Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

28 ene 2015

La Infanta y Urdangarin cierran la venta del palacete de Pedralbes..................................... Andreu Manresa

Solicitan permiso para la operación al juzgado, que tiene embargada la mitad de la propiedad.

 
 
 
El palacete de Pedralbes (Barcelona) en venta. 

La defensa de Iñaki Urdangarin ha comunicado este martes al juez José Castro que ha llegado a un acuerdo para la venta del palacete de Pedralbes (Barcelona) y le ha solicitado permiso para cerrar la operación.
 El juzgado tiene embargada la mitad de la propiedad del inmueble para asegurar el depósito de primera fianza civil impuesta del duque, de 6,2 millones.
 Los abogados de la copropietaria de la mansión, la Infanta Cristina de Borbón, se han adherido a la petición del duque, aunque aún el juez Castro no ha resuelto estas peticiones.
El palacete estaba en venta desde hace un año y medio por 9,8 millones y el traspaso de la propiedad puede haber cerrado en menos de seis millones. 
El juez anunció que quería controlar el destino de los fondos obtenidos en la venta porque quiere garantizar la consignación de las fianzas establecidas a los dueños.
 Los menos de seis millones ingresados no bastan para cubrir la mitad de las fianzas de la pareja.
Urdangarin y la Infanta están imputados en el caso Nóos, pendientes de juicio y han de afrontar una fianza civil de más de quince millones, de los que 13,5 corresponden a Urdangarin. Fuentes judiciales han confirmado la iniciativa de los duques de Palma para desprenderse finalmente de la que fue su mansión.

Las mayores obras de arte creadas desde el odio y la bancarrota............................. M. E. Torres

Leonard Cohen grabó un disco para salir de la ruina y Dylan, de un divorcio. Aquí, las necesidades detrás de las grandes obras del siglo XX.

Bob Dylan, encantado de dar una rueda de prensa en París en 1966 / Rue des Archives (Cordon Press)
Para Samuel Wordsworth, escribir era “trasladar al papel el latido del corazón”. Para Ernst Hemingway, “sentarse en un escritorio y sangrar”.
 Y para Stephen King, según afirmaba en su autobiografía literaria Mientras escribo, “acercar los labios a la fuente de la vida”
. Es así como suele concebirse la escritura en la tradición occidental.
 Tormento y éxtasis
. Un goce supremo, pero también un esfuerzo extenuante e ingrato. 
Una compulsión, un impulso vital. Incluso un cínico profesional como Henry Miller escribía en Trópico de Cáncer (1934) sobre la necesidad de sacar a flote los libros que “crecían” en su interior, como “tumores” o “plantas tóxicas”.
 Una vez más, la escritura entendida como un acto de exorcismo personal que pone al escritor en contacto con lo sublime.
Cohen canceló su jubilación tras perder cinco millones de dólares.
 Al volver al estudio, su bajista le preguntó: “¿Has vuelto al negocio porque estás arruinado?”. “Digamos que esa es una de la principales razones”, le respondió
La historia de la producción cultural de las últimas décadas nos demuestra que es perfectamente posible crear (algo que valga la pena) por razones mucho más terrenales, prosaicas e incluso mezquinas.
 Ya lo decía el crítico musical Greil Marcus en un artículo de Village Voice de mediados de los setenta: 
“Algunas de las canciones más hermosas que he escuchado se escribieron por interés, por resentimiento o por despecho”
. Y lo mismo podría decirse de algunos de los mejores libros y de las mejores películas.

Leonard Cohen se ha referido en alguna ocasión a Dear Heather (2004) como el primero de sus discos “póstumos”.
  El anterior, Ten new songs (2001), había sido concebido como el último de su carrera.
 Cohen pensaba dedicar sus últimos años a la meditación trascendental en el monasterio budista de Mount Baldy, en las montañas de San Gabriel, cerca de Los Ángeles.
 Un proyecto frustrado: tuvo que renunciar a su retiro espiritual cuando su hija Lorca le confirmó que había sido estafada por su representante y amiga íntima, Kelley Lynch, que llevaba años sustrayendo dinero de las cuentas corrientes del artista hasta llegar a una cantidad cercana a los cinco millones de dólares. 
Cuando Cohen se presentó en el estudio oliendo aún a sándalo, pero dispuesto a grabar un nuevo álbum con el que volver a hacer caja, su bajista y hombre de confianza, Roscoe Beck, le preguntó: “¿Has vuelto al negocio porque estás arruinado?”. 
“Digamos que esa es una de la principales razones”, le respondió el músico y poeta de Montreal, que hoy sigue en activo (y litigando contra la mujer que le arruinó) a sus 80 años.

Marvin Gaye también tuvo que renunciar a su proyecto de jubilarse (en su caso, de manera un tanto prematura) debido a problemas económicos sobrevenidos.

 Dos divorcios y una adicción a las drogas se cruzaron en su camino.

 En 1977, a los 38 años, le costó cerca de un millón de dólares divorciarse de su primera esposa, Anna Gordy, hermana de su jefe, el productor y fundador de Tamla Motown, Berry Gordy. Ese desastre financiero fue la principal razón por la que accedió a grabar Here, my dear.

 Justo es reconocerle que supo hacer de la necesidad virtud: las canciones exudan virulencia y genuino rencor, porque se nutren del resentimiento acumulado en diez años de matrimonio y casi cinco de cruda batalla judicial. 

La propia Anna Gordy, que se embolsó parte de los royalties de Here, my dear, declararía años después: “Con el tiempo, he acabado apreciando todos los álbumes de Marvin, pero tengo que reconocer que este sigue siendo el que menos me gusta”. 

Ya en 1981, un Marvin Gaye de nuevo al borde de la ruina, recién divorciado de Janis Hunter y con tendencias depresivas y paranoicas acrecentadas por el consumo de cocaína, aceptó grabar otro álbum, In our lifetime, tal vez el menos inspirado de su carrera. 

Según el hombre que trató de hacerle de hada madrina en sus últimos años, el dj y productor belga Freddy Cousaert, “ese disco existe porque Marvin necesitaba el dinero, no hay mucho más que decir”.

13 años más tarde, otro grande de la música negra, Prince, extravió su hasta entonces rutilante carrera discográfica en un intento de librarse lo antes posible de sus lazos contractuales con Warner Bros.

 Cuatro discos publicados en apenas año y medio, entre 1994 y 1996, todos ellos fracasos artísticos y comerciales, para un artista que por entonces insistía en presentarse en público como El Esclavo y que pronto recuperaría la libertad, pero ya no la inspiración. 

Según el crítico musical Robert Christgau, “en algún momento de su largo pulso contractual con Warner, Prince perdió la pasión por crear música que estuviese en contacto con su personalidad y sus emociones, y ese es el problema que arrastra desde entonces”.

Bob Dylan reconoce en sus memorias que muy rara vez ha vuelto a hacer algo a la altura de su periodo más fértil, finales de los sesenta (“ya no siento galaxias en combustión en mi interior”), pero su álbum Blood on the tracks (1975) es una deslumbrante apología de la rabia y las malas vibraciones, un poderoso artefacto cuyo combustible es el odio larvado que llegó a sentir contra la que era su esposa y madre de sus cuatro hijos, Sara Lownds, de la que se divorciaría poco después.

 

Ya no puedo vivir sin ti, Juan Ramón............................................................... Winston Manrique Sabogal

El conmovedor diario de la escultora Marga Gil, que se enamoró en secreto del poeta y Nobel español, se publica 83 años después de quitarse la vida.

Marga Gil Roësset, pintora y escultura española, en 1932. / EL PAÍS

“No lo leas ahora”
. Fueron las últimas palabras que Marga Gil Roësset dijo a Juan Ramón Jiménez, en la casa del poeta en la calle Padilla, de Madrid, mientras dejaba sobre su escritorio una carpeta amarilla
. Guardaba la revelación de su amor imposible por él, que la había llevado a una decisión fatal.
 Marga salió del despacho del escritor, fue a su taller, en el que había trabajado en los últimos meses, y destruyó todas sus esculturas, excepto un busto de Zenobia Camprubí, la esposa de su amado. 
“No lo leas ahora”… Abandonó el lugar para cumplir el destino que había previsto. 
Pasó primero por el Parque del Retiro; luego tomó un taxi hasta la casa de unos tíos en Las Rozas y allí se disparó un tiro en la sien.
Era el jueves 28 de julio de 1932
. Ella tenía 24 años; él, 51.
 Ocho meses antes había conocido al poeta y a su esposa, con quienes entabló una sincera y afectuosa amistad
. Pero en la joven pintora y escultora, a quien Juan Ramón y Zenobia llamaban “la niña”, también se desató en silencio una pasión amorosa no correspondida
. Amenazadora.
 Hasta que ese amor colonizó toda su vida y la convirtió en tragedia.
“…Y es que…
Ya no puedo vivir sin ti
…no… ya no puedo vivir sin ti…
…tú, como sí puedes vivir sin mí
…debes vivir sin mí…”.

Ese deseo lo plasmó con su letra angulosa en una de las hojas de la carpeta que entregó a Juan Ramón Jiménez (1881-1958)
. Las escribió en las últimas semanas de ese verano.
 El autor le hizo caso. “No lo leas ahora”
. Un poco de sombra cubrió su corazón para siempre.
 Un poco de luz salió de allí para su obra poética
. Ese otoño del 32, él quiso rendirle homenaje publicando el manuscrito del diario de Gil, pero no pudo
. En 1936, salió casi inesperadamente al exilio por la Guerra Civil.
 Ochenta y tres años después del suicidio de Marga Gil y de la voluntad de Juan Ramón Jiménez (JRJ), ese deseo del poeta se convierte ahora en realidad.
 Se titula Marga. Edición de Juan Ramón Jiménez y está editado por la Fundación José Manuel Lara.
 Suma un prólogo de Carmen Hernández-Pinzón, representante de los herederos de JRJ; un texto de Marga Clarck, sobrina de la artista, y escritos del poeta y su mujer sobre Marga Gil.
 Un relicario literario acompañado por facsímiles de las anotaciones de la escultora y varios de sus dibujos y fotos.
Una de las páginas del diario de Marga Gil Roësset. / EL PAÍS
Amor, silencio, alegría, desesperación, amor. 
El desconcierto se plasma en la nota que la joven dejó a Zenobia Camprubí: “Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón!
 Y aunque querer… y enamorarse es algo que te ocurre porque sí, sin tener tú la culpa… a mí al menos, pues así me ha pasado… lo he sentido cuando ya era… natural… que si te dedicaras a ir únicamente con personas que no te atraen… quitarías todo peligro… pero eso es estúpido”.
Esa confesión figuraba en aquel diario extraviado tantísimos años. Desde 1939, cuando tres asaltantes —Félix Ros, Carlos Martínez Barbeito y Carlos Sentís— robaron la casa de JRJ mientras se hallaba en el exilio. 
 El poeta, quien ganaría el Nobel de Literatura en 1956, siempre estuvo inquieto por el destino de esos documentos.
 Siempre preguntaba por ellos a su gran amigo Juan Guerrero.
 Lo recuerda Carmen Hernández-Pinzón, hija de Francisco, sobrino del autor de Espacio y representante de sus herederos.
 Parte de ellos fueron divulgados en 1997 por el diario Abc
. El suicidio de Gil afectó mucho a JRJ y a su esposa.
 “Los dos quedaron muy abatidos, y él no quiso escribir durante un tiempo. Nunca la olvidaron”, dice Carmen.

Ese “No lo leas ahora” es un asomo al amor que revitaliza la vida y, a su vez, esteriliza a quien no es correspondido, mientras vive de migajas secretas que son el triunfo de su existencia:
“…Y no me ves… ni sabes que voy yo… pero yo voy… mi mano… en mi otra mano… y tan contenta…
…porque voy a tu lado”.
Ahora todos lo saben. 
Y ella fue más que ese feliz y fatal susurro amoroso. “Quiero que se la conozca como la genial artista que fue y sigue siendo
. Muchas estudiosas y especialistas en las vanguardias del siglo XX han dedicado su tiempo a investigar su obra”, cuenta Marga Clarck. La publicación del diario le parece importante, ahora que la figura de su tía se empieza a reconocer. 
Confía en que sirva “para que ella pueda navegar sola porque su obra es muy potente.
 Y Juan Ramón quería que ella pasara a la historia como artista”.
El poeta lo sabía.
 Ese amor desconocido era parte feliz de su vida, aunque no lo pidiera.
 Era suyo, también.
 Un rincón de su casa lo inmortalizó.
 Tras la muerte de Marga, mandó hacer un aparador de roble sobre el que puso el busto de Zenobia esculpido por “la niña”. 
La cara del amor de su vida cincelada por la mujer que no soportó vivir sin él.

 

Los caballeros de la Mesa Redonda...................................................................... John Carlin

El escritor y periodista John Carlin inicia hoy una serie en la que explora el fenómeno Podemos, por qué ha logrado convencer a tanta gente en tan poco tiempo, cómo son sus dirigentes y, sobre todo, a qué aspira.

Imagen del mitin que ofreció Podemos en Valencia el 25 de enero. / Mónica Torres ( )

Domingo, doce de la mañana, horario de misa.
 Faltan cuatro días para Navidad y el recinto está repleto; el ambiente, festivo; el fervor ante la inminente llegada del elegido, in crescendo
.Gente de todas las edades, de los dos años a los ochenta, la mayoría de pie, con los ojos puestos en una puerta al fondo de la sala por donde saldrá el hombre llamado a señalarles el camino.
Pasan los minutos —doce y cinco, doce y diez, doce y cuarto— y aún no aparece. Pero la multitud no se desanima.
 Se deleita con la sensación de estar participando en un momento histórico y corea una consigna tras otra, todas cargadas de ilusión, aunque de origen diverso.
“¡Sí, se puede!”, eco del “Yes, we can” de la campaña electoral del presidente de Estados Unidos; “¡El pueblo, unido, jamás será vencido!”, importada de América Latina, de las luchas antiimperialismo yanqui;
“A por ellos, ¡oé!”, de la liturgia futbolera; y “¡Paaablooo! ¡Paaablooo!”, al ritmo que marcan los fieles del vecino Camp Nou —“¡Meeessiii! ¡Meeessiii!”— cuando aclaman a su ídolo.
El lugar, el Palau Municipal d’Esports de Vall d’Hebron, barrio obrero de Barcelona; la fecha, el 21 de diciembre del año recién concluido.
Podemos representa cambio, futuro y modernidad, pero la coleta larga que luce Iglesias le da un aire rockero años setenta
Falta casi un año para las elecciones generales españolas pero ya huele a victoria aquí en el Vall d’Hebron
. Es el primer acto multitudinario de Podemos, el partido político líder según las encuestas nacionales, en tierras catalanas
. Unas 2.500 personas dentro del pabellón y otras mil afuera aclaman a Pablo Iglesias, profesor de Ciencias Políticas de 36 años que, justo un año antes, con otros cuatro catedráticos de la Universidad Complutense de Madrid, decide fundar Podemos.
 Ahora es su secretario general, primus inter pares y cara pública de la nueva formación, el líder de la primavera española que hoy agita a la vieja Europa.
Viste camisa blanca, vaqueros azules, zapatos deportivos negros con rayas blancas, marcando la diferencia con la encorbatada burguesía.

La simbología es algo confusa, como las consignas, como las palabras del propio Iglesias.
 Es catedrático pero el plato fuerte de su discurso es un cuento para niños, una fábula sobre gatos y ratones de fácil digestión para todas las edades: los gatos son los malos, los representantes de la casta dominante, y los ratones son el pueblo, los buenos
. Dice —su tono urgente, disparando palabras como balas— que ni él ni ninguno de los fundadores de Podemos son Podemos: “¡Podemos sois vosotros!”, para luego agregar: “Hay cientos de miles que dicen ‘El de la coleta soy yo”.
Declara: “Yo soy de izquierdas”, pero al instante matiza: “El poder no teme a la izquierda sino a la gente”.
 Y afirma: “No he venido a Cataluña a prometer nada a nadie. No me fío de los políticos que hacen promesas”.

Pablo Iglesias, candidato a la presidencia por Podemos en Barcelona, el diciembre pasado. / Consuelo Bautista
El público en el pabellón de Vall d’Hebron no deja de aplaudir, pero queda por ver si, a la hora de votar, una mayoría de españoles estará dispuesta a fiarse de un partido político que no hace promesas. Quedan muchas preguntas por contestar. ¿Qué ha hecho Podemos para convencer a tantos en tan poco tiempo?
 ¿Cómo son sus dirigentes, sus activistas, los nuevos conversos a la causa? Y, ante todo, ¿qué quiere Podemos?
En la sede del partido, en la plaza de España en Madrid, reina el ambiente despacho-garaje de una start-up californiana.
 Unos diez jóvenes en vaqueros y camisetas trabajan intensamente en una ambiciosa misión: conquistar los corazones y las mentes del público votante español.
 Sus armas, ordenadores portátiles y teléfonos móviles, las herramientas digitales con las que Podemos ha logrado amplificar el mensaje del partido con tan frenética efectividad.
Aquí no gusta el concepto de jefe pero Miguel Ardanuy, de 25 años, es el cerebro del sector de Podemos que en otros tiempos se hubiera denominado “propaganda” pero que ellos llaman “participación”.

“Sin las redes sociales no estaríamos donde estamos hoy en las encuestas”, cuenta Ardanuy, que estudió Ciencias Políticas en la Complutense, habla como si tuviera prisa como Iglesias y luce dos colas rastas, largas y finitas. “En otra época uno transmitía su mensaje yendo de puerta en puerta”, dice.
 “Hoy todo ocurre al instante”.
Gracias a Internet los simpatizantes de Podemos, 300.000 de ellos suscritos a la página web Plaza Podemos, son todos vecinos.
 A través de esta plataforma, de Twitter y de una aplicación para móviles llamada Appgree han armado foros de debate que aportan ideas al proceso de decisiones del partido y a la vez funcionan como un servicio de datos, ofreciendo la materia prima con la que el liderazgo afina los mensajes que tienen mayor resonancia entre la población.
Así Podemos ha ido destilando las claves de su vendedora “narrativa” y de ahí también las frases hechas que Ardanuy y sus compañeros oficinistas-militantes salpican en la conversación:
“Nosotros representamos la ilusión”; “el PP y el PSOE están osificados”;
“adiós a la casta corrupta que nos gobierna” (la casta, la palabra más utilizada en el lexicón de Podemos), y la frase que repiten una y otra vez, “no somos ni de izquierda ni de derecha”.
Esta última es a la vez la consigna que más polémica genera y la que más alcance tiene
. Indigna a la izquierda tradicional, de la que se han distanciado, pero al mismo tiempo, apelando a lo que Podemos llama el “sentido común”, despeja miedos y despierta entusiasmo en un amplio sector de la población.
 Es la fórmula para construir lo que Pablo Iglesias llama “una marca ganadora”.
No todos los rebeldes de Podemos son jóvenes. Jesús Montero, de 51 años, es el recién electo secretario municipal del partido en Madrid.
 Trabaja en la Complutense (todos los caminos de Podemos se originan aquí) en un alto cargo de administración.



De tez y físico delgados, luce una ligera barba blanca y una pequeña gorra de cuero, lo que le proporciona un aspecto medio Quijote, medio Lenin.
 Pero, a diferencia de Iglesias y Ardanuy, habla de manera medida y serena, seguramente más pausado que cuando inició su trayectoria política a los 14 años como organizador de una huelga en el colegio.
 Influido por “curas politizados”, a tal punto que durante un tiempo pensó que él mismo iba para cura, se incorporó a las Juventudes Comunistas y fue elegido secretario general cuando tenía 20 años.
 De ahí pasó a ser uno de los fundadores de Izquierda Unida en 1986, partido que dejó en 1997 tras una crisis interna, pero el año siguiente acudió con entusiasmo a Chiapas, en México, a observar de cerca la revolución zapatista del subcomandante Marcos.
 “Ahí surgió la idea de que otro mundo es posible, en contra de la globalización y la revolución conservadora de Reagan y Thatcher”, dice.
Pero el zapatismo tampoco prosperó y la izquierda española “naufragó por falta de audacia”
. En 2003 abandonó toda militancia organizada.
Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander”, dice Jesús Montero, electo secretario municipal del partido en Madrid
Once años después, la vida le ha ofrecido una segunda oportunidad.
 “He recuperado la ilusión. Venimos a democratizar el poder y remoralizar la vida pública, a sacar el discurso de los bares a la plaza, a restaurar el vínculo entre la gente y el gobierno, que ha tratado a la gente como si fueran menores de edad”.
Para restaurar el vínculo hay que acabar con el paternalismo de los partidos tradicionales, dice.
 En otro momento de su vida quizá hubiera dicho que había que acabar con el capitalismo también. Ya no.
“No todos los empresarios son iguales”, afirma. “Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander”
. ¿Habla en serio? “¡Sí! Yo estoy convencido de que hay empresarios de buena voluntad.
 Hay sectores del capitalismo emprendedor que saben que necesitan un país con menos desigualdad social, que entienden que así expanden su mercado.
 Seguro que Ana Botín [presidenta del Banco Santander] se vería con Pablo Iglesias y hablarían de estas cosas”.
Menos matizado fue el populista mensaje —prácticamente el único mensaje— que se lanzó durante un acto de Podemos que presidió Montero unas horas más tarde en el barrio céntrico obrero de Madrid, Lavapiés.
“Vamos a echar a la mafia económica y política, vamos a echar a los golfos, vamos a recuperar Madrid para los ciudadanos”, y “vamos a acabar con el austericidio”, y “vamos a acabar con la vieja política y vamos a crear una democracia participativa” fueron las consignas más coreadas.
La sabiduría de las masas es un concepto cuestionable, muchas veces basado en la ignorancia o en la histeria colectiva
La democracia participativa es más posible hoy que nunca gracias a la revolución digital, dice Montero cuando le toca su turno de hablar, y anuncia que Podemos va a lanzar una campaña para que todo el mundo tenga acceso a la web y pueda así tener un impacto directo sobre las políticas de Podemos
. Como ha propuesto Pablo Iglesias, “cada vez que haya que tomar una decisión en Podemos que sea compleja y difícil propondremos que vote la gente”.
La idea es bonita, pero surgen un par de dudas.
 Primero, se parte de la base de que las grandes mayorías comparten o pueden llegar a compartir la pasión por la política de los politólogos y sociólogos que han creado
 Podemos, cuando quizá la realidad sea que en España, como en todos lados, la política es un deporte minoritario.
 Segundo, se opera según la premisa, alimentada hoy por el fenómeno de referendos virtuales permanentes que ofrecen las redes sociales, de que la opinión del pueblo debe ser escuchada
. Pero, como se vio en Alemania en su día, la sabiduría de las masas es un concepto cuestionable, muchas veces basado en la ignorancia o en la histeria colectiva.
 En temas delicados y complejos de economía, o de política extranjera, las ideas que aporta la masa tuitera a las grandes cuestiones del día pueden resultar de poco más valor que las de los pasajeros al piloto cuando un avión atraviesa aires turbulentos.
Alguien que conversa sobre política con la desenvoltura y pasión de un fanático del Real Madrid sobre el fútbol es Íñigo Errejón.
 Señalado por algunos como el verdadero genio de Podemos, tiene el aspecto de un chico de 16 años, aunque tiene 31
. Como los otros cinco fundadores de Podemos, Errejón es profesor en la Complutense.

“Si ganamos las elecciones, empieza el partido de verdad y el cambio revolucionario que deseamos no se va lograr sin que Europa, o al menos la parte sur de Europa, esté con nosotros, admite Errejón
El secretario de Política de Podemos, Íñigo Errejón, el pasado noviembre, en Madrid. / Hugo Ortuño (EFE)
Sus gafas le dan un aire Harry Potter, motivación adicional para preguntarle por el truco mágico que ha transformado a militantes de izquierda como él en políticos pragmáticos todoterreno.
“La mayor parte de la gente no se ve representada hoy ni en los dos partidos políticos dominantes, ni en la vieja izquierda”, responde
. “Izquierda y derecha son metáforas, son nombres nada más, y no son eternos
. Nosotros representamos el sentido común contenido en una identidad transversal y popular, frente a la oligarquía”.

Errejón emana una enorme confianza en sí mismo unida a una casi agotadora hiperactividad mental. Pero esa palabra, oligarquía, chirría un poco en alguien que pretende alejarse de los tópicos de la vieja izquierda, como también chirría la asociación de los líderes de Podemos con la Venezuela de Hugo Chávez, según Pablo Iglesias, “una de las democracias más saludables del mundo”.
¿Cómo encaja la admiración por el chavismo venezolano, que tras 15 años de gobierno ha llevado al país latinoamericano al borde de la ruina, con el ecumenismo que profesa Podemos?
Errejón no responde ¿Vene... qué?, pero casi
. Descalifica cualquier noción de que Podemos piense en replicar el modelo de Venezuela. “España no es un país como Venezuela, con petróleo.
 Es otra cosa.
 El Estado funciona, el PIB es mucho más alto, no viven pobres en la montaña sin luz”.
Pero entonces, ¿cuál es el programa?
 Es la pregunta que todos los sectores opuestos a Podemos hacen, pero Errejón insiste en que el partido es un recién nacido y es prematuro exigir “mañana mismo” muchos detalles al respecto.
Lo que sí tiene Podemos es lo que más necesita un partido que pretende ganar elecciones: una narrativa identitaria al alcance de todos
. Se presentan al imaginario colectivo como los caballeros de la Mesa Redonda que, junto al pueblo enardecido, pretenden atacar, despoblar y ocupar el castillo negro donde se atrinchera la despiadada casta.
 Errejón no discrepa de la metáfora pero matiza que “aún falta mucho para llegar a las murallas”.