Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

27 ene 2015

El guindo.....................................................Rosa Montero

Por el simple hecho de llevar un corte de pelo y un aspecto alternativos, Patricia fue detenida, procesada, juzgada y condenada a tres años de cárcel.

Es probable que en la última semana se hayan enterado del caso de Patricia Heras gracias a la emisión del magnífico documental Ciutat Morta en TV-3 y a la polvareda que ha levantado en prensa y redes.

 Es decir, es probable que se hayan caído del guindo, como yo, hace tan sólo unos días, aunque este caso alucinante se remonte al año 2006.

 Según sostiene muy convincentemente Ciutat Morta, Patricia estudiaba Filología en Barcelona.

 Un día, paseando en bicicleta con un amigo, se cayó; acudieron al hospital a curar las heridas y allí Patricia fue confundida con unos okupas también heridos tras un rifirrafe en el que un policía sufrió graves lesiones.

 Por el simple hecho de llevar un corte de pelo y un aspecto alternativos, Patricia fue detenida, procesada, juzgada y condenada a tres años de cárcel.

 Hundida, se mató arrojándose desde un séptimo piso durante un permiso penitenciario .

Fue en 2011 y tenía 32 años.

 Hasta aquí la versión del documental, que es partidista. 

Pero hay datos objetivos, como que la sentencia se basó principalmente en el testimonio de dos policías que años más tarde fueron condenados por torturas, o que Amnistía Internacional denunció que los okupas habían sido torturados. Aunque lo más aterrador es que casi nadie supiera de esta historia antes del remolino que ahora se ha creado.

 Aún poniéndonos en lo mejor, no cabe duda de que se trata de un caso tremendamente irregular, confuso, discutible.

 ¿Y por qué no se discutió, por qué no lo reflejaron más los medios? ¿Porque eran okupas, porque llevaban rastas e informes jerséis de lana apelmazada?

 A ver si aprendemos de una vez que los verdaderos delincuentes, el mayor peligro para la democracia y el sistema, son esos indeseables de corbata de seda, abrigos de pelo de camello y atildados ricitos.

 Me avergüenza mi ignorancia, nuestra ceguera.

 

Raf Simons libera la alta costura......................................................... Carmen Mañana

Dior funde tecnología y artesanía en una colección de alta costura que celebra las décadas de los cincuenta, setenta y ochenta.

 
Desfile de la temporada primavera-verano 2015 de Dior. / Getty Images


 Las paredes de la habitación palpitaban al ritmo del Bolero de Ravel. 
Los graves hacían dilatarse y contraerse las láminas doradas que recubrían la estancia como si se tratase de un latido.
 Dentro de esa suerte de cadencioso corazón, la casa francesa Schiaparelli bombeaba su colección de alta costura para la próxima temporada primavera/verano. 
Las prendas tan hipnóticas como la música trasladaban a la audiencia a un lugar aislado y excéntrico.
 Un mundo irreal que se diluía al traspasar el umbral de la puerta y descubrir un París con militares, en vez de amantes, en cada esquina.
 Pero, en contra de lo que se llegó a temer, los recientes atentados terroristas no han disuadido a los compradores de acudir al más exclusivo escaparate de la industria del lujo: la semana de la alta costura.
 Más allá de los controles de seguridad a la entrada de los desfiles –con comprobación de pasaportes y arcos metálicos incluídos-, la situación era tan normal como cabría esperar.
Una prueba más del buen momento que vive este costoso y singular sector, junto, claro está, con su constante crecimiento.
 Valentino asegura haber registrado un aumento del 50% en el número de encargos propiciado por la demanda en los países de Oriente Medio, según recoge la publicación especializada WWD. Ni la caída del rublo y su consecuente influencia en el feroz consumo ruso parecen hacer mella en la optimista progresión de la alta costura.
Una modelo desfila en el 'show' de Schiaparelli en la semana de la alta costura en París. / Pascal Le Segretain (Getty Images)
Para Dior 2014 también fue un año récord. Desde la llegada de Raf Simons a la maison francesa hace dos años, las ventas de la costura se han duplicado. En palabras del consejero delegado de la firma, Sidney Toledano, su nueva visión de la mujer ha conseguido atraer a una generación de profesionales menores de 40 años y provenientes de la industria del espectáculo y la tecnología que buscan una alternativa a la manida estética de la alfombra roja.
Y lo cierto es que el diseñador belga no oculta su deseo de “liberar la alta costura”, de explorar sus límites en busca de escenarios menos rígidos aunque igual de ricos. Piezas que, como las que presentó este lunes, transitan de lo decorativo a lo arquitectónico mezclando artesanía y tecnología tanto en los materiales como en las técnicas empleadas.
 Un difícil ejercio que, además, combina varios referentes temporales. “En las prendas hay un poco del romanticismo de los cincuenta, de la experimentación de los sesenta y de la liberación de los setenta, tanto en su materialización como en su actitud”, explica Simons. El resultado de esta ambiciosa mezcla es una colección llena de energía.
 Las botas de lúrex enhebran una propuesta que arranca con unos vestidos bordados en piedras y cubiertos por chubasqueros de plástico transparente y que termina con unas faldas microplisadas de gran volumen.
 En medio, brocados con incrustaciones, gasas con efecto tatuaje, monos de pailletes. La paleta de colores, vibrantes y ácidos, da continuidad a los estampados psicodélicos, la pedrería y los tejidos más clásicos
. Lo que podría ser un indigesto salpicón de revivals resulta, gracias al sentido de la medida de Simons, una narración coherente y emocionante.

Para enfatizar aún más la sensación de desconcierto, el diseñador decidió presentar la colección en una especie de caleidoscopio gigante: una sala llena de espejos hasta el techo, donde, jugando una vez más con la percepción de lo que es o no es alta costura, todo estaba del derecho o del revés según el punto de visto del espectador.
Schiaparelli homenajeó una colección de 1935 que ejemplifica la relación de la firma con los movimientos de vanguardia
La presentación de Dior no tenía nada que envidiar a la de Schiaparelli.
 La puesta en escena de esta última era obra del artista gráfico Jean Paul Goude, autor de la fotografía que ilustra el mítico disco Nightclubbing de Grace Jones y, más recientemente, de la portada de la revista Paper protagonizada por Kim Kardashian.
  Con esta colaboración, la casa francesa, propiedad del grupo italiano Tod’s, quería homenajear la colección ‘Stop, Look & Listen’ que su fundadora, Elsa Schiaparelli, presentó en 1935 y que ejemplifica la estrecha relación que la firma mantuvo y parece querer seguir manteniendo con los movimientos de vanguardia.

 Entre sístole y diástole: estampados surrealistas pintados a mano, audaces abrigos de piel rematados en oníricos lazos brocados y el trampantojo de unas manos que abrochan un collar a la espalda de un vestido.

 

 

Facebook e Instagram se han caído esta mañana, provocando el pánico en Twitter

La ausencia de gatos y fotos de desayunos se ha notado en los móviles de todo el mundo

El grupo Lizard Squad ha reivindicado los ataques, aunque la red social lo achaca a un fallo técnico.

Facebook, Instagram, Tinder y las plataformas de mensajería AIM y Hipchat han estado caídos durante una hora y media entre las 6 y 7:30 de la mañana, tanto en sus versiones web como móviles. 

El problema se ha registrado en Estados Unidos, gran parte de Europa (incluida España) Asia y Nueva Zelanda.

Aunque el grupo de hackers Lizard Squad ha reivindicado el hecho e incluso ha amenazado con nuevos ataques, incluyendo la publicación de datos personales de Malaysia Airlines, la red social ha explicado que la caída se ha debido a un problema técnico debido a un cambio en la configuración de sistemas.

Como es habitual en estos casos, muchos han corrido a Twitter a quejarse por la ausencia de fotos en las que hacer like, y eso que en esta ocasión la caída sólo ha afectado a los más madrugadores, en el caso de los españoles.

Por cierto, Facebook no ha informado del hecho a través de su cuenta en Twitter, al contrario de lo que ocurrió en 2009. Instagram, tampoco.

 

Cómo vivir después del infierno de Auschwitz

Miriam Mayer, una de las 200.000 personas que sobrevivieron, cuenta su historia.

 

La superviviente Miriam Mayer, en el psalón de su casa en Jerusalén. / N. T.

A sus 89 años, Miriam Mayer, de Ostrowska (Polonia), intenta mirar siempre hacia adelante, pese a cargar con el peso de haber pasado por Auschwitz-Birkenau, haber perdido a toda su familia y haber sobrevivido a las vejaciones a las que fue sometida.
 “Nunca hablo de estas cosas. Si lo hiciera, no podría vivir. Sería imposible", afirma hoy desde su casa en Jerusalén, día en el que se cumplen 70 años de la liberación del mayor campo de exterminio creado por los nazis.
Esta es la primera vez que charla con un periodista
. Es viuda. Se jubiló hace algunos años de su puesto en la Oficina Nacional de Estadísticas, donde recaló después de trabajar en una empresa de comercio exterior en Varsovia.
 Vive sola en un impecable y elegante piso en el vecindario del Museo de Israel, donde se presta para recordar sus años más difíciles.
“Cuando pasaron por primera vez los alemanes, ya sabíamos que se llevaban a los niños y a los mayores a trabajar.
 Solo dejaban a los jóvenes. 
Maquillé a mi madre para que pareciera más joven, aunque no sé por qué, ya que tenía sólo 40 años”, afirma.
Corría el año 1939 cuando su familia fue expulsada de su hogar en la ciudad de Lodz (Polonia) y trasladada al nuevo gueto.
 Tenía 17 años y sus hermanos, Yaacov y Mendel, de 15 y 13, fueron llevados a un hogar laboral, donde el jefe de la comunidad judía les aseguró que iban a estar protegidos.
“Sabíamos que buscaban mano de obra.
 Si trabajabas, vivías.
 Pero un día hubo una selección.
 Fuimos con mi madre a ver la casa y los niños ya no estaban”, señala y recuerda que su madre, Hinda Perl, se quebró
. Había enviudado en 1941, cuando su marido, mayor que ella, no logró sobrevivir a la falta de alimento.
Los únicos momentos en los que se queda inmersa en el llanto es cuando habla de su madre, a quien los nazis mandaron a trabajar en las cloacas de la ciudad, empujando carros repletos de materia fecal, mientras Miriam lo hacía en una fábrica de sillas de montar.
Al menos estaban juntas.
 Esa era la única ventaja que tenía el gueto.
 Todos temían que llegara el día del traslado, ya que por aquel entonces la mayoría sabía que significaba el paso previo a la muerte en un campo de exterminio.
Finalmente, les llegó el momento
. Juntas, llegaron a Auschwitz-Birkenau tras un día de viaje en un vagón de carga.
 Los soldados alemanes les gritaban: “¡Raus! (¡Afuera!)”. Los bramidos aún resuenan en su mente como si los estuviera escuchando en la actualidad.

Al bajarse del tren de noche, Mayer se hirió en una pierna.
 Se hizo un tajo que le llegó hasta el hueso de la rodilla, lo que podía significar un pasaje directo a la cámara de gas y los crematorios.
 “Los alemanes me cuidaron. Habrían visto buen material para trabajar. Me llevaron a un lazareto y me curaron.
 Pero no había comida, por eso casi nadie sobrevivió a ese lugar”, explica.
Durante los primeros días, su madre aparecía con una porción de pan, de la pequeña ración que les repartían, para darle de comer.
 Un día, ya no fue más.
 Había llegado el momento de valérselas por sí misma. “Dormía en el suelo, sin litera.
 Había muchas mujeres amontonadas ahí y, con cada movimiento, se escuchaba un ruido
. La capo, una eslovaca, nos gritaba: ‘Si no os quedáis quietas, iréis donde están vuestros padres. 
 ¿Ven ese humo que sale de ahí?’ Si aún no lo sabíamos, ella se encargó de contárnoslo”, afirma.
No se sabe con exactitud cuántas personas pasaron por Auschwitz-Birkenau, a pocos kilómetros de la ciudad de Cracovia, pero más de un millón encontró allí la muerte, el 90% de ellos judíos. Sobrevivieron unas 200.000 personas, entre los que se encuentran los escritores Primo Levi, Viktor Frankl, el premio Nobel Elie Wiesel y la política Simone Veil, entre otros.
En octubre de 1944, se produjo otra selección de prisioneros y esta vez fueron elegidas Mayer y sus compañeras.
 Ninguna sabía lo que les deparaba el futuro. Muchas pensaron que les había llegado el final. 
“Nos dijeron que entráramos en las duchas y ya sabíamos lo que eso significaba: la cámara de gas.
 Nos despedimos unas de las otras. Entramos y eran de verdad. Había otra capo, una checa, que nos dijo: ‘No lloren, niñas. Ustedes van a trabajar’”, recuerda.
De allí, las trasladaron al poblado de Halbstadt, donde las pusieron a trabajar en una fábrica alemana de piezas para aviones. 
Al mismo campo, llegaron franceses llevados de Alsacia-Lorena con sus familias tras rechazar la oferta de adoptar la ciudadanía alemana bajo la ocupación nazi.
“Llegamos a un paraíso.
 El lugar era un sueño de lugar, nada que ver con Auschwitz. 
No es que no tuviéramos problemas, todavía estaban las SS, que era una raza aparte, pero los franceses nos trajeron buenas noticias: los rusos estaban en camino.
 Ya habían liberado Lodz, nuestra ciudad, y habían llegado a Auschwitz", explica.
 "Estos franceses fueron nuestros protectores. 
Si había pasado algo, si una chica había cometido un error o nos querían castigar y nos negaban la comida, ellos decían a los nazis: ‘Si no hay comida no hay trabajo’.
 Eran buenos hombres. Ya sabían que para los alemanes la cosa estaba perdida”. “Lo quiero enfatizar hoy porque no se habla del antisemitismo de los franceses.
 Bueno, pues sí, lo hay. Todos los sabemos.
 Pero estos fueron los mejores hombres. Franceses".
 Tras la caída del régimen nazi, narra su periplo hasta llegar a Israel. 
 “Salí del campo y me subí gratis a un tren.
 Los alemanes nos habían afeitado la cabeza. No teníamos casi pelo.
 Todos sabían quiénes éramos y de dónde veníamos”, rememora. Hizo varios turnos por Polonia, volvió a su pueblo, donde comprobó que no le quedaba ni familia ni amigos y se marchó a Varsovia. 
Se casó con Jerzy Ostrowski, judío oriundo de Polonia igual que ella pero con mejor suerte.
 Aunque había perdido a su familia entera, él no había pasado por los campos porque se ofreció como voluntario en el Ejército británico en Palestina.
 Tuvieron un hijo en 1950 y abandonaron Polonia siete años después a pesar de su buena situación —él trabajaba en una editorial y ella, en el sector del comercio—, porque insultaron a su hijo por ser judío.