Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

5 may 2015

Hugo Silva: “No he tenido inconvenientes por ser guapo”.................................................. Elisabet Sans

No es facil para mi encontrar un hombre guapo, así que si yo lo digo es que resulta un fuera de serie.
Con los muy jóvenes tengo el peligro de verlos como alumnos y se acaba el feeling, como el actor del Niño.
Hugo Silva es muy atractivo, pero me gusta más Rubén Cortada, el poli enamorado de Fátima, Morey pues no, no me apetece nada.
José Coronado va más allá de chico guapo, que lo fue, ahora sigue siendo un hombre muy atractivo y fuera de los canones de la belleza varonil.
y me quedo con él y Hugo.......pero ellos no lo saben .
El actor Hugo Silva. / WireImage

Hugo Silva se queda en blanco cuando se le pide que haga balance de su carrera ahora que se van a cumplir 10 años del inicio de Los hombres de Paco.
 No porque sea de pocas palabras, sino porque le impacta pensar que ya ha pasado una década desde que se convirtiera en el policía Lucas Fernández, el personaje que le puso en las carpetas de las adolescentes y en el objetivo de los paparazis.
Tras permanecer unos instantes pensativo al otro lado del teléfono, lanza: “Lo único que puedo decir es que estoy muy contento de poder seguir dedicándome a lo que me gusta”.
 Está claro que su balance es positivo, y que vive un buen momento profesional. Tras el estreno esta semana de la miniserie Los nuestros, graba la próxima película de Álex de la Iglesia y ultima un corto que él mismo ha escrito y dirigido.
Nacido en 1977 en el barrio madrileño de San Blas, fue al colegio como cualquier niño y luego siguió sus estudios.
En su caso, electricidad; “simplemente porque en el instituto de formación profesional de al lado de mi casa es lo que había”.
 En cuanto se vio trabajando con cables supo que tenía que apostar por su pasión y ya en la veintena empezó a estudiar interpretación. “Siempre he querido ser actor, desde que empecé a ver películas”, recuerda.
Hugo Silva y la actriz Elena Ballesteros, protagonistas de la serie 'Paco y Veva'.
Empezó en teatro y a los pocos años irrumpiría en la pequeña pantalla en Al salir de clase, esa serie sobre adolescentes —interpretados por veinteañeros— que se convirtió en una cantera de jóvenes promesas (en ella tuvieron su hueco Rodolfo Sancho, Pilar López de Ayala, Sergio Peris Mencheta o Elsa Pataky).
 Luego vino El Comisario y su papel protagonista en Paco y Veva. No podía imaginarse que en octubre de 2005 su vida iba a dar un giro de 180 grados gracias a otra serie. “Los hombres de Paco fue un trabajo que mediáticamente me abrió muchas puertas”, reconoce
. Pero también le lanzó a la fama.
Al principio no llevó muy bien aparecer en las revistas o que se hablara de su familia. Algo comprensible cuando una publicación llegó a presentar como a su novia a una dependienta a la que pidió ayuda, recordaba el actor en una entrevista con este periódico en 2009. Hoy dice llevarlo mucho mejor. “Llevo unos años aceptando las circunstancias y me he acostumbrado a vivir con la fama. Lo de la fama es una cosa que tiene picos, crece sobre todo cuando estás muy presente en televisión, que para mí es el portal mediático más poderoso que hay. Pero lo llevo mejor porque me he acostumbrado y es parte de mí”.
Decenas de adolescentes gritan a la llegada de Hugo Silva al Festival de Radio y Televisión de Vitoria, en 2011. / Francisco Arroyo
Ha vuelto a la televisión con la miniserie de tres capítulos Los nuestros, donde coge de nuevo las armas, ahora como capitán de un grupo de Boinas Verdes que tiene que liberar a dos niños secuestrados en Malí. “Cuando me hablaron sobre una miniserie bélica me dijeron que iba a contar con la participación del Ejército [por primera vez en una serie], eso lo hizo más interesante y le iba a dar empaque al trabajo. Así que me embarqué en el proyecto”. Y, de paso, en un entrenamiento militar. El reparto pasó dos semanas en el Cuartel General del Mando de Artillería Antiaérea de Fuencarral, 48 horas en el Campo de Maniobras de San Gregorio de Zaragoza y tres días en la sede del Mando de Operaciones Especiales de Alicante. “Fue muy divertido e impactante, muy activo desde el principio. Aunque ni una décima parte de lo dura que es una instrucción del equipo de operaciones especiales”, dice consciente de que se lo hicieron bastante llevadero. Silva, que no ha hecho la mili, no tenía ninguna opinión preconcebida del Ejército, porque lo desconocía, asegura. Y se llevó una grata sorpresa. “España forma parte de la OTAN, y como parte de esa maquinaria aunque no estemos en guerra sí que hay soldados españoles que están ahí. Ha sido una oportunidad para darme cuenta de una realidad que nunca me había parado a pensar. Incluso las misiones humanitarias en zonas de conflicto también conllevan peligro”.
Hugo Silva y Blanca Suárez, en una escena de 'Los nuestros'. / telecinco
Blanca Suárez comparte protagonismo con él en esta serie de Telecinco, que en su primer capítulo lideró la audiencia del lunes por la noche, con casi cuatro millones de espectadores.
“Es una compañera excelente y una actriz brutal”, dice de la actriz. Con ella trabajó en Los amantes pasajeros de Pedro Almodóvar y hoy se encuentran en Mi gran noche, la película de Álex de la Iglesia que devolverá al cantante Raphael al cine, y para la que Silva ya está ensayando el número musical que protagoniza como maestro de ceremonias —junto a la actriz Carolina Bang— del programa especial de Nochevieja en el que se desarrolla el filme.
El actor es un defensor de la ficción nacional. “No entiendo cómo se pueden comparar series americanas y españolas, y no sólo por el presupuesto. Series como Breaking Bad, que a todos nos gustan, se hacen para la televisión por cable donde hay unas premisas distintas.
 La ficción española, tanto en cine como en televisión, está en una situación valiente. No sé si es por la crisis, pero desde que las cosas se han puesto apretadas la creatividad se ha disparado”. También la suya.
 El invierno pasado, “cuando estaba más ocioso de lo normal”, escribió el corto Supercool que gracias a sus amigos de la profesión está rodado y casi terminada su posproducción. A falta de buscar la manera de moverlo en festivales, en verano revolucionó las redes sociales al subir un vídeo, en el que aparecía también el actor Asier Etxendia, de una coreografía animando a la gente a participar en una flashmob para el proyecto.
Hugo Silva lleva años con la etiqueta de guapo colgada.
 Pero él dice no sentir esa presión, o al menos es la misma que sufren tantos hombres y mujeres —dentro y fuera de su profesión—, reflexiona. “No me he encontrado ningún inconveniente por ser un chico guapo, sí que he visto que nos movemos por etiquetas y prejuicios en general. Si me han dado oportunidades es porque me han visto válido para cubrir los roles que buscaban”.
Y él ya lleva dos décadas ganándose su lugar en el panorama artístico español.

Color para la televisión en blanco y negro............................................................ nieves herrero

Imponía la imaginación a todo lo que hacía, quería que ningún reportaje se pareciera al anterior.

Nieves Herrero, una de tantas chicas de Hermida, nunca me gustó pero si el propio Hermida la acogió , levería cualidades que yo nunca vi.

 

Jesús Hermida
El periodista Jesús Hermida en la redacción de EL PAÍS en 1980 / CHEMA CONESA

Jesús Hermida es Jesús Hermida. Se metió un día en nuestras vidas y las transformó. Puso patas arriba mi futuro
. Yo había empezado en Antena 3 Radio y él me reclamó para su informativo aunque yo lo que quería ser era reportera de radio.
 Pero trabajar con Hermida fue maravilloso. Imponía la imaginación a todo lo que hacía, quería que ningún reportaje se pareciera al del día anterior. No cabía la rutina, tenías que estar inventando constantemente.
 A todos los que trabajamos con él nos hizo ejercitar la imaginación hasta límites insospechados.
Juntos iniciamos un camino que consistía en contar las cosas de otra manera, como aquella canción de Frank Sinatra que tanto le gustaba. Él siempre hacía las cosas a su manera y le gustaba que sus “chicos y chicas Hermida” siguieran esa estela.
 Cuando me propuso dar el salto a la televisión hice una prueba con mucha desfachatez.
 Y fue eso precisamente lo que le gustó. Buscaba nuevos lenguajes, nuevas formas, era un rabo de lagartija y quería siempre algo más.
 Al grupo que empezamos con él nos dijo que teníamos que enamorar a la cámara como si la cámara fuera un hombre. Nos pedía que conquistáramos al televisor porque detrás había personas. Era un privilegio trabajar a su lado
. Fue un caballero, un guía muy protector de todos nosotros, un consejero.

Lo último que hicimos juntos fue un libro sobre le abdicación del Rey. Escribió 75 páginas en 15 días explicando de dónde venía su relación con don Juan Carlos y doña Sofía
. Decía que el camino de los Reyes no había sido fácil. Contaba que hubo un momento de mucha tensión con la boda de Carmen Martínez Bordiu y Alfonso de Borbón, y don Juan Carlos, que no quería que se le diera mucha cobertura en la televisión, le pidió a Hermida que le llevara una carta a Adolfo Suárez, que era director general de RTVE, y este le dijo que no se preocupara, que la boda se iba a dar por el UHF.
Jesús es la televisión, le dio color a esa televisión en blanco y negro. Pero era, sobre todo, un contador de historias -contaba las canciones de los Beatles como nadie-, un hombre que entusiasmó a muchas generaciones haciéndonos creer que éramos únicos.
Hermida es Hermida.
 Él ha sido fiel a esa filosofía de ser él mismo. Era igual dentro y fuera de la cámara. Cuando tomábamos un café con él era como si hubiera una cámara delante.
Mientras se nos iba, Begoña le leía Platero y yo, su libro favorito. Jesús se ha ido en paz. Escuchando a los que quería.
 Hemos ido pasando uno a uno contándole lo que recordábamos y dándole las gracias. Nos ha hecho participe de este momento y nos ha permitido sentirnos su familia.
Es lo que pienso, Hermida no es el Hermida de Nieves Herrero, porque habla de sí misma y no del trabajo del Comunicador de noticias.

4 may 2015

Monedero mon amour....................................................Luz Sánchez-Mellado

Juan Carlos ha roto con Iglesias porque ha querido. Tan voluntariamente como Griñán y Chaves para dejarle el camino expedito a Susana Máxima de Andalucía.

 

Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias. / ULY MARTIN

Aun arriesgándome a que el ministro Catalá me meta un puro por filtrar información reservada, esto no me lo callo ni debajo del agua.
 Pues sí, hombre. Para una vez que tengo una exclusiva, voy a esperar a que me dé permiso un tecnócrata fichado para apagar los fuegos fatuos de Gallardón Que En Paz Descanse y vender los humos, perdón, globos sonda, de Rajoy Que Está en La Moncloa.
 No es por dármelas de gurusa, aunque podría: a ver quién llamó baronesa a Susana Díaz cuando aún no era siquiera candidata a candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía
. Vale que lo mío no tiene mérito. Que es un don que se tiene o no se tiene, como el cuajo de Floriano.
 Vale que yo ya veía venir la primicia desde que Carmen Lomana le abrió el Círculo Pijo y le invitó a roscón con la flor y la nata más montada en su casoplón de Serrano.
 Pero ahora, y esa es la noticia, está confirmado estadísticamente.
Según la encuesta que encargué ayer a la consultora Cuernoscopia, si mañana hubiera elecciones a la cosa, Juan Carlos Monedero sería elegido como el amante perfecto por mayoría absoluta.
 Por ellos y por ellas, ahí no me meto, que para eso dice él mismo que está abierto a diestro y siniestro al ocupar el centro del tablero.
Te advierto que no me extraña nada. Lo de la encuesta, digo. ¿Tú has leído la carta que le escribió ese Adonis a Pablo Iglesias, su compañero del alma, nada más dimitir de su cargo cinco minutos antes de que le invitaran a irse por sus problemillas con Hacienda y por poner a parir al aparato?
 Qué elegante, qué romántico, qué cursi. Como que hasta yo, que soy una siesa, mataría por una égloga como la que Juan Carlos le envió a Pablo para decirle ahí te quedas.
 “Los dos rozábamos la tristeza por culpa de un mundo al que le falta empatía”, llora el bardo en una estrofa.
 “En política nunca he sentido tanta seguridad como cuando él está cerca”, babea en otra. “Contigo, Pablo”, concluye, “me lanzo donde sea”.
 Mira, soy yo, que soy más borde que Rafa Hernando y se me paran los pulsos solo de escucharlo. Eso es un adiós de película y no el No sos vos, soy yo que no se les cae de la boca a los alérgicos al compromiso.
Lo dicho, un amorcito, Monedero, aunque solo sea por la cuenta que le tiene.
Por muy alternativo que sea, todo político sabe que entre bomberos —y bomberas— no se pisan la manguera
. Mira si no a Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre.
 A partir un piñón de mitin en mitin, aunque sospecho que lo único que comparten es el pantone del tinte, y una chaqueta de pedrería de Zara que le tengo vista a ambas y que me perdí en su día por no trincarla al vuelo.
 Hasta en eso, en fin, ha estado generoso mi nuevo ídolo dejando libres a los cachorros que crió a sus pechos, y no como Rosa Díez, que va a morir matando tal que Saturna devorando a sus hijos. Monedero, además se ha ido porque ha querido.
 Tan voluntariamente como Griñan y Chaves para dejarle expedito el camino a Susana Máxima.
 Así que, como no sé si soy una ser humana normal, que dice Rajoy, o gente, que dice Pablo Iglesias, pero lo que no soy bajo ningún concepto es casta, lo siento por Lomana, que lo vio primero, pero voy a ir a por Monedero.
 Quien se fue a Honduras perdió su montura, Carmencita.

Siniestro total..................................... Javier Marías

Hasta personas que presumen de izquierdistas y razonantes se mueren por ser cofrades del Cristo de las Chinchetas.

Hacía ya dos o tres años que había interrumpido mi vieja costumbre de dedicar un artículo a la Semana Santa, como hay columnistas que cada San Isidro maldicen los toros o defienden a las cabras que los mozos valientes tiran o tiraban desde un campanario (siempre con la anuencia de la iglesia, imagino).
 En este último caso me suena que la tenacidad ha sido premiada y que las pobres cabras ya están a salvo en ese sitio cuyo nombre no recuerdo, o quizá esos lugareños amantes del riesgo se limitan a arrojarlas con una cuerda atada a una pezuña, como si hicieran puenting, evitando así que se estampen y provocándoles sólo un infarto.
En cuanto a los antitaurinos, de la mano de un argentino (?!) se apuntaron un notable éxito en Cataluña, y además se han vuelto intimidatorios: no son raras las ocasiones en que zarandean a matadores y espectadores, e incluso a los participantes en simposios sobre el arte del toreo
. Siempre me han hecho gracia los defensores de los animales dispuestos a maltratar a personas cuyas aficiones u opiniones reprueban.
Lo mío carece de futuro
. No porque yo pretenda que se suprima nada –no es el caso–, sino porque veo que el enfermizo gusto por las procesiones va más bien en aumento.
 Mi leve esperanza era que, soporíferas, deprimentes y molestas como son, cada vez asistiera menos gente a ellas y eso las llevara a moderarse
. No es normal que durante ocho días los centros de todas las ciudades (menos Barcelona) queden intransitables y de ellos se apropie, en sesión continua, una religión
. En el siglo XXI y en un país europeo, y aconfesional en teoría.
No es normal que el obsesivo espectáculo ofrecido, además de lentísimo y monótono, sea siniestro, con los émulos del Ku-Klux-Klan enseñoreándose del espacio público, con ominosos tambores que parecen anunciar ejecuciones, con militares portando efigies espantosas y tétricas, con individuos descalzos y medio en paños menores que a veces –todavía ahora– se fustigan hasta hacerse brotar sangre o avanzan con cadenas atadas a sus pies mugrientos.
 No es normal que la mayor celebración de una Iglesia –la que dura más días y a todos se impone, velis nolis– sea tan lóbrega y amenazante, tan carente de alegría y truculenta.
Aún menos normal es que la 2 de TVE retransmita sin cesar, en directo, desde el via crucis del Papa en Roma hasta no sé qué ceremonia en una basílica castrense –castrense para mayor inri–. La televisión estatal, de creyentes y no creyentes.
 Pero resulta que hasta personas que presumen de izquierdistas y razonantes (desde el ex-ministro Bono hasta el actor Banderas) se suman con regocijo al funeral ininterrumpido y aun se mueren por ser cofrades del Cristo de las Chinchetas.
 De su izquierdismo o de su fervor no me creo una palabra.
Siempre me han hecho gracia los defensores de los animales dispuestos a maltratar a personas cuyas aficiones reprueban
Este año, en Madrid, me tocó el obligado incidente.
 Había quedado yo a cenar el jueves con mis amigos Tano y Gasset (éste vive en Berlín, así que no había más fechas). Abrí el portal de mi casa y me vi sin poder salir, bloqueado por el gentío.
No podía tirar hacia la derecha, pues ahí hay una calle principal por la que la procesión transcurriría. Del callejón de la izquierda me separan trece pasos contados, así que intenté llegar allí para luego dar mil rodeos.
 Con educación fui pidiendo: “¿Me permite? He de alcanzar esa esquina”. Al instante se me soliviantaron un par de fieles:
“Pues no pase por aquí, vaya por otro lado. ¿A quién se le ocurre?” “Si vivo aquí”, contesté, y señalé el portal, “¿por dónde quiere que salga?”, y en mi pensamiento añadí: “Imbécil”, pero me lo callé, hoy en día los religiosos andan muy iracundos.
“¿Es que no puedo salir de mi casa?” Ante eso se quedó un poco cortado, el feligrés más airado, pero aún insistió:
“¿Y qué quiere, echarnos a todos?” Yo no quería echar a nadie, sólo hacerme lo más estrecho posible y brujulear entre la multitud para dar mis trece pasos.
 Pero nadie se movía un milímetro, y como la gente es cada vez más gorda y abulta el doble o el triple de lo que solía, y además gordos y flacos enarbolan móviles y se paran a cada paso a fotografiar lo que no miran, tardé casi diez minutos, jugándome varias bofetadas, en llegar a la esquina semisalvadora.
 Si digo “semi” es porque después, durante el trayecto, me fui encontrando innumerables calles cortadas por la misma procesión invasora y serpenteante o por otras simultáneas. Todas, claro está, por el centro más céntrico.
La masa no se contenta con ir en masa, sino que además, vanidosa, exige ser contemplada. Le debe de parecer indigno desfilar por Ciudad Lineal o Aluche o Moratalaz, allí quizá no molesten suficientemente a sus conciudadanos. Los alcaldes de casi todas las ciudades se ponen de felpudos de los procesionarios
. La televisión pagada por todos, ya digo, emite monográficos de las tinieblas católicas, como en tiempos de Franco
. Incluso las películas que exhibe son de asunto milagroso, como lo eran entonces obligatoriamente. Sólo aspiro –en vano– a que durante ocho días enteros no quedemos todos secuestrados por los ritos tenebrosos –al paso de los encapuchados los niños lloran de miedo y los adultos creemos vuelta la Inquisición– de esta Iglesia siempre abusiva.
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