Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 abr 2014

Y Dios creó a la 'garçonne'

Inolvidable como 'La Juani' de Bigas Luna, Verónica Echegui acepta el reto de transformarse en Francçoise Hardy.


Para dar volumen a su melena se usó la brocha de peinado Volume Maker, de ShuUemura. / Sergi Pons

Verónica Echegui lleva todo el día caracterizada como Françoise Hardy
. Lo ha hecho a petición de ICON, que ha elegido a la mítica cantante francesa como inspiración para esta sesión de fotos.
Y el parecido entre ellas a veces es tal que, cuando se topa uno con la actriz madrileña en el Passeig de Gràcia ataviada cual accidente pop de 1965, llama más la atención por lo extravagante de la escena que por estar cruzándose con la chica que hace más de un lustro fue escogida entre casi 3.000 aspirantes para protagonizar Yo soy la Juani, la cinta con la que Bigas Luna anticipó la eclosión del poder choni
. Lo que más le ha sorprendido a Echegui ha sido descubrir que, como le pasó al mundo con Crowded House, conocía más temas de la intérprete de Tous les garçons et les filles de los que pensaba. “Durante la sesión han puesto música suya para ambientarnos y he empezado a recordar las canciones.
No sabía que eran de ella, pero me sonaban. Luego he conectado: ¡mi madre! Ella estudió en un colegio francés y siempre ponía música francesa.
Como desde pequeña me ha frito la cabeza con sus músicas, sabía que existía, pero no registraba.
 Es que siempre me metía con ella, su vena franchute”.

El cabello reluciente de Echegui se consigue con el aceite Exiquisite Oil de Mat. / Sergi Pons
Artista sin permiso: Sus padres, abogado él y funcionaria ella, no apoyaron su empeño en ser actriz. En la foto, evocando uno de los retratos más clásicos de la cantante francesa, con un jersey de punto de Acne y gorra de Kangol para la sombrerería Yoqs.
Aclarada la conexión entre ambas mujeres, Verónica toma asiento en un sillón tan incómodo como fotogénico de la terraza de una suite en el séptimo piso del barcelonés Hotel Mandarin y pregunta qué tipo de entrevista se le va a plantear.
 Muerde una de esas galletas con aspecto de cemento armado que prometen dejarte el trasero con la misma textura. “Me siento muy ridícula”, confiesa tras recibir como respuesta el encargo de ser amable, simpática, osada e industriosa en lo que a producir titulares se refiere
. En fin, se le pide que no sea otra actriz más (debería resultarles más fácil y divertido a las actrices no hacer siempre de actriz entrevistada, después de todo se dedican a actuar), otra más que habla de lo que no sabe, o que no habla de nada en concreto, o que, simplemente, viene a contarnos una película que ya hemos visto.
 Para el caso, podría ser la última de Daniel Sánchez Arévalo, La gran familia española, su primera incursión en la comedia después de tantos años de sufrimiento en la pantalla. Insistimos en el reclamo de titulares.
 “Lo que pasa es que un día pienso una cosa y luego cambio de parecer. Me leo y pienso ‘qué horror’. Hay muchas preguntas en cuyas respuestas no he pensado mucho
. Es complicado, porque parece que hay que tener una idea clara al respecto de cualquier cosa, y no es que yo no quiera colaborar con la prensa, pero a veces una no opina nada sobre algo
. Puede resultar una situación un tanto extraña.
 No quiero contestar, y lo digo sin acritud. Parece un detalle feo, pero es que no tengo nada que decir”. Esta es la mejor respuesta a una pregunta que no hemos formulado que jamás no hayan dado.

Infierno en Hollywood


Sergi Pons
He escogido papeles de forma demasiado pensada y estratégica. Y mira, cuando no está conectado con el alma, me sale mal, reflexiona la actriz, que viste camiseta de rayas 'vintage' de Kiliwatch y bolso de Dior.
Admite Verónica que la suya es una personalidad muy asertiva, lo que puede conducirle, en ocasiones, a actos que, en un universo como este, se entienden como declaraciones de guerra. Un ejemplo podría ser la carga de profundidad que durante la entrega de los Premios Gaudí le lanzó a Icíar Bollaín, con quien trabajó en Katmandú, una de sentimientos y buenas intenciones. Aquel rodaje fue un infierno para esta madrileña de 30 años. 
Se puso enferma en Nepal y ya no se recuperó hasta un mes después de su vuelta a Madrid. “Sufría unos dolores de estómago que me moría, vomitando y haciéndomelo encima. Gastroenteritis, infección de orina… todo el pack.
 Ahí pensé seriamente que debo aprender una técnica para dosificar energía.
 Debes descansar mucho y comer mucho”. Más allá de racionalizar el esfuerzo físico que suponen para Echegui rodajes como este, El patio de mi cárcel (“perdí mucho peso y estaba grogui, me iba durmiendo por las esquinas, como una yonqui”) o La fría luz del día, cinta de acción con Sigourney Weaver y Bruce Willis que significó su primera incursión en el universo hollywoodiense (“me echaba tres carreras seguidas y se me salía el corazón del pecho”), lo que realmente necesitaba la actriz, y por extensión, su entorno era una cinta en que el desgaste emocional fuera también menor. Y ahí llegaron Sánchez Arévalo y su camarilla para darle una comedia.
 “Mi madre llevaba años diciéndome: ‘¿Por qué no haces alguna comedia, hija mía? Me vas a matar. Estoy harta de verte sufriendo. ¿Quién eres? ¿Juana de Arco?”.
 Recordemos que ha sido presa yonqui, voluntaria con conciencia social, ciega obsesionada con ser madre o víctima de un accidente aéreo a medio grado de la hipotermia (así la veremos en la próxima Kamikaze, de Álex Pina). 
El cambio era necesario. “La verdad es que hacer esta película me ha limpiado. 
Al curro ya le doy muchísimo.
 Si me meto en un proyecto me implico, pero cuando acaba el rodaje, me tomo unas cañas. Cargar el personaje no es sano. 
Necesito más comedia, porque debo acostumbrarme a disfrutar, me falta práctica”.

Sergi Pons
Maquillaje y peluquería: Pedro Cedeño para Talents. Agradecimientos al Hotel Mandarin de Barcelona.

Cual pluma al viento

La actriz confiesa que no le gustan los planes a largo plazo.
 Por ejemplo, está aprendiendo inglés pero no sabe si se dejará llevar por la atracción que ejerce Hollywood.
“Si estás todo el tiempo pensando en el futuro, te angustias. Es complicado planear mucho más. ¿Qué quieres que te diga? ¿Que quiero salir en la próxima de Bayona y que le voy a pegar un telefonazo? ‘Oye, Jota, méteme en tu película, que es parte de mi plan…”.

 

“Se puede salir de la crisis sin cribar los derechos de la gente”............................................................. Juan Cruz

El físico marca, y el de Marisa Paredes trasmite una imagen de diva, a veces soberbia

Ella afirma que son los personajes que interpreta los que la han dotado de esa aura

El teatro la hace florecer, los recuerdos la estructuran y el futuro tiene el nombre de su hija: María.

La actriz Marisa Paredes / Sofía Moro

Es delicada como una piel. Blanca, rubia, o platino, sensual; sus ojos miran dos veces cada vez que miran. Marisa Paredes.
 Llena el lugar en el que está solo observando de reojo; hay en sus gestos cierta pillería blanca, como si estuviera de vuelta y nadie la fuera a engañar con halagos o con melindres.
 Una diva. “No, tan solo tengo apariencia de diva”.
Ahora va con una ropa sencilla, se prepara para actuar (en El cojo de Inishmaan, de Martin McDonagh, montaje de Gerardo Vera, con Terele Pávez e Irene Escolar) y lleva una especie de tartera que deposita en algún lugar del camerino; es un sitio sencillo que ella de pronto convierte, por ejemplo, en el camarote de Bette Davis.
 “Los demás me hacen diva, mis personajes son de diva, con determinadas personas tengo una actitud que ellos consideran soberbia. 
Pero nunca voy de diva. Creo que tiene que ver con mi presencia física”.
Una diva descalza. “Sí, ja ja ja. Descalza cuando ando por casa, cuando hace calor. Alguna vez alguien me retrató así, como una diva descalza. Arturo Ripstein [con quien hizo Profundo carmesí] me llamó ‘estrella cercana’. 
Es cierto, insisto, que mis personajes son más bien así. ¡Pero mírame en esta función que estoy haciendo!”.
Yo siento hasta la ropa del personaje, y cuando no la siento, por dentro y por fuera, es que algo va mal
Ahí, en El cojo de Inishmaan (hasta el 20 de abril en el madrileño teatro Infanta Isabel), es una irlandesa a la que se le ha ido la cabeza y teje y desteje su vida cuidando piedras como una posesa. “¡Nada que ver con una diva!”
. Marisa Paredes mueve los dedos ante sí.
 Flacos, perfectos, los dedos acostumbrados a unas manos que explican tanto como lo que dicen sus labios, o su risa. Tiene ese aire distante de las estrellas, pero en la cercanía siempre está a punto de reír.
A los 14 años debutó en el cine.
 Así que se ha hecho persona y actriz al mismo tiempo
. “El 99% de los papeles que he interpretado me han dejado cosas por dentro
. Si no rebuscas, miras, observas, se te aleja.
 Yo siento hasta la ropa del personaje que interpreto, y cuando no la siento, por dentro y por fuera, es que algo va mal”.
Una actriz muy emocional, “casi siempre entro en las interpretaciones por las emociones; es parte de mi forma de trabajar
. Hurgando en ti es cuando aparece lo que buscas.
 Por eso te quitas el disfraz y el personaje te deja tantas cosas a ti como las que tú le das a él”.
Dos papeles, Gertrude, de Hamlet, en el teatro, y la mujer a la que da cuerpo en Tacones lejanos, de Almodóvar, en el cine, han arañado el alma. 
“Aquel ser que se olvida de todo y se entrega a la pasión sin pensar en nada más. Y en Tacones lejanos, aquella mujer que se entrega a su propio trabajo, no existe otra cosa, deja a su hija más o menos abandonada… 
Recuerdo que pensaba: si tuviera que dejar a mi hija María, que entonces, en 1995, tenía 12 años, por hacer estas cosas, ¡cómo lo podría montar!”.
Ella tuvo la suerte de tener a su madre, “y si hice Tacones lejanos fue porque estaba ella… Algunos de mis trabajos importantes los he podido hacer porque mi madre cuidaba a María: esa fue mi suerte”
. Ese de Tacones… fue uno de los personajes que te enfrentan al espejo, dice Marisa Paredes. “Siempre te dejan cosas, hacen que afrontes situaciones que quizá viven contigo, pero solo afloran cuando tú eres capaz de fantasearlas”.
Marisa Paredes en el vestíbulo del teatro Infanta Isabel de Madrid. / Sofía Moro
Y hay realidades, claro, que trascienden la fantasía. La muerte de su madre, en 2004. Las palabras recorren el cuerpo de la actriz y al llegar a los ojos, esa mirada azul es una confesión llena de memoria. “Esa pérdida es algo que durará mientras viva… Fue el colmo de la generosidad y de la alegría… Una mujer humilde dentro de una enorme grandeza, matándose a trabajar como se mataban aquellas mujeres, limpiando la portería, la tienda de abajo, la casa del primero derecha…, subiendo y bajando escaleras porque no había ascensor
. Cuando fregaba, a veces yo la ayudaba a subir cubos de agua de las fuentes que había en la plaza de Santa Ana”.
“Se fue y la vi cómo se iba; murió de un cáncer en la cabeza… Tanto mis hermanos como yo intentamos que aquello se alargara lo más posible y la doctora que la atendió nos dijo en el momento más especial: ‘Mirad, no vale la pena dejarla vivir. Déjenla morir, ella os va a querer hasta el final y vosotros a ella.
 Estén ahí, hagan lo que sea necesario para que no tenga dolores porque el dolor es tremendo…’. Mi madre no había sido nunca especialmente religiosa, desde luego no era beata, algo que sí era mi abuela… Cuando me dediqué a este oficio, los hijos de mi abuela decían: ‘¡Anda que cuando se entere la abuela!’. Pues creo que el comentario de la abuela, cuando se enteró, fue este: ‘¡En todas partes está Dios, hijos!’…”.
La madre lo heredó todo, “menos la beatería”. Solo de vez en cuando iba a la iglesia, “supongo que a aliviarse, a sentir eso que se puede sentir en un templo, cierto alivio, serenidad, paz. Cuando estaba muy malita, en la residencia, los curas pasaban a ver cómo estaba. Para que no quedara nada por decir, o por no decir, le dije: ‘Mamá, está ahí el cura, ¿quieres verle?’. ‘Bueno, que pase’, contestó, pero en realidad lo hizo más por el cura que por ella. Tenía 84 años cuando murió. Pero sí, yo estaba serena, había hecho lo que había podido, aunque me hubiera gustado tenerla más”.
La actriz repasando un guion. / Sofía Moro
La última mirada. “Dolorida, sorprendida, intranquila; asustada, no sé si por la misma droga que le daban, una mirada de espanto.
 Eso sí se me quedó de tal manera que a los dos días escribí una carta que se titulaba y empezaba así: ‘Aquella terrible mirada”.
–Cuando ocurre eso relativizamos todo.
–Porque te acercas más a la muerte. Conforme se van acercando las pérdidas de los amigos, y desde luego de los seres queridos, se produce una orfandad clarísima.
 Es parte de ti que desaparece, que se va del todo, y hay un hueco profundo. Desde luego, no conozco a nadie a quien esta circunstancia no lo haya hecho más maduro, más consciente.
–Ahora está la hija, ocupando el sitio que usted tenía ante la madre…
–Es actriz, se apellida como el padre, Isasi [Antonio Isasi-0, cineasta]. Quizá podría haberle ayudado mi apellido, pero ella quería conseguirlo con su nombre y el apellido del padre, no quería otras trampas.
 La admiro mucho… Es hija mía y de su padre, los dos relacionados con el cine y con el teatro… Con lo cual tiene que hacer un doble esfuerzo para demostrar que ella es ella; tienen que mirarla tal como es. Eso es futuro, mi hija verá su futuro.
El tiempo pasa, se ve en mi cara, en mi alma, en todo… Ante ese vendaval, hay que oponer realismo y paciencia
El tiempo pasa, “se ve en mi cara, en mi alma, en todo… Hay tiempos y arrugas para cada persona. Sería ridículo y estúpido pensar que puedes hacer de todo, es como pensar que eres capaz de detener el tiempo”.
 Ante ese vendaval, “hay que oponer realismo y paciencia… Las actrices intentan estirarse un poco, o más que un poco [ríe], para que esa arruguita no se vea, pero se va a notar mucho más de lo que es. Incluso ese juego de la cámara contigo ya no es que el tiempo pase por ti, es que pasa el triple cuando estás ante un primer plano en la cara”.
Fue una niña “pilla, divertida, muy intensa. Era la pequeña de cuatro hermanos, dos chicas y dos chicos; el hermano anterior siempre estaba con su pandilla, se metían en las cuevas que había en la plaza de Santa Ana y que fueron refugios en la guerra…
 Mi rabia era que yo no podía hacerlo. ‘¡No puedes!’, gritaban, ‘¡eres una chica!’. Mi madre discutía con mi padre: ‘Cuando llegó la República tuvimos la posibilidad de votar y fuimos mujeres. Luego nos habéis convertido en esclavas…’. Ella me contaba cómo había sido en la República”.
La diva chica era “una niña que trataba de escapar por donde podía y de inventarme cosas, era muy fantasiosa. Me ponía delante de un espejo, me disfrazaba con cualquier cosa y jugaba a ser la reina de Saba”.
–¿Y era tan guapa como ahora?
–¡Era más! Eso dicen los que me vieron. Hace poco estuve en el Café Gijón y escuché un piropo: ‘Ahora es guapa. ¡Lo que habrá sido!’. Bueno, hazte a la idea, ponme 30 años menos, ¡ja ja ja!
–¿Y su padre era guapo?
Una de las piedras con las que habla su personaje en la obra 'El cojo de Inishmaan'. / Sofía Moro
–Lucio, claro que era guapo. Y altivo, yo tengo algo de él. Y mi madre era guapa también, Petra… Él era el portero de la casa y trabajaba en Cervezas El Águila.
 Todos los obreros tenían asumida su condición; pero como él era tan guapo, se consideraba de otro mundo, se enfadaba si las camisas no estaban bien planchadas, por ejemplo, y de ahí surgían aquellas discusiones con mi madre, que le reprochaba que la tratara como a una esclava… Eran los tiempos en que los hombres eran amos y señores de las casas y del mundo.
 Recuerdo el miedo que le teníamos. Pavor. Escuchábamos sus pasos por la escalera y ya nos poníamos alerta… Luego era cariñoso, a su manera.
 Creo que era un momento en que los varones eran así; si no, se pensaba que no eran hombres. Después he visto pasar el tiempo y ya los hombres empujan los cochecitos de los bebés.
–La vida por dentro, Marisa. ¿Y la vida alrededor?
–Uf, menos mal que está el teatro, que me ha dado vitalidad y esperanza. Mira lo que hacen con la sanidad, la educación, la cultura. ¡El IVA! Bochornoso 
. Es como si la cultura no existiera. ERE a montones, los bancos que se quedan con el dinero público… La mayoría del PP ha sido un desastre. La gente va perdiendo la fe. ¡Hasta el aborto lo echan para atrás!
 Que estamos en crisis es cierto, pero vamos a encontrar una fórmula para salir y que no sea a base de cribar los derechos de la gente. Un momento terrorífico.
El teatro, dice, le “hace florecer”.
 Ahí, en el camerino, la estrella cercana, la diva descalza, se quita la rebeca.
 Marisa Paredes se viste para el escenario. Con ella va todo lo que ha visto. Y en algún momento, dice, se acordará de la realidad como un eco
. La ficción le ayudará también a ser ella misma.

 

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Catherine Deneuve vende su castillo por cuatro millones de euros...............................Y yo sin saber que tenía un castillo.....

El Chateau de Primard, a 75 kilómetros de París, tiene ocho dormitorios y un 'home cinema'

La actriz, que vive en un piso en la capital francesa, no ha explicado las razones de la operación

, será que se encuentra mayor para poder limpiar su castillo.....;)
 
Fotografía del castillo de Catherine Deneuve publicada en el anuncio de la inmobiliaria. / sothebysrealty.com
La actriz francesa Catherine Deneuve ha puesto en venta su hotel particular de Guainville, el Castillo de Primard, situado a unos 75 km al oeste de París, donde le gustaba pasar temporadas para respirar aire fresco.
El precio de la mansión de inspiración arquitectónica de finales del XVIII, con ocho habitaciones, y de su parque acondicionado por el célebre paisajista Jacques Wirtz –el mismo que se encargó de los jardines del Elíseo en la época de Mitterrand- es de casi cuatro millones de euros, según el anuncio publicado por la inmobiliaria de lujo de Sotheby’s.
El palacete de 1.200 metros cuadrados, totalmente rehabilitado, cuenta con ocho habitaciones, incluida una suite de 65 metros cuadrados, una sauna e incluso un home cinema.
 Incluye en su terreno una caseta de servicio separada y “numerosas dependencias”, según Sotheby’s, que muestra imágenes de la señorial mansión de postigos azules bordeando la ribera del río Eure. Entre sus cuidados jardines se distingue también una gran piscina, una enorme fuente e incluso un bucólico puente de forja.
“El jardín, las plantas, todas esas ocupaciones me relajan, me hacen bien y me gusta vagabundear”, explicaba hace unos años Deneuve, que vive habitualmente en un apartamento en el centro de París, sobre aquel remanso de paz a la revista Madame Figaro.
 Desde el anuncio de la venta, la actriz de 70 años no ha explicado el por qué de la operación, ni si tenía otras adquisiciones planeadas.
La actriz francesa Catherine Deneuve. / CORDON PRESS
La alcaldesa de Guainville, Jocelyne Poussard, ha asegurado por su parte que Deneuve solía acudir muy a menudo a la localidad
. Allí llevaba “una vida muy discreta”, señala el diario local Est Republicain, el primero en anunciar la venta. “Se la veía mucho en los mercadillos de plantas, toda simple, vestida con ropa deportiva y sin maquillaje”, añade
. Además de Sotheby’s, otras agencias en Francia y en el extranjero están buscando dueño nuevo para el Castillo, un tiempo convertido en explotación agrícola, un tiempo refugio de la mítica Deneuve.

Mujeres animadas, mujeres en segundo plano.......................................................del Blog Mujeres

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Dora la exploradora (TVE), protagonista femenina con iniciativa propia y vocación didáctica.
El debate sobre la representación de las mujeres en los productos de consumo de masas (música, películas, publicidad) es una constante en círculos feministas.
 ¿Son realistas los personajes femeninos? Y si no es el caso, ¿tienen los guionistas y productores alguna responsabilidad de crear personajes realistas?
Un estudio reciente de la Universidad de Granada, pionero en España, constata que hay dos personajes masculinos por cada personaje femenino en los dibujos animados que salen en televisión. En la mayoría de los casos –el trabajo analizó 621 papeles de ambos sexos que aparecen en 163 series–, las mujeres están relegadas a roles secundarios
. Son las novias, las madres o las acompañantes de los protagonistas o los villanos; raramente llegan a protagonistas, y con la misma dificultad escapan los estereotipos.
 Según los investigadores, la mayoría de las mujeres animadas son “consumistas, superficiales, celosas y obsesionadas por su aspecto físico y por agradar a los demás”.
 La excepción es Johnny Test, cuya madre trabaja mientras que su padre se ocupa de las tareas domésticas.

El que no sean protagonistas significa, en lo que respecta al guion, que toman menos decisiones importantes y que sus historias son automáticamente menos complejas.
Esta realidad puede ser reflejo, en parte, de la cantidad de mujeres con poder ejecutivo que hay detrás del proceso creativo y de producción.
Solo el 9,2% de la muestra está dirigido por mujeres; lo mismo se repite en el mundo del cine de masas.
De las 171 películas de Hollywood de mayor éxito en 2011, las mujeres llegaban solo al 25,6% entre los protagonistas, según un informe publicado por la Universidad de California el pasado febrero
. Solo 7 de ellas fueron dirigidas por mujeres.
 Y a pesar de que la presidenta del jurado del Festival de Cannes este año es Jane Campion (la única mujer premiada con la Palma de Oro de la historia), de las 17 películas nominadas este año solo dos tienen una mujer directora.
 Los mismos estudios ponen de relieve una tremenda falta de personajes de raza distinta a la blanca, así como la ausencia de diversidad étnica y cultural detrás de las cámaras.
La mayoría de los niños empieza a ver la televisión antes de los dos años (el 30,2% de los casos) o entre los dos y tres años (el 25,3%), según un estudio elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2000.
 La mayor parte (el 44,7%) de los más pequeños pasa de una a dos horas diarias viendo la televisión entre semana.
 En festivo o fin de semana, el 28,3% pasa de dos a tres horas, y el 19,4% de tres a cuatro.
Los estudiosos de la teoría cultural creen que los tropos creados por la cultura (sea popular o de gama alta) perpetúan normas sociales en la vida diaria, ya que los consumidores interiorizan los estereotipos.
 Lo cierto es que, perpetúen o no, los personajes de dibujos animados reflejan la realidad en la que se crean. Mucho ha llovido desde que Disney animó a Blancanieves (1937) y Cenicienta (1950), dos mujeres insatisfechas con el maltrato recibido a manos de sus madrastras pero felices de dedicarse a las tareas de la casa.
 En los noventa llegaron las independientes que salvan a sus enamorados, de la mano de Pocahontas (1995) y Mulán (1998), aunque a la multinacional de los sueños le ha costado encontrar protagonistas que aprobasen el Test de Bechdel.
 Es decir, que en la película aparecieran dos personajes femeninos con nombre propio, y que ellas hablaran entre sí sobre algo que no fuera un hombre.
Brave (2012), una película de Pixar en la que la relación central de la historia es entre la protagonista Mérida y su madre, presenta un personaje más rico y más profundo; una protagonista con la que es más fácil identificarse, aunque emular sus aventuras a caballo sea tan difícil como tratar de alcanzar la belleza de Ariel (La Sirenita, 1989)
. Las protagonistas de Frozen: Una aventura congelada (Disney, 2013) son dos hermanas que no necesitan ser rescatadas por un hombre.
 Y al final de la película, lo que las salva es su amor mutuo, en lugar del amor romántico de un príncipe.
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Mérida, la intrépida protagonista de Brave (2012). / DISNEY/PIXAR
Mérida fue la primera protagonista femenina de los estudios Pixar, de 14 películas estrenadas hasta ahora, y por ahora es la única.
 Y aunque su película inicialmente estaba dirigida por una mujer, Brenda Chapman (El príncipe de Egipto), 18 meses antes de terminar la producción fue reemplazada por un hombre: Mark Andrews. En opinión de la crítica Mary Pols, de la revista Time, la sustitución fue una metáfora sobre "el compromiso desganado" de la compañía con la igualdad de género.
 Un problema que se replica en toda la industria.
Los investigadores de la Universidad de Granada relacionan directamente esta realidad con la problemática del género en los dibujos animados:
 "La mayoría de los padres piensan que, por el mero hecho de ser dibujos animados, su contenido es inofensivo. 
 Nada más lejos de la realidad: los dibujos no pueden hacer la vez de cuidadores".