Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 oct 2015

La pasarela de Letizia en Oviedo



Doña Letizia, en sus primeros premios Príncipe de Asturias como Reina, el año pasado. 


El príncipe Felipe saluda a Letizia Ortiz, cuando todavía se desconocía su relación, durante la entrega de los premios Príncipe de Asturias de 2003. 
La primera imágen de la pareja que captó una cámara de televisión. 


La reina Sofía y la entonces princesa Letizia charlan en presencia del príncipe Felipe tras la ceremonia de entrega de los XXIV premios Príncipe de Asturias en el Teatro Campoamor de Oviedo, en 2001.
 Ese fue el año en el que doña Letizia asistió por primera vez a la ceremonia como princesa de Asturias.
Los príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, junto a la reina Sofía, a su llegada al teatro Campoamor de Oviedo, donde se celebró la ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias 2006. La princesa no asistió en 2005 por el inminente nacimiento de su primera hija, Leonor. El único año en el que doña Letizia no ha regresado a su tierra para los citados galardones.


Los príncipes Felipe y Letizia durante la ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias en 2007. En la imagen, la entonces princesa saluda al piloto de Fórmula 1 Michael Schumacher al recibir el galardón en la categoría deportiva. 



La princesa Letizia durante el acto de entrega de los premios Príncipe de Asturias en 2008, celebrados como es la tradición en el teatro Campoamor de Oviedo. 




Doña Letizia a su llegada al Teatro Campoamor en el año 2009. 
El negro y la pedrería fueron predominantes en el traje escogido por la princesa de Asturias. 



Doña Letizia, en tonos verdes, llega a la entrega de los premios Príncipe de Asturias en 2013. 

Letizia, en el año 2011, durante la ceremonia en el Teatro Campoamor.
 La entonces princesa vistió como en todas las ocasiones un modelo de su diseñador español favorito, Felipe Varela.



  1. Con la melena ondulada y un conjunto de dos piezas blanco y negro, doña Letizia asistió a los premios en 2012. En la imagen, junto a don Felipe.




Johan Cruyff tiene cáncer de pulmón

El holandés se somete a pruebas para saber el alcance de la enfermedad, detectada el martes.

Johan Cruyff, en 2009 en el Camp Nou. / Vicens Gimenez

El exentrenador del FC Barcelona, el holandés Johan Cruyff (Ámsterdam, 1947), padece cáncer de pulmón, según ha informado Catalunya Ràdio este jueves.
La enfermedad le fue diagnosticada el martes, por lo que El Flaco sigue realizándose pruebas para conocer el alcance de la dolencia.
En 1991, Cruyff ya fue intervenido a corazón abierto tras sufrir una insuficiencia coronaria en fase aguda.
Tras esa operación, dejó de fumar e incluso protagonizó una famosa campaña de la Generalitat de Catalunya en contra del tabaco.
“Enviamos un fuerte abrazo a Johan Cruyff por la situación de la que nos hemos enterado hoy”, dijo Susana Monje, vicepresidente económica de Barcelona esta mañana en el Camp Nou.
Como jugador, Cruyff militó 10 temporadas en el Ajax de Ámsterdam, fichando en 1973 por el FC Barcelona, del que se marcharía en 1978 para recalar en la Liga Estadounidense.
Recibió el Balón de Oro en tres ocasiones durante su carrera (1971, 1973 y 1974) y, al retirarse, se convirtió en entrenador.
 Se inició como técnico en el Ajax en 1985 y tres temporadas más tarde llegó al Barça.
El extécnico, que se encuentra en Barcelona, abandonó la actividad deportiva tras dejar el banquillo del Camp Nou en 1996, aunque en el 2009 y hasta el 2012 fue seleccionador de Cataluña.
Cruyff, en su lucha por abandonar el tabaco, sustituyó el cigarrillo por caramelos para paliar los nervios durante los partidos del equipo barcelonista.
 El exentrenador fue el arquitecto del dream team, y el primero que ganó la Copa de Europa en 1992 en el estadio de Wembley, en Londres, para la entidad catalana.

 

El misterio de las palabras...................................................................

La receta del médico o los grafitis son los últimos reductos de la escritura a mano en la vida pública. Hay quienes incluso cuestionan su enseñanza en los colegios

Sin embargo, ni la máquina de escribir ni la pantalla son reflejo de nuestra individualidad. Dos exposiciones en la Biblioteca Nacional de Madrid recuperan los trazos más bellos

Caligrafía realizada por Diego Navarro Bonilla para este reportaje. / Diego Navarro Bonilla

nota mi dirección”. “No: mándamela por SMS…”. Este diálogo actual refleja muy bien el retroceso de la escritura a mano.
Un padre aún puede escribir a sus hijos instrucciones para la cena en una nota en la nevera, pero más probablemente se las enviará tecleando en su móvil.
 En la vida pública, el último reducto del manuscrito es la receta del médico, esos garabatos que solo el farmacéutico puede descifrar
. O quizá los grafitis en los muros: consignas políticas, declaraciones amorosas o los barrocos tags de los grafiteros
. No es de extrañar, pues, que haya quien proponga que los colegios dejen de enseñar a escribir y lo sustituyan por clases de uso del teclado y escritura a dos pulgares.
 En el terreno digital, las tabletas, que por su pequeño tamaño tienen teclados incómodos, pueden coexistir con la escritura manual: algunas transforman lo que se escribe con un lápiz especial sobre la pantalla en texto “de ordenador”.
A diferencia del habla, que es una función natural, la escritura es artificial.
 Un niño en contacto con hablantes de cualquier lengua la adquirirá sin darse cuenta.
 Pero la escritura es un código creado por la civilización, a veces independientemente, como ocurrió con siglos de diferencia en Mesopotamia y Centroamérica.
 Hay escrituras alfabéticas (la del español, que es casi fonética, o la hebrea, solo de consonantes), las hay que representan sílabas (como el hiragana japonés) y otras en las que un carácter puede tener una parte semántica y otra fonética (como el chino).
Casi todas las culturas escritas tienen ciertas formas de uso cotidiano y otras cuidadas y que se consideran más bellas: estas constituyen la caligrafía
. En Occidente, la letra recargada y llena de adornos se usó básicamente para documentos oficiales (y aún queda un eco en ciertos diplomas y títulos), pero en China es un arte practicado hasta nuestros días.
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Con la aparición del ciudadano moderno en el siglo XVIII se extendió la alfabetización, en su doble vertiente: lectura y escritura
. Saber escribir servía a la gente para llevar sus propios registros (gastos, cosechas, acontecimientos familiares…). Pero unas capacidades un poco más elaboradas, y una letra legible y uniforme, podían convertirse en un empleo: escribientes, secretarios y oficios similares, desempeñados con pluma y tintero sobre un escritorio, que fueron la espina dorsal de la burocracia estatal y de las empresas antes de la difusión de la máquina de escribir, en el último cuarto del siglo XIX.
El dominio de la escritura permitió otra gran revolución: la comunicación personal
. Las novelas del XVIII están llenas de notitas y cartas amorosas que permitían a las almas apasionadas proyectar sus idilios en el tiempo y en el espacio.
 Cuando al dominio generalizado de la escritura se añadió un sistema barato y fiable para su transporte, con el servicio estatal de correos (en vez de confiar la carta a un mensajero), la comunicación manuscrita estalló exponencialmente.
 La ciudadanía no solo podía redactar por sí misma sus cuitas amorosas, sino que el buzón de correos permitía confiar anónimamente el mensaje a un sistema rápido y eficaz.
 Con la llegada de las tarjetas postales, su uso se disparó: en las dos décadas anteriores a la Gran Guerra circularon unos cinco mil millones.
¿Cómo escribía la gente? Los primeros balbuceos del castellano en San Millán, el diario de Colón en su viaje a América, las 10.000 o 20.000 cartas que escribió Teresa de Jesús, la denuncia de Góngora acusando a un inquisidor de relaciones inmorales, los cálculos para la medida del meridiano de Jorge Juan en Perú, el borrador de contrato de Larra para que una empresa representara sus obras… Todos se escribieron básicamente con un cilindro hueco acabado en una punta cortada al bies que se mojaba en un tintero.
 Podía ser una caña o una pluma de ave, y posteriormente un soporte rematado en una plumilla de metal.
Hasta mediados del siglo pasado, en muchas escuelas españolas, plumilla y tinta era lo que se usaba normalmente para aprender a escribir.
Diego Navarro Bonilla
stos instrumentos exigían una determinada posición de la mano y un ángulo constante respecto al papel.
 Cuando la pluma bajaba, creaba trazos más gruesos que cuando se elevaba o iba lateralmente, y eso contribuyó a crear un estilo de letra característico.
 La letra manuscrita más común era cursiva (inclinada) y ligada (de letras enlazadas unas con otras). Casi cada país ha conservado un estilo propio, según su tradición caligráfica y su sistema de enseñanza, y además suele haber diferencias entre la escritura de hombres y de mujeres.
La situación no cambió mucho ni siquiera cuando el último cuarto del XIX alumbró la estilográfica, básicamente una plumilla más un depósito de tinta.
 La revolución llegó con el bolígrafo (tras la II Guerra Mundial) y el rotulador (popularizado en Japón hacia 1960), que escribían en cualquier ángulo respecto al papel, rompiendo la disciplina de la postura… y deformando la letra.
La proliferación actual de ordenadores y dispositivos móviles debe de estar alarmando seriamente a los fabricantes de estos instrumentos, porque Bic, la marca de bolígrafos francesa que domina el mercado, ha lanzado en Estados Unidos una campaña a favor de la escritura a mano.
Donde las cosas están cambiando es en cómo enseñar a escribir a los niños.
El procedimiento clásico (que no ha desaparecido del todo) era hacerles trazar hileras de palotes y oes.
 Luego se copiaban las letras, en minúscula y mayúscula, y después sus combinaciones, para aprender cómo se enlazaban unas con otras
. Hoy día se tiende, más que a trabajar la forma, a enfatizar la producción de mensajes.
La escritura se intenta introducir cuando hay una cierta madurez cognitiva y motriz (cinco-siete años).
Hay países donde está regulado qué tipo de letra enseñar: Finlandia y zonas de Estados Unidos han sido noticia recientemente porque han renunciado a enseñar la típica cursiva escolar, sustituyéndola por letras aisladas (“letra de imprenta”). Eso refleja también la evolución de los usos: hoy la mayoría de los adultos utilizan, en vez de la letra ligada que aprendieron en la escuela, una sucesión de letras aisladas.
 La cursiva es más rápida (su nombre viene del verbo latino “correr”), pero mucho menos legible. En España no hay una postura unificada sobre qué letra usar y la decisión queda para cada centro, o incluso para cada profesor.
Pero hay una tendencia a la simplificación: por ejemplo, las clásicas mayúsculas recargadas de la cursiva se sustituyen por letras de imprenta.
Diego Navarro Bonilla
onsideramos necesario seguir enseñando la letra manuscrita? Hay motivos para contestar afirmativamente.
 La escritura a mano es autónoma y energéticamente independiente: en caso de necesidad, uno puede dejar una nota sobre un trozo de papel, o incluso grabar unas palabras sobre la pared. Pero, además, cuando los niños aprenden la letra escolar están trabajando unas habilidades motrices finas, que luego podrán aplicar a otras muchas cosas: atarse los cordones de los zapatos ¡o incluso utilizar un teclado! Escribir a mano un texto es una buena forma de memorizarlo.
Las enfermedades mentales pueden influir sobre la letra: algunas provocan que disminuya su tamaño hasta extremos casi ilegibles.
Por esa razón, o tal vez como recurso creativo, el escritor suizo Robert Walser escribió a lápiz muchísimas páginas de letra diminuta o microgramas. ¿Y será cierto lo opuesto? ¿Cuidar la letra puede detener el deterioro mental?
 Eso pensó Rafael Sánchez Ferlosio, quien para superar los daños que le habían causado años de consumo abusivo de anfetaminas se dedicó a ejercicios caligráficos:
 “Yo creo que la caligrafía salva del alzhéimer”, escribió.
El manuscrito tiene una característica evidente, comparado con la máquina de escribir o la pantalla: la individualidad. La letra de una persona es algo exclusivo, como sabe bien el amante que reconoce ya desde el sobre una carta de su amada… O el criminal que disfraza su escritura para no ser reconocido. Pero un experto puede distinguir una letra creada espontáneamente de otra disfrazada. Estos analistas de la escritura se llaman “peritos calígrafos”.
 Recientemente se ha recurrido a ellos para saber quién y cuándo escribió los libros de cuentas del exsecretario del PP Luis Bárcenas.
Si uno estudia una determinada letra, ¿podría sacar conclusiones sobre la psicología de su autor? Los partidarios de la grafología creen que sí, pero hoy se tiende a considerar que carece de base científica. La CIA pidió informes en 1993 para saber si las técnicas grafológicas podían decir si una determinada persona se derrumbaría bajo presión o si era proclive a hablar demasiado, pero concluyó que no.
Nada produce más sensación de extrañamiento que estar sumido en una escritura exótica. Por eso se dice en español que “esto es chino para mí”, y en inglés, que “es griego”.
 Cuando un artista pretende crear todo un mundo, no es extraño que diseñe también su propio sistema de escritura. Es lo que ha hecho el artista antes conocido como Zush con su escritura Evru, o las que traza el Codex Seraphinianus de Luigi Serafini: ecos manuscritos de mundos que tal vez no existen.
elpaissemanal@elpais.es

 

21 oct 2015

La hora final de la verdad y la mentira................................................. Javier Casqueiro

El presidente se enfrenta en el último control parlamentario con su legado al catálogo de los horrores que pinta la oposición.

Pedro Sánchez hoy durante su intervención en el Congreso. / Uly Martín

Sí, ya era hora.
 La última sesión de control al Gobierno en el Parlamento de esta décima legislatura derivó en la enésima repetición de unos duelos resecos entre el optimismo irredento de un presidente del ejecutivo en busca de señales positivas con las que parchear su legado ya como candidato y una oposición dura, variada, también necesitada de encontrar su perfil diferente con la presión encima de la campaña electoral.
 Un enfrentamiento repetido que sonó a desgastado.
 Un cara a cara muy calculado, cada uno en su papel, que no aportó más novedad que la seguridad de que para la historia será el último.
 La hora de repasar las verdades y las mentiras, de no encontrarse en ningún punto
. Una legislatura, seguro, de tránsito hacia lo incierto.
El primero en enumerar el catálogo de los horrores de todo lo mucho y malo que le ha ocurrido al presidente Mariano Rajoy en su mandato fue el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, que no se ahorró ningún dardo.
Esteban le tachó de autocomplaciente, le recordó que ningún portavoz de la cámara le respalda excepto el de su propio grupo, lamentó que le haya faltado diálogo y sobrado soberbia y enumeró las tres R de su herencia: recortes, recesión y recentralización.
La última frase de denuncia sonó a lamento y cansancio: "Ya era hora de que acabara esta legislatura".
Rajoy, claro está, ni escuchó los reproches.
Los da por amortizados. Los presupone. Su guion es otro.
El dilema es sencillo. Según el presidente-candidato, España estaba hace cuatro años en la UVI y ahora crece y crece más que nadie en Europa, como sostienen incluso varios organismos internacionales. "Empleo y seguridad" será el lema de campaña.
En la sesión de despedida de la legislatura más estirada de la democracia hubo escenas que anticiparon el final de otra era, aunque algunos protagonistas aún no lo saben ni tienen muy claro cuál será su papel si es que lo tienen en la nueva etapa que comenzará a partir del 20-D.
El caso más evidente de "marcha fúnebre" fue el de Rosa Díez, la líder de UPyD, que ha mantenido con Rajoy estos cuatro años una relación tensa, airada, desagradable.
Su pregunta final fue fiel a esos principios y a su habitual tono desabrido.
 Díez inició su planteamiento tan arriba que ya no había enfrente más que precipicios.
 Acusó al presidente de mentir desde su discurso de investidura, hace cuatro años, hasta el final.
 Y cosió luego todos los incumplimientos registrados con el dedal de la palabra mentira, que dirigida a un presidente en ejercicio siempre parece más contundente pero que Rajoy digiere con indiferencia de registrador de la propiedad en excedencia.
El presidente-candidato fue de nuevo displicente con Díez: "No es fácil contestarle. No voy a hablar de su partido porque creo que debo ser generoso, ni de su legado, pero sí le voy a recordar para su futura vida un poquito de humildad, que le iría un poquito mejor".
 Todas las encuestas vaticinan para UPyD un mal resultado el 20-D y para Díez el episodio final de toda una vida dedicada a la política en todo tipo de ámbitos.
El líder del PSOE en la oposición, Pedro Sánchez, que hace menos de dos años era un diputado anónimo en busca de pregunta de control a cualquier ministro del PP, también es consciente de que ahora se juega mucho más que seguir de cabeza de cartel.
 Es joven y nuevo y lo sabe.
 A Sánchez no le intimidan ni las cámaras ni la Cámara baja. Se levanta de su sillón en el Congreso y mira de frente sin miedo a los abucheos ni a los palmeros más groseros del PP. Parece incluso que le gusta.
Pedro Sánchez también acusó a Rajoy de mentir, de utilizar los presupuestos y las instituciones en su beneficio partidista, de incumplir sus responsabilidades y obligaciones, de beneficiar a amigos y, aunque prometió tras el 20-D una nueva etapa y otras maneras de hacer política, recurrió a la acusación más gruesa y más burda al augurar que tras las elecciones lo que los españoles se merecen es "un presidente honrado".
Mariano Rajoy tampoco se alteró demasiado en este enfrentamiento postrero
. Conoce las mentiras que le achacan pero su verdad es otra.
Su máxima se ciñe a que heredó de los socialistas una España en quiebra, enferma, sin respiración y ahora, tras cuatro años largos duros, difíciles y llenos de promesas incumplidas, toda Europa y los organismos internacionales más fiables la certifican en crecimiento y creando más empleo que nadie. Se juega el 20-D ser el primer presidente del Gobierno que puede no repetir en el cargo.
 Mucho más que su actual empleo.