Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

1 jun 2014

Kendall Jenner, la 'Kardashian' más mimada de la moda.......................................................Noelia Ramirez y Francesca Rinciari (Realización)

Carne de tabloide, Kendall Jenner es mucho más que un apellido o un personaje de reality.

 

Kendall Jenner 
En el Festival de Cannes las joyas tienen más guardaespaldas que las celebridades. Existen más posibilidades de compartir ascensor con Julianne Moore que ver de cerca o sostener en las manos algunos de los diamantes que brillarán en la alfombra roja o en sus idílicas fiestas. Hombres fornidos con posturas hieráticas custodian todos sus movimientos. Las joyas son las auténticas estrellas –el año pasado un robo millonario copó más titulares que la Palma de Oro– y si no se es un vip o un exclusivo cliente, olvídese de acercarse. Al igual que los ídolos del celuloide, las piezas más preciadas se refugian en el emblemático Hotel Martinez.
Allí, donde Truffaut se encerró un mes para escribir La piel suave y Wim Wenders reunió al pedigrí del cine para rodar Chambre 666, emplaza su fuerte la firma Chopard, cuyas dos últimas plantas le pertenecen durante el certamen. En la sexta, su base de operaciones. En la séptima, el botón que todos quieren pulsar en el ascensor pero al que solamente unos pocos tendrán acceso: el venerado Chopard Lounge, una luminosa suite de amplia terraza, con vistas a Cannes y al Palacio de los Festivales, donde transitarán Penélope Cruz, Pedro Almodóvar, Sofia Coppola, Jane Fonda o Karlie Kloss, buscando un paréntesis de relajación al trajín del certamen durante el día o para bailar bajo las estrellas en la exclusiva fiesta que la firma organiza tras la entrega de su trofeo.
La chica que llega en albornoz y zapatillas es hija de Bruce Jenner, un medallista olímpico que ganó el decatlón para Estados Unidos en los juegos de 1976, convertido ahora en orador motivacional. Su madre es Kris Jenner, una azafata de vuelo que se casó con el abogado de O. J. Simpson, Robert Kardashian, antes de conocer a Bruce Jenner y volver a pasar por el altar. Todo este juego de sillas en el árbol genealógico familiar implica que Kendall y su hermana pequeña, Kylie Jenner, son hermanastras de Kim, Khloé y Kourtney Kardashian. O lo que es lo mismo, ella forma parte de esa tribu que ha hecho de lavar los trapos sucios familiares todo un negocio televisivo en el reality Keeping Up with the Kardashians. El programa, que ya va por su novena temporada en el canal estadounidense E!, renovó su contrato en 2012 por 40 millones de dólares (29.245.120 euros) y de ahí han salido varios spin offs y uno de los momentos cumbres del género: el más que cuestionado efímero enlace de 72 días entre Kim Kardashian y el baloncestista Kris Humphries. Su familia, simple y llanamente, es carne de tabloide.
Ahora que el show alcanzará otro hito con la boda que se celebró el sábado entre su hermana Kim y el megalómano cantante Kanye West (al cierre de esta edición los rumores de localización se debatían entre París, Florencia y Versalles), Kendall llega sin ganas de hablar de realities, de su familia o de cualquier tipo de enlace. Bueno, ella no. Los que llegan cerrados en banda son su férreo equipo de publicistas y relaciones públicas, que medirán sus palabras y tomarán todas las decisiones que atañen a nuestro encuentro. Ellos decidirán qué se pondrá para las fotos y qué contará en la entrevista. Ellos hacen una criba sin miramientos de cualquier referencia que no sea exclusivamente a su carrera de modelo en las grandes pasarelas. Nada de Kimye, nada de bodas, nada de los negocios con su hermana pequeña (a quien ahora se la relaciona con el hijo de Will Smith) y, mucho menos, nada de vida sentimental (Kendall supuestamente vivió un idilio con Harry Styles, líder de One Direction y actual prescriptor de tendencias).

Solo una maniquí. «Aquí Kendall viene a hablar de su carrera de modelo, no de los Kardashian», advierten.
 Ella, mientras tanto, wasapea y se queda embobada con las vistas. «¿Qué quieres que te cuente? Si solamente es una adolescente», apunta su publicista.
 Y tiene razón.
Kendall es educada, tímida y más que correcta en su trato con todo el equipo. Se comporta como cabría esperar de una chica de 19 años. Es escueta, poco reflexiva y tiene esa capacidad de repetir la palabra awesome (impresionante) más de una docena de veces en nuestro encuentro. Es, al fin y al cabo, la viva imagen de una adolescente. «Es mi primera vez aquí y esta ciudad es impresionante, el color del mar es de locos, no puedo explicar todo lo que siento», comenta mientras mira al Mediterráneo y terminan de maquillarla.



Kendall Jenner
Vestido de Givenchy, pendientes de oro blanco y diamantes y brazalete de oro blanco con diamantes y rubíes, todo de la colección Red Carpet de Chopard.
Una estrella de cine. La maniquí no parece echar de menos su Calabasas natal en California y se siente como una princesa en el festival. Un poco como Nicole Kidman en Grace de Mónaco, la película que había visto unas horas antes en la gala de apertura del certamen. «Le ha gustado porque es un cuento de hadas y a ella le encantaría vivir en uno», apunta su relaciones públicas con un mohín. Y ella nos lo corrobora. «Me encantó, fue impresionante, y, ¿sabes qué?, me sorprendió muchísimo ver a todos esos fotógrafos vestidos de esmoquin».
Kendall se refiere al tradicional posado de la alfombra roja en el Palacio de los Festivales. Allí hizo la jugada perfecta, una prueba más del estricto asesoramiento que recibe. Esperó hasta al final y posó justo antes de que apareciese el equipo de la película. Nicole Kidman la saludó a lo lejos, y se quedó completamente sola en la alfombra roja, despejada para recibir a los protagonistas de Grace de Mónaco. Una estrategia redonda para no pasar desapercibida y aparecer en todas las publicaciones de moda horas después.
Nos confirma que lee y sigue la prensa cuando hablan de ella. «Soy consciente de todo lo que se publica sobre mí o sobre mi familia, pero no quiero que me afecte. ¿Por qué voy a dejar que me estropeen el día?», apunta. No se lo arruinaron cuando se estrenó desfilando para Marc Jacobs en la semana de la moda de Nueva York a mediados de febrero. Su foto, con un top semitransparente en tono tierra confirmó las expectativas: Kendall Jenner sí iba a ser la Kardashian adoptada por las altas esferas de la moda que podría conseguir una carrera de éxito en solitario. Su físico –es alta y delgada–, la aleja del perfil de sus hermanastras y la hace idónea para la pasarela. «Con Marc ha sido mi gran paso. No sabía cómo se lo iba a tomar la gente, pero al final todo ha salido bien. No estoy jugando a ser modelo, lo único que quiero es que me tomen en serio», apunta decidida. Parece que repite un guión aconsejado a conciencia.

La hoja de ruta de su carrera ha tomado un giro crucial este 2014. Su año. Antes, su futuro parecía intrínsecamente unido al de su hermana Kylie. Las dos dejaron el instituto y se pusieron a estudiar en casa para que su carrera tuviese mayores frutos económicos. Y vaya si lo consiguieron. Juntas han tejido su propio imperio: han protagonizado varias portadas y editoriales de revistas de moda por todo el planeta, han creado su propia línea de ropa (Kendall&Kylie) en colaboración con Pacsun, tienen su gama de esmaltes para Opi (por la que cobraron más de 80.000 euros), una colección de complementos y zapatos para Steve Madden y hasta se han atrevido con la literatura. Este año pondrán a la venta Rebels: City of Indra, una novela autobiográfica distópica sobre «dos chicas con superpoderes, Lex y Livia, que empiezan un viaje juntas y no se dan cuenta de que posiblemente su mayor peligro sea la otra».
Las Jenner buscaban el éxito lejos del estigma Kardashian, intentando pasar desapercibidas en elreality familiar –su capítulo más sonado y donde más protagonismo tuvo ella fue cuando cumplió 16 años, y de eso hace tres años–. En más de una ocasión confirmaron a la prensa no sentirse muy cómodas con el programa, a pesar de haber crecido con él y a sabiendas de que su madre ha firmado un contrato de 30 millones de dólares (21.933.840 euros) que les obliga a estar conectadas al show y hacer apariciones públicas en familia.
Sus publicistas insisten en no hablar del libro o de sus proyectos con Kylie. En los dos últimos meses, el destino ha querido que Kendall vuele sola en las pasarelas y ese es el filón que desean explotar. Tras desfilar para Jacobs (una propuesta de su amiga, la editora Katie Grand, quien ya la había retratado para el Instagram de la revista Love), se sentó junto a Anna Wintour en el show de Topshop Unique y se subió a la pasarela de Giles en Londres. Su elevación a los altares llegaría con su aparición en Givenchy y su primera incursión en la alfombra roja de la gala del Costume Institute del Metropolitan como musa de Topshop. «A Marc le agradezco que me permitiese estar en su desfile, que abriese la veda. Pero Riccardo también me ha apoyado y lo conozco mejor, así que a ambos les debo mucho», dice, en un paso más de sus respuestas programadas.
Ahora, aunque sus publicistas se nieguen tan siquiera a mencionarla, también tendrá que agradecer a otra persona la confirmación de su nuevo estatus de modelo del momento. Tras meses de rumores, y después de aparecer en el Instagram de la revista y ver cómo su hermana protagonizaba la portada de abril, la confirmación llegaba hace un par de semanas: Anna Wintour ha realizado una sesión fotográfica para Vogue USA con Kendall Jenner retratada por Patrick Demarchelier. La moda se ha rendido a Kendall. Una tímida adolescente que se convierte en una auténtica profesional frente a la cámara en nuestra sesión en Cannes. Puede que su equipo de promoción quiera explotar únicamente su carrera en solitario, pero ella se descubre cuando las preguntas se hacen más personales y menos frías. «Mi joya favorita es un collar con los nombres de mis sobrinos grabados en oro». La modelo se refiere a la pieza que su madre les regaló a todas sus hijas después de que su hermana Kourtney diese a luz a su segundo hijo. Por mucho que lo intente disimular, es de la tribu.



 
 
 
 
 

Cuando Hollywood se fue a la guerra........................................................................................


El coronel Frank Capra, a la derecha, examina unos rollos de película junto al capitán Roy Boulting en 1944. / IWM  (Getty Images)

En 1945 George Stevens, director de películas como Raíces profundas, Un lugar en el sol o Gigante, y considerado uno de los grandes cineastas estadounidenses de la historia, se encontraba en Europa, documentando los esfuerzos bélicos de los aliados a lo largo y ancho del continente para desballestar el Tercer Reich
. A principios de abril de aquel año el realizador acompañaba a los soldados que liberaron lo que parecía ser una suerte de prisión en Dachau, a pocos kilómetros de Múnich. Stevens no sabía que aquel campo de concentración cambiaría para siempre su vida y la de los voluntarios que le acompañaban.
“Nunca volvió a ser el mismo. Si vas al Archivo Nacional de Washington y ves ese metraje, un montón de horas donde aparecen montañas de cadáveres, prisioneros esqueléticos, humo que sale de las entrañas de la tierra… Todos los cámaras del equipo de Stevens dejaron de filmar: algunos se pusieron a ayudar, otros simplemente se rompieron.
 Él fue el único que siguió grabando hasta que casi no se tenía en pie”. Lo cuenta Mark Harris, desde Los Ángeles
. Este veterano periodista acaba de publicar el libro Five came back (Penguin Press/Canongate), un impresionante relato que cuenta, a través de la historia de cinco legendarios directores, el impacto que la Segunda Guerra Mundial tuvo en Hollywood.
“John Ford, Frank Capra, John Huston, William Wyler y el propio Stevens son fundamentales para entender como la postura de Hollywood hacia el conflicto viró desde la presunta neutralidad hasta una implicación total”, cuenta Harris.
 El más activo de todos estos cineastas fue Ford.
 El mítico director de El hombre tranquilo, Las uvas de la ira o Centauros del desierto, fue el primero en las colinas de Los Ángeles en reclamar el apoyo del mundo del espectáculo para los republicanos que luchaban en España en innumerables actos, públicos y privados, para después convertirse en la voz de la razón cuando algunos en los grandes estudios hollywoodienses insistían en que la II Guerra Mundial en ciernes era tan solo un conflicto interno europeo
. “Ford era un convencido y de hecho lo dejó todo para alistarse en la Marina y ayudar a su manera a documentar lo que estaba pasando.
 También fue el primero en introducir metraje real de combate en una película [La batalla de Midway, en 1942] y el que más y mejor entendió la importancia de su trabajo para concienciar al público estadounidense de lo que estaba pasando”, dice Harris, cuyo exhaustivo trabajo ha recibido las alabanzas de la crítica anglosajona.
Teresa Wright y Dana Andrews, en 'Los mejores años de nuestra vida'.
De todos los que dedicaron su tiempo (y, muchas veces, su dinero) para llevar la guerra a las marquesinas de los teatros y convence
r a los estadounidenses de que aquello era una causa noble, el caso más curioso es el de Frank Capra. El director de Qué bello es vivir o Arsénico por compasión era conocido en Hollywood por sus veleidades ideológicas
. En 1935, en un viaje a Roma, alabó a Mussolini (se decía que el realizador tenía una foto del caudillo italiano en su mesilla de noche) y era harto conocida su aversión a los sindicatos y a cualquier cosa que oliera a izquierda.
De hecho, Mussolini, gran admirador de Capra, le ofreció a éste un millón de dólares si rodaba su biografía.
 Afortunadamente, Harry Cohn, el presidente de Columbia le quitó la idea de la cabeza al realizador: “Soy judío, ese tipo está aliado con Hitler”, dijo Cohn para zanjar el asunto.
Sin embargo, Capra cambió cuando conoció a Franklin D. Roosevelt, el presidente de los Estados Unidos al que detestaba. La cercanía y la claridad de ideas de éste, junto al hecho de que los desmanes de los alemanes en Europa empezaban a ser preocupantes, convencieron al director de que había que hacer algo y rápido.
 “No ha habido cosa más confusa en la historia del cine que la ideología de Frank Capra [risas]
. ¿Un anarquista? Es posible, yo creo que era un hombre que funcionaba por impulsos.
 Pero si algo está claro es que Why we fight [la serie de documentales propagandísticos impulsada por Capra] fue un instrumento imprescindible para acabar con cualquier reticencia que la sociedad del país pudiera tener contra la entrada de EE UU en la guerra".
Wyler, director de clásicos como Ben-Hur, se implicó en el conflicto de una forma mucho más humana, seguramente a causa de la cantidad de amigos que tenía en Reino Unido o la propia Alemania.
Su retrato de los tripulantes del bombardero Memphis Belle o su metraje de la invasión de Italia son algunas de las piezas más conocidas del género bélico.
“Se tomaba muy en serio su trabajo y la prueba de ello es que renunció a rodar un documental sobre los soldados de color porque el Alto Mando querría dulcificarlo y eso no entraba en sus planes
”. El efecto que la guerra tuvo en Wyler se solidificó en su preciosa Los mejores años de nuestras vidas, drama sobre el retorno a casa de los soldados que vivía de los recuerdos del propio director.
Para Harris, “Houston fue —probablemente— el más arrojado de todos ellos, porque para él la cámara era como un escudo, creía que de algún modo le protegía”, pero el más relevante fue Stevens: “Volvió a casa, montó y editó lo que había rodado en Dachau y lo envío a los fiscales de Nuremberg: ese metraje fue decisivo para que en aquellos juicios los criminales fueran condenados y una de las pocas veces en los que los nazis apartaron los ojos de la pantalla
. Creo que eso lo dice todo”.

 

El juez del Constitucional Enrique López, pillado en moto sin casco y borracho...................................... F. Javier Barroso

El magistrado del Tribunal Constitucional Enrique López ha sido detenido esta mañana en la capital cuando conducía su moto con el cuádruple de la tasa de alcoholemia permitida, según han informado fuentes policiales(Vaya aquí todos son borrachos y sin casco)
. El juez iba sin casco y se acababa de saltar un semáforo en rojo justo delante de una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía.
Los hechos han ocurrido alrededor de las siete y media de la mañana en la confluencia de la calle de Vitruvio con el paseo de la Castellana, en pleno de la capital
. Los agentes del radiopatrulla han salido detrás de Enrique López al ver que había cometido la doble infracción vial (conducir sin casco y saltarse el semáforo en rojo).
 Cuando lo han parado, han detectado que presentaba síntomas evidentes de haber consumido alcohol, por lo que han pedido la presencia de una patrulla de la Policía Municipal para realizarle la prueba de alcoholemia.
Al lugar se ha desplazado un equipo de atestados de la Policía Municipal.
 En la primera prueba ha arrojado una tasa de 1,10 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, cuando la tasa máxima permitida para los particulares es de 0,25 miligramos. En la segunda prueba de contraste, le ha bajado a un miligramo, lo que hace pensar a los agentes que hacía un rato que había terminado de consumir alcohol.
El magistrado ha quedado imputado como autor de un delito contra la seguridad vial.

31 may 2014

“El franquismo dura demasiado”................................................. Juan Cruz

Raimon desea para Cataluña una solución confederal "dentro de España y dentro de Europa".

Raimon, en el despacho de su domicilio en Barcelona. / Sofía Moro

Lo que sorprende de este Raimon (Raimon Pelegero, Xátiva, 1940) es de qué manera se ha defendido de las solemnidades de la edad.
En algún lugar de su cara, en su risa, está el muchacho que cantó Al ventencima de una vespa y convirtió aquella canción sencilla (“al vent del mon, i tots, tots plens de llum…”) en un himno de varias generaciones de españoles de todas partes.
Con Joan Manuel Serrat y otros músicos ayudó a que esa lengua catalana que el franquismo quiso reducir a la nada formara parte de la educación sentimental de los que hablamos castellano.
 Esa canción en concreto, y luego Diguem no, eran para decir no.
Transmitían inconformismo y esperanza.
Además, Raimon rebuscó en la poesía catalana, desde Ausiàs March a Salvador Espriu. Alcanzó tonos sinfónicos que lo fueron convirtiendo en un personaje en el que ya se fija la literatura y la música.
Poco antes de esta conversación (que tuvimos el 1 de abril pasado, antes de que sus declaraciones sobre el independentismo lo pusieran en un primer plano en el que no quiere estar por eso) le habían otorgado el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes
. La profesora Anna Sallés explicó que ese premio se le daba por su “papel capital en la difusión de la lengua y la cultura catalanas”
. A él mismo ese premio, que le entregarán el 10 de junio, le produjo “una enorme sorpresa”.
 Y no es raro que se sorprendiera, más raro es que lo diga; pues en los últimos tiempos, antes de estos reconocimientos, que incluyen uno del Círculo de Bellas Artes, Raimon seguía siendo un mito para muchos, pero desde otros sectores había sobre él un silencio que, como dice una de sus canciones, resulta “antiguo y muy largo”.
 Pero el silencio se interrumpió y ahora ya hablan del cantante de Xàtiva hasta donde antes no le hacían ni el menor caso.
A él le da igual, ríe. Escucha como si sus ojos se defendieran del viento de la vespa. En su casa blanca, rodeado de recuerdos que incluyen muestras de sus amigos Tàpies o Miró, Raimon habló del padre, en primer lugar.

—Ha cantado tanto a su madre. ¿Y el padre?
—Ah, el pare. Está en He passejat por València, sol.
 Murió cuando yo tenía 20 años; mi madre murió con 93, eran de la misma edad. Ya no me esperaban cuando nací.
Me contaron que mi padre había sido presidente del ramo de la madera de la CNT, en Xátiva. Los propios ceneteros le requisaron los muebles que había producido. Y después los nacionales le requisaron las máquinas
. Le jodieron unos y otros.
El pare fue a la cárcel. “Mi madre había dejado de hacer hijos a los cuarenta.
 Como mi padre entraba y salía de la cárcel un día quedó embarazada. Debí ser un niño del amor, ¡sales de la cárcel y haces fiesta, ja ja! Un juez lo sacó, ‘este hombre no tiene ningún cargo”.
El padre murió antes de Al vent.
—Los amigos creían que era una traducción del inglés
. Yo estaba con Andrés Mori, un asturiano que estudiaba en Valencia, conmigo. Tenía una vespa y le dije que me llevara a Xàtiva. Al regresar me vinieron los versos.
—Entonces no se cantaba en catalán.
—Muy poco. Toda la información era en castellano, yo leía a los poetas del 50, Valente, Claudio Rodríguez, Carlos Sahagún… Conocí a Pepe Hierro. Y a los 22 años empecé a leer a Espriu.
 Y le puse música. Era algo que nos habían negado, no existía.
 Después leí a Joan Fuster, en catalán. Descredit de la realitat.
</CF>—Quizá lo que distingue al franquismo es que esa lengua fuera prohibida.
—Entre otras cosas.
A mi madre la quisieron rapar en la posguerra porque se quejó del alcalde. La amenaza estaba ahí.
—Pero lo de la lengua fue muy salvaje.
Hemos vivido un cierto espejismo. La clase dirigente no supo hacer sólida una convivencia democrática real
—Te decían que era un dialecto infecto, era la lengua vernácula de los esclavos…
 Venías del pueblo y te hablaban en castellano, eso los hacía considerarse superiores.
 Una de las bromas que se decían en Valencia era que a partir de las 30.000 pesetas de sueldo se cambiaba de piso, de muebles ¡y de lengua, ja, ja, ja
! Cuando llegué a Barcelona mi sorpresa fue ver a gente elegante que hablaba catalán de manera más normal; ese tipo de gente en Valencia hablaba castellano.
—Ahora ya se acabó el franquismo. ¿Se acabó?
—Yo lo que creo es que dura demasiado. Yo veo que todavía hay ramalazos muy fuertes.
—¿Dónde los ve?
—En el actual Gobierno hay ramalazos de franquismo y mira lo que ha dicho Rouco sobre las amenazas de guerra civil, ¡es muy fuerte!
—¿Le decepciona el proceso democrático que hemos vivido?
—Hemos vivido, no todos, un cierto espejismo.
 En el 76 todavía me prohibía Fraga en Madrid. Entre 1979 y 1982 se nota que murió Franco, los canales de televisión estatal eran los más libres, había cantantes de las distintas lenguas.
 Ya no. Creo que en la vida política la clase dirigente no supo hacer sólida una convivencia democrática real.
—Esa desilusión llega hasta ahora y tiene efecto en Cataluña.
—Tengo la impresión de que en España no se sabe qué pasa aquí, no de lo que pasa ahora, también de lo que sucedía antes
. No ha habido una presencia de los medios de comunicación y esa desinformación ha impedido que la gente sepa que aquí se estaba produciendo un movimiento independentista, que ese movimiento ha venido para quedarse y eso se tiene que afrontar, se ha de buscar un modo de solucionarlo
. Es un problema real
. Creo que eso explica gran parte de la situación actual. Para mucha gente en España fue una sorpresa la primera manifestación, de 2012. Pero para gente de aquí también fue una sorpresa.
—¿Lo fue para usted?
—Para mí no, porque las consecuencias de 2006 [el no constitucional al Estatut] fueron muy fuertes. Me sorprendió la magnitud de la manifestación, pensaba que sería importante porque la gente estaba cabreada, pero se unían muchas cosas, estaban las primeras consecuencias de la crisis, el PP había pedido firmas en toda España contra el Estatut, Alfonso Guerra salió del Parlamento diciendo: “Nos lo hemos cepillado bien cepillado”. ¿A qué jugamos?
—Eso es. ¿A qué jugamos?
—Ahora también da la impresión de que la vida en Cataluña está fuera de la Constitución.
 Cualquier cosa que se propone es inconstitucional, se acepta el diálogo, pero se impone el cumplimiento de la ley y si no el diálogo no cabe…
 No es a mi juicio una manera de intentar arreglar las cosas. La segunda manifestación demostró que esto no era un suflé. Pero no he visto que se reaccione como creo que se tendría que reaccionar.
—¿Cómo?
Este Miró que guarda Raimon fue portada de 'Quan l'aigua es queixa' (1979)
—Que se deje votar la consulta en cuestión, eso no va contra nadie. “Hablemos de todo menos de la consulta”, se dice
. Bueno, ¿entonces dónde estamos? El Parlamento catalán está mayoritariamente a favor, las encuestas dan alrededor de un 80% a favor de que se consulte.
 Pues entonces lo que hay que hacer es tratar de hacer política.
 Si impides eso ya no se puede hacer política.
—Usted ha dicho que se siente incómodo.
—No es que me sienta incómodo, me siento con una cierta inquietud, no veo un camino claro. No sé por dónde se va ni por dónde se puede salir
. Creo que el hecho de que el Gobierno del PP reaccione así impide que pueda haber más margen. Crean el problema del catalán en las escuelas, cuando no había problema alguno
. Cualquier movimiento que hacen es a recentralizar.
 Dicen que Cataluña es la locomotora, y lo que hacen es pararla… Además, en ciertos sectores de aquí, no hemos notado una preocupación por parte de los amigos progres de fuera por estos asuntos, parece como si no supieran dónde situarse.
—¿Cree que esto acabará mal?
—Mi perplejidad es absoluta. No tengo ni idea de cómo puede acabar, pero lo que veo es que si hay un problema hay que afrontarlo. Lo que hizo Artur Mas es ver que en la calle estaban los que le tenían que votar
. Desde la aparición de Convergència nunca se había planteado el independentismo.
 Surge cuando ve Mas que en la calle están sus votantes.
—¿Cómo terminaría bien?
—Con una solución confederal, dentro de España y dentro de Europa; una solución con la que la gente se sienta a gusto.
 Que ese Estado propio que piden sea federal o confederal
. Y que se vote. Eso sería acabar bien. Mi deseo personal sería un tipo de confederación. Tampoco creo que la independencia sería algo trágico o mortal, ¡no pasa nada!
 No le pedirían el pasaporte a nadie, estaríamos dentro de Europa
. No ocurriría eso que decía García Margallo, que Cataluña estaría por la estratosfera por los siglos de los siglos. Confederal, pero tampoco lo tengo tan claro
. Lo que veo es que se tienen que arreglar los problemas que existen, no se puede estar todo el día con la ley, la ley. La ley cambia cada dos por tres, no la usemos como si fuera de mármol.
—Premi d’Honor de les Lletres Catalanes
. Qué honor.
—Mucho. Fueron premiados gente que me hizo: Vicent Andrés Estellés, Joan Fuster, Espriu, Jordi Rubió, Enric Valor, Francesc Mira… Y ahora yo.
Me decían que no podrían dármelo porque no entraba en la categoría de Letras
. ¡Al menos entraría en el de las letras de canciones…, ja ja ja!
—“El hombre que dice no”. ¿Qué le inclina a cantar Diguem no ahora?
—La situación es muy compleja
. Cambia el sistema, el capitalismo no tiene tope. En 1989 desapareció el otro polo de la humanidad como unas virutas a las que les acercas una cerilla y se van todas al carajo
. ¿Cómo vas a decir todo eso cantando? Diría no a la dinámica de los partidos, más preocupados por ellos que por el país; diría no a la mezquindad con que se trata a la sanidad pública, a la educación, a la cultura
. ¡En nombre de Europa! ¡Ellos no hacen Europa!
—Cantó usted que del hombre mira siempre las manos…
—¡Y mira ahora lo que hacen las manos de muchos! ¡Meterlas en la caja!
Raimon ríe; es la hora del almuerzo y en casa van a comer pasta
. Annalisa, su mujer, y él, se conocieron cuando ella vino de Italia.
 Sus canciones de amor son para ella, y ya la risa de los dos ha terminado siendo la misma risa.
"Al vent....la cara al vent, no diguem No, he dexat en Xativa al carrer Blanc......Raimon no te olvidamos ni queremos que nadie te olvide....