5 may 2015
Hugo Silva: “No he tenido inconvenientes por ser guapo”.................................................. Elisabet Sans
No es facil para mi encontrar un hombre guapo, así que si yo lo digo es que resulta un fuera de serie.
Con los muy jóvenes tengo el peligro de verlos como alumnos y se acaba el feeling, como el actor del Niño.
Hugo Silva es muy atractivo, pero me gusta más Rubén Cortada, el poli enamorado de Fátima, Morey pues no, no me apetece nada.
José Coronado va más allá de chico guapo, que lo fue, ahora sigue siendo un hombre muy atractivo y fuera de los canones de la belleza varonil.
y me quedo con él y Hugo.......pero ellos no lo saben .
Con los muy jóvenes tengo el peligro de verlos como alumnos y se acaba el feeling, como el actor del Niño.
Hugo Silva es muy atractivo, pero me gusta más Rubén Cortada, el poli enamorado de Fátima, Morey pues no, no me apetece nada.
José Coronado va más allá de chico guapo, que lo fue, ahora sigue siendo un hombre muy atractivo y fuera de los canones de la belleza varonil.
y me quedo con él y Hugo.......pero ellos no lo saben .
Hugo Silva se queda en blanco cuando se le pide que haga balance de su carrera ahora que se van a cumplir 10 años del inicio de Los hombres de Paco.
No porque sea de pocas palabras, sino porque le impacta pensar que ya ha pasado una década desde que se convirtiera en el policía Lucas Fernández, el personaje que le puso en las carpetas de las adolescentes y en el objetivo de los paparazis.
Tras permanecer unos instantes pensativo al otro lado del teléfono, lanza: “Lo único que puedo decir es que estoy muy contento de poder seguir dedicándome a lo que me gusta”.
Está claro que su balance es positivo, y que vive un buen momento profesional. Tras el estreno esta semana de la miniserie Los nuestros, graba la próxima película de Álex de la Iglesia y ultima un corto que él mismo ha escrito y dirigido.
Nacido en 1977 en el barrio madrileño de San Blas, fue al colegio como cualquier niño y luego siguió sus estudios.
En su caso, electricidad; “simplemente porque en el instituto de formación profesional de al lado de mi casa es lo que había”.
En cuanto se vio trabajando con cables supo que tenía que apostar por su pasión y ya en la veintena empezó a estudiar interpretación. “Siempre he querido ser actor, desde que empecé a ver películas”, recuerda.
Empezó en teatro y a los pocos años irrumpiría en la pequeña pantalla en Al salir de clase, esa serie sobre adolescentes —interpretados por veinteañeros— que se convirtió en una cantera de jóvenes promesas (en ella tuvieron su hueco Rodolfo Sancho, Pilar López de Ayala, Sergio Peris Mencheta o Elsa Pataky).
Luego vino El Comisario y su papel protagonista en Paco y Veva. No podía imaginarse que en octubre de 2005 su vida iba a dar un giro de 180 grados gracias a otra serie. “Los hombres de Paco fue un trabajo que mediáticamente me abrió muchas puertas”, reconoce
. Pero también le lanzó a la fama.
Al principio no llevó muy bien aparecer en las revistas o que se hablara de su familia. Algo comprensible cuando una publicación llegó a presentar como a su novia a una dependienta a la que pidió ayuda, recordaba el actor en una entrevista con este periódico en 2009. Hoy dice llevarlo mucho mejor. “Llevo unos años aceptando las circunstancias y me he acostumbrado a vivir con la fama. Lo de la fama es una cosa que tiene picos, crece sobre todo cuando estás muy presente en televisión, que para mí es el portal mediático más poderoso que hay. Pero lo llevo mejor porque me he acostumbrado y es parte de mí”.
Ha vuelto a la televisión con la miniserie de tres capítulos Los nuestros, donde coge de nuevo las armas, ahora como capitán de un grupo de Boinas Verdes que tiene que liberar a dos niños secuestrados en Malí. “Cuando me hablaron sobre una miniserie bélica me dijeron que iba a contar con la participación del Ejército [por primera vez en una serie], eso lo hizo más interesante y le iba a dar empaque al trabajo. Así que me embarqué en el proyecto”. Y, de paso, en un entrenamiento militar. El reparto pasó dos semanas en el Cuartel General del Mando de Artillería Antiaérea de Fuencarral, 48 horas en el Campo de Maniobras de San Gregorio de Zaragoza y tres días en la sede del Mando de Operaciones Especiales de Alicante. “Fue muy divertido e impactante, muy activo desde el principio. Aunque ni una décima parte de lo dura que es una instrucción del equipo de operaciones especiales”, dice consciente de que se lo hicieron bastante llevadero. Silva, que no ha hecho la mili, no tenía ninguna opinión preconcebida del Ejército, porque lo desconocía, asegura. Y se llevó una grata sorpresa. “España forma parte de la OTAN, y como parte de esa maquinaria aunque no estemos en guerra sí que hay soldados españoles que están ahí. Ha sido una oportunidad para darme cuenta de una realidad que nunca me había parado a pensar. Incluso las misiones humanitarias en zonas de conflicto también conllevan peligro”.
Blanca Suárez comparte protagonismo con él en esta serie de Telecinco, que en su primer capítulo lideró la audiencia del lunes por la noche, con casi cuatro millones de espectadores.
“Es una compañera excelente y una actriz brutal”, dice de la actriz. Con ella trabajó en Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar y hoy se encuentran en Mi gran noche, la película de Álex de la Iglesia que devolverá al cantante Raphael al cine, y para la que Silva ya está ensayando el número musical que protagoniza como maestro de ceremonias —junto a la actriz Carolina Bang— del programa especial de Nochevieja en el que se desarrolla el filme.
El actor es un defensor de la ficción nacional. “No entiendo cómo se pueden comparar series americanas y españolas, y no sólo por el presupuesto. Series como Breaking Bad, que a todos nos gustan, se hacen para la televisión por cable donde hay unas premisas distintas.
La ficción española, tanto en cine como en televisión, está en una situación valiente. No sé si es por la crisis, pero desde que las cosas se han puesto apretadas la creatividad se ha disparado”. También la suya.
El invierno pasado, “cuando estaba más ocioso de lo normal”, escribió el corto Supercool que gracias a sus amigos de la profesión está rodado y casi terminada su posproducción. A falta de buscar la manera de moverlo en festivales, en verano revolucionó las redes sociales al subir un vídeo, en el que aparecía también el actor Asier Etxendia, de una coreografía animando a la gente a participar en una flashmob para el proyecto.
Hugo Silva lleva años con la etiqueta de guapo colgada.
Pero él dice no sentir esa presión, o al menos es la misma que sufren tantos hombres y mujeres —dentro y fuera de su profesión—, reflexiona. “No me he encontrado ningún inconveniente por ser un chico guapo, sí que he visto que nos movemos por etiquetas y prejuicios en general. Si me han dado oportunidades es porque me han visto válido para cubrir los roles que buscaban”.
Y él ya lleva dos décadas ganándose su lugar en el panorama artístico español.
No porque sea de pocas palabras, sino porque le impacta pensar que ya ha pasado una década desde que se convirtiera en el policía Lucas Fernández, el personaje que le puso en las carpetas de las adolescentes y en el objetivo de los paparazis.
Tras permanecer unos instantes pensativo al otro lado del teléfono, lanza: “Lo único que puedo decir es que estoy muy contento de poder seguir dedicándome a lo que me gusta”.
Está claro que su balance es positivo, y que vive un buen momento profesional. Tras el estreno esta semana de la miniserie Los nuestros, graba la próxima película de Álex de la Iglesia y ultima un corto que él mismo ha escrito y dirigido.
Nacido en 1977 en el barrio madrileño de San Blas, fue al colegio como cualquier niño y luego siguió sus estudios.
En su caso, electricidad; “simplemente porque en el instituto de formación profesional de al lado de mi casa es lo que había”.
En cuanto se vio trabajando con cables supo que tenía que apostar por su pasión y ya en la veintena empezó a estudiar interpretación. “Siempre he querido ser actor, desde que empecé a ver películas”, recuerda.
Empezó en teatro y a los pocos años irrumpiría en la pequeña pantalla en Al salir de clase, esa serie sobre adolescentes —interpretados por veinteañeros— que se convirtió en una cantera de jóvenes promesas (en ella tuvieron su hueco Rodolfo Sancho, Pilar López de Ayala, Sergio Peris Mencheta o Elsa Pataky).
Luego vino El Comisario y su papel protagonista en Paco y Veva. No podía imaginarse que en octubre de 2005 su vida iba a dar un giro de 180 grados gracias a otra serie. “Los hombres de Paco fue un trabajo que mediáticamente me abrió muchas puertas”, reconoce
. Pero también le lanzó a la fama.
Al principio no llevó muy bien aparecer en las revistas o que se hablara de su familia. Algo comprensible cuando una publicación llegó a presentar como a su novia a una dependienta a la que pidió ayuda, recordaba el actor en una entrevista con este periódico en 2009. Hoy dice llevarlo mucho mejor. “Llevo unos años aceptando las circunstancias y me he acostumbrado a vivir con la fama. Lo de la fama es una cosa que tiene picos, crece sobre todo cuando estás muy presente en televisión, que para mí es el portal mediático más poderoso que hay. Pero lo llevo mejor porque me he acostumbrado y es parte de mí”.
Ha vuelto a la televisión con la miniserie de tres capítulos Los nuestros, donde coge de nuevo las armas, ahora como capitán de un grupo de Boinas Verdes que tiene que liberar a dos niños secuestrados en Malí. “Cuando me hablaron sobre una miniserie bélica me dijeron que iba a contar con la participación del Ejército [por primera vez en una serie], eso lo hizo más interesante y le iba a dar empaque al trabajo. Así que me embarqué en el proyecto”. Y, de paso, en un entrenamiento militar. El reparto pasó dos semanas en el Cuartel General del Mando de Artillería Antiaérea de Fuencarral, 48 horas en el Campo de Maniobras de San Gregorio de Zaragoza y tres días en la sede del Mando de Operaciones Especiales de Alicante. “Fue muy divertido e impactante, muy activo desde el principio. Aunque ni una décima parte de lo dura que es una instrucción del equipo de operaciones especiales”, dice consciente de que se lo hicieron bastante llevadero. Silva, que no ha hecho la mili, no tenía ninguna opinión preconcebida del Ejército, porque lo desconocía, asegura. Y se llevó una grata sorpresa. “España forma parte de la OTAN, y como parte de esa maquinaria aunque no estemos en guerra sí que hay soldados españoles que están ahí. Ha sido una oportunidad para darme cuenta de una realidad que nunca me había parado a pensar. Incluso las misiones humanitarias en zonas de conflicto también conllevan peligro”.
Blanca Suárez comparte protagonismo con él en esta serie de Telecinco, que en su primer capítulo lideró la audiencia del lunes por la noche, con casi cuatro millones de espectadores.
“Es una compañera excelente y una actriz brutal”, dice de la actriz. Con ella trabajó en Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar y hoy se encuentran en Mi gran noche, la película de Álex de la Iglesia que devolverá al cantante Raphael al cine, y para la que Silva ya está ensayando el número musical que protagoniza como maestro de ceremonias —junto a la actriz Carolina Bang— del programa especial de Nochevieja en el que se desarrolla el filme.
El actor es un defensor de la ficción nacional. “No entiendo cómo se pueden comparar series americanas y españolas, y no sólo por el presupuesto. Series como Breaking Bad, que a todos nos gustan, se hacen para la televisión por cable donde hay unas premisas distintas.
La ficción española, tanto en cine como en televisión, está en una situación valiente. No sé si es por la crisis, pero desde que las cosas se han puesto apretadas la creatividad se ha disparado”. También la suya.
El invierno pasado, “cuando estaba más ocioso de lo normal”, escribió el corto Supercool que gracias a sus amigos de la profesión está rodado y casi terminada su posproducción. A falta de buscar la manera de moverlo en festivales, en verano revolucionó las redes sociales al subir un vídeo, en el que aparecía también el actor Asier Etxendia, de una coreografía animando a la gente a participar en una flashmob para el proyecto.
Hugo Silva lleva años con la etiqueta de guapo colgada.
Pero él dice no sentir esa presión, o al menos es la misma que sufren tantos hombres y mujeres —dentro y fuera de su profesión—, reflexiona. “No me he encontrado ningún inconveniente por ser un chico guapo, sí que he visto que nos movemos por etiquetas y prejuicios en general. Si me han dado oportunidades es porque me han visto válido para cubrir los roles que buscaban”.
Y él ya lleva dos décadas ganándose su lugar en el panorama artístico español.
Color para la televisión en blanco y negro............................................................ nieves herrero
Imponía la imaginación a todo lo que hacía, quería que ningún reportaje se pareciera al anterior.
Nieves Herrero, una de tantas chicas de Hermida, nunca me gustó pero si el propio Hermida la acogió , levería cualidades que yo nunca vi.
El periodista Jesús Hermida en la redacción de EL PAÍS en 1980 / CHEMA CONESA
Jesús Hermida es Jesús Hermida. Se metió un día en nuestras vidas y
las transformó. Puso patas arriba mi futuro
. Yo había empezado en Antena 3 Radio y él me reclamó para su informativo aunque yo lo que quería ser era reportera de radio.
Pero trabajar con Hermida fue maravilloso. Imponía la imaginación a todo lo que hacía, quería que ningún reportaje se pareciera al del día anterior. No cabía la rutina, tenías que estar inventando constantemente.
A todos los que trabajamos con él nos hizo ejercitar la imaginación hasta límites insospechados.
Juntos iniciamos un camino que consistía en contar las cosas de otra manera, como aquella canción de Frank Sinatra que tanto le gustaba. Él siempre hacía las cosas a su manera y le gustaba que sus “chicos y chicas Hermida” siguieran esa estela.
Cuando me propuso dar el salto a la televisión hice una prueba con mucha desfachatez.
Y fue eso precisamente lo que le gustó. Buscaba nuevos lenguajes, nuevas formas, era un rabo de lagartija y quería siempre algo más.
Al grupo que empezamos con él nos dijo que teníamos que enamorar a la cámara como si la cámara fuera un hombre. Nos pedía que conquistáramos al televisor porque detrás había personas. Era un privilegio trabajar a su lado
. Fue un caballero, un guía muy protector de todos nosotros, un consejero.
Lo último que hicimos juntos fue un libro sobre le abdicación del Rey. Escribió 75 páginas en 15 días explicando de dónde venía su relación con don Juan Carlos y doña Sofía
. Decía que el camino de los Reyes no había sido fácil. Contaba que hubo un momento de mucha tensión con la boda de Carmen Martínez Bordiu y Alfonso de Borbón, y don Juan Carlos, que no quería que se le diera mucha cobertura en la televisión, le pidió a Hermida que le llevara una carta a Adolfo Suárez, que era director general de RTVE, y este le dijo que no se preocupara, que la boda se iba a dar por el UHF.
Jesús es la televisión, le dio color a esa televisión en blanco y negro. Pero era, sobre todo, un contador de historias -contaba las canciones de los Beatles como nadie-, un hombre que entusiasmó a muchas generaciones haciéndonos creer que éramos únicos.
Hermida es Hermida.
Él ha sido fiel a esa filosofía de ser él mismo. Era igual dentro y fuera de la cámara. Cuando tomábamos un café con él era como si hubiera una cámara delante.
Mientras se nos iba, Begoña le leía Platero y yo, su libro favorito. Jesús se ha ido en paz. Escuchando a los que quería.
Hemos ido pasando uno a uno contándole lo que recordábamos y dándole las gracias. Nos ha hecho participe de este momento y nos ha permitido sentirnos su familia.
. Yo había empezado en Antena 3 Radio y él me reclamó para su informativo aunque yo lo que quería ser era reportera de radio.
Pero trabajar con Hermida fue maravilloso. Imponía la imaginación a todo lo que hacía, quería que ningún reportaje se pareciera al del día anterior. No cabía la rutina, tenías que estar inventando constantemente.
A todos los que trabajamos con él nos hizo ejercitar la imaginación hasta límites insospechados.
Juntos iniciamos un camino que consistía en contar las cosas de otra manera, como aquella canción de Frank Sinatra que tanto le gustaba. Él siempre hacía las cosas a su manera y le gustaba que sus “chicos y chicas Hermida” siguieran esa estela.
Cuando me propuso dar el salto a la televisión hice una prueba con mucha desfachatez.
Y fue eso precisamente lo que le gustó. Buscaba nuevos lenguajes, nuevas formas, era un rabo de lagartija y quería siempre algo más.
Al grupo que empezamos con él nos dijo que teníamos que enamorar a la cámara como si la cámara fuera un hombre. Nos pedía que conquistáramos al televisor porque detrás había personas. Era un privilegio trabajar a su lado
. Fue un caballero, un guía muy protector de todos nosotros, un consejero.
Lo último que hicimos juntos fue un libro sobre le abdicación del Rey. Escribió 75 páginas en 15 días explicando de dónde venía su relación con don Juan Carlos y doña Sofía
. Decía que el camino de los Reyes no había sido fácil. Contaba que hubo un momento de mucha tensión con la boda de Carmen Martínez Bordiu y Alfonso de Borbón, y don Juan Carlos, que no quería que se le diera mucha cobertura en la televisión, le pidió a Hermida que le llevara una carta a Adolfo Suárez, que era director general de RTVE, y este le dijo que no se preocupara, que la boda se iba a dar por el UHF.
Jesús es la televisión, le dio color a esa televisión en blanco y negro. Pero era, sobre todo, un contador de historias -contaba las canciones de los Beatles como nadie-, un hombre que entusiasmó a muchas generaciones haciéndonos creer que éramos únicos.
Hermida es Hermida.
Él ha sido fiel a esa filosofía de ser él mismo. Era igual dentro y fuera de la cámara. Cuando tomábamos un café con él era como si hubiera una cámara delante.
Mientras se nos iba, Begoña le leía Platero y yo, su libro favorito. Jesús se ha ido en paz. Escuchando a los que quería.
Hemos ido pasando uno a uno contándole lo que recordábamos y dándole las gracias. Nos ha hecho participe de este momento y nos ha permitido sentirnos su familia.
4 may 2015
Monedero mon amour....................................................Luz Sánchez-Mellado
Juan Carlos ha roto con Iglesias porque ha querido. Tan voluntariamente como Griñán y Chaves para dejarle el camino expedito a Susana Máxima de Andalucía.
Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias. / ULY MARTIN
Aun arriesgándome a que el ministro Catalá me meta un puro por filtrar información reservada,
esto no me lo callo ni debajo del agua.
Pues sí, hombre. Para una vez que tengo una exclusiva, voy a esperar a que me dé permiso un tecnócrata fichado para apagar los fuegos fatuos de Gallardón Que En Paz Descanse y vender los humos, perdón, globos sonda, de Rajoy Que Está en La Moncloa.
No es por dármelas de gurusa, aunque podría: a ver quién llamó baronesa a Susana Díaz cuando aún no era siquiera candidata a candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía
. Vale que lo mío no tiene mérito. Que es un don que se tiene o no se tiene, como el cuajo de Floriano.
Vale que yo ya veía venir la primicia desde que Carmen Lomana le abrió el Círculo Pijo y le invitó a roscón con la flor y la nata más montada en su casoplón de Serrano.
Pero ahora, y esa es la noticia, está confirmado estadísticamente.
Según la encuesta que encargué ayer a la consultora Cuernoscopia, si mañana hubiera elecciones a la cosa, Juan Carlos Monedero sería elegido como el amante perfecto por mayoría absoluta.
Por ellos y por ellas, ahí no me meto, que para eso dice él mismo que está abierto a diestro y siniestro al ocupar el centro del tablero.
Te advierto que no me extraña nada. Lo de la encuesta, digo. ¿Tú has leído la carta que le escribió ese Adonis a Pablo Iglesias, su compañero del alma, nada más dimitir de su cargo cinco minutos antes de que le invitaran a irse por sus problemillas con Hacienda y por poner a parir al aparato?
Qué elegante, qué romántico, qué cursi. Como que hasta yo, que soy una siesa, mataría por una égloga como la que Juan Carlos le envió a Pablo para decirle ahí te quedas.
“Los dos rozábamos la tristeza por culpa de un mundo al que le falta empatía”, llora el bardo en una estrofa.
“En política nunca he sentido tanta seguridad como cuando él está cerca”, babea en otra. “Contigo, Pablo”, concluye, “me lanzo donde sea”.
Mira, soy yo, que soy más borde que Rafa Hernando y se me paran los pulsos solo de escucharlo. Eso es un adiós de película y no el No sos vos, soy yo que no se les cae de la boca a los alérgicos al compromiso.
Lo dicho, un amorcito, Monedero, aunque solo sea por la cuenta que le tiene.
Por muy alternativo que sea, todo político sabe que entre bomberos —y bomberas— no se pisan la manguera
. Mira si no a Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre.
A partir un piñón de mitin en mitin, aunque sospecho que lo único que comparten es el pantone del tinte, y una chaqueta de pedrería de Zara que le tengo vista a ambas y que me perdí en su día por no trincarla al vuelo.
Hasta en eso, en fin, ha estado generoso mi nuevo ídolo dejando libres a los cachorros que crió a sus pechos, y no como Rosa Díez, que va a morir matando tal que Saturna devorando a sus hijos. Monedero, además se ha ido porque ha querido.
Tan voluntariamente como Griñan y Chaves para dejarle expedito el camino a Susana Máxima.
Así que, como no sé si soy una ser humana normal, que dice Rajoy, o gente, que dice Pablo Iglesias, pero lo que no soy bajo ningún concepto es casta, lo siento por Lomana, que lo vio primero, pero voy a ir a por Monedero.
Quien se fue a Honduras perdió su montura, Carmencita.
Pues sí, hombre. Para una vez que tengo una exclusiva, voy a esperar a que me dé permiso un tecnócrata fichado para apagar los fuegos fatuos de Gallardón Que En Paz Descanse y vender los humos, perdón, globos sonda, de Rajoy Que Está en La Moncloa.
No es por dármelas de gurusa, aunque podría: a ver quién llamó baronesa a Susana Díaz cuando aún no era siquiera candidata a candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía
. Vale que lo mío no tiene mérito. Que es un don que se tiene o no se tiene, como el cuajo de Floriano.
Vale que yo ya veía venir la primicia desde que Carmen Lomana le abrió el Círculo Pijo y le invitó a roscón con la flor y la nata más montada en su casoplón de Serrano.
Pero ahora, y esa es la noticia, está confirmado estadísticamente.
Según la encuesta que encargué ayer a la consultora Cuernoscopia, si mañana hubiera elecciones a la cosa, Juan Carlos Monedero sería elegido como el amante perfecto por mayoría absoluta.
Por ellos y por ellas, ahí no me meto, que para eso dice él mismo que está abierto a diestro y siniestro al ocupar el centro del tablero.
Te advierto que no me extraña nada. Lo de la encuesta, digo. ¿Tú has leído la carta que le escribió ese Adonis a Pablo Iglesias, su compañero del alma, nada más dimitir de su cargo cinco minutos antes de que le invitaran a irse por sus problemillas con Hacienda y por poner a parir al aparato?
Qué elegante, qué romántico, qué cursi. Como que hasta yo, que soy una siesa, mataría por una égloga como la que Juan Carlos le envió a Pablo para decirle ahí te quedas.
“Los dos rozábamos la tristeza por culpa de un mundo al que le falta empatía”, llora el bardo en una estrofa.
“En política nunca he sentido tanta seguridad como cuando él está cerca”, babea en otra. “Contigo, Pablo”, concluye, “me lanzo donde sea”.
Mira, soy yo, que soy más borde que Rafa Hernando y se me paran los pulsos solo de escucharlo. Eso es un adiós de película y no el No sos vos, soy yo que no se les cae de la boca a los alérgicos al compromiso.
Lo dicho, un amorcito, Monedero, aunque solo sea por la cuenta que le tiene.
Por muy alternativo que sea, todo político sabe que entre bomberos —y bomberas— no se pisan la manguera
. Mira si no a Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre.
A partir un piñón de mitin en mitin, aunque sospecho que lo único que comparten es el pantone del tinte, y una chaqueta de pedrería de Zara que le tengo vista a ambas y que me perdí en su día por no trincarla al vuelo.
Hasta en eso, en fin, ha estado generoso mi nuevo ídolo dejando libres a los cachorros que crió a sus pechos, y no como Rosa Díez, que va a morir matando tal que Saturna devorando a sus hijos. Monedero, además se ha ido porque ha querido.
Tan voluntariamente como Griñan y Chaves para dejarle expedito el camino a Susana Máxima.
Así que, como no sé si soy una ser humana normal, que dice Rajoy, o gente, que dice Pablo Iglesias, pero lo que no soy bajo ningún concepto es casta, lo siento por Lomana, que lo vio primero, pero voy a ir a por Monedero.
Quien se fue a Honduras perdió su montura, Carmencita.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
