Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

7 jun 2015

Juliette Binoche y Kristen Stewart, dos estrellas que no siguen el guión...................Fred Allen y Piers Manning

Tener fama de alternativas y el orgullo de mantenerse al margen del 'mainstream' las ha convertido en cómplices en 'Viaje a Sils Maria', filme sobre la presión del estrellato.

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Juliette Binoche y Kristen Stewart en la presentación de la película en Cannes.
Foto: Getty Images
Puede que en un primer vistazo no parezcan tener mucho en común
. Sin embargo, tanto Juliette Binoche como Kristen Stewart rehúyen, cada una a su manera, todo lo que (se supone que) acompaña a «ser» una estrella. 
La francesa se ha construido una sólida identidad en la industria, siempre a una distancia prudencial de Hollywood.
 La estadounidense busca definirse con proyectos muy escogidos tras la fiebre de Crepúsculo
. La que fue Bella Swan aún ha de lidiar con titulares sensacionalistas sobre su relación con su partenaire en la saga, Robert Pattinson, pero también sobre su supuesta homosexualidad o su forma de posar. «Ser famoso puede ser muy solitario, ya que el resto de la gente deja de tratarte de manera normal», afirma
. A sus 25 años, esto la convierte en idónea para dar la réplica a Binoche y aportar perspectiva a una historia sobre la angustia asociada a la fama en Viaje a Sils Maria, una película que destacó en Cannes el año pasado y que por fin se estrena en España el 12 de junio.

Kristen encarna a Valentine, la asistente de una diva en horas bajas –Maria (Juliette)–, que triunfó en sus comienzos teatrales interpretando a Sigrid, una chica ambiciosa que provoca el suicidio de una mujer madura llamada Helena.
 Y dos décadas después, tiene que abordar la misma obra, ahora en el papel de esta última. El director, Olivier Assayas –alabado por su biopic sobre el terrorista Chacal, Carlos–, pensó en la hierática estadounidense desde el primer momento
. «Creé el papel para ella pero, honestamente, no pensé que accedería, por lo delicado del tema», dice el cineasta
. El triángulo lo completa Chloë Grace Moretz (La invención de Hugo), que se mete en la piel de una neurótica estrella emergente en el filme.
Stewart, de quien ya se dice que ha dado el salto cualitativo que se esperaba de ella con este trabajo, afirma que lo aceptó atraída por «la dinámica entre ambas mujeres y por cómo esta se vuelve más intensa a medida que se van conociendo
. Las líneas son difusas en esta clase de relación.
No eres una madre, ni una hermana, ni siquiera una amiga real, pero en cierto modo eres todas esas cosas juntas.
 Y eso es muy interesante».
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El director Olivier Assayas, Juliette Binoche y Kristen Stewart en Cannes.
Foto: Getty Images
Trascender la pantalla
Algo de esa complicidad obligada de la ficción se trasluce en la relación real que se ha creado entre ambas intérpretes
. Hace poco Kristen bromeaba en una entrevista sobre lo bien que se llevan: «Me vuelve jodidamente loca».
 La ironía aflora también cuando recuerda que durante el rodaje hubo veces que le costaba controlar la sonrisa. Por ejemplo, cuando su personaje es pillado por una cámara de televisión comportándose inadecuadamente. «A veces me costaba no sonrojarme dadas mis circunstancias personales, pero eso lo hizo más interesante.  
Valentine expresa exactamente lo que siento acerca del sinsentido que acompaña a esta industria. 
 Y también critica la forma en que la prensa, «por el hecho de formar parte de una película, te convierte en un producto de consumo masivo y un fenómeno superficial, un proceso con el que estoy muy familiarizada», se lamenta.
Binoche, que ha fascinado a la crítica desde que encarnó en los ochenta a una superviviente de las traiciones en La insoportable levedad del ser, también asegura haber volcado mucho de sí misma en su personaje.
 Sin embargo, jamás ha sentido inseguridad respecto a hacerse mayor, un tema clave en la cinta. «Nunca he experimentado el impulso de aferrarme a algo sobre lo que no tenemos ningún control», dice.  
Fue ella quien propuso a Assayas la idea de montar una historia con tres puntos de vista femeninos. «Había trabajado con él en Las horas del verano –recuerda–, pero en aquel entonces creo que tenía miedo de las mujeres, de mí. Sentí que no conectaba conmigo como actriz y estaba muy molesta. Así que lo llamé y él lo convirtió en algo suyo».
El trabajo fue duro.
 El cineasta tiende a poner a todo el equipo «en el abismo de la incertidumbre», cuenta Juliette. No había ensayos, y en este hábitat resultó que Stewart se movía como pez en el agua. «Se lanza –asegura su colega–. 
Echa un vistazo al guión, se aprende sus frases en dos minutos, es un genio en ese sentido. Y también en entregarse al momento». ¿Tienen eso en común? «No creo que yo haya estado tan abierta –admite la protagonista de la trilogía Tres colores, de 51 años–.
 Hay algo auténtico en Kristen, muy accesible. Yo, a su edad, tuve que rascar todas mis ideas sobre esta profesión, me esforzaba demasiado».
 Seguramente no estaría de acuerdo Anthony Minghella, que la empujó al Oscar en 1997 con El paciente inglés, y quien dijo de ella: «Es como si no tuviera piel, no le cuesta llegar hasta las lágrimas y las risas».

 

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