Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

14 ago 2014

Una señora del ‘upper west’................................................... Elvira Lindo

Lauren Bacall era una mujer, grande, fuerte, atractiva hasta la tumba.

Discrepo en lo de guapa, era un conjunto de cualidades que la hacían atractiva, todo en ella es anguloso, y creo que aunque fue esosa de Bogart y engatusó a otros actores en la enfermedad de su esposa, el apellido Bogart le daba mucha personalidad.

Lauren Bacall actriz estadounidense. / Agustin Sciammarella

Lauren Bacall era de otra época. Ideal para una cronista que también se siente de otra época como es mi caso.
Pero usted no es atractiva por decirlo suavemente....
 Eso pensé cuando una señorita me abrió la puerta de su apartamento en el edificio Dakota, me condujo al salón y me dejó allí sola un rato. ¡Sola!
 Me asomé a la ventana, contemplé los invernales árboles pelados de Central Park y pensé que ese era el jardín privado de la señora Bacall, el gran cuadro viviente donde la diva celebraba el paso de las estaciones, observando en la primera línea más privilegiada del mundo la rotundidad y el colorido furioso con que responden los árboles americanos al otoño o a la primavera
. Después, comencé a ser progresivamente más audaz, y me fui aproximando a las fotos que adornaban las paredes. Encontré, fascinada, que entre los rostros del álbum familiar estaban los de Hepburn, Tracy, David Niven, Leslie Howard…
 Si me hubieran dejado media hora más hubiera podido escribir un reportaje sin haber conocido a mi entrevistada, contando sólo cómo una estrella de las que no quedaban, o casi no quedan, permite a una cronista que husmee el cuarto en el que ella pasa los días desde finales de los cincuenta, desde que dijera adiós a Hollywood y volviera a la ciudad de la que se despidió cuando tenía 17 años.
Cuando Bacall entró yo tenía entre las manos un dibujo enmarcado en el que aparecía su amiga Katherine Hepburn felicitándola por un premio.
 Me miró. Me miró con la mirada de Lauren Bacall.
 Sobran las descripciones, ya está el cine para mostrar el tipo de mirada de la que les estoy hablando, y me saludó con esa voz que a los espectadores españoles se nos escatimó siempre.
 Gravedad e ironía en la mirada, gravedad e ironía en la voz.
No hubo interrupciones, no hubo preguntas que resultaran molestas ni respuestas con evasivas.
 Fue una conversación relajada sobre su vida en la que ella dominaba la situación con maestría, como debe ser, haciéndote creer que de aquella entrevista saldrían cosas que aún no se habían dicho. Eso es un arte.
 Y a los periodistas nos gusta que los entrevistados lo practiquen con nosotros.
 Ella se desenvolvía de maravilla. Con el desparpajo de quien a los 16 años ya era una preciosa acomodadora en un cine, digna de protagonizar un cuadro de Edward Hopper, y a los 17 se marchara rumbo a Hollywood acompañada de su madre para comenzar una carrera que se elevó de inmediato y se contrajo al poco tiempo, por estar a la sombra de Bogart, el hombre de su vida.
Todo eso era, de alguna manera, historia sabida en aquella mañana de invierno, digna de ser escuchada, escrita, recordada, pero para qué negarlo, registrada en la memoria de casi cualquier cinéfilo o amante de los mitos.
No eran conocidas, sin embargo, algunas claves de su carácter que pude apreciar observándola de cerca y conociendo el terreno en el que se movía. Lauren Bacall era una señora del Upper West Side, con todo lo que eso significa, de ese barrio de Nueva York en el que se agruparon las distintas capas de la inmigración judía que huía de la Europa del Este.
 Esto quiere decir que aunque la joven llamada Betty se criara en una familia tan humilde como para tener que abandonar sus estudios al entrar en la universidad eso jamás restara en su educación el aprecio a la cultura, a la palabra escrita y a las distintas lenguas de origen que la madre y la abuela de la Bacall aún manejaban con soltura.
 Ser vecina del Upper West Side, todavía hoy, significa algunas cosas que marcan el carácter colectivo de este barrio
. Por ejemplo, quiere decir apoyar al partido demócrata, máxime si eres uno de los artistas que habitan los señoriales edificios que miran a Central Park, y practicar un judaísmo poco ortodoxo, más apegado a las costumbres que a las pasiones religiosas. Entre esas costumbres está, como primer e inexcusable mandamiento, comprar en el mítico supermercado Zabar´s el salmón, los bialys, los bagels y el queso crema para el brunch de los sábados, entablar conversación con los vecinos de mesa, como así se hacía en los viejos diners, frecuentar los restaurantes del barrio, ser un tiquismiquis con el menú y la cuenta, acabar convirtiéndote en el dolor de cabeza de cualquier camarero paciente, estar dispuesto continuamente a defender tus derechos de consumidor e ir por las aceras con una desahogada excentricidad.
Lauren Bacall era una de esas mujeres que pisan las calles del Upper West: grande, fuerte, de melena canosa, atractiva hasta la tumba, luciendo nobles arrugas y un orgullo irreductible.
Era una de esas ancianas que atraen y que atemorizan, que se ríen de ti en tu cara o te riñen como si fueran las dueñas de la calle
. Los años convirtieron a Betty Bacall en una vecina del Upper West, la devolvieron a su pequeña patria.
 A ella, que era distinta a todas las mujeres; a ella, tan parecida a las señoras tremendas de su barrio.
No sé que añade esta introducción o reflexión de "Unas Horas con Bacall" porque vaya no veo que le pregunte nada.

 

13 ago 2014

La muerte en tiempos de ébola........................................... José Naranjo

Los entierros en Kailahun se realizan ante la mirada asustada de parientes y vecinos.

 

La muerte de un familiar en la aldea de Boima provoca desesperación e incertidumbre en los familiares. / J. N.
Mamie Lahai murió a las tres en punto el sábado pasado
. Desde entonces, nadie ha tocado su cuerpo, en un camastro de madera, tapado con una sábana de cuadros amarillos y azules.
 A las tres y un minuto de ese mismo día sus hijos salieron de la casa y no han vuelto a entrar.
 Tal es el miedo que infunde el virus que se extiende como una maldición por los pueblos de la provincia de Kailahun, en el este de Sierra Leona
. Tras recibir el aviso, un equipo de 10 voluntarios de la Cruz Roja local encabezado por el enfermero Daniel James salió este lunes en dirección a la pequeña aldea de Boima para encargarse del entierro, tarea que, en estos tiempos de ébola, tiene su complicación.
Lo explica Virgil Atchia, beninés, enviado por Cruz Roja hasta Kailahun para encargarse de la movilización social.
“Desde que se declaró la epidemia, todos los fallecidos en esta zona del país se consideran casos sospechosos de ébola
. Y como tal los tratamos”, dice
. Y es que justo en el momento de la muerte del paciente es cuando el virus se encuentra en su periodo de máxima actividad y es más peligroso.
 Ante la duda, toda precaución es poca.
 Desde el pasado 17 de julio, su equipo de voluntarios ha dado sepultura a 44 cadáveres, de los que 34 estaban en el centro de aislamiento y eran casos confirmados de ébola y los otros 10, personas fallecidas en los pueblos que podrían serlo.

Cuando el equipo llega a Boima, los parientes ya están inquietos.
 El cadáver de Mamie, de 80 años, lleva dos días en la cama y nadie se atreve a entrar. Mohamed Musa, el mayor de los ocho hijos de la difunta, los recibe con el ceño fruncido por la tardanza
. “Lo primero es explicarles lo que vamos a hacer”, comenta James, “que tengan toda la información necesaria”.
 Cuatro voluntarios empiezan la laboriosa tarea de ponerse el PPE (Equipamiento de Protección Personal), el famoso traje de astronauta.
 El esmero a la hora de vestirse es muy importante y para ello han sido entrenados por personal de Médicos sin Fronteras (MSF).
Cada vez llegan más vecinos.
 Muchos sacan el móvil para grabar la escena, en plena calle. Kayatsu Jimi, hija de Mamie, está conmocionada.
“Mi madre llevaba una semana en cama, tenía fiebre y le costaba mucho respirar.
 Era ya muy mayor, pero hasta hace unos días estaba bien, iba y venía por la casa... No hemos querido entrar, tenemos miedo”, dice.
“Ha habido casos de ébola cerca de aquí, en Daru, y a todos se nos ha pasado por la cabeza…”. En la puerta de la casa, los voluntarios de Cruz Roja ya están listos para entrar. Nixon B. Aruna, un joven de 18 años que quiere estudiar Medicina, coge la fumigadora y empieza a desinfectar: la entrada, la barandilla, las paredes, el suelo...
 Y entran todos.
Pasados unos minutos, uno de ellos sale con una bolsita.
 Son fluidos del cadáver para hacer el test del ébola
. Pero los resultados tardarán un día en llegar y hay que continuar con el proceso
. Desnudan el cadáver, lo amortajan y lo meten en una bolsa blanca impermeable, que sacan al exterior.
 Desde allí, otros tres voluntarios lo trasladan en camilla hasta la fosa y ellos mismos lo colocan dentro.
 Dos personas cogen las palas y empiezan a echar tierra mientras Mussa entona un canto fúnebre
. La ceremonia, que es mínima y sin florituras, dura apenas cinco minutos
. Las mujeres rompen en llanto. “¿Ya podemos entrar en la casa?”, pregunta el primogénito. “Esperad hasta mañana”. Los voluntarios empiezan a desvestirse.
 “Este es el momento más delicado, cualquier pequeño error puede hacer que te infectes a ti mismo”, explica James.
Los voluntarios de Cruz Roja se preparan para entrar a la casa de una supuesta víctima del ébola. / J. N.
La reacción en la gente es variada.
 “A veces nos ignoran o nos miran mal. Incluso nos dicen que estamos esparciendo algún veneno para matarlos o que cogemos partes del cuerpo del cadáver para seguir extendiendo la enfermedad. Cosas así.
 Otras veces somos bien recibidos”, cuenta Aruna. Cuando les toca ir al centro de aislamiento de MSF, el procedimiento es aún más frío, si cabe, y los familiares casi nunca acuden a los entierros, no quieren ni acercarse por allí.
 Cruz Roja tiene agentes sociales en todos los municipios de Kailahun para que no se les escape ni un fallecimiento.
Hilda de Klerk, responsable de MSF en Kailahun, dice:
“Les decimos que tienen que cambiar sus hábitos, que no pueden tocar sus cadáveres, ni abrazarlos ni enterrarlos
. Es duro. Pero saben que el ébola está aquí, conocen sus consecuencias y el miedo es poderoso. Están cambiando”.

¿Cómo se produce la muerte por ébola?

El virus causa un 'shock' hipovolémico y un fallo multiorgánico al que acompaña una diseminación de coágulos por todo el sistema vascular.

La muerte por el virus del ébola se produce por un 'shock' hipovolémico y un fallo multiorgánico al que acompaña una diseminación de coágulos por todo el sistema vascular, afectando especialmente al hígado, según ha informado el jefe del servicio de Microbiología e Inmunología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, Raúl Ortiz de Lejarazu Leonardo.
El experto se ha pronunciado así después de que Miguel Pajares, el sacerdote español infectado por el ébola, haya fallecido este martes en el Hospital Carlos III de Madrid a causa de la enfermedad, tras haber sufrido un empeoramiento en la noche del lunes al martes.
"La muerte por el ébola es un cuadro que a veces resulta similar al 'shock séptico", ha apostillado, para recordar que los síntomas de la enfermedad empiezan con fiebre brusca, escalofríos, dolores de cabeza, mialgias, náuseas y vómitos, dolor abdominal, diarrea, dolor torácico, tos y faringitis.
Una vez que han aparecido estos síntomas, el experto ha informado de que es frecuente la aparición de cuadros de somnolencia, delirio y, en los casos más graves, el coma. Además, a medida que progresa la enfermedad aparecen los primeros síntomas hemorrágicos en el individuo, tanto a nivel epitelial como en mucosas, generándose petequias y hematomas en zonas donde ha habido punciones con agujas hipodérmicas.
"No hay tratamiento"
"La fiebre del ébola, al igual que otras enfermedades febriles hemorrágicas por virus, no tiene tratamiento específico ni vacuna o suero de eficacia probada.
 El tratamiento consiste en mantener con medidas de sostén la vida del enfermo y, a menudo, se requiere unidades de cuidados críticos o intensivos, reposición de líquidos, heparina, factores de coagulación, así como reemplazamiento plaquetario y aumento de la permeabilidad vascular pulmona", ha apostillado.
En este sentido, el especialista ha destacado la necesidad de que, con motivo de la nueva epidemia del ébola se "estimule" el desarrollo de vacunas y tratamientos contra esta enfermedad y de que, además, las autoridades sanitarias de todos los países incrementen sus esfuerzos y ayuden a las regiones africanas más afectadas por esta enfermedad.
"Cada amenaza de una enfermedad emergente plantea problemas que constituyen un reto para la sanidad y requieren fondos adicionales extraordinarios para su investigación.
La Organización Mundial de la Salud debe de dirigir los esfuerzos internacionales coordinando las posibles iniciativas sin temor a que experiencias como las ocurridas en la gripe pandémica de 2009 hagan tardías las acciones que deben tomarse", ha recalcado.
Finalmente, Ortiz de Lejarazu ha advertido de que si no se desarrollan "adecuadamente" los protocolos internacionales de seguridad, la medicalización en el entorno africano puede contribuir a "aumentar" el número de casos, al poner a pacientes con otras infecciones "en contacto" con enfermos del ébola.
 

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