Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 abr 2014

El largo viaje de la vida

Todo cambia y todo acaba, la existencia no consiste solo en resolver las dificultades cotidianas

La clave es saber construir nuestro propio proceso vital, ser los protagonistas del recorrido.

 

Ilustración de João Fazenda

Sentado ante mí tengo a Ulises que me cuenta su larga existencia, sus aprendizajes, aventuras, desvelos y orgullos
. Ha sido un hombre afortunado por los dioses, a pesar de lo difícil que se lo pusieron. Llegar a ser un hombre sabio, un mito, ha conllevado una travesía rica y dura a la vez.
 El regreso a casa llegó después de mil adversidades y algunos golpes de fortuna.
 Al final, me dice Ulises, todo acaba siendo una confrontación con uno mismo. Los hechos y acontecimientos que vivimos sirven de espejos de nuestra interioridad
. Lo que ocurre ahí fuera suele encajar poco con nuestras expectativas e ilusiones. Solo una confianza ciega en la vida misma, sus conocimientos y también sus misterios pueden amedrentar los fantasmas del miedo, la desesperanza y el olvido.
Lo que la juventud tenía que encontrar fuera, el hombre del atardecer tiene que encontrarlo dentro” Jung
Desposeído de patria y familia, Ulises cultivó el coraje, la astucia, la amistad y el honor desoyendo los cantos de sirena que pretendían minar un alma que bebió tragos amargos de nostalgia
. A Ulises se le humedecen los ojos al recordar tanta melancolía.
 El camino del desa­pego es el más duro de todos.
 Ese es el gran viaje. Desabrazar los algodones del amor para volver a él, transformado. Igual que uno va creciendo, este sentimiento también lo hace para hacerse esencia.
 Del afecto blandengue al amor duro, el que no teme, el que se da, el que se conmueve. Un apego que expresa lo que fuimos y lo que ya somos
. Cada elección que hacemos en la vida, apoya o niega este penetrante hecho.
Ítaca, la tierra que vio partir a Ulises es el símbolo del viaje de la vida (salida, lucha y retorno).
 Es un camino de transformación, la conquista de uno mismo que no pasa solo por conocerse, sino por desvelar su naturaleza más esencial, convertirse en un Seeker of true, un buscador de la verdad. Aunque el viaje lo empezamos nada más nacer, suele ser a mitad de nuestra madurez cuando tenemos una mayor conciencia de la vida como proceso.
 Ya ha habido un antes y queda todo un después.
 Perdimos la inocencia por el camino al descubrir que existe el abandono y que la abundancia un día se acaba. Huérfanos, vagabundeamos intentado encontrar nuestro lugar en el mundo.
 Luchamos contra las adversidades e intentamos encajar en los modelos sociales imperantes.

'Ítaca'

Ilustración de João Fazenda
Fue uno de los poemas del escritor griego Constantino Cavafis, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX
. En la década de 1960 se convirtió en un icono de la cultura gay.
 El cantautor Lluís Llach adaptó el poema en 1975
. Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: llegar allí, he aquí tu destino
. Mas no hagas con prisas tu camino; mejor será que dure muchos años, y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla
Cansados de guerrear llegamos a la gran pregunta: ¿qué sentido tiene la existencia si sigue llena de horas de vacío, de días de insatisfacción, decepciones y de cambios inesperados que revientan de cuajo toda expectativa? ¿Qué sentido tiene si uno ya ha realizado todos sus deseos?
 ¿Qué más hay que no sea una mera repetición? ¿Hay algo ahí fuera que sea total e infinito?
 No cabe duda que esta vez intuimos que el camino a recorrer va de puertas hacia dentro.
 Hay que desalojar, deconstruir el personaje para adentrarse en las entrañas de una pregunta: ¿quién soy yo?
Para muchas personas el reto es un camino de vida.
 Para otras un riesgo, un temor a descubrir aspectos desconocidos que puedan ensombrecer su vida actual.
 La búsqueda de respuestas, el anhelo de cambiar encuentra pronto su resistencia. ¿Cuánta verdad somos capaces de soportar? ¿Y si uno se pierde por el camino? ¿Y si se trata de un engañabobos? Aparece el conservador, el miedoso, el “quejica” y el perezoso
. En lugar de ir hacia el amor, se deambula por el miedo.
 De la intención se pasa a la justificación.
 La fuerza, en lugar de estar en el acto, se esconde en la mente.
La mente es experta en crear ilusiones o autoengaños. Juega incesantemente a la dualidad, lo que mantiene en vilo nuestras decisiones.
Es como preguntarse: ¿qué prefieres, un anillo roto o un anillo falso? Así son muchos de nuestros pensamientos: fragmentados o ilusorios.
Nada es completo, ni nada es auténtico en los juegos de la mente.
 Sin embargo nos enredan, confunden, seducen. Pueden hacernos ver lo que no existe, convertirnos en enfermos imaginarios, amedrentarnos o paralizarnos con tal de resistirse a salir de nuestras zonas de comodidad.
Ante el reto de vivir, dice Ulises, hay cinco cosas que no hay que empeñarse en variar:
1. Todo cambia y todo acaba.
2. Las cosas no siempre suceden como las habíamos planeado.
3. La vida no siempre es justa.
4. El dolor forma parte de la vida.
5. La gente no es siempre amorosa y leal.
El camino de la aceptación, de reconocer que lo que es, lo es, acaba siendo más beneficioso ante las falsas ilusiones.
 Ulises fue astuto al jugar con el engaño, por eso ideó el caballo de Troya.
 Les dio a sus oponentes la ilusión que necesitaban ver, sucumbiendo al final por su propia ceguera. Una cosa es tener ilusión y la otra vivir de ilusiones.
Aquello que llamamos realidad no es más que la pantalla donde se refleja nuestra interioridad. Solo que a veces, lo que vemos fuera lo negamos dentro de nosotros mismos.
 A eso se le llaman nuestras sombras y proyecciones.
 Vemos en los demás lo reprimido en nosotros, o ensalzamos ideales y virtudes de las que nos sentimos desposeídos, o nos hacemos los serios para ocultar deseos indecorosos.
 Como diría Juan Ramón Jiménez: “Yo no soy yo, soy este que va a mi lado sin yo verlo”.
La inteligencia suprema es no tener ilusiones” Jiddu Krishnamurti
Ulises recuerda que ese viaje, el interior, no puede hacerse con prisas. ¡Que seas viejo cuando alcances la isla! La riqueza está en el camino y no en la llegada.
 En ese encuentro con nosotros mismos, con nuestros tesoros y nuestros dragones se encuentra la llave de la sabiduría. Adentrarse sin miedo en lo inconsciente.
 Arrojar luz en la oscuridad. No temer a nuestras sombras.
 No engañarse con falsas ilusiones. Ese es el viaje del héroe, el que avanza hacia sí mismo para transformarse.
Los alquimistas son el símbolo de la unión de los elementos para lograr el material más puro y noble. En nuestra vida psicológica se trata de la unión de los opuestos.
 Ulises ilustra con algunos ejemplos:
- El vacío interior esconde tras de sí la misma cantidad de plenitud.
- El proceso de integrar consiste en contener, no en eliminar.
 A veces somos muy duros con nosotros mismos al exigir la eliminación de todas nuestras deficiencias.
-  La totalidad es lo completo, no lo perfecto (Jung).
- Lo que nos hirió, también nos concienció.
El viejo Ulises se queda en silencio.
 Cierra los ojos. Entra en conexión con el momento presente, el ahora y el aquí en toda su rotundidad. Su semblante es sereno y a la vez emerge de su presencia una enorme intensidad.
 Entonces comprendo que los discursos, los pensamientos y las norias emocionales solo podrían enturbiar ese momento sagrado. Teilhard de Chardin escribió:
“Nos pasamos la vida esperando el gran día, la gran batalla o la gran hazaña del poder
. Pero tal consumación externa no le es dada a muchos, ni es preciso que así sea.
 Con tal de que nuestro ser se tense apasionadamente dentro del espíritu en cada cosa, ese espíritu emergerá de nuestros esfuerzos escondidos y sin nombre”.
Héroe es todo aquel que ha vivido a través
del dolor y ha sido transformado por él”
David Richo
El viaje a Ítaca no tiene que significar la misma epopeya de Ulises.
 La vida no es una gincana, ni un circuito de aventuras aunque a veces lo parezca.
 Más bien consiste en agrandar paso a paso la conciencia, abandonando las esclavitudes del ego y abrazando lo que trae cada momento.
 Entender que todo lo que se desvanece y muere en nosotros nos devuelve la realidad con mayor pureza. Por eso, tanto la figura del alquimista como el mago se consideran arquetipos de transformación.
 Desvelan la luz que se esconde tras las sombras, que tan a menudo nos cuesta alcanzar a comprender. Es la experiencia que sirve para saber lo que significan las Ítacas.
La inspiración de este artículo se basa en la ‘Odisea’ de Homero, así como en dos obras de David Richo: ‘Como llegar a ser adulto’ y ‘Las cinco cosas que no podemos cambiar’.

Siete joyas negrocriminales para la resaca del día del libro........................................... Juan Carlos Galindo


Blog
En Elemental vivimos a salto de mata entre las novedades, BCNegra para empezar fuerte el año, más novedades, día del libro, feria del libro de Madrid, Semana Negra y así. Tras la locura del día del libro, vamos a enseñar y señalar algunos tesoros que espero gusten y sorprendan, abran nuevos horizontes o, al menos, entretengan.
Aviso a navegantes
. Es una elección personal basada en dos criterios impepinables: el libro elegido está en mi biblioteca personal y creo de corazón que merece la pena.
Traigo para festejar este día un clásico recuperado por una pequeña editorial; otro artefacto de otra que se empeña en publicar pequeñas joyas; un libro extraño de James Sallis, para mí uno de los grandes de los últimos años en el género en EE UU; una recopilación lujosa de James Goodis, un hombre inquietante y que cambió algunas cosas del género allá por los cincuenta; una rareza de James Ellroy y una recopilación de historias publicadas en la bendita Black Mask.
 Lean y disfruten.
Black Mask Stories (editado por Otto Penzler). Dice el propio editor, uno de los mejores conocedores de la historia del género negro, en el prefacio:
 “Estoy seguro de que no seré acusado de exageración o poca modestia cuando diga inequívocamente que esta es la mayor y más completa recopilación de historias de Black Magazine”
. Cierto. Una edición de más de mil páginas a dos columnas, con una portada genial, llevada por auténticos expertos y con textos de Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Horace McCoy o Cornell Woolrich, entre otros grandes de una lista muy muy completa. 
Un must para quienes quieran bucear en los orígenes de todo.
Los casos de Auguste Dupin, Edgar Allan Poe (Navona Negra). Pueden encontrar numerosas recopilaciones de los casos de Dupin, una obra fundacional de la novela policíaca.
 Pero les recomiendo este porque ha salido ahora, porque la edición está cuidada y porque lo introduce y lo traduce alguien que se nota que sabe, el poeta y traductor José Luis Piquero. Son los tres primeros casos escritos por Poe.
 Le pasa lo que a Holmes, hay cosas de detective superlativo y mente superdotada que habrá a lectores que no les gusten o les resulten comodonas, pero es una obra fundamental y divertida.
Goodis (Library of America). Cinco novelas de los años 40 y 50 del siglo XX escritas por un tipo raro y esencial para el devenir del género
. Guionista de éxito mundial en los 40, se recluye en Filadelfia en casa de sus padres en los 50. Escritor extraño, incapaz a veces de regalar al lector una buena descripción o un diálogo vibrante, es el maestro de la angustia, el abandono, el "no va más" en el desarrollo de los personajes. 
Aquí os dejo cinco novelas, no de las más célebres, recopiladas por Library of America, de quien ya os he hablado en otras ocasiones. 
Un proyecto sin ánimo de lucro que trata de perpetuar en ediciones sencillas y elegantes, de tapa dura y papel perdurable, la memoria literaria de EE UU.
 Salir en esta colección es mucho. Goodis, incomprendido tantos años, se lo merece como el que más.
Vidas difíciles (James Sallis, Poliedro). Durante su existencia, la editorial Poliedro se atrevió con publicaciones muy interesantes dentro del mundo negrocriminal. Sallis, autor de Drive, creador del detective Lew Griffin, es un gran escritor del género negro que además ama este mundo. En este caso os recomiendo un libro que se puede encontrar fácilmente en librerías de segunda mano o páginas como Iberlibro y que es muy ilustrativo.
 Sallis despliega todos sus conocimientos para hablarnos de la vida de tres grandes: Jim Thompson, James Goodis y Chester Himes.
 Un repaso ameno y muy completo.
 Se lee y se relee, se subraya, se marca y se consulta mucho tiempo después de la primera lectura. Prueba de su valor.
The best american noir of the century (James Ellroy y Otto Penzler, editores. Windmill Books). Una propuesta original: uno de los escritores más grandes de las últimas décadas en EE UU y un sabio del submundo negro se reúnen para elegir los mejores relatos breves de autores del género de 1910 a 2010.
 El resultado, esta pequeña joya con textos de Jim Thompson, Mike Spillane, Patricia Highsmith, el propio Ellroy, Dennis Lehane, Elmore Leonard y muchos más.
 Un mapa muy completo.
Cuentos de detectives victorianos (Alba, textos seleccionados por Ana Useros).
 No me da la vida para hablar de todo lo bueno que leo y tenía pendiente este notable esfuerzo por hacernos llegar, y muy bien traducidos por Catalina Martínez Muñoz, relatos de escritores de distinta naturaleza pero con algo en común: escriben en la época del declive de la aristocracia inglesa y el inicio de la novela policíaca. 
Una edición preciosa y un papel excelente para un texto que tiene algo de arqueología del género y en el que se pueden encontrar pequeñas joyas de la literatura inglesa.

No tan princesa....

Elena Poniatowska dice verdades como puños sin perder la sonrisa

El discurso de la autora de 'La noche de Tlatelolco’ mezcló el agradecimiento y la crítica a México.

Sus Majestades los Reyes de España y la escritora Elena Poniatowska, en la entrega del Premio Cervantes. / Luis Sevillano

Ayer hubo en Alcalá de Henares dos reyes y una princesa. Los reyes son los de España; la princesa, Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor.
 A la princesa —polaca de familia, parisina de nacimiento y mexicana por convicción— le molesta que la llamen Elenita, le hace gracia que le digan Poni, y se ríe con lo de princesa.
 Prefiere reportera. Por eso aguantó sin perder la sonrisa que la nube de periodistas que le seguía los pasos le preguntara una y otra vez de dónde salían aquel vestido o los pendientes en forma de pez, qué le había dicho el príncipe Felipe el día anterior —“hablamos de la educación de sus hijas”— o qué le hubiera dicho su corrosivo amigo Carlos Monsiváis, fallecido hace cuatro años.
Los muertos estuvieron ayer muy presentes durante la entrega del Cervantes a Elena Poniatowska, empezando por el muerto más reciente e ilustre, Gabriel García Márquez, que, curiosamente, se murió sin recibir el mayor galardón de las letras en español: después del Nobel de 1982 ya no quiso más premios.
 Poniatowska se acordó de él desde el púlpito en el que probó sonido diciendo “está muy bonito” y “me da mucho miedo”.
También se acordó de Paula Amor, su madre, que en 1942 la llevó a México huyendo de la II Guerra Mundial a bordo del Marqués de Comillas, el barco con el que Gilberto Bosques —el Schindler mexicano, le dicen— “salvó la vida a tantos republicanos” españoles.
A la tarea salvadora de Bosques consagra estos días en Madrid el Instituto Cultural de México la muestra Solidaridad en tiempos difíciles ...no fui yo, fue México y su comisaria, la historiadora María Luisa Capella, recordaba ayer en los jardines de la universidad alcalaína que la exiliada Poniatowska es un ejemplo de lo que significó la acogida mexicana.
 “Elena es mexicana por elección y ella misma ha dicho en el discurso que consideraba a María Zambrano nuestra. México es agarroso”, dice Capella, que recuerda el caso de desterrados que volvieron a España con la democracia pero seguían viajando regularmente al país que los adoptó. “¿Vas de visita?”, preguntaba. “Qué visita”, respondían. “A regar las plantas”.
La galardonada recordó que solo cuatro mujeres han ganado el premio
Cuando Capella busca una palabra para definir a la premiada recurre a dos: congruente, firme.
 Lo dice porque la chispa que usa para glosar el papel acogedor de su país se transforma en fuego cuando habla de aquellos a los que ese mismo país desdeña a diario: los pobres, las mujeres.
 No por casualidad la exposición que la Universidad de Alcalá dedica cada año al ganador del Cervantes se titula esta vez Una obra de rabia y de amor.
 De la irrisoria presencia femenina en el palmarés del premio —4 mujeres, 35 hombres— a la últimas asesinadas en Ciudad Juárez, Poniatowska fue soltando cargas de profundidad sin perder la sonrisa y sin dejar nunca de achinar los ojos.
Y fue ese aparente contraste entre el fondo y la forma lo que destacaron muchos de los que la escucharon ayer.
 Si Clara Janés hablaba de “la gracia y la elegancia con la que dice verdades como puños”, Rosa Montero subrayaba la capacidad de la premiada para “siendo crudamente realista, recrear la realidad hasta que parece creación suya.
Es lo que hacen los grandes escritores: dar con una voz que es única aunque esté hecha de voces de los otros
. Su valentía podría haberla convertido en abogada, en activista o en periodista solo, pero es sobre todo escritora”.
Hablando de la mano de hierro en guante de seda que se gasta Poniatowska, el crítico mexicano Christopher Domínguez Michael señaló alguna vez la inteligencia de la escritora a la hora de hacer de sí misma un personaje agridulce:
“la Despistada Sublime, la Aristócrata Populachera, la Falsa Tonta”
. Ayer, mientras esperaba su turno de palabra, la premiada peló un caramelo y se lo llevó a la boca. Luego sacó los papeles y habló sin pelos en la lengua.
 Por su lado pasaron las ilustres Tina Modotti y Leonora Carrington, su marido, el estrellero Guillermo Haro y la anónima Josefina Bórquez, la Jesusa Palancares de Hasta no verte, Jesús mío, esa obra maestra de la literatura testimonial —y de la literatura a secas— protagonizada por una lavandera destrozada por la maldita vida que le echa en cara a su narradora que no vea que todo el mundo es malo: “No sea usted pendeja, solo usted cree que la gente es buena”. le dice. “No hay buenos. Solo Jesucristo y no lo conocí”.
 Así se habla de Poniatowska en un libro de Elena Poniatowska.

 

23 abr 2014

Tejer en el agua......................................Ángel Gabilondo..........del Blog El Santo del Angel

Books12 shona young GRANDE
Escribir en el agua o escribir en el alma. Puestos a plantearnos si es conveniente o no escribir, Platón distingue en el final del Fedro que hay dos formas de hacerlo.
 Mientras la primera se limita a tratar de dejarlo ya todo dicho, para que se recuerde bien, a fin de repetirlo estricta y exactamente, cuando se escribe en el alma, lo inscrito se comporta como una semilla que, en el corazón de quien escucha, florece como en los jardines de Adonis.
Y entonces ya es cosa de memoria, de reactivación, de reitineración, y no solo de reiteración.
 La cuestión no se reduce por tanto a escribir o no, sino a hacerlo o no adecuadamente.
En última instancia, lo escrito en el agua del recuerdo se borra y se diluye, pues supone ofrecer un texto ya clausurado, que propiamente solo cabe aceptarse en su sentido definido y, al darlo por dicho, es cuestión de rendirse ante lo que es así, sin más, sin distinta posibilidad
. Sin embargo, escribir en el alma implica una manera diferente, puesto que no propone algo ya zanjado, sino que abre nuevas posibilidades.
Reactiva el decir. En definitiva, exige la acción de leer.
 La lectura viene a ser así reescritura, que no es un mero redundar, sino un propiciar que algo diga otra vez, sin que necesariamente sea algo igual.
Malentenderíamos, sin embargo, el texto de Platón si dedujéramos precipitadamente que velar por la memoria es desatender el recuerdo, o que el agua no alcanza al alma.
 Ello conduciría a ignorar esa escritura que, incidental o efímera, tanto nos dice, pues incluso en su limitación no deja de ser una convocatoria. No hay memoria sin recuerdo, ni sólo con él.
 Se precisa el juego con alguna suerte de olvido. Asimismo, la escritura en el agua no pocas veces se diluye precisamente en lo que llamamos alma.
Ello se hace patente de múltiples formas, y muy singularmente en la relación entre texto y tejido. Enlazar y entrelazar, coser y descoser, hilar y trenzar,  mallar y frisar, definen toda una acción que compone, apresta y adereza para tramar y componer como escritura cuanto queda inserto en diferentes soportes.
 Shell paper mache on wire attached to board GRANDE
Todo lo arreglaremos/ poco a poco:/ te obligaremos, mar,/ te obligaremos, tierra,/ a hacer milagros/ porque en nosotros mismos,/ en la lucha,/ está el pez, está el pan/ está el milagro./”
La Oda al mar de Pablo Neruda subraya significativamente el necesario desplazamiento, el que apunta a nuestra intervención, a nuestra participación y así mismo a nuestra necesidad
. Es él y nosotros, ella y nosotros: el mar y la escritura.
 Pero no parece adecuado reducir la escucha a mera voluntad.
 La imposible apropiación, la materialidad de la inviable absoluta dominación hace de ellos, mar y escritura, Aún, tarea permanente: Dejando esta cortante cicatriz/ el mar abajo muere y agoniza/ y nace y muere y muere/ y nace y muere y nace.”
Precisamente así, el enlace del amor y la escritura, que comparten las mismas vicisitudes, son bien reconocidas por lo que el mar es y significa
. Su superficie es ya epidermis que ha de ser surcada, atravesada, literalmente escrita, tejida por los hilos de un ir y venir incesante, mientras, tan atractivo como enigmático, no es simple soporte, sino contenido efectivo de las propias aventuras que propicia.
El libro-mar es entonces navegación.
Leemos como nadamos, como embarcamos, como atisbamos horizontes y archipiélagos, como necesitamos desafíos, y costas, y puertos.
Y travesías, incesantes, tantas veces descorazonadoras, pero plenas de vida. Al abrir un libro corremos suertes inauditas y asimismo encontramos algunos reposos inesperados.
 Leer es también tejer y tramar.
Emergence Clay sculptures and feather boa. GRANDE
El libro da respuesta a la entraña de papel que en muchas ocasiones le constituye. Ya no es simplemente un formato, ni es suficiente con reconocer que se trata de una de sus posibilidades, es manera de ser que constituye contenido de la forma.
 Las fibras que componen el papel se aglutinan mediante enlaces por puente de hidrógeno.
 No basta la pulpa de celulosa, se necesitan las fibras vegetales molidas, precisamente suspendidas en agua
. El papel no es un simple receptáculo de la escritura, es también palabra suya. Silencioso, asimismo la dice, la que solo se oye en ciertas orillas.
La escritura no se agota en la voz de las palabras.
 Su decir desborda rebosante cuanto queda inserto y nos alcanza. Es a su vez aire y brisa, viento y tempestad, no solo agua tinta. Y es a la par aquello que ha de leerse, el espíritu de la letra, su ritmo, su respiración y cuanto con eso asimismo se proclama.
 Leer no se reduce a deletrear.
Nadie lee por nosotros, ni siquiera quien lo hace para nosotros.
Ello no elude nuestra necesaria intervención. La atenta escucha reescribe lo oído con la imprescindible hospitalidad, la que no es resignada rendición ante lo que nos adviene.
Por eso es tan importante no dejar de aprender a leer, que es una forma de reescribir y de reescribirse, de no claudicar ante el estado de cosas, de iniciar una y otra vez una travesía, un desplazamiento, el de la transformación de lo que ya resulta inexorablemente propuesto como dado.
La escritura en el alma teje la escritura en el agua, hace texto donde unos rasgos dispersos arañan y peinan, inscriben.
 Y así nos enseña a no dilapidar posibilidades, sino a hacerlas florecer y crecer desde la capacidad de fructificar la memoria.
 Antes de predisponerse a presuponer que es tiempo de proclamar los albores de un decir impoluto, conviene comenzar por considerar que lo ajustado pasa por una reescritura en medio de olas.
 Y ello no excluye, antes bien exige, la lectura límpida y refrescante, la que, para serlo, nos compete y nos exige
. La semilla nos requiere, a decir del Fedro, para que pueda resultar conveniente escribir
. Nos requiere y se requiere.
Travelling light paper mache Life size
(Imágenes: Esculturas de Shona Young, Book nichtting. Cotton yard and poetry books; Shell. Paper mache on wire attached to board; Emergence. Clay sculptures and feater boa; Travelling light. Paper mache. Life size)