Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

28 jun 2015

En febrero ella fue a verlo en la obra «Los cuentos de la peste», en el Teatro Español.

En febrero ella fue a verlo en la obra «Los cuentos de la peste», en el Teatro Español. 

Según testigos, en el camerino del Nobel saltó el chispazo que calcinó un matrimonio de medio siglo

Isabel Preysler (64 años) y Mario Vargas Llosa (79) no se encontraron casualmente en la gala de Porcelanosa celebrada en el Palacio de Buckingham durante la última semana de mayo. Pese a que la revista «¡Hola!», medio muy próximo a la «reina de corazones», asegura que la socialite y el autor de «La ciudad y los perros» se toparon accidentalmente en aquella «cena inolvidable en Londres», lo cierto es que el chispazo pudo saltar meses antes y a espaldas de la mujer del Nobel, Patricia Llosa de Vargas. Según ha podido saber ABC, el primer acercamiento ocurrió en febrero, después de una función de «Los cuentos de la peste», obra que el célebre escritor protagonizó en el madrileño Teatro Español hasta el pasado 1 de marzo. Allí, entre bambalinas, pudo gestarse el romance del año.
Fuentes del teatro confirman a ABC la «visita» al Español de la viuda de Miguel Boyer. En Madrid, en el entorno más estrecho del escritor, sospechan que Preysler pudo «aprovechar» que Vargas Llosa estaba solo en la capital para estrechar una amistad que data de hace 29 años. «A finales de enero, Patricia, la mujer de Mario, tuvo que viajar a Lima para ver a su madre, que tiene 97 años y está muy enferma. Quería pasar tiempo con ella y él no podía acompañarla porque tenía que seguir representando ‘‘Los cuentos de la peste’’ en el Español», explica a ABC una persona conocedora de los detalles del escándalo. «Preysler fue una noche de febrero a ver la interpretación de Mario y luego le saludó en su camerino. Así iniciaron la relación, que se extendió durante el mes de febrero, cuando Patricia se encontraba en Lima», añade esta misma fuente.
Las fechas coinciden con la reaparición de la ex de Julio Iglesias y de Carlos Falcó en la vida pública tras cuatro meses de luto. El exministro socialista Miguel Boyer fallece el 29 de septiembre de 2014, y el 17 de febrero de este año Isabel regresa a los photocalls con el lanzamiento de su firma de cosméticos. Pero en la relación secreta de la viuda filipina y el marqués peruano se abre una pausa el 10 de marzo, cuando Vargas Llosa termina sus funciones en el teatro y viaja a Lima para reencontrarse con su esposa. Durante los siguientes dos meses el Nobel tiene una intensa agenda laboral en su país natal, siempre acompañado por Patricia: la presentación de su nuevo libro, «El alejandrino»; un seminario de la Fundación Libertad; y la inauguración de la filial peruana de la editorial Penguin Random House.
«Durante ese tiempo Mario y Patricia todavía eran pareja y vivían como un matrimonio. Aún no estaban separados, como dicen algunas revistas», apunta la misma fuente. Prueba de ello es que el 28 de marzo el matrimonio celebra el cumpleaños del Nobel en Arequipa (Perú). Entonces, posan felices en unas imágenes que su hija Morgana, aficionada a las redes sociales, subió esa misma semana sin filtros a Facebook, Instagram y Twitter.

Relación «clandestina»

A comienzos de mayo, y tras una breve escala en México en la que Vargas Llosa ofrece una charla en el Tecnológico de Monterrey, el escritor y su mujer regresan a Madrid. El 2 de mayo asisten juntos a la ceremonia de las Medallas de Oro de la Comunidad de Madrid y el día 15 van a los toros con Esperanza Aguirre. Una semana más tarde, el día 22, Mario y Patricia celebran el cumpleaños de Roxana Valdiviezo, esposa de Luis Llosa Urquidi (cuñado del escritor), en Barcelona. Y cuatro días después, el 26 de mayo, el escritor viaja a Londres para asistir a la gala de Porcelanosa, donde se deja retratar junto a Preysler. Durante todo ese periodo, Mario Vargas Llosa y su esposa siguen viviendo juntos. A la luz de los acontecimientos ahora conocidos, al círculo íntimo de Vargas Llosa le resulta difícil no pensar que la relación «clandestina» del intelectual con Isabel, en ese momento, continuaba en secreto.
Lo insólito es que tras esa cena en Londres, donde comparte mesa y confidencias con Preysler, Vargas Llosa viaja a Nueva York para reanudar su rutina con Patricia Llosa. El 29 de mayo celebran sus bodas de oro en Le Bilboquet, un elegante restaurante del Upper East Side. Durante la cena, Josefina Vargas, hija de Gonzalo Vargas Llosa, ofrece un cariñoso discurso que ahora resulta tristemente irónico. «Imagino que llegar a los cincuenta años de casados debe de ser muy difícil, casi nadie llega hoy en día. Espero celebrar muchos aniversarios más», dice la joven sin imaginar el terremoto que se avecinaba.
El 2 de junio la familia al completo asiste a la entrega del Doctorado Honoris Causa que le concede la Universidad de Princeton. Apenas dos días después, el 4 de junio, horas antes de que Vargas Llosa dejara Nueva York para regresar a Madrid, informa a su mujer y a sus hijos de que quiere separarse. Tras aterrizar en España, abandona su casa de la calle Flora y se instala en un apartotel del Eurobuilding. Como si se tratara de una campaña orquestada, el 10 de junio «¡Hola!» ya destapa el affaire con Isabel. Patricia Llosa y sus hijos, indignados, emiten un comunicado en el que se muestran «sorprendidos y muy apenados» por la exclusiva.

«Están destrozados»

En aquel número de «¡Hola!» no solo se daba por hecha la separación del matrimonio Vargas Llosa, sino que, pese a la ruptura, se aseguraba que el literato y su todavía esposa «mantienen una fantástica relación y comparten y celebran juntos y con sus tres hijos los éxitos del escritor». Ciertamente, la versión que ofrece el papel cuché está muy lejos de la realidad. Según ha podido saber ABC, la mujer y los tres hijos del Nobel, Álvaro, Gonzalo y Morgana, «están destrozados» por esta situación, y, sobre todo, «muy enfadados» por cómo ha gestionado el Nobel la ruptura de un matrimonio que duró cincuenta años.
«Están muy susceptibles con el tema, porque la prensa ofrece una imagen del matrimonio como si este hubiera estado roto antes del affaire con Preysler y fuera casi de conveniencia. Les molesta que la versión oficial sea que Mario ya estaba separado de Patricia y que conoció el amor de nuevo gracias a Isabel, cuando, para variar, la realidad es otra», revela una persona que aprecia mucho a toda la familia.
Aún no ha transcurrido suficiente tiempo para asimilar tantos cambios y sorpresas, pero no son pocos los que piensan que el romance de la bella y el pensador huele a traición. Mario lleva cincuenta años casado con Patricia, una mujer a la que Preysler conoce desde hace tres décadas y con la que ha compartido infinidad de confidencias. Ahora, el marqués y la «reina de corazones» se muestran con naturalidad compartiendo cenas románticas «como dos personas libres» (cita textual de «¡Hola!»). Pero, como reza la Biblia (no la rosa), sólo la verdad les hará libres.

Después de la bandera confederada, ¿‘Lo que el viento se llevó’?.........................................Marc Bassets

Los símbolos del bando eslavista durante la Guerra Civil perviven en Estados Unidos.

 

Una imagen de la película 'Lo que el viento se llevó'.
No es solo la bandera.
 Los símbolos de la vieja Confederación —los 13 estados sureños que en 1860 y 1861 declararon la secesión para preservar la esclavitud— perviven en Estados Unidos.
 Además de la cruz de San Andrés con estrellas sobre fondo rojo, existe un panteón de héroes de la Guerra Civil que merecen monumentos y dan nombre a carreteras, escuelas o bases militares.
El asesinato de nueve negros en una iglesia afroamericana de Charleston (Carolina del Sur), el 17 de junio, a manos de un racista blanco ha precipitado un debate sobre los símbolos confederados.
 En su página web, el pistolero exhibía la bandera confederada y quemaba la de EE UU.
Algunos defensores de la bandera sostienen que no es más que una seña de identidad regional o un tributo a los ancestros muertos en la Guerra Civil
. Pero la identificación con el esclavismo y el racismo de la Confederación ha llevado a estados como Carolina del Sur y Alabama a pedir su retirada de terrenos públicos y a otros, a reexaminar los símbolos de un pasado incómodo.
No hace falta que salir de Washington para ver una estatua de Robert E. Lee, el gran general confederado, o de Jefferson Davis, el presidente de la Confederación
. Sus estatuas se encuentran en el Capitolio, sede del poder legislativo de nación que traicionaron e intentaron destruir.
 Y solo hay que cruzar el río Potomac, al estado de Virginia, para circular por la Jefferson Davis Highway, la carretera que lleva al aeropuerto Ronald Reagan, o visitar campos de batalla de la guerra donde nostálgicos se disfrazan de soldados de ambos bandos.
Una imagen de la película 'Lo que el viento se llevó'.
La vieja capital de la Confederación, Richmond, a dos horas en coche de Washington, también tiene su Mall, a imagen de la avenida de la capital federal con monumentos a los grandes presidentes y a los caídos en las guerras
. En el Mall de Richmond se elevan monumentos a Davis y a Lee (también desde 1996 a Arthur Ashe, tenista afroamericano nacido en la ciudad).
Por todo el país hay escuelas Robert Lee y escuelas Jefferson Davis. Bases como Fort Hood o Fort Bragg —bases del ejército de la Unión— llevan el nombre de generales que combatieron a este ejército. Nadie diría que el Sur perdió la guerra y que el Norte la ganó.
Pero el Sur ganó la paz. “A finales del siglo XIX y principios de XX, los símbolos confederados, los héroes confederados, en particular Robert E. Lee, se incorporaran en una especie de relato nacional de la reunificación”, explica el historiador de Yale David Blight, que en libros como Race and Reunion (Raza y reunión) ha estudiado la evolución de la memoria de la Guerra Civil
. Las grandes películas de la Guerra Civil, como Lo que el viento se llevó, presentan una visión romantizada del Sur como la causa perdida, derrotada pero honorable.
“El Sur fue derrotado”, dice Blight, “pero los problemas de aquella guerra no terminaron”. En otras palabras: hubo reconciliación —entre blancos del sur y blancos del norte— pero no justicia para los negros.
 Después llegaron décadas de apartheid hasta que en los años cincuenta y sesenta, un siglo después del final de la guerra, el Tribunal Supremo y el Congreso ilegalizaron la segregación.
Medio siglo después, EE UU tiene un presidente negro, pero las desigualdades económicas, la represión policial y la discriminación en el sistema de justicia, y crímenes como el de Charleston recuerdan que la historia no ha terminado
. “Soñábamos con que entrábamos en una era postracial en América con la elección de Obama [en 2008] y mire de qué hablamos hoy, cuando Obama está a punto de entrar en el último año de su presidencia”, dice Blight.
El historiador cree que la retirada de la bandera es insuficiente. “Al parecer en Estados Unidos es necesaria una matanza perpetrada por un joven supremacista blanco para avergonzar a las personas en cargos de poder y llevarlas a retirar este símbolo en particular”.
 Blight se queja de que, después de la matanza de Charleston, el debate se haya centrado en la bandera y no en la regulación de las armas de fuego o en las leyes electorales que limitan el voto de las minoría.
Otro problema es hasta dónde llegar en la retirada de los símbolos. ¿Hay que seguir con la estatuas? ¿Cambiar los nombres de calles y carreteras? ¿Repudiar Lo que el viento se llevó, como proponen algunos?
No existe un relato único sobre el pasado en EE UU.
 La idea de que la esclavitud tuvo un papel secundario en la Guerra Civil, por ejemplo, sigue arraigada en Sur.
 Para un blanco conservador en esta región la bandera no significa lo mismo que para un negro descendiente de esclavos.
 La línea que separa a los estados del Sur de los del Norte coincide, con variaciones, con la de los estados que votan al Partido Republicano en las elecciones presidenciales y los que votan al demócrata
. En el deep south, el Sur profundo, Obama obtuvo en 2012 un 16% del voto blanco; en algunas zonas rurales, menos del 10%, según The New York Times.
Pero el Sur cambia
. Es más diverso y dinámico. La población crece más rápido que en el Norte
. En las últimas décadas se ha producido un éxodo —en realidad, un regreso— de negros del Norte hacia el Sur, la tierra de sus abuelos.
 Sí, la bandera es solo un símbolo, pero los símbolos cuentan, una acción --retirar la bandera de los lugares públicos--que hace un mes era inimaginable, ahora cuenta concita un consenso amplio.
“Debemos retirar la bandera confederada y debemos hacerlo ya”, ha dicho esta semana el republicano Paul Thurmond, legislador de Carolina del Sur. Thurmond es hijo de Strom Thurmond, el segregacionista sureño y líder de los dixiecrats, los demócratas sureños escindidos del Partido Demócrata cuando este, tradicionalmente el partido de la segregación, empezó a defender los derechos civiles.
“Pero si nos paramos aquí, nos estaremos engañando y desaprovecharemos una oportunidad para mantener un debate sobre cómo sanar nuestro estado”.

Indiana Jones, elegido el mejor personaje de la historia del cine

Cerca de 10.000 lectores de la revista 'Empire' escogen al famoso arqueólogo

Le siguen James Bond, Han Solo, Batman o la teniente Ripley.

REUTERS LIVE
Indiana Jones es el personaje del cine más grande de todos los tiempos, según una encuesta de la revista Empire.
 El famoso personaje creado por George Lucas y Steven Spielberg se impuso al agente especial 007 en un ranking de 100 personajes elaborado con las respuestas de unos 10.000 lectores.
En segunda posición ha quedado James Bond, al que, casualmente, le sigue otro personaje creado por George Lucas y también interpretado por Harrison Ford: el mercenario de Star wars Han Solo. Batman ocupa la cuarta posición y la teniente Ripley, protagonista de la saga Alien e interpretada por Sigourney Weaver, se convierte en la única mujer del top 10, en quinto lugar.
El Joker, el malvado de Batman, se alza hasta el escalón número 6, seguido de John McClane (Jungla de cristal) y Tyler Durnen (El club de la lucha).
Uno de los villanos más queridos del cine, Darth Vader, se sitúa en el noveno puesto y cierra el Top Ten el Nota de El gran Lebowski.

 

Juán José Falcón Sanabria, el compositor atlántico.......................................................... Diego Talavera

El músico canario lega un brillante catálogo de más de ochenta obras sinfónicas, corales y de cámara, además de una ópera.

Juan José Falcón Sanabria, compositor, en 2007. / QUESADA (LPRFOTOS)
Juan José Falcón Sanabria, uno de los compositores contemporáneos españoles más importantes de los últimos 50 años, falleció el pasado martes en Las Palmas de Gran Canaria, su ciudad natal, a la edad de 79 años.
Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y premio Canarias de Bellas Artes e Interpretación, Falcón Sanabria lega un brillante catálogo de más de 80 composiciones, que incluyen música sinfónica, coral y de cámara, así como numerosos arreglos del cancionero tradicional canario. También destacó su importante labor docente en el Instituto Isabel de España y en el Conservatorio de Música de Las Palmas.
Los críticos coinciden en afirmar que el punto de partida de Falcón Sanabria como compositor de proyección nacional se encuentra en el Poema coral del Atlántico (1971), para coro, inspirado en los cuadros del Poema del mar del pintor modernista canario Néstor Martín Fernández de la Torre, contemporáneo y amigo de García Lorca y Rafael Alberti.
 La obra fue estrenada dos años después por la Coral Polifónica de Las Palmas, fundada por el propio Falcón, y ese mismo año fue interpretada en Helsinki por el Coro de Cámara de la RTVE de Finlandia en la que sería la primera difusión internacional de su obra.
Por otra parte, el estreno en el Teatro Real de Madrid de su obra Kyros (1983) para orquesta, en un memorable concierto de la Orquesta Nacional de España bajo la dirección de Werner Torkanowsky, supuso el reconocimiento de su obra en los círculos nacionales y evidenció el afianzamiento de un lenguaje personal que el propio compositor definió como “primera madurez”.
Para el crítico y musicólogo Guillermo García-Alcalde, autor de una amplia y minuciosa biografía de Falcón Sanabria, hay que distinguir tres etapas en su producción musical.
La primera, un periodo de escritura y lenguaje tradicionales que abarcaría los años comprendidos entre 1959 y 1971. Hacia 1972 se produce una “ruptura consciente” que iniciaría una nueva etapa de experimentación en los nuevos lenguajes, periodo en el que aflora la personalidad de su música.
 Y una tercera etapa, de 1982 hasta nuestros días, donde se produce una “consciencia plena y desarrollo progresivo del lenguaje”, etapa que coincide con su encuentro con Francisco Guerrero, que le facilita el camino hacia el estructuralismo y la utilización de la informática.
Otras obras significativas de Falcón Sanabria son Aleph (1985), Agáldar (1987), Itálica (1990), Celebración del sonido (1991), Atlántica (1992), Hesperidum (1994) y la Sinfonía urbana (1990), para orquesta, en la que toma como referencia su propia ciudad
. El compositor Tomás Marco se refirió a esta obra con las siguientes palabras: “Algo hay en ella de la fresca imaginación de un Varèse, del acento festivo de un Copland, del ritmo desbordante de un Bernstein o de la sabia descripción paisajística de un Ives”.
Uno de los momentos más felices de Falcón Sanabria fue el estreno en septiembre de 2007 de su única ópera, La hija del cielo, con libreto de García-Alcalde, escenografía de La Fura dels Baus y Gerd Albrecht dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Helsinki, en la reinauguración del teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria
. Fue un auténtico homenaje a un compositor y un dinamizador de la cultura hecha en Canarias. Porque su ciudad, sus islas, no hubieran sido lo mismo sin su trabajo generoso y abnegado en los difíciles sesenta y setenta.
Falcón Sanabria fue un artista comprometido con su tiempo.
 Desde los años oscuros del franquismo formó parte, junto a otros jóvenes isleños, de círculos de opinión que combatían el sinsentido de la dictadura.
Años después, ya en la Transición, sería uno de los firmantes del Manifiesto del Hierro, junto a otros artistas e intelectuales como Martín Chirino, Manuel Padorno o Tony Gallardo, que recogía las aspiraciones de todos los creadores canarios para construir una cultura en libertad.
Los tiempos estaban cambiando.
IN MEMORIAM