Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 may 2014

“¿Qué fue de la señora Síntesis?”................................................... Juan Cruz

Recostado en la cama, Onetti se preguntaba el 6 de enero de 1993 (a punto de publicar Cuando ya no importe) qué demonios había pasado “con la Señora Síntesis”
. En un artículo se había preguntado por qué los periódicos no tenían en su nómina “al señor Fuentes”, habida cuenta de lo que lo usábamos los periodistas, a los que él llamaba reporteros. “Fuentes, siempre están citado fuentes, y quién será el señor Fuentes?”.
“Los reporteros son tan tontos”, decía. “¿Y qué me vas a preguntar? Los reporteros siempre preguntan lo mismo: ¿para qué escribes, para quién escribes?”
. Es evidente que usted se divierte escribiendo, al menos. “Ya. Se puede decir así. El placer de escribir es muy grande. Ahora escribo una cosa, recuerdos, inventos. Hago el descubrimiento del cadáver de la Señora Síntesis? ¿De qué murió Síntesis?
 Todos los periodistas, para no tragarse todo un discurso de un ministro, damos la apretada Síntesis. ¡La apretaron tanto que la pobre se murió! Hay cantares de ciego sobre la muerte de la Síntesis, ¡cosa grave!”.
Se tomaba a broma.
 A una chica que lo miraba le dijo: “¿Te fijas en que tengo un solo diente? Te advierto que tengo una dentadura perfecta, pero se la he prestado a Mario Vargas Llosa”.
Ahí recibía; delante estaba el jardín que le había hecho Dolly, una mujer inteligente y risueña, la paz de Onetti.
 Serio como Bogart, él hacía reír; se reía de sí mismo, primero, y luego se burlaba de los reporteros. “Son tan tontos”. ¿Y los escritores? “Hay una cosa que me molesta, y trato de tomar en broma: los lugares comunes. Hay cosas que me irritan, sobre todo en gente joven, el empleo de lugares comunes. Yo no sé…, por ejemplo, esto…, bueno, es un amigo mío, un colega, mejor no hablar…
 Leí un fragmento y está todo hecho con lugares comunes, con frases hechas. Si a mí se me ocurre una frase hecha, en ese momento siento como un golpe en la mano, en el cerebro, un rechazo, no puedo hacerlo”.
La literatura la mantenía “con interés, con cariño… He escrito tanto, tal vez demasiado, dirán algunos.
 No hay ningún personaje sobre el cual yo haya escrito al que yo no le tenga cariño, aunque sea un canalla, aunque sea un bandido. Si no lo tuviera, yo no podría escribir”.
A veces los personajes vienen “de tantos libros que leí”; se produce luego “una selección inconsciente tal vez…”. Hay palabras, decía, del castellano castizo, ese castellano de los peninsulares (excluía a gallegos y canarios) “que me matan, que no soporto”.
 Se reía de lo que decían sobre su cuerpo de escritor, “que para mí escribir era como hacer el amor… Bueno, no sé lo que sientes tú cuando haces el amor, te hablo de lo que siento yo, lo que sentía yo: una entrega total, fuera del mundo”
. En momentos así surgen los personajes, “cuando dudo de mi estado mental; los quiero vivos a los personajes”. Los doblega, “somos muy amigos”.
Para todo tenía un sucedido. Jorge Amado, por ejemplo. El escritor brasileño le pidió prestado su apartamento de Montevideo; estaba el novelista exiliado, era 1941. Onetti le dejó las llaves al portero, y le advirtió: el señor Amado tiene una cita clandestina con el secretario general del Partido Comunista brasileño.
 Días después regresó a buscar la llave. ¿Y vino el señor Amado?, preguntó Onetti al conserje. “Sí, ¡y qué tetas tenía el secretario general del Partido Comunista brasileño!”.
 A Julio Cortázar no le perdonó que tratara mal al peruano José María Arguedas. A Cela no le perdonó que tratara mal a Antonio Muñoz Molina, de quien fue ferviente admirador
. Y en esa conversación del 6 de enero de 1993 (en la que estaba la poeta y novelista Dulce Chacón; Dolly iba y venía, su presencia era la casa misma), este hombre memorioso y simpático, acaso el más simpático de los escritores que conoció este reportero, relató un encuentro que otros hicieron célebre por lo que le dijo a Mario Vargas Llosa, quien años después escribiría un libro extraordinario sobre la literatura de Onetti, El viaje a la ficción.
Contó Onetti: “Una vez nos encontramos con Mario y con Patricia, su esposa, en San Francisco. Terminaba el plazo de su habitación, y pasaron a la nuestra, yo estaba con [el escritor uruguayo Carlos] Martínez Moreno
. Después ellos tomaban no sé si avión o tren para ir a Los Ángeles.
Mario me contó que trabajaba en ese tiempo en la radio francesa, y empezaba a las diez de la noche, que luego volvía a casa y se ponía a trabajar de tal hora a tal hora, eso leí también que hacía García Márquez, que decía que tenía unos horarios fijos para escribir.
 Yo eso no lo concibo, me parece admirable tener eso. Entonces yo le dije a Mario: mira, lo que pasa es que tú tienes un amor conyugal con la literatura, tú estás obligado a cumplir con tu señora esposa y yo tengo un amor de pasión, absolutamente no conyugal, y entonces hago el amor porque me da la gana, cuando tengo ganas
. De la misma manera escribo cuando me da la gana. Yo no podría escribir de tal hora a tal hora, yo escribo, yo qué sé, estoy leyendo un bodrio policial y de golpe me viene el ataque y agarro y escribo”.
Sobre agendas viejas escribía.
 Con ritmo musical, como si de su cerebro partiera la existencia de personajes que no conoció nunca, pero que vivían con él en aquella cama de hospital en la que pasó los últimos tiempos de su vida, hasta que murió en la ciudad que le dio exilio.
 El reportero (“Son tan tontos los reporteros”) le apuntó al final de aquella conversación que en su literatura no se nota el paso del tiempo.
 Él dijo, con la ironía de la que estaba lleno: “Bueno, me alegro. Que siga así”.
 Era, otra vez, su homenaje a la Señora Síntesis.

Por qué los asesinos en masa nunca son mujeres..........................................................Ruben Pujol

En la tristemente larga historia de matanzas en EE UU y Europa la aplastante mayoría de autores son varones. ¿Por qué?


Sin duda resultaría reduccionista atribuir la matanza de seis personas el pasado viernes en Santa Barbara (California) a un expediente de psicopatía agravada con frustración sexual. pero no hace falta ser psiquiatra forense para identificar en el extenso manifiesto (137 páginas) y en las videoconfesiones que dejó tras de sí Elliot Rodger un resentimiento fundado en el rechazo de proporciones homicidas.
Según él mismo explica en la furibunda perorata autobiográfica que dejó en YouTube, Rodger era un incel, un célibe involuntario, de 22 años que no podía soportar más que las chicas por las que sentía atracción invariablemente le ignoraran y ocasionalmente le humillaran con su desprecio.
Aún peor: le martirizaba que otros chicos, en su opinión menos merecedores, las conquistaran y obtuvieran de ellas ese placer (sexual y romántico) que a él se le vetaba.
Rodger escupía ira por el hecho de verse convertido en un macho beta.
 Así lo hizo constar en sus aportaciones a foros hoy cerrados, donde varones de escaso éxito compartían su rencor hacia los denominados ligones
Rodger escupía ira por el hecho de verse convertido en un macho beta: excluido por los alfa del ritual de apareamiento. Así lo hizo constar en sus aportaciones al foro PUAHate.com, hoy clausurado, donde varones de escaso éxito compartían su rencor hacia los denominados ligones (pick-up artists, en su jerga algo así como artistas del ligue que proliferan en la red pavoneándose de sus infalibles técnicas para conquistar mujeres).
Así, el caso de Rodger se presenta no sólo tanto como una actualización 2.0 del ancestral patrón mamífero de conducta.
 Tampoco una variación más de la fijación colectiva con la personalidad de los chavales estadounidenses que devienen en asesinos (que también)
. Más bien es una denuncia de la relevancia que se le da a la virginidad y el peso que tienen las presiones relacionadas con el sexo en las mentes occidentales.
 De los nefastos efectos que estas presiones producen.
 De la extraña fascinación que ejerce sobre los medios de comunicación el lado más oscuro de la sexualidad.
 No hay más que ver cómo la discusión de la matanza de Isla Vista se ha centrado casi en su totalidad en esta obsesión de Rodgers.
Y cómo se ha destacado sobre todo las comunidades cibernéticas de profesores de la seducción a la que él se refería constantemente.
Los hombres externalizan la culpa. 'La causa de mis problemas son los otros'.

Las mujeres tienden a desarrollar las atribuciones de culpa internamente"
-Candice Batton, directora de la Escuela de Crimonología de la Universidad de Nebraska
Como vendedores de crecepelo con canal de YouTube, los gurús del ligue apelan al orgullo herido y la sed infinita de los mancebos del mundo para hacer fortuna comercializando con sus enseñanzas. Aplicando la lógica contable del comisionista, el objetivo de estos ‘maestros de la seducción’ va más allá –o más acá– del sexo, pues no se trata tanto de obtener el placer carnal, sino de la satisfacción notarial de anotar la conquista en el Excel y demostrar que se tiene el know how.
 La pregunta aquí ya no es por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo, sino cómo llamar a esta disciplina que combina técnicas del neuromárketing, mentalismo, programación neurolingüística o lo que comúnmente conocemos como dar la tabarra hasta darle la forma de un libro, un seminario o incluso unas colonias con las que sacarle cuatro cuartos a los que van a dos velas.
De momento, y a falta de un término más elaborado, hay quien lo llama game, en referencia a The Game: Penetrating the Secret Society of Pickup Artists, la Biblia de los aprendices a seductor, firmada por el periodista Neil Strauss y traducida aquí como El método.
 Juguetones como son estos ‘artistas’, lo de game les está bien traído porque hace referencia al aspecto lúdico y con premio final de la seducción, al hecho de que puede uno entrenarse y conseguir un rendimiento más allá de los talentos que la genética le dio.
 Según reconoce el propio Strauss, un prerrequisito del juego es menospreciar al sexo opuesto.
En ese oscuro pozo de odio a uno mismo y resentimiento es donde se cuece la bilis de esos hombres, románticos porque no tienen alternativa, vírgenes a su pesar como Rodger que, por falta de experiencia, idealizan las relaciones sentimentales
. Por fortuna, la mayoría digiere mal que bien su (nuestro) lugar en la manada.
 El caso de Elliott fue diferente hasta alimentar un plan de venganza –retribution day lo llamó él–, una explosión de violencia que hiciera ver al mundo las injusticias y abusos que gobiernan las relaciones sentimentales entre hombres y mujeres
. En la lógica resentida que impulsó la venganza de Rodger, la culpa de su desdicha era de los demás: de las mujeres por ignorarlo, de los jugones por seducirlas y burlarse de él y, de nuevo en un ciclo perverso, de ellas por dejarse engañar.
Esta proyección de culpa en el exterior y el despliegue de violencia ostentosa y publicitada que le sigue son como sabemos patrones eminentemente masculinos, y es por ello que la historia demuestra que la inmensa mayoría de los asesinatos en masa son perpetrados por hombres.
 Según Candice Batton, directora de la Escuela de Criminología de la Universidad de Nebraska citada por la revista Time,
 "Los hombres internalizan la culpa. 'La culpa de mis problemas son los otros
. Las mujeres tienden a desarrollar las atribuciones de culpa internamente”, por lo que su violencia, cuando se produce, escoge formas más sutiles e íntimas de expresarse.
El caso denuncia la relevancia que se le da a la virginidad y el peso que tienen las presiones relacionadas con el sexo en los varones occidentales
Los motivos por los que las masacres y los asesinatos en masa suelan estar protagonizados por varones puede imputarse a un milenario constructo en el que se mezclan cuestiones fisiológicas y hormonales con los roles impuestos por una sociedad patriarcal —el hombre como explorador, cazador, soldado, líder o protector, emprendedor— que precisan de un despliegue público
. También lo precisa su violencia cuando, en última instancia y frustrados esos mandatos genético-sociales, la psicopatía anula todo rastro de empatía y cosifica a hombres y mujeres por igual en un modo perverso de conquista final.

 

Más allá del 'indie'.................................................................................... Luis Hidalgo

El Primavera Sound de Barcelona amplía su cartel más allá del tópico independiente.

 

James Edward Bagshaw de Temples actúa en la primera jornada del Primavera Sound. / Burak Cingi (Redferns via Getty Images)

Un planteamiento sencillo y arriesgado: si hay un público que articula parte de su ocio con música ¿cómo no existe un festival que responda a sus necesidades sin obligar a ducharse en los servicios comunitarios de un camping? El Primavera Sound, festival nacido en clubs que migró luego al Pueblo Español de Barcelona, celebra su decimocuarta edición dando respuestas a esta pregunta, enseñoreándose de 180.000 metros cuadrados del Fórum con 12 escenarios en los que tendrán lugar hasta la madrugada del domingo 228 actuaciones.
 Son cifras de festival enorme, como prueba que la organización se ha dejado 9,7 millones de euros de presupuesto en el montaje —un 15% más que el año pasado— y que espere unas 200.000 visitas. Según la propia organización, y siguiendo la tendencia de convertir en números las actividades culturales para demostrar su importancia en un mundo que parece no entender de intangibles, todo ello tendrá en Barcelona un impacto económico similar a un gran premio de Fórmula 1.
La programación es una mezcla que parte del pop-rock de carácter anglosajón, con fecha totémica en los noventa, cuando el indie comenzó a expandirse ante la indiferencia de la gran industria.
A este grueso de propuestas estéticas que marcaría el ADN musical de una audiencia que tiene como futuro la cuarentena (Rubicón cuyo vadeo ya prepara el propio festival), se han ido añadiendo estéticas musicales que antes no formaban parte de la propuesta del Primavera
. Con ello se da respuesta a la natural inquietud de un aficionado a la música que, como el amante de la literatura, el teatro o la pintura, ve cómo sus gustos se amplían con la llegada de los años.
 El Primavera Sound ya sabe que o madura con su público o quedará como reducto de aquellos que se niegan a aceptar que se hacen mayores.

Leyendas en mayúscula y de bolsillo

Para dar respuesta a todo ello, el festival tira de nombres míticos que desean mantener su vigencia a pesar de los años
. Pixies sería el caso paradigmático, con una primera carrera corta y un legado alargado por el grunge. Otra leyenda, esta sin interrupciones, es la de Dr. John, un artista que propone el vadeo feliz de la cuarentena por parte de los espectadores
. Su presencia garantiza música que ya existía antes que nadie, un paseo no por la Luisiana de True detectives sino por la de Tremé. Más leyenda: Television, la banda que en 1977 fascinó con Marquee Moon, un disco de rock nervioso y filigrana con guitarra que ahora recuperarán como si el tiempo fuese una convención, que igual lo es.
 La función divulgativa y educativa del Primavera, un festival que con pleno sentido busca verdades incontestables en el pasado, tiene este año en Neutral Milk Hotel su gema.
 Se ajusta al perfil de grupo paradigmático del festival en su plano enteradillo: casi desconocido, carrera corta a la que no hizo caso casi nadie, dos discos impecables y abanderados de algo que hoy sigue siendo moda, el folk.
 Por cerrar el apartado de leyendas, aunque sea de bolsillo, sólo citar dos apóstoles del indie
. Por un lado, Slint, en buena medida precursores del post rock gracias a su slowcore, música que se desplaza con lentitud e intensidad emocional.
 La otra referencia son Slowdive, adalides del shoegaze (literalmente, mirarse los pies), conducta genuina del primer e ingenuo indie.

Populares y machorros

Pese a su acentuada masculinidad, en alguna ocasión disimulada, la escena independiente no es precisamente machorra.
 Es por ello de valorar que bandas como Queens Of Stone Age, a la vez muy hombretones y muy revivalistas, estén en el festival para que éste no muera mirándose los pies. Nine Inch Nails son igual de machotes, pero con estudios. Trent Reznor, su líder, sería incapaz de propinar un puñetazo sin visualizar previamente la curva que describirá su puño.
 Algo así como ocurre con su rock industrial, denso como el puré de garbanzos, música que tiene algo de testosterona angustiada
. Por el lado más juerguista destacan los incontestables cabezas de cartel, esa infalible charanga postmoderna llamada The Arcade Fire.
 Nadie puede decir que detesta un festival de masas sin haberse expuesto al efecto de una multitud enfervorecida disfrutando con el grupo canadiense.
Más contenidos es The National, un grupo en alza para los seguidores del festival.
 Un detalle nada insustancial les avala más allá de su propio rock tintado de lirismo y épica: pocas bandas son capaces de exponerse con la inteligencia de The National en un documental tan bien pensado como Mistaken for strangers
. No cabe olvidar a Justin Vernon, conocido como Bon Iver, bajo cuyo nombre su audiencia ha levitado en muchas ocasiones.
 Al festival acude bajo otro nombre y actuará como parte de The Volcano Choir
. Y entre los populares, no cabe olvidar el pop electrónico, muy representado este año (Future Islands, Glasser, Holy Ghost, Metronomy, Cut Copy, Conan Mockasin, Cvurches), y la tradicional electrónica.

Más allá del Muro

O eso que en principio nada tiene que ver con el catecismo fundacional del festival. Véase Caetano Veloso y su tropicalismo, The Sun Ra Arkestra y su jazz descalabrado, espacial y africanista, o The Kronos Quartet, formación que toca el mundo de la música contemporánea.
 No cabe olvidar los sonidos mal llamados étnicos de Antibalas o de Seun Kuti, uno de los hijos del prolífico músico y padre que se llamó Fela Kuti.
 Y hasta hace no mucho, la música negra estaba también en territorio salvaje, tema bien solucionado por el Primavera con la incorporación del hip hop, este año de la mano del excelente Kendrick Lamar —coros satinados de personas en celo, voz que ametralla y/o acaricia— y del oscuro y turbulento Earl Sweatshirt. La mezcla retro de Blood Orange es otra apuesta sugestiva, con ese recuerdo a Prince tan presente en muchos de sus temas.
 Y con el paso del tiempo, la escena nacional también ha saltado el Muro, este año con la última incorporación de un Nacho Vegas que se suma a una lista formada por Silvia Pérez Cruz, Grupo de Expertos Sol y Nieve, Pional, Refree, Mishima, Standstill, Joan Colomo, Joana Serrat, Flamaradas, etc.
Ah, e incluso famosos venidos a menos se apuntan al Primavera, por ejemplo un Macaulay Culkin que actuará con The Pizza Underground. ¿Quién da más?

¡Cuidado!................................................................... Juan José Millás

Había ido a por un yogur y va a volver con una revelación que intentaba pasar inadvertida en esa atmósfera de cotidianeidad reinante.

 

Lo familiar posee calidades extrañas, como una sandía con sabor a naranja
. Pese a que se reproduce sin pausa, de repente parece nuevo, sin estrenar, inédito
. Una mujer se asoma, descalza, a la nevera.
 Un gesto cotidiano entre los cotidianos.
 No hallarán ningún elemento insólito en la imagen.
 No lo hay. 
Se trata de una cocina del montón, con su suelo cerámico del montón, y sus muebles de madera del montón, y su pequeña alfombra del montón, y su cesto de la ropa sucia del montón, y su triste planta sobre la nevera del montón.
 Tampoco podríamos calificar de raros los papeles pegados a la puerta del congelador, que se defienden con un vigor oscuro de ser arrojados a la basura.
 Una representación de lo doméstico que serviría también como apología de lo marciano.
Y es que una llamarada procedente del interior de la nevera congela la imagen y crea un juego de sombras y luces en el cuerpo de la mujer y en la zona del suelo donde tiene los pies, deteniéndose, al fondo, contra la superficie bruñida de una puerta
. La luz es tan potente que sugiere, más que la existencia de una bombilla, la de una divinidad.
 Yo soy el que soy, le está diciendo alguien a la anciana desde el fondo del incendio
. En otras palabras, que había ido a por un yogur y va a volver con una revelación que intentaba pasar inadvertida en esa atmósfera de cotidianeidad reinante.
 Empeño baldío. Imposible pasar los ojos sobre la imagen sin sentir una sacudida de extrañamiento. Lo más increíble es que esa escena asombrosa se repita en todo el mundo millones de veces cada día. ¡Cuidado al coger la cerveza!