Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

14 nov 2015

Un superviviente de los ataques de París: “El móvil me salvó la vida”


Un testigo de una de las explosiones en el Estadio de Francia muestra el impacto de un trozo de metralla en su teléfono, con el que estaba hablando en el momento del ataque.








Cruzaba una calle hablando con el móvil cuando le sorprendió una explosión
. Sylvestre fue testigo de uno de los seis ataques que anoche golpearon París y asegura que salvó la vida gracias al móvil.
Tras la detonación, una de las tres que tuvieron lugar en los alrededores del Estadio de Francia, en la comuna de Saint Denis a las afueras de la capital francesa, notó la metralla pasando a su alrededor, incluso algún trozo le alcanzó en el estómago, como muestra la camiseta.
 Pero la principal parte de la llevó el móvil, en el que se muestra un orificio en la parte inferior que casi lo atraviesa y llegó a romper la pantalla.
 Sylvestre está convencido de que, de no ser por el teléfono, ese proyectil le habría alcanzado en la cabeza.

“Francia será implacable”

  • El ISIS reivindica los atentados y Hollande promete castigar a los yihadistas con todos los mecanismos del Estado de Derecho
  • Las fuerzas de seguridad buscan a dos huidos tras los ataques que causaron 127 muertos y 300 heridos, 80 de ellos muy graves.
El presidente Hollande ha dicho en su comparecencia que los atentados de anoche en París constituyen "un acto de guerra del ISIS", y ha explicado que los ataques "se organizaron en el exterior, con cómplices internos"
. Al menos dos atacantes o cómplices escaparon, creen fuentes policiales. 
Cerca del Estadio de Francia, donde varios terroristas se suicidaron con explosivos, se ha hallado un pasaporte sirio y otro egipcio. 
Hay al menos un español entre los no localizados tras el ataque.

España mantiene el nivel 4 de alerta.

 

El Gobierno descarta elevar el grado de vigilancia tras los atentados de París

 

Agentes de los Mossos, en el Portal de l’Àngel de Barcelona. / Massimiliano Minocri


El Gobierno mantiene la alerta antiterrorista en nivel 4, tal como ha informado el titular de Interior, Jorge Fernández Díaz.
 Así lo ha decidido este sábado la Comisión de Evaluación de la Amenaza Terrorista, reunida en la sede del Ministerio tras la ola de atentados que sufrió París este viernes.
 Al encuentro han asistido los máximos responsables de las fuerzas policiales del Estado, que han desechado elevar de momento la seguridad al grado 5, el máximo posible y que significa que existe un "riesgo inminente" de ataque.
 "Queremos hacer un llamamiento a la calma", ha recalcado el ministro.

Fernández Díaz ha asegurado que por el momento "no hay constancia oficial de ninguna víctima española mortal en los atentados".
"En la defensa de nuestra civilización y convicciones, todos los demócratas estamos juntos. Juntos derrotaremos a los terroristas.
 La lucha por nuestras libertades será dura, pero al final siempre venceremos", ha afirmado el ministro, que ha indicado que se han reforzado nuevos "ámbitos de seguridad", pero no ha querido concretarlos por "prudencia".
 Interior ha añadido que el Ministerio de Justicia y la Fiscalía mantendrán reuniones con sus homólogos franceses; así como se incrementarán los contactos con los enlaces de ambos países en París y Madrid.
España se encuentra desde junio en el estado de alerta más alto desde los atentados del 11-M, lo que evidencia cómo la amenaza yihadista ha crecido exponencialmente en 2015
. De hecho, a lo largo del año, el Ejecutivo ha elevado el nivel en dos ocasiones. 
"El PSOE, durante los últimos meses, hemos estado en contacto permanente con el Gobierno", ha recalcado Antonio, representante de los socialistas en la Comisión de Seguimiento del Pacto Antiterrorista.
La última fue el pasado 26 de junio, cuando España aumentó la alerta al punto 4, sobre 5. El Gobierno adoptó esta decisión tras convocar de urgencia una comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista a raíz de la ola de atentados que sacudió en verano Túnez, Francia y Kuwait. Desde entonces, el Ejecutivo ha mantenido este grado de seguridad —el más alto que se fija desde el 11-M—, que se califica como de "riesgo alto".
 Pero, este sábado, La Moncloa ha estudiado si subirlo al 5. "Si tenemos que reforzar las medidas de seguridad, lo haremos", ha asegurado Mariano Rajoy esta mañana.
 ¿Y qué puede implicar este cambio? Aquí, las medidas que conllevan cada grado:
Nivel 5: “riesgo muy alto”
El Gobierno ha analizado este sábado si implantar este nivel de alerta, que supone la aplicación de medidas de "carácter excepcional"
. La normativa prevé su puesta en marcha cuando el riesgo de atentado es inminente. Permite al Ejecutivo solicitar la presencia militar en las calles, así como reforzar con soldados las infraestructuras que se consideren "objetivos estratégicos"
. Además, se puede restringir el espacio aéreo.
 Este estado de seguridad solo se contempla desde el pasado mayo, cuando entro en vigor el nuevo Plan de Prevención y Protección Antiterrorista, que fijo cinco grados de alarma (del uno al cinco). Antes solo se consideraban cuatro grados, del 1 al 4, además del denominado "riesgo cero".
Nivel 4: "riesgo alto"
El nivel 4, que se mantiene desde junio, implica un aumento de la vigilancia de las infraestructuras críticas —como aeropuertos, centrales nucleares y estaciones— y la activación de todas las fuerzas de seguridad dedicadas a la prevención, investigación e información de la lucha antiterrorista. 
Además, Interior refuerza la presencia policial en la calle.
 El Ejecutivo decidió imponer en verano este grado por tres motivos: por la cercanía de los países atacados en la ola de atentado, por la proximidad del aniversario de la proclamación del Califato del Estado Islámico y por diferentes informaciones reservadas que tenían entonces los servicios de Inteligencia.
Nivel 3: "riesgo medio"
"Se eleva el nivel siquiera sea de forma transitoria, sin que exista una amenaza concreta sobre España". Con estas palabras, el ministro del Interior anunció en enero de 2015 la subida del grado de alerta tras los ataques contra el semanario Charlie Hebdo, que pusieron en alerta a toda Europa. Además de aumentar la presencia policial —los agentes se apostan con armas largas junto a puntos sensibles, como estaciones y aeropuertos—, Interior anunció la elaboración de un plan urgente de protección de las infraestructuras críticas y ordenó a todos sus efectivos extremar las medidas de seguridad "tanto en el aspecto individual, como en el relativo a todas las dependencias policiales".
Nivel 2: "riesgo moderado"
Era el nivel que permanecía activo en España hasta enero de este año. Mientras se mantiene este grado de seguridad, la policía se centra en "asegurar un óptimo control de los posibles objetivos de atentado terrorista". La vigilancia es casi invisible para el ciudadano.
Nivel 1: "riesgo bajo"
Según la cronología del Ministerio del Interior, España estuvo en nivel 1 por última vez en 2009. 
Este estado de alerta se fija cuando solo existe una posibilidad remota de atentado. 
Se mantienen a los servicios de seguridad en "situación de normalidad". El Gobierno adopta medidas genéricas para identificar potenciales objetivos terroristas.
 

13 nov 2015

¿Quieres leer un Libro?

 

Alta temperatura dramática


"Esta novela es la cuarta y última de una tetralogía que narra las vidas y amistad de dos niñas nacidas en un barrio pobre de Nápoles a mediados del pasado siglo. Las anteriores se titulan, por orden cronológico, La amiga estupenda, Un mal nombre y Las deudas del cuerpo.
 La cuatro están contadas por una de las mujeres, Elena Greco, Lenù, lo que supone un relato retrospectivo cuidadosamente narrado por ésta desde fecha actual, principios del siglo XXI, ya no lejos de la ancianidad
. Lenù era una niña tranquila, adaptable, más pasiva que su inquieta, valerosa y dominante amiga Lila (o Lina).
 La elección de narradora es importante porque Lenù, desde su supuesta inferioridad, es una observadora privilegia del escenario que las rodea: un barrio duro, violento, empobrecido e inculto, donde las gentes son buenas y malas a la vez.
 Cuando esta cuarta novela se inicia ellas son ya dos mujeres maduras y templadas por el sufrimiento; han tenido hijos de parejas de las que se han separado, Lenù convive con un tipo que la engaña y Lila con un hombre a quien no ama, pero con quien se entiende bien, y las dos se encuentran distanciadas entre sí por acontecimientos anteriores.
 Sin embargo, su relación, por zarandeada que haya sido, sigue siendo imborrable". Por J. M. GUELBENZU


Caballero Camilleri


"Imagina una soleada mañana de domingo. Bajas a la calle y un automóvil, elegante y discreto, convenientemente pasado de moda, se detiene delante de ti.
 Una de las puertas se abre, te invita a subir.
 Lo haces, confiado. Da igual el chófer, hasta es posible que el vehículo circule sin nadie al volante. Porque lo importante es quién dirigirá la ruta, quién te explicará los sitios a los que vas a ir, a la velocidad justa, ponderada, siempre dejándote con ganas de más. Y ése no es otro que quien comparte asiento, a tu lado: Camilleri, Andrea Camilleri. Paseando una soleada mañana de domingo con el signore Camilleri. Eso y nada más que eso.
 Un paseo por un alfabeto de nombres de mujer, por ese mapa de recuerdos, personas inventadas, evocadas, fruto de los libros, de la historia, la fábula, polvo en el viento del anciano escritor siciliano. Escritos a ritmo de la voz que te explica qué se esconde tras los nombres de Ingrid, Carmen, Yolanda, Francesca, Marika u Oriana". Por CARLOS ZANÓN

Arte escondido en lo cotidiano


"Hace unas semanas, con motivo de la publicación en Argentina de su último libro, De Patagonia a México (que Adriana Hidalgo traerá a España en 2016), Hebe Uhart declaraba: “Estoy viajando mucho porque se me agotó la ficción. Me cansé de escribir cuentos o crónicas de vida cotidiana”. Puede que este agotamiento hiciera referencia a su último libro de “cuentos y crónicas de vida cotidiana”, aparecido en Argentina en 2013, pero cuya edición española publica ahora Alfaguara. Pero desde luego el lector no encontrará en
 Un día cualquiera a nadie cansado de los recursos que han dado cuerpo a su obra, sino (digámoslo ya) a una escritora en la plenitud de su maestría. Un día cualquiera lo cruzan dos fuerzas que definen bien a Uhart: cuentos de apariencia leve, pero duros bajo la superficie y concentrados en momentos de aprendizaje, y un tipo de crónica “instantánea”, zig­zagueante, que se deja sorprender por las posibles ficciones que anidan en lo cotidiano
. De hecho, puede considerarse su libro más autobiográfico y, casi, a su modo interrumpido y disimulado, pero siempre orgánico, una novela de formación". Por CARLOS PARDO
  • Foto:ALFAGUARA
  • De excursión por la España profunda


    "Las opiniones ilustres que Ferré pone al frente de su nueva novela son apócrifas, por supuesto, pero ayudan a entender cuál era su pretensión: a Rafael Chirbes no le ha gustado, pero no querría decirlo; a Juan Goytisolo tampoco, pero lo último que haría es descalificar algo tan moderno; a Fernando Sánchez Dragó le ha encantado, hasta el punto de que se cree retratado en uno de los personajes, el viejo y repugnante don Amaro: cada cual a su modo, esa es la opinión de los aguafiestas. Jordi Gracia desdeña con vehemencia esta “mascarada amarga” y piensa que “tras la incorrección política, está el cinismo”; Pablo Iglesias echa en falta “una sola idea inteligente”: son la voz de la regeneración crítica". Por JOSE CARLOS-MAYNER
  • Foto:ANAGRAMA
  • Introspección desusada


    "Owen Sheers (Fiji, 1974) creció en Gales y su primera publicación en prosa fue una no-ficción; ambas cosas lo asocian con Michael, el protagonista de Vi a un hombre, que es un exitoso “periodista de inmersión” cuando conoce a una corresponsal de guerra llamada Catherine, de la que se enamora. Catherine muere en Pakistán mientras se encuentra haciendo un reportaje y Michael regresa a Londres, a un piso prestado, a intentar superar su pérdida. Es allí donde conoce a los Nelson, que lo integran a una vida hogareña no tan idílica como parece, y es a su casa a la que entra la tarde en la que, en busca de un destornillador que les ha prestado, y al encontrar la puerta trasera abierta, destroza sin quererlo la vida de todos ellos, también la propia". Por PATRICIO PRON
  • Foto:RESERVOIR BOOKS


¿Cómo enfrentarse a la adversidad?.................................................................... Facundo Manes

El autor explica qué sucede en nuestro cerebro cuando nos enfrentamos a un peligro, un recuerdo negativo o el temor a que algo malo ocurra en el futuro.

 

'On the Threshold of Eternity', de Vincent Van Gogh (1890). / Wikimedia Commons.
Las situaciones extremas de la vida nos muestran, como si fuera a través de una lente de aumento, el comportamiento de nuestro cerebro frente a escenarios en donde se pone en juego nuestra supervivencia física o nuestra integridad psicológica.
 En estos párrafos trataremos de entender qué sucede en nuestro cerebro frente a un peligro del presente, un recuerdo negativo del pasado o el temor a que algo malo ocurra en el futuro.
Desde el momento en que somos expuestos a una situación extrema se activa un sistema muy básico, rápido y firme modelado durante cientos de miles de años, para hacer frente a lo que está ocurriendo. Este primer paso de defensa de nuestro sistema biológico es la llamada “respuesta de estrés”.
 Cuando el cerebro detecta una amenaza, se activa una respuesta fisiológica coordinada que implica componentes autonómicos, neuroendocrinos, metabólicos y del sistema inmune.
 El organismo necesita un mayor flujo de oxígeno para sus músculos, especialmente los del sistema de locomoción (para emprender el escape si hace falta).
 Así, se acelera la respiración para proveer más oxígeno, y la frecuencia cardíaca para entregar rápidamente ese oxígeno a través del torrente sanguíneo a los músculos principales
. Los vasos sanguíneos en la piel se constriñen para que haya el menor sangrado posible en el caso de una herida.
Cuando el cerebro detecta una amenaza, se activa una respuesta fisiológica coordinada que implica componentes autonómicos, neuroendocrinos, metabólicos y del sistema inmune
Para proporcionar el combustible suficiente para el esfuerzo, nuestras glándulas convierten los carbohidratos almacenados en las células en azúcar circulante en sangre
. También mejora la respuesta inmune; los glóbulos blancos que combaten las infecciones se adhieren a las paredes de los vasos sanguíneos, preparados para zarpar raudamente hacia cualquier parte del cuerpo que pudiera lastimarse.
El sistema cognitivo humano, a su vez, ofrece una variante aún más sofisticada: la capacidad de figurar y anticipar las amenazas del futuro, e incluso imaginar eventualidades que nunca han ocurrido, y que acaso nunca ocurran.
 Esta capacidad notable de nuestra especie es fruto de la experiencia acumulada y de la capacidad de hipotetizar e inferir.
 El desarrollo del cerebro humano, y en particular de sus áreas prefrontales, expandió, entre otras, nuestras capacidades para revisar el pasado y examinar el futuro.
 Esta complejización cognitiva de la respuesta de estrés llevó al psicólogo estadounidense Richard Lazarus a postular la existencia de “mecanismos evaluativos” implicados en el proceso de respuesta frente al peligro porque no siempre es sencillo determinar cuándo estamos frente a una situación que requiere acciones de protección.
El primer paso de este proceso es la “evaluación primaria”, esto es, el establecimiento del valor de un estímulo como peligroso o inocuo
. Las investigaciones en neurociencia han permitido establecer el rol de diferentes estructuras cerebrales en la detección y evaluación del peligro, en particular, la actividad crucial de la “amígdala”, que sería responsable de detectar, generar y mantener emociones relacionadas con el miedo y respondería a la importancia de los estímulos emocionales
. La “evaluación secundaria”, por su parte, busca establecer la disponibilidad de recursos del organismo para afrontar la amenaza.
Ahora bien, cuando la amenaza se disipa, se ponen en marcha otros mecanismos para volver a la situación inicial de reposo: la desactivación de la respuesta de estrés
. Si, por el contrario, la respuesta de estrés permanece sostenidamente encendida, tiene lugar el llamado “estrés crónico”.
 En esta circunstancia, los componentes de la respuesta que suponían una ventaja adaptativa y una reacción de defensa y autoprotección del organismo, dejan de serlo y se vuelven en su contra.
Se acelera la respiración para proveer más oxígeno, y la frecuencia cardíaca para entregar rápidamente ese oxígeno a través del torrente sanguíneo a los músculos principales
A nivel cognitivo, la respuesta aguda de estrés favorece el incremento del nivel de alerta y la formación de memorias, aunque en el largo plazo la producción elevada de cortisol provoca deterioro cognitivo
. La respuesta inmune también se afecta negativamente frente al estrés crónico dejando al organismo más expuesto a los diversos patógenos.
Podemos especular que existen factores ambientales, factores individuales –biológicos y psicólogicos– y también factores socioculturales que pueden llevar a que la respuesta de estrés no ceda y se realimente de forma continua, o, peor aún, en forma de espiral.
 Entre los factores externos socioculturales se suele aludir al estilo de vida moderno y urbano.
 Por ejemplo, hoy podemos tener al instante la información de lo que ocurre en cualquier parte del mundo.
 Este hecho tecnológico que confiere ventajas evidentes en ciertos terrenos, puede volverse una desventaja en lo que se refiere a la propagación de temores y la circulación de malas noticias.
Por su parte, en lo que se refiere a los factores biológicos y psicológicos, es necesario revisar la conexión existente entre el estrés y los trastornos de ansiedad, por un lado, y la depresión, por el otro. Para entender la ansiedad, podemos compararla con un radar, es decir, un dispositivo que rastrea nuestro ambiente en estado de alerta y nos avisa que una amenaza se aproxima.
 Pero la ansiedad es mucho más que un radar: es también un cuaderno de bitácora donde registramos las experiencias peligrosas vividas, y un mapa que nos guía, como un GPS, hacia territorios seguros. Sin embargo, cuando la ansiedad excede los niveles normales puede generar “falsas alarmas” que sobreactivan la respuesta de estrés y provocan estados de preocupación intensos y síntomas físicos diversos.
La depresión, por su parte, puede ser entendida en ciertos casos como una reacción biológica y psicológica en la cual nuestro organismo se rinde ante la adversidad, reduce sus intentos de solución, por considerarlos infructuosos, y se entrega a la desesperanza.
 En la depresión, así como en la ansiedad, nuestro pensamiento se vuelve propenso a los “sesgos cognitivos”, esto es, seleccionamos y priorizamos ciertos datos en desmedro de otros
. En el caso de la depresión, la información negativa, y en el caso de la ansiedad, la información relacionada con el peligro
. Luego, ciertos razonamientos distorsionados generalizan o amplifican el peso de esta información y provocan un espiral de realimentación de las emociones negativas.
Resulta central reflexionar también sobre el rol clave del otro (el prójimo, el ser amado, la comunidad) frente al desasosiego.
 Cuando cobija, cuando contiene, cuando acompaña
Afortunadamente, nuestro cerebro cuenta con diversas herramientas que pueden protegernos de estas complicaciones.
 La “resiliencia” es el conjunto de factores y mecanismos que nos permiten superar adaptativamente las situaciones de adversidad.
 En este sentido, dos mecanismos altamente eficientes para atenuar de forma progresiva la respuesta de estrés son la “habituación” y la “extinción”.
 El primero es la propiedad general de nuestras células nerviosas que consiste en la acomodación al entorno y un principio de economía, para evitar respuestas ociosas.
Son innumerables los ejemplos, desde cuando entramos a una pileta fría y de a poco vamos acostumbrándonos, hasta cuando nos exponemos de forma repetida a un estímulo que nos asusta o tensiona, ayudando a que la respuesta intensa inicial disminuya hasta volverse tolerable.
 Este es el principio que rige los tratamientos por exposición, altamente eficaces en la ansiedad.
El proceso de “extinción” sucede cuando nos exponemos a un estímulo temido y comprobamos una y otra vez que las consecuencias negativas que esperábamos no ocurren tal cómo anticipamos, y se atenúa la respuesta de estrés
. Otro de los procesos de regulación de las emociones, de naturaleza cognitiva, es la “re-evaluación”, que consiste en modificar el significado funcional atribuido a la situación que gatilla el estrés
. Es “cambiar la manera en que sentimos al cambiar la manera en que pensamos”.
Algunas personas que experimentaron traumas súbitos o han sufrido situaciones de abandono o maltrato emocional sostenido en momentos tempranos de sus vidas pueden llegar a sufrir en forma prolongada por dichas vivencias.
 Dolencias psiquiátricas como el trastorno de estrés post-traumático tienen que ver con esas experiencias y con el modo en que nuestra memoria alberga los recuerdos emocionales.
 El trabajo de neurocientíficos como Joseph LeDoux es relevante para entender las afecciones emocionales y su tratamiento porque explica la consolidación de las memorias.
 Al comienzo, cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable hasta que se estabiliza por la síntesis de proteínas en el cerebro.
 Una vez almacenado el recuerdo, la exposición a un estímulo que le recuerda aquel evento, va a reactivarlo y a hacerlo inestable nuevamente por un período corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente en un proceso llamado reconsolidación de la memoria.
Cuando la ansiedad excede los niveles normales puede generar “falsas alarmas” que sobreactivan la respuesta de estrés y provocan estados de preocupación intensos y síntomas físicos diversos
Ahora bien, cada vez que recuperamos una memoria de un hecho, al volverse otra vez inestable, permite la incorporación de nueva información.
 Ese momento es una ventana para cambiar las reacciones emocionales que acompañan un recuerdo. Un paciente que sufre un trastorno de estrés postraumático evoca con ayuda de un terapeuta experto y en un contexto seguro, los recuerdos de la situación vivida, para atenuar progresivamente las reacciones emocionales intensas que acompañan el recuerdo.
Por último, resulta central reflexionar también sobre el rol clave del otro (el prójimo, el ser amado, la comunidad) frente al desasosiego.
 Cuando cobija, cuando contiene, cuando acompaña.
 Como en el diálogo entre los dos en El beso de la mujer araña, la famosa obra del autor argentino Manuel Puig: “… y mientras esté a mi alcance, por lo menos en este día, … no te voy a dejar pensar en cosas tristes.”
Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico (PhD in Sciences, Cambridge University). Es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas en la Universidad Favaloro (Argentina), University of California, San Francisco, University of South Carolina (USA), Macquarie University (Australia). @manesf