Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

1 may 2014

Una historia de España (XXIII)

Una historia de España (XXIII)

Llegados a este punto de la cosa, con Carlos V como monarca y emperador más poderoso de su tiempo, calculen ustedes las dimensiones del marrón: el mundo dominado por España, cuyo manejo recaía en la habilidad del gobernante, en el oro y la plata que empezaban a llegar de América y en la impresionante máquina militar puesta en pie por ocho siglos de experiencia bélica contra el moro, las guerras contra piratas berberiscos y turcos y las guerras de Italia.
 Todo eso, más la chulería natural de los españoles que se pavoneaban pisando callos sin pedir perdón, suscitaba mal rollo incluso entre los aliados y parientes del emperador; con el resultado de que los enemigos de España se multiplicaban como tertulianos de radio y televisión. Vino entonces a éstos -a los enemigos, no a los tertulianos-, como caído del cielo, un monje alemán llamado Lutero que había leído mucho a Erasmo de Rotterdam -el intelectual más influyente del siglo XVI- y que empezó a dar por saco publicando 95 tesis que ponían a parir las golferías y venalidades de la Iglesia católica presidida por el papa de Roma.
 La cosa prendió, el tal Lutero no se echó atrás aunque se jugaba el pescuezo, se montó el pifostio que hoy conocemos como Reforma protestante, y un montón de príncipes y gobernantes alemanes, a los que les iban bien ahí arriba los negocios y el comercio, vieron en el asunto luterano una manera estupenda de sacudirse la obediencia a Roma, y sobre todo al emperador Carlos, que a su juicio mandaba demasiado.
 De paso, además, al crear iglesias nacionales se forraban incautándose de los bienes de la iglesia católica, que no eran granito de anís. 
Entonces formaron lo que se llamó Liga de Esmalcalda, que lió una pajarraca bélico-revolucionaria de aquí te espero; que al principio ganó Carlos cuando la batalla de Mühlberg, pero luego se le fue complicando, de manera que en otra batalla, la de Insbruck -que ahora es una estación de esquí cojonuda-, tuvo que salir por pies cuando lo traicionó su hasta entonces compadre Mauricio de Sajonia. 
Y claro. Al fin, cuarenta agotadores años de guerras contra el protestante y el turco, de sobresaltos y traiciones, de mantener en equilibrio una docena de platillos chinos diferentes, minaron la voluntad del emperador -era demasiado peso, como dijo Porthos en la gruta de Locmaría-
. Así que, cediendo el trono de Alemania a su hermano Fernando, y España, Nápoles, los Países Bajos y las posesiones americanas a su hijo Felipe, el fulano más valeroso e interesante que ocupó un trono español se retiraba a bailar los pajaritos a su Benidorm particular, el monasterio extremeño de Yuste, donde murió un par de años después, en 1558. 
La pega es que nos dejaba metidos en un empeño cuyas consecuencias, a la larga, resultarían gravísimas para España; hasta el punto de que todavía hoy, en el siglo XXI, pagamos las consecuencias.
 Primero, porque nos distrajo de los asuntos nacionales cuando los reinos hispánicos no habían logrado aún el encaje perfecto del Estado moderno que se veía venir.
 Por otra parte, las obligaciones imperiales nos metieron en jardines europeos que poco nos importaban, y por ellos quemamos las riquezas americanas, nos endeudamos con los banqueros de toda Europa y malgastamos las fuerzas en batallas lejanas que se llevaron mucha juventud, mucho tesón y mucho talento que habría ido bien aplicar a otras cosas, y que al cabo nos desangraron como a gorrinos.
 Pero lo más grave fue que la reacción contra el protestantismo, la Contrarreforma impulsada a partir de entonces por el concilio de Trento, aplastó al movimiento erasmista español: a los mejores intelectuales -como los hermanos Valdés, o Luis Vives-, en buena parte eclesiásticos que podríamos llamar progresistas, que fueron abrumados por el sector menos humanista y más reaccionario de la Iglesia triunfante, con la Inquisición como herramienta. 
Con el resultado de que en Trento los españoles metimos la pata hasta el corvejón.
 O, mejor dicho, nos equivocamos de Dios: en vez de uno progresista, con visión de futuro, que bendijese la prosperidad, la cultura, el trabajo y el comercio -cosa que hicieron los países del norte, y ahí los tienen hoy-, los españoles optamos por otro Dios con olor a sacristía, fanático, oscuro y reaccionario, al que, en ciertos aspectos, sufrimos todavía.
 El que, imponiendo sumisión desde púlpitos y confesionarios, nos hundió en el atraso, la barbarie y la pereza. El que para los cuatro siglos siguientes concedió pretextos y agua bendita a quienes, a menudo bajo palio, machacaron la inteligencia, cebaron los patíbulos, llenaron de tumbas las cunetas y cementerios, e hicieron imposible la libertad. 
Continuará

El dolor en la cara de un niño

Una guía explica cómo padres y sanitarios pueden identificar el sufrimiento de los menores que padecen cáncer.

 

"Nadie está preparado para que te digan que tu niña de cuatro años tiene un cáncer y se puede morir", explica Sandra del Valle, que acompañó a su hija (ahora con ocho años) durante los 18 meses en los que padeció leucemia
. En cada paso del tratamiento clínico en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid siempre se preguntó: ¿qué hacer si tiene náuseas?, ¿y si le salen manchas?, ¿y si la niña se queja al llegar a casa?, ¿cómo reaccionar ante el dolor y cómo calmarlo?, ¿cómo explicarle su enfermedad? o ¿cuándo decirle lo que va a sentir su cuerpo después de la medicación?
Ante estos retos, a veces derivados de la falta de una comunicación eficaz entre padres y profesionales médicos, la Fundación Cris optó por la financiación de la primera Guía de práctica clínica para el manejo del dolor en niños con cáncer.
¿Cuál es el dolor de un niño con cáncer como consecuencia directa de la efermedad o como efecto secundario de los tratamientos?
El libro ha sido elaborado por la Unidad de Investigación en Cuidados de Salud del Instituto de Salud Carlos III (Investén-iscii).
 En el trabajo han participado enfermeras, psicólogas, especialistas en oncología, padres y jóvenes que han superado esta enfermedad
. En España, según datos de la Fundación, cada año se diagnostican 1.400 niños con cáncer, de los cuales fallecen 280.
Las preguntas a las que este material intenta dar respuesta son: ¿cuál es el dolor de un niño con cáncer como consecuencia directa de la enfermedad o como efecto secundario de los tratamientos? y ¿cómo aliviarlo?
 De acuerdo con la definición internacionalmente aceptada, que explica al dolor como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión real o potencial”, la Guía pone de manifiesto que cada paciente lo siente de forma diferente, en función no solo de la edad, sino de diversos factores.
“El mejor reflejo del dolor, para quien no puede expresarlo verbalmente o no tiene suficiente vocabulario para explicarlo con detalle, es todo el cuerpo, la cara, la postura del cuerpo, la posición de las piernas, etcétera, y estos elementos son esenciales cuando se ha de valorar lo que podría estar sufriendo otra persona
. La escala de 'las caras' es muy útil para que los niños, sobre todo los más pequeños, puedan explicar su dolor cuando les falta vocabulario para matizarlo”, precisa la enfermera de Investén-isciii y responsable de la elaboración de la guía, Esther González María.
Eva Ruiz, de 22 años, sobrevivió a un cáncer llamado linfoma de Hodgkin que padeció cuando tenía 13. Las preguntas que una vez se hizo en los meses que estuvo en el hospital han servido como material científico para el desarrollo de la guía.
 "Si los enfermeros tuviesen en cuenta este tipo de cosas, creo que realmente se habría intentado mitigar en gran parte ese dolor que sentí", explica Ruiz, que ha contado entre líneas lo más doloroso de su tratamiento y lo que consideran que debe cambiar o mejorar en la medida de lo posible
. Esta joven, que tuvo que dejar el instituto para asistir al tratamiento médico, ha resaltado además la importancia del manejo y medición del dolor con la ayuda de psicólogos.
Si la madre siempre se convierte en el espejo de su hijo
Según Pilar Herreros López, portavoz del Hospital Infantil Universitario Niño de Jesús, informar al paciente acerca de cada paso de su medicación ayuda a mejorar su calidad de vida
. Este libro, enfatiza Herreros, ayudará a los padres a sobrellevar las diferentes etapas por las que pasa el menor durante su enfermedad.
 "Si la madre está más nerviosa que el niño, va a ser peor porque ella siempre se convierte en el espejo de su hijo. Si ella está insegura el menor también".
"Hemos invertido 55.000 euros en hacer esta guía porque no se había hecho ninguna investigación similar y tan completa en España sobre el dolor en niños con cáncer
. Creíamos que era necesario conocer a fondo este campo para poder dar mayor calidad de vida a los pequeños
. Proporcionar orientación y respuestas científicas a padres y cuidadores que se enfrentan cada día al dolor que padecen sus hijos y sus pacientes", asegura Marta Cardona, directora de la Fundación Cris.

“El cine me provoca tanto amor como odio”................................................ Gregorio Belinchón

Emmanuelle Béart presenta en España 'Los ojos amarillos de los cocodrilos' y reflexiona sobre su carrera y la crisis actual.

La actriz francesa Emmanuelle Béart, ayer en Madrid / álvaro garcía

Emmanuelle Béart enciende un cigarrillo que ha gorroneado en la mesa de al lado. ¿Hay pecadillos imposibles de abandonar? “He dejado de fumar”
. Da una calada. “Totalmente”. Da otra calada. Echa a reír.
 Durante la entrevista, Béart (Saint-Tropez, 1963), durante años culmen de la actriz francesa, se pasará a un cigarrillo de vapor y a un paquete de Mentos.
 Los caramelos son más vulgares, el cigarro le da la posibilidad del jugueteo, de usarlo para remarcar sus frases, incluso se parapeta detrás de él cuando confiesa que una pregunta le incomoda y desde allí contraataca con mohines pecosos.
Más bella que en sus anteriores pasos por España —¿gracias a una tranquilidad vital, a un mejor cirujano?—, Béart presenta Los ojos amarillos de los cocodrilos, basada en un best seller, la primera película que defiende con fruición tras cuatro años en el teatro, y que en España se estrena el 9 de mayo
. En una curiosa variación del refrán “La suerte de la fea la guapa la desea”, encarna a una hermana sobreprotegida y ensalzada por su familia, hasta el punto de apropiarse de una novela de la otra hermana —la cara b, abandonada por su marido, ninguneada por su madre— que de repente la convierte en una escritora de éxito.
“Todo se estructura desde la infancia.
 Ambas tienen construida su identidad con respecto a la personalidad que les atribuyeron en su niñez, cuando les dijeron que una lo tenía todo, como prolongación de los sueños y de las frustraciones de la madre, y la otra sufrió abandono: para estar a la altura se cultivó intelectualmente.
 En el momento en que arranca la película ni una ni otra se atreven a imaginar que romperán ese paradigma”
. ¿Le dio por recordar la buena suerte que tuvo con su progenitor, el poeta y cantante Guy Béart, o charlar con su compañera de reparto, Julie Depardieu, hija del inmenso Gérard, sobre padres y padres?
Béart se escuda: cuando lee un guion solo piensa “en la historia, en su mejor desarrollo”, le atraen las familias.
“Todos interpretamos un papel en esa obra de teatro entre burlesca y dramática, somos rehenes de esos lazos”.
Ya, pero ¿y sus padres? “Sé que estoy esquivando tu pregunta [risas]. Bueno, en el caso de Julie hay demasiadas cosas entremezcladas, así que ella y yo solo hablamos de sus gallinas y de nuestros hijos. Aunque es cierto que nuestra vida entra en los personajes, un buen actor debe usar su herramienta más poderosa, la imaginación, para abstraerse de los problemas diarios”.
Yo prefiero considerarme europea antes que francesa”
Hay un momento en que la seudoescritora se lanza a la promoción furibunda de su novela —“Se sumerge en las apariencias”—, algo que Béart conoce bien:
“La diferencia es que ella ha perdido su brújula, su lógica, ni siquiera recuerda que no ha escrito el libro y que todo se fundamenta en una mentira.
 En mi caso estoy aquí hablando de mi trabajo.
 Mi personaje es perturbador y fascinante en la misma medida”. ¿Como otros en su carrera? “Reconozco que en ese justo equilibrio ha habido pocos, ha sido uno de los más difíciles de domesticar.
 He hecho personajes conflictivos, que tocaban tabúes, con reacciones del público violentas, pero a los que yo amaba y luego podía defender. Ahora, como este…”.

Vida y películas

Cuando era adolescente, Emmanuelle Béart estudió en Montreal, donde estuvo a punto de trabajar con Robert Altman.
Tras un trabajo televisivo, el director David Hamilton la contrata para Primeros deseos (1984). Al año siguiente trabaja con quien será su marido, Daniel Auteuil, en L’amour en douce, y se hace famosísima en 1986 con La venganza de Manon.
 Con ella gana su único César.
Ha sido seis veces más candidata al César: con sus dos primeros trabajos ya mencionados y con Les enfants du désordre, La bella mentirosa, Nelly y el señor Arnaud y con Les destinées sentimentales.
La actriz es embajadora de Unicef y durante años ha estado involucrada en movimientos sociales. Hoy, la crisis ha arrasado con muchas iniciativas, en Francia es el Gobierno socialista el que realiza los recortes —aunque 41 de sus diputados se abstuvieron el lunes en la sesión de aprobación de las medidas—, en Europa parece acabarse la solidaridad.
 “No somos el único país en una situación delicada, ¿verdad? [risas] Esta Europa que tenía que ser de paz deviene hoy en una Europa estigmatizadora.
 Nadie ha plantado raíces por la unión. Cuesta levantar la voz como europeo en un mundo en que cambian los equilibrios constantemente.
Yo prefiero considerarme europea antes que francesa. Pero entiendo la falta de confianza general en el proyecto continental.
 Vivimos un marasmo en el que la gente se hunde y que lleva al crecimiento de los extremos: eso es lo aterrador, porque el Frente Nacional encabeza todas las encuestas.
 Este Gobierno socialista con el que personalmente he soñado mucho…
 Quiero creer que las cosas pueden mejorar porque si no toda mi vida de ciudadana comprometida se hundiría.
 Estoy en estado de desequilibrio, todo el sistema está fallando: salud, educación…
Mis raíces son múltiples: mi madre era grecoitaliana, mi padre rusoespañol, mi corazón es latino y mi alma eslava. Uf, vivimos momentos angustiosos.
 ¿Qué valores voy a transmitir a mis tres hijos?”.
Lucho por el cine de autor, que está en peligro de muerte”
Los grandes auteurs se han pegado por trabajar con Béart, que incluso se permitió coqueteos hollywoodienses como Misión: Imposible (“No me interesa ese mundo, en realidad ya ni me atraía durante aquel rodaje”).
 Sus cuatro últimos años en los escenarios le han servido para alejarse de la “mcdonaldlización actual del cine”
. "Además se amputan los presupuestos de cultura. Mi biberón fue la nouvelle vague, me alimento con Téchiné, Assayas, Chabrol, Rivette, Sautet… Lucho por ese cine de autor, que está en peligro de muerte. He tenido que irme al teatro para encontrar un espacio de ética intelectual, de fuertes valores. Me ha venido muy bien”. Siente que está en su terreno.
“El cine me provoca tanto amor —no consigo dejarlo— como odio —siempre quiero huir—. Su corazón me atrae, su envoltorio me repele.
 En el teatro no hay estrellas, estamos todos para lo mismo, al servicio de la obra”. ¿Incluidos los sueldos, son iguales para todos?
 En Francia se montó una escandalera cuando Vincent Maraval, importante productor y distribuidor francés, acusó a sus estrellas patrias “ganar demasiado”.
 “Pues es cierto. Antes vivías desconociendo el presupuesto, eso se acabó
. Es parte de nuestra responsabilidad, si queremos continuar con este oficio, disciplinarnos e introducirnos en la economía cinematográfica.
 Maraval usó palabras duras, pero tenía algo de razón.
 No me gustó que señalara solo a algunos”.
Antes de irse, Emmanuelle Béart confirma que de pequeña quería ser majorette —“En concreto majorette en Australia, cosas de la imaginación infantil supongo; aún manejo bien el bastón”— y que en algún momento dirigirá:
 “Escribo, y sé que antes o después dirigiré.
 Pero es que he trabajado con directores de enorme huella personal.
 Da miedo ponerse en su lugar. Pero tengo bocetos, textos…
 Tiene que ser obligatoriamente la próxima etapa. Actriz ya no me basta”.

 

"De mayor quiero ser Concha Velasco"

Paco León se despide del Luisma que le dio tanta fama, estrena una 'Carmina' madura, se prepara para los 40 y jura que no es Evita Perón, todo a la vez.

 

Camiseta y pantalón Salvatore Ferragamo y botas Levi’s. / Pablo Estévez & Javier Belloso

En unas semanas se emitirá el último capítulo de Aída, y por primera vez en diez años, Paco León dejará de interpretar al personaje que le ha hecho uno de los actores españoles más conocidos de la década.
 Justo cuando se estrena Carmina y amén, la segunda película que este sevillano ha dirigido y que es, a la vez, segunda entrada en la saga de falsos documentales protagonizados por su madre: esta vez, el hasta ahora cómico muestra no solo una inédita elegancia al rodar escenas íntimas, sino también una faceta más oscura, más ambiciosa, más madura y muchas otras cosas que uno nunca asociaría al Paco León que conocemos.
 Y por si todo esto no fuera suficiente cambio para este hombre cuya mirada todavía podría hacerle competencia directa a una central eléctrica, dentro de poco también cambiará de década y se adentrará en los 40
. Lo que se encuentre en ellos es algo, por primera vez desde que era veinteañero y empezó una de las carreras más incontestables del entretenimiento español, impredecible.
Del uno al 10, ¿cuántas ganas tiene de que acabe Aída?
Diez. La serie ha emitido 230 capítulos y ha logrado toda la audiencia que podía. Ha sido maravilloso.
 El final, como es parte del todo, también es maravilloso.
¿Por la calle le llaman Paco o Luisma?
Depende del nivel cultural de la gente.
La gente que le llama Luisma es más…
Solo ve televisión.
El actor viste camiseta de punto Adolfo Domínguez / Pablo Estévez & Javier Belloso
Años atrás, si no le reconocían por la calle era porque se había hecho increíblemente popular travestido como Raquel Revuelta, en la imitación que le hacía en Homo Zapping
Ya son dos personajes icónicos en una década.
Da miedo, ¿no? Son como Frankenstein. Hay que tener cuidado de que no te coman.
¿Se ha parado a pensar que con tanta presencia mediática y con tantos personajes reconocibles, a lo mejor está creando una marca Paco León?
Ojalá. Después de diez años de serie, que se conociera a Paco León no solo como actor sino como una manera de hacer las cosas… sería maravilloso.
Entonces, ¿existe esa manera Paco León de hacer las cosas?
Es... buen rollo
. Un optimismo que tengo yo en en mi carácter. Un ver la botella medio llena, una ilusión, que yo creo que se comunica, ya sea en el lanzamiento de Carmina y revienta, en Raquel Revuelta o cuando el Luisma se encuentra una mierda por la calle y se entusiasma.
 Todo es muy positivo, lo cual engancha y creo que es lo que gusta de Paco León.
¿Y no le da miedo a encasillarse en su propia imagen?
No. Soy el primero que se aburre conmigo y por eso intento cambiar de aires
. Pasar del cine a la televisión, a la dirección, a la danza. Y bueno, los éxitos te llevan a sitios.
¿A sitios?
Mira, yo podría seguir haciendo de Raquel Revuelta aún ahora que han pasado diez años. En todas las galas, todos los pregones, todas las salas, colaborando en programas de tarde… Pero como los éxitos te llevan de un sitio a otro, acabé en Luisma, en The Hole [la obra de teatro-barra-cabaret moderno que León dirigió y protagonizó durante un mes en el teatro de La Latina y que este mes de junio finaliza su segunda y exitosa temporada, ya sin el actor al frente] y en Carmina.
Hacer otra Carmina, ¿era un imperativo del éxito comercial?
Esta película es una excusa para profundizar e investigar un poco más en lo que había encontrado en la primera: el lenguaje, el formato, los límites del texto y la improvisación, la mezcla de actores profesionales y no profesionales.
 Me niego a pensar que solo gente de la calle podía hacer personajes auténticos.
Hablando de autenticidad, en la película hay un loro que se llama Bárcenas y otros muchos guiños a los titulares.
Camiseta Antony Morato, pantalón Pepe Jeans y botas Timberland / Pablo Estévez & Javier Belloso
Es aposta
. La intención puede ser sutil pero quería hacer un retrato humano y coyuntural del ahora
. Sacar una instantánea del presente, que se vea cómo nuestra realidad afecta a la calle.
¿Esa realidad la puede describir?
Mejor que en la película, no.
Es que eso como titular no me da.
[Piensa] Creo que las personas están por encima de las circunstancias actuales.
¿De la economía y la corrupción?
La gente sigue follando, teniendo hijos, queriéndose, haciendo las cosas importantes haya o no haya guerras, bonanza económica, crisis… La felicidad es cosa de cada uno, no de quienes gobiernan.
De esa complicidad suya con la calle, esa forma de ver a la gente por encima de las instituciones que es algo muy suyo, se habló mucho cuando estrenó Carmina y revienta con aquel modelo de distribución tan poco habitual.
 Se estrenó simultáneamente en cine, DVD e Internet, a precios tirados.
Eso tiene lecturas erróneas. Aquel estreno no fue antisistema.
 No era estar de parte del público. No soy la Evita Perón de la distribución del cine.
 Era estar de parte de la película y de la industria.
 Me llamaron integrista pero no era un mensaje mesiánico de “Así se deben hacer las cosas” y “Todo para el pueblo”.
 Era un experimento empresarial y me hubiera gustado que lo hubieran seguido más cines
. No 20 salas, que fueron las que proyectaron la cinta, sino 200.
Ahora no lo repite.
Esta película es mucho más cara.
 La otra se hizo con menos de 100.000 euros y el rodaje de esta ha salido por 650.000. He pagado a todo el mundo.
¿Ha pagado a su madre?
A mi madre, también.
 Está muy bien hacer películas con lo que se tiene, y la gente debería animarse a hacerlas, pero una industria no se puede basar en gente que pide favores.
 Lo que te decía es que cada película debe tener su modelo de distribución.
 En el caso de Carmina y amén, por ejemplo, haciendo lo del estreno gratis hay cines que están que trinan.
¿Se sintió castigado por la industria por haber hecho tanto ruido con la promoción de la primera Carmina?
Si no dejé ‘Aída’ es porque Concha Velasco me enseñó a no quejarme del éxito
Para nada. Aplaudido, si acaso.
¿Ni cuando no le dieron el Goya a mejor director revelación?
El Goya no me lo dieron porque no… [Elude acabar la frase: tras dejar ese “no” colgando en el aire con ademán de incomodidad, atiende a un grupo que le pide que pose con ellos.]
¿Cuánta paciencia le consumen estas cosas?
Lo llevo bien dentro de lo que es. [Cambia el tono] Tengo mis días. Y hay gente simpática y educada. Pero hay gente…
¿Que no lo es tanto?
Un día estaba en el hospital...
 Precisamente me había dado un ataque de ansiedad. Para tratarlo vinieron las enfermeras a pedirme autógrafos
. Y yo ahí, firmándolos, que se me clavaba la aguja de la vía. También me ha pasado en un funeral. La gente parece que te ve como un servicio público.
De lo privado usted cuenta más bien poco.
Por eso me presto a las fotos.
 Hay que ser muy generoso en un sentido para ser muy rácano en otro
. Además, intento salvaguardar mi vida personal. Por motivos profesionales: un actor tiene que ser lo que haga falta.
 El misterio viene bien.
Carmen Machi dejó de interpretar a Aída. ¿Cuántas veces estuvo tentado de hacer lo mismo?
Muchas.
Pero siempre recuerdo el consejo de doña Concha Velasco, la gran doña Concha Velasco.
 Estábamos en una edición del Festival de Málaga, metidos en un coche oficial mientras todas las niñas me aclamaban a mí y a ella ni la miraban.
 Yo estaba abochornado. Aquella situación me parecía hasta violenta
. Ella me dijo: “Ay, nene, si yo he hecho festivales donde me han aplaudido, donde me han escupido, donde me han tirado chaquetas al suelo para que pase por encima… Esto es la tele”
. Y me explicó que nunca dejara la serie. “¿Tú sabes lo difícil que es dar con un personaje que conecte con el público, que te lo pases bien trabajando, que te paguen muchísimo?
 Esto pasa una vez en tu carrera. Si ocurre, aprovéchalo y no me seas quejica del éxito”.
 Qué gran frase, ¿eh? Yo quiero llegar así a esa edad.
 Con ese brillo en los ojos y esas piernas. Yo de mayor quiero ser Concha Velasco.
Paco viste camiseta Jockey, cinturón Levi’s y pantalón Boss Orange / Pablo Estévez & Javier Belloso
Si vuelve a dirigir, ¿será en el estilo de falso documental que parece improvisado, el de las Carminas?
Lo que me movió a las Carminas fue la historia, no el estilo.
 Aunque me ha gustado dirigir otras cosas, como un corto para una marca de cerveza.
Por cierto, acaba de alcanzar los dos millones de visionados en YouTube, que son mogollón para ver un corto de 12 minutos, que eso no lo ve ni Dios.
Y tiene ese mismo estilo, ese punto improvisado, ese algo tan auténtico.
¿Eso es que sí?
Sí.
No tiene ningún proyecto como director en el futuro inmediato.
No me quiero volver loco, como si de repente… [Recrea una marquesina con las manos y enuncia como si estuviera en la radio] “Ha nacido un director”. Yo me siento un cómico que seguirá siendo cómico
. Que puede dirigir, bailar, cantar o desnudarse.
 Pero un cómico.