Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 ene 2016

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La balada triste de la periodista que se disparó en directo................................................... Noelia Ramírez

Sundance estrena un documental y una película que recuperan la historia de Christine Chubbuck la presentadora de TV que se pegó un tiro durante un informativo.

La balada triste de la periodista que se disparó en directo
Fotograma de Christine, con Rebecca Hall poniéndose en la piel de la presentadora suicida.

La balada triste de la periodista que se disparó en directo

Sundance estrena un documental y una película que recuperan la historia de Christine Chubbuck la presentadora de TV que se pegó un tiro durante un informativo.

La balada triste de la periodista que se disparó en directo
Fotograma de Christine, con Rebecca Hall poniéndose en la piel de la presentadora suicida.

“De acuerdo a la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia”.
 Fue decir estas palabras y Christine Chubbuck sacó su mano de debajo de la mesa, donde escondía su revólver del calibre 38, y se pegó un tiro detrás de su oreja derecha.
 En directo, con una sonrisa torcida y mirando a la cámara.
Su cuerpo humeante cayó sobre el escritorio, la cámara que le apuntaba siguió grabando y el realizador no hizo un fundido a negro hasta pocos segundos después, pensando que todo había sido una broma de pésimo gusto de la presentadora del talkshow Suncoast Digest de la WXLT-TV de Sarasota (Florida), una cadena afiliada a la ABC.
 Chubbuck no estaba bromeando y tampoco los telespectadores que aquel 15 de julio de 1974 llamaron al 911 para avisar de que si no les fallaba la vista, acababan de ver una presentadora suicidándose en la pantalla de su televisor.
Chubbuck lo tenía todo preparado.
 Lo había escrito en una escaleta personal que desconocía el resto de su equipo.
 Tras dar un par de titulares, introduciría su suicidio en directo.
 Como una noticia más del día.
 Una intervención de lo más metódica que llegó después de un fallo técnico.
 Lo tenía por escrito, pero no le dio tiempo a decir que fallecería unas horas después en el hospital (y así fue, murió 14 horas después en el Sarasota Memorial).
 Ella sabía que para conseguir su objetivo no le valdría la espectacularidad de un tiro en la frente o en la boca.
Mejor dispararse en la nuca. Lo sabía porque se lo había contado un jefe de policía tres semanas antes, cuando realizó un reportaje sobre el suicidio para su cadena.
 Seguía las órdenes de su jefe, obsesionado con emitir noticias de “sangre y entrañas”.
Tres días antes de suicidarse en antena, Chubbuck se había pelelado con él porque cambió una de sus historias por un segmento sobre un asesinato.
 Pedían “sangre y entrañas”.
  Ella las dió en vivo y en directo. Tenía 29 años.

¿Les suena de algo esta historia? Sí, su premisa separece sospechosamente a la de Howard Beale, el ‘profeta furioso de la televisión’ que dirigió Sidney Lumet en Network, un mundo implacable un par de años después (con aquel “estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!” como mantra vital de Peter Finch).
 La película que puso en evidencia al cinismo y la tiranía de los medios de comunicación (Andrew Sorkin asegura que el guión de Paddy Chafesky ha sido el faro de su carrera) estaba inspirada en el fatal desenlace de la periodista de Ohio.
Tres décadas después de cuestionar, y de qué manera, los límites del periodismo, dos cintas recuperan ahora la historia de Chubbuck y confluyen estos días en el festival de Sundance en Salt Lake Ciky, donde se han estrenado mundialmente.
La primera es Christine, una película protagonizado con Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona) poniéndose en la piel de Chubbuck y con Michael C. Hall (Dexter) como coprotagonista.
 La segunda es Katie plays Christine, un documental de Robert Greene (Actress), en el que una actriz que interpretará a la periodista revive los últimos pasos de la presentadora.

 

La balada triste de la periodista que se disparó en directo

Sundance estrena un documental y una película que recuperan la historia de Christine Chubbuck la presentadora de TV que se pegó un tiro durante un informativo.

La balada triste de la periodista que se disparó en directo
Fotograma de Christine, con Rebecca Hall poniéndose en la piel de la presentadora suicida.
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“De acuerdo a la política del Canal 40 de brindarles lo último en sangre y entrañas a todo color, están a punto de ver otra primicia”. Fue decir estas palabras y Christine Chubbuck sacó su mano de debajo de la mesa, donde escondía su revólver del calibre 38, y se pegó un tiro detrás de su oreja derecha. En directo, con una sonrisa torcida y mirando a la cámara. Su cuerpo humeante cayó sobre el escritorio, la cámara que le apuntaba siguió grabando y el realizador no hizo un fundido a negro hasta pocos segundos después, pensando que todo había sido una broma de pésimo gusto de la presentadora del talkshow Suncoast Digest de la WXLT-TV de Sarasota (Florida), una cadena afiliada a la ABC. Chubbuck no estaba bromeando y tampoco los telespectadores que aquel 15 de julio de 1974 llamaron al 911 para avisar de que si no les fallaba la vista, acababan de ver una presentadora suicidándose en la pantalla de su televisor.
Chubbuck lo tenía todo preparado. Lo había escrito en una escaleta personal que desconocía el resto de su equipo. Tras dar un par de titulares, introduciría su suicidio en directo. Como una noticia más del día. Una intervención de lo más metódica que llegó después de un fallo técnico. Lo tenía por escrito, pero no le dio tiempo a decir que fallecería unas horas después en el hospital (y así fue, murió 14 horas después en el Sarasota Memorial). Ella sabía que para conseguir su objetivo no le valdría la espectacularidad de un tiro en la frente o en la boca. Mejor dispararse en la nuca. Lo sabía porque se lo había contado un jefe de policía tres semanas antes, cuando realizó un reportaje sobre el suicidio para su cadena. Seguía las órdenes de su jefe, obsesionado con emitir noticias de “sangre y entrañas”. Tres días antes de suicidarse en antena, Chubbuck se había pelelado con él porque cambió una de sus historias por un segmento sobre un asesinato. Pedían “sangre y entrañas”.  Ella las dió en vivo y en directo. Tenía 29 años.
christine-chubbucknoti
¿Les suena de algo esta historia? Sí, su premisa separece sospechosamente a la de Howard Beale, el ‘profeta furioso de la televisión’ que dirigió Sidney Lumet en Network, un mundo implacable un par de años después (con aquel “estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!” como mantra vital de Peter Finch). La película que puso en evidencia al cinismo y la tiranía de los medios de comunicación (Andrew Sorkin asegura que el guión de Paddy Chafesky ha sido el faro de su carrera) estaba inspirada en el fatal desenlace de la periodista de Ohio. Tres décadas después de cuestionar, y de qué manera, los límites del periodismo, dos cintas recuperan ahora la historia de Chubbuck y confluyen estos días en el festival de Sundance en Salt Lake Ciky, donde se han estrenado mundialmente.
La primera es Christine, una película protagonizado con Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona) poniéndose en la piel de Chubbuck y con Michael C. Hall (Dexter) como coprotagonista. La segunda es Katie plays Christine, un documental de Robert Greene (Actress), en el que una actriz que interpretará a la periodista revive los últimos pasos de la presentadora.
Arriba, Christine Chubbuck. Abajo, Rebecca Hall en un fotograma de la película.

Curiosamente, ahora que los grandes estudios y la televisión han optado por dar lecciones sobre el ‘buen y mal periodismo’ y las consecuencias sociales que acarrean las investigaciones del gremio (Spotlight, Truth o The Newsroom como ejemplo), el cine independiente amplía el debate mostrándonos el lado más crudo y perverso de la carroña audiovisual. 

Si en 2015 nos horrorizamos ante los límites del periodismo ciudadano psicópata a lo Jake Gyllenhaal en Nightcrawler, en 2016 toca recuperar la historia de Christine Chubbuck para replantearnos hasta dónde se puede llegar por la audiencia. Pero, ¿realmente Chubbuck quería denunciar la degradación de los medios? ¿Qué le llevo a suicidarse en antena?La hemeroteca describe a Christine como a una mujer lista, profesional, perfeccionista hasta la médula y deprimida desde hacía años

Había abandonado su Cleveland natal para mudarse a la casa de veraneo familiar de Florida y animar su carácter con el sol de la costa Este. Se intentó suicidar en 1970 con una sobredosis de pastillas.

 A sus familiares les aseguraba que, a punto de llegar a la treintena, todavía era virgen. 

Vivía con su madre y su hermano y su habitación era como la de una adolescente.

 Estaba enamorada de un compañero de cadena que mantenía un affaire con su mejor amiga, una reportera de deportes del mismo canal que, además, se iba a mudar a Baltimore. Semanas antes de suicidarse le extirparon un ovario y los médicos aseguraron que o se quedaba embarazada en un plazo de doce meses, o no podría tener hijos. 

 Su madre sabía que algo andaba mal y que las tendencias suicidas no se habían apagado, pero no quiso alertar a sus compañeros de trabajo por miedo a que la despidiesen. La cinta de su suicidio se la quedó su familia. Es el único documento que lo prueba. Ninguna cadena grabó lo que estaba pasando y recogió el testigo de lo sucedido. Era 1974. El periodismo del clickbait y el ansia de viralidad mediática, por suerte, todavía no habían entrado en escena.Arriba, Christine Chubbuck. Abajo, Rebecca Hall en un fotograma de la película.

El Gobierno del cambio.................................................................. Pablo Iglesias

"Es legítimo que el PSOE prefiera entenderse con Ciudadanos y con el PP, pero debe respetarse que nosotros nos dejemos la piel para intentar un Gobierno de progreso".

Rueda de prensa de Iglesias tras la entrevista con el Rey, el viernes.
El resultado de las elecciones del 20-D puso fin al sistema del turno en España.
 Se abrió así la posibilidad histórica de que en nuestro país haya un Gobierno que no esté dominado en exclusiva por las viejas maquinarias partidistas que se han repartido el poder durante las últimas décadas.
 Por primera vez, es posible que en España haya un Gobierno plural y progresista lo suficientemente desvinculado de las prácticas del pasado como para garantizar la aplicación de un programa de rescate social inmediato para los 100 primeros días, que lidere los cambios constitucionales que demandan los ciudadanos, que aporte soluciones democráticas y nuevas fórmulas de encaje a la crisis territorial, y que descolonice con savia nueva las instituciones.
Frente a la rumorología, a las filtraciones interesadas y al juego de sombras y medias verdades que ha provocado que la Mesa del Congreso esté controlada por PP y Ciudadanos tras llegar a un acuerdo con el PSOE, nosotros hemos hecho una propuesta clara.
 Hemos dicho que es posible que los más de cinco millones de votantes que dieron su confianza al PSOE, y los seis millones que apostaron tanto por Podemos y las confluencias en las que participamos como por IU-Unidad Popular, vean satisfecha su aspiración de que España cuente con un Gobierno plural y progresista.
No podemos fallar a esos 11 millones de votantes ni a aquellos que, bajo ningún concepto, quieren que el PP siga gobernando.
Este Gobierno del cambio sería, de hecho, uno de los Gobiernos con mayor base electoral en la historia de España, e incorporaría una tradición habitual en la cultura europea: la de los Gobiernos de coalición.
Existen enormes presiones de los grupos de poder, en España y en el extranjero, para que las viejas maquinarias sigan manteniendo el Estado en sus manos, en este caso con la connivencia de Ciudadanos, que, una vez desinflada su burbuja, se ha mostrado como el mejor aliado del proyecto gatopardiano de las élites para que todo siga igual mediante un pacto de búnker PP-PSOE-Ciudadanos
. Ciudadanos no representa ni cambio ni progreso; es más bien la bisagra para que el viejo turnismo se atrinchere y resista el impulso de la nueva Transición
. Frente al “inmovilismo pactado”, la historia ofrece una oportunidad de avance social y democrático que debe abrirse paso para alterar la correlación de fuerzas en Europa y limitar los excesos del ordoliberalismo alemán.

Lo hemos dicho muchas veces y lo seguimos pensando: no confiamos en los aparatos del PSOE, pero admiramos a sus bases y a sus votantes
. Mientras que los viejos aparatos y sus profesionales no desaprovechan ninguna oportunidad para hacer lo contrario a lo que predican, pactando con lo que ellos mismos llamaron “las derechas”, las bases socialistas simpatizan más con nosotros que con esas derechas, y saben que nuestra presencia en el Gobierno, desde la vicepresidencia hasta los ministerios estratégicos que nos correspondan, es la mejor garantía de que su partido no les vuelva a defraudar.
Fue una mala noticia el acuerdo que entregó la Mesa al PP y a Ciudadanos; no solo porque prefigura la imagen de un Gobierno a tres que no quieren las bases socialistas, sino porque va a dificultar la acción legislativa progresista en la Cámara.
 Es legítimo que el PSOE prefiera entenderse con Ciudadanos y con el PP antes que con nosotros, pero debe respetarse que nosotros nos dejemos la piel para intentar un Gobierno de progreso. Sabemos además que la mejor vacuna contra la traición, las filtraciones falsas y el doble juego es hacer a los ciudadanos testigos de lo que se dice y se hace.
 Por eso hemos invitado a Sánchez a un diálogo público y abierto a la ciudadanía, sin perjuicio de las reuniones que deban tenerse.
En las reuniones se fija el texto de los acuerdos que después deben hacerse públicos, pero en los diálogos públicos se contrastan propuestas y argumentos