Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 jun 2015

Morse, Lewis y Hathaway................................................................. Javier Marías

Lo importante es contemplar a esos personajes de carne y hueso, creíbles, nunca pueriles ni demenciados.

Si hay dos cosas que llevan años de moda, son las novelas de crímenes y las series de televisión, por lo que me extraña doblemente que entre nosotros hayan pasado casi inadvertidas las obras de Colin Dexter, tanto las literarias como sus adaptaciones a la pantalla.
 De las primeras se tradujeron algunas hace tiempo, en una colección poco visible y casi sin eco, y en la actualidad son inencontrables.
 No las he leído (no soy aficionado a ese género), pero mi padre, de cuyo gusto solía fiarme (y en cambio era muy aficionado), así como otra persona muy cercana, las tenían o tienen en un altar, las ponen a la altura o por encima de Simenon y me aseguran que muchos de los detectives y policías que han venido después con multitudinaria admiración –incluido el famoso Wallander– son copias bastante descaradas del Inspector Morse, que opera en Oxford y alrededores
. A partir de las novelas y relatos de Dexter se hizo una serie británica llamada Inspector Morse (1987-2000), que tal vez se emitió parcialmente en algún canal cuando empezó.
El actor que lo interpretaba, John Thaw, murió al poco de su conclusión.
 Este inspector tenía un sargento llamado Lewis, y en años más recientes se ha hecho otra serie con su nombre, Lewis a secas (2005-2012), que ahora estoy viendo con gran placer.
Como no son estadounidenses nadie las ve, ni habla de ellas, ni las emite, ni existen los DVDs en nuestro mercado
Como no son estadounidenses (y en España sólo parece haber ojos para lo que viene de más allá del Atlántico, país papanatas y americanizado), nadie las ve, ni habla de ellas, ni las emite, ni existen los DVDs en nuestro mercado.
Yo he comprado los ingleses, que, ay, sólo llevan subtítulos en esa lengua.
 Un doblaje sería criminal.
 Así, nadie hace caso de estas dos series, mientras los críticos y aficionados se extasían ante la inverosímil y monótona House of Cards, la amanerada y pretenciosa True Detective o Breaking Bad, la mayoría de cuyos personajes son tan pesados, inconsecuentes e idiotas que uno sólo está deseando que los maten de una vez.
 Supongo que este párrafo me valdrá otro furor del principal e iracundo opinador cinematográfico de este diario, que ya me conminó a pedir perdón por encontrar tostonífera y plana The Wire. Ahora me ha llamado también “repelente” en una columna.
 Lástima, porque en cambio yo le leo con enorme provecho su prosa-engrudo y sus topicazos (nunca faltan, hable de Welles, Coppola o Fitzgerald): corro a ver las películas y series que le repatean y evito escrupulosamente las que le “emocionan” y “llegan”. Infalible servicio el que me presta, por el que gracias mil.
El inspector Morse ronda la sesentena, nunca se ha casado pese a ser enamoradizo, vive solo, es mandón e impaciente pero no despótico, bebe demasiadas cervezas; no pudo completar sus estudios en Oxford pero es un policía culto, y se ve que lo es de veras
. En su casa oye música sin cesar, con debilidad por Wagner, pero también por Beethoven, Schubert y Haendel, y a veces son piezas de éstos las que completan con gran acierto la banda sonora de los episodios.
 A fuerza de tímido, resulta hosco a menudo, y con las mujeres tiene mala suerte: cuando se interesa por una (y parece que ella por él), la mujer acaba pringada en los crímenes o está vinculada en secreto a alguien poco recomendable.
 También es Morse gran lector (jamás confiesa su nombre de pila por lo espantoso que es), y en el último capítulo de la serie, “El día del remordimiento”, recita inmejorablemente el poema del mismo título de Housman, en una escena de contenidas melancolía y emoción. Es un hombre comprensivo, parecido en eso a Maigret, que persigue a quienes asesinan pero no juzga mucho. Trata de entender, evita la severidad.
 Se lo ve vulnerable e ingenuo pese a su veteranía, con esa ingenuidad que nunca pierden del todo las personas esencialmente buenas y que procuran no ser injustas.
 Su sargento, Lewis, es más sencillo y más feliz, pero perceptivo, tanto en lo referente a los casos con que lidian como para comprender a su jefe, al que llega a profesar profundo afecto.
En la nueva serie, Lewis, han pasado unos años, éste ha ascendido a inspector y tiene su propio ayudante, Hathaway, estupendo personaje que ya no inventó Colin Dexter: ex-seminarista, antiguo estudiante de Teología, es un joven muy culto como Morse, al que se adivinan zonas complejas que todavía no me ha tocado descubrir
. Muy alto, rubio, huesudo, mantiene con su superior Lewis una relación tan curiosa como la de éste con Morse.
Los casos son lo de menos, unos mejores, otros peores.
 Lo importante es contemplar a estos personajes de carne y hueso, creíbles, nunca pueriles ni demenciados, deambulando por las calles de Oxford, investigando, dialogando con estudiantes y dons y con otros, y asistir a sus comedidas penas.
 A diferencia de los de House of Cards, True Detective o Breaking Bad, jamás son histriónicos ni incurren en estupideces (así es muy fácil que “ocurran” desgracias), uno está a gusto en su compañía. Quizá su falta de pretensiones, su honradez y su sobriedad los condenan hoy al ostracismo en nuestro país deslumbrado por la pedantería y los ademanes de genialidad.


 A ver si alguien se anima a publicar los libros de Dexter y las series inspiradas por sus personajes inolvidables.
elpaissemanal@elpais.es

 

Primera foto oficial de Carlota con su hermano Jorge.............................................. Mábel Galaz

La imagen llega horas después de que se anunciara que la hija de los duques de Cambridge será bautizada el día 5 de julio.

Carlota de Cambridge, en brazos de su hermano Jorge. / AP
!Que cositas más lindas!!

Los duques de Cambridge han distribuido la primera foto oficial de su hija Carlota, nacida el pasado 2 de mayo
, En las imágenes aparece en brazos de su hermano Jorge. La difusión del retrato se produce horas después de que se anunciara la fecha de bautismo de la niña
. La autora del reportaje ha sido la madre de los pequeños, Kate Middleton.
La princesa Carlota, segundo hijo del príncipe Guillermo y su esposa Kate, será bautizada el 5 de julio en la Iglesia de Santa María Magdalena de Sandringham, al este de Inglaterra, según ha anunciado el Palacio de Kensington
. En este mismo lugar recibió el sacramento lady Di.
 A diferencia de su hermano mayor Jorge, Carlota, Isabel, Diana no recibirá el sacramento en Londres, lo hará cerca de la residencia de sus padres, Anmer Hall, ubicada en la finca real de Sandringham, en Norfolk, que fue regalo de Isabel II a su nieto con motivo de su boda.
Los hijos de los duques de Cambridge. / Duchess of Cambridge (AP)
La Iglesia de Santa María Magdalena de Sandringham está en el campo y a ella suelen acudir los miembros de la familia real a los servicios religiosos.
 La ceremonia religiosa será celebrada por el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, líder espiritual de los 85 millones de anglicanos en todo el mundo.
Nacida el 2 de mayo en el Hospital de Santa María de Londres, la princesa Carlota ocupa la cuarta posición en la línea de sucesión al trono británico detrás de su abuelo Carlos, su padre Guillermo y su hermano Jorge.
Carlota y Jorge de Cambridge.
El bautismo es un requisito imprescindible para cualquier potencial futuro soberano
. Los miembros de la familia real son tradicionalmente bautizados con agua del Jordán.
Los duques de Cambridge fueron padres por segunda vez cuatro años y dos días después de haber contraído matrimonio.
 Fue un bebé que se ha hecho esperar más días de los programados y que tuvo pendiente a medio mundo del hospital St. Mary de Londres. 
Pero lo que no se hizo esperar demasiado fue su presentación. 
No se habían cumplido diez horas del alumbramiento cuando los felices padres abandonaron el centro médico con su niña en brazos. 
Antes posaron brevemente con la pequeña. Kate presentaba un magnífico aspecto. 
Ambos declararon sentirse "muy, muy felices". Una hora antes Guillermo había llegado con su hijo Jorge, que también acudió a conocer a su hermana.

 

Juliette Binoche y Kristen Stewart, dos estrellas que no siguen el guión...................Fred Allen y Piers Manning

Tener fama de alternativas y el orgullo de mantenerse al margen del 'mainstream' las ha convertido en cómplices en 'Viaje a Sils Maria', filme sobre la presión del estrellato.

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Juliette Binoche y Kristen Stewart en la presentación de la película en Cannes.
Foto: Getty Images
Puede que en un primer vistazo no parezcan tener mucho en común
. Sin embargo, tanto Juliette Binoche como Kristen Stewart rehúyen, cada una a su manera, todo lo que (se supone que) acompaña a «ser» una estrella. 
La francesa se ha construido una sólida identidad en la industria, siempre a una distancia prudencial de Hollywood.
 La estadounidense busca definirse con proyectos muy escogidos tras la fiebre de Crepúsculo
. La que fue Bella Swan aún ha de lidiar con titulares sensacionalistas sobre su relación con su partenaire en la saga, Robert Pattinson, pero también sobre su supuesta homosexualidad o su forma de posar. «Ser famoso puede ser muy solitario, ya que el resto de la gente deja de tratarte de manera normal», afirma
. A sus 25 años, esto la convierte en idónea para dar la réplica a Binoche y aportar perspectiva a una historia sobre la angustia asociada a la fama en Viaje a Sils Maria, una película que destacó en Cannes el año pasado y que por fin se estrena en España el 12 de junio.

Kristen encarna a Valentine, la asistente de una diva en horas bajas –Maria (Juliette)–, que triunfó en sus comienzos teatrales interpretando a Sigrid, una chica ambiciosa que provoca el suicidio de una mujer madura llamada Helena.
 Y dos décadas después, tiene que abordar la misma obra, ahora en el papel de esta última. El director, Olivier Assayas –alabado por su biopic sobre el terrorista Chacal, Carlos–, pensó en la hierática estadounidense desde el primer momento
. «Creé el papel para ella pero, honestamente, no pensé que accedería, por lo delicado del tema», dice el cineasta
. El triángulo lo completa Chloë Grace Moretz (La invención de Hugo), que se mete en la piel de una neurótica estrella emergente en el filme.
Stewart, de quien ya se dice que ha dado el salto cualitativo que se esperaba de ella con este trabajo, afirma que lo aceptó atraída por «la dinámica entre ambas mujeres y por cómo esta se vuelve más intensa a medida que se van conociendo
. Las líneas son difusas en esta clase de relación.
No eres una madre, ni una hermana, ni siquiera una amiga real, pero en cierto modo eres todas esas cosas juntas.
 Y eso es muy interesante».
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El director Olivier Assayas, Juliette Binoche y Kristen Stewart en Cannes.
Foto: Getty Images
Trascender la pantalla
Algo de esa complicidad obligada de la ficción se trasluce en la relación real que se ha creado entre ambas intérpretes
. Hace poco Kristen bromeaba en una entrevista sobre lo bien que se llevan: «Me vuelve jodidamente loca».
 La ironía aflora también cuando recuerda que durante el rodaje hubo veces que le costaba controlar la sonrisa. Por ejemplo, cuando su personaje es pillado por una cámara de televisión comportándose inadecuadamente. «A veces me costaba no sonrojarme dadas mis circunstancias personales, pero eso lo hizo más interesante.  
Valentine expresa exactamente lo que siento acerca del sinsentido que acompaña a esta industria. 
 Y también critica la forma en que la prensa, «por el hecho de formar parte de una película, te convierte en un producto de consumo masivo y un fenómeno superficial, un proceso con el que estoy muy familiarizada», se lamenta.
Binoche, que ha fascinado a la crítica desde que encarnó en los ochenta a una superviviente de las traiciones en La insoportable levedad del ser, también asegura haber volcado mucho de sí misma en su personaje.
 Sin embargo, jamás ha sentido inseguridad respecto a hacerse mayor, un tema clave en la cinta. «Nunca he experimentado el impulso de aferrarme a algo sobre lo que no tenemos ningún control», dice.  
Fue ella quien propuso a Assayas la idea de montar una historia con tres puntos de vista femeninos. «Había trabajado con él en Las horas del verano –recuerda–, pero en aquel entonces creo que tenía miedo de las mujeres, de mí. Sentí que no conectaba conmigo como actriz y estaba muy molesta. Así que lo llamé y él lo convirtió en algo suyo».
El trabajo fue duro.
 El cineasta tiende a poner a todo el equipo «en el abismo de la incertidumbre», cuenta Juliette. No había ensayos, y en este hábitat resultó que Stewart se movía como pez en el agua. «Se lanza –asegura su colega–. 
Echa un vistazo al guión, se aprende sus frases en dos minutos, es un genio en ese sentido. Y también en entregarse al momento». ¿Tienen eso en común? «No creo que yo haya estado tan abierta –admite la protagonista de la trilogía Tres colores, de 51 años–.
 Hay algo auténtico en Kristen, muy accesible. Yo, a su edad, tuve que rascar todas mis ideas sobre esta profesión, me esforzaba demasiado».
 Seguramente no estaría de acuerdo Anthony Minghella, que la empujó al Oscar en 1997 con El paciente inglés, y quien dijo de ella: «Es como si no tuviera piel, no le cuesta llegar hasta las lágrimas y las risas».

 

Así investiga la ciencia cómo hacernos superlongevos............................................. Javier Sampedro

La medicina busca frenar el envejecimiento y alargar la vida. Una droga que logre aplazar el momento de la muerte, aunque sea en una medida modesta, transformará la sociedad.

 

Peter Yang
¿Cuál es el mayor factor de riesgo para adquirir enfermedades mortales? ¿El tabaco, la radiación ultravioleta del sol, el sedentarismo, forrarse de bollos?
 Nada de eso: es el envejecimiento
. Por esa razón, y porque la esperanza media de vida está aumentando en los países occidentales y en las potencias emergentes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que el número de personas que sufren las enfermedades de la edad —infarto, cáncer y neurodegeneración— se duplique en las próximas dos décadas
. ¿Qué ventaja tiene entonces que cada vez vivamos más?
La pregunta encierra una trampa.
 La esperanza media de vida, en efecto, está aumentando en los países occidentales a una tasa de dos años y medio por década, 25 años por siglo.
 Pero la principal causa de ello son las mejoras progresivas en el tratamiento del infarto, que sigue siendo el gran matarife de las sociedades desarrolladas.
 Como ha señalado repetidamente Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), esos métodos son costosos y poco eficaces, porque rara vez devuelven al infartado la calidad de vida que tenía antes.
 Nuestro principal truco para vivir más no conduce a un futuro sostenible.
Pero hay otra forma de vivir más, al menos en principio: una que no consiste en prolongar “el ultraje de los años”, como llamó Borges a la vejez, sino en retrasar su llegada
. Es decir, en frenar el envejecimiento.
 Parece como vender un elixir en el desierto —y lo cierto es que nadie sabe cómo hacerlo aún, pese a todo el ruido de papagayos—, pero el asunto es uno de los más serios que aborda ahora mismo la investigación biológica de vanguardia.
 Es el único enfoque que no solo será capaz de alargar la vida (lifespan), sino también la salud (healthspan). El único futuro sostenible.
Frenar el envejecimiento y alargar la vida, sin embargo, es un objetivo ambicioso.
 Requiere jugar a Dios, por emplear la frase preferida de los sectores críticos con la genética.
 Porque una cosa es la esperanza media de vida y otra muy distinta es la vida máxima que es capaz de alcanzar una especie
. La primera se puede aumentar con vacunas, antibióticos y el saneamiento de las aguas, sobre todo al salvar la vida de los niños.
 Pero la segunda es producto de la evolución, y por tanto está inscrita en nuestros genes.
En geología, que un metal se oxide es una simple función de lo expuesto que esté al oxígeno de la atmósfera y a la intemperie
. En biología, sin embargo, el envejecimiento no es una mera consecuencia del paso del tiempo. Todos los animales estamos hechos de proteínas, azúcares, grasas y ácidos nucleicos y, pese a ello, las moscas se mueren a las seis semanas, los ratones a los cuatro años, los caracoles a los 15, los delfines a los 30, los leones a los 40, los monos a los 50, los búhos a los 65, los humanos a los 90 —o a los 122, si consideramos el récord mundial— y las tortugas a los 200.
 Y ojo: una mosca se muere de vieja a las tres semanas, hasta el punto de que se puede utilizar, y se utiliza, como un modelo biológico del alzhéimer humano.
La edad máxima de una especie está grabada en sus genes
. Y, por fatalista que suene la palabra gen, esa es precisamente la gran esperanza de los investigadores
Esos simples datos muestran que la edad máxima de una especie está grabada en sus genes.
 Y, por fatalista que suene la palabra gen, esa es precisamente la gran esperanza de los investigadores: los genes son moléculas químicas, y tanto su actividad como sus efectos pueden modularse con otras moléculas químicas, o candidatos a fármacos.
Y casi todas las líneas de investigación convergen en qué tipo de fármacos deberían resultar más prometedores
. Las dianas —los procesos biológicos que causan directamente el envejecimiento— son el metabolismo de la nutrición, la actividad de las mitocondrias (las pequeñas factorías energéticas de nuestras células) y la autofagia, un desconcertante proceso por el que nuestras células enfermas se digieren a sí mismas.
La lista de instituciones públicas de investigación, firmas biotecnológicas y fármacos candidatos al ensayo clínico es inabarcable, aunque cabe citar los ejemplos del Buck Institute, en San Francisco (EE UU), que ha conseguido multiplicar por cinco la esperanza de vida de un tipo de lombrices de laboratorio, o el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en España, que ha duplicado las posibilidades de sobrevivir de unos ratones que envejecían más rápido de lo normal. Otro centro de referencia es el Instituto Max Planck, en Alemania, donde han concluido, entre otras cosas, que los genes de las madres son determinantes para vivir más años.
 Prolongar la vida se ha convertido también en otra de las ambiciones de Silicon Valley, como demuestra el hecho de que Google haya creado una empresa dedicada a ello (California Life Company).
Todas esas instituciones confluyen en esos pocos procesos biológicos fundamentales
. Una característica especialmente chocante de esos procesos es su coincidencia casi exacta con los que, según han concluido otras líneas de investigación independientes, causan el cáncer, los trastornos cardiovasculares y las enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y el párkinson: las enfermedades de la edad, y las grandes causas de muerte y penalidad planetarias, salvo por los países que todavía no pueden hacer frente a las infecciones.
La élite científica del envejecimiento considera especialmente interesantes tres estrategias para prolongar la salud y la vida: la restricción calórica, el ejercicio y ciertas pequeñas moléculas (candidatos a fármacos) como la espermidina, la metformina, la rapamicina y el resveratrol, el componente saludable del vino tinto.
 Pero no descorche aún la botella: la cantidad de vino tinto que habría que tomar es incompatible con la vida, y por tanto no puede alargarla.
 La idea es encontrar o sintetizar compuestos que amplifiquen en varios órdenes de magnitud los efectos longevos del vino y eviten sus venenos.
Y lo más probable es que el resultado final no emborrache ni quite las penas.
 Salvo las asociadas a la vejez.

Líderes eternos

Fidel Castro. El que fuera su médico durante años, Eugenio Selman, fundó el Club de los 120, al que se puede unir cualquier longevo, entre ellos el líder cubano.
 Sus recetas para vivir más: una actitud positiva y “ética” frente a la vida y no fumar
. No fue suficiente para evitar que Castro sufriera graves problemas intestinales en 2006 que Selman no supo diagnosticar.
 Ya no es su médico, aunque sigue asegurando que Castro, de 88 años, vivirá más de 140 años.
Kim Il Sung. La obsesión por al eternidad del fundador de Corea del Norte, abuelo del actual presidente, le llevó a abrir un centro de investigación para prolongar la vida hasta los 100 años. Además, recibía transfusiones de sangre de veinteañeros que eran alimentados de forma especial. Kim murió a los 82 años, lejos de su objetivo, pero superior a la media del país (64 años).
Las instituciones internacionales y los servicios de estudios de los bancos han saturado la atención del público con sus análisis prospectivos de las consecuencias del envejecimiento de la población, un fenómeno en marcha en todos los países desarrollados debido al aumento de la edad media y al descenso de la natalidad.
 Los mayores de 65 supondrán cada vez una mayor proporción de la población y votarán a los partidos que les prometan más aumentos de pensiones a costa de los minoritarios jóvenes que todavía tengan trabajo; como los viejos gustan de enfermar, los costes de la sanidad se dispararán al mismo ritmo que los planes privados de ahorro.
Todas esas previsiones están abocadas al fracaso más estrepitoso.
 Una sola droga que retrase el envejecimiento humano, aunque sea en una medida modesta, bastará para arrojar al contenedor del papel reciclado todos esos estudios
. Primero, porque multiplicará por 10 o por 100 el porcentaje de mayores de 65 de cualquier país
. Y segundo, y más importante aún, porque esos viejos estarán en condiciones de trabajar, de aprender y de producir: no añadirán costes a la sanidad ni a los seguros, sino que los reducirán de forma drástica.
Los carísimos e ineficaces sistemas para tratar el infarto que se llevan ahora la parte del león serán cada vez menos importantes.
Pero eso es el futuro, esa cosa que nunca saben predecir los economistas.
 Ni los científicos.
Por el momento, la única estrategia prometedora para alargar la vida y retrasar las enfermedades de la edad es la restricción calórica: comer un 30% menos de lo que te pide el cuerpo, y con cuidado para que no falte ningún nutriente esencial.
 Es decir, pasar hambre las 24 horas del día durante todos los días de tu vida.
 No está demostrado que alargue la vida en humanos —un experimento largo y difícil—, pero funciona en todo bicho viviente desde el gusano hasta el ratón.
 ¿Está usted dispuesto a someterse a esa tortura?
Si no lo está, recuerde lo que dijo el moralista suizo del siglo XIX Henri-Frédéric Amiel: “Envejecer es la obra maestra de la vida”. O lo que dijo Chesterton:
 “Voy a envejecer para todo, para el amor, para la mentira, pero nunca envejeceré para el asombro”.
 Y déjenme completar la cita amputada que ofrecí de Borges al principio: “Convertir el ultraje de los años en una música, un rumor y un símbolo”.
Larga vida al lector.