Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

30 oct 2015

Los hechos probados del caso Asunta.......................................... Silvia R. Pontevedra

Estas son las preguntas y respuestas del jurado para adoptar el veredicto de culpabilidad.

Vista de la sala desde donde se sigue la lectura del veredicto. / FOTO: EFE / VÍDEO: ATLAS

El jurado del caso Asunta se ha pronunciado sobre diferentes aspectos expuestos durante el juicio. Los padres de la menor, Rosario Porto y Alfonso Basterra, han sido declarados culpables de la muerte de su única hija
. A continuación, la reproducción del contenido del objeto del veredicto, las preguntas y respuestas de los miembros del tribual popular.
Para considerar probado un hecho desfavorable para los acusados era necesario que siete votos a favor.
 Para declararlo no probado hacen falta cinco votos.
 Si el hecho es favorable a los acusados, se requieren cinco votos para considerarlo como probado o no probado.
 Según fuentes judiciales, los miembros del tribunal popular han sido unánimes en  todos los puntos.
  • El primer punto sobre el que debían votar era este:
Los acusados Alfonso Basterra y Rosario Porto, de común acuerdo, suministraron repetidamente, desde al menos tres meses antes del fallecimiento, a su hija Asunta un medicamento que contenía lorazepam, sustancia perteneciente al grupo de las benzodiacepinas y que produce somnolencia y sedación y en ejecución al plan acordado, Basterra retiró en, al menos, tres ocasiones, en el periodo comprendido entre principios del mes de julio y mediados del mes de septiembre de 2013, una cantidad de, al menos, 125 comprimidos de Orfidal de la farmacia de la Rúa de Hórreo, de Santiago de Compostela.
  • Los miembros del jurado también han considerado probado el siguiente apartado:
El día 21 de septiembre de 2013, los acusados Rosario Porto y Alfonso Basterra, puestos de común acuerdo para acabar con la vida de su hija Asunta, comieron con ella en el domicilio de Basterra, sito en la calle República Argentina, nº8, y le suministraron una cantidad de medicamento que contenía lorazepam, necesariamente tóxica para, posteriormente, cuando hiciera efecto, asfixiarla.
  • Otro de los hechos que el jurado ha considera probado es el siguiente:
La acusada Rosario Porto, ese mismo día, siguiendo el plan acordado con Alfonso Basterra, después de las 18.15 llevó a su hija Asunta a la casa familiar sita en el lugar de A Poboa, en Montouto, Teo, utilizando para ello el vehículo Mercedes Benz, matrícula C-3574-BC.
Además, consideran que "en un momento comprendido entre las 18.22 y las 20.00, en la casa de Montouto los acusados, Rosario Porto y Alfonso Basterra, asfixiaron a su hija Asunta por medio de la compresión que le aplicaron sobre la boca y la nariz".
Respecto a los hechos de aquel 22 de septiembre de 2013, los miembros del jurado señalan que "en un momento próximo a la muerte de la menor, los acusados, doña Rosario Porto y dos Alfonso Basterra, ataron a su hija por los brazos y los tobillos por medio de unas cuerdas plásticas de color naranja.
También han considerado probado que Asunta "no pudo defenderse de modo efectivo porque estaba bajo los efectos del medicamento que con ese fin se le había suministrado"
.

 

El jurado declara culpables a los padres de Asunta....................................... Silvia R. Pontevedra

Los miembros del tribunal, por unanimidad, se han mostrado contrarios al indulto o a una reducción de condena.

Rosario Porto y su marido durante la vista de hoy / EFE (EL PAIS VÍDEO)

El jurado popular del caso Asunta ha declarado, por unanimidad, culpables de la muerte de la niña a sus padres
. Los nueve miembros del tribunal, en la quinta jornada de deliberación y tras haber respondido a las 21 cuestiones que les planteó el magistrado presidente el pasado lunes, han determinado que Rosario Porto y Alfonso Basterra idearon y ejecutaron el homicidio de la menor conjuntamente y cuando la niña no tenía posibilidad de defenderse.
 Además, el jurado ha señalado que no son favorables "ni al indulto ni a la reducción de la pena".

El fiscal pide para cada uno de ellos 18 años de cárcel por un delito de asesinato con los agravantes de parentesco y alevosía
. La acusación popular ha elevado esta petición a 20 años de prisión para cada uno de los responsables de la muerte de Asunta.
Las defensas ya han anunciado que recurrirán pero, ante este veredicto, piden al juez que la pena para Porto sea de 17,5 años (pena mínima para asesinato) y de 12,5 para Basterra, por un delito de homicidio, al entender que no hubo alevosía si no abuso de superioridad por su parte.
Este ha sido el veredicto sobre la muerte violenta de esta niña de 12 años cuyo cadáver fue hallado en una pista forestal de Teo (A Coruña) el 22 de septiembre de 2013.
El jurado popular del caso Asunta empezó a deliberar en la tarde de este lunes, en una sala aislada ubicada en el último piso de los juzgados de Santiago.
 Los nueve integrantes del jurado han vivido incomunicados de sus familias hasta que este viernes han emitido un veredicto.
 Han dormido en un hotel y no han podido utilizar sus móviles, que están custodiados hasta nueva orden en el edificio judicial.
El juez presidente del tribunal, Jorge Cid Carballo, les pidió el lunes "responsabilidad, independencia, imparcialidad y sujeción a la ley", porque "está en juego el interés de la sociedad por castigar un crimen, pero también la vida de dos personas que se juegan pasar muchos años en prisión".
"Tómense su tiempo. Les pido paciencia. Den pasos seguros", insistió varias veces el juez. "Las prisas y la justicia no van de la mano".

 

29 oct 2015

La criada que descubrió 10.000 estrellas.............................................................. Julio A. Castro Almazán

La escocesa Williamina Fleming, empleada en la casa del director del Observatorio de Harvard, terminó siendo una pieza clave en la aparición de la astrofísica.

Williamina Fleming y la nebulosa Cabeza de Caballo
Williamina Fleming hacia 1890 junto al sector de la placa, de 1888, en la que por primera vez identificó la nebulosa Cabeza de Caballo. Abajo, una toma reciente del mismo campo / grupo de astrofotografía del IAC, 2012.

“¡Hasta mi criada haría un trabajo mejor!”, pero el profesor Pickering jugaba con las cartas marcadas cuando les lanzó estas palabras de ánimo a sus ayudantes en Harvard.
 Delante de ellos se acumulaban las placas fotográficas con los espectros estelares más detallados captados hasta la fecha.
Las primeras placas de una enorme serie que, a la postre, estará llamada a ser la llave con la que la vieja astronomía dará paso a una ciencia nueva: la astrofísica.
Cómo es la vida; un día tienes 19 años y el tiempo se te escapa. Rompes a correr sin rumbo, provocando al destino, te casas, te largas lejos y antes de dos años estás sola, en la calle, preñada y a 5.000 kilómetros de casa.
 Estos pensamientos debían rondar la mente de Mina Fleming en la primavera de 1879 mientras se sobreponía a los quiebros de la vida y se guardaba sus seis años de prácticas de magisterio para buscar un trabajo urgente de criada.
 Su vieja Dundee natal no era, desde luego, sitio para una mente inquieta, más allá de un duro pero estable futuro en la floreciente industria textil de fibra de yute o en las fábricas de mermelada. Tampoco su marido, James Fleming, un contable bancario, viudo y 15 años mayor, era, probablemente, su compañero de viaje ideal.
 Sea como fuere, Mrs. Fleming encontró refugio, y trabajo, en el servicio doméstico de la casa del director del Observatorio de la Universidad Harvard, el profesor Edward Charles Pickering.
Sola, en la calle, preñada y a 5.000 km de casa, Mrs. Fleming encontró refugio, y trabajo, en el servicio doméstico de la casa del director del Observatorio de la Universidad Harvard
Williamina Paton Stevens Fleming, tenía una personalidad magnética y un rostro atractivo, con ojos brillantes y vivos que aumentaban el encantador efecto que, al entrar, dejaba en el aire un saludo alegre, adornado de acento escocés
. A Edward Pickering, entre cuyas habilidades estaba la de identificar el talento, no le pasó desapercibido ni un instante que, además, la nueva sirvienta tenía una educación e inteligencia claramente superiores
. Así que esperó a que volviera de Escocia, a donde Williamina había regresado para dar a luz a su hijo y, conforme puso el pie de nuevo en Boston en abril de 1881, le ofreció trabajo en el Observatorio.
 De momento, como ayudante en tareas administrativas y para hacer cálculos rutinarios en los que, en su visión de entonces, una mujer mostraría especial destreza.
 Al menos, más que sus ayudantes varones.
Pickering era un profesor de Física al mando de un observatorio astronómico, lo que no fue fácil de asumir para la vieja guardia de Harvard
. Creía que era el momento de introducir nuevos métodos.
Dejar atrás la antigua astronomía de posición y movimientos para dar paso a la fotometría y los estudios espectrales.
 Y aunque aún sin la base física que permitiera conocer la naturaleza de los objetos, tenía claro que el camino era la obtención y clasificación de la mayor cantidad de datos.
 Para ello, al igual que hiciera Piazzi Smyth en su pionera campaña en Tenerife, puso la técnica delante del carro de la ciencia.
 Con el apoyo de su hermano menor William Henry, comenzó por adoptar el método de obtención de espectros estelares mediante la colocación de un prisma en el objetivo del telescopio, para seguir mejorando las técnicas espectroscópicas a lo largo de toda la década de los 80.
Su sueldo 'de mujer', muy inferior al de sus compañeros varones, fue otro de sus fastidios y motivos de protesta permanentes
Como siempre en ciencia, Pickering viajaba a hombros de gigantes en su empresa.
Antes que él, las primeras descripciones de los espectros de Sirio y Arturo de William Herschel (1798), la clasificación de las líneas del espectro del Sol de Joseph von Fraunhofer (1814), la identificación de elementos químicos en la atmósfera solar por Gustav Kirchhoff y Robert Bunsen (1861), las primeras placas y clasificaciones de espectros estelares de Lewis Rutherfurd (1862) y, finalmente, el meticuloso trabajo del Padre Angelo Secchi (otro jesuita) durante la década de los 60 (siempre del siglo XIX) que culminó en la primera clasificación de estrellas por su distribución de líneas espectrales, es decir, de momento, por los componentes químicos de sus atmósferas (1867).
En 1886 llegó el dinero de la viuda de Henry Draper, un pionero en la obtención de fotografías de espectros de estrellas.
 En memoria de su marido y para la finalización de su sueño de realizar un gran catálogo, interrumpido por una muerte prematura, Mary Draper decidió financiar los trabajos de Pickering. Fiel a su pragmatismo y poco complejo ante las novedades, Pickering no perdió un momento. Su experiencia con Williamina Fleming no podía haber sido mejor, así que contrató a otras nueve mujeres para realizar los cálculos rutinarios y la clasificación de los espectros en las placas fotográficas.
Era un equipo de calculadoras humanas que pasarían a ser conocidas como “las computadoras de Harvard” o “el harén de Pickering”, según se fuera mejor o peor intencionado.
 Un grupo de mujeres que seguiría aumentando en los años siguientes, y entre las que se encontrarán algunos de los más relevantes astrofísicos de la historia
. Y un auténtico chollo, al fin, para el pragmático Pickering, que se hizo con un brillante equipo de 10 especialistas al precio de 5 ayudantes varones
. Como responsable nombró a Nettie Farrar, que tan sólo unos meses después abandonaría su carrera para casarse.
 Una decisión de hace 130 años sobre cuya proyección en el presente podríamos reflexionar. Pickering no tuvo dudas: la sustituiría Mrs. Fleming.
Descubrió 59 nebulosas, entre las que se encuentra uno de los objetos más hermosos y fotografiados del firmamento, la nebulosa Cabeza de Caballo
Laboriosa, incansable y con el coraje suficiente para defender sus resultados, Williamina Fleming identificó y clasificó los espectros de más de 10.000 estrellas.
Amplió la clasificación de cuatro grupos de Secchi e introdujo un nuevo esquema basado en 16 tipos, tomando como referencia las líneas de absorción del Hidrógeno, identificados alfabéticamente desde A a N (saltando la J), más las letras O para estrellas con líneas brillantes de emisión, P para nebulosas planetarias y Q para las estrellas que no encajaban en los grupos anteriores
. Esta primera entrega del catálogo Draper, en compensación por la financiación recibida, la publicó Edward Pickering en 1890 sin figurar Fleming como autora (aunque sí está citada en el interior y, posteriormente, no dudó en hacer reconocimiento público de su autoría) y es la base de la clasificación espectral hoy en uso (clasificación de Harvard).
La llegada de espectros cada vez de mayor resolución y la instalación de un telescopio en Arequipa, Perú, en el Hemisferio Sur, permitió al equipo dirigido por Fleming y Pickering evolucionar en la clasificación, sobre todo con las decisivas aportaciones de otras 2 “calculadoras”, Antonia C. Maury y Annie J. Cannon, que reordenaron los grupos espectrales y aumentaron el número de estrellas clasificadas.
 En la publicación de las extensiones del catálogo Draper lideradas por Maury (1897) y Cannon (1901 y varias otras hasta su muerte en 1941) ya figuran ellas como las autoras del trabajo. En total, las clasificaciones de estrellas llevadas a cabo por estas mujeres fueron más de 400.000.
La aportación de Williamina Fleming podría considerarse decisiva y envidiable para cualquier astrónomo hasta aquí, pero se le debe sumar el descubrimiento de 10 supernovas y más de 300 estrellas variables, de las que midió la posición y magnitud de 222 de ellas (1907), como parte de la línea de trabajo que llevaría a otra eminente “computadora de Harvard”, Henrietta Swan Leavitt, a realizar uno de los descubrimientos fundamentales de la astrofísica: la relación periodo-luminosidad de las Cefeidas, la base de la medición de distancias en el Universo.
 Finalmente, 59 nebulosas, entre las que se encuentra uno de los objetos más hermosos y fotografiados del firmamento, la nebulosa Cabeza de Caballo en la constelación de Orión (1888). Uno solo de estos descubrimientos serviría para compensar los sacrificios de cualquier astrónomo. Antes de que una neumonía se llevara a Mina a los 54 años, aún le dio tiempo de publicar una última clasificación de un tipo de estrellas con un espectro especialmente particular y color blanco que dará lugar a lo que posteriormente se denominará “enanas blancas”.
Williamina Fleming identificó y clasificó los espectros de miles de estrellas
El éxito en el desempeño de sus tareas y su capacidad de trabajo terminaron cargándola con tareas más prosaicas que la alejaban, con fastidio por su parte, de la ciencia. Mrs. Fleming fue nombrada conservadora de la colección fotográfica del Observatorio, siendo este el primer cargo orgánico ocupado por una mujer. Pero también gastó innumerables horas, por ejemplo, en labores de edición y corrección de los Anales del Observatorio. Su sueldo “de mujer”, muy inferior al de sus compañeros varones, fue otro de sus fastidios y motivos de protesta permanentes, puede que parcialmente compensado, a cambio, por el reconocimiento y honores que tuvo de numerosas sociedades astronómicas.
En alguna tarde de domingo, quizás a la vuelta del estadio de fútbol americano tras ver a los Harvard Crimson, y sus pensamientos divagaban libres entre preocupaciones cotidianas y desvelos de madre, puede que volvieran a rondar por su mente reflexiones acerca de los meandros del azar y de cómo es la vida.
Julio A. Castro Almazán es físico y miembro del SkyTeam del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), especialista en Caracterización de Observatorios Astronómicos y Óptica Atmosférica.

 

28 oct 2015

Tres maneras de preguntar............................................................................. Juan Cruz .

Entre los galardonados en los Premios Ondas están Carlos Alsina y Javier del Pino, entrevistadores, y Ana Blanco, que también pregunta.

Ana Blanco

A Carlos Alsina ahora le recuerdan en todas partes (en la Escuela de Periodismo UAM El País, donde estuvo hace nada, por ejemplo) por ese famoso intercambio que tuvo con el presidente Rajoy a cuenta de los derechos de los europeos (y de los catalanes).
 Lo curioso es que ahí no preguntó Alsina, sino que preguntó su entrevistado, en una insólita muestra de candor, que es la más leve de las ignorancias, pues es la ignorancia que se hace explícita. “¿Y la [nacionalidad] europea?”
  Alsina le respondió al presidente y luego pasaron a otra cosa.
 Según contó Alsina, aquello resultó tan natural que luego, en el café posterior al intercambio ante los micrófonos de Onda Cero, nadie, ni el entrevistado, ni sus ayudantes ni el propio Alsina, repararon que habían entrado en la pequeña historia de las entrevistas radiofónicas
. Pues entró, y de qué manera.
 Y no, como digo, porque Alsina preguntara nada, sino porque a él le preguntó su interlocutor.
A Ana Blanco le persigue otra fama, la de resultar impertérrita hasta cuando se cae el mundo; tiene una enorme seguridad ante las cámaras; durante veinticinco años ha sido la cara noble que, además, ha ennoblecido la pantalla trasladando al televidente la certeza de que ella no lo va a engañar
. Es de esos rostros que, en la vida y en la tele, son capaces de tranquilizar a la gente sobre algo tan viejo como el ser humano: la suspicacia.
 Todo el mundo siente que todo el mundo le engaña, y busca entre la multitud rostros que le den confianza, personas a las que le podrían comprar una nevera usada o un medicamento.
 Ana Blanco es de esas personas que uno siente como propias cuando la ve desde casa y que uno siente como cercana, fiable, cuando asoma su rostro, por ejemplo, en una entrevista de TVE.
Carlos Alsina.
Ana Blanco no hace entrevistas, propiamente, pero ahora debe su notoriedad más reciente a la que le hizo a Rajoy
. Como Alsina, que pregunta para saber, no para incentivar el morbo del que espera esgrima con sangre, Ana Blanco aplicó a esa intervención estrictamente periodística (ella preguntaba sus preguntas, delante no tenía un teleprompter, ni un guion) con lo cual estaba sola ante el peligro de inquirir.
 Este peligro lo arrostró con elegancia, con buena educación y con profesionalidad.
 Hay quienes confunden esos valores humanos con la complacencia: ella preguntó educadamente porque es una persona educada, y un periodista no es un actor, ha de aparecer como es y no como no es.
En eso se parece a Alsina: pregunta como lo que es, no como lo que no es
. En aquella ahora famosa entrevista con Rajoy le respondió al presidente con la suavidad del que no avasalla con su conocimiento; igualmente, no avasalla con sus certezas
. No pregunta para derribar al otro, sino para que el otro se explique.
 No es común en el oficio encontrar gente que acepte que sabe poco, pues el periodismo está hecho hoy (y ayer, de este mal no nos salva nadie) de sabihondos, que arrojan las preguntas o los comentarios como si los hubieran cosechado en una mina de oro sólido.
 Alsina contradice esa tendencia, saludablemente, y Ana Blanco es una aparición cotidiana que también nos muestra lo que pasa (o lo que se dice) con la elegancia con que uno debe entrar en las casas y, por tanto, en las mentes.
Javier del Pino.
Javier del Pino pregunta en la SER con una pericia antigua: como si estuviera delante de un misterio y no quisiera desvelarlo del todo; la suya es la inteligencia del conversador mayéutico (al estilo socrático, pero también al estilo de Fernando Fernán-Gómez o Rafael Azcona) del que somete a su curiosidad cosas que ya sabe, de modo que interpreta al radioyente general, no sólo al que ya está avisado.
Preguntar con sosiego, que es lo que hace, como Alsina, como tantos, tiene en la radio una respuesta que es en sí misma un premio: como nosotros queremos saber lo mismo que él, seguimos oyendo: nunca acaba una conversación si ésta queda en la mente, se desarrolla en nosotros al tiempo que se va haciendo en la radio
. La radio, como el periodismo, o es conversación o no es nada.
 Y la forma más periodística de la conversación, la entrevista, debe procurar de aquella la naturalidad, el sosiego, el respeto por lo que el otro dice, no por lo que uno mismo dice.
 Y en esa vía del tren de la radio discurre Javier del Pino.
Por esas razones de radioyente y de telespectador que ama ciertas maneras de preguntar y no acaba de entender otras me han gustado estos premios Ondas, y los otros también, naturalmente, pero parece bueno convocar ahora estas formas de prolongar la herencia de la radio, justamente, que nació para dar la voz a otros.
 Y en este caso Alsina, Blanco (aunque esté en la tele, pero en la radio se formó) y Del Pino son dignísimos herederos de los ancestros que contribuyeron a que con la palabra dicha se construyera la historia de la comunicación más entrañable de todas, la que lleva consigo la voz humana.
Y un último apunte.
 Hace diez años mi compañero José Manuel Calvo entrevistó a Tom Wolfe, que es el padre putativo del periodismo nuevo, y éste le dijo
: “Mucha gente cree que el nuevo periodismo era dar tus propias opiniones, mezclarlas con la historia que estabas contando, convertir esa historia en algo personal, escribir impresiones.
 Para mí, jamás fue eso
. De hecho, nunca utilicé la primera persona del singular, a menos que tuviera un papel en la historia. ¿Por qué voy a tener que utilizar el yo si lo único que soy es un observador? ¿A quién le interesan las impresiones de un periodista?”.
Esa consideración de Wolfe debería estar hoy entre los referentes de los que creen (o de los podríamos creer) que preguntar o contar es una tarea del yo, y no una forma de relacionarnos con una realidad que, como hacen otros, otros deben explicar, mientras nosotros escuchamos, eso sí, preguntando para saber más, pero no para saber más que el que nos lo explica.