Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 jun 2015

8 leyes de Murphy que tienen base científica

Estos principios son (a veces) algo más que pesimismo sin fundamento y memoria selectiva.


¡Pues que venga Murphy a limpiar!
¡Pues que venga Murphy a limpiar!.
La ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, saldrá mal. Este Murphy era el ingeniero aeroespacial Edward Aloysius Murphy y formuló su ley en 1949 después de descubrir que estaban mal conectados todos los electrodos de un arnés para medir los efectos de la aceleración y deceleración en pilotos.
Es innegable que tanto esta ley como las que siguieron, con sus corolarios, principios y máximas, tienen su principal explicación en la memoria selectiva y en nuestros sesgos, como la inclinación a la negatividad, que nos hace temer y recordar más los casos negativos que los positivos o neutros, y el sesgo de confirmación, que nos lleva a hacer caso sólo a los ejemplos que ratifican nuestras creencias.
De todas formas, algunas de estas leyes tienen algo más de fundamento del que puede parecer. A veces incluso cuentan con investigaciones y pruebas que las respaldan.
1. Si algo puede salir mal, saldrá mal
Como recuerdan en Ask a Mathematician, “nada dura para siempre, así que en algún momento todas las piezas de una máquina se romperán”.
 A lo que podríamos añadir que cuanto más tiempo y trabajo comporte una tarea, más fácil será que en algún momento surja algún contratiempo.
 Es decir, aunque no todo saldrá mal siempre, ni mucho menos, esta primera ley de Murphy se cumplirá a menudo, a condición le demos tiempo suficiente.
Por cierto, al parecer (este punto no está claro), el enunciado original dice que “si hay dos o más maneras de hacer algo y una de ellas puede resultar en una catástrofe, alguien se decidirá por esta".
2. La tostada siempre cae en el lado de la mantequilla
En 1997 Robert Matthews publicó un artículo en Scientific American en el que recogió pruebas que confirmaban algunas de las leyes de Murphy.
 Una de ellas: la de la tostada.
Según Matthews, la altura de la mesa es determinante en este caso, ya que la rebanada de pan, untada o no, “no tiene tiempo para dar una vuelta completa y volver a caer bocarriba al llegar al suelo”.
Hay que recordar que no lanzamos las tostadas al aire como si fueran una moneda, sino que simplemente se nos caen mientras intentamos, sin éxito, desayunar.
Matthews, que es físico y matemático, ya había publicado un estudio demostrando esta teoría en 1995. Su trabajo fue premiado con un Ignobel, la parodia de los Nobel cuyo objetivo es recompensar las investigaciones que primero hacen reír y luego hacen pensar. Por cierto, la primera ley de Murphy no se llevó este premio hasta 2003.
El propio Matthews explica sus investigaciones en un vídeo. Está en inglés, pero las pruebas y demostraciones se entienden muy claramente.

8 leyes de Murphy que tienen base científica

Estos principios son (a veces) algo más que pesimismo sin fundamento y memoria selectiva


  • ¡Pues que venga Murphy a limpiar!
    ¡Pues que venga Murphy a limpiar!.
    La ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, saldrá mal. Este Murphy era el ingeniero aeroespacial Edward Aloysius Murphy y formuló su ley en 1949 después de descubrir que estaban mal conectados todos los electrodos de un arnés para medir los efectos de la aceleración y deceleración en pilotos.
    Es innegable que tanto esta ley como las que siguieron, con sus corolarios, principios y máximas, tienen su principal explicación en la memoria selectiva y en nuestros sesgos, como la inclinación a la negatividad, que nos hace temer y recordar más los casos negativos que los positivos o neutros, y el sesgo de confirmación, que nos lleva a hacer caso sólo a los ejemplos que ratifican nuestras creencias.
    De todas formas, algunas de estas leyes tienen algo más de fundamento del que puede parecer. A veces incluso cuentan con investigaciones y pruebas que las respaldan.
    1. Si algo puede salir mal, saldrá mal
    Como recuerdan en Ask a Mathematician, “nada dura para siempre, así que en algún momento todas las piezas de una máquina se romperán”. A lo que podríamos añadir que cuanto más tiempo y trabajo comporte una tarea, más fácil será que en algún momento surja algún contratiempo. Es decir, aunque no todo saldrá mal siempre, ni mucho menos, esta primera ley de Murphy se cumplirá a menudo, a condición le demos tiempo suficiente.
    Por cierto, al parecer (este punto no está claro), el enunciado original dice que “si hay dos o más maneras de hacer algo y una de ellas puede resultar en una catástrofe, alguien se decidirá por esta".
    2. La tostada siempre cae en el lado de la mantequilla
    En 1997 Robert Matthews publicó un artículo en Scientific American en el que recogió pruebas que confirmaban algunas de las leyes de Murphy. Una de ellas: la de la tostada.
    Según Matthews, la altura de la mesa es determinante en este caso, ya que la rebanada de pan, untada o no, “no tiene tiempo para dar una vuelta completa y volver a caer bocarriba al llegar al suelo”. Hay que recordar que no lanzamos las tostadas al aire como si fueran una moneda, sino que simplemente se nos caen mientras intentamos, sin éxito, desayunar.
    Matthews, que es físico y matemático, ya había publicado un estudio demostrando esta teoría en 1995. Su trabajo fue premiado con un Ignobel, la parodia de los Nobel cuyo objetivo es recompensar las investigaciones que primero hacen reír y luego hacen pensar. Por cierto, la primera ley de Murphy no se llevó este premio hasta 2003.
    El propio Matthews explica sus investigaciones en un vídeo. Está en inglés, pero las pruebas y demostraciones se entienden muy claramente.
    3. La información más importante de cualquier mapa está en el doblez o en el borde
    A veces nos vemos obligados a recurrir a planos y guías en papel, como si estuviéramos en la Edad Media. O en 1998.
     A menudo nos da la impresión que la información importante de nuestra ruta o destino se pierde en un doblez o en el borde del mapa, obligándonos a tener que ir pasando páginas adelante y atrás para orientarnos.
    No es sólo una impresión
    . Si miramos el ejemplo extraído de Why do buses come in threes, veremos que un borde de un plano de apenas un centímetro supone el 28% del área total. Si ampliamos el borde a dos centímetros, hay un 47% de posibilidades de que el punto que buscamos esté justo ahí. 
    Por este motivo las buenas guías de carretera y planos de ciudades duplican al menos el 30% de la información de cada página.
    4. Los pares de calcetines siempre van de dos en dos antes de entrar a la lavadora y de uno en uno al salir de ella


    Esta ley viene explicada por la teoría de probabilidades y combinatoria, según el ya citado artículo de Matthews.
     Con independencia de qué ocurre con estas prendas en la lavadora (un misterio que está más allá de las humildes pretensiones de este artículo), “la pérdida aleatoria de calcetines siempre es más probable que cree el número máximo posible de calcetines impares”.
    Si perdemos sólo un calcetín, ya tendremos uno suelto
    . Como ya no nos pondremos ese calcetín suelto, el próximo que perderemos al hacer la colada será otro que tenga pareja, por lo que ya tendremos dos calcetines desparejados.
    Y si perdemos más de uno a la vez, lo más fácil es que sean de pares diferentes, como explica el estadístico Victor Niederhoffer en Daily Speculations. "Si tienes 20 calcetines -10 pares diferentes-, después de perder el primer calcetín, las posibilidades de que el segundo deshaga otro par son de 18 sobre 19, frente a 1 sobre 19 de que sea un calcetín del mismo par".
     Es decir, si no compramos pares nuevos para reponerlos, corremos el riesgo de acabar con un cajón lleno de calcetines impares.
    5. La otra cola siempre es más rápida
    Este asunto ya lo tratamos en otro artículo: si nos da la impresión de estar en la cola más lenta es porque 1) la cola más lenta es por lo general la que tiene más gente y, en consecuencia, es la cola en la que es más fácil que estemos y 2) si sólo escogemos una cola y hay, por ejemplo cuatro, hay un 75% de posibilidades de que al menos una de las otras colas sea más rápida que la nuestra. Por tanto, la mayor parte de las veces habrá al menos otra cola que sea más rápida.


    Nunca nos cansaremos de este gif
    Lo mismo se aplica al tráfico, como se explica en Principia Marsupia.
    En este caso hay que añadir que pasamos más tiempo en el carril lento precisamente porque es el más lento y además pasamos más tiempo siendo adelantados que adelantando.
    6. Llevar un paraguas cuando hay previsión de lluvia hace menos probable que llueva
    Aunque no hay relación causal entre un hecho y otro (sería un ejemplo de correlación ilusoria), Matthews explica los motivos por los que es muy habitual que acabemos acarreando el paraguas sin necesitarlo.
     Este autor explica lo siguiente:
    • Aunque las predicciones de lluvia son cada vez más acertadas, hay que tener en cuenta que si vivimos en un sitio con pocas precipitaciones, la mayoría de las veces se acierta a la hora de decir que NO lloverá.
    • No nos importa tanto si va a llover a lo largo del día como si va a llover durante el tiempo que estemos en la calle. "Las probabilidades de que llueva en la hora, más o menos, que estés paseando son por lo general muy bajas en casi todo el mundo".
    • Si tenemos en cuenta ambos factores, es muy probable acabar paseando el paraguas inútilmente porque "incluso las previsiones en apariencia precisas de las que disponemos actualmente no son lo suficientemente buenas para predecir de forma fiable los eventos menos frecuentes".
    7. No importa cuántas veces se demuestre una mentira, siempre quedará un porcentaje de personas que creerá que es verdad
    Se trata de una de las muchas versiones de una popular frase de Mark Twain, que dijo que una mentira puede dar media vuelta al mundo mientras la verdad aún se está poniendo los zapatos.
    Hay muchos motivos que dan la razón, al menos en parte, a esta ley de Murphy. 
    De entrada, los rumores exitosos juegan con nuestras emociones y ansiedades, como hacen leyendas urbanas clásicas como "la chica de la curva" 
    . También se dirigen a nuestras inclinaciones y sesgos: a muchos nos pareció graciosísimo que Esperanza Aguirre creyera que Saramago era Sara Mago, por ejemplo, y convertimos el chiste en anécdota porque deseábamos que fuera verdad
    .
    Además, a medida que los rumores se difunden, les damos aún más credibilidad, simplemente por el hecho de que los oímos más.
     Esto nos lleva a difundirlos, por lo que entramos en un círculo vicioso. 
    Los medios juegan un papel importante en este punto: un estudio del año pasado recogía que muchos medios de comunicación dedican más tiempo y trabajo a propagar rumores falsos que a verificarlos y desmentirlos.
    Eso sí, las noticias falsas se resisten a los desmentidos. 
    Vimos un ejemplo hace unos meses cuando volvimos a publicar la historia de Ricky Martin y la mermelada: aún encontramos comentarios en foros y webs que aseguraban que el episodio había ocurrido realmente, pero que nunca se emitió y las grabaciones se destruyeron, siguiendo la retorcida lógica habitual de las teorías de la conspiración. ¿Cómo probar que jamás existió algo que nadie vio y que luego fue destruido?
    8. Siempre encuentras las cosas en el último sitio en el que miraste
    La razón es que no seguimos buscando después de encontrarlas. 
    “Aquí estaban las llaves, en el tercer sitio en el que busqué.
     Luego he mirado en el cajón y debajo de la cama, pero ahí no las he visto”.
    Por otro lado, si encontramos algo en el primer sitio donde buscamos, no se puede decir que esté perdido, por mucho drama que le pongamos al asunto.
     Se pueden admitir excepciones.
     Por ejemplo, si ese primer sitio es una oficina de objetos perdidos.




     

    20 jun 2015

    Un filósofo de ida y vuelta.............................................................Carlo Frabetti


    Ilustración de la edición original de 'Tangled tale', de Lewis Carroll.
    EL PAÍS y Materia propondrán a sus lectores, cada semana, un juego de lógica. Los lectores pueden enviar sus soluciones en los comentarios, y plantear nuevos acertijos y juegos. La respuesta correcta será ofrecida en la columna de la semana siguiente.
    El monje budista de la columna anterior razonó de la siguiente manera, muy en la línea de la filosofía zen: “Si el mismo día que yo fui del monasterio al templo otro monje hubiera ido del templo al monasterio, forzosamente habríamos tenido que cruzarnos en algún punto del camino.
    Y puesto que un día es todos los días y un hombre es todos los hombres, puedo imaginar que el de ida y el de vuelta son el mismo día y que me he cruzado conmigo mismo”. (Varios lectores dieron una respuesta similar a esta, y algunos esbozaron una discusión -ver comentarios- que espero retomar en un futuro próximo).
    Los viajes de ida y vuelta, además de ser la esencia de toda aventura que se precie (empezando por la Ilíada y la Odisea, las máximas aventuras literarias occidentales), son el tema de numerosos acertijos lógicos. Veamos uno de los más sencillos:
    Un ciclista va desde una población del interior a la playa, cuesta abajo, a una velocidad de 30 kilómetros por hora, y al volver a su casa, cuesta arriba, va a 10 kilómetros por hora.
    ¿Cuál es la velocidad media del ciclista en el trayecto de ida y vuelta?
    Lewis Carroll abordó el tema, dándole su toque personal, en Un cuento enmarañado. En resumen, y reduciendo a un solitario paseante los dos locuaces guerreros del relato, el acertijo que plantea Carroll es el siguiente:
    Un paseante sale de su casa a las tres. Recorre un camino llano, luego sube a una colina y, sin prisa pero sin pausa, regresa a su casa y llega a las nueve. En el camino llano va a 4 millas por hora, subiendo a la colina a 3 y en el descenso a 6.
    Hallar la distancia recorrida por el paseante y, con media hora de aproximación, la hora en que llegó a lo alto de la colina.
    Y para terminar enmarañemos un poco más la cosa con ayuda de Kant. El autor de Crítica de la razón pura era de costumbres tan regulares que los habitantes de Königsberg lo llamaban “el prusiano puntual” y ponían en hora sus relojes al verlo pasar, y se cuenta que en cierta ocasión fue él mismo quien aprovechó para tal fin uno de sus meticulosos trayectos.
    Una tarde Kant vio que el reloj de su casa se había parado, pues Lampe, su fiel criado, se había olvidado de darle cuerda antes de tomarse la tarde libre.
     Poco después el filósofo fue caminando a visitar a su amigo Schmidt, que vivía a un par de kilómetros
    . Al entrar en la casa de su amigo se fijó en la hora que marcaba un reloj de pared.
    Tras conversar un buen rato con Schmidt, Kant regresó a su casa por el mismo camino, andando, como de costumbre, con el paso constante y regular que no había cambiado en veinte años. No tenía la menor idea de cuánto había tardado en hacer el camino de regreso, pues Schmidt se había mudado recientemente y Kant no había cronometrado aún el trayecto.
    Sin embargo, apenas llegó a su casa puso el reloj en hora.
    ¿Cómo pudo saber Kant qué hora era?
    Si yo sé la solución tu tb puedes, solo es recordar a Kant y estar atento.

    Espectacular rescate de un paracaidista en el aire en Reino Unido

    Un saltador al que no se le abrió el paracaídas fue rescatado por otro compañero.

    Un paracaidista del Ejército británico salvó a otro compañero al que le falló el paracaídas, agarrándole en plena caída durante una exhibición que tuvo lugar el viernes en Cumbria, en el noroeste de Inglaterra.
    El episodio se produjo durante el Whitehaven Airshow, que se celebró en ese condado inglés
    . El paracaídas de uno de los participantes, miembro del regimiento de los Red Devils (Diablos rojos) falló por causas desconocidas y, según los videos que circulan por las redes sociales, uno de sus compañeros lo agarró en el aire y ambos descendieron hasta aterrizar en el agua.
     Una de las asistentes, Lucy Milne, ha relatado a la BBC que el "pánico" comenzó a cundir entre los espectadores, que inicialmente vieron cómo todo ocurría "muy rápido".
     Después, ambos hombres cayeron al agua y a Milne le pareció que "pasaban siglos" antes de que lograron salir a la superficie, momento en el cual "todo el mundo aplaudió".

     

    A los pies de la reina........................................................... Luz Sánchez-Mellado

    A un año del reinado de Felipe y Letizia, ella ya tiene callo. Y no es una opinión, sino una evidencia. Obsérvese, si no, el ojo de pollo que porta la soberana sobre el anular de su pie izquierdo.

    Doña Letizia con sandalias. / Pierre Suu (GC Images)
    Esto no es una oda a la Monarquía ni todo lo contrario, sino un leve contrapunto de realismo, sucio si se quiere, a los ríos de miel áulica que corren con el aniversario del reinado de Felipe y Letizia.
     De él no osaría opinar al respecto porque carezco de datos. Pero ella ya tiene callo. Y no es una opinión, sino una evidencia. Obsérvese, si no, el respetabilísimo ojo de pollo que porta la soberana sobre el anular de su pie izquierdo, embridado por las tiras de uno de sus equis cientos de sandalias. Seguro que a ella le horroriza, pero esa foto la retrata mejor que un primerísimo plano
    . Es, casi, una radiografía. La de los pies de una mujer de 43 años castigados por décadas de trote sobre tacones
    . Ahí están las durezas, las rozaduras y las ampollas de las que no se libra mortal alguna por mucha pedicura particular de que disponga.
    Toda mujer sabe que a los zapatos, y más a los de tacón, hay que domarlos.
     En el escaparate lucen impecables, rígidos, ideales de la muerte. Pero luego aprietan, escaldan, matan, en efecto. Y hay que adaptarlos al propio empeine a base de sufrimiento. Sobre sus roles constitucionales no opino, doctores tiene la Carta Magna. Pero es evidente que Letizia Ortiz Rocasolano ha domado el cargo.
     Ahí están las cicatrices. Cuando llegó a La Zarzuela le informarían de que el protocolo recomienda a las damas un tacón de ocho centímetros. Ella tiró más por lo alto, quizá para compensar los 30 centímetros de altura física que la separan de su marido y de su familia política. Se subió al andamio de los taconazos, y bregó lo suyo. Tanto, que empezó a ganar altura moral mientras algunos miembros de su política la iban perdiendo.
    Doña Letizia, luce unos zapatos transparentes. / Carlos Alvarez (Getty Images)
    Se la veía más cómoda, más autónoma, más a gusto en sus zapatos
    . Tanto, que en la ceremonia de su proclamación como Reina osó cambiarse de calzado por otro más domado, como hacemos muchas en las bodas cuando ya te ha visto todo quien te tenía que ver y ya te da igual ocho que ochenta.
     Tan cómoda está últimamente, que el otro día epató a los cortesanos del Consejo de la Nobleza con unos escarpines transparentes que algunos llaman de Cenicienta y yo prefiero llamar de Aquí Estoy Yo Porque He Llegado
    . Sin nada que ocultar
    . Ni en los pies, ni en las cuentas de Palacio, ni en las encuestas, donde sale mejor valorada que sus suegros y, por supuesto, que sus cuñados, exduques de Palma.
    Reconozcamos, pues, que Letizia pisa fuerte.
     Una, sin embargo, la prefiere cuando se quita las tiaras, se calza unas sandalias planas y se tira a las rebajas en esas fotos que solo saca ¡Hola! Puede que sea pura imagen, de acuerdo.
     Pero me gusta pensar que se escapa a darse un baño de realidad buscando gangas por el mero placer de encontrarlas. Nadie es pluscuamperfecta, reina y menos tu Sánchez Mellado que eres una "Marisabidilla".
     Así que, cuando la veamos hierática como suele, pensemos en ese callo, y tendremos a la mujer bajo la esfinge.