Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 ene 2015

Núria Espert: "La cirugía es algo maravilloso cuando no la usa una idiota"

La actriz cumple 80 años en 2015 metiéndose en la piel de El rey Lear sobre las tablas. 

 

Núria Espert 
 
Núria Espert lleva abrigo Céline.

Núria Espert vuelve a Shakespeare como se vuelve siempre al amor; ya lo dice el tango. «A los 24 hice Hamlet, a los 50 interpreté a Próspero en La tempestad y ahora, con 80, haré El rey Lear
. Y eso me suena fabuloso», dice entre pausas que suenan teatralizadas.
El día 15 estrena en el Teatre Lliure de Barcelona esta obra, en catalán, bajo la dirección de Lluís Pasqual.
 Esta dama del teatro que ha llevado grandes textos españoles a todos los rincones del mundo hace un repaso de la gran gira que ha sido y es su vida.
¿Cómo se fragua este Lear?

Después de La violación de Lucrecia y La loba quería tomarme un tiempo de descanso porque había trabajado demasiado.
 Pero llegó Lluís Pasqual, me ofreció esto, cambió mi estado de ánimo y me lancé sin paracaídas. Después comenzaron los temores, las dudas
. Así que, muerta de miedo, me quedé todo agosto sola en mi casa estudiando y trabajando muy apasionada
. Me entregué a este hermoso texto con más dedicación que a otros porque hacía mucho tiempo que no actuaba en un catalán tan elevado.
¿Se le ha pasado ya el miedo?

Sí, aunque debería tener mucho más ahora que estoy metida de lleno
. El temor a saber si voy a ser capaz o si voy a estar ridícula se me ha ido. Y justo en ese momento es cuando me puedo volver loca de verdad porque pierdo el pudor, el instinto de protección.
Ha participado casi en 70 obras a lo largo de su carrera.

Pero en ésas incluyes la morralla y lo que ha salido bien. [Risas]. Bueno, pero se puede decir que, de alguna manera, su vida ha sido una gira
. Sí. Me gusta llevar el teatro a los sitios, no esperar a que la gente tome trenes y venga a verme.
 Lo he hecho desde que cumplí 24 años con la obra Gigi (1959). Entonces, estuve dos de gira. A partir de ahí, he ido creando una especie de familiaridad con el público
. Cuando llego a una ciudad no van a verme porque hayan leído buenas críticas, sino porque me lo he ganado con incontables bolos.
 Dices que llevo 70 obras, pues debo haber hecho unas 50 giras en mi vida. Eso es muchísimo, ya que a los actores no les suelen gustar las giras.
Pensaba que sí.

Qué va. Prefieren instalarse en Madrid y quedarse siete años haciendo Toc, Toc.
 Sin embargo, a mí me da mucha felicidad viajar con la compañía.
 Cuando estamos en una ciudad un tiempo prolongado cada uno tiene su familia, sus amigos, sus cenas, etc.
 En una gira se crea más compañerismo porque solo nos tenemos a nosotros.

 
Núria Espert 
Abrigo de Hermès y jersey de H&M.

¿Cómo se conservan familias y amigos estando siempre fuera de casa?

Sola habría sido imposible, pero tuve una madre que me tuvo jovencísima y, como era el ser más generoso del mundo, me ayudó a hacerlo todo cuando mis hijas eran pequeñas.
Mi papel de madre ha sido así así... Al de actriz le he dado mi completa dedicación.
A usted que da esa impresión de mujer fuerte, ¿qué la desarma?

Soy de una fragilidad que a mí misma me da mucho coraje.
 El titular de un periódico puede amargarme una semana entera. [Llaman a su teléfono por tercera vez y mientras lo apaga exclama: «¡Espero que no se esté quemando el Lliure!»].
Cuando suena un móvil entre el público mientras usted actúa, ¿qué le pasa por la cabeza?

Una vez estaba en Santiago de Compostela con Peter Brook viendo su obra Je suis un phénomène y, en mitad de la representación, se escuchó uno.
 Al terminar, Brook le dijo a su actor que si le volvía a ocurrir le dijera al espectador: «Dámelo, que es para mí». Así que eso será lo próximo que diga yo también.

¿Qué cosas ha hecho en la vida sin pensar?

Casarme.
 Yo no quería. El matrimonio de mis padres salió mal desde el principio y yo estaba convencida de que me casaría con 30, que me parecía la vejez cuando tenía 16... Pero, de pronto, conocí a Armando y me pareció una persona diferente a toda la gente que trataba.
 No me casé loca de amor. Él me preguntó: ‘¿Nos casamos en seis meses?’.
 Y le dije que sí. Me fui de gira y a la vuelta lo hicimos.
Tal vez si no me hubiera ido de gira no nos hubiéramos casado nunca porque nos habríamos peleado. [Risas].
Vamos, que él se encargó de los preparativos.

Había poco que hacer porque no teníamos un duro. Pero sí, él fue quien avisó a los amigos.
 Y salió muy bien. No entiendo muy bien por qué dije que sí.
 Pero estoy feliz de haberlo hecho.
Ha tocado muy poco el cine, y las dos últimas cintas han sido con Ventura Pons. Seguro que tendrá una explicación, ¿verdad?

Es porque Pons hace teatro filmado.
 Y yo puedo actuar como encima de un escenario. Con secuencias enteras, orden cronológico y todas esas cosas que me van muy bien y que en el cine me suelen ir muy mal.
En la gran pantalla, más que en el teatro, las actrices recurren a la cirugía estética. ¿Qué opinión tiene al respecto?

La cirugía estética es algo maravilloso cuando no la usa una idiota
. Creo en ella. Es fantástica. Es una cosa caída del cielo para mejorar tu imagen cuando tienes un problema, cuando hay en ti un deseo tan grande de ser diferente porque no amas el cuerpo o la cara que te han tocado.
 Una herramienta que te puede acercar a tu ideal me parece maravillosa.
Y siempre que esté bien usada, como los antibióticos, que si te los tomas en demasía te pueden cascar.
 
Núria Espert

¿En qué se ha mojado usted?

De heroísmos nada, pero en tiempos difíciles he hecho muy buen teatro de autores que no estaban vistos con simpatía y el público ha podido ir a verlos.
 En aquel momento era un acto político ir a ver a Jean-Paul Sartre, Bertolt Brecht o Jean Genet. Ésa ha sido mi minúscula y casi invisible aportación.

¿Qué es un acto político hoy en día?

Hacer buen teatro.
 Y cuando te dan la oportunidad de decir lo que piensas. Estamos en una democracia y se puede decir todo, aunque siempre que hay mayorías absolutas funcionan como pequeñas dictaduras. También lo fueron con los socialistas, y no te digo ya con Aznar.
Con la mayoría absoluta, los políticos se creen con derecho para hacer cualquier cosa. Se aprovechan de que nadie les puede llevar la contraria para imponer sus ideas sobre la multiplicidad de ideas que hay en un país. Y eso siempre ha sido negativo.
 Aunque aún queda un ratito de aguantar, todo va a cambiar dentro de poco.


Núria Espert 
Capa de Paule Ka, americana de Louis Vuitton, camisa de Gerad Darel, pantalón de Louis Vuitton, corbata de Paul Smith y zapatos de Tommy Hilfiger.
 

 

 

Entrevista a Arturo Pérez-Reverte » “La pesadilla de las series españolas es la falta de medios”................... Natalia Marcos

El creador del capitán Alatriste habla sobre la ficción televisiva inspirada en sus novelas.


Alatriste estuvo haciendo guardia en Telecinco durante meses hasta que, por fin, desenfundó este miércoles
. Se esperaba con mucho interés la plasmación televisiva de uno de los personajes más conocidos de la literatura nacional contemporánea. Arturo Pérez-Reverte, autor de las novelas en las que se basa la serie, dio el visto bueno a los guiones.
Sin embargo, el escritor expresó en Twitter los “sentimientos encontrados” que le habían acompañado mientras veía el primer capítulo.
“Había visto antes algunos episodios. Cuando yo los vi, fue con la luz original.
 Pero Telecinco lo proyectó con una luz diferente. Pensaron que era muy oscura y sombría y metieron una luz artificial para la que no estaba hecho el episodio”, explica Pérez-Reverte en conversación telefónica con este periódico.
“Es como acercarle un flash a la cara a una señora guapa pero muy maquillada.
 El efecto que tenía la serie, con ese mundo oscuro, de emboscadas, misterio..., con esa luz se pierde completamente”, añade.
Sin embargo, para el autor, la serie también tiene elementos positivos.
 “Los guiones son espléndidos.
 Es muy complicado meter Alatriste en una serie y los guionistas lo hicieron muy bien. Aitor [Luna, actor que interpreta al personaje central en la serie] me parece estupendo.
 Alatriste es un personaje mayor, curtido, veterano, pero la cadena, apuntando a su público, decidió rejuvenecer el personaje.
 Aun así, Aitor está espléndido. Ese silencio, esa mala leche, esa chulería...”. El escritor tiene palabras de elogio para todo el reparto, el equipo de guionistas y para el productor de la serie, José Manuel Lorenzo. “Intentó ser fiel a la historia original
. Pero tanto él como los actores tuvieron presiones por parte de la cadena para que la historia no fuese tan oscura ni tan sombría y fuese más Telecinco: más luces, más sexo, más piruetas... Aun así, estoy agradecido tanto a José Manuel Lorenzo como a los actores porque dentro de lo que pudieron, resistieron las presiones y no convirtieron Alatriste en un Sálvame del siglo XVII”, añade.

Otro de los factores que echó de menos, y que solicitó, fue un asesor histórico, figura con la que no se contó en la preparación de la serie.
 “En España no existe esa costumbre del rigor histórico a la hora de hacer una serie y darle credibilidad. Además, la luminosidad que dieron en la proyección resaltó los defectos”, explica. “En España no se dedica el interés, el rigor y el esfuerzo necesario para que una serie sea redonda plástica y visualmente”, añade.
La que ahora emite Telecinco es la segunda adaptación del personaje de Alatriste al mundo audiovisual tras la película de 2006 dirigida por Agustín Díaz Yanes y en la que Viggo Mortensen daba vida a un Diego Alatriste muy diferente del que encarna Aitor Luna.
 “Viggo hizo un magnífico Alatriste, ajustado a la edad que tiene en la novela. Aitor ha tenido el desafío de hacer un Alatriste más joven. Ha hecho creíble un Alatriste no creíble”. “Cuando vi las pruebas de Aitor vi que no era mi Alatriste, pero era un dignísimo Alatriste”, añade.
Para el creador del personaje, la comparación entre las dos obras, cinematográfica y televisiva, no es posible. “La película era todas las novelas comprimidas en hora y media, y ese era su defecto. Esto es una novela alargada y desarrollada por guionistas con mucho talento”, argumenta. “Lo que lamento es que todas esas pequeñas miserias que acompañan en España el calvario de hacer una serie de televisión digna hayan impedido que el proyecto fuese redondo”.
Las dificultades para trasladar una obra literaria al mundo audiovisual son evidentes incluso en la era actual, en la que sobresale la calidad literaria de algunas ficciones televisivas.
 “Literatura y televisión son mundos diferentes.
Un escritor no va a quedar nunca satisfecho completamente, ninguna adaptación audiovisual refleja la riqueza de matices de un texto.
 Y un lector tampoco quedará satisfecho”, explica Pérez-Reverte.
“En la HBO, Alatriste sería distinto. Pero esto es España.
 Las series de televisión que se hacen aquí, todas, nada tienen que ver con la HBO”. Fue uno de los tuits más comentados de los que publicó tras ver el primer capítulo.
 “Aquí tenemos magníficos guionistas y, muchas veces, cuando ves sus guiones ejecutados son muy diferentes.
 Es la pesadilla española: la falta de medios, la falta de interés, también por parte del público.
 Las cadenas han descubierto que es más barato hacer una serie con cuatro tipos hablando en un decorado que una serie histórica.
 Por eso el caso de Isabel tiene tanto mérito: está muy bien y triunfó. Brillantes proyectos de guion y buenos actores se ven frustrados porque los medios que se ponen no están a la altura de las circunstancias”, explica, aclarando el mensaje que publicó.
 “Productos como Alatriste deberían ser comprendidos por lo que aportan, a pesar de sus defectos, y aunque algunos de ellos puedan ser proyectos fallidos.
 La pena es que se les ataca y no se les deja levantar cabeza, y eso es muy triste”, concluye.

'Alatriste', en cifras

El miércoles 7 de enero arrancaba en Telecinco la serie Las aventuras del capitán Alatriste. En su primer capítulo consiguió una audiencia de 2.487.000 espectadores y un 13,4% de cuota de pantalla (la noche fue liderada por Algo que celebrar, con 3.307.000 televidentes y un 18,1% de share).
Los 13 capítulos de la ficción fueron grabados en los estudios Korda de Budapest, en un plató cubierto de 6.000 metros cuadrados.
Más de 40 actores, 2.500 figurantes y 50 especialistas participaron en un rodaje que se extendió durante 27 semanas y para el que se utilizaron más de 3.000 trajes para recrear las aventuras de los personajes en el siglo XVII.
Yo que me he leído todas Las Novelas de los Tercios de Flandes, y las otras tb, en cuanto sale la novela de Arturo sin preguntar voy a mi librería y la compro, soy seguidora de Arturo Pérez Reverte desde como él dice era un "Plumilla" lo traía Juan Cruz y presentaba sus novelas, me encantaba oirle hablar aunque a los que preguntaban les daba unos cortes que nadie se atrevía a decirle nada.
Muy bien vestido traje corbata y camisa blanca, zapatos embetunados hasta parecer de charol. Pero de sus héroes como Viggo Moterssen ninguno, ese fue mi Alatriste y ver a este joven mas impetuoso en amores no era el que yo recuerdo siempre del final del Imperio español pero por encima de todo existia el Honor.

 

Los peligrosos amigos de Andrés de Inglaterra.................................................................Patricia Tubella

El tercer hijo de la reina Isabel II está inmerso en un tsunami después de que una mujer le acusara de haber abusado sexualmente de ella. 

El hombre que los presentó, Jeffry Epstein, y su círculo más próximo son piezas claves en esta polémica.

El príncipe Andrés de Inglaterra en las carreras de Ascot. / mark cuthbert (Getty Images)

La imagen de Andrés de Inglaterra va a ser definitivamente eliminada de la foto oficial de la monarquía británica por culpa de una amistad peligrosa que el tercer hijo de la reina se empecinó en mantener. Jeffrey Epstein aparece hoy como un oscuro personaje relacionado con un caso de abuso de menores en el que ha sido mencionado el nombre del príncipe, pero en su día logró brillar en la alta sociedad neoyorquina en calidad de financiero de éxito y filántropo, cuya agenda de contactos incluía al expresidente Bill Clinton, amén de varios premios Nobel y estrellas de Hollywood.
 Esa cara del éxito quedó borrada de un plumazo cuando hace siete años fue condenado por mantener relaciones sexuales con una menor.
  Fue sólo la punta de un iceberg que ahora emerge a raíz de las acusaciones de tres mujeres que lo señalan como responsable de una red de esclavas sexuales puesta al servicio de algunos de sus privilegiados amigos.
Los tiempos en los que Epstein llevaba en su avión privado a los actores Kevin Spacey y Chris Tucker en misión caritativa a África, o en los que ejerció de anfitrión de Clinton en su isla del Caribe, quedaron finiquitados en 2008 tras su paso por la cárcel, donde cumplió trece de los 18 meses de condena.
 Muchos no quisieron volver a saber de él, pero el duque de York sí que acudió a la fiesta que el multimillonario organizó en su fabulosa mansión de Nueva York para celebrar la puesta en libertad. Andrés nunca lo ha negado. "Jeffrey es mi amigo, y la lealtad es una virtud", habría espetado a quienes le recomendaban romper los lazos con Epstein, según reveló un allegado de ambos amparado en el anonimato.
Aunque se acoja a la inmunidad diplomática, Andrés puede ser llamado como testigo en la causa judicial
La fotografía del príncipe paseando por Nueva York junto al convicto Epstein, difundida por la prensa en 2010, propició una decisión que la Cámara de los Comunes ya llevaba tiempo considerando: retirarle el título de representante especial del Reino Unido para el comercio exterior por su tendencia a utilizar los viajes oficiales en beneficio propio, ya fuera tomándoselos como unas vacaciones pagadas por el contribuyente o cultivando contactos en las altas esferas para su lucro personal.
 El hecho de que Isabel II reaccionara imponiendo a su hijo favorito la Gran Cruz de la Caballería restó fuerza a las presiones de los asesores de palacio para que Andrés cortara con Epstein.
El millonario Jeffry Epstein. / Camera Press
Ambos se habían conocido a través de Ghislane Maxwell, antigua novia de Epstein, amiga además de Sarah Ferguson —la exesposa del duque de York— y una figura muy bien conectada con la jet set de Nueva York y Londres. Ghislane, de 53 años, es la hija menor del antiguo magnate británico de la prensa Robert Maxwell, cuya muerte en circunstancias no aclaradas tras caer por la borda de su yate cerca de las islas Canarias en 1991, selló el colapso de su imperio mediático.
Mientras los hermanos de Ghislane afrontaban en los tribunales las acusaciones de que su padre se había apropiado en vida de millones de libras del fondo de pensiones del grupo Mirror, la benjamina de la familia se buscó una nueva vida al otro lado del Atlántico.
 En Nueva York se emparejó con Epstein, más proclive a rentabilizar sus contactos que a asentar la relación.
 Tras la ruptura sentimental, adoptó un papel de asociada, que la demanda depositada hace menos de dos semanas en Florida por tres supuestas víctimas de Epstein describe como el de una madame de todo el artefacto.
 Ella habría sido la encargada de fichar a una de las demandantes, Virginia Roberts — entonces una menor— para el deleite del príncipe Andrés.
Ghislane Maxwell, exnovia del millonario Jeffry Epstein. / Getty
La personalidad de aquel empresario hecho a sí mismo, que a la hora de las presentaciones estaba considerado uno de los reyes de Manhattan, cautivó de inmediato al príncipe. Jeffrey Epstein, de 61 años y nacido en Nueva York, era un hijo de la clase media que desde niño destacó por su dominio de las matemáticas.
 Esa habilidad le procuró, a pesar de carecer de titulación universitaria, un puesto de profesor en el exclusivo colegio privado de Dalton, donde impresionó al padre de uno de sus pupilos, Alan Greenberg, presidente del conglomerado de inversiones Bear Stearns. Greenberg le brindó un trabajo en el mundo de las finanzas, pero sobre todo los contactos para que Epstein se decidiera a volar en solitario a principios de los ochenta, estableciendo su propia compañía
. Sólo aceptaba clientes preparados para invertir como mínimo un millón de dólares.
De cómo operaba y todavía opera su negocio apenas nada se sabe, más allá de la vocación de utilizar una considerable parte de su fortuna en una serie de proyectos científicos que le han conectado con figuras de la talla del astrofísico Stephen Hwaking
. Que en una actividad paralela este empresario adicto al yoga ejerciera de proxeneta de lujo y procurara a sus amigos los servicios de chicas menores de edad es el nuevo retrato que ahora aflora en la demanda de sus supuestas víctimas.
 La querella cita entre los clientes de ese servicio a un veterano abogado estadounidense de 76 años, Alan Dershowitz, quien a lo largo de su carrera ha defendido a personajes tan polémicos como OJ Simpson —la estrella del fútbol americano exonerada de asesinar a su mujer—, la heredera reciclada en terrorista Patricia Hearts y el aristócrata Claus von Bulow, cuya condena por el asesinato de su mujer fue anulada tras su apelación, en un caso que Hollywood adaptó en El misterio Von Bülow.
El abogado Alan Dershowitz. / Getty
Dershowitz se dispone a presentar una demanda por difamación.
 El drama de Andrés es que, incluso acogiéndose a la inmunidad diplomática en caso de ser llamado como testigo, y por encima de que las acusaciones de Roberts acaben probándose falsas, la casa real ha decidido desmarcarse de ese príncipe tan encantador como controvertido.
 El amparo que le procuraba el ser objeto de la predilección de Isabel II ha expirado definitivamente.

La verdad sobre el ‘caso Mendoza’....................................................... Juan Cruz

Eduardo Mendoza rememora 40 años después las condiciones en que escribió ‘La verdad sobre el caso Savolta’, que la censura consideró "un novelón estúpido y confuso".

 

Eduardo Mendoza, en Barcelona. / Gianluca Battista

La primera crítica que publicó EL PAÍS apareció el 5 de mayo de 1976 (al día siguiente de nacer el periódico), era de Juan García Hortelano, versaba sobre La verdad sobre el caso Savolta, y se titulaba Una opinión sobre el caso Mendoza.
 Era la primera novela de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), había sido publicada en abril del año anterior, 1975, por Seix Barral y antes de publicar Hortelano su opinión sobre "el caso Mendoza" había sido premiada por el jurado de la Crítica.
 Hoy el escritor sigue con bigote —ya no tan oscuro como aquel que luce en la foto de contraportada de la primera edición de ese libro— y sigue publicando obras con éxito, aunque a veces diga que la novela está muerta
. Aquel espaldarazo de Hortelano fue muy importante para él
. Cuatro décadas después se enfrenta de nuevo a aquella opinión y dialoga a partir de lo que dice Hortelano. El autor de El gran momento de Mary Tribune murió en 1992; su crítica en aquel momento era la expresión de un entusiasmo literario y la reivindicación de la ficción en la novela tal como la entendían ambos.
 De eso va esta entrevista.
La verdad sobre el caso Savolta es la historia de una corrupción; su lectura hoy remite a lo que sucedió en Barcelona (y en España) con la mezcla de los negocios y la política en la primera posguerra europea del siglo XX, narra el auge y la destrucción de una empresa de venta de armas, se sirve de todos los géneros narrativos posibles (desde la novela negra a Madame Bovary, pasando por la complejidad estructural de Conversación en La Catedral). Hortelano la llama "fastuosa cirugía de nuestra comunidad…".
PREGUNTA. Tenía 31 años. Esta crítica debió ayudarle mucho.
RESPUESTA. Tuve varias ayudas valiosísimas.
Una fue este artículo. Se juntaba la curiosidad que despertaba EL PAÍS con el elogio más generoso de Hortelano.
 Fue un espaldarazo importantísimo. Otro fue el de Carmen Rico Godoy, en Cambio 16.
 Pero fíjate en lo que dice Hortelano, en ese momento en que está a punto de cambiar todo…
P. Dice: “(…) A los muy sensatamente monopolizados por la estadística, la normativa constitucional, la sociología, la flora, la fauna y el politicismo les sería provechoso dedicar unas horas a la novela de Eduardo Mendoza, donde mucho se puede aquilatar la historia de este país en el que, no obstante, vivimos”.
Tardó en publicarse. Primero, porque no la querían, y luego, porque no era una novela al uso
R. Eso es, ¡déjense de tonterías y lean este libro! ¡Qué curioso que eso lo diga Hortelano en ese momento!

P. Él hablaba de lo que era la novela, en medio de la discusión sobre si debía experimentar, o si debería ser como las suyas y la que usted publicaba. ¡Le acoge en su seno! ¡Para quitárselo a Benet, quizá!
R. ¡Ja, ja! Eran tan amigos.
Los conocí algo después; iban haciendo aquella especie de número de payaso listo, y payaso tonto, intercambiándose papeles. Y eran dos polos opuestos.
 Yo, que tenía una admiración y un cariño muy grande por Benet, estaba alineado con Hortelano.
 Ya había empezado la renovación de la narración, con Hortelano, con Marsé, con Vázquez Montalbán. Ese cambio estaba hecho, y Hortelano era grande ya.
P. Él pone énfasis en su edad…
R. La escribí a los 26, pero tardó en publicarse.
 Primero, porque no la querían, y luego, porque no era una novela al uso.
 Ya cuando finalmente Pere Gimferrer se la queda, tarda dos años en salir.
 O sea que sale cuando yo tengo 31 años.
P. Dice que "circunstancias engorrosas interrumpieron su publicación"…
R. Yo no creo que las hubiera.
Desde luego, cuando ya fue comprada por Seix Barral hubo que enviarla a censura, pero eso pasaba con todas
. La titulé Los soldados de Cataluña. Era irónico
. Quería decir que los soldados de Cataluña son los estafadores. ¡Pero la censura pensó que era un llamamiento a las armas independentistas!
 Ese tema ni se toca en la novela. Entonces nos reunimos Gimferrer y yo (y fue el principio de una tradición) y después de darle muchas vueltas salió ese título, La verdad sobre el caso Savolta.
P. ¿Qué dijo el informe de censura?
R. Muy escueto: folletón confuso y estúpido
. [Esto dice, exactamente, lo que escribió el funcionario el 14 de septiembre de 1973: "Novelón estúpido y confuso, escrito sin pies ni cabeza. La acción pasa en Barcelona en 1917, y el tema son los enredos de una empresa comercial, todo mezclado con historias internas de los miembros de la sociedad, casamientos, cuernos, asesinatos y todo lo típico de las novelas pésimas escritas por escritores que no saben escribir"].
No hay interés por nuestra literatura; ni por la nuestra ni por ninguna. A nadie le preocupa
P. En 1973 Barral lanza la narrativa española más experimental. ¿Qué le hace estar más con Flaubert que con Joyce?
R. Es que esa del grupo de Barral era mi literatura, y sus autores eran mis amigos…
 Si no hubiera sido mi mundo quizá no me hubiera dado por enterado pero, claro, yo vivía sumergido en esa literatura y pensé: “Yo aquí me asfixio, quiero salir de eso”.
 Sabía que iba a contracorriente, pero lo que no pensaba es que eso formara parte de la evolución literaria.
 Y lo que hice se parece a lo que proclamó Savater luego: la infancia recuperada. Recuperar la narración, la aventura.
P. Se recuperaba también la sintaxis.
R. La sintaxis, el placer de la narración… Ante eso yo reaccionaba de una manera muy primaria. Luego, cuando he racionalizado y me preguntan por la novela de la Transición, ¡claro que yo no sabía que estaba escribiendo novela de la Transición! Entre otras cosas ¡porque no sabía que iba a haber una Transición!
 Eso en 1971 no estaba ni en los sueños.
P. Ahora que ha habido cambio de guardia en la Monarquía se cita su novela como la que marcó aquel parteaguas.
R. Hay la idea de que todo ha de ser como en una novela: que empezó el Rey, y hubo nudo y desenlace. Las cosas no son así
. La Historia no es literaria.
P. Tenía 26 años. España es la que usted describe, un burro en torno a una noria. Pero ¿qué literatura hay en usted entonces?
R. La mía, en comparación con la que leen mis compañeros de tiempo, es reaccionaria, es arcaica. Primero, porque estoy formado por la literatura juvenil (Salgari, Verne, Haggard), que es la que me marca cuando empiezo a escribir.
 Y luego encuentro en las memorias de Baroja un pasaje que dice que cuando se formó como escritor era un niño y leía novelas de aventuras, y siguió escribiendo esas novelas aunque escribe de otros temas.
 Esto de Baroja me marcó definitivamente. Yo me formé leyendo eso.
La felicidad que me produjo lo que escribió Hortelano ya nunca más la he vuelto a tener
P. Y sigue en ello, como Baroja…
R. A mí lo que me gustaba era eso: novelas de aventuras, de misterio, negra, películas de gánsteres, películas en general
. Soy de una generación más formada en el cine que en los libros.
 El western y el cine negro son influencias muy fuertes. Y yo pienso: "¿Por qué cuando me pongo a escribir tengo que renunciar a esto, que es lo que me da alegría de vivir, para ponerme a hacer un experimento lingüístico que no me interesa nada?".
P. Juan García Hortelano dice que en aquel momento la gente se está pasando al ensayo y usted irrumpe con una novela que no tiene nada que ver con lo experimental, que está de moda…
R. La novela experimental creo que era un callejón sin salida necesario.
Creo que hizo mucho bien para los que empezábamos a escribir: haber pasado por el calvario de leer novelas experimentales, novela francesa, incluso haber pasado por el esfuerzo que nos obligó a hacer Benet, que nos hacía leer unas cosas duras, pero que aceptábamos.
 Y las aceptábamos primero por su personalidad y luego porque nos dábamos cuenta de que aquello era muy bueno.
 Y lo que hizo fue realmente poner el idioma español en el siglo XX, y liberarnos de todo el lastre decimonónico. Él odiaba a Galdós, injustamente…
P. Pero era amigo de Baroja…
R. Y en muchas cosas era muy galdosiano.
 Pero a él le parecía que ese lenguaje del siglo XIX, que todavía se arrastraba en el siglo XX, era gastado, retórico, epistolero
. Él impuso un lenguaje mucho más roto, más moderno, que a nosotros nos permitió recuperar la narración con un motor de coche actual, no de tartana. Esa conjunción del deseo de recuperar y, al tiempo, la dura lección de los experimentales que leíamos, no Benet, que era estupendo, pero aquellos experimentales…
P. Benet quedó.
R. La verdad es que Juan Benet impuso un rigor que nos fue muy bien para los que escribíamos entonces.
 Yo pensaba, escribiendo: “Qué pensará, qué dirá Juan Benet…”. Recuerdo que cuando publiqué La ciudad de los prodigios Benet publicó un artículo en la revista Leer.
 Primero tuve una cena con él en Madrid. Me dijo: "Eso es una tontería; parece mentira, tendría que darte vergüenza haber publicado eso"
. Y yo me pasé toda la noche sin dormir. El resto del mundo me daba igual, pero lo que decía Benet… Y luego resultó que todo era una broma porque publicó ese artículo: "Esta novela me gusta mucho, me hubiera gustado escribirla a mí".
 Y era una novela de pistolas, de aventuras, de tiros, de persecuciones. Bueno, ahí influía la amistad, pero eso fue lo que escribió.
P. Respecto a usted, Hortelano fue el adelantado.
R. Sí. Hortelano, Carmen Rico Godoy. Y Rafael Conte, que también apostó desde EL PAÍS y dijo: "Esto es lo que viene, la moda es esta". Y él era una autoridad.
P. ¿Cómo era su relación de lector con Hortelano?
R. Yo era un devoto lector de Juan García Hortelano
. Gente de Madrid, por ejemplo, me parece una de las cosas más importantes e interesantes que se han escrito en España. En aquel momento, a mí Mary Tribune me pareció una gran novela, muy americana, en la onda de las de Updike.
 De un análisis profundo de la soledad. Ahora que ha muerto también Ana María Matute: qué poco homenaje se ha hecho a esa generación, Ana María Matute, Zunzunegui, Aldecoa, Hortelano… Todos los que nos enseñaron a escribir.
P. ¿Por qué ha ocurrido eso?
R. En parte porque no hay interés por nuestra literatura; ni por la nuestra ni por ninguna.
Por la nuestra no lo hay en absoluto.
 A nadie le preocupa. Por ejemplo, ha habido una recuperación de la literatura falangista, bueno, algo es; pero ha habido poco interés en ver en conjunto lo que fue aquello.
La novela experimental creo que era un callejón sin salida necesario
P. Decía Hortelano que La verdad sobre el caso Savolta iba a reconciliar la novela con la ficción. ¿Tuvo razón en la predicción?
R. Por supuesto, el mérito no es mío, aunque yo formo parte de esa revolución o renovación, o como quieras llamarla, que sigue hasta el día de hoy
. La narrativa española sigue siendo una de las más importantes del mundo para los editores extranjeros, que siempre están pendientes de ver lo que pasa, porque tiene esa vitalidad que arrancó entonces y que sigue hasta el día de hoy. Fenómenos como Ruiz Zafón o como Ildefonso Falcones, traducidos y best sellers en todos los idiomas del mundo.
 Fue una recuperación de la ficción que en otros países no se llegó a hacer. Mientras, sorprendentemente, la literatura francesa e italiana no salen de una especie de marasmo localista, la literatura española continúa ocupando todos los puestos: Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Antonio Muñoz Molina
P. Dice Hortelano que la novela no era el fruto de la improvisación. ¿Cómo surge?
R. El azar me lleva a trabajar en el caso de la Barcelona Traction, que es famoso internacionalmente; tiene que ver con las fuerzas eléctricas que entran en Cataluña y que hacen la revolución industrial a principios del XIX.
 En los años sesenta se convierte en un caso que se ve en el Tribunal de La Haya. Para ello hay que revisar el historial de estas compañías multinacionales
. Trabajo ahí porque soy abogado, y porque tengo el francés y el inglés bien sabidos.
 Y entonces tengo que entrar en los archivos de esta compañía.
 Así que tengo acceso a una historia del submundo de los negocios, de los trapicheos y el politiqueo de los primeros años del siglo XX en Cataluña; y eso pasa por la Primera Guerra Mundial, por el espionaje.
 Eso me enseña que ahí hay una historia que contar y yo tengo la exclusiva en mis manos. Y descubro también que el documento en sí es más interesante que cualquier estilo literario que se me pueda dar.
P. Y decía Hortelano que usted tiene la cortesía de contar todo eso todo lo bien que se puede. Un elogio.
R. ¡Un gran elogio! Imagina lo que es para mí, un novato que ha publicado una novela, lleno de vergüenza y de miedo, que Hortelano diga una cosa así. La felicidad que me produjo lo que escribió ya nunca más la he vuelto a tener.
No hay premio ni reconocimiento que supere ese momento. Es verdad que me he esforzado por no dejar nunca una frase que no pudiera ser un poquito mejor pero no, como dice Hortelano, por cortesía, sino porque si no no podría irme a dormir tranquilo.
P. Él habla de la historia repetitiva de este país "en el que no obstante vivimos…". No se acaba el mundo y viene otro, advierte.
R. Él tenía esa visión, luego hemos visto que la tenían otros: estábamos viviendo un momento de eclosión, pero era un paréntesis; íbamos a vivir en el país de siempre, como se sigue demostrando.
 Yo creo que el gran mérito de El caso Savolta es haber dado ocasión al artículo de Hortelano, ¡mucho más interesante que todo el libro!
Tener una novela que sigue siendo la más importante de las que he escrito, a veces me da una rabia tremenda, pero nada de eso supera el cariño y la gratitud que le tengo por haberme dado tanto como me sigue dando.
(Le estoy muy agradecida a Eduardo Mendoza por poder leer sus novelas, varíadas, y tuve la suerte que recien llegada a Barcelona, había un grupo de escritores marxistas que tenían un local y por el azar tangecial que siempre he vivido pude conocer ese mundo, y a historiadores como Pierre Villar, a Mendoza creo que lo leí casi recien llegada, y me entusiasmó, sigo leyendo sus novelas, y quizás por eso me cuestan las de Javier Marias o Antonio Muñoz Molina, supongo)