Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 jun 2015

Nabokov se las sabía todas............................................................... Javier Aparicio Maydeu

Las cartas del autor a su esposa, chófer, asistente y cómplice revelan su perfil camaleónico.

Véra Nabokov escribe al dictado de su marido, Vladímir, en su casa en 1958. / Getty Images

Las cartas del autor de Lolita a su adorada y explotada esposa, secretaria, lectora, chófer, asistente, mecanógrafa, editora y cómplice no tienen desperdicio, ya era hora de que se tradujeran, y constituyen una pieza clave del rompecabezas que contextualiza la vida y la idiosincrasia del impagable narrador ruso, ese malabarista de los juegos y las identidades, que manipulaba como bolas de colores sobre el fondo oscuro del exilio y de la supervivencia.
 Otras piezas esenciales son sus memorias falsas Habla, memoria (Anagrama. Barcelona, 1999) y el volumen de Stacy Schiff Véra. Señora de Nabokov (Alianza. Madrid, 2002), la biografía completa y aguda de la destinataria de las cartas que nos ocupan, el amour fou ma non troppo del bueno de Vladímir que, atlético como era, supo nadar siempre entre dos, tres y hasta cuatro aguas, no en vano cruzó el Atlántico.
Una de las misivas de Nabokov.
Se las sabía todas. Y en este epistolario, que traduce la edición de Penguin Classics publicada el pasado septiembre, como un artista capaz de actuar en varias pistas de circo a la vez, Nabokov revela su condición polifacética, camaleónica.
 Héroe romántico de novela del XIX. Coleccionista de fruslerías. Implacable observador del mundo, como le corresponde a un naturalista y cazador de mariposas.
 Entrañable dibujante de coches y trenes para su hijito Dmitri al final de la página. Chancero (“Cachorrilla, prométeme que nunca, nunca cenaremos salchichas”, le escribe en 1926 al sanatorio en el que Véra estaba interna, como lo estuvo en el de Wald en Davos la esposa de Thomas Mann). Adulador incorregible (“Te amo, mi minina, mi vida, mi vuelo, mi flujo, perrita”, le escribe en julio de 1926, como Humbert Humbert escribirá más tarde “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, mi pecado, mi alma…”). Poeta, en versos que desperdiga a lo largo del epistolario, y en prosa: describe una taberna rusa de Marsella —“de la calle llegaba un frescor acídulo y el rumor sordo de las noches portuarias”— no como lo hubiese hecho Zola, sino confesándole a Véra enseguida que se sabe de memoria los poemas de Ronsard; y recurre a las imágenes como recurre un náufrago a una tabla, “hace sol y hiela, por lo que la nieve en los tejados parece una violácea capa de gouache”, escribe desde Praga en 1926.
Autor de crucigramas —que plantea moviendo las palabras como fichas en un tablero de su querido ajedrez— y de acertijos que los editores resuelven para el lector más curioso
. Políglota cosmopolita y un lenguaraz animal social (“Todo un éxito. Estaba Michaux. Me hice muy amigo de la editora de Joyce, una lesbianita petulante”, escribe en 1937 en un París todavía libre y libérrimo)
. Y un gigantesco egocéntrico, a pesar de que, con casi 40 años, le confiesa a Véra en febrero de 1937 su ilusión por ser recibido por fin en París por el gran Gallimard. El volumen de Cartas a Véra, que cubre sobre todo las décadas anteriores a su exilio americano, y que exhibe la impostura del artificio y cierto hedonismo lúdico, se adereza con un aparato de notas y textos complementarios entre los que destaca un preliminar del profesor Brian Boyd, el autor de los volúmenes Vladimir Nabokov. Los años rusos (Anagrama. Barcelona, 1992) y Vladimir Nabokov. Los años americanos (Anagrama. Barcelona, 2006), otras dos piezas imprescindibles para armar el puzle biográfico del temible burlón que escribió Pálido fuego y que ni siquiera siendo septuagenario dejó nunca de ser un joven vanguardista.
Fue Véra una mujer con arrestos, que parece que condujo alguna vez uno de los Ferrari de su hijo y que nunca estuvo para muchas lolitas y, sin embargo, se diría que en sus cartas Nabokov la convierte en un alma cándida… Y es que también las cartas privadas son un género de ficción en manos de un artista.

 

El Gobierno griego pone en marcha medidas para aliviar el ‘corralito’......................... María Antonia Sánchez-Vallejo

El Ejecutivo anuncia que se habilitarán algunos bancos para el cobro de las jubilaciones. El transporte público será gratuito.

Una nutrida cola de jubilados aguarda desde las ocho de la mañana -una hora menos en la Península-, ante la sede central del Banco Nacional de Grecia, la principal entidad comercial del país.
 Esperan conocer el listado de sucursales de bancos que abrirán sus puertas sólo para los pensionistas, pues muchos carecen de tarjeta y no pueden retirar dinero de los cajeros durante la semana en que los bancos permanecerán cerrados.
 “Han dicho que abrirán a las 12 algunas oficinas en Atenas y también en las principales ciudades de Grecia, pero no hay nada seguro”, asegura Panayotis, que se resiste a confesar cuánto cobra de pensión. “1.500 euros”, dice en voz baja, “pero es la suma de tres pensiones de la Administración, y cobraba 3.000 antes de los recortes
. Obviamente, mi situación no es desesperada como la de otros conocidos”, añade.
“¿Pánico?”, se pregunta retóricamente Yorgos, otro jubilado que declina especificar su pensión, en la misma cola. “Pánico fue el de la guerra civil, cuando al acostarte no sabías si ibas a estar vivo al día siguiente…
Esta es otra guerra, pero económica, y por tanto incruenta. Nos lo tomaremos con calma, no nos queda otra”.
Salvo la cola a la puerta del banco, la normalidad en las calles es total: los supermercados han abierto como otro día cualquiera, las gasolineras registran menos actividad que este domingo –las autoridades han garantizado la existencia de suficiente combustible- y el Gobierno ha anunciado que el transporte público en Atenas (metro, autobuses y tranvías) será gratis hasta el próximo martes (el billete normal cuesta 1,20, la mitad el reducido).

A diferencia de los jubilados concentrados ante el banco, Aspasía, de 76 años, asegura que no está dispuesta a hacer ninguna cola, y eso que, cuenta, sólo tiene 50 euros en efectivo, que se le quedarán en 20 tras hacerse una radiografía, esta misma mañana.
Con el resto quiere comprar pescado e invitar a comer a sus hijos. “No tengo tarjeta pero tampoco miedo. No voy a hacer colas. Tengo comida suficiente en casa y esto no me asusta en absoluto. Viví la ocupación nazi y no me impresiona nada de lo que pase”.
“Es llamativa la resistencia de los abuelos”, comenta el dueño de un establecimiento contiguo al banco, que ronda los cuarenta. “Para nosotros, los jóvenes, es la primera vez que debemos hacer frente a un momento difícil, estoy seguro que lo sobrellevaremos peor que ellos”.

 

28 jun 2015

Grecia impone un corralito y los bancos y la Bolsa cierran el lunes

Atenas ha anunciado la puesta en marcha de un control de capitales que implica fuertes restricciones para sacar dinero de los bancos, que permanecerán cerrados de dos a siete días. Los mercados tampoco abren. Ante la inminencia de un lunes negro, los griegos acuden en masa a los cajeros por el miedo de perder sus ahorros en un sistema que afronta una acuciante falta de liquidez,

Isabel Preysler y Vargas Llosa siempre fueron amantes desde que se conocieron.


Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa se conocían desde la época de Boyer, y ya en 1989 hubo rumores de cierto entendimiento aunque, según se ha sabido ahora, no fue más que un tonteo.???¿¿¿¿¿ No llegó a más porque Patricia Llosa, la mujer del Nobel, se percató del peligro que suponía en su matrimonio la aparición de la mujer que ostentaba entonces, y ostentará, el título de Reina de Corazones.
 Ha sido público y notorio que Isabel nunca ha cortado su matrimonio anterior hasta que estuviese segura de sus sentimientos.
  Sucedió con Julio Iglesias, cuya relación matrimonial solapó con Griñón, y con el propio marqués, al que hizo lo mismo con el 'megaministro' de Economía del Gobierno de Felipe González, Miguel Boyer.
 De ahí que ahora no extrañe la aparición del nuevo hombre en su vida.
Portada de ¡Hola! que confirmaba la relación
Portada de ¡Hola! que confirmaba la relación
Por parte del Nobel, Patricia estaba acostumbrada a que su marido se tomase ciertas licencias amorosas.
 Por supuesto que le importaban, pero no lo suficiente como para divorciarse.
 “Siempre volvía a casa, Patricia le perdonaba y vuelta a empezar”, cuentan las amistades a Vanitatis.
Parece que a la única mujer en la que vio cierto peligro fue en la señora de Boyer. La esposa del Nobel le dio un toque de atención ante el rumor que circulaba en los ambientes sociales: “No tienes que estar en boca de chismosos”, le dijo y la historia se quedó ahí.
Los dos matrimonios mantenían por entonces relación y cuando viajaban a España solían cenar o almorzar juntos igual que en Marbella. “A Mario le daba igual que Miguel fuese su amigo
. Él funciona de otra manera y no considera que haga mal porque se lie con una señora casada y el marido forme parte de su ambiente.
Lo que es cierto es que Patricia nunca intimó con Isabel.
Seguramente por ese sexto sentido que tienen las mujeres cuando ven que la competencia es real”.
Después del Nobel...
Vargas Llosa en una imagen de archivo (EFE)
Vargas Llosa en una imagen de archivo (EFE)
A raíz de recibir el Nobel, Vargas Llosa, aparentemente, cambió su vida familiar y volvió al redil
. La relación del escritor con sus hijos ha sido regular, sobre todo con Álvaro, que vive en Washington y al que le dolían profundamente las escapadas de su padre.
 Cada vez que volvía a las andadas lo pasaba muy mal.
“En una ocasión mantuvo un idilio durante un año.
 Salía, entraba, pero siempre volvía y pedía perdón.
 Cuando se convirtió en Premio Nobel, la situación matrimonial cambió. Patricia lo acompañaba a todas partes. Era sus ojos, sus manos, su brazo ejecutor.
 “Yo me encargo de todo porque Mario lo que tiene que hacer es escribir y yo hacerle la vida cómoda”.
Las aventuras extraconyugales se espaciaron pero Patricia sabía que el 'Casanova' que llevaba dentro podía resurgir en cualquier momento.
 De ahí, como insisten los amigos, que casi nunca estuviese solo. “Fiorella, la secretaria de ambos, lleva temas menores.
 Patricia hace lo mismo con su agenda personal, sus horarios, sus conferencias, las cuentas corrientes, el patrimonio, el vestuario, su alimentación y todo el control financiero. Mario no sabe hacer nada, ni comprar un billete de avión.
 Por no tener no tiene (hasta ahora) teléfono móvil, ni correo personal, ni tarjetas de crédito porque todo lo manejaba Patricia.
 El lío económico va a ser morrocotudo porque cuando se casaron hace 50 años los hicieron en gananciales.
 Mario es un hombre muy rico y parte de esa riqueza se la debe a su mujer”, cuentan.
Mario Vargas Llosa y su mujer Patricia en una imagen de archivo (Gtres)
Mario Vargas Llosa y su mujer Patricia en una imagen de archivo (Gtres)
El matrimonio pasaba parte del año fuera de Lima entre Paris, donde aún tienen casa, Madrid y Londres, aunque este domicilio se vendió hace tiempo.
 Siempre estaban juntos, salvo este invierno, en que la mujer se quedó más tiempo en Lima con su hija y sus nietos.
Y es entonces, en enero, cuando surgió un reencuentro que al parecer estaba propiciado por Isabel. Al morir Boyer, quedaron en verse y Vargas Llosa no perdió el tiempo mientras Patricia se dedicaba a la familia.
 Durante este tiempo, la relación se intensificó hasta que la revista de cabecera de la familia Preysler los unió.
La protagonista, midiendo los tiempos como siempre.
Salida pública
Presyler en una imagen de archivo (Gtres)
Presyler en una imagen de archivo (Gtres)
Hubo una primera salida pública en Londres con hijos y famosos, patrocinada por Porcelanosa y donde Vargas Llosa aparecía formando parte de ese grupo al que recibía en su palacio Carlos de Inglaterra
. Los periodistas que habían vivido ese inicio de romance en 1989 malpensaron pero ahí quedo la historia hasta que, dos semanas después, dieron el campanazo
. La pareja se hacía visible con el consiguiente disgusto para los hijos: “Papá volvía a las andadas y esta vez los daños colaterales eran enormes”, decían.
Cuentan que fue el propio Vargas Llosa el que avisó a su mujer de lo que se le venía encima. “La llamó y le explicó lo que iba a suceder. Patricia respondió que si la historia sentimental se quedaba ahí le perdonaba y si no, que se fuese de casa”, explican a Vanitatis.
 Ante la sorpresa de su mujer, abandonó el hogar conyugal de Madrid y se instaló en el hotel Eurobuilding, donde sigue hasta que, suponemos, pueda vivir en Puerta de Hierro.
Los amigos íntimos no dan crédito:
“Estamos asombrados. El 30 de mayo nos reunimos en Nueva York para celebrar sus bodas de oro y después en Miami”.
No dan crédito e incluso van más allá criticando al amigo y no a la viuda “El comportamiento público de Mario no es de caballeros”, afirman.
Dicen que, hace un tiempo, la pareja viajó a París para vivir su romance de valentía aunque no está confirmado que se instalaran en el apartamento familiar situado cerca de la iglesia San Sulpicio. Todo un mensaje subliminal.
Quien sí lo ha visitado esta semana ha sido su todavía mujer, Patricia, con su hija Morgana.
 El culebrón del romance entre el Nobel y la reina viuda de corazones no ha hecho más que empezar…