El día que veas comer un filete o una pierna de cordero a Isabel
Preysler es que algo pasa, y si previamente no abre su pastillero y saca
de su interior siete pastillas diferentes (repite tres, así que toma 10
al día), es que, definitivamente, no es Isabel Preysler
. Sabíamos de su
buena genética, esa que la hace mantenerse en una talla 40, pero
desconocíamos, hasta ahora, del
consumo de complejos vitamínicos que, al parecer, son el secreto para mantenerse estupenda.
La Otra Crónica también ha descubierto su pasión por el chocolate
amargo, su adoración por el jamón serrano, los boquerones en vinagre, el
tomate y las aceitunas.
Es posible que de sus tres hijas, la que más ha heredado esa genética
de figurín sea Ana Boyer, ya que es capaz de desayunar tres veces.
Esta
periodista lo ha visto con sus propios ojos en varias ocasiones, así
como alternar, entre comidas, una bolsa de chucherías.
"Pero esto no se
lo digas a mi madre que no quiere que las comamos", confesaba.
'Como me falla la alimentación, consumo vitaminas.
Así completo mis carencias', afirma Isabel
"Si yo comiera sólo lo que me gusta, dulce, arroz, pasta y ensaladas, no probaría ni el pescado y ni la carne.
Jamás me verás pedir un filete.
No soy vegetariana porque como carne en albóndigas, hamburguesas o hot
dogs.
No soy como mi hijo Julio José, que exagera y no come nada de
carne.
Yo sí, pero transformada.
Así que,
como me falla la alimentación, consumo vitaminas.
Creo totalmente en ellas y así completo mis carencias.
Las he tomado
toda mi vida. Mi madre y Miguel [Boyer], por ejemplo, no las toman
porque creen que es suficiente con la alimentación", me cuenta la propia
Isabel, quien me explica además que fue un amigo herbolario quien, hace
muchos años, la acercó al mundo de las vitaminas.
Por seguridad, Preysler se somete a exámenes de sangre periódicos en
los que controla lo que le falta, lo que le sobra o lo que puede
prevenir.
Es una mujer metódica.
Es ella misma la que prepara todas las noches, antes de irse a dormir, sus pastilleros para el día siguiente:
"Tengo dos pastilleros, uno para la comida y otro para la cena.
Aunque,
después de tantos años tomándolas, las conozco perfectamente y nunca
las confundiría", asegura.
Su ritual es riguroso y sistemático.
Nada más levantarse se toma un vaso de agua caliente
y mientras hace su efecto depurador, aprovecha para lavarse la cara y
peinarse.
Pasados unos 10 minutos se sienta a desayunar y
es cuando comienza el ritual de las pastillas:
primero la amarilla, que es el complejo vitamínico B, luego, la gorda
de color beis, 500 miligramos del complejo vitamínico C y, por último,
la redonda blanca, que es magnesio.
A partir de ese momento, Isabel ya puede comenzar a ingerir sólidos.
Fruta fresca (un kiwi y una manzana), algas y una cucharada de semillas
de linaza.
"Como esto no es nada y yo
como rápido y mucho,
acabo el desayuno tomando una minibaguete integral de semillas con
mantequilla", apunta.
Por cierto, sus hijos Julio y Ana también han
heredado esta velocidad al comer;
Tamara no come tanto y va más
despacio.
Para las uñas y el pelo
Isabel no hace compra diaria, pero de las cosas más especiales sí se
encarga, las pide por teléfono y luego va alguien del servicio a
recogerlo.
Tiene una cocinera que lleva con la familia casi cinco años y que, asegura Isabel, "es una santa.
Nos conoce perfectamente a todos y nuestros gustos.
Casi comemos como si fuera un restaurante.
Por ejemplo, si hay espaguetis, a Ana le sirven lenguado.
Algunas veces
hay tres platos diferentes de primero y siempre digo que eso se va a
terminar y que se va a comer lo que haya, pero luego no lo hago".
Es en esa segunda comida del día, el almuerzo, cuando Isabel
saca el pastillero con más arsenal vitamínico,
y lo va dosificando a lo largo de la comida.
Es el turno de la pastilla
gelatinosa transparente, es vitamina E y hará su efecto sobre la piel;
también toca la de color rosa, el calcio para los huesos -"a mi edad es
muy necesario tomarlo"-.
'Soy adicta al helado y al chocolate.
¡Qué rico a la taza espeso con unos churros!', confiesa Isabel
La redonda color chocolate es la que está tomando últimamente para
fortalecer las uñas y el pelo:
"Esta vitamina suelo variarla
continuamente, ahora me toca tomar Triconails.
Después tomo la beis
clarita, el colágeno, con la que siempre acabo la comida".
Casi macrobiótica
En su despensa
no hay alimentos prohibidos porque
Miguel Boyer, por ejemplo, sigue tomando pan blanco, aunque el resto se
haya pasado al integral de semillas.
Además, y al contrario que Isabel,
el ex ministro toma la carne muy hecha: "Miguel come absolutamente de
todo, no cree en las cosas orgánicas y biológicas aunque al final, como
ahora está más tranquilo y es más obediente, se lo pongo, se lo come y
le gusta.
Creo que le está sentando bien".
Algunos hábitos en la alimentación de la casa Preysler cambiaron tras el
paso de la matriarca hace ocho meses por la clínica macrobiótica Sha, en Alicante.
"No soy macrobiótica, pero desde que estuve en el Sha, intento que
las comidas sean alcalinas y no ácidas, excepto con el tomate, que es
ácido y los macrobióticos no lo consumen.
Yo soy muy tomatera, lo meto en todo y puedo beber litros de gazpacho.
A mis niñas también les encanta.
Ahora intento poner menos tomate en
las comidas, pero no suprimirlo. También tomamos poca sal, pero soy
incapaz de masticar 50 veces un bocado, como proponen los macrobióticos.
Intento masticar mucho, cuando me acuerdo, pero, como tan rápido, que
se me olvida.
Creo absolutamente que somos lo que comemos".
Su hija Ana, la única que vive en casa, lo explica así: "No somos
macrobióticos, es que ahora a mi madre le ha dado por la comida
macrobiótica.
Pero cuidamos mucho la alimentación desde siempre
. Por
ejemplo,
comemos poca carne, no tomamos azúcar o pan blanco, sino integral con semillas y otras cosas que no entiendo, pero que están buenas".
Eso sí, fuera de casa, Ana reconoce que pide pan blanco.
Mejor integral
En casa de Isabel Preysler, dejaron hace tiempo de consumir azúcar
blanco, ahora endulzan con melaza, estevia, sucanat y ágave: "Alguna vez
la cocinera me dice que tiene que usar azúcar blanco para determinada
receta y me niego, aunque quede menos fino el pastel.
Cuando hace una
tarta la intenta hacer lo más sana posible para que cuando la comamos no
sea venenosa. La mía siempre la hace de chocolate negro y amargo".
También han abandonado el arroz blanco. "
El sábado siempre se come paella en casa.
Antes hacíamos dos, una de arroz blanco y otra de integral, pero ahora se hace sólo una integral y con verduras".
Los caprichos, que también tiene, se los da a la hora de la merienda
. Por eso, asegura, es su comida favorita: "Es cuando
como sándwiches, bizcochos, cookies, tartas y chocolate negro y amargo.
Soy adicta a él (¡qué rico a la taza espeso con unos churros!) y al
helado, que lo hacemos en casa.
La fruta la tomo entre comidas, nunca
después de comer.
Y fuera de la merienda, me encanta la comida japonesa,
pero cuando me apetece, voy a un restaurante; en casa seguimos la dieta
mediterránea. ¡Ah! Y adoro el jamón serrano".
Isabel intenta finalizar la jornada con
una cena ligera
y, curiosamente, y a pesar de lo internacionales que son, sin horarios a
la europea.
"Cumplir horarios en mi casa es casi imposible, me dicen
que soy como la madre superiora que voy por los cuartos buscándolos para
que bajen, porque les llaman para comer y no hacen caso hasta que subo
yo a buscarles uno por uno", desvela.
También para la cena tiene preparado su
pastillero con una vitamina de calcio, otra de colágeno y de magnesio.
El viernes es el día del cine en casa con las amigas y esa noche es
la de los perritos calientes: "Es lo que más le gusta a todo el mundo
.
Aunque a veces tomamos risotto o ensaladilla rusa. Los hacemos con
salchichas más gordas de lo normal con un 75% de ternera y un 25% de
cerdo.
No usamos pan de hot dog, sino baguettes integrales, y metemos
dos salchichas en cada una, más los pepinillos, mucho kétchup y mostaza
.
Hacemos
una mezcla de kétchup normal con otro biológico y la mostaza de Dijon con la biológica.
Nos inflamos, menos mal que he dejado las patatas fritas. Mis amigas beben Coca-Cola o vino.
Yo me tomo un zumo natural antes, nunca con el perrito y jamás bebo Coca-Cola.
Al final siempre acabamos estas cenas con tarta de chocolate y helado", revela a LOC.
Los cinco secretos de la dieta de Isabel
1. Agua caliente en ayunas. Los vegetarianos aseguran que favorece la eliminación de toxinas del cuerpo y ayuda a perder grasa.
2. Carne transformada. "Nunca me verás pedir un
filete", asegura Isabel. Aunque toma carne, la jefa del clan Preysler lo
hace transformada, es decir, en albóndigas, hamburguesas o perritos.
3. Azúcar y arroz integrales. Muchos experos y estudios
aseguran que son más sanos que los blancos.
Además, tienen más
contenido en fibra y ayudan a mantener la línea y favorecer la
longevidad.
4. La fruta, entre horas. Algunos nutricionistas aconsejan no tomarla después de las comidas, como postre, porque no ayudan a hacer una buena digestión.
5. No refrescos. Isabel los ha excluido de su dieta.
En su lugar, bebe zumos naturales.