Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 oct 2015

Memoria del cante flamenco de la Segunda República.....................................................Álvaro Corazón Rural.



Imagen: Marita Ediciones.
Imagen: Marita Ediciones.
Cada vez que ha venido alguien extranjero a visitarme a España me ha pedido que por favor le lleve a escuchar flamenco.
 Pero no a un sitio para turistas, sino «donde lo escucháis vosotros».
 He tenido que explicar una y otra vez que no es precisamente mayoritario el español que el viernes noche se va a escuchar flamenco, que muchos españoles no han pisado una juerga flamenca en su vida, que la música más genuina del país, con la que se adornan los anuncios de «visite España», le resbala a la mayoría. Incluso que es más frecuente el que te suelta un repugnante y medio racista «me gusta la guitarra, pero no la voz» que quien distinga y admire los palos del flamenco.
Porque tenemos asumido que el flamenco es un género minoritario. Diego Manrique siempre ha reiterado en su columna que Camarón vendía muy poco en España. 
Y encima, La leyenda del tiempo, el disco que ahora todo el mundo dice admirar, los gitanos iban a devolverlo al Corte Inglés quejándose de que ese no era Camarón, o su Camarón. 
Sí que debe de haber razones objetivas para el desapego del español medio hacia esta música.
 Para empezar, que no se disfruta de forma instantánea, hacen falta años profundizando si no se ha mamado de cuna.
 Pero en la triste historia de España quizá haya un hecho determinante: Franco.
Cierto es que con la cantidad de sangre que corrió en el genocidio español, las familias que se separaron y las vidas que se truncaron, puede resultar obsceno preguntarse por cómo habría sido la evolución del cante flamenco en nuestro país sin el conflicto.
 Pero si este apartado de nuestra cultura popular cambió para siempre tras la guerra civil, fue precisamente porque buena parte de estos artistas eran afines a la república y como tales fueron asesinados, represaliados o desaparecieron. 
Lo mismo que su arte, cuyo contenido social y político fue silenciado y prohibido durante el régimen.
Para Juan Vergillos, historiador del flamenco, existe un antes y un después en el cante con la destrucción del estado democrático de 1931:
 «El cambio fue absolutamente radical. Franco se ocupó de despolitizar el flamenco y convertirlo en un fenómeno étnico en lugar de político.
 También con la Segunda Guerra Mundial cundió el miedo en todo el planeta, el miedo al otro, y surgió el arte de los gitanos, de los negros, etc. 
Antes el arte era arte, no tenía un color específico».
En el impagable ensayo de Alfredo Grimaldos Historia social del flamenco (Península, 2010) se documenta que ya en los inicios del siglo XIX sucesos de gran importancia política como la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis o el fusilamiento de Torrijos fueron recogidos por el cante de la época, que se alineaba con la revolución liberal española.
 Y en el libro del doble cedé Cantes y cantos de la República, editado por Marita y la Agencia Andaluza del Flamenco, se hace referencia a los cantaores de los años treinta como precursores de la canción protesta que conquistó los mercados de todo el mundo en la era hippie.
 «Este tipo de cuestiones está en el flamenco desde su origen», opina Vergillos, «ya cantó Siverio la “Seguiriya de Riego”, pero lo que pasó a partir de 1931 es que por fin se podía hablar abiertamente de estos temas».
Hasta el punto de que la exaltación de la República y sus héroes o de la bandera tricolor y las referencias a problemas sociales llegaron a convertirse en una moda propiamente dicha, un género en sí mismo. 
«Gran parte de los flamencos eran gente del pueblo, así que la mayoría se alineó con el nuevo régimen. También fue una moda, no estrictamente flamenca, sino española, y algunos se sumaron por seguirla, claro.
 Tal y como señaló Pericón de Cádiz en sus deliciosas memorias, donde comentó que él cantó letras reivindicativas para llegar a un público mayor», explica este historiador.
Así aparecieron los fandangos republicanos y sus derivados, la mayoría grabados por discográficas de Barcelona.
 El flamenco había alcanzado gran relevancia en esta ciudad desde la Exposición Universal con la apertura de nuevos locales con espectáculos dirigidos tanto al público local como al primer turismo y visitantes de la aristocracia europea, como relata Montse Madrilejos en la revista de investigación sobre flamenco La Madrugá (nº2, junio 2010).
 Estos sellos juntaron a los guitarristas locales más importantes del momento, como Pepe Hurtado, Manolo Bulerías y Miguel Borrull hijo, con los cantantes que más frecuentaban Cataluña y aprovechaban su estancia para grabar.
Uno de ellos era Manuel Vallejo, autor del primer disco dedicado a la Segunda República con música del maestro Quiroga, un fandango en recuerdo de los militares republicanos sublevados en Jaca en 1930, Galán y García Hernández, fusilados inmediatamente después.
 También Chato de Ventas, el Gran Fanegas o el Guerrita registraron piezas de adhesión al nuevo régimen, como la de este último, murciano, «España es republicana, de matices tricolor».

El juicio por la muerte de Asunta, visto para sentencia.........................................Silvia R. Pontevedra

Los acusados no han aprovechado la última palabra y las defensas insisten en la "inconsistencia" de los indicios y en la inexistencia de un móvil en la muerte de Asunta.

EL PAÍS

Rosario Porto y Alfonso Basterra no han querido aprovechar este viernes su última palabra en el juicio por la muerte de su hija, que ya ha quedado visto para sentencia.
 Ni para negar, ni para confesar, ni para enfrentarse.
Todo lo que había que decir lo han dicho antes sus abogados, durante unas cuatro horas y procurando no dañarse mutuamente: que cualquier móvil imaginado por la acusación es un "absurdo"; que la investigación no ha reunido más que indicios "inconsistentes"; que solo se han tenido en cuenta los testigos y las señales que encajaban en el relato oficial del delito, propagado a los cuatro vientos a través de los medios de comunicación mientras persistía el secreto del sumario.

Más contenido el letrado de ella, José Luis Gutiérrez Aranguren, más vehemente la de él, Belén Hospido, ambos han pedido al tribunal popular que se tome su tiempo; que dicte un veredicto "en conciencia"; que no se deje llevar por "sensaciones", "impresiones" o "simpatías"; y que tenga en cuenta que es "quien acusa, y no quien defiende" quien tiene que probar "al 100%" lo que sostiene. "El reto más grande es defender a una persona inocente", ha espetado a los jurados la abogada de Basterra, porque si ha llegado al banquillo es "porque el sistema ha fallado".
"No hay pruebas", ha insistido, "estoy convencida de que mi cliente no ha matado a su hija". Y ha pedido que se juzguen los indicios como si se tratara de "una ecuación matemática".
Así que, para empezar, ella misma ha echado delante de todos su propia cuenta.
 Ha justificado por qué mantiene que el padre de Asunta compró aquel verano, entre julio y septiembre, tres cajas de Orfidal, y no cuatro, como dice la acusación. 
Habrían sido dos envases de 50 comprimidos y uno de 25, en total, 125 pastillas. 
Basterra, que asumía el rol familiar de “amo de casa”, “lo compraba para su exmujer”. 
Tirando “por lo bajo”, según Hospido, si se suma la dosis diaria que tenía pautada desde finales de julio Porto, más los orfidales que consumió durante el duelo y los días de calabozo, y por último las 24 pastillas que la Guardia Civil entregó al juez como prueba, la operación, a la letrada, le da “exactamente 125 pastillas”. “¿Dónde están las más de 27 que se le dieron a Asunta el día de su muerte, y todas las que [según los análisis del pelo] se le suministraron antes?”, ha preguntado la defensa.

"Es del género bobo"

Tanto ella como Aranguren han evidenciado la contradicción que existe entre el hecho de que se haya presentado a los padres como seres "inteligentísimos" y la cantidad de errores de bulto que habrían cometido en el supuesto asesinato, unas torpezas que sirvieron para enfocar hacia ellos la investigación desde los primeros días.
"Si uno está preparando, ensayando, intentando la muerte de su hija durante tres meses, dentro de un plan concertado, es del género bobo" que la lleve con síntomas a clase de música, o que se arriesgue a dejarla salir sola a la calle "en estado semicomatoso", como habría sucedido la tarde en que la pequeña murió.
"Si es así, estamos ante alguien que raya la subnormalidad", ha llegado a decir acerca de su clienta (pidiendo disculpas a quien pudiera ofender) Gutiérrez Aranguren, que ha desarrollado toda una "teoría del absurdo" en torno a la muerte de la cría.
"Va radiando que su hija anda como drogada; redacta una carta de justificación para el tutor [en la que dice que la niña sufre mareos y vómitos]; limpia las cuerdas para que no aparezca ADN pero echa otra a la papelera; quita las alfombrillas de atrás y deja las de delante en el coche en las que puede haber tierra de la pista donde aparece el cuerpo…", ha empezado a enumerar errores el abogado
. Y justo cuando se supone que transporta el cadáver en el Mercedes, "baja la ventanilla" y se para a preguntar por la leña al vecino del chalé de al lado.
El penalista ha puesto en duda varias de las pruebas, como la pericia de las cámaras, que concluye que la acusada solo fue y vino del chalé una vez aquella tarde.
 La Guardia Civil descartó grabaciones en las horas intermedias en las que aparecían coches parecidos al de Porto por determinados rasgos distintivos que, según él, "no se pueden apreciar" en unos fotogramas que son borrosos.
 Y aunque un agente trató de explicarlo la semana pasada, el abogado tampoco comprende por qué se tuvieron en cuenta unos posicionamientos del teléfono móvil y otros facilitados por las compañías no se consideraron válidos
. Ni encuentra explicación al hecho de que no se analizase, por ejemplo, la almohada del supuesto dormitorio del crimen, si la pequeña de 12 años fue asfixiada con un objeto blando que nunca apareció.

Modificación del fiscal

Esta mañana, la defensa de Porto se ha podido beneficiar en cierto modo de la modificación que hizo el jueves el fiscal, al admitir que cabe la hipótesis de que Basterra nunca llegase a estar en el chalé familiar del municipio de Teo, durante el proceso de asfixia.
 Según Aranguren, Rosario Porto no habría tenido ni fuerza ni medios para transportar ella sola el cadáver al camino forestal, situado a unos cuatro kilómetros de la casa y a 12 del centro de Santiago. No hay señales de arrastre en la vivienda, y según la tesis de la acusación la niña, que pasaba de los 40 kilos, habría muerto en el piso de arriba.
 Por eso Rosario no se habría bastado, ni "para subirla sedada" ni para bajarla ya fallecida.
La investigación siempre ha destacado que la acusada tardó el doble de tiempo en hacer el camino de vuelta, desde Teo a Santiago, que el de ida, de Santiago a Teo.
Pero en ese intervalo, ha enumerado su letrado, habría tenido que transportar el cadáver "con el tráfico intenso de regreso de las playas", "colocar" el cuerpo, quitarle las cuerdas, limpiarlas de todo rastro genético y regresar a su piso
. A la madre, según él, el tiempo no le habría bastado.
Las marcas de ataduras en la piel de la menor eran "purulentas y sangrantes", ha dicho la defensa. "O bien esas cuerdas nunca ataron a Asunta", o bien "Rosario Porto se para a limpiarlas para luego dejarlas allí", ha seguido Aranguren, dentro de su exposición general de "absurdos".
En esta enumeración de los sinsentidos que él ve en el caso, incluye los hipotéticos móviles del crimen, que los investigadores fueron cambiando, dice, según les convenía.
Primero se dijo que Asunta era la heredera de sus abuelos; y se demostró que era falso. Luego, que Porto podría tener "una enfermedad mental, un brote psicótico"; pero después se supo que la depresión puede llegar a empujar al suicidio, no al asesinato.

"No queremos condenas a medias"

Más tarde, se empezó a decir que a la madre "la niña le estorbaba"; "pero Asunta era una niña deseada, y en todo caso Rosario podía cederle la custodia a Alfonso, o mandarla interna", ha defendido Aranguren.
 Finalmente, "el último móvil", el de la "conjunción de voluntades entre padres" que garantizaría el sustento económico a Basterra y le uniría para siempre a Porto, es para este letrado el más delirante. "
¿Ustedes se imaginan que una pareja se pueda reconciliar matando a la hija que tiene en común?", ha preguntado a los jurados. "No queremos condenas a medias. Estamos absolutamente convencidos de la inocencia", ha defendido.
En su turno, Belén Hospido ha ido repasando todos los argumentos que esgrime la acusación contra Basterra, ordenador incluido, y ha ofrecido sus particulares explicaciones para casi todo
. Ha recordado que nadie ha podido probar la presencia del padre de Asunta en el chalé, pero que esa hipótesis fue introducida en el relato oficial porque, "si esto no era cosa de dos, al juez instructor no le cuadraban las cuentas".
 Es por ello, dice, que se contó que era un hombre extremadamente listo que se montó su propia coartada y fue capaz de salir del piso, ir por la calle con la niña, y quizás marchar a Teo y regresar sin que ninguna cámara recogiera su estampa.
 "Tan listo" que fue hábil para saber y burlar lo que no se supo hasta la investigación: que "una cámara giratoria" situada en un garaje próximo a su vivienda "captaba imágenes, pero no grababa".
La abogada también ha intentado demostrar que, de todos los episodios de mareos considerados como síntomas, o ensayos, del crimen durante el último verano, Asunta solo durmió con su padre una vez. También ha recordado que varios testigos, durante el juicio, reforzaron la idea de que la cría sufría rinitis alérgica, motivo por el que tomaba esos supuestos antihistamínicos a los que los padres atribuían el aletargamiento de la menor en dos clases de música.
 El ordenador portátil de Basterra, ha aseverado, se empezó a buscar el 4 de octubre, cuando lo requiere el juez por escrito.
 Las pruebas periciales nunca pudieron llegar a concluir que hubiese sido manipulado, y sin embargo, revelaron que "la última vez que había sido utilizado fue el 20 de septiembre", un día antes de la muerte de Asunta.
Como el primer día de este juicio, Aranguren ha vuelto a sugerir que el perfil de Asunta encajaba con el que buscarían criminales como el pederasta de Ciudad Lineal; ha recordado que "después de 18 años la Guardia Civil ha dado con el asesino de Eva Blanco" y ha comparado el caso compostelano con el de Rocío Wanninkhof, que mantuvo injustamente en prisión a otra gallega, Dolores Vázquez, "durante 579 días". "Rosario Porto ya perdió todo lo que tiene que perder.
Dentro o fuera de la cárcel, su vida no va a ser un camino de rosas", ha hecho ver al jurado su abogado.
"Se mancilló su honor sin derecho alguno y se entró en su vida privada para crear un ambiente hostil contra ella".
"No fue una buena investigación, pero ya no importa", ha concluido Hospido. "Alfonso, que tras la separación no pide un euro y encuentra un trabajo, amaba con locura a su mujer, y el vínculo era su hija.
 Sin la niña se queda sin nada", ha defendido. También sin esa "conexión con Rosario", esa mujer de la que, según la acusación, "esperaba vivir".
Para la abogada de Basterra "el móvil es importante, pero aquí no lo hay". "Solo hay una desgracia", la de su cliente, ha recalcado, que en esta sentencia "se juega no solo 18 años de prisión, sino poder llorar a su hija en paz, llegar a investigar quién la mató, y tener que seguir leyendo su vida en la prensa mientras se considera lícito publicarla porque es un hombre oscuro que mató a su niña".

Próximos pasos

El lunes a primera hora se redactará el objeto del veredicto, ese esquema de cuestiones encadenadas a las que los jurados tendrán que dar respuesta.
 Después, hacia el mediodía se les entregará y empezarán a deliberar. Dormirán en un hotel, aislados de familiares y amigos, hasta que las votaciones den un resultado.
 En medio de este proceso, el martes de la semana que viene, el juez instructor, José Antonio Vázquez Taín, conocido en toda España gracias a los casos de Asunta y el 'Códice Calixtino', aprovechará para presentar su tercer libro de ficción
: 'Matar no es fácil'. El primero versaba sobre el robo de un códice en la catedral de Santiago. El segundo, presentado durante el primer aniversario del crimen de Teo, sobre el asesinato de un matrimonio entremezclado con la desaparición de una niña de la misma edad que tenía Asunta al morir.

 

Cayetano, la hora de la verdad.................................................... Rubén Amón

Es tiempo de decisiones para el diestro. Vuelve a los toros para quedarse, en un momento de crisis para la fiesta; también dará el "sí quiero" a Eva González el día 6 de noviembre.

 

CARLOS MARTÍNEZ

Torero casado, torero acabado. Este viejo y agorero aforismo taurino no le incumbe a Cayetano (Madrid, 1977). Y no porque sea futbolista. Ni porque vaya a permanecer soltero, sino porque representa un caso atípico de su profesión. Tardó 29 años en tomar la alternativa y ha esperado hasta los 38 para volver a casarse.
Sucederá el 6 de noviembre en Mairena del Alcor (Sevilla). Que fue donde nació su prometida —la presentadora y miss España Eva González— y donde se presume un hito mediático, aunque Cayetano ha aprendido a convivir con las patrullas de paparazis. También para despistarlos o distanciarlos en una “gira de despedida” de soltero que lo ha entretenido estas semanas en Nueva York, México, París, Milán y Lisboa.
Es una prueba de su itinerario cosmopolita.
 Habla idiomas Cayetano. Ha sido modelo de Armani.
 Ha dado la vuelta al mundo. Colecciona arte contemporáneo. Y ha reaparecido este año en los ruedos. Para quedarse.
 El triunfo de Ronda despejó todas las dudas. "No estoy de visita. El toreo es mi profesión, mi vocación y mi vida. Muchas veces se ignoran los esfuerzos y los sacrificios que hay detrás".
Cayetano sabe posar y sabe expresarse.
 Habla despacio, como torea. Y reviste su discurso con una voz oscura de barítono, como si las palabras más graves necesitaran acomodarse en las entrañas.
"El toro fue el primero que me enseñó a odiar.
El toro me quitó a mi padre [Francisco Rivera, Paquirri] cuando tenía siete años
. Y con esa edad ni entiendes ni comprendes
. Con el tiempo, con la educación taurina que me han dado, el respeto que me han inculcado, fui aprendiendo a entenderlo, a respetarlo, a quererlo y ahora incluso a dedicar mi vida y mi tiempo a esta profesión que tanto se ha llevado de mí y que tanto, a cambio, me ha dado”.

Cayetano y su hermano Francisco. / Gtres
Tiene sentido esta confesión en la incomprensión e incredulidad que le suscita la pujanza del movimiento antitaurino.
 Lamenta que los toros se hayan convertido en argumento incendiario del debate político e identario. Le "indigna y entristece" que Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, haya convertido la retirada de la subvención a la escuela de tauromaquia en una declaración de beligerancia.
Cuando, dice, Madrid es la capital mundial del toreo.
 Cuando un millón de espectadores, añade, han acudido este año a Las Ventas, y cuando la alcaldesa, concluye, adopta una posición de intolerancia, pero también alineada en las reivindicaciones animalistas.
"No entiendo cómo los animalistas quieren proteger el toro prohibiendo las corridas.
Porque ese es su camino hacia la desaparición del animal.
Yo arriesgo mi vida cuando mato a un toro.
Y creo que ese gesto da al animal mucha más dignidad de la que encuentra en un matadero.
 En estos tiempos de tanta sensibilidad medioambiental, urge reconocer que el toro, las dehesas, aportan una riqueza ecológica que sería inconcebible sin la existencia de las corridas.
 No me gusta hablar de economía para defenderlas, aunque las evidencias demuestran el impacto de una industria en la que trabajan 200.000 personas y que aporta a las Administraciones mucho más dinero del que recibe".
Nos recibe Cayetano en un estudio fotográfico de las afueras de Madrid.
 Y lo acompaña Curro Vázquez, su maestro, su mentor, su tío, su apoderado y hasta el padrino de su boda.
¿Por qué ha decidido casarse? "Son decisiones importantes que tomas durante tu vida y cuando encuentras una persona con la que quieres compartir tu vida y formar una familia, creo que es el paso natural.
 Yo me he criado con una cultura católica y me gusta.
 Por ese motivo hemos querido dar el siguiente paso. Creo que llega en el momento adecuado y desde el total convencimiento".
No le han disuadido de la decisión los preparativos extenuantes
. Ni tampoco va a hacerlo el revuelo que va a convertir Mairena del Alcor en una ciudad bajo estado de excepción de la prensa rosa.
Y de la prensa de los demás colores.
"He aprendido a intentar convivir con esa vida mediática.
A la que nunca te acostumbras.
 Porque somos personas, tenemos nuestros días, nos gusta nuestra privacidad.
Pero también entiendo que soy un personaje público, por la profesión que tengo.
Y eso forma parte de mi vida, siempre pidiendo un respeto, para que no se pasen ciertas líneas".
Cayetano sí ha cruzado muchas otras líneas
. Un torero que se anuncia en las marquesinas de los autobuses, que divulga un perfume de Loewe y que "convierte" a Giorgio Armani en el sastre de su vestido goyesco.

Cayetano Rivera. / Samuel Sánchez
La genética —hijo, hermano, sobrino, nieto, bisnieto de toreros— le puso en las manos una muleta y una espada, pero la repercusión de Cayetano en la sociedad, observada con recelo desde la ortodoxia taurina, se ha convertido en un vehículo de comunicación inequívoco.
"Quizás hay más miradas puestas en mí porque traspaso el reconocimiento del mundo del toro.
 Lo tomo como un compromiso con mi profesión
. Me implico en la seriedad con la que hago las cosas.
 Sí creo que tengo una responsabilidad.
 Y estoy dispuesto a darlo todo por defender lo mío, con orgullo y con honor.
 En algunos casos me siento incomprendido.
El movimiento antitaurino se origina por razones políticas o por desconocimiento.
 Y ese desconocimiento proviene de la falta de oportunidad o de interés.
No pido que guste.
 Pido que se respete".
Le interesa a Cayetano la política.
 La conoce. Votaría al PP si fuera por razones taurinas, pero no tiene claro el destino de su voto. Simpatiza con el fenómeno de Ciudadanos.
 Le atrae la sensatez y la franqueza de Albert Rivera, no lo suficiente todavía para definir su periodo de reflexión.
Primero, el 6 de noviembre.
 Después, el 20 de diciembre.
"La aparición de los nuevos partidos no solo ha roto el bipartidismo.
 También ha dinamizado la política.
 La ha hecho más interesante.
 Ha removido los cimientos. Creo que los toros también necesitan un cambio.
 Nos falta más unión y más organización. Y una visión menos interesada de lo que representan, pero estoy seguro de que no van a desaparecer nunca.
 Es un fenómeno estético y artístico único".

23 oct 2015

Lesbiana, pervertida y asesina… ¿Qué más? Publicado por Noemí López Trujillo

Retrato de Elizabeth Báthory (1560-1614). Autor desconocido. Imagen: DP
Detalle de un retrato de Elizabeth Báthory (1560-1614). Autor desconocido. Imagen: DP
La sangre de las muchachas empapaba la nieve. 
Ante el frío de Cachtice, en el corazón de los Cárpatos eslovacos, las chiquillas, desnudas, se ovillaban buscando algo de calor.
 A Erzsébet Bathory le gustaba, entre otras cosas, clavar agujas en el pellejo de algunas de las nobles que acudían a su castillo para aprender etiqueta y de las campesinas contratadas como criadas. Las sacaba del carruaje en el que ella iba envuelta en mantos y dejaba que toda aquella sangre se filtrase hasta alcanzar la tierra. Movía el hocico con placer y olfateaba el miedo mientras su entrepierna salivaba como un animal salvaje a punto de despedazar a su presa.
 Seiscientas cincuenta crías de piel blanca fueron asesinadas a manos de la condesa húngara a principios del siglo XVII.
Una ceremonia larga y sombría es lo que Bathory llevó a cabo junto a sus viejas sirvientas, que permanecían junto a ella tiesas y arrugadas como velas derretidas por el fuego.
 Cuchillos, atizadores, dientes, máquinas de tortura… Cualquier herramienta era útil para llevar a cabo las perversiones que masticaba sin remordimientos y con las que obtenía no solo placer sexual sino la fórmula para mantenerse tierna y joven: la condesa se hundía cada noche en la sangre que extraía de sus víctimas.
 Un sadismo poético, el demonio con apariencia de cachorro.
 «El criminal no hace la belleza; él mismo es la auténtica belleza», escribía Jean-Paul Sartre
 Y hasta aquí el mito: Bathory ha pasado a la historia como la aristócrata que masacró a cientos de chicas —megalómana, depravada y cruel—, pero estudios y análisis posteriores apuntan que, como explica el divulgador histórico José María Solé, pudo ser una cabeza de turco utilizada para poner freno a la desafección de la nobleza con respecto a la dinastía reinante de los Habsburgo.
Ya lo dijo Maxwell Scott en El hombre que mató a Liberty Valance (John Ford, 1962): «When the legend becomes fact, print the legend».
Ilustración de Santiago Caruso en el libro La condesa sangrienta. Imagen: Libros del zorro del rojo.
Ilustración de Santiago Caruso en el libro La condesa sangrienta. Imagen: Libros del zorro del rojo.
Nacida en el seno de una de las familias más poderosas y ricas de una Hungría que tenía la mitad de su territorio nacional bajo el yugo turco, Bathory era sobrina de un príncipe de Transilvania y de un rey de Polonia.
 Como era de esperar para una cría de su clase, con catorce años le concertaron un matrimonio con Ferenc Nadasdy, hijo de otra opulenta familia y un despiadado guerrero conocido como el Caballero Negro. 
Fue este quien le regaló a su prometida el castillo de Cachtice, que había pertenecido al emperador Rodolfo II, el lugar donde la condesa perpetraría sus crímenes.
 Las largas ausencias del esposo, obsesionado con la lucha contra los otomanos, y su pronta muerte —en 1604, con cuarenta y siete años él y cuarenta y cuatro ella— habrían sido hechos clave para que esta bárbara pudiera convertir su fortaleza en una cámara de tortura de cuyas paredes emanaban gritos, jadeos y aullidos.
 Ella, sentada en su trono, miraba morir.
Hasta nuestros días han llegado sus inmorales hazañas como cuentos que a fuerza de repetirse se convierten en una verdad universal.
 «Si Erzsébet amanecía irascible, no se conformaba con cuadros vivos, sino que a la que había robado una moneda le pagaba con la misma moneda… enrojecida al fuego, que la niña debía apretar dentro de su mano. 
A la que había conversado mucho en horas de trabajo, le cosía la boca o, contrariamente, le abría la boca y tiraba hasta que los labios se desgarraban», escribía Alejandra Pizarnik en el libro La condesa sangrienta (1971), una obra que mezcla la poesía y la reseña literaria y que se nutre de la biografía que Valentine Penrose publicó sobre Bathory en 1962.
 Sin embargo, es la investigadora Rachael L. Bledsaw quien explica cómo se ha ido alimentando la fábula a lo largo de los años en su tesis No Blood in the Water: The Legal and Gender Conspiracies Against Countess Elizabeth Bathory in Historical Context (Illinois State University, 2014). Manosear la historia, sobarla hasta transformarla en el perfecto relato de terror.
Bledsaw no exculpa a Bathory de sus crímenes, sino que concluye que «no hubo una conspiración basada en su género porque en Hungría, en aquella época, las viudas ricas no eran vistas como una amenaza». 
«Cuando la arrestaron tenía tan solo una fracción del poder y de la riqueza que había ostentado anteriormente. 
Además, el juicio contra sus cómplices se llevó a cabo según los parámetros judiciales de la época, incluyendo el uso de la tortura para obtener una confesión», argumenta. 
Pero la investigadora critica la escasez científica a la hora de abordar este personaje: sí, era una asesina, mas no el animal pérfido del que con tanto gusto han bebido la literatura y el cine, dos artes sedientos de fantasía granguiñolesca
Escritores y cineastas sobrevolando la historiografía como aves carroñeras para arrancar las vísceras de un trozo de carne putrefacto de por sí.
En su artículo «Sangre y poder» (La Aventura de la Historia, número 147, 2011), José María Solé apunta que cuando el marido de la condesa falleció ya constaba en los archivos de las autoridades de la Corte de Viena una denuncia presentada por Istvan Magyari, un pastor luterano que aseguraba haber presenciado las atroces prácticas de Bathory. 
«Dada la relevancia del personaje cuestionado y las consecuencias que para la imagen de los poderosos podía tener dejar al descubierto acciones de tal repulsiva naturaleza, el conde palatino Giorgi Thurzo fue encargado por el emperador Matías I de dirigir la investigación.
 Un asunto de extrema gravedad que cuestionaba a una familia de gran importancia, por lo que se llevó a cabo con toda la discreción posible y de acuerdo con los hijos de la condesa, ante todo interesados en evitar que una condena penal entregase los grandes bienes de su madre a la Corona, como era preceptivo en estos casos», escribe Solé.
 En 1611, el hallazgo de los despojos de las jóvenes muertas —de entre doce y veintiséis años— en las inmediaciones del castillo confirmaba las sospechas en torno a esta lúgubre figura que pasó de ser considerada una mujer exquisita a ser una lesbiana, pervertida y asesina.
Retrato de Matías I realizado por el círculo de Hans von Anchen hacia 1600.
Retrato de Matías I realizado por el círculo de Hans von Anchen hacia 1600.
Los historiadores húngaros son quienes han tratado de dilucidar la realidad de Bathory, trazando la teoría de que el proceso judicial al que fue sometida tenía como fin ocultar los tejemanejes secretos que esta habría desarrollado con su primo Gabriel Bathory, príncipe de Transilvania, en contra de la dinastía reinante de los Habsburgo.
 «Una buena instrumentación de presuntos rumores unida a llamativos testimonios sobre macabros hallazgos y a la forzada confesión de unos desgraciados servirían para dar un toque de atención a la posible desafección de la nobleza, evidenciar la decisión del monarca y desmontar una operación política clandestina de alto riesgo para el poder constituido», resume José María Solé.
El primer texto que hay en referencia a Bathory lo escribió el jesuita Laszlo Turoczi en 1760 tras encontrar las transcripciones del juicio a los cómplices. 
 Aglutinó los elementos principales de la historia y añadió uno más: los baños en sangre de los que la condesa disfrutaba cuando terminaba la inocencia del día y comenzaba la noche culpable, un ritual para ser bella y joven eternamente.
 Pero ¿por qué introduciría esto en su manuscrito? Rachael L. Bradshaw afirma en su tesis que el jesuita aprovechó la oportunidad para aderezar la leyenda y arremeter contra el protestantismo.
 Esta era la religión que profesaba la condesa, y para cuando Laszlo comenzó sus escritos muchas familias aristocráticas se habían reconvertido al catolicismo para ganarse el favor de los Habsburgo. Demonizaba así el protestantismo, relacionándolo con la santería, el lesbianismo y la perversión sexual. 
En 1865, el estudioso alemán Michael Wagner ratificaba el relato contado por el jesuita cien años antes pero aumentaba el número de víctimas de seiscientas a seiscientas cincuenta, siendo esta la cifra final que ha llegado a nuestros días.
 En realidad, es tal la inexactitud de sus asesinatos que es imposible establecer una suma exacta: se calcula que fueron entre trescientas y seiscientas.
En 1962, Valentine Penrose expandía con su prosa toda la rumorología bruna sobre Bathory y daba por ciertos algunos hechos sin confirmar como que mantenía relaciones sexuales con su tía Klara, otra bollera, criminal y envilecida mujer.
 El mito ha sido amamantado por los pechos generosos de la literatura, y el afán por el endiosamiento ha sido cosa de las plumas de los narradores posteriores más que de la propia condesa. Pizarnik es uno de los ejemplos más claros: «Es probable que Erzsébet fuera epiléptica ya que le sobrevenían crisis de posesión tan imprevistas como sus terribles dolores de ojos y jaquecas (que conjuraba posándose una paloma herida pero viva sobre la frente». Y así relata la poeta argentina el descubrimiento, al fin, de la maldad amurallada:
 «En compañía de sus hombres armados, Thurzo llegó al castillo sin anunciarse.
 En el subsuelo, desordenado por la sangrienta ceremonia de la noche anterior, encontró un bello cadáver mutilado y dos niñas en agonía.
 No es esto todo. Aspiró el olor a cadáver; vio “la virgen de hierro”, la jaula, los instrumentos de tortura, las vasijas con sangre reseca, las celdas —y en una de ellas a un grupo de muchachas que aguardaban su turno para morir y que le dijeron que después de muchos días de ayuno les habían servido una cierta carne asada que había pertenecido a los hermosos cuerpos de sus compañeras muertas—. 
La condesa, sin negar las acusaciones de Thurzo, declaró que todo aquello era su derecho de mujer noble y de alto rango. 
A lo que respondió el palatino: “Te condeno a prisión perpetua dentro de tu castillo”». Si bien es cierto que fue emparedada en un cuarto minúsculo con solo un ventanuco hasta el fin de sus días —agosto de 1614—, ella, que ni siquiera compareció en el juicio pues sus familiares lo evitaron, siempre negó ser la responsable de toda esa destrucción tiránica. 
 Tampoco llegó a usar jamás la virgen (o doncella) de hierro: este instrumento de tortura ni siquiera se había inventado por aquel entonces.
Cuenta la leyenda que cuando fue encontrada muerta en aquella habitación a sus cincuenta y cuatro años aún tenía el rostro lozano de una niña.
 También se dice que ella es el origen del mal puro. Quizá toda aquella sangre derramada impregnó la tierra, la hizo fértil como el vientre de una adolescente y engendró una semilla de la que el resto de la humanidad ha florecido.
 El germen infecto de quienes somos o el mito perfecto para excusarnos ante nosotros mismos.