Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

24 ene 2016

El Ministerio de Cultura se disculpa tras concederle una medalla a Iñaki Gabilondo "a título póstumo"




Esta mañana, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha mandado una nota para informar de la convocatoria de entrega de las condecoraciones de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
 Como es habitual, se premia "la distinción o la prestación de destacados servicios en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia y la investigación", de ahí que los nombres de los condecorados sean bastante conocidos.
El correo electrónico citaba a los asistentes al acto de este jueves 21 de enero, a las ocho de la tarde, en el claustro del Museo del Prado.
 Hasta ahí todo bien.
 El lío ha estado en la lista de premiados. La nota rezaba así:
Estimados compañeros,

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, acompañado por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, presidirá mañana jueves 21 de enero a las 20 horas en el Museo Nacional de El Prado el acto de imposición de las condecoraciones de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio.

Entre otros han sido distinguidos con estas condecoraciones las actrices Lina Morgan y Ana Diosdado (a título póstumo) o Carmen Maura, la agente literaria Carmen Balcells (a título póstumo), el periodista Iñaki Gabilondo (a título póstumo), el director de orquesta Cristobal Halffter, la comisaria Europea de Educación y Cultura Androulla Vassiliou, el que fuera director de la RAE José Manuel Blecua, el cocinero Luis Irizar, el historiador británico Henry Kamen, el fundador de la Real Academia de Gastronomía Rafael Ansón, o el jurísta Luis Díez-Picazo.
Efectivamente: el Ministerio concedía este honor a Iñaki Gabilondo… a título póstumo.
 Aunque las condecoraciones habían sido anunciadas por el Gobierno a principios de octubre y los premiados figuran correctamente en su página, en la nota ha tenido lugar esta pequeña metedura de pata
. Efectivamente, Gabilondo no solo no está muerto, claro, sino que directamente no ha obtenido tal reconocimiento.

ministerio cultura alfonso x gabilondo
Como el Ministerio ha aclarado en una nota enviada unos 10-15 minutos después (en la imagen de arriba, ambas notas) se trataba de "un error imperdonable": 
"Es a Jesús Hermida (a título póstumo), y no al periodista Iñaki Gabilondo, a quien se le ha concedido la Gran Cruz de la Orden Civil Alfonso X El Sabio", se disculpan.
Parece que para el año que viene Gabilondo se merece una medalla. Aunque sea para compensar la falsa ilusión por la no obtenida… y el mal rato.
INAKI GABILONDO

Elecciones en la era del descontento................................................ Marc Bassets

El desánimo se extiende por la clase media de EE UU. La desigualdad, el malestar con las élites y el alza de una sociedad multirracial marcarán la designación del próximo presidente.

 

¿Qué tienen que ver los suicidios y las muertes por sobredosis en Estados Unidos con el fenómeno Donald Trump? La respuesta breve: nada.
 El magnate y showman Trump anunció su candidatura a la nominación republicana a la Casa Blanca en junio de 2015
. En seguida se encaramó en lo alto de los sondeos.
El aumento de la mortalidad entre estadounidenses de mediana edad data de mucho antes, de principios de la década pasada.
Elecciones en la era del descontento
En un estudio publicado en otoño de 2015, el último Nobel de Economía, Angus Deaton, y la economista Anne Case revelaron los efectos de la epidemia de heroína y el consumo del alcohol en un segmento de población determinado: los blancos sin estudios universitarios, el grupo más golpeado por el aumento de la mortalidad.
La respuesta más larga a la pregunta del principio: mucho.
El malestar de los blancos sin estudios superiores —malestar con las élites políticas, con las desigualdades económicas, con los cambios acelerados en las costumbres y la composición étnica del país, con sus propias vidas— es un dato central en la campaña para suceder a Barack Obama en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre.
El lunes 1 de febrero, en el pequeño Estado de Iowa, arranca el ciclo de caucus (asambleas electivas) y elecciones primarias que, de ahora a junio, servirá para elegir a los delegados que en las convenciones demócrata y republicana designarán al candidato de cadapartido para la Casa Blanca.
Políticos como Trump han capitalizado la insatisfacción de la clase trabajadora blanca, según Case. “Está claro que muchos blancos americanos en este grupo demográfico sienten que están en crisis”, ha escrito Case en la publicación Quartz, “y que los candidatos, en el intento de hacerse con lo que será un bloque de votantes sustancial en 2016, están modelando sus programas electorales pensando en un público que se siente cada vez más invisible”.
El desánimo no es monopolio de los partidarios de Trump, el candidato que ha trastocado las normas del juego político con una retórica contraria a Washington, a los inmigrantes, a los musulmanes y a los jefes de su propio partido, el republicano.
 Es transversal, aunque posiblemente esté más acentuado entre los conservadores.
Trump y Sanders no tienen nada que ver.
 Pero los dos son periféricos en sus partidos y recogen el enfado del electorado
Tampoco es seguro que el desánimo sea el único sentimiento de los estadounidenses hoy. Es posible, como dice William Frey, el demógrafo que mejor ha auscultado las transformaciones de EE UU en los años de Obama, que exista una mayoría silenciosa que no comparte la angustia y el pesimismo de los ciudadanos y políticos que más se escuchan en campaña.

“Quizá haya otro grupo de personas que ahora no estemos oyendo, quizá sean más moderados”, dice Frey.
Pero ahora se oye, a la derecha, a Trump, o al senador texano Ted Cruz, que atizan el miedo a los inmigrantes y a todo tipo de angustias existenciales para EE UU.
Y, a la izquierda, el senador por Vermont Bernie Sanders desafía a la favorita demócrata, Hillary Clinton, con un discurso socialdemócrata clásico contra las desigualdades y los abusos de Wall Street.
Trump y Sanders no tienen nada que ver, ni en la ideología ni en el talante.
 Pero ambos son periféricos en sus partidos y recogen el enfado del electorado con el establishment —llámese Wall Street, Washington, medios de comunicación o aparatchiks de los partidos: instituciones impotentes para gestionar un mundo dislocado— y la indignación con el statu quo: una recuperación económica que, en las cifras, es excepcional (tasas de paro cercanas al pleno empleo, crecimiento sostenido, déficit bajo control), pero que las clases trabajadoras no han notado.
 
¿Qué tienen que ver los suicidios y las muertes por sobredosis en Estados Unidos con el fenómeno Donald Trump? La respuesta breve: nada. El magnate y showman Trump anunció su candidatura a la nominación republicana a la Casa Blanca en junio de 2015. En seguida se encaramó en lo alto de los sondeos. El aumento de la mortalidad entre estadounidenses de mediana edad data de mucho antes, de principios de la década pasada.
Elecciones en la era del descontento ampliar foto
En un estudio publicado en otoño de 2015, el último Nobel de Economía, Angus Deaton, y la economista Anne Case revelaron los efectos de la epidemia de heroína y el consumo del alcohol en un segmento de población determinado: los blancos sin estudios universitarios, el grupo más golpeado por el aumento de la mortalidad.
La respuesta más larga a la pregunta del principio: mucho. El malestar de los blancos sin estudios superiores —malestar con las élites políticas, con las desigualdades económicas, con los cambios acelerados en las costumbres y la composición étnica del país, con sus propias vidas— es un dato central en la campaña para suceder a Barack Obama en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre. El lunes 1 de febrero, en el pequeño Estado de Iowa, arranca el ciclo de caucus (asambleas electivas) y elecciones primarias que, de ahora a junio, servirá para elegir a los delegados que en las convenciones demócrata y republicana designarán al candidato de cada partido para la Casa Blanca.
Políticos como Trump han capitalizado la insatisfacción de la clase trabajadora blanca, según Case. “Está claro que muchos blancos americanos en este grupo demográfico sienten que están en crisis”, ha escrito Case en la publicación Quartz, “y que los candidatos, en el intento de hacerse con lo que será un bloque de votantes sustancial en 2016, están modelando sus programas electorales pensando en un público que se siente cada vez más invisible”.
El desánimo no es monopolio de los partidarios de Trump, el candidato que ha trastocado las normas del juego político con una retórica contraria a Washington, a los inmigrantes, a los musulmanes y a los jefes de su propio partido, el republicano. Es transversal, aunque posiblemente esté más acentuado entre los conservadores.
Trump y Sanders no tienen nada que ver. Pero los dos son periféricos en sus partidos y recogen el enfado del electorado
Tampoco es seguro que el desánimo sea el único sentimiento de los estadounidenses hoy. Es posible, como dice William Frey, el demógrafo que mejor ha auscultado las transformaciones de EE UU en los años de Obama, que exista una mayoría silenciosa que no comparte la angustia y el pesimismo de los ciudadanos y políticos que más se escuchan en campaña.
“Quizá haya otro grupo de personas que ahora no estemos oyendo, quizá sean más moderados”, dice Frey.
Pero ahora se oye, a la derecha, a Trump, o al senador texano Ted Cruz, que atizan el miedo a los inmigrantes y a todo tipo de angustias existenciales para EE UU. Y, a la izquierda, el senador por Vermont Bernie Sanders desafía a la favorita demócrata, Hillary Clinton, con un discurso socialdemócrata clásico contra las desigualdades y los abusos de Wall Street.
Trump y Sanders no tienen nada que ver, ni en la ideología ni en el talante.
Pero ambos son periféricos en sus partidos y recogen el enfado del electorado con el establishment —llámese Wall Street, Washington, medios de comunicación o aparatchiks de los partidos: instituciones impotentes para gestionar un mundo dislocado— y la indignación con el statu quo: una recuperación económica que, en las cifras, es excepcional (tasas de paro cercanas al pleno empleo, crecimiento sostenido, déficit bajo control), pero que las clases trabajadoras no han notado.
Los salarios se han estancado, las deslocalizaciones industriales han dejado ciudades semivacías en el Medio Oeste y la generación de los millenials, los nacidos después de 1980, afronta la perspectiva de ser la primera, desde la II Guerra Mundial, que vivirá peor que sus padres. Por primera vez desde principios de los años setenta, los hogares de ingresos medios ya no son mayoritarios en EE UU, según un estudio del Pew Research Center.
 El número de estadounidenses en hogares de altos y bajos ingresos supera ya al de ingresos medios, signo de una sociedad más desigual en la que la clase media —el gran motor de la cohesión social: el territorio donde la american way of life (el estilo de vida americano) podía desplegarse en plenitud— se encoge y pierde su centralidad en la vida estadounidense.
Un sondeo reciente de la revista Esquire y la cadena NBC revela que la mitad de los estadounidenses están más enojados que el año pasado y que los blancos son el grupo étnico más enfadado, más que los negros y los hispanos.
Hace unos días, en un mitin en Iowa, Hillary Clinton contó una conversación con su marido, el expresidente Bill Clinton, sobre el aumento de la mortalidad entre los blancos. Bill le dijo: “La gente siente que el sueño americano se les está escapando y están muriendo de tristeza”.
El mito del sueño americano es más reciente de lo que se piensa.
El término lo acuñó el historiador James Truslow Adams en el libro La épica de América, escrito en 1931.
 “No es un sueño simplemente de automóviles y salarios altos, sino un sueño de orden social al que hombres y mujeres pueden aspirar sin importar las circunstancias fortuitas de su nacimiento o posición”.
 El igualitarismo estadounidense no habla de igualdad de resultados, sino de oportunidades.
 La Declaración de Independencia, de 1776, no garantiza el derecho a la felicidad, sino a buscar la felicidad: el resultado depende del talento de cada uno.
 El optimismo, se dice, está inscrito en los genes de este país: desde la fundación hasta el republicano Ronald Reagan, que en 1989 se despidió de la Casa Blanca retomando las palabras del puritano John Winthrop sobre “la ciudad radiante sobre la colina”, metáfora de EE UU como faro de la humanidad.
Hillary Clinton, durante un mitin en la Universidad de Iowa.
Hillary Clinton, durante un mitin en la Universidad de Iowa. AP
Mitin del candidato demócrata Bernie Sanders en Iowa.

La imparable mengua de mi reputación............................................ Javier Marías

Alguna gente del barrio, que antes me saludaba con amistosidad, murmura un “Buenos días, caballero”.

 

Quienes siguen estas columnas ya saben que suele haber una anual sobre la imparable escalada armamentística a que me somete con sus regalos de Reyes mi colega Pérez-Reverte. 
Ya conté que en los anteriores había ascendido un peldaño, y, tras varios de cuchillos, revólveres y pistolas, se había inclinado por un arma larga, un fusil desmontable o pistola ametralladora Sten, según los pedantes términos de mi amiga y colaboradora Mercedes, que por un azar se convirtió en experta y no perdona un vocablo inexacto.
 Tanto ella como Aurora como Carme, las personas que más me ven en mi casa, se mofaron de lo lindo y me anunciaron un bazuca o un cañón para los siguientes Reyes
. Este año Pérez-Reverte, muy generoso, me amenazó con un incremento de potencia y tamaño, en efecto. (Como siempre, y para que los puritanos no pongan el grito en el cielo, conviene advertir que son réplicas perfectas, y que no disparan.)
 Le rogué que se abstuviera: los subfusiles y rifles ocupan un sitio del que carezco en mi casa, y además apelé a su ejemplo: hace unos meses AP-R me invitó por fin a su domicilio, junto con nuestro amigo Tano y el excelente periodista y poeta Antonio Lucas. 
Y, en contra de lo que yo suponía, descubrí que no le cuelgan de los techos aviones Messerschmidt ni vi la piscina invadida por submarinos.
 Es más, ni siquiera vi armas de fuego, tan sólo blancas.
 Eso sí, imponentes. Aparte de una vitrina con dagas y puñales varios, el Capitán Alatriste posee una fantástica colección de unos sesenta sables de caballería auténticos, en perfectos estado y orden. Como los tres convidados apreciamos los objetos que no callan enteramente su pasado, AP-R tuvo a bien mostrarnos unos cuantos. No sé por qué, insistía en que fuera yo quien desenvainara las piezas (quizá porque soy zurdo), y cada vez que sacaba una espada veía cómo Tano y Lucas retrocedían un par de pasos, temerosos de que mi brazo calculara mal las distancias y Una colección fantástica, ya digo.
Ni siquiera vi armas de fuego, tan sólo blancas.
 Eso sí, imponentes
Así que se avino a limitarse a las pistolas. 
Quedamos temprano en un restaurante que él frecuenta, para que no hubiera comensales que pudieran atragantarse cuando me entregara su joya, una pistola automática Colt M1911. 
Yo le correspondí, como siempre, con algo más civil, el libro The British Spy Manual, un facsímil de la guía que destinó el Ministerio de la Guerra a los comandos secretos de la Segunda Guerra Mundial, con fotos e ilustraciones de los ingeniosos utensilios de que se valían aquéllos en sus arriesgadas misiones, incluidas las herramientas mortales.
 Pero a la pistola de Reyes: fue un modelo inventado por el famoso diseñador mormón John Moses Browning, con un fin en verdad mortífero: tras la toma de las Filipinas a España en 1898, no pasaron demasiados años antes de que los líderes religiosos musulmanes del archipiélago declararan la guerra santa (la yihad, vamos) a sus “libertadores”, con la consiguiente y consabida promesa del paraíso inmediato para cuantos cayesen en combate.
 Y así surgieron los llamados “Moros de Filipinas” o “Juramentados”, guerreros tan feroces y suicidas que, armados sólo con machetes, se abalanzaban a la carrera contra los soldados estadounidenses.
 No sólo los animaba su fe, me explicó Arturo, sino sustancias alucinógenas que los hacían creerse invulnerables.
 Y en parte lo eran momentáneamente, en efecto.
 
El revólver reglamentario que utilizaban las tropas americanas era del calibre .38 long colt, cuyo “poder de parada” era escaso
. Por “poder de parada” se entiende capacidad para frenar en el acto y dejar seco al atacante
. Aquellos “Juramentados” lograban llegar con sus machetazos hasta los soldados aunque éstos les hubieran descargado las seis balas de su revólver, tal era su ímpetu. 
El ejército observó que algunos afortunados que aún poseían el viejo Colt M1873 (el clásico del Oeste, también regalo de AP-R hace unos años), de calibre .45, conseguían parar al fanático al primer tiro. 
Así que el nuevo Colt M1911 adoptó dicho calibre.
 El arma resultó tan eficaz que no fue jubilada hasta 1985, y fue empleada en las dos Guerras Mundiales, en la de Corea y en la de Vietnam, nada menos.
 Y, claro, también la usaron numerosos gangsters.
 Llegó el momento de que Arturo me enseñara su funcionamiento, y el restaurante estaba a rebosar, no era cuestión de provocar una estampida.
 Nos acercamos hasta el portal de mi casa, y allí estábamos amartillando y apretando el gatillo como dos críos de antaño o quizá dos idiotas, cuando salió del ascensor una joven que nos miró aterrorizada (ya digo que las réplicas son perfectas: de haber sido ella un policía de Ferguson o Chicago nos habría acribillado allí mismo sin preguntar, a buen seguro).
 Nos apresuramos a apuntar hacia el suelo y decirle: “No se asuste, es de mentira, no dispara”. “Menos mal”, contestó ella con nerviosismo y apretando el paso hacia la salvadora calle, casi espantada.
 En fin, no hay año en que, gracias a la generosidad de mi colega AP-R, mi reputación no mengüe.
 Es fácil que la joven haya alertado a todo el vecindario de que vive un majadero belicista en la escalera.
 No sé si son imaginaciones mías, pero empiezo a notar que alguna gente del barrio, que antes me saludaba con amistosidad, murmura un apresurado “Buenos días, caballero” y pasa a toda velocidad a mi lado
. (Lo de “caballero” debe de ser irónico.) Me preocuparé muy en serio cuando alguno me ofrezca su cartera y levante los brazos rindiéndose, antes de mediar palabra.
 

Los hijos de esos monstruos............................................................. Rosa Montero

En 2017 habrá tres millones de maltratadores en España.

A raíz del artículo que publiqué sobre el libro de James Rhodes, en el que cuenta cómo un profesor le violó de niño, he recibido la estremecedora, hermosa, brutal carta de una lectora hablando de otro tipo de abusos y otras infancias infernales: las vividas por los hijos de la violencia de género
. Que, por desgracia, son legión
. Según un estudio publicado el pasado mes de agosto y realizado por matemáticos de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), en 2017 habrá tres millones de maltratadores en España.
Esto es, tres millones de hombres entre los 16 y los 74 años habrán agredido físicamente a su pareja en algún momento de sus vidas.
La cifra se obtuvo por medio de ecuaciones y desarrollos de modelos matemáticos y parece tener una base fiable.
 Pero, aunque hubiera un error de bulto que la redujera a la mitad, seguiría siendo nauseabunda, exorbitante.
 Y sí, por supuesto, claro que también hay mujeres que ejercen la violencia sobre sus parejas e incluso madres que asesinan a sus propios hijos.
 Pero el número de casos es infinitamente menor y por eso en este artículo voy a centrarme en la agresividad masculina.
Y así fueron transcurriendo los años, sin que el odio y la maledicencia les dieran la menor tregua
Es este carácter casi endémico de la violencia de género lo que subyace tras el aterrador testimonio de A., la lectora a la que antes me he referido
A. nació en los años cincuenta en una ciudad pequeña y provinciana.
Para mayor desgracia, el brutal padre formaba parte de las fuerzas vivas
. Cuando A. y su hermana tenían 9 y 10 años, acordaron apoyar a la madre a cambio de que ésta se atreviera a separarse del verdugo.
 Al fin lo consiguió, pero eso no terminó con el infierno, antes al contrario.
 Desde que se separaron, en 1967, la madre y las niñas fueron acosadas socialmente
. Un año más tarde el padre se suicidó, y entonces el tormento arreció hasta límites indecibles:
“Nos gritaban: putas, lesbianas, no nos extraña que el padre se haya suicidado…”. A. y su hermana se convirtieron en unas apestadas; los demás niños no las hablaban.
 Les tiraban piedras a las ventanas por las noches, pateaban la puerta de su casa.
 La madre fue vigilada por la policía durante cinco años: intentaban encontrar un motivo para acusarla de inmoralidad y quitarle la pensión de viudedad.
 No lo lograron: la mujer, que antes de casarse había estado preparándose para ser monja, llevó una vida estoica y transparente.
Y así fueron transcurriendo los años, sin que el odio y la maledicencia les dieran la menor tregua. La buena sociedad provinciana mantenía la mirada fija en ellas, las escrutaba a través de la lupa de su mezquindad y sus prejuicios, esperando con impaciente afán que algún día dieran la campanada (o lo que ellos entendían por campanada), que provocaran un escándalo, que demostraran que eran en efecto unas perdidas, tal y como ellos venían vaticinando desde hacía años
. Una noche, ya cumplidos los 30, A. dio la vuelta a una esquina poco iluminada empujando un carrito de la compra y se topó con el director de una empresa de  servicios de la zona.
 El tipo alzó el brazo, la señaló y soltó una sonora y burlona carcajada.
Pero al acercarse advirtió su error y empezó a balbucear: Ah, creí que era el cochecito de un bebé… “Yo no pude ni contestarle, estaba en shock, ¿a qué venía esa risa?”.

La presión era tal que A. y su hermana llegaron a la conclusión de que no podían tener hijos porque les amargarían la vida en el colegio como se la habían amargado a ellas, los marginarían, los destruirían.
 Y, en efecto, ninguna de las dos ha sido madre.
 Otra posibilidad hubiera sido emigrar, marcharse de esa especie de Vetusta cruel
. Pero no era fácil, había responsabilidades y lazos familiares, económicos, emocionales.
Y además, ¿por qué van a tener que desarraigarse las víctimas y no toda esa gentuza que las agrede? Sólo se puede entender esta historia grotesca de acoso y linchamiento si tenemos en cuenta la aceptación y comprensión de las que el maltratador gozaba y aún sigue gozando en una parte de la sociedad.
Con todo, lo más potente y lo más bello es lo que A. me contó al final:
“Todo esto no quiere decir que, a lo largo de este proceso, nuestra vida no fuera maravillosa.
 Hemos ido a nadar en verano e invierno, hemos dado largas caminatas, incluso conseguimos trabajar y ganar un buen sueldo.
 Hemos vivido una vida paralela, una vida totalmente libre y transgresora o en ocasiones precursora”. A. incluso ha llegado a perdonar a su padre,
“pero no a la sociedad que nos machacó”.
 Claro que no todos los hijos de la violencia doméstica son tan fuertes o tienen tanta suerte: algunos incluso son asesinados por sus padres, al amparo de unos jueces que entregan a los aterrorizados críos a su maltratador.
En el caso de A., por lo menos su padre se suicidó antes de matar a su familia y no después, como suele ocurrir. Es un alivio.