7 may 2014
Errores y aciertos de la serie más vista del año................................................... Rubén Romero Santos
El velo de Hiba o los fallos en la recreación del barrio ceutí no quitan mérito a 'El Príncipe', que se ha comido el 'prime time' y ya va a por su segunda temporada.
¿Es o no es una bella familia?
Ojo, contiene espoilers
Pasaba la medianoche cuando un último plano cerraba la primera temporada de El Príncipe: un flashback al primer episodio en el que Fran (José Coronado) le soltaba a Morey (Álex González) una sentencia de ecos polanskianos en Chinatown: “Los de aquí decimos que en El Príncipe todo acaba en agua salada: o sea, en lágrimas o en el fondo del mar”
. Minutos antes, el agujero de bala entre ceja y ceja descerrajado a Abdul marcaba un macabro punto y seguido en la que se ha convertido en la serie del año.
Parecía difícil superar a El tiempo entre costuras, pero con sus 26,3% de share y más de 5 millones de espectadores por capítulo (ayer cerró con un 33,3% y 6,6), El Príncipe lo ha conseguido.
Estos son los amos del barrio y estas son sus credenciales.
Hiba Abouk: la reina mora. Si algún día se pone de moda lo de la clonación, que los primeros sean los señores de Ben Barek, porque hay que ver cómo les han salido las criaturas, oiga: Faruq, Fátima, Nayat y Abdu, casi nada…
Desde el 4 de febrero, cuando se estrenó El Príncipe, al día de hoy (ayer la serie cerró su primera temporada), Hiba ha pasado de ser la actriz/conquista de Hugo Silva a la estrella del momento
. Las revistas del corazón de los lunes (que ya la amaban) y las de los miércoles (siempre más aristrocráticas) le han abierto sus exclusivas de par en par.
Que si mantiene un romance con su compañero de reparto Álex González (algo que ella ha negado) o que si ha pasado por quirófano para retocarse pechos y cadera (calla como una tumba).
Poco ha importado que su personaje esté lleno de inexactitudes: se llama “Fátima”, en cristiano, a pesar de que, siendo musulmana debería llamarse “Fatima”; y por exigencias del guion (esto es, por salir mona) no lleva el velo como debiera, sino que muestra su cabello.
Su representante confirma que Hiba comenzará a rodar en junio la segunda temporada de la serie de Telecinco.
¡Al rico croma! En una ficción profundamente conservadora en el fondo y en la forma, como es la española, El Príncipe ha supuesto una revolución
. Rodada en Madrid, ha correspondido a Stargate Studios la misión de recrear el conflictivo barrio ceutí que da nombre a la serie
. Telecinco no se ha cansado de repetir que la empresa es la misma que trabaja para The Walking Dead o C.S.I. El resultado ha sorprendido al público peninsular… y al local, también: basta darse una vuelta por los foros para encontrarse con ceutíes que no reconocen en ese pinturero amasijo de casitas coloreadas que parecen sacadas de Tintín la realidad de El Príncipe.
Sea como fuere, su éxito debería inducir a las futuras series a asumir más riesgos en la producción.
Rubén Cortada: el árabe mulato. Telecinco se aseguró a dos pesos pesados de la lista de los hombres más deseados de España como protagonistas: Álex González y José Coronado. Sorprendentemente, el que más provecho le ha sacado ha sido el tercero en discordia, Rubén Cortada. Ayer casi se podía oír cómo se cortaba el aliento de millones de espectadores (en especial, espectadoras) cuando su hercúleo cuerpo recibía un disparo
. Falsa alarma, solo fue un rasguño.
Tremendo año el de Cortada, presente en los dos fenómenos de la ficción catódica de la temporada: en El tiempo entre costuras era Ramiro, el marido poco de fiar que arrastraba a Sira Quiroga a Marruecos; en El Príncipe, Faruq ha sido el rey dentro y fuera del barrio.
No se recordaba un fervor así por un actor desde Miguel Ángel Silvestre/El Duque.
Echando redes. Mucho CNI y mucho incógnito, pero Morey no paraba de tuitear y retuitear…
Y es que Telecinco ha hecho todo lo posible por visibilizar su ficción estrella por tierra, mar e Internet.
Hábilmente, han creado perfiles de Twitter (por supuesto, ficticios) de sus personajes, para tuitear e interactuar con los fans.
Un método de promoción barato que se ha demostrado todo un éxito y que parece difícil que no copie cualquier serie que se produzca en las próximas semanas, días u horas
. Con ellos, El Príncipe ha conseguido semana tras semana ser trending topic, demostrando que su red social era mayor que la de los terroristas de Akrab
. Afortunadamente, también es menos sanguinaria y bastante más popular: en una televisión cada vez más transmediatizada, en la que el tradicional televisor solo es una pantalla más, El Príncipe ha batido todos los récords de reproducción en internet con más de 13 millones de visionados en streaming (a falta de los datos de ayer).
Mariano, tenemos un problema. Y gordo, además.
Por momentos, parece que, por el hecho de ser musulmanes, los Ben Barek no sean españoles de la muy católica España.
Como no hay mal que por bien no venga, el defecto ha servido para darnos cuenta de lo poco que hemos avanzado en la lucha contra los estereotipos.
Debería servir para reflexionar y mejorar en el conocimiento de nuestras diferencias
. Por lo pronto, la serie ya está atrayendo turismo a un barrio que bien lo necesita, con un 40% de paro y un 71% de familias en la extrema pobreza.
A pesar de ello, no estaría mal corregir estos errores en la segunda temporada, que se antoja todo un éxito.
Y es que, hoy por hoy, oír El Príncipe evoca más una serie de televisión que a un tal Felipe de Borbón.
Pasaba la medianoche cuando un último plano cerraba la primera temporada de El Príncipe: un flashback al primer episodio en el que Fran (José Coronado) le soltaba a Morey (Álex González) una sentencia de ecos polanskianos en Chinatown: “Los de aquí decimos que en El Príncipe todo acaba en agua salada: o sea, en lágrimas o en el fondo del mar”
. Minutos antes, el agujero de bala entre ceja y ceja descerrajado a Abdul marcaba un macabro punto y seguido en la que se ha convertido en la serie del año.
Parecía difícil superar a El tiempo entre costuras, pero con sus 26,3% de share y más de 5 millones de espectadores por capítulo (ayer cerró con un 33,3% y 6,6), El Príncipe lo ha conseguido.
Estos son los amos del barrio y estas son sus credenciales.
Hiba Abouk: la reina mora. Si algún día se pone de moda lo de la clonación, que los primeros sean los señores de Ben Barek, porque hay que ver cómo les han salido las criaturas, oiga: Faruq, Fátima, Nayat y Abdu, casi nada…
Desde el 4 de febrero, cuando se estrenó El Príncipe, al día de hoy (ayer la serie cerró su primera temporada), Hiba ha pasado de ser la actriz/conquista de Hugo Silva a la estrella del momento
. Las revistas del corazón de los lunes (que ya la amaban) y las de los miércoles (siempre más aristrocráticas) le han abierto sus exclusivas de par en par.
Que si mantiene un romance con su compañero de reparto Álex González (algo que ella ha negado) o que si ha pasado por quirófano para retocarse pechos y cadera (calla como una tumba).
Poco ha importado que su personaje esté lleno de inexactitudes: se llama “Fátima”, en cristiano, a pesar de que, siendo musulmana debería llamarse “Fatima”; y por exigencias del guion (esto es, por salir mona) no lleva el velo como debiera, sino que muestra su cabello.
Su representante confirma que Hiba comenzará a rodar en junio la segunda temporada de la serie de Telecinco.
¡Al rico croma! En una ficción profundamente conservadora en el fondo y en la forma, como es la española, El Príncipe ha supuesto una revolución
. Rodada en Madrid, ha correspondido a Stargate Studios la misión de recrear el conflictivo barrio ceutí que da nombre a la serie
. Telecinco no se ha cansado de repetir que la empresa es la misma que trabaja para The Walking Dead o C.S.I. El resultado ha sorprendido al público peninsular… y al local, también: basta darse una vuelta por los foros para encontrarse con ceutíes que no reconocen en ese pinturero amasijo de casitas coloreadas que parecen sacadas de Tintín la realidad de El Príncipe.
Sea como fuere, su éxito debería inducir a las futuras series a asumir más riesgos en la producción.
Rubén Cortada: el árabe mulato. Telecinco se aseguró a dos pesos pesados de la lista de los hombres más deseados de España como protagonistas: Álex González y José Coronado. Sorprendentemente, el que más provecho le ha sacado ha sido el tercero en discordia, Rubén Cortada. Ayer casi se podía oír cómo se cortaba el aliento de millones de espectadores (en especial, espectadoras) cuando su hercúleo cuerpo recibía un disparo
. Falsa alarma, solo fue un rasguño.
Tremendo año el de Cortada, presente en los dos fenómenos de la ficción catódica de la temporada: en El tiempo entre costuras era Ramiro, el marido poco de fiar que arrastraba a Sira Quiroga a Marruecos; en El Príncipe, Faruq ha sido el rey dentro y fuera del barrio.
No se recordaba un fervor así por un actor desde Miguel Ángel Silvestre/El Duque.
Echando redes. Mucho CNI y mucho incógnito, pero Morey no paraba de tuitear y retuitear…
Y es que Telecinco ha hecho todo lo posible por visibilizar su ficción estrella por tierra, mar e Internet.
Hábilmente, han creado perfiles de Twitter (por supuesto, ficticios) de sus personajes, para tuitear e interactuar con los fans.
Un método de promoción barato que se ha demostrado todo un éxito y que parece difícil que no copie cualquier serie que se produzca en las próximas semanas, días u horas
. Con ellos, El Príncipe ha conseguido semana tras semana ser trending topic, demostrando que su red social era mayor que la de los terroristas de Akrab
. Afortunadamente, también es menos sanguinaria y bastante más popular: en una televisión cada vez más transmediatizada, en la que el tradicional televisor solo es una pantalla más, El Príncipe ha batido todos los récords de reproducción en internet con más de 13 millones de visionados en streaming (a falta de los datos de ayer).
Mariano, tenemos un problema. Y gordo, además.
Por momentos, parece que, por el hecho de ser musulmanes, los Ben Barek no sean españoles de la muy católica España.
Como no hay mal que por bien no venga, el defecto ha servido para darnos cuenta de lo poco que hemos avanzado en la lucha contra los estereotipos.
Debería servir para reflexionar y mejorar en el conocimiento de nuestras diferencias
. Por lo pronto, la serie ya está atrayendo turismo a un barrio que bien lo necesita, con un 40% de paro y un 71% de familias en la extrema pobreza.
A pesar de ello, no estaría mal corregir estos errores en la segunda temporada, que se antoja todo un éxito.
Y es que, hoy por hoy, oír El Príncipe evoca más una serie de televisión que a un tal Felipe de Borbón.
¿Alguna vez es un hombre demasiado mayor como para vestir vaqueros?
La respuesta es a la pregunta que titula este artículo es "no".
Pero, obviando el hecho de que doce palabras no pueden considerarse un reportaje, lo cierto es que, como cualquier ley universal, la regla que predica que los vaqueros son una prenda sin edad tiene sus excepciones.
O, como gustan repetir los invitados al polígrafo de Sálvame, admite matizaciones.
Los vaqueros son esa pieza universal que lucen desde el príncipe George de Inglaterra (1 año) hasta sir Ian McKellen (74 años).
Habitantes omnipresentes de cualquier armario, han sido definidos como la prenda más democrática del mundo
. Lo que, desgraciadamente, no significa que sienten igual de bien a todo el que se los enfunde. Encontrar el vaquero perfecto es complicado, aunque se tenga un cuerpo como el de David Beckham. Y según pasan los años, la cosa no se vuelve más fácil
. En ese campo, la experiencia no es un grado. Caer en errores de principiante resulta común incluso entre estrellas y sex symbols.
Aquí va una recopilación de los fallos más recurrentes entre los seniors.
- Más grande no es mejor. Toda la juventud envidiando las patas finas de Joe Ramone y cómo le quedan los pitillos, para llegar a los 70 y empezar a comprarse dos tallas extra con el objetivo mal disimulado de enmascarar las canillas que empiezan a parecernos demasiado flacas
. Muchos hombres creen que a mayor amplitud, mayor comodidad, pero volver a la época infantil, esa en que las madres compraban la ropa una talla más grande en previsión de un inminente crecimiento, no ha lugar.
Ser capaz de quitarse el vaquero sin necesidad de desabrocharlo no es un valor positivo. De verdad.
- Cuando yo era joven. Lo habrá observado incluso en usted mismo.
Cuando muchos hombres toman la decisión de “vestirse un poco modernos” –para un concierto, una noche de copas…– tienden a recurrir casi inconscientemente a la misma estética que era considerada avant garde en su juventud, aunque haya pasado medio siglo desde entonces.
Jefes entrados en la cincuentena que se enfundan la cazadora vaquera y sexagenarios que desempolvan los pantalones ligeramente nevados
. La buena noticia es que si se mantienen fieles a esta corriente –del rockabilly a los ochenta más recalcitrantes– llegará un momento (incluso dos o tres) en el que vuelva a estar de moda.
Atreverse a probar lo nuevo nunca está de más. Tampoco mantenerse fiel a un estilo. La diferencia entre hacerlo intencionadamente y hacerlo porque se desconocen otras opciones es, como el caso del hipster y el judío ortodoxo, cuestión de actitud.
- Tirar la toalla. En esta vida uno nunca puede declararse fuera del mercado y, aunque esté felizmente casado, eso no le da permiso para enterrar todo resquicio de coquetería.
Puede que su estado de forma no sea el mismo que en la treintena y que los Levi’s 501 ya no le sienten como las fotos le recuerdan que una vez lo hicieron, pero hoy hay una oferta infinitamente más grande de tejidos, cortes, altos, largos.
Es una cuestión de prueba y acierto, como el Sudoku.
- Los complementos demodé. A cierta edad, uno se gana el derecho de hacer lo que le dé la gana y, por ende, de vestir como considere
. Pero hay ciertas normas que se aplican en cualquier momento vital.
Los vaqueros con zapatos castellanos no tienen ninguna justificación.
Igual que resulta difícil sostener un uso irónico de las chanclas con calcetines pasados los cincuenta.
Pero, obviando el hecho de que doce palabras no pueden considerarse un reportaje, lo cierto es que, como cualquier ley universal, la regla que predica que los vaqueros son una prenda sin edad tiene sus excepciones.
O, como gustan repetir los invitados al polígrafo de Sálvame, admite matizaciones.
Los vaqueros son esa pieza universal que lucen desde el príncipe George de Inglaterra (1 año) hasta sir Ian McKellen (74 años).
Habitantes omnipresentes de cualquier armario, han sido definidos como la prenda más democrática del mundo
. Lo que, desgraciadamente, no significa que sienten igual de bien a todo el que se los enfunde. Encontrar el vaquero perfecto es complicado, aunque se tenga un cuerpo como el de David Beckham. Y según pasan los años, la cosa no se vuelve más fácil
. En ese campo, la experiencia no es un grado. Caer en errores de principiante resulta común incluso entre estrellas y sex symbols.
Aquí va una recopilación de los fallos más recurrentes entre los seniors.
- Más grande no es mejor. Toda la juventud envidiando las patas finas de Joe Ramone y cómo le quedan los pitillos, para llegar a los 70 y empezar a comprarse dos tallas extra con el objetivo mal disimulado de enmascarar las canillas que empiezan a parecernos demasiado flacas
. Muchos hombres creen que a mayor amplitud, mayor comodidad, pero volver a la época infantil, esa en que las madres compraban la ropa una talla más grande en previsión de un inminente crecimiento, no ha lugar.
Ser capaz de quitarse el vaquero sin necesidad de desabrocharlo no es un valor positivo. De verdad.
- Cuando yo era joven. Lo habrá observado incluso en usted mismo.
Cuando muchos hombres toman la decisión de “vestirse un poco modernos” –para un concierto, una noche de copas…– tienden a recurrir casi inconscientemente a la misma estética que era considerada avant garde en su juventud, aunque haya pasado medio siglo desde entonces.
Jefes entrados en la cincuentena que se enfundan la cazadora vaquera y sexagenarios que desempolvan los pantalones ligeramente nevados
. La buena noticia es que si se mantienen fieles a esta corriente –del rockabilly a los ochenta más recalcitrantes– llegará un momento (incluso dos o tres) en el que vuelva a estar de moda.
Atreverse a probar lo nuevo nunca está de más. Tampoco mantenerse fiel a un estilo. La diferencia entre hacerlo intencionadamente y hacerlo porque se desconocen otras opciones es, como el caso del hipster y el judío ortodoxo, cuestión de actitud.
- Tirar la toalla. En esta vida uno nunca puede declararse fuera del mercado y, aunque esté felizmente casado, eso no le da permiso para enterrar todo resquicio de coquetería.
Puede que su estado de forma no sea el mismo que en la treintena y que los Levi’s 501 ya no le sienten como las fotos le recuerdan que una vez lo hicieron, pero hoy hay una oferta infinitamente más grande de tejidos, cortes, altos, largos.
Es una cuestión de prueba y acierto, como el Sudoku.
- Los complementos demodé. A cierta edad, uno se gana el derecho de hacer lo que le dé la gana y, por ende, de vestir como considere
. Pero hay ciertas normas que se aplican en cualquier momento vital.
Los vaqueros con zapatos castellanos no tienen ninguna justificación.
Igual que resulta difícil sostener un uso irónico de las chanclas con calcetines pasados los cincuenta.
Adolfo Suárez Illana será operado dos veces, la primera el jueves.................................................. Mábel Galaz
Adolfo Suárez Illana. / CORDON
Adolfo Suárez Illana ingresará
mañana jueves 8 de mayo en el Hospital Universitario Fundación Jiménez
Díaz de Madrid para ser operado del cáncer que padece
. Según ha informado el portavoz de la familia y tras las últimas pruebas médicas, el tumor se encuentra localizado en el cuello, cerca de las cervicales.
El tratamiento conlleva dos intervenciones.
La primera será una linfademectomía regional cervical que realizará Jesús García-Foncillas, el médico que le atiende.
Posteriormente, y tras unos días de recuperación, se procederá a la cirugía del tumor primario a través de un abordaje robotizado con el objetivo de realizarle una resección tumoral
. Esta segunda intervención se llevará a cabo en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Madrid.
Al término de cada una de las intervenciones se realizarán los estudios de los ganglios obtenidos y del tumor extirpado para valorar la conveniencia de aplicar un tratamiento complementario posterior con radioterapia y quimioterapia, según ha indicado el portavoz-
Suárez Illana, que este lunes celebró su 50º cumpleaños, comenzó a sentirse mal poco después de la muerte de su padre, ocurrida el pasado 21 de marzo.
Al hacerse un chequeo, los médicos determinaron la existencia de la enfermedad. “Adolfo está sereno. Su fe en Dios le está ayudando a enfrentarse a esta enfermedad. Es impresionante verlo”, ha explicado su portavoz.
La familia Suárez Illana convive con el cáncer desde hace años
. Primero fue Amparo Illana, la matriarca, quien se enfrentó sin éxito a él; murió en mayo de 2001, de un tumor de mama
. Poco después fue a su hija Mariam a quien le tocó pelear con la misma dolencia; falleció en marzo de 2004.
Luego le tocó a las más pequeñas de la familia, Sonsoles y Laura, que se han recuperado.
Suárez Illana está casado con Isabel Flores, hija del ganadero Samuel Flores. La pareja tiene dos hijos: Adolfo y Pablo.
En los últimos años, Suárez Illana ha sido el portavoz de la familia y el representante oficial de su padre en la vida española.
Fue él quien en mayo de 2005 anunció que su padre padecía alzhéimer desde hacía dos años.
Por él se supo que su padre no recordaba que había sido presidente del Gobierno ni reconocía a nadie, pero que respondía “a las muestras de cariño”.
En 2009 recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, que concede el diario EL PAÍS, a la mejor información gráfica por una foto de su padre paseando con el Rey.
La imagen fue captada en el domicilio del expresidente, cuando recibió la visita de don Juan Carlos, que le hizo entrega del Toisón de Oro.
Fue él también el encargado de anunciar el empeoramiento de la salud de su padre.
En 2002 se afilió al Partido Popular y, un año después, se presentó a las elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha, en las que fue derrotado por José Bono
. Después de esa derrota se retiró de la política.
. Según ha informado el portavoz de la familia y tras las últimas pruebas médicas, el tumor se encuentra localizado en el cuello, cerca de las cervicales.
El tratamiento conlleva dos intervenciones.
La primera será una linfademectomía regional cervical que realizará Jesús García-Foncillas, el médico que le atiende.
Posteriormente, y tras unos días de recuperación, se procederá a la cirugía del tumor primario a través de un abordaje robotizado con el objetivo de realizarle una resección tumoral
. Esta segunda intervención se llevará a cabo en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Madrid.
Al término de cada una de las intervenciones se realizarán los estudios de los ganglios obtenidos y del tumor extirpado para valorar la conveniencia de aplicar un tratamiento complementario posterior con radioterapia y quimioterapia, según ha indicado el portavoz-
Suárez Illana, que este lunes celebró su 50º cumpleaños, comenzó a sentirse mal poco después de la muerte de su padre, ocurrida el pasado 21 de marzo.
Al hacerse un chequeo, los médicos determinaron la existencia de la enfermedad. “Adolfo está sereno. Su fe en Dios le está ayudando a enfrentarse a esta enfermedad. Es impresionante verlo”, ha explicado su portavoz.
La familia Suárez Illana convive con el cáncer desde hace años
. Primero fue Amparo Illana, la matriarca, quien se enfrentó sin éxito a él; murió en mayo de 2001, de un tumor de mama
. Poco después fue a su hija Mariam a quien le tocó pelear con la misma dolencia; falleció en marzo de 2004.
Luego le tocó a las más pequeñas de la familia, Sonsoles y Laura, que se han recuperado.
Suárez Illana está casado con Isabel Flores, hija del ganadero Samuel Flores. La pareja tiene dos hijos: Adolfo y Pablo.
En los últimos años, Suárez Illana ha sido el portavoz de la familia y el representante oficial de su padre en la vida española.
Fue él quien en mayo de 2005 anunció que su padre padecía alzhéimer desde hacía dos años.
Por él se supo que su padre no recordaba que había sido presidente del Gobierno ni reconocía a nadie, pero que respondía “a las muestras de cariño”.
En 2009 recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, que concede el diario EL PAÍS, a la mejor información gráfica por una foto de su padre paseando con el Rey.
La imagen fue captada en el domicilio del expresidente, cuando recibió la visita de don Juan Carlos, que le hizo entrega del Toisón de Oro.
Fue él también el encargado de anunciar el empeoramiento de la salud de su padre.
En 2002 se afilió al Partido Popular y, un año después, se presentó a las elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha, en las que fue derrotado por José Bono
. Después de esa derrota se retiró de la política.
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