Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 dic 2014

‘Así empieza lo malo’, de Javier Marías, libro del año de Babelia................................... Javier Rodríguez Marcos

"Las novelas deben ser tan ambiguas como la vida", afirma el escritor. Los críticos de EL PAÍS destacan su última obra, una trama de imposturas y secretos durante la Transición.

Javier Marías lee el comienzo de 'Así empieza lo malo'.

"Mi cardiólogo me va a reñir por salir fumando en las fotos”, dice Javier Marías en su casa de Madrid, la ciudad en la que nació en septiembre de 1951.
 Su cardiólogo es el doctor José Manuel Vidal, convertido en personaje de Así empieza lo malo (Alfaguara), la novela elegida por los críticos de Babelia como mejor libro de 2014.
 La elección, cuenta, le ha sorprendido.
 “Por dos razones. Una, porque este año ha sido excepcional en cuanto a libros importantes de escritores importantes: Marsé, Muñoz Molina, Landero, Cercas, Luis Mateo Díez, Gimferrer en poesía, Ferrer Lerín, Guelbenzu…
 No los he leído todos pero alguno mejor tiene que haber.
 La segunda, porque cada nueva novela la escribo más a tientas y con menos fe.
 Además, me sorprende que al cabo de 43 años de publicar mi primera novela todavía pueda seguir vigente lo que hago, cuando todo cansa tan rápidamente.
 De mí debe de estar la gente aburrida”.
Cuando se le pide que señale su particular libro del año se decanta por la poesía de Mark Strand, el escritor estadounidense fallecido el mes pasado al que conoció cuando este se trasladó a Madrid.
“La poesía”, dice el novelista, “me sigue pareciendo la más alta expresión literaria posible”.
PREGUNTA. ¿Qué ha sido lo más extravagante que ha oído sobre la novela desde que se publicó en septiembre?

RESPUESTA. En una firma de ejemplares una señora me dijo que estaba indignada con el comportamiento de un personaje.
Otra le respondió: “Es que el marido...”. Supongo que es bueno que el lector se meta en una novela lo suficiente como para que las vicisitudes de los personajes le sean motivo de aprobación o de indignación.
 Me sorprende por el tipo de novela que yo hago, que no es de técnica realista, pero me agrada, claro. El mayor elogio que se le puede hacer a una novela es hablar de sus personajes como si fueran personas reales.
P. ¿Por qué sucede?
R. No sé. Yo he intentado poner en esta lo que a mí me interesa de las novelas: ambigüedad moral, pros y contras en los actos de los personajes...
 Sin juicios por parte del narrador y menos aún del autor. Supongo que ninguno de los personajes sale limpio del todo. Quiero que en mis novelas haya la misma ambigüedad que en el mundo. Las novelas deben ser tan ambiguas como la vida.
No sé si esa identificación del lector es extravagante, pero me sorprende.
P. Sobre todo teniendo en cuenta que en la novela hay personajes reales como Francisco Rico. ¿Dan más trabajo ellos o los de ficción?
R. Tanto el profesor Rico como el doctor Vidal son personajes reales ficcionalizados, evidentemente. No se puede pretender que el profesor de la novela sea el mismo que el verdadero, que está en su casa no sé haciendo qué, según él estudiando y creando cosas incomparables, y probablemente es así porque efectivamente tiene cosas incomparables [ríe].
 Todos los personajes tienen algo de realidad, y siempre hay algo de uno mismo en todos ellos. Yo tiendo a poner cosas mías en los más desagradables.
 A veces son meros detalles
. Otra persona que vino a esa firma me habló del pastillero con brújula que lleva un personaje y le dije: “Es este [lo saca del bolsillo], fue de un escritor”.
Javier Marías muestra el pastillero con brújula que perteneció al escritor británico Norman Douglas y que aparece en su novela 'Así empieza lo malo'. / Bernardo Pérez
P. ¿De quién?
R. De Norman Douglas. Un inglés que vivía en Capri, gay, muy bon vivant y refinado
. Lo compré porque me hizo gracia que fuera suyo y porque yo siempre digo que lo que hago al escribir es errar con brújula.
P. Los enamoramientos partía de un hecho real que le contó una amiga. ¿De dónde parte Así empieza lo malo?
R. No lo tengo claro
. No fue una frase, ni una imagen. Tenía interés en hablar de algunos temas.
 En la novela hay una dimensión colectiva, política, que procuré que estuviera en segundo plano y entreverada con las historias personales porque si no las dimensiones políticas de las novelas no funcionan.
 En esta hay temas que son frecuentes en mis libros: la imposibilidad de saber del todo nada a ciencia cierta; la conveniencia de contar las cosas o no, la conveniencia de saberlas o no, las consecuencias de contar algo en un momento de arrebato...
P. La novela remite a la posguerra, sucede en 1980 y se cuenta desde la actualidad. ¿Tuvo presente el debate sobre la memoria histórica y la Transición?
R. Sí, al principio hay un capítulo breve, explicativo, sobre la situación en 1980. No quería ser didáctico, pero pensé que no molestaba
. Hay mucha gente que ya no sabe cómo eran las cosas entonces.
P. ¿Y cómo eran?
R. Mucha gente echa pestes de la Transición y dice que es la culpable de todo lo que pasa ahora. Demuestra una ignorancia absoluta.
 En la Transición se hicieron muchas concesiones, pero no había más remedio
. La gente ha olvidado que el Ejército, como se vio en 1981, seguía siendo más bien franquista
. Pedir responsabilidades habría sido imposible.
 Con todo y con eso y con las renuncias que eso implica —da rabia porque hay gente que salió impune de cosas horrendas en la guerra y la posguerra—, de la Transición salió, si no el país ideal, uno que se parecía a los demás.
 Los causantes de los males actuales son los políticos actuales y la sociedad actual en buena medida, no la Transición.
 La Transición no fue perfecta ni muchísimo menos, pero fue buena, lo único que se podía hacer sin llegar a un enfrentamiento que nadie quería.

20 libros de 2014

1.  Así empieza lo malo.Javier Marías. Alfaguara
2. El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House
3.  José Ortega y Gasset.Jordi Gracia. Taurus
4.  Un hombre enamorado (Mi lucha II).Karl Ove Knausgård. Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama
5.   Días de mi vida (Vida I). Juan Ramón Jiménez. Pre-Textos
6.  Hasta aquí. Wislawa Szymborska. Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Bartleby
7.  La hierba de las noches.Patrick Modiano. Traducción de María Teresa Gallago Urrutia. Anagrama
8.  El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets
9. Diccionario de la lengua española. RAE. Espasa
10. Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral
11. Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914. Christopher Clark. Traducción de Irene Cifuentes y Alejandro Pradera. Galaxia Gutenberg
12. Brilla, mar del Edén. Andrés Ibáñez. Galaxia Gutenberg
13. Hojas de hierba.Walt Whitman. Traducción de Eduardo Moga. Galaxia Gutenberg
14. El invitado amargo. Vicente Molina Foix y Luis Cremades. Anagrama
15. Hoy. Juan Gelman. Visor
16. Teatro (1989-2014). Juan Mayorga. La Uña Rota
17. El capital en el siglo XXI. Thomas Piketty. Traducción de Eliane Cazenave-Tapie Isoard y Guillermina Cuevas. Fondo de Cultura Económica
18. Rompiente. Jorie Graham. Traducción de Rubén Martín. Bartleby
19. Continuación de ideas diversas. César Aira. Universidad Diego Portales
20. Alfabeto. Inger Christensen. Traducción de Francisco J. Uriz. Sexto Piso
P. ¿Tendría sentido hacer ahora lo que no se hizo en la Transición?
R. Lo vería particularmente absurdo porque la mayoría de los responsables del franquismo han muerto.
 Distinto es que no se puedan contar las cosas.
Tal vez se dijo en exceso: no pidamos cuentas. Y tampoco se contó nada.
Me parece bien que no se llevara a nadie al banquillo, pero no que no se sepa lo que hizo cada uno.
P. ¿Cómo era usted en 1980?
R. Tenía más años de los que tiene el narrador de mi novela.
 Él tiene 23, yo tenía 29. Había publicado ya tres libros. El tercero, El monarca del tiempo, es de 1978.
 Hoy lo encuentro bastante absurdo.
 Hay alguna parte del libro que me gusta, pero en conjunto, no. ¿1980?
 Estaba muy desconcertado
. Había empezado a publicar tan joven, a los 19 años, y lo normal es que un novelista tenga poco que contar a los 19 años. Tenía poco vivido y poca visión de nada.
P. En 1979 le dieron el Premio Nacional de Traducción pero hace dos años rechazó el de Narrativa por Los enamoramientos. ¿En 1979 no se planteó rechazarlo?
R. En aquel momento no dudé.
Traducir el Tristram Shandy había supuesto mucho trabajo, algo un poco suicida.
 Son esas cosas que se hacen con la inconsciencia de la juventud.
 Cuando miro atrás, veo las dificultades del libro y que lo hice con 25 o 26 años, pienso: qué atrevimiento. Ahora no lo haría.
 En su día me alegró ese premio, pero eran otros tiempos.
 No había ningún motivo para rechazarlo. Estábamos con la democracia recién inaugurada y mi postura hacia no recibir nada del Estado —ni premios, ni invitaciones, ni viajes— no era la que tengo desde hace 20 años.
P. Por entonces se decía de usted que no parecía un escritor español.
R. Fue un sambenito que duró años
. Bastantes colegas o críticos decían: “Sus novelas parecen traducidas del inglés” o “mal traducidas del inglés”, directamente. Hasta Umbral, que me llamó…
P. Angloaburrido.
R. Anglosajonijodido. Neologismo feo y poco logrado [ríe]. Lo decía gente de la generación anterior a la mía que me acusaba de ser un escritor inglés camuflado.
P. ¿Qué pensaba cuando lo oía?
R. Me sorprendía: siempre he escrito en español y además soy de Chamberí.
 Más de Madrid no puedo ser. Tal vez se basaban en que yo y otros de mi generación habíamos tenido una actitud beligerante hacia la tradición heredada.
 Los escritores trataron de apartarse de la literatura social, que había sido la imperante.
La reacción de los que se daban por aludidos también fue beligerante.
 Es normal que cada generación se rebele contra la anterior. Supongo que ahora habrá gente de treinta y pocos años que echará pestes de nosotros. Me parece normal.
P. ¿Que echen pestes?
R. Sí, cuando en el año 1989 le dieron a Cela el Premio Nobel me pidieron unas declaraciones y dije que me parecía la peor noticia posible para la literatura española que se premiara a esas alturas un tipo de literatura que veíamos como un tanto caduca e impostada.
 Reconociendo que Cela había hecho por lo menos dos buenas novelas al principio, nos parecía que llevaba mucho tiempo sin hacer nada que valiera la pena.
 Había entonces mucho defensor de Cela y me gané muchas enemistades.
 Era un sacrilegio. Si ahora alguien dijera algo similar de cualquiera de mi generación no podríamos quejarnos porque también nosotros lo hicimos, con mayor o menor justicia
. En el caso de Cela no me desdigo, pero puede que en el caso de otros autores fuéramos injustos.
"Si ahora alguien dijera de cualquiera de mi generación lo que nosotros dijimos de Cela no podríamos quejarnos"
P. ¿Por ejemplo?
R. Juan Marsé. No creo que contra él hubiera nunca beligerancia, pero digamos que en aquellos años setenta no lo teníamos en mucho
. Luego nos hemos dado cuenta de que es un grandísimo escritor y que fuimos injustos en aquel momento.
P. ¿Y de la tradición? El Muriel de su novela critica a Galdós, igual que Benet.
R. Hay un guiño, sí. A Galdós le reconozco que tiene talento para muchas cosas, pero en conjunto… Tiene una novela muy buena que no es de las más leídas, El amigo manso.
Pero en su obra hay cosas que me ponen de los nervios.
P. ¿Qué le pone nervioso de Galdós?
R. Algunos diálogos casi dan vergüenza ajena.
 Tenía mucho talento novelesco y sabía cómo armar una novela, pero tiene unos desfallecimientos estilísticos brutales.
P. ¿Qué autores le interesan?
R. Valle-Inclán me parece un escritor enorme. También Clarín.
 Y a Baroja lo leo con gusto siempre. Le tengo admiración.
P. ¿Y de la tradición latinoamericana? Suele decirse que fue un revulsivo, pero no sé si usted lo vivió así de joven.
R. Leí y leo con admiración a Rulfo y a García Márquez y a Vargas Llosa.
 A Cortázar no, excepto los cuentos. Rayuela nunca me gustó.
 Soy un gran entusiasta de [Horacio] Quiroga, por ejemplo. Onetti también me gusta. Leyéndolos comprobabas lo que se ha dicho tanto: que el español podía ser menos rígido, más libre y más rico de lo que la tradición reciente de la literatura española parecía consentir.
P. En sus artículos es muy crítico con lo español. ¿Qué le gusta de España?
R. Que la gente es desprendida y tiene cierta alegría de vivir, cierta despreocupación, cierta confianza en que las cosas no se estropean del todo aunque pinten mal.
 Ahora llevamos unos años en que eso es más difícil de mantener.
La gente tenía poco dinero y era capaz de gastárselo en pagar una ronda a los amigos.
 En otros países no lo he visto
. A veces todo lo contrario, he visto mezquindad en lo monetario.
P. Por escrito parece estar siempre a la que salta, enfadado.
R. El mero hecho de que uno se moleste en escribir criticando algo indica cierta ingenuidad y optimismo, porque uno lo hace con el afán iluso de que algo mejore.
P. También es crítico con la crítica literaria. En un artículo fue muy duro, sin ir más lejos, con la que se publica en Babelia.
R. La crítica ha ido perdiendo influencia.
En parte debido a nuevas costumbres.
 Probablemente la existencia de Internet tenga mucho que ver, pero en parte también es culpa de los críticos, si es que se puede generalizar.
 Siempre hay excepciones
. Claro que hay críticos muy buenos y muy ilustrativos.
 Lo contaba en ese artículo: tenía babelias atrasados y pensaba que encontraría libros de los que no me había enterado y que me iban a atraer.
 Aunque hubiera muchos elogios, rara vez me incitaba ninguna crítica
. En fin, quizá exageré.
 Pensé: es raro, qué pasa.
 Quizás ha habido por parte de la crítica cierta dejación de sus funciones, quizás hay muchas que no suenan del todo sinceras, quizás otras son rutinarias.
 Otras están llenas de elogios pero los elogios, a mí, que soy perro viejo, me suenan huecos. Esa sensación tuve.
 Mi intención no era ofender a nadie
. A lo mejor lo hice al escribir ese artículo y, bueno, me disculpo porque uno siempre es injusto cuando generaliza, y hay excepciones, sin duda.
P. ¿Qué le ha pasado a la crítica?
R. Que ha perdido la fe en sí misma, la fe en —la palabra no es muy simpática— educar al lector; en orientarlo, que suena menos desagradable.
Esa falta de confianza en sus propias capacidades se ha convertido en un bumerán
. La prueba más fehaciente es que, así como en los años setenta podía influir muy favorablemente en el destino de un libro, sobre todo de un autor que no fuese conocido, hoy eso pasa muy rara vez. Hay una especie de desconfianza o de desdén hacia la crítica.
 Soy el primero en lamentarlo.
 No es un género que me parezca baladí. Es un género como cualquier otro y ha tenido exponentes de primera fila.
P. ¿Y no hay cierta tendencia a tomar las críticas como ofensas personales?
R. Eso es una desgracia, pero en parte sucede porque a veces ha sido así.
 Tengo 63 años y quizás no otra cosa, pero creo que tengo cierta capacidad para detectar cosas en un texto
. A veces leo una frase en una novela y digo: esto no va a ningún lado. Tal vez sea injusto, pero es el defecto de hacerse mayor, que uno se hace resabiado. Eso se nota en las críticas
. A veces notas que al crítico le ha gustado más de lo que está diciendo. Y a la inversa. A veces los elogios son impostados.
 Muchos críticos han utilizado su podercito para no ser del todo sinceros.

 

Hollywood: mentiras, sexismo y bromas racistas............................................................. Rocío Ayuso

El contenido de los correos filtrados de Sony plantea la necesidad de un cambio de modelo en la industria del cine.

Angelina Jolie y la copresidenta de Sony Amy Pascal. / neilson barnard (afp)

El Sonyhack —los trapos sucios del estudio que el ciberataque perpetrado por los llamados Guardianes de paz está aireando por la Red— ha dejado al estudio en paños menores.
 Y, por extensión, al resto de Hollywood. Porque es difícil pensar que en el resto de la industria no se hagan comentarios sexistas y racistas como los ahora filtrados.
 De ahí los llamamientos de otros estudios a sus empleados para que utilicen “menos textos e emails” a favor de más conversaciones “cara a cara”.
En los cientos de miles de correos robados a los estudios Sony ha salido de todo.
 Aaron Sorkin está considerado uno de los mejores guionistas de la industria pero también se le tiene como alguien arruinado, con problemas económicos. Michael De Luca será copresidente de producción en Sony pero envidia el tamaño del pene de Michael Fassbender “a pesar de tener unos genitales normales”.
Amy Pascal suena enamorada de Ryan Gosling, actor que a su vez describe su encuentro con la copresidenta del estudio como una “cita relámpago”.
 No es el mismo sentimiento que destila por Angelina Jolie, que en estos correos privados es descrita como “una niñata mimada con poco talento”.
¿Quién no se despacha en una conversación privada? Tanto Pascal como el productor Scott Rudin han pedido disculpas a quien hayan podido ofender.
 Nadie dijo que Hollywood es una ciudad con corazón, pero más preocupantes que estos correos son otros intercambiados entre Pascal y otros ejecutivos que han dejado entrever el racismo y el sexismo que se conocía en esta industria pero nadie se atrevía a confirmar abiertamente.
 Porque mientras que la copresidenta adula el talento de Jennifer Lawrence, la actriz más buscada del momento, lo mismo que su compañera de rodaje Amy Adams, cobraron sustancialmente menos que cualquier de los hombres que trabajaron a su lado en La gran estafa americana.

Sorkin dice que a una actriz le es más fácil ganar el Oscar que a un actor.
 Y son varias las conversaciones que rayan en el racismo. Como la broma que intercambiaron Pascal y Rudin dando a entender que al presidente Obama sólo le gustan las películas de negros como Django desencadenado o Doce años de esclavitud, o que actores negros como Denzel Washington no deben de participar en grandes estrenos internacionales porque el mundo es racista y el estudio no obtendría los mismos beneficios que con un actor blanco. “Y no quiero ser inapropiado o provocador”, concluía el productor que lideró esta conversación.
 La lista con los sueldos del estudio divulgada por los hackers también dejó claro que entre los 17 mejor pagados del estudio sólo hay una mujer y un negro.
“Hollywood necesita cambiar”, declaró el activista negro Al Sharpton que se reunió el jueves con Pascal.
 Tras su encuentro los estudios Sony aceptaron la creación de “un grupo de trabajo” para analizar el racismo y la falta de diversidad en la industria, no sólo en estos estudios.
 “Nuestro objetivo es cambiar Hollywood. Que Sony esté en el lado correcto de este cambio”, recordó Sharpton.
Hay mucho que enmendar en este sentido.
 Pero todavía más en otros.
 Como recuerda esta semana el periódico Los Angeles Times, la industria del cine se mueve por amiguismos
. Y los cotilleos filtrados en estos correos han roto muchos de estos lazos
. La gélida mirada que le dirigió Jolie a Pascal cuando se cruzaron en una fiesta de Hollywood tras hacerse públicas las opiniones de la segunda dice más que mil palabras.
 La carta de solidaridad con Sony que circuló a iniciativa de Clooney volvió a sus manos sin ninguna firma. “No voy a dar nombres pero nadie la firmó”, declaró el actor a la revista Deadline.com.

 

Con Cuba

España tiene que respaldar y acompañar la andadura de los cubanos hacia la libertad.

Han bastado 18 meses de negociaciones secretas entre EE UU y Cuba para poner fin a más de cincuenta años de relación hostil, dejar a Corea del Norte como último vestigio de la guerra fría y abrir una nueva etapa en las Américas.
 De este momento histórico que abre un proceso de cambios cuyos ritmos y consecuencias tan sólo se pueden vislumbrar,
 España no puede estar ausente. Por razones políticas, históricas y culturales
. Y por motivos emocionales.

La pérdida de Cuba, cuyo recuerdo aún vive en la memoria de muchas familias, estuvo en el origen del primer esfuerzo regeneracionista —ese anhelo social tan presente ahora— de la sociedad
. Mucho después, la revolución castrista marcó a toda una generación de jóvenes.
 Entre dos Gobiernos antagónicos que coincidían en sus sistemas dictatoriales, la estrecha relación con la isla sobrevivió durante el franquismo.
Y cobró auge con la Transición, hasta el punto de pensarse que sus enseñanzas podrían ser tenidas en cuenta por un régimen ya para entonces enrocado en el inmovilismo
. Los Gobiernos democráticos posteriores trataron con mayor o menor fortuna de facilitar una apertura en el terreno de derechos humanos en La Habana e impulsaron las inversiones, principalmente en el sector turístico, al paso que esta desarrollaba una política de tibias reformas puramente reactivas a su colapso económico.
Hoy, cuando la libertad parece estar llamando por fin a las puertas de Cuba, España tiene que acompañar a los cubanos en su nueva andadura: apoyando su modernización política, económica y social, con claridad, consistencia y realismo; consciente de los límites de su capacidad diplomática —pero poniendo en valor la dimensión europea— y consciente también de que al restablecer relaciones con Cuba, EE UU restaura sus relaciones con toda América Latina.
El acuerdo entre Obama y Raúl Castro tendrá efectos hemisféricos —“todos somos americanos”, dijo el presidente estadounidense el día del anuncio— y obligará a un reacomodo de los países de la región: empezando por la Venezuela chavista, que a su desplome económico sumará ahora su aislamiento político, y terminando por el expresidente colombiano Álvaro Uribe, cuyas denuncias de la “conspiración castro-chavista” perderán sentido.
En este periodo que ahora termina, Cuba ha ejercido una extraordinaria influencia en el continente, desde su viejo apoyo a las guerrillas —transformado luego en respaldo a los comunistas ortodoxos— hasta la más reciente bendición del proyecto bolivariano de Chávez y sus acompañantes.
 Pero, sobre todo, ha ejercido un enorme ascendiente cultural e ideológico sobre los corazones y las mentes de generaciones de latinoamericanos que veían en La Habana a una nueva Roma del antiimperialismo
. Lo ocurrido esta semana marca definitivamente el fin de una retórica que hizo de la más burda interpretación de la teoría de la dependencia su doctrina principal.
Es pronto para anticipar con detalle los pasos de la necesaria transición cubana; y sería iluso creer que no habrá dificultades y contratiempos en el camino que emprende ahora la isla.
 Tampoco serán menores las resistencias que Obama encontrará para deshacer el nudo gordiano del embargo.
 Pero no es pecar de optimista concebir los efectos que habrá en la liberalización de un régimen agotado, cuyos mecanismos de control social previsiblemente se debilitarán ante una población por fin con nuevas perspectivas en un contexto global de cambio de valores y relaciones.
Cuba entró el pasado día 17 en el siglo XXI político. Sería inexcusable que la España que tiene en su memoria a aquella perla de las Antillas, la que por encima de regímenes y políticas supo conservar los vínculos con la isla y mantener a Cuba en el corazón, no estuviera ahora comprometida al máximo en el apasionante y difícil camino que emprenden los cubanos.

 

Solo ante el Peligro

El juez Pablo Ruz tiene 100 días —plazo en el que deberá dejar el juzgado— para terminar de instruir la causa abierta en marzo de 2013 por la caja b del PP. Luis Bárcenas, ex tesorero nacional del partido, administró entre 1990 y 2009 una contabilidad paralela no declarada a Hacienda en la que apuntó ingresos por ocho millones de euros procedentes de donaciones ilegales.
Ruz lleva año y medio investigando los papeles de Bárcenas que EL PAÍS publicó el 31 de enero de 2013.
 El ex tesorero llevaba en esos papeles un detallado control de los gastos e ingresos que el PP mantuvo ocultos.
Tras recabar múltiples pruebas, el juez considera “parcialmente contrastado el pago de sobresueldos en b a determinadas personas vinculadas al partido bien de forma periódica u ocasional, el pago de gastos generados en campañas electorales y el pago de distintos servicios y gastos en beneficio del partido político”.
El instructor deberá ahora convertir esas pruebas en imputaciones de delitos para abrir un juicio oral que pondrá bajo sospecha 19 años de la vida del PP.
Delito contable. El artículo 310 del Código Penal castiga al gestor económico que “lleve contabilidades distintas que oculten o simulen la verdadera situación de la empresa”. Álvaro Lapuerta fue tesorero del PP entre 1993 y 2008. Durante estos 15 años, Luis Bárcenas fue gerente del partido y sustituyó a Lapuerta en el cargo de tesorero hasta finales de 2009, cuando tras ser imputado en el caso Gürtel dejó el puesto.
 El Código Penal castiga el delito con prisión “de cinco a siete meses”.
Delito electoral. Ruz sostiene que parte del dinero de la caja B del PP se usó para “gastos generados en campañas electorales”.
El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana tiene abierta una causa contra el PP por delito electoral en la que está imputado Bárcenas y, como “copartícipes”, cuatro diputados autonómicos valencianos.
 El artículo 149 de la Ley Electoral General establece que “los administradores generales y de las candidaturas de los partidos que falseen las cuentas, reflejando u omitiendo en las mismas aportaciones o gastos o usando cualquier artificio que suponga aumento o disminución de las partidas contables, serán castigados con la pena de prisión de uno a cuatro años”.
Delito fiscal. El juez Pablo Ruz y la Fiscalía Anticorrupción sostienen que aunque las donaciones ilegales no son delito —sólo están castigadas en la Ley de Financiación de Partidos Políticos con una sanción del doble de lo ingresado— hay que considerarlas como un ingreso extraordinario por el que la formación beneficiada debe pagar el impuesto de sociedades: “Las cantidades donadas en exceso de los límites legales quedarían sujetas a tributación por el impuesto de sociedades, ostentando aquellos ingresos el tratamiento de rentas sujetas a tributación”.
 En sus autos, el juez apunta a la “eventual responsabilidad que pudiera alcanzar al PP por el impuesto de Sociedades”.
Si esta tesis prospera, el PP habría cometido un delito fiscal pues en los dos ejercicios (2008 y 2009) que no están prescritos ingresó por supuestas donaciones ilegales una cantidad que supera el límite que establece la Ley para considerarlo delito fiscal.
La Agencia Tributaria ha rebatido esta tesis con un informe solicitado por el juez en el que señala que la Ley declara que las donaciones a los partidos están exentas de tributar, incluso aunque fueran ilegales:
“La finalidad de la norma fue que sólo quedarán fuera de la exención las donaciones irregulares que no se afectaran a la finalidad política, esto es, que se destinaran a otros fines ilícitos o no desarrollados por el partido.
La realización de gastos electorales, de otros gastos de funcionamiento de carácter laboral —aun cuando sean de retribución a la alta dirección— e incluso la realización de inversiones en la sede de la entidad, se considera afectación amparada por la exención”.
Cohecho: sin pruebas. La investigación judicial no ha podido acreditar que los donativos recibidos por el PP y no declarados a Hacienda eran pagos de empresarios a cambio de la adjudicación de contratos.
Los informes solicitados a la Intervención General del Estado señalan que es imposible vincular el pago al PP con la adjudicación de contratos, por lo que no habría pruebas de un delito de cohecho
Participación a título lucrativo
. El magistrado ha señalado en el auto que finaliza la instrucción de la primera fase del caso Gürtel que el PP participó a título lucrativo de los delitos supuestamente cometidos por algunos de sus dirigentes con los que se financiaron ilegalmente actos electorales.
 En el caso Bárcenas, el PP se aprovechó de los donativos ilegales que ingresaban en la caja b que controlaba su ex tesorero, según considera acreditado el juez.
Hay cerca de 30 imputados en la causa: dos ex tesoreros del PP, Luis Bárcenas y Álvaro Lapuerta, el ex gerente del partido, Cristóbal Paez, y dos decenas de empresarios que figuran en la contabilidad paralela como donantes.
 El juez ha llamado como testigos a tres de los cinco secretarios generales del PP durante la etapa investigada (Francisco Álvarez Cascos, Javier Arenas y Dolores de Cospedal) y ha citado como imputado a Ángel Acebes, aunque unos días después de su declaración archivó la causa contra él.
Todos los ex secretarios generales declararon que ignoraban la existencia de una caja B -pese a que figuran como receptores de sobresueldos- y aseguraron que, según los estatutos, los tesoreros no responden ante ellos.
El magistrado sostiene que los secretarios generales tienen “una posición jerárquica y autoridad sobre la actuación del gerente del partido (artículo 22.2 de los estatutos del PP) “de la que puede racionalmente inferirse un deber especial de control o vigilancia en relación a las actividades propias atribuidas al gerente que incluían, entre otras, la teneduría de las cuentas de la formación”.