Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

17 abr 2015

Larga vida a Janis Joplin............................................................................. Carmen Ordoñez

La fuerza vital, intensidad, alma y desnudez emocional de la emblemática cantante estadounidense regresan, esta vez al cine.

Un ‘biopic’, que tiene como fecha de presentación 2016, repasa la vida melancólica y transgresora de una mujer clave en la historia del blues.

 

Janis Joplin, una figura clave en la historia de la música estadounidense. / Daniel Kramer (Camera Press)

Janis el icono.
 La niña nacida en la América profunda. La naturaleza desbordante. La feminista. La mujer inteligente, lectora empedernida y cantante de talento indiscutible.
 La persona que, como sucedió a tantas en los años sesenta, cayó en la heroína y el alcohol.
 Una vida intensa zanjada a los 27 años.
 Un enorme pedazo de historia de la cultura estadounidense. Todo eso fue la eterna Janis Joplin, a la que el realizador canadiense Jean-Marc Vallée va a llevar al cine, en un biopic protagonizado por Amy Adams
. ¿El título de la película? Get It While You Can, en referencia al corte final de Pearl, el último disco grabado por Janis, que se publicó a título póstumo.
El proyecto, que se lleva gestando desde 2010 y tiene fecha de presentación en 2016, se perfila como un reto, no solo por la amplia gama de matices que presenta el personaje, sino por la ingente cantidad de material que los guionistas, Ron y Teresa Terry, deberán manejar para llegar a buen puerto
. Y es que hoy se pueden rescatar cerca de 22 biografías escritas en inglés y 16 en otros idiomas
. La abundancia nos da una idea de la cantidad de personas cercanas a la artista –críticos musicales, colegas de banda y de carretera, amantes, amigos, su hermana y hasta un forense– que han seguido exprimiendo el mito para hacer negocio.
 La sensación es la de una violación de la que todos somos cómplices.
En cuanto al material fílmico, solo se ha rodado una película de ficción, La Rosa, donde Bette Midler hizo una interpretación magistral
. Afortunadamente también existen numerosos documentales que nos muestran, a través de entrevistas, grabaciones en estudio y actuaciones en directo, un perfil bastante aproximado de la cantante y del icono que ella misma creó.
 De todos ellos, y aunque la mayoría se sirvan de las mismas escenas, el más completo es Janis, The Way She Were, dirigido por Howard Alk en 1974
. Es remarcable que, de todas las secuencias que hoy podemos disfrutar, no se puede extraer la imagen de una víctima o un alma atormentada.
Al contrario, es difícil encontrar una Janis llorosa o desvaída; lo que predomina es la fuerza vital, la intensidad y, eso sí, una desnudez emocional casi obscena (decía Mick Jagger que “no hay mucha diferencia entre hacer striptease y ser músico de rock and roll”)
. Incluso cuando Janis exhibe su natural temperamento melancólico, lo hace siempre con una sonrisa y a veces con una carcajada más transgresora que sarcástica.

América profunda

Para entender el fenómeno Janis es necesario situarse en los años cincuenta y en la América profunda; en el Estado de Texas, concretamente en Port Arthur –uno de los vértices del triángulo del oro–, en la frontera con Luisiana, donde el petróleo sustentaba el american way of life, el estilo de vida americano, y donde la segregación era incontrovertible.
“En el escenario hago el amor con 25.000 personas, y después me voy a la cama sola”, decía frecuentemente la rockera
Ahí nació y creció Janis, que habría sido una adorable maestra de escuela de no ser porque, al llegar la adolescencia y experimentar los cambios inherentes a ella, empezó a ser víctima de lo que hoy conocemos como acoso escolar: eso que nos cuentan en los telefilmes estadounidenses, donde una chica no es nadie si no forma parte del club de animadoras.
En estos casos, una tiene dos opciones: pasar desapercibida o plantarle cara al asunto.
 El problema es que hay personas, como Janis, que no pueden ocultarse.
Es su naturaleza
. Son esa clase de gente que de manera accidental se encuentran en el ojo del huracán de cualquier incidente sin haberlo provocado, pero que, una vez ahí, son capaces de asumir los riesgos y llegar hasta el límite de sus consecuencias, que ella misma definía como “los límites extremos de la probabilidad”.

Feminismo vital

Así que Janis se acostumbró a circular por su ciudad siendo señalada por todo el mundo, en lo que supuso un entrenamiento para lo que vendría después.
 Su negativa a mostrar la imagen que de ella reclamaba su entorno y su desaliño no exento de cierta elegancia venían refrendados por la convicción de que la vestimenta, al fin y al cabo, solo es útil para cubrirse, y basta.
 Con ello, prefiguraba la demolición de la feminidad asociada a las chicas de peluquería y maquillaje, algo de lo que haría bandera después el movimiento feminista.
Janis, que exhibía un feminismo más vital que ideológico, ya iba sin sujetador antes que otras lo quemaran en público, pero tanto ella y sus cofrades como sus predecesores ideológicos, los beatniks, sentían una profunda aversión por los movimientos
. De hecho, no fueron conscientes de su propia influencia hasta que, en el verano de 1967, las calles de San Francisco se llenaron de jóvenes que querían vivir como ellos.
Y no es que el ambiente de Haight-Ashbury fuera proclive al feminismo; de hecho, era bastante sexista.
Incluso entre los miembros más progresistas de la comunidad, las tareas como coser, fregar o cuidar de la casa y de los niños eran cosa de mujeres.
La propia Janis, que siempre se sintió incapaz de manejar su propia vida doméstica, pedía ayuda a las amigas para ello en los periodos en que vivía sola.
Desde la aparición de la píldora anticonceptiva y hasta el despegue del feminismo, las mujeres estaban sexualmente disponibles, pero aún no habían adquirido peso político como feministas.
Así, en lugar de erradicar la desigualdad sexual, el amor libre sirvió solo para darle una falsa pátina contracultural.

Soledad y adicciones

La actriz Amy Adams interpretará a Janis Joplin en la película 'Get It While You Can', que se estrena en 2016. / Album
Es cierto que algunas mujeres han alimentado con fervor el mito de la fragilidad de Janis; a la mayoría de los hombres, las chicas como ella sencillamente les dan miedo.
 Y una sensación semejante –peligrosa, arriesgada, aterradora– es la que recuerdan de ella otras mujeres del rock cuando la veían actuar.
Y puestos a llegar a lugares comunes, viene siendo ya hora de desmontar la idea de que Janis era lesbiana.
Simplemente disfrutaba de una sexualidad intensa que no necesitaba definir, sino ejercer con unos y otras.
 En cuanto a sus relaciones con los hombres, ella expresaba en público y sin pudor que son “la zanahoria que le ponen al burro para que ande”.
 Su vida sentimental era tan desastrosa como cabía esperar de una mujer de su tiempo y con sus convicciones
. Si las vidas familiar y profesional son difícilmente conciliables para las mujeres aún hoy, la posibilidad de que un hombre compartiera vida y carretera con una estrella del rock era entonces bastante remota
. Por eso probablemente no es de extrañar que Janis se planteara en alguna ocasión volver al redil de Port Arthur y dejar de ser ella misma.
En su ansiedad, Janis estaba tan enganchada al escenario como a cualquier otra de las drogas comunes; necesitaba la conexión con el público constantemente, como si tuviera en su alma un pozo, un enorme agujero, difícil de colmar:
“En el escenario hago el amor con 25.000 personas, y después me voy a la cama sola”, decía.
Parecer ser esta la raíz de muchas adicciones.
 Janis empezó a abusar de la heroína para compensar la bajada después del concierto
. Cuando quiso dejarlo, tuvo que equilibrar esa desintoxicación con la bebida: solo entonces se dio cuenta de que era alcohólica.

La voz y el estilo

Janis era una mujer inteligente, lectora voraz, y con un talento indiscutible.
Tal vez el talento se hace patente cuando el que lo posee se da cuenta de que no sabe o no puede hacer otra cosa; y ella lo supo al instante.
 Si bien en sus inicios se sentía cómoda en el folk, enseguida empezó a imitar la voz de algunas vocalistas de blues, como Odetta, incorporando sus registros vocales.
En cualquier caso, siempre siguió siendo fiel a las raíces de la música popular de su tierra: sus mayores éxitos fueron versiones de clásicos americanos (Summertime, de ­Gershwin; Ball & Chain, de Big Mama Thornton; Piece Of My Heart, de Erma Franklin) cocinados con la misma receta, desmenuzando los temas para recomponerlos haciéndolos propios.
Su voz camaleónica era paradigma de su propia personalidad.
 No solo utilizaba dos registros perfectamente identificables, sino que, en vivo, los acompañaba con la interpretación de la chica buena / chica mala que ambos sugerían.
En los directos puede observarse cómo se sirve a veces de un monólogo que lanza al público para cambiar de uno a otro.
Esto, además de una estrategia muy astuta, era fruto de sus propias contradicciones vitales.
En directo, no se encuentran dos interpretaciones iguales; en el estudio, la más reciente entrega discográfica, del año 2012 y que recoge las sesiones de grabación de Pearl, nos revela en cada toma una versión distinta del mismo tema.
La carrera musical de Janis estuvo sometida a altibajos, siendo su primer periodo, con la Big Brother & The Holding Co., el más auténtico, y el último, con la Full Tilt Boggie, el más comercial.
 En plena cresta de la ola, Janis quiso darse una fiesta privada, pero la heroína que le pasaron era demasiado pura.
 No fue una sobredosis: ese mismo fin de semana hubo al menos seis víctimas del mismo producto que ella se inyectó.
 Y con este accidente, Janis pasó a engrosar la lista de cadáveres exquisitos con solo 27 años.
Janis tendría hoy más de 70.
 En clave de ficción, de haber seguido respirando el aire contaminado de Port Arthur, quizá ya habría muerto de cáncer.
 Pero de seguir viva, quizá la encontraríamos en la lista Falciani. ¡Cosas más raras se han visto!
 Por eso, a pesar de lo que nos hemos perdido de su voz y su talento, me quedo con el cadáver exquisito.
Escucha la playlist de Janis Joplin en Spotify.

El árbol que floreció


Gabriel García Márquez y su esposa Mercedes Barcha al recibir la noticia del premio Nobel, en 1982. Fotografía de su hijo Rodrigo García / Álbum familiar de Mercedes Barcha / Gabo Periodista / FNPI) (EL PAÍS)

Un árbol que floreció..................................................................................J.ORGE F. HERNÁNDEZ

Esta es una crónica del autor del artículo a partir de las palabras de su esposa e hijos.

Dicen que nació en Aracataca en medio de un aguacero de diluvio y consta que el día que murió tembló en la Ciudad de México y empezó a llover en su pueblo natal, luego de siete meses y medio de sequía.
 Dicen que al llegar a la Ciudad de México hace poco más de medio siglo, Mercedes su esposa sintió que podrían hacer vida en un país capaz de volver rojo al arroz para que supiera más sabroso y que ambos visitaron Buenos Aires una sola vez, ya publicada la novela Cien años de soledad,en 1967, al inicio del sueño feliz donde los espectadores de un teatro se ponían de pie para aplaudir a un escritor y consta que al escribir esa novela, el escritor tendió una sábana en medio de la sala de su casa y colocó un letrero que decía que allí, donde se iba apilando en cuartillas blancas el siglo mural de la biografía de toda una estirpe condenada a la soledad, se llamaba “La cueva de la Mafia” y que sus hijos no podían entrar ni interrumpirlo y consta también que al recibir el primer adelanto de regalías de esa misma novela, el autor pidió al gerente del banco que le llevara a casa una maleta retacada con billetes sueltos y que años después, minutos después de que alguien llamara desde Estocolmo, en 1982, para informarle al escritor de que había sido reconocido merecidamente con el Nobel de Literatura, bajó con Mercedes su esposa al jardín, envueltos en batas —y él con zapatos blancos— y consta todo esto, porque el mayor de sus hijos tomó la fotografía en el instante exacto en el que el mundo dejó de ser el mismo de siempre.
Gabriel José de la Concordia García Márquez, hijo del telegrafista de Aracataca, nieto y bisnieto de todas las historias posibles que alimentan todos sus párrafos llega hoy al primer año de los primeros cien años de una eternidad garantizada en millones de lectores que han de recrear como enredadera de selva la vasta literatura que transpiró desde que empezó a hilar palabras en tinta
. Se confirma su irrefrenable capacidad para narrar como nadie todo lo que los demás comensales de una mesa miran sin observar sobre los manteles y se apuntala la verdad de que por encima de todo lo dicho, arriba de dimes y diretes, al margen o en torno a sus fidelidades y anécdotas, andanzas y aventuras, Gabo dejó no un conjunto de libros inmortales o varios volúmenes de artículos, crónicas y cuentos invaluables, sino una literatura completa: una manera de leer el mundo que se vertía sobre las yemas de los dedos al escribir cada letra sin preocupación por los acentos o separaciones de sílabas.
A lo largo de un tiempo largo, jamás me dejó visitar su estudio, esa nueva cueva donde seguía escribiendo como si sólo los nietos pudieran comprobar las ocasiones en que por allí volaba un loro que parecía hablar en canciones o el jarrón con rosas amarillas que servían de amuleto infaltable para el escritor que desde joven era capaz de convertir el género de crónica en “la verdad del cuento”, los cuentos en anécdotas personales de todo aquel que los leyera y sus novelas en la biografía íntima y entrañable de todo un continente
. En la cueva trashumante, como carreta de gitano que hipnotiza con imanes en cualquier selva, Gabo escribió El amor en los tiempos del cólera, luego del Nobel y como quien se deja anunciar en la Maestranza de Sevilla luego de haber cortado un rabo.
Dicen que escribió una carta al padre de Mercedes desde París y quien fuera su suegro ni la abrió y la guardó entre libros de un estante quizá porque ya sabía que el remitente llegaría para casarse con quien ya era la mujer de su vida, la madre de sus hijos y la abuela de sus nietos, echando raíces de un árbol que floreció en el momento en que la pareja de recién casados abordaba el día de su boda un avión para Caracas, para un nuevo empleo de periodista y asegurándole al Sr. Barcha que algún día el mundo entero reconocería que su hija se acababa de casar con el mejor escritor del mundo y consta que años después en México, a las afueras de una agencia de publicidad, el ya publicado autor de tres libros afirmaría que en realidad escribía para que sus amigos lo quisieran cada día más y más, tanto como se confirmó durante la noche en que se fue de este mundo, por todo el mundo en las filas de personas que lo lloraban leyéndolo en sus ejemplares y la lluvia de miles de pétalos amarillos como mariposas que parecían llovizna de uno de sus propios párrafos.
Dicen los que lo leen ahora por primera vez en sus vidas que en una página exacta Úrsula Iguarán muere en Jueves Santo y que en ese párrafo consta que fue un día de tan intensos calores que “los pájaros se estrellaban como perdigones y rompían las mallas metálicas de las ventanas para morirse en los dormitorios” y consta que el día que murió Gabo, un pájaro confundido se metió quién sabe cómo a su casa y terminó estrellándose en la ventana de la habitación donde empezaba su eternidad. También sucedió en Jueves Santo.
Nada más. Nada menos: la vida y literatura de Gabriel García Márquez está impresa como un tatuaje inexplicable de azar y magias.
 Debo a la generosa amistad de Mercedes Barcha, La Gaba, y a la fraternidad incondicional de Rodrigo y Gonzalo García Barcha lo que narro en estas líneas y lo que vivimos o leemos en la vida y obra de Gabo: todo ello es ya memoria palpable e imaginación desatada por encima y allende de toda consideración ajena a su Literatura con mayúsculas y quizá por ello, el día que dicen que se fue, sin permiso y en silencio conocí por primera vez la cueva donde escribía.
 Horas antes, minutos después de su último suspiro, su hijo captó también en fotografía el arco iris que pasó por encima del sillón donde le gustaba leer; de noche, al filo de la madrugada del primer día que hoy apenas cumple un año, yo mismo vi en penumbra lo que parecía la tipografía del silencio. Efectivamente, son mariposas amarillas.
Jorge F. Hernández es autor de La Emperatriz de Lavapiés y colaborador de elpais.com, con la columna Cartas de Cuévano.

 

16 abr 2015

Margarita, la reina altiva, fría e intransigente........................................... Mábel Galaz

La monarca de los daneses celebra su 75 cumpleaños rodeada de representantes de todas las casas reales, entre ellos los Reyes de España.

 

Margarita de Dinamarca.
Margarita de Dinamarca. / ROBERT MATIC (EFE)

Margarita de Dinamarca cumple mañana 75 años y lo hace rodeada de representantes de todas las casas reales que han viajado a Copenhague para los festejos que arrancan con una cena de gala esta noche, a la que asistirán los Reyes de España.
Pero hace días que los daneses celebran el aniversario de su reina, una mujer que goza de una gran popularidad pese a su férreo carácter.
Y es que si alguien pensaba que la personalidad de Margarita de Dinamarca se había ablandado con el paso de los años, se equivocaba
. El pasado lunes la monarca recibía a la prensa en su palacio de Amalienborg, el mismo en el que nació, para hablar de cómo se siente ante su inminente cumpleaños.
Una periodista se atrevió a tutearla y ella, visiblemente contrariada por la osadía, respondió
: "Usted y yo ¿hemos ido al mismo colegio? Pues entonces utilice el usted"
. No es la primera vez que la reina pone firme a todo aquel que intenta romper el protocolo o cuestionar su autoridad.
Ese mismo día ante los medios de comunicación despejó las posibles dudas sobre su futuro en el trono.
No va a abdicar, dijo, ya que su edad no le supone "ningún problema", aunque lamenta no poder bailar ballet o participar en carreras sobre esquís.
 Un mensaje parecido al que lanzó al cumplir los 70. "Todavía tengo mucho trabajo que hacer. Ni voy a abdicar ni a dejar de fumar".
El retrato conmemorativo del 75 cumpleaños de Margarita de Dinamarca. / CORDON
Ese día junto a ella no estaba Enrique, su marido, aquejado de una gripe, la única persona en el mundo a quien la reina escucha y por quien estaría dispuesta a dejarlo todo.
 Margarita de Dinamarca, junto con Isabel II, es la otra mujer que lleva corona en las casas reales europeas y no parece decidida a desprenderse de ella.
 Tras 43 años en el cargo, seguirá al frente de la monarquía aunque su hijo Federico se ha consolidado como un heredero muy sólido y popular
. Casado desde 2004 con la que hoy es una de las princesas más glamurosas de Europa, la abogada Mary Donaldson, tienen cuatro hijos
.  Y es que a Margarita solo los deseos de su marido de no ser un florero y tener más vida privada pueden hacerle cambiar de opinión.
Es un secreto a voces que al príncipe Enrique no le gusta el papel de segundón al que la vida le ha relegado por su matrimonio, y en más de una ocasión lo ha dejado claro, como cuando dio plantón a las monarquías europeas en la boda de Guillermo y Máxima, entonces príncipes herederos de Holanda
. Margarita llegó sola y con cara de circunstancias mientras toda Dinamarca desayunaba con una entrevista de su marido al diario danés BT en la que de manera rotunda aseguraba sentirse “inútil y relegado” dentro de la casa real danesa.
  Por ello había decidido mudarse a su castillo de Caix, en el sur de Francia, para “reflexionar sobre su vida”.
 “Hoy, a la mujer de un rey se le da el título de reina, pero el marido de una reina no se convierte en rey al casarse”, se quejaba.
 “En estas condiciones la relación de pareja queda desequilibrada, no en privado, pero sí a ojos de la opinión pública. Eso es traumático”.
La Reina Margarita y el Principe Henrik asistiendo al banquete de bodas del principe Federico y Mary Donaldson en la catedral de Copenhague. / CORDON PRESS
Sorprendida por la confesión del príncipe, Margarita abandonó la boda para intentar resolver la crisis institucional y personal
. Parece que lo logró y que entre ellos hubo algún tipo de pacto, ya que siguen juntos y "felices". Salvo ese momento en que su matrimonio estuvo en el aire, la reina no ha mostrado ningún otro signo de debilidad.
Ese carácter férreo lo mantiene con sus hijos.
 Tardó mucho tiempo en dar el visto bueno a la boda de su hijo mayor y heredero Federico con la abogada australiana Mary Donaldson y no contenta con ello dos años después puso precio a su hipotética separación.
 Los abogados de la Casa Real redactaron un nuevo documento que anulaba el acta prenupcial que la pareja firmó al casarse.
 Las anteriores capitulaciones matrimoniales de los príncipes Federico y Mary quedaron registradas el día en que contrajeron matrimonio, el 14 de mayo de 2004, en la catedral de Nuestra Señora de Copenhague.
 La medida de precaución obedeció al temor de la reina de que su hijo mayor algún día rompa su matrimonio, como le sucedió a su segundo hijo
. El divorcio del príncipe Joaquín le obligó a poner de su bolsillo un millón de euros y vender algunas de sus propiedades para comprar una casa a la princesa Alejandra, además de pagarle una cuantiosa cantidad económica cada año.
La reina Margarita, en el centro con un pañuelo negro, en una escena de la película.
La reina de los daneses es además diseñadora y jardinera aficionada; ella tiene claro que de no haber sido por sus responsabilidades monárquicas hubiera sido artista
. Y de alguna manera lo ha sido.
 Siempre que puede hace una incursión en este mundo: en 2009 participó en Los cisnes salvajes (De vilde svaner), una película en la que colaboró intensamente ocupándose de la escenografía y del vestuario e incluso se atrevió a interpretar un pequeño papel de campesina
. La reina aparecía en una escena de la película -basada en un cuento del escritor y fabulista danés Hans Christian Andersen- en la que la princesa Elisa va a ser ejecutada en la plaza ante el pueblo
. La soberana aparecía en pantalla con un pañuelo negro en la cabeza y ropa de mendiga
. Un año antes, había diseñado el escenario y el vestuario de un ballet basado en Hans Christian Andersen que se escenificó en los jardines Tívoli de Copenhague.
 También fue ella quien se encargó de realizar el diseño de los carteles conmemorativos del enlace de Federico.