Cary Grant: tacaño, gigoló bisexual, marido violento y enganchado al LSD. (Así lo resumio una de sus esposas)

Cary Grant en "Madame Butterfly" (1932)
“No lo diriges, simplemente lo pones delante de la cámara. La
audiencie se identifica con su personaje de inmediato.
Representa al
hombre que conocemos,
nunca resulta un desconocido para nadie“
. Nada amigo de dorar la píldora,
Alfred Hitchcock fue así de taxativo cuando le preguntaron su opinión sobre el más importante de su actores-fetiche,
Cary Grant.
El periodista y escritor
Tom Wolfe
—que era bastante mejor en el primer oficio que en el segundo— dijo:
“Para las mujeres, él es el único ejemplo de caballero sexy de
Hollywood.
Para los hombres y las mujeres, es el único ejemplo de una
figura que tanto EE UU como Occidente necesitan:
el héroe romántico burgués“.
La apolinea gallardía, la franqueza que desprendía en la pantalla —en
la vida real, como veremos, hay matices—, la romántica suavidad de la
mirada, no desprovista de un fondo aceptablemente pícaro, y, por
supuesto, las
más de 60 películas que marcó con su huella, han convertido a Grant en un símbolo de dimensiones históricas.
El
American Film Institute, la entidad independiente encargada de preservar el legado cultural del cine, coloca a Grant en el
segundo puesto de los actores legendarios de todos los tiempos, sólo por detrás de
Humphrey Bogart
. La
Academia, el
sindicato profesional de quienes sacan trajada de la poderosa industria de la pantalla, le otorgo en 1970 un
Oscar honorario —no ganó ninguno en competición y estuvo nominado sólo dos veces—, una especie de
castigo
por su rebeldía pasada: se había dado de baja de la Academia en 1936
porque se negaba a estar contratado a las órdenes de un gran estudio y
odiaba las “prácticas corporativistas de autopremiarse”.

Con Audrey Hepburn en "Charada" (1963)
Pero tras
“el hombre de la ciudad de los sueños”,
como algún crítico le llamó con justicia, o la “primera opción segura”,
como le consideraban los mejores directores de las décadas de los años
cuarenta, cincuenta y parte de los sesenta, había una persona insegura y
de grandes sombras pirvadas.
Sin olvidar que casi todos los
pecados han de omitirse frente al legado de las películas —algunas de ellas, inolvidables:
La fiera de mi niña,
Encadenados,
Arsénico por compasión,
Sólo los ángeles tienen alas…— , dedicamos el
Cotilleando a… de esta semana a Cary Crant, nombre artístico de Archibald Alexander Leach, nacido en 1904 en una
familia modesta y señalada por la tragedia
de Bristol (Reino Unido), y fallecido en 1986 en una remota ciudad de
Iowa (EE UU), tras sufrir una hemorrogia cerebral en medio de una gira
de monólogos teatrales.
Al hacer recuento de las posesiones del cadáver
encontraron en uno de los bolsillos
un trozo de vulgar bramante
:
Grant, el actor mejor pagado de su tiempo, lo llevaba siempre encima
como recuerdo de los años de pobreza de su niñez.
No era el caso: tras
la muerte, la fortuna personal de la estrella se calculó en 70 millones
de dólares.

Archie Leach, el futuro Cary Grant, y su madre, Elsie
1. Las “largas vacaciones” de mamá. Cuando tenía nueve años, Elias James Leach (1873–1935), el padre, le dijo al niño
Archie,
hijo único, que su madre, Elsie Maria Kingdon (1877–1973), se había ido
de casa para unas “largas vacaciones”.
Lo cierto era que
Leach la había internado en un sanatorio mental
para irse con otra y porque la mujer sufría una depresión clínica
severa tras la muerte de un primer hijo, que desarrolló una gangrena
tras pillarse un dedo con una puerta mientras estaba al cuidado de la
madre, que nunca superó el convecimiento de que la culpa le
correspondía.
Grant
creció convencido de que su madre estaba muerta,
hasta que en 1933, tras una conversación alcohólica con su padre, éste
le confesó la verdad
. En la sala de visitas de una tétrica institución
mental, Elsie (56 años) y su hijo (30) se vieron por primera vez tras
veinte años.
Ella le trató como a un crío de nueve.
El actor, que ya era
famoso, trasladó a la madre a una residencia privada, donde ella
moriría, dos semanas después de cumplir 95, mientras dormía la siesta.
Grant nunca quiso dar demasiados detalles en público sobre su infancia
desgraciada e incluso la falseó, haciéndose pasar por hijo de una
familia con tradición teatral y dedicada a “prósperos negocios”.

En una de las escenas cumbre de "Sospecha" (1941)
2. Apuesta máxima: dos dólares.
Las cicatrices
internas de la soledad y el sentimiento de abandonó que sufrió al vivir
sin padres en el gris y portuario Bristol nunca curaron del todo.
Grant,
que padeció varias crisis relacionadas con el consumo inmoderado de
alcohol,
confundió durante toda su vida el dinero con la felicidad
y la autoestima con la riqueza.
El miedo a volver a ser pobre poblaba
sus pesadillas y recibió sesiones de psicoanálisis para intentar
evitarlas.
Fue uno de los grandes tacaños de su tiempo —le apasionaban
las carreras de caballos y las apuestas, pero nunca invertía más de un
par de dólares a la vez—, temía revelar lo que ganaba —que era mucho,
unos
tres millones de dólares por película en los años
sesenta, cuando era el actor mejor pagado de Hollywood— y se quejaba
siempre que podía de la presión fiscal (“el gobierno se queda con 81
centavos de cada dólar que gano, pero soy uno de esos tipos afortunados
que ganan muchos dólares, todos con una marca que indica
’19 centavos para Grant’
. ¡No está mal!”, dijo en una entrevista).

Con su amigo íntimo y 'novio' Randolph SCott
3. El mejor gigoló de Nueva York. En sus primeros
años en EE UU, cuando intentaba labrarse una carrera en los musicales y
dramas de Broadway, Grant fue vendedor de corbatas, hombre anuncio y
gigoló de damas y caballeros de la alta sociedad, practicando la
bisexualidad que años más tarde, cuando era un divo, intentó ocultar
pese a que era comidilla pública (la deslenguada
Marlene Dietrich declararía en una entrevista que el comportamiento sexual de Grant merecía un
“suspenso, por marica”).
El actor aprovechó el trabajo de
escort
para aprender buenas maneras y formas de protocolo y comportamiento.
Llegó ser considerado como el mejor gigoló de Nueva York y protagonizó
algunas escandalosas escenas de celos con uno de sus amantes, el diseñador Orry-Kelly.
Algunas de las biografías sobre Grant aseguran que era el empleado
estrella de la próspera agencia de acompañantes masculinos que dirigía
la actriz
Mae West, la inolvidable autora de frases bomba como:
“Cuando
soy buena, soy buena; pero cuando soy mala, soy mucho mejor”.
La
bisexualidad de Grant, que él nunca admitió aunque tampoco trató de
ocultar, fue objeto de solaz para la prensa dedicada al cine, que sacaba
partido a su continúa presencia en fiestas con el actor gay
Randolph Scott
—que también era una de las pocas personas en las que confiaba en
asuntos financieros— y los intentos infructosos de llevarse a Grant a la
cama de algunas de sus compañeras de reparto, como
Carole Lombard y
Tallulah Bankhead
. Para compensar, los estudios Paramount, los principales clientes del actor, inundaron las revistas con
montajes periodísticos sobre sus presuntas dotes como amante de mujeres (“El atleta consumado”, se titulaba uno de estos reportajes de ficción).

Grant y su tercera esposa, Betsy Drake
4. Un marido “hostil e irracional”. Pese a la
leyenda sobre su preferencia por el sexo con hombres, Grant se casó
cinco veces.
Las relaciones acabaron mal en cuatro de los casos.
Su
primera mujer fue
Virginia Cherrill, actriz que interpretaba a la vendedora de flores ciega en
Luces de la ciudad
(Charlie Chaplin, 1931).
Se casaron en 1934 y se divorciaron al año
siguiente, en un proceso escabroso.
Ella acusó a Grant de malos tratos,
que no fueron probados, beber en exceso, amenazarla y de darle 125
dólares al mes.
“Eso le bastaba y le sobraba antes de conocerme”,
dijo el actor en el juicio con su acostumbrado carácter roñoso.
El juez
le adjudicó a la mujer la mitad de los bienes de la sociedad de
gananciales, valorados en unos 50.000 dólares.
En 1942 Grant contrajo
matrimonio con la multimillonaria
Barbara Wollworth Hutton, conocida como la
Pobre niña rica
por su azarosa vida sentimental.
Firmaron un acuerdo prenupcial que
establecía con claridad lo que cada uno de los cónyuges aportaba y se
divorciaron por las buenas en 1945.
Con la tercera esposa, la actriz
Betsy Drake, la unión fue más duradera (1949-1962).
Tras el divorcio ella se convirtió en terapeuta
new age.
En 1965 Grant se casó con la también actriz
Dyan Cannon.
Tuvieron una hija,
Jennifer Grant, la única descendiente biológica del actor, y se divorciaron en un amargo proceso en 1966.
Cannon acusó a su marido de ser violento,
pegarle, tener ataques de ira, encerrarla en el armario y prohibirle usar ropa “demasiado corta”.
La sentencia calificó a Grant de “hostil e irracional”. En 1981, el
actor protagonizó su última ceremonia nupcial, con Barbara Harris,
relaciones públicas de un hotel y 47 años más joven que su marido.

Con su 'amor español', Sophia Loren
5. Affaire español con Sophia.
Uno de los
grandes romances de Grant ocurrió en territorio español, en Segovia y
durante el rodaje del drama bélico ambientado en las guerras
napoleónicas
Orgullo y pasión (Stanley Kamer, 1957). Grant y su compañera de reparto
Sophia Loren mantuvieron un tórrido
affaire que incluso despertó los celos del otro actor principal,
Frank Sinatra, quien en una explosión de ardor muy apropiada a su caracter
mucho macho llamó a su rival “madre Grant” en presencia de la
chica.
Grant, que entonces estaba casado con Betsy Drake, le prometió a la
actriz italiana un divorcio rápido y le propuso matrimonio, pero ella le
recordó que, aunque le gustaba lo que vivían y se sentía confundida por
las emociones, estaba prometida con el productor italiano
Carlo Ponti.
La aventura apareció en la prensa y Drake voló a España para intentar
no perder a Grant.
Para regresar a los EE UU se embarcó en el
trasatlántico de lujo
Andrea Doria,
que se hundió dos horas antes de llegar a Nueva York tras chocar con
otro crucero.
Fue el peor desastre marítimo en tiempo de paz tras el
del
Titanic. Drake no sufrió heridas, pero
las joyas que había llevado a España para lucirlas ante su marido acabaron en el fondo
del Atlántico.
Estaban valoradas en 200.000 dólares
. Grant no abandonó
el rodaje —y el flirteo con Loren— para consolar a su naúfraga esposa.

Cromo de Grant que se repartía en las cajetillas de tabaco
6. Tripi Grant. “He herido a todas las mujeres que he amado.
Fui un completo farsante (…) Ahora
por primera vez en mi vida soy sincera, profunda y verdaderamente feliz“,
declaró Cary Grant a un periodista en 1957.
¿Qué había ocurrido? ¿Cuál
fue el detonante de la locuacidad desconocida en un hombre parco en
palabras y, sobre todo, la causa de tanta plenitud?
La respuesta tiene
que ver con la química.
Desde ese año el actor empezó a tomar, primero
bajo control médico y luego por su cuenta y riesgo,
LSD,
ácido, la droga psicodélica de síntesis descubierta en 1938 y no declarada ilegal hasta 1968. Le gustó tanto que
tomó al menos un tripi al día durante años.
A la ceremonia le llamaba “mi hora del té”. En 1961 dijo: “Siento que
ahora me comprendo realmente a mí mismo.
Antes no era así. Y al no
comprenderme a mí mismo, ¿cómo esperar comprender a los demás?
Sencillamente, he vuelto a nacer”
. Con más de 50 años de edad, Grant
creyó encontrar en los
ácidos, cuyo
apostolado asumió con una vehemencia cándida, una
verdad superior de trascendencia —se empeñó en tener hijos para colmarla— y una “conexión” que nunca había experimentado con su
yo interior.
La afición, que
dejó de ser placentera cuando se hizo compulsiva,
fue utilizada contra Grant por la prensa amarillista y por algunas de
sus esposas en los procesos de divorcio.
Dyan Cannon dijo que viendo por
televisión una ceremonia de entrega de los Oscar bajo los efectos del
ácido, Grant destrozó el mobiliario de la habitación por la rabia de no
haberlo obtenido.
Pobre e Infeliz Grant y en el cine fue todo lo contrario, chistoso amable, sus gestos se hicieron famosos, tenía muchas caras, Yo me llevo a La Novia era ella o Sospecha.