Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

28 abr 2014

J. M. Coetzee y Paul Auster muestran sus cartas en Buenos Aires

El Nobel sudafricano y el narrador estadounidense leen parte de su intercambio epistolar en el acto central de la Feria Internacional del Libro.

J. M. Coetzee (izquierda) y Paul Auster, durante el diálogo que mantuvieron en la Feria del Libro de Buenos Aires. / Cortesía FEL Buenos Aires/Oscar A. Verdecchia

¿De qué hablan dos escritores cuando nadie los mira? ¿Qué cuentan cuando no trabajan en sus libros? ¿Cómo forjan una amistad hasta el hueso, viviendo en dos ciudades tan distantes como Nueva York y Adelaida?
 Algunas pistas sobre estas cuestiones deslizaron el Nobel surafricano J.M. Coetzee y el narrador estadounidense Paul Auster, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, el domingo por la noche, ante más de mil espectadores devotos que empezaron a hacer fila seis horas antes de la cita. ¿La ocasión?
 Su presentación en el acto central de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que festeja por todo lo alto sus primeros 40 años.
Publicitado como un diálogo, el encuentro fue en realidad una lectura compartida de una exquisita selección de las cartas que ambos autores cruzaron entre 2008 y 2011, publicadas en Aquí y ahora (Anagrama & Mondadori).
 Y comprobó que conversan por escrito sobre preocupaciones tan variopintas como fieles a sus obsesiones literarias.
El azar, uno de los grandes temas de Auster, esa “mecánica de la realidad” que educa en la idea de que cualquier cosa puede suceder en cualquier momento (motor de El cuaderno rojo, su libro de relatos reales), abrió la noche.
“¿Cuántas posibilidades había, me pregunté, de conocer a alguien en un festival francés de cine, y luego, solo unos días después, encontrarme otra vez con él en una feria del libro de Chicago?”, reflexionó el autor de La trilogía de Nueva York, al leer una carta de diciembre de 2008.
 El asombro se multiplicaría cuando a esos encuentros con Charlton Heston –actor “rígido, poco convincente y presuntuoso”, de ideas políticas “abominables” –, siguió el tercero de la semana, en un hotel de Manhattan. “¿Cómo debo interpretar esto, John? ¿Te pasan a ti estas cosas, o es solo a mí?”
No, a Coetzee no le pasan cosas así
. Cuando su amigo Paul le escribe sobre deportes –béisbol, fútbol– y exalta “los placeres de la competición”, él piensa en el ajedrez, es decir, más que en el esfuerzo físico en el intelectual.
 Así lo contó esa noche, mientras afuera sus palabras eran seguidas en pantalla gigante –sentados sobre el pasto, botellines de agua en mano y en perfecto silencio–, por quienes no lograron uno de los 950 asientos de la sala Jorge Luis Borges.

La última afiebrada partida de ajedrez que jugó, encorvado hasta el amanecer a bordo del barco que lo llevaba por primera vez a los EE. UU., alejó a Coetzee de esa práctica, y lo convenció de que competir supone “un estado de posesión en el que la mente se ofusca”
. Hoy abraza “una visión ideal” en la que “uno se reprime de infligir la derrota a un oponente porque la derrota es algo vergonzoso” y humillante, imponerla.
Milimétricamente atildado, profesor de literatura, abstemio, vegetariano, tímido profesional, ganador de varios premios Booker y del Nobel en 2003, autor de doce novelas, entre ellas las memorables Vida y obra de Michel K y Desgracia,
  Coetzee es un académico a la vieja usanza, que eligió Australia para vivir en 2002.
 Auster, en cambio, “tiene calle”, como se dice aquí
. Luce sus excesos: el tabaco fumado, el alcohol disfrutado y la leyenda de haber sido marino en un barco petrolero y poeta hambreado en París, sobreviviendo de traducciones, allá por los 70.
 Leído en más de 40 idiomas, conoce el periodismo, ha trabajado para cine y filmado él mismo. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) rara vez concede entrevistas y casi siempre por escrito
. Auster (New Jersey, 1947) las da, aunque luego, confiesa, no recuerda lo que dice en ellas.
Coetzee prefiere hablar en sus libros y quedar al margen de las interpretaciones de la crítica sobre los temas recurrentes de sus novelas y ensayos, cuestionadores del apartheid durante la vigencia del régimen, y en los cuales no se edulcora la violencia, el bien y el mal nunca se encuentran en estado puro y la memoria, el deseo, la vejez y los secretos del oficio de narrar se desmenuzan con una prosa tan incisiva como elegante.
Ese contrapunto funciona y las cartas que eligieron releer el domingo lo despliegan.
 Así, si para Coetzee una palabra como “mandrágora”, gracias a la poesía y a Keats, “evoca éxtasis y muerte”, la Calle 55 connota “anonimato”.
 Para Auster, en cambio, la sola mención de esa calle neoyorquina desata una catarata de imágenes placenteras: desde un encuentro erótico juvenil en el hotel St. Regis hasta un almuerzo con la actriz Vanesa Redgrave, que interpretaría un papel en su película Lulu on the Bridge.
 “Cada calle, cada casa, cada habitación tiene una vívida existencia real en mi cabeza”, contó Auster. Incluso, cuando lee: “Tiendo a poner los personajes en lugares que conozco personalmente.”
 Coetzee es menos detallista:
“No tengo mucha idea de cómo es ninguno de los personajes adultos de mis novelas, por ejemplo, de qué clase de infancia tuvieron, igual que no tengo ni la menor idea de lo que les va a pasar después de que termine el libro.”
Favorito de muchos lectores argentinos, Coetzee brindará mañana una conferencia para acompañar la salida de El ayudante, de Robert Walser, uno de los once títulos de su Biblioteca Personal, editados exclusivamente en el país por el sello El hilo de Ariadna, con prólogos suyos
. Pero eso será esta tarde, a las 19. Aún resuenan en el aire sus últimas palabras del domingo, que son también las dos emocionantes líneas que cierran el libro de cartas
: “El mundo sigue enviándonos sorpresas
. Y nosotros seguimos aprendiendo. Fraternalmente, John.”

 

La reivindicación de Dora Maar, no obstante Picasso..................................... Milena Fernández

El Palacio Fortuny de Venecia reúne 90 fotografías de una mujer inteligente y culta, cuya carrera como fotógrafa fue eclipsada por la figura de su amante.

Man Ray. Retrato de Dora Maar, 1936.

¿Habríamos conocido el talento y el ojo sensible fotográfico de Dora Maar, si no hubiese sido amante y musa de Pablo Picasso?
 Con el pasar del tiempo, seguramente la crítica habría valorado las imágenes del París callejero y paupérrimo, las carniceras regordetas y simpáticas del mercado de la Boquería en Barcelona, las imágenes publicitarias sensuales, los fotomontajes surrealistas y el reportaje del proceso de creación de El Guernica.
 En el imaginario colectivo la figura de Maar destaca por haber compartido secretos de cama con el gran pintor malagueño y porque, para muchos, los celos la volvieron loca.
 Sin embargo, la exposición Dora Maar, no obstante Picasso ­­—abierta hasta el 14 de julio en el Palacio Fortuny— reivindica el talento de una mujer de carácter fuerte, inteligente y culta, cuya carrera como fotógrafa profesional se vio eclipsada por la figura de su amante.
Henriette Theodora Markovitch (París, 1907-1997) era guapísima y una gran seductora: ojos verdes y mirada lista para embestir a cualquiera.
 En 1936 Dora conquistó a Picasso “jugando con un extraño pasatiempo. Consistía en meter un cuchillo en la mesa, en el espacio entre los dedos y cuando se equivocaba, una gota de sangre salía de la mano”, narra Combalia.
Para entonces, Picasso estaba tramitando el divorcio de la bailarina Olga Koklova y la amante de turno era Marie-Thérése Walter.
 Por su parte, dos años antes del fatal encuentro con Picasso, Dora había contraído matrimonio con André Breton
. Una vez dentro la historia turbulenta de amor con Picasso, Dora se convirtió en la víctima de un cliché: en la vida cotidiana y en cada cuadro en el que fue retratada su existencia transcurrió según la visión del pintor.
 “En los primeros retratos Picasso la representó bella, melancólica y distante, para luego mostrarla como una persona que sufría, atormentada y hasta desequilibrada
. Para Picasso era La mujer que llora, título del famoso óleo de 1937”, explica a EL PAÍS la comisaria, Victoria Combalia, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona y autora de la biografía de Dora Maar (Editorial Circe, 2012).
Combalia lleva 20 años estudiando la vida misteriosa y fascinante de Maar.
Para armar la muestra, que reúne 90 imágenes y es la primera dedicada en Italia al trabajo fotográfico de Maar, la comisaria estudió 2.500 documentos, entre cartas y negativos, muchos de los cuales la autora conservaba en cajas de cartón debajo de su cama hasta el último día de su existencia.
 Y como si esto no bastase, conversó muchas horas por teléfono con la fotógrafa. “Hablamos siete veces y eran conversaciones largas que se extendían hasta dos horas
. Hicimos las entrevistas por teléfono porque se sentía vieja y enferma, no quería ver a nadie.
 Creo que lo decía por coquetería porque había cumplido 88 años y quería que la recordaran como la mujer guapísima que conquistó a Picasso”.
Dora Maar, 'Assia', 1934
El contenedor de esta ambiciosa exposición —con piezas provenientes del Museo Nacional de Arte Reina Sofía, el Museo Nacional Picasso de París, el Centro Pompidou, la Galería Nacional de Arte Moderna y Contemporánea de Roma y los herederos de Dora Maar, entre otros— es el Palacio Fortuny, construido en el siglo XIII por una poderosa y culta familia de mercaderes.
 La que fuera la casa y laboratorio de Mariano Fortuny es un espacio lleno de luz y tal vez uno de los museos con más encanto en Venecia
. En el gran salón principal del primer piso se exponen imágenes surrealistas de Maar, entre las cuales destacan dos fotocollages inéditos de 1936: Ciegos en Versalles y Villa en venta
. En el primero aparecen todos los no videntes fotografiados por Maar, entre ellos, la orquesta de ciegos de Barcelona, un niño adormentado y un ciego que canta, según la comisaria, un claro ejemplo del humor surrealista de Maar
. En el segundo, un fotomontaje de una mujer desnuda delante de una casa abandonada
. En otra sala, una serie de fotografías que develan la sensibilidad social y la militancia política de Maar, miembro del movimiento anticapitalista, creado en 1935 por su ex marido André Breton y Georges Bataille.
Hay imágenes que retratan la crisis de los años treinta del siglo pasado: un hombre elegante en una calle de Londres, con un cartel en la mano en el cual se lee, “no quiero limosna, solo trabajar”.
El recorrido continúa con una serie de fotografías callejeras en la París (1933). En este capítulo Maar demuestra una piedad especial para captar mendigos, niños vestidos con andrajos, madres con hijos en brazos, vagabundos y mendigos.
 El espectador capta súbito su modo personal de acercarse con mucho respeto a la dignidad de los protagonistas, como en la foto Dos niños delante de una roulote, inmortalados entre barracas de la periferia parisiense.
 Se exhiben además muchos de sus trabajos para revistas de moda y publicaciones eróticas, realizados durante su breve e intensa carrera fotográfica, entre 1931 y 1937.
 En la última sala, el foto-reportaje que documenta la evolución del mural sobre la guerra y la destrucción, pintado por Picasso en el ático de la Rue des Grands Augustins 7.
Según Combalia es probable que Maar, “empujase al pintor a implicarse en política.
 Pero no sabemos si Dora lo influenció para que pintase El Guernica”.
Dora Maar. 'Sin prestación por desempleo. Se busca trabajo', 1934.
Cuando en 1943 Picasso perdió la cabeza por la joven pintora, Francoise Gilot, su nueva amante, Dora estalló en una crisis psicótica y fue internada en una clínica privada donde recibió tratamiento psiquiátrico.
“Todos creían que después de la separación de Picasso me habría suicidado, pero no lo hice para no darle la satisfacción”, contó Maar a Combalia en una entrevista
. Según la comisaria, tras abandonar la cura psiquiátrica Dora se dedicó a la pintura y la meditación. ¿Logró perdonar a Picasso?.
 “Antes de morir me dijo que superó el trauma y no me pareció nada deprimida”, zanja Combalia.
Dora Maar murió sola en el verano de 1997, en su casa parisina.
Al funeral apenas asistieron siete personas.

 

Cuesta creer que George Clooney se vaya a casar

Dos publicaciones de EE UU aseguran que se ha comprometido con la abogada de Julian Assange pero la pareja no lo confirma

El actor ha hecho soltería una bandera y hace solo unos meses reafirmó que no pensaba contraer matrimonio.

Lo veo como el AlterEgo de Gary Grant, sus gustos no iban por donde les hicieron galanes, eso si, eran atractivos , correctos en el vestir, elegantes, pero iban por otro camino que sus asesores no los dejan ir.

Hasta tomarte una taza de café con George es un placer....

George Clooney y Amal Alamuddin, el pasado mes de marzo en Nueva York. / cordon press / CORDON
George Clooney, de 52 años, ha hecho de la soltería su bandera. Proclama que se casó una vez y con esa fue suficiente y se apuesta con sus amigas que no lo volverá a hacer. Por ejemplo, se jugó y ganó 100.000 dólares con Michelle Pfeiffer, según relató la actriz en un programa de la BBC1.
 Antes, Pfeiffer y Nicole Kidman —sus compañeras de Un día inolvidable (1996) y El pacificador (1997), respectivamente— tuvieron que desembolsar 10.000 dólares cada una por otra apuesta: que George sería padre antes de cumplir los 40.
 El mismo día de su cumpleaños, Kidman le envió un cheque con la cantidad convenida para encontrárselo de vuelta con una nota: “Doble o nada si sigo sin tener hijos en 10 años”.
 Pero cada vez que se le ve con una mujer nueva por una alfombra roja comienza a especularse con que el actor podría cambiar de opinión. Amal Alamuddin, de 36 años, es la actual acompañante del actor con quien se deja ver desde el pasado mes de septiembre, en una relación discreta que transcurre entre Londres, Nueva York, Los Ángeles y Tanzania.
 Ha sido en Los Ángeles donde las especulaciones se han avivado. Según New York Post y People, la pareja fue vista en un restaurante cenando con un grupo de amigos entre los que se encontraban Cindy Crawford y su marido, íntimos del actor.
 Según las publicaciones Alamuddin lucía en su mano izquierda un "espectacular" anillo de compromiso
. Amigos de la pareja aseguran que han decidido casarse, si bien las fuentes son anónimas y no hay confirmación del actor.
 Es más, el representante Clooney se ha negado a hablar del asunto. "No hago comentarios sobre su vida personal", ha dicho Stan Rosenfiel. Las publicaciones tampoco ponen fecha al compromiso.
George Clooney dijo a la revista Esquire en septiembre que no tenía "aspiraciones" de casarse
. Es más sus novias le duran dos años ya que cuando plantean oficializar la relación el actor rompe con ellas.
La pareja se conoció en otoño, en un acto relacionado con los derechos humanos
. Nacida en Beirut hace 36 años, pero criada en Londres, de su vida privada no se sabe apenas nada
Su currículum puede consultarse online y allí se descubre que tiene dos licenciaturas: en inglés por la Universidad de Oxford y en derecho por la New York University.
 Habla inglés, francés y árabe y ha formado parte de diversos equipos jurídicos clave de los últimos años relacionados con conflictos en Oriente Medio.
 Su trabajo más famoso ha sido representar a Julian Assange, fundador de Wikileaks, en el proceso de extradición que lo enfrenta a Suecia
. También ha sido asesora de Kofi Annan para la guerra de Siria y es miembro de un panel de expertos para luchar contra la violencia de género en zonas de guerra.
 Además ha firmado, en colaboración con otros letrados, un libro, The Law and practice of the Special Tribunal for Lebanon
. Actualmente trabaja para el equipo de abogados londinenses Doughty Streets Chambers, donde se desempeña como especialista en derecho internacional, criminal, derechos humanos y extradición.
Clooney rompió antes de verano con la exluchadora estadounidense Stacy Kiebler, que ya se ha casado y está esperando un hijo.
 Porque de lo que no hay duda es de que cuando el actor abandona a sus novias, estas saltan de inmediato al estrellato o se casan.
 Pero el actor no solo tiene fama de soltero, también se le ha atribuido un carisma similar al de Cary Grant y le persigue la sombra de la duda sobre su sexualidad. “Me moriré y aún habrá quien diga que era gay. Me importa una mierda”, dijo en 2012 a la revista Advocate.
Vaya que poco original soy!!
! Creía que era la única que lo comparaba con Gary Grant....pues por lo visto no....

 

27 abr 2014

Buen tipo normal................................................. Boris Izaguirre

Dani Rovira no es Miguel Ángel Silvestre, pero recupera para la estética nacional el tipo arrinconado tras muchachotes que ceñían pectorales y abdominales.

 

El actor Dani Rovira, el pasado miércoles, paseando por Madrid. / GETTY

Después del Real Madrid-Bayern de Múnich asistimos a la ensayadísima rueda de prensa de Josep Guardiola
. Guardiola regresaba a España más sobrio que nunca y demostrando habilidades no solo de gran entrenador, sino de cómo debe ser el nuevo emigrante español: serio y superbilingüe, preparadísimo. Respondió en castellano, catalán, inglés, francés y, por supuesto, alemán.
 Un prodigio lingüístico y profesional.
 Tal demostración parecía una respuesta mediterránea a las declaraciones de Rajoy pidiéndole a los catalanes que utilicen la imaginación para resolver el conflicto separatista, una curiosa petición de alguien que exige lo que no da.
 Quizá Guardiola sí pueda darle ideas en cada uno de esos idiomas.
Algunos medios publicaron que estaba tan a gusto con sus lenguas que hasta se autotradujo del catalán al alemán.
 Lo que Pep no interpretó bien es que hay españoles a los que les irritan los españoles que sí pueden desenvolverse en otros idiomas
. Por eso, apenas perdió el Bayern contra el Real Madrid, empezó la campaña en fiestas y cenas en contra de Guardiola
. A su aspecto neocalvinista lo calificaron de mortuorio, y en una velada para magnates inmobiliarios unos diseñadores mallorquines, no muy altos, afirmaron que su indumentaria “¡se está germanizando, ya parece un Karl Lagerfeld heterosexual!”.
Puede que el problema de Guardiola sea llamarse Guardiola.
 Si Ocho apellidos vascos se hubiera llamado Ocho apellidos catalanes es muy probable que no hubiese tenido ese histórico éxito.
 Sencillamente porque los catalanes ahora no consiguen la fórmula de la pócima mágica, imaginativa o no, para caer bien.
 Tampoco ayuda, lo sepa o no Rajoy, que de verdad sean muy imaginativos. Se inventan cosas fantásticas como el torneo Godó de tenis, que puede reunir en un sitio mucho más pequeño y agradable que la faraónica Caja Mágica a lo mejor del deporte, la política y la celebridad nacional en un despliegue sutil que al Open de Madrid le cuesta ofrecer
. “Es que después de los desmadres de la burbuja inmobiliaria, el infierno atroz de la crisis, queremos cosas tranquilas, cozy (cómodas, en inglés, que es el idioma preferido de la clase alta barcelonesa) y menos imaginativas”, bromea una anfitriona. “Querido, ¡vuelve lo normal!”.
Y en ese regreso, con muchísima imaginación, tiene bastante que ver el triunfo de Ocho apellidos vascos
. Tanto en cenas en Puerta de Hierro o en vestuarios de gimnasios caros y en colas del metro solo se habla de ella. “No es tan buena, pero es graciosa”.
 Para confirmar el fenómeno, la portada de Lecturas de esta semana es Dani Rovira, el protagonista andaluz que se aprende ocho apellidos vascos con un acento divertido y burlón.
 Rovira no es Miguel Ángel Silvestre, pero recupera para la estética nacional eso que en los noventa se denominó Buen Tipo Normal (BTN) y que tenían, entre otros referentes, dos futbolistas muy distintos entre sí. Kiko del Atlético, que sin ser guapo era sexy y sin ser macarra tenía un poco de golfo, pero con fondo bueno.
 Y el propio Guardiola, con sus ojos tristes y su aspecto de niño formalito que se esmera en sus notas. El BTN quedó injustamente enterrado por el auge de los anabolizantes y las musculocas de los primeros años del Orgullo Gay y musculocos que casi afearon el físico masculino con una exuberante mezcla de Cicciolina y Kent barbudo.
Y luego la burbuja inmobiliaria infló todo aún más, tanto que incluso los cocineros se pusieron a dieta, como Jordi Cruz, el chef de MasterChef, dividido entre las mancuernas y las sartenes.
 Así el buen tipo normal quedó arrinconado tras muchachotes que ceñían pectorales y abdominales como si fueran suflés recién hechos.
Por eso es de celebrar que en la recta final de la crisis reaparezca el buen tipo normal, porque es como una esperanza de tiempos mejores: varones con cierta grasita bien distribuida, pésimo gusto para los bañadores, pero sonrisa amplia, gesto amigable y mucho sol para ofrecer a los turistas y a las revistas.
No sabemos qué revistas leerá Ortega Cano entre rejas: ¿de cocina, fitness o de corazón? Ni a qué dedicará su imaginación (una autobiografía podría convertirlo en el próximo Belén Esteban del Sant Jordi 2016).
 Pero es muy sagaz, y de muchísima imaginación, haber escogido Zaragoza para su “momento entrada en la cárcel”
. Tiene mucho ceremonial que el torero haya decidido salir de su casa en la capital, exactamente después de almorzar, en un coche de su propiedad, conducido por otro, dirección a la cárcel, como volviendo al ruedo.
 ¡Cómo tiene que haber sido ese trayecto! Una vida entera desfilando entre Alcobendas, Calatayud y finalmente la prisión, reorganizando episodios y recuerdos frente a ese paisaje plano que, aunque verde por momentos, es adusto y hasta lunar, solitario y extenso, como una sentencia.
Algo en nuestros optimistas corazones nos hace pensar que este tiempo en la celda para Ortega Cano nos lo devolverá no solo renovado, sino prácticamente convertido en un nuevo héroe nacional para tiempos más maduros y reflexivos.
 Como si él fuera, más que el preso ejemplar, el que no pudo abusar de la imaginación para ser el más astuto, el que acató la sentencia para llegar a la cárcel antes que muchos otros.