muchas personas, incluso a
países enteros, como es el caso del nuestro.
Lo que me sorprende a mí
es que esa patología infantil se dé entre gente mayor y presuntamente
preparada y, sobre todo, que, siendo un sentimiento reaccionario como es
(solo quien se cree más listo, más fuerte o más poderoso que los demás
los desprecia), se dé lo mismo en la izquierda que en la derecha,
incluso entre los indignados que han llegado a la política española con
la regeneración moral y el cambio como banderas. Ver a su líder hablar
en público hace dudar de que de verdad lo piense.
El ministerio público pide al torero que se abstenga de poner a su hija en situación de riesgo
El matador afirma que quien piense que la niña corrió peligro está "trastornado y chalado"
La faena de Fran Rivera con su hija de cinco meses en brazos, difundida por el torero a través de las redes sociales y causante de uno de los mayores revuelos mediáticos del año, no llegará a los juzgados
. La Fiscalía de Sevilla ha archivado el expediente, pero le ha apercibido de que "se abstenga de poner a su hija en situación de riesgo".
Fran Rivera ha acudido este jueves a los juzgados acompañado por su
mujer, Lourdes Montes, y su abogado, Joaquín Moeckel, para explicar lo
sucedido
. Rivera toreó una vaquilla con su hija en brazos durante en un acto privado,
pero difundió una foto en su cuenta de Instagram que recibió todo tipo
de reacciones.
Incluso opinó sobre esta el Defensor del Menor Andaluz,
Jesús Maeztu, quien analizó si se habían vulnerado los derechos de la
niña y remitió el caso a la Fiscalía, a la de la Junta de Andalucía, que
cuestionó que se pusiera en peligro a la pequeña. El matador de toros Francisco Rivera, declara ante los medios de comunicación. RAUL CAROEFE
A estas últimas reacciones se ha unido la Fiscalía en su recomendación, pero ha discrepado del Defensor
al considerar que no cabe actuación judicial. "Por mucho que la misma
se desarrollara en un entorno controlado por el padre, según ha
manifestado el propio progenitor, no deja de ser una situación de riesgo
innecesaria para una menor y una decisión que rechaza totalmente",
argumentó Maeztu para enviar el caso.
Sin embargo, en los entornos taurinos se sucedieron muestras de apoyo a Fran Rivera y se lanzaron a publicar fotos de matadores con menores participando de faenas.
Por contra, la consejera de Asuntos Sociales de la Junta, María José
Sánchez Rubio, replicó que "la Convención sobre los Derechos del Niño
deja claro que los hijos son nuestros pero no son de nuestra propiedad".
"Tienen sus derechos y uno de los derechos más importantes que tiene un
niño es a la integridad y a la seguridad
. Tenemos que estar los adultos
y los gobierno vigilantes para que eso se produzca", concluyó.
Rivera, a la salida de los juzgados, ha defendido que la niña "no
corrió ningún peligro". "Quien lo piense es un trastornado y un
chalado", ha afirmado. Rivera ha cargado contra el Defensor al instarle
en que se centre en cosas importantes y ha calificado la reacción en
las redes sociales como un "ataque brutal al toreo".
"Corre más riesgo mi hija cuando va en la mochilita y voy andando por
la calle, que me puedo caer de boca, que toreando", ha argumentado.
El retraso de la maternidad aboca a los interesados a tratamientos de fertilidad; un 10% no lo logra.
Gloria Labay, 51 años, es matrona.Foto: GIANLUCA BATTISTA / Vídeo: EL PAÍS TV
"Si volviera a nacer, a los 25 me pondría a tener hijos". Gloria
Labay, matrona, se enjuga las lágrimas y se suena la nariz.
Acaba de
narrar la historia de su fracaso reproductivo.
Una historia que arranca
con 38 años e incluye dos embarazos naturales, tres inseminaciones y una
fecundación con semen de donante para ser madre sola, dos fecundaciones
con ovocitos de donante para ser madre con su actual pareja, cuatro
abortos y la guinda: el fracaso en su intento de adoptar a un niño
. En
ese momento su cerebro hizo click.
Tras seis años de intentos
finalmente tiraba la toalla.
Necesitó ayuda psicológica para dejar atrás
esa etapa de su vida y abandonar el piso que se había comprado lejos
del centro de Barcelona con un cuarto para el bebé que soñaba con
acunar.
Necesitaba rehacerse. Enamorarse de nuevo de la vida.
Gloria Labay, 51 años, es matrona.Foto: GIANLUCA BATTISTA / Vídeo: EL PAÍS TV
"Si volviera a nacer, a los 25 me pondría a tener hijos". Gloria
Labay, matrona, se enjuga las lágrimas y se suena la nariz. Acaba de
narrar la historia de su fracaso reproductivo. Una historia que arranca
con 38 años e incluye dos embarazos naturales, tres inseminaciones y una
fecundación con semen de donante para ser madre sola, dos fecundaciones
con ovocitos de donante para ser madre con su actual pareja, cuatro
abortos y la guinda: el fracaso en su intento de adoptar a un niño. En
ese momento su cerebro hizo click. Tras seis años de intentos
finalmente tiraba la toalla. Necesitó ayuda psicológica para dejar atrás
esa etapa de su vida y abandonar el piso que se había comprado lejos
del centro de Barcelona con un cuarto para el bebé que soñaba con
acunar. Necesitaba rehacerse. Enamorarse de nuevo de la vida.
La edad media a la que las españolas son madres no ha hecho más que aumentar.
En 1980 era de 28,2 años. En 2014, 32,2.
Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de
mujeres de más de 35 años.
En 2012 hubo el triple de embarazos en
mujeres de más de 40 años que en 2000.
Pero todos estos datos no
muestran una cara de esta nueva realidad: el dolor de las mujeres y
parejas que se quedan por el camino.
Los que no alcanzan su sueño. Por
problemas de fertilidad. Por causas desconocidas. O porque se pusieron
demasiado tarde a intentarlo.
Gloria Labay, 51 años, es matrona.Foto: GIANLUCA BATTISTA / Vídeo: EL PAÍS TV
"Si volviera a nacer, a los 25 me pondría a tener hijos". Gloria
Labay, matrona, se enjuga las lágrimas y se suena la nariz. Acaba de
narrar la historia de su fracaso reproductivo. Una historia que arranca
con 38 años e incluye dos embarazos naturales, tres inseminaciones y una
fecundación con semen de donante para ser madre sola, dos fecundaciones
con ovocitos de donante para ser madre con su actual pareja, cuatro
abortos y la guinda: el fracaso en su intento de adoptar a un niño. En
ese momento su cerebro hizo click. Tras seis años de intentos
finalmente tiraba la toalla. Necesitó ayuda psicológica para dejar atrás
esa etapa de su vida y abandonar el piso que se había comprado lejos
del centro de Barcelona con un cuarto para el bebé que soñaba con
acunar. Necesitaba rehacerse. Enamorarse de nuevo de la vida.
La edad media a la que las españolas son madres no ha hecho más que aumentar. En 1980 era de 28,2 años. En 2014, 32,2.
Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de
mujeres de más de 35 años. En 2012 hubo el triple de embarazos en
mujeres de más de 40 años que en 2000. Pero todos estos datos no
muestran una cara de esta nueva realidad: el dolor de las mujeres y
parejas que se quedan por el camino. Los que no alcanzan su sueño. Por
problemas de fertilidad. Por causas desconocidas. O porque se pusieron
demasiado tarde a intentarlo.
La tasa de embarazo de la mujer según su edad cae irremediablement
e.
Con 25 años, hay un 25% de opciones por ciclo de lograrlo. Con 30, un
22%. Con 35, un 12%.
Con 40, un 5%. Y con 45, un 1%
. Y sin embargo,
miles de mujeres se ponen a ello cada año rozando ya edades difíciles o
imposibles. Isidoro Bruna, de la Sociedad Española de Fertilidad,
explica el por qué:
“Asumen que si su aspecto físico es bueno, también
lo será su fertilidad y creen que lo lograrán al igual que las famosas
que tienen hijos pero no explican que son fruto de la ovodonación, que
son un tercio de todas las fecundaciones que se realizan.
Es una pena
que durante sus chequeos rutinarios los ginecólogos rara vez les
informen de la caída de su reserva ovárica”.
El límite de 40 años que fija la sanidad pública para someter a una
mujer a un tratamiento de fertilidad empuja a miles de parejas y mujeres
a una de las 200 clínicas privadas que hay en el país. En torno al 3,2%
de los niños nacidos en España fueron gestados mediante técnicas de
fertilidad.
En 2013, 27.780 pacientes
se sometieron a una fecundación in vitro (con un coste medio de 4.000
euros).
Pero un 10% de ellos, según la estimación del sector, no lo
lograron.
Gloria Labay, 51 años, es matrona.Foto: GIANLUCA BATTISTA / Vídeo: EL PAÍS TV
"Si volviera a nacer, a los 25 me pondría a tener hijos". Gloria
Labay, matrona, se enjuga las lágrimas y se suena la nariz. Acaba de
narrar la historia de su fracaso reproductivo. Una historia que arranca
con 38 años e incluye dos embarazos naturales, tres inseminaciones y una
fecundación con semen de donante para ser madre sola, dos fecundaciones
con ovocitos de donante para ser madre con su actual pareja, cuatro
abortos y la guinda: el fracaso en su intento de adoptar a un niño. En
ese momento su cerebro hizo click. Tras seis años de intentos
finalmente tiraba la toalla. Necesitó ayuda psicológica para dejar atrás
esa etapa de su vida y abandonar el piso que se había comprado lejos
del centro de Barcelona con un cuarto para el bebé que soñaba con
acunar. Necesitaba rehacerse. Enamorarse de nuevo de la vida.
La edad media a la que las españolas son madres no ha hecho más que aumentar. En 1980 era de 28,2 años. En 2014, 32,2.
Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de
mujeres de más de 35 años. En 2012 hubo el triple de embarazos en
mujeres de más de 40 años que en 2000. Pero todos estos datos no
muestran una cara de esta nueva realidad: el dolor de las mujeres y
parejas que se quedan por el camino. Los que no alcanzan su sueño. Por
problemas de fertilidad. Por causas desconocidas. O porque se pusieron
demasiado tarde a intentarlo.
La tasa de embarazo de la mujer según su edad cae irremediablemente.
Con 25 años, hay un 25% de opciones por ciclo de lograrlo. Con 30, un
22%. Con 35, un 12%. Con 40, un 5%. Y con 45, un 1%. Y sin embargo,
miles de mujeres se ponen a ello cada año rozando ya edades difíciles o
imposibles. Isidoro Bruna, de la Sociedad Española de Fertilidad,
explica el por qué: “Asumen que si su aspecto físico es bueno, también
lo será su fertilidad y creen que lo lograrán al igual que las famosas
que tienen hijos pero no explican que son fruto de la ovodonación, que
son un tercio de todas las fecundaciones que se realizan.
Es una pena
que durante sus chequeos rutinarios los ginecólogos rara vez les
informen de la caída de su reserva ovárica”.
El límite de 40 años que fija la sanidad pública para someter a una
mujer a un tratamiento de fertilidad empuja a miles de parejas y mujeres
a una de las 200 clínicas privadas que hay en el país. En torno al 3,2%
de los niños nacidos en España fueron gestados mediante técnicas de
fertilidad. En 2013, 27.780 pacientes
se sometieron a una fecundación in vitro (con un coste medio de 4.000
euros). Pero un 10% de ellos, según la estimación del sector, no lo
lograron.
¿Pueden ayudar más los ginecólogos?
A la vista de que la edad media de las pacientes que pisan una
clínica privada con idea de someterse a un tratamiento para ser madres
es de 38,2 años, varios expertos de la Sociedad Española de Fertilidad
redactaron un documento para que los ginecólogos ayuden a las mujeres, a
unas edades más tempranas, abrir los ojos a la realidad.
“En 2012 les
hicimos llegar un texto con información sobre cómo informarles sobre su
reserva ovárica”, dice Isidoro Bruna, uno de los autores.
“Pero,
desgraciadamente, caló a pocos”. Bruna defiende que los ginecólogos
deberían preguntar a las mujeres en sus chequeos rutinarios si han
valorado la maternidad.
Sin embargo, Tirso Pérez Medina, Vicepresidente de la Sociedad
Española de Ginecología y Obstetricia y Jefe de Servicio del Hospital
Puerta de Hierro de Madrid, cree que el asunto es mucho más delicado.
“Les puede hacer sentir mal. Lo que sí hago es decirles que, si tienen
pensado quedarse embarazadas, no esperen demasiado para ponerse a ello”.
Laia (nombre ficticio), arquitecta y catalana, retrasó la búsqueda
del bebé.
Hasta ese momento no había parado de trabajar.
"Por la crisis
intuía que me podía quedar sin trabajo, así que esperé un poco.
Todos a
mí alrededor, incluida mi ginecóloga, me decían que 37 años no eran
tantos
. No imaginé lo que se me iba a venir encima".
Tras dos
tratamientos en una clínica privada le dijeron que sus óvulos no eran de
buena calidad y que por eso no se quedaba embarazada.
Le propusieron
una técnica que implicaba someterse a varios ciclos para obtener 10
embriones, analizarlos y transferirle los de más calidad, pero Laia y su
marido no quisieron seguir adelante. Como muchas parejas, el
sufrimiento que les causó cada intento fue suficiente para decidir
parar
. “Sé que puedo ser feliz de otras maneras”, dice Laia.
"A veces
pienso que me he rendido, pero me resulta más fácil asumirlo a la
posibilidad de que se me cierren más puertas.
Con 42 años he entendido
que hay cosas que tengo que asumir. ¿Conformista? Tal vez.
Ahora lo que
más miedo me da es el futuro, cuando sea una abuelita sin energía.
Me da
miedo imaginarme sola el día de Navidad. Qué paranoica, ¿no?".
Gloria Labay, 51 años, es matrona.Foto: GIANLUCA BATTISTA / Vídeo: EL PAÍS TV
"Si volviera a nacer, a los 25 me pondría a tener hijos". Gloria
Labay, matrona, se enjuga las lágrimas y se suena la nariz. Acaba de
narrar la historia de su fracaso reproductivo. Una historia que arranca
con 38 años e incluye dos embarazos naturales, tres inseminaciones y una
fecundación con semen de donante para ser madre sola, dos fecundaciones
con ovocitos de donante para ser madre con su actual pareja, cuatro
abortos y la guinda: el fracaso en su intento de adoptar a un niño. En
ese momento su cerebro hizo click. Tras seis años de intentos
finalmente tiraba la toalla. Necesitó ayuda psicológica para dejar atrás
esa etapa de su vida y abandonar el piso que se había comprado lejos
del centro de Barcelona con un cuarto para el bebé que soñaba con
acunar. Necesitaba rehacerse. Enamorarse de nuevo de la vida.
La edad media a la que las españolas son madres no ha hecho más que aumentar. En 1980 era de 28,2 años. En 2014, 32,2.
Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de
mujeres de más de 35 años. En 2012 hubo el triple de embarazos en
mujeres de más de 40 años que en 2000. Pero todos estos datos no
muestran una cara de esta nueva realidad: el dolor de las mujeres y
parejas que se quedan por el camino. Los que no alcanzan su sueño. Por
problemas de fertilidad. Por causas desconocidas. O porque se pusieron
demasiado tarde a intentarlo.
La tasa de embarazo de la mujer según su edad cae irremediablemente.
Con 25 años, hay un 25% de opciones por ciclo de lograrlo. Con 30, un
22%. Con 35, un 12%. Con 40, un 5%. Y con 45, un 1%. Y sin embargo,
miles de mujeres se ponen a ello cada año rozando ya edades difíciles o
imposibles. Isidoro Bruna, de la Sociedad Española de Fertilidad,
explica el por qué: “Asumen que si su aspecto físico es bueno, también
lo será su fertilidad y creen que lo lograrán al igual que las famosas
que tienen hijos pero no explican que son fruto de la ovodonación, que
son un tercio de todas las fecundaciones que se realizan. Es una pena
que durante sus chequeos rutinarios los ginecólogos rara vez les
informen de la caída de su reserva ovárica”.
El límite de 40 años que fija la sanidad pública para someter a una
mujer a un tratamiento de fertilidad empuja a miles de parejas y mujeres
a una de las 200 clínicas privadas que hay en el país. En torno al 3,2%
de los niños nacidos en España fueron gestados mediante técnicas de
fertilidad. En 2013, 27.780 pacientes
se sometieron a una fecundación in vitro (con un coste medio de 4.000
euros). Pero un 10% de ellos, según la estimación del sector, no lo
lograron.
¿Pueden ayudar más los ginecólogos?
A la vista de que la edad media de las pacientes que pisan una
clínica privada con idea de someterse a un tratamiento para ser madres
es de 38,2 años, varios expertos de la Sociedad Española de Fertilidad
redactaron un documento para que los ginecólogos ayuden a las mujeres, a
unas edades más tempranas, abrir los ojos a la realidad. “En 2012 les
hicimos llegar un texto con información sobre cómo informarles sobre su
reserva ovárica”, dice Isidoro Bruna, uno de los autores. “Pero,
desgraciadamente, caló a pocos”. Bruna defiende que los ginecólogos
deberían preguntar a las mujeres en sus chequeos rutinarios si han
valorado la maternidad.
Sin embargo, Tirso Pérez Medina, Vicepresidente de la Sociedad
Española de Ginecología y Obstetricia y Jefe de Servicio del Hospital
Puerta de Hierro de Madrid, cree que el asunto es mucho más delicado.
“Les puede hacer sentir mal. Lo que sí hago es decirles que, si tienen
pensado quedarse embarazadas, no esperen demasiado para ponerse a ello”.
Laia (nombre ficticio), arquitecta y catalana, retrasó la búsqueda
del bebé. Hasta ese momento no había parado de trabajar. "Por la crisis
intuía que me podía quedar sin trabajo, así que esperé un poco. Todos a
mí alrededor, incluida mi ginecóloga, me decían que 37 años no eran
tantos.
No imaginé lo que se me iba a venir encima".
Tras dos
tratamientos en una clínica privada le dijeron que sus óvulos no eran de
buena calidad y que por eso no se quedaba embarazada.
Le propusieron
una técnica que implicaba someterse a varios ciclos para obtener 10
embriones, analizarlos y transferirle los de más calidad, pero Laia y su
marido no quisieron seguir adelante. Como muchas parejas, el
sufrimiento que les causó cada intento fue suficiente para decidir
parar. “Sé que puedo ser feliz de otras maneras”, dice Laia
. "A veces
pienso que me he rendido, pero me resulta más fácil asumirlo a la
posibilidad de que se me cierren más puertas
. Con 42 años he entendido
que hay cosas que tengo que asumir. ¿Conformista? Tal vez. Ahora lo que
más miedo me da es el futuro, cuando sea una abuelita sin energía.
Me da
miedo imaginarme sola el día de Navidad. Qué paranoica, ¿no?".
Una de las consecuencias del inicio tardío de la natalidad es que las
mujeres gestan menos hijos que antes, otra de las causas de que en el primer semestre de 2015 haya habido más muertes en España que nacimientos
.
Pero no siempre es una decisión meditada. Cristina, 42 años, tuvo a su
primer hijo mediante tratamiento en una clínica privada.
Con 39 años
volvió al mismo sitio buscando un segundo bebé pero su reserva ovárica
no respondió. O se conformaba o intentaba una ovodonación
. "Tenía 41
años y me deprimí muchísimo. Estábamos en la playa, mi marido jugando
con nuestro hijo y yo no podía parar de llorar. Era una lucha interna
enorme".
Angustiada, buscó información en Internet como muchas otras parejas y
mujeres. Acupuntura para la fertilidad. Meditación.
Acompañamiento para
sobrellevar el estrés (como ofrece Eva Bernal,
que tuvo tres hijos tras someterse a 18 tratamientos)
. Charlas para
entender el proceso de cada miembro de la pareja… De todo lo que
encontró, a Cristina le interesó especialmente un método basado en la
alimentación que ofrece la enfermera Virginia Ruipérez.
"Me cambió la dieta por una sanísima. Ella defiende que ayuda.
Yo no lo
sé. Desde luego malo no puede ser y quería hacer todo lo que estuviera
en mi mano"
. Tras tres meses ella y su marido optaron por intentar la
ovodonación.
Pero tras el tercer fracaso, en diciembre pasado,
decidieron parar.
"Daría todo lo que tengo si me aseguraran que con un
tratamiento más lograría el embarazo, pero no puedo vivir obsesionada
por algo que no existe ni va quizá a existir".
Gloria Labay, 51 años, es matrona.Foto: GIANLUCA BATTISTA / Vídeo: EL PAÍS TV
"Si volviera a nacer, a los 25 me pondría a tener hijos". Gloria
Labay, matrona, se enjuga las lágrimas y se suena la nariz. Acaba de
narrar la historia de su fracaso reproductivo. Una historia que arranca
con 38 años e incluye dos embarazos naturales, tres inseminaciones y una
fecundación con semen de donante para ser madre sola, dos fecundaciones
con ovocitos de donante para ser madre con su actual pareja, cuatro
abortos y la guinda: el fracaso en su intento de adoptar a un niño. En
ese momento su cerebro hizo click. Tras seis años de intentos
finalmente tiraba la toalla. Necesitó ayuda psicológica para dejar atrás
esa etapa de su vida y abandonar el piso que se había comprado lejos
del centro de Barcelona con un cuarto para el bebé que soñaba con
acunar. Necesitaba rehacerse. Enamorarse de nuevo de la vida.
La edad media a la que las españolas son madres no ha hecho más que aumentar. En 1980 era de 28,2 años. En 2014, 32,2.
Actualmente el 33% de los niños que nacen en España son hijos de
mujeres de más de 35 años. En 2012 hubo el triple de embarazos en
mujeres de más de 40 años que en 2000. Pero todos estos datos no
muestran una cara de esta nueva realidad: el dolor de las mujeres y
parejas que se quedan por el camino. Los que no alcanzan su sueño. Por
problemas de fertilidad. Por causas desconocidas. O porque se pusieron
demasiado tarde a intentarlo.
La tasa de embarazo de la mujer según su edad cae irremediablemente.
Con 25 años, hay un 25% de opciones por ciclo de lograrlo. Con 30, un
22%. Con 35, un 12%. Con 40, un 5%. Y con 45, un 1%. Y sin embargo,
miles de mujeres se ponen a ello cada año rozando ya edades difíciles o
imposibles. Isidoro Bruna, de la Sociedad Española de Fertilidad,
explica el por qué: “Asumen que si su aspecto físico es bueno, también
lo será su fertilidad y creen que lo lograrán al igual que las famosas
que tienen hijos pero no explican que son fruto de la ovodonación, que
son un tercio de todas las fecundaciones que se realizan. Es una pena
que durante sus chequeos rutinarios los ginecólogos rara vez les
informen de la caída de su reserva ovárica”.
El límite de 40 años que fija la sanidad pública para someter a una
mujer a un tratamiento de fertilidad empuja a miles de parejas y mujeres
a una de las 200 clínicas privadas que hay en el país. En torno al 3,2%
de los niños nacidos en España fueron gestados mediante técnicas de
fertilidad. En 2013, 27.780 pacientes
se sometieron a una fecundación in vitro (con un coste medio de 4.000
euros). Pero un 10% de ellos, según la estimación del sector, no lo
lograron.
¿Pueden ayudar más los ginecólogos?
A la vista de que la edad media de las pacientes que pisan una
clínica privada con idea de someterse a un tratamiento para ser madres
es de 38,2 años, varios expertos de la Sociedad Española de Fertilidad
redactaron un documento para que los ginecólogos ayuden a las mujeres, a
unas edades más tempranas, abrir los ojos a la realidad. “En 2012 les
hicimos llegar un texto con información sobre cómo informarles sobre su
reserva ovárica”, dice Isidoro Bruna, uno de los autores. “Pero,
desgraciadamente, caló a pocos”. Bruna defiende que los ginecólogos
deberían preguntar a las mujeres en sus chequeos rutinarios si han
valorado la maternidad.
Sin embargo, Tirso Pérez Medina, Vicepresidente de la Sociedad
Española de Ginecología y Obstetricia y Jefe de Servicio del Hospital
Puerta de Hierro de Madrid, cree que el asunto es mucho más delicado.
“Les puede hacer sentir mal. Lo que sí hago es decirles que, si tienen
pensado quedarse embarazadas, no esperen demasiado para ponerse a ello”.
Laia (nombre ficticio), arquitecta y catalana, retrasó la búsqueda
del bebé. Hasta ese momento no había parado de trabajar. "Por la crisis
intuía que me podía quedar sin trabajo, así que esperé un poco. Todos a
mí alrededor, incluida mi ginecóloga, me decían que 37 años no eran
tantos. No imaginé lo que se me iba a venir encima". Tras dos
tratamientos en una clínica privada le dijeron que sus óvulos no eran de
buena calidad y que por eso no se quedaba embarazada. Le propusieron
una técnica que implicaba someterse a varios ciclos para obtener 10
embriones, analizarlos y transferirle los de más calidad, pero Laia y su
marido no quisieron seguir adelante. Como muchas parejas, el
sufrimiento que les causó cada intento fue suficiente para decidir
parar. “Sé que puedo ser feliz de otras maneras”, dice Laia. "A veces
pienso que me he rendido, pero me resulta más fácil asumirlo a la
posibilidad de que se me cierren más puertas. Con 42 años he entendido
que hay cosas que tengo que asumir. ¿Conformista? Tal vez. Ahora lo que
más miedo me da es el futuro, cuando sea una abuelita sin energía. Me da
miedo imaginarme sola el día de Navidad. Qué paranoica, ¿no?".
Una de las consecuencias del inicio tardío de la natalidad es que las
mujeres gestan menos hijos que antes, otra de las causas de que en el primer semestre de 2015 haya habido más muertes en España que nacimientos.
Pero no siempre es una decisión meditada. Cristina, 42 años, tuvo a su
primer hijo mediante tratamiento en una clínica privada. Con 39 años
volvió al mismo sitio buscando un segundo bebé pero su reserva ovárica
no respondió. O se conformaba o intentaba una ovodonación. "Tenía 41
años y me deprimí muchísimo. Estábamos en la playa, mi marido jugando
con nuestro hijo y yo no podía parar de llorar. Era una lucha interna
enorme".
Angustiada, buscó información en Internet como muchas otras parejas y
mujeres. Acupuntura para la fertilidad. Meditación. Acompañamiento para
sobrellevar el estrés (como ofrece Eva Bernal,
que tuvo tres hijos tras someterse a 18 tratamientos). Charlas para
entender el proceso de cada miembro de la pareja… De todo lo que
encontró, a Cristina le interesó especialmente un método basado en la
alimentación que ofrece la enfermera Virginia Ruipérez.
"Me cambió la dieta por una sanísima. Ella defiende que ayuda. Yo no lo
sé. Desde luego malo no puede ser y quería hacer todo lo que estuviera
en mi mano"
. Tras tres meses ella y su marido optaron por intentar la
ovodonación. Pero tras el tercer fracaso, en diciembre pasado,
decidieron parar.
"Daría todo lo que tengo si me aseguraran que con un
tratamiento más lograría el embarazo, pero no puedo vivir obsesionada
por algo que no existe ni va quizá a existir".
Tras el cuarto aborto, la ginecóloga de la clínica pública en la que
Gloria Labay se sometió a todos sus tratamientos, le hizo un segundo
estudio de fertilidad.
El primero había salido bien, pero en el segundo
comprobaron que su útero tenía forma de corazón (arcuato). Gloria se
quedará con la duda de si ese fue el motivo de sus abortos
. Sí sabe por
qué no le dejaron adoptar.
Cuando inició el proceso lo hizo en Nepal
como familia monoparental.
Pero muy pronto se cerraron las adopciones
con ese país por falta de controles.
Tres años más tarde le ofrecieron
abrir una nueva vía y al contar que tenía novio, le negaron la
idoneidad. "Ahora tengo 51 años", empieza la matrona.
"Diariamente por
mi profesión soy testigo del milagro de ver nacer a una criatura y es
duro comprobar que es un tren que para mí ya pasó, aunque ahora ya no
pienso en ello todos los días.
Pero hay que reinventarse. No tener hijos
también tiene ventajas, puedes disponer de tu vida como quieras, tienes
más dinero para lo que te dé la gana.
Una psicóloga me dijo que quizá
no podría ser madre, pero sí podría ser la mejor tía
. El año pasado me
fui con tres sobrinas, de 8, 6 y 4 años, a un camping.
Este año ya estoy
planeando un viaje al Pirineo catalán.
De momento tenemos feeling.
Pero lo de la maternidad será siempre mi herida de guerra".