Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

17 abr 2014

27 creadores que iluminan el futuro del arte español

La exposición 'Atelier des Jeunes' reúne a un puñado de jóvenes talentosos al amparo de Internet. Y resulta que es un éxito de ventas.

 

Esta obra, de MissBankhead, es una de las que componen la muestra / MissBankhead

El futuro del arte español está llegando sin marcos ni catenarias de terciopel.
 Por segundo año consecutivo, la exposición online Atelier des Jeunes vuelve a acercar al gran público con el arte a través de la Red.
 La misión consiste en dar a conocer los nombres que ya empiezan a sonar en los círculos artísticos del país para cimentar su carrera.
 El requisito es simplemente ser menor de 30 años
. Los 27 artistas seleccionados en esta segunda edición han sido elegidos por un jurado compuesto, entre otros, por el artista Juan Gatti (creador de los carteles de varias películas de Almodóvar y de la invitación de boda de Alaska y Mario Vaquerizo).
Las 81 obras (3 por artista) están disponibles en formato físico en ediciones limitadas de 25 copias, todas firmadas por el artista y se pueden adquirir en la página web de la plataforma por un precio de 150 euros
. Los nombres que firman las obras van desde caras todavía anónimas hasta otras que ya tienen un pasado conocido, como Brianda Fitz James Stuart, a quien han seleccionado para formar parte del Atelier gracias a tres obras que muestran paisajes presididos por figuras geométricas.
 Otros, incluso, han expuesto ya sus trabajos en Madrid, París, Miami, Nueva York…
“Esta edición no está tan basada en la ilustración como la anterior, sino en técnicas mixtas que combinan pintura con diseño digital y manual”, destaca el responsable del Atelier, Patricio Binaghi. Uno de los artistas que se inclina por este eclecticismo es Bakea, cuya obra protagonizan criaturas tan extravagantes como un monstruo de un solo ojo que practica esquí.
 La digitalización del arte es otro de los elementos que Binaghi resalta de esa edición. “Aquella fue un éxito de ventas”, asegura el responsable.
 “Sorprende mucho que sin haber hecho publicidad en el extranjero se hayan vendido obras en México, Finlandia…”.
 Fue eso lo que ha hecho que Atelier des Jeunes repita en esta segunda edición.
Además de la selección de artistas españoles, el acto cuenta también con una sección de talentos extranjeros, en la que se da oportunidad de mostrar sus obras a creadores extranjeros, y con otra en la que el comisariado es ajeno al Atelier, para dar distintas visiones sobre el panorama artístico actual.

Pierre Cardin sube a escena..................................................Juan Cruz

El modisto, lejos de la jubilación con 92 años, tiene una intensa dedicación al mundo del teatro, que financia a través de su fundación.

 

Pierre Cardin, en la sede madrileña del Instituto Francés. / Bernardo Pérez

Los padres de Pierre Cardin eran de San Biagio de Callalta, en Italia; perdieron la guerra y lo perdieron todo.
 En Francia rehicieron la vida. Allí habían ido con su hijo, que nació en 1922.
 A sus 92 años el hombre que hizo democrática la moda cree que ese origen le dio la energía que conserva.
La expande más allá de los vestidos y los complementos que le hicieron famoso. Y la concentra, sobre todo, pero no solo, en el teatro, al que dedica dinero y entusiasmo.
 En París mantiene el Espace Pierre Cardin, donde ha “puesto en marcha 350 obras” y en Venecia anda embarcado en la construcción no ajena a la polémica del Palais Lumiere, una torre a escasas cinco millas del centro diseñada en colaboración con el arquitecto Rodrigo Basilicati, su sobrino. En ella, pretende incluir varios espacios culturales.
De su entusiasmo por la escena vino a hablar recientemente al Instituto Francés de Madrid. “Gracias a mi dinero he hecho teatro independiente.
Nunca le pedí un céntimo a ningún gobierno. ¡La moda es mi banca!”
Su recuerdo es una concentración extraordinaria de nombres propios, desde Jean Cocteau, que fue su amigo, hasta Luchino Visconti, con quien compartió también las luces del talento.
 “Gente fabulosa. Cocteau era muy humano y Visconti más aristocrático”. A Luis Buñuel lo conoció con Jeanne Moreau, su gran amiga
. Buñuel era “paternal y cálido, muy atento”
. Fue amigo también de Pablo Neruda, y ahora, a esta edad, ya parece tener sus andares. En su cabeza hay una babel enorme, así que habla francés, italiano, inglés, español... “A España vine cuando tenía algo más de veinte años por primera vez... Y luego he venido cuarenta veces”.
 Su recuerdo de aquella primera vez tiene que ver “con la España mísera de la posguerra. No había gasolina, no había coches. Pero ese viaje me permitió tener tantos recuerdos”.
La energía viene de saber que el trabajo es más honorable que la guerra.
La mezcla de lenguas que se produce en torno a la conversación lo alienta. “Hablar todas las lenguas, ¡eso es Europa!...
 Cuando yo vine a España por vez primera los viajes eran larguísimos, y todo quedaba lejos de Europa. Ibas a Egipto en barco y tenías que programar un mes de ausencia...
 Cuando estuve en China miré Europa de lejos y me di cuenta de que este continente se tenía que unir, su porvenir era nulo siendo tan fragmentada.
Por eso soy ahora un europeo tan convencido”.
¿Y por qué entre todas las artes que ha considerado suyas el teatro le ha producido ese entusiasmo? A los 14 años quería ser bailarín, “pero bailaba mal”; luego fue contable de un general y lo hizo “bien”. Era un hijo de la guerra; la Cruz Roja le ayudó a dejar Vichy, y en París quiso ser actor. “Tomé clases, pero no tenía talento, al menos no tenía el talento que se requería entonces.
 Yo tengo mucha memoria, retengo lo que me dicen, pero mi memoria no es repetitiva.
 Recuerdo de manera creativa. De modo que no servía para aquel modelo de teatro. ¡Ahora, creando a partir de un guion hubiera sido un actor!”
Era, pues, “un actor demasiado moderno
. El director me decía cómo agarrar el vaso, cómo poner la cara, y pedía que lo repitiera. ¡Como si yo fuera una foto! ¡Ahora me aceptarían!”
 En 1971, gracias a los beneficios que le dejaba la moda, se tomó la revancha. No se hizo actor pero creó en París el espacio Pierre Cardin, donde programa teatro, danza y música. “Para ninguna de esas piezas pedí una subvención”.
 Apabullan los nombres propios que juntó bajo su manto, sobre esos escenarios: él mismo subraya los nombres de Josep Maria Flotats, Marlene Dietrich, Marcel Marceau, Gerard Depardieu, Isabelle Adjani, Regine, Juliette Greco..
. Pero pone en un renglón especial a Bob Wilson, a quien catapultó en el mundo. Su espacio es el teatro pero abarca el universo.
“Y el mundo me ha hecho libre, mirar a todas partes desde la energía del teatro... He perdido dinero, pero he sobrevivido gracias a Pierre Cardin. ¡Pierre Cardin es mi banca y es mi marca!”.
He conocido a la gente más brillante e inteligente del siglo XX.
Pero, para hacer todo esto, para poner en escena a Lewis Carroll, a Gerard de Nerval, a Ionesco, a Cocteau, a Marguerite Duras o a Sam Shepard hace falta voluntad y energía...
 “Esa me viene”, dice Pierre Cardin, “porque tenía las fuerzas y los medios para hacerlo; quizá no tenía talento, pero sí los medios, y nunca necesité el apoyo de la política. Jamás pedí un céntimo”
. Su amigo Cocteau decía que había que cultivar la diferencia, en la literatura y en la vida, “y eso he hecho yo, cultivar la diferencia”.
La diferencia, y la salud. ¿Cómo se encuentra ahora? Ahí se relaja, mira atrás, hace recuento: “En este momento me encuentro muy bien.
 He conocido a la gente más brillante e inteligente del siglo XX
. Conocí a Visconti, a Montherlant, a Cocteau, los vi como seres humanos y los vi como artistas...
 Y me ayudaron a vivir la vida, contemplándola desde todos los puntos de vista. He sido embajador, académico, he tenido premios. Tengo energía.
 Viene de que soy italiano, de que mis padres lo perdieron todo, de que había que reconquistar la vida.
 De esa fuerza viene todo, de la conciencia de que el trabajo es más honorable que la guerra”.
“Voilá!”, exclama, y se va a hablar de teatro, una de sus fuentes de energía.

 

La delgada línea entre regalo y soborno

La respuesta a la corrupción es aprobar decenas de códigos éticos sin mecanismos de control

Los textos evitan señalar un precio a partir del cual no debe aceptarse un obsequio.

La corrupción va más allá del típico intercambio de maletines. / James Lauritz (Getty Images)

Si un denominador común tiene la corrupción que ha invadido España en la última década es el uso y abuso del regalo, el hábito del agasajo sin complejos al alto cargo, al responsable de tomar aquellas decisiones que pueden hacer prosperar un negocio.
 Y también la costumbre del donativo. ¿Cuántas veces se ha superado la línea donde lo que se entiende por cortesía debe llamarse, simple y llanamente, soborno?
España ha sido un escenario de políticos acompañados de sobres con billetes de 500 euros, de cuentas en países lejanos, de relojes de alta gama, de joyería fina, bolsos de primeras marcas, viajes a paraísos terrenales con los gastos pagados y cumpleaños para niños todo incluido.
 También ha dejado para la posteridad el patrón de traje-para-presidente-por-cuenta-ajena.
La consecuencia de esta feria del regalo ha sido un descrédito de la política y de los políticos hasta el punto de que los ciudadanos españoles consideran la corrupción como uno de los tres principales problemas del país
. La respuesta a este conflicto no ha sido muy contundente: ante la sospecha generalizada, se aprueba un código ético
. Ahora bien, ¿existe una regulación que impida que ciertos hechos se produzcan o estamos ante una forma de maquillaje? ¿Están nuestros altos cargos preparados para no aceptar ningún tipo de regalo? Los expertos tienen serias dudas al respecto.
En España,
los sobornos a extranjeros eran deducibles
La réplica a tanto sumario judicial ha sido la elaboración por parte de los dirigentes políticos de códigos éticos, que se han consensuado, aprobado, firmado y aplicado por decenas en el último lustro.
 Puede afirmarse que casi no hay comunidad autónoma sin código ético (Galicia hace escasas semanas ha puesto en marcha un segundo código), puede asegurarse que no hay partido político sin normas de conducta
. Con gran aparato, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) elaboró un Código del Buen Gobierno Local en 2009 para su aplicación por todos los ayuntamientos de España.
 Entre sus objetivos estaba “servir de instrumento que permita crear confianza entre los políticos y los ciudadanos”, recogía principios de transparencia y ética pública, junto a medidas para mejorar la gestión y calidad de la democracia local, aludía su redactado al fomento de la transparencia y la democracia participativa, al respeto de la voluntad de la ciudadanía
. Todo un compendio de grandes palabras y buenos propósitos.
Pero el texto avanzaba que se formarían comisiones de control.
 Los ayuntamientos deberían ratificar este documento y hacerlo suyo, informarían de su existencia y contenido a la ciudadanía y velarían por su cumplimiento.
 Cinco años después de tanta buena intención, la FEMP desconoce cuántos ayuntamientos españoles han ratificado este texto.
 “Inicialmente, tenemos conocimiento de que lo aprobaron medio centenar, pero realmente no hemos llevado la cuenta”, reconoció un portavoz.
Otro detalle. El texto preveía la creación de un Observatorio de Evaluación de Calidad Democrática que fiscalizaría la aplicación del Código
. No hay constancia de que se haya creado dicho observatorio. Conclusión: no hay datos de cuántos consistorios lo han aprobado y mucho menos de cómo lo están aplicando.
“Aquí lo que existe es un lampedusismo [cambiarlo todo para que nada cambie]. Damos la apariencia de que el problema está resuelto aprobando un código ético”, apunta Fernando Jiménez, profesor de la Universidad de Murcia y experto en lucha contra la corrupción.
“Ya tuvimos una época parecida después del caso Filesa y de los casos de corrupción del felipismo. Son operaciones de marketing.
 Es una oleada de regeneracionismo sin voluntad real de aplicar medidas contundentes.
 Se acaba de aprobar una ley de transparencia que para haber llegado tan tarde es un paso muy corto. No hay voluntad de cambio en los partidos políticos porque sus relaciones de apoyo son bases clientelares.
 Dentro de los partidos no se ha dejado maniobrar a la gente crítica.
 Tendría que haber un liderazgo social. Necesitan alguien que quiera inmolarse en el proceso”.
No hay control de cuántos municipios cumplen con sus regulaciones
La prueba evidente de que tanta normativa no está resultando eficaz es comprobar cómo España baja 10 puestos en el índice de Transparencia Internacional de 2013 y cómo la percepción de que somos un país corrupto no solo aumenta respecto de la política sino que ha llegado a la actividad privada.
“En España no ha habido una política anticorrupción y lo que nos falla son los mecanismos de control”, dice Manuel Villoria, catedrático y miembro del Consejo de Dirección de Transparencia Internacional.
“Todo el sistema está plagado de falta de valentía, de pactos interesados y de acuerdos”. Villoria recuerda la iniciativa que tuvo el ministro socialista Jordi Sevilla, titular de la cartera de Administraciones Públicas, cuando consiguió que se aprobara en un Consejo de Ministros de 2005 el Código del Buen Gobierno del Gobierno.
 Por aquel entonces, los casos de corrupción estaban empezando a salir a la superficie y se vendió aquella iniciativa como un acto ejemplar de regeneración.
 El código establecía que el ministerio haría un informe anual sobre su cumplimiento. Desde febrero de 2005 nunca se ha presentado un informe en ningún Consejo de Ministros, tanto de aquel Gobierno como del actual.
Todos y cada uno de estos códigos tratan de regular la conducta del político y el alto cargo. Y, entre las normas a seguir, aclaran cuál es el comportamiento que hay que tener hacia el regalo. Lo que sucede es que la regulación es breve y ambigua.
 ¿Qué dicen los códigos éticos a la española sobre los regalos? En líneas generales, repiten una misma frase: “No se aceptarán regalos que sobrepasen los usos y costumbres de la simple cortesía por parte de entidades y personas”. Así, uno tras otro.
¿Forma parte el jamón de pata negra de los usos y costumbres de la cortesía a la española? ¿Y la cesta de productos artesanos de primera calidad? ¿Dónde se sobrepasa la cortesía? Mejor dicho, ¿cuánto cuesta sobrepasarla, cuál es el precio?, ¿por qué nadie aporta una cifra?
Otro ejemplo. El Ayuntamiento de Palma de Mallorca anunció, durante la legislatura bajo gobierno socialista, un borrador de código ético según el cual quedaban prohibidos todos los regalos que superaran un valor de 50 euros
. Por fin, un precio. Pues bien, meses después, cuando el borrador fue consensuado, llegaron los matices y salió volando del texto final el detalle de los 50 euros
. Todo se ha quedado en “usos y costumbres de la simple cortesía”. ¿Por qué esa resistencia a señalar una cifra?
Palma puso un límite de 50 euros, pero la cifra saltó en el texto final
“Aquí actuamos de cara a la galería”, sostiene Francisco Cardona, exfuncionario de la OCDE especializado en gobernanza pública y políticas anticorrupción. “No hay mecanismos de control, porque el control está politizado y no hay protección para el denunciante.
 La lucha anticorrupción se ha confiado al código penal. Si no hay condena, no hay delito. La mejor regulación es aquella en la que el regalo está prohibido. Porque el regalo o la invitación es un coladero.
 Cuando en la OCDE tratamos de regular ese asunto nos encontramos con que no había problemas en los países del norte, pero en el sur había otros estándares.
 Dicen que es una cuestión religiosa, que los luteranos son más estrictos en este terreno
. Logramos que 40 países se adhirieran a un Convenio para evitar el soborno a funcionarios extranjeros elaborado en 1997 por Estados Unidos, porque allí el soborno es delito federal
. En España nos encontrábamos con que los sobornos a funcionarios extranjeros eran deducibles del impuesto de sociedades”. La OCDE no ha llegado a sancionar a España, pero sí ha dejado ver en sus informes que no se investiga el comportamiento ético de nuestras empresas en el exterior.
La última aportación a la bibliografía sobre códigos éticos procede de Galicia
. A pesar de que la Xunta ya contaba con un código desde los tiempos del bipartito (“no se aceptarán regalos que superen los usos habituales de cortesía”, decía el texto), la oleada de casos que afectan a municipios de toda condición, ha decidido al presidente Feijoo a buscar una segunda redacción:
 “Los altos cargos y empleados públicos no podrán aceptar, recibir o solicitar ningún regalo, dádiva, beneficio o favor para sí mismo y para su círculo familiar inmediato por parte de personas físicas o jurídicas”. Y para que no haya duda “se restringe lo que puede ser entendido como cortesía institucional”.
 Y le pone un precio: siempre que no rebase el importe máximo de 90 euros.
Así que el detalle de los 90 euros gallegos se convierte en todo un referente cuando la bibliografía sobre la materia en suficientemente extensa en Europa.
 Así, la OCDE redactó una especie de manual sobre regalos para altos cargos donde, entre otros conceptos señala el de “valor de mercado” de un regalo en el momento de ser recibido
. También menciona la figura del “regalo que debe ser reportado”.
 La Cámara Internacional de Comercio (ICC) ha hecho una revisión de las normas a seguir en esta materia: el documento tiene 4 folios y llega a determinar que “las invitaciones de bajo coste como bebidas no alcohólicas” pueden ser aceptadas.
 Y, si no fuera suficiente, la Comisión Europea elaboró en 2012 una guía sobre “regalos e invitaciones” para los altos cargos.
 El documento tiene ocho folios y señala varias escalas de aceptación de regalos según valgan menos de 50 euros, entre 50 y 150 (que necesitan de un permiso) o sobrepasen los 150 euros (que están directamente prohibidos). ¿Por qué ningún código ético español se ha inspirado en estos documentos?
La creencia de que legislando se acaba con el problema ha llegado hasta el sector privado
. Algunas modificaciones incluidas en el Código Penal en 2010 introducían un nuevo concepto como es el “soborno entre particulares”, de tal manera que el cohecho ya no solo afectaba al funcionario público, si no que la ley entraba a discernir sobre lo que podía suceder en la esfera de la empresa privada.
 A partir de ese momento, muchas empresas privadas han introducido códigos de conducta, establecido normas de prevención e incluso desarrollado planes de formación para sus ejecutivos y empleados.
“En un palco de fútbol hay que preguntarse quién te ponen al lado”
La iniciativa motivó muchas críticas en el mundo de la empresa.
 “No se percibe la necesidad de la criminalización de estas conductas en el sector privado, por cuanto la lesividad que ocasionan no alcanza relevancia suficiente para su sanción en el ámbito penal”, decía una nota del despacho Garrigues.
“Parece que hubiera sido más adecuado sancionar las conductas de corrupción privada en el ámbito de la regulación de la competencia, y dejar su sanción penal para los casos realmente graves de distorsión de la concurrencia”
. No obstante, las empresas privadas también se abrazaron al código de conducta. ¿Eficacia? Está por ver, aunque en el sector privado está mucho mejor regulada la protección al denunciante.
Usos y costumbres. Normas de cortesía y hospitalidad
. En la interpretación de estas palabras descansa la línea entre lo que es un obsequio y lo que puede ser un regalo comprometedor. Varios años después y varios centenares de imputados más tarde, no parecen firmemente sentadas las bases de una verdadera política anticorrupción ni de un cambio de cultura, según los expertos.
Ejemplo de que muchos detalles no han cambiado siguen vigentes. ¿Entra dentro de las normas de cortesía aceptar una invitación al palco de un club de fútbol en un partido de la Champions League? La entrada más cara para uno de esos encuentros suele superar con creces los 100 euros. La pregunta la responde Manuel Villoria:
“El palco de un estadio de fútbol es el espacio ideal del lobbismo. Aquí la pregunta que hay que hacerse es otra: ‘¿A quién te han puesto al lado en el palco?’. Así que ya no solo hay que mirar el valor de la localidad sino la identidad y los intereses que representa quien está sentado a tu derecha”.

 

Knausgård: vivir para confesarlo

La última revelación de las letras europeas es un escritor noruego, autor de ‘Mi lucha’, ciclo de 3.600 páginas que le ha valido comparaciones con Proust o Sebald

El autor afirma que el éxito le produjo “un problema de identidad”.

El autor noruego Karl Ove Knausgård. / leemage

Durante tres años seguidos, Karl Ove Knausgård escribió veinte páginas diarias sobre su propia existencia.
 El escritor noruego pretendía superar así una larga crisis creativa, pero también la trágica desaparición de su padre, fallecido tras ingerir cantidades industriales de alcohol junto a una abuela senil e igualmente ebria, pocos meses antes de que el autor cumpliera 40 años. Knausgård siguió escribiendo hasta concluir una saga de seis volúmenes autobiográficos, escritos con lucidez existencial y honestidad sanguinaria, a la que la que confirió el polémico título de Mi lucha, que reconoce haber escogido como pura provocación.
Su aventura terminó en 2011, cuando ya se había convertido en un fenómeno de masas en Escandinavia
. Desde entonces, también lo es en el mercado anglosajón, donde se le ha comparado con Proust y W.G. Sebald, además de ser adulado por autores como Jonathan Lethem, Zadie Smith y Jeffrey Eugenides –“ha roto la barrera de sonido de la novela autobiográfica”, sentenció este último–, beneficiado por el respaldo del todopoderoso agente Andrew Wylie, responsable del boom internacional de Roberto Bolaño
. Tras un primer volumen centrado en su progenitor, La muerte del padre, Anagrama publica ahora el segundo tomo de la saga, Un hombre enamorado, que versa sobre las frustraciones de su vida diaria como padre de familia, relatadas con todo lujo de detalles.
“Yo quería dejar a Linda, porque siempre se estaba quejando, siempre quería algo distinto, y nunca hacía nada para conseguirlo.
 Se limitaba a quejarse, quejarse y quejarse”, sostiene sobre su mujer nada más empezar.
Pasan unos minutos de los dos de la tarde. Knausgård, hombre de rostro torturado y mirada cristalina, aguarda en el andén de la estación de Ystad, pequeña ciudad en la costa sur de Suecia a la que se mudó junto a su familia hace tres años, huyendo del mundanal ruido de Estocolmo.
Una vieja camioneta llena de objetos desordenados –libros de Per Petterson, una temporada de la serie Mad Men y hasta una muñeca Violeta, la heroína argentina de la factoría Disney– nos conducirá hacia su hogar, una casa de campo tradicional dotada de un espacio de trabajo independiente que huele a tabaco y cafeína, presidido por una batería que dice tocar de vez en cuando.
 La entrevista tendrá lugar en el sofá naranja de su biblioteca, donde conviven Stig Dagerman, Virginia Woolf y los ensayos de Montaigne. “Me estudio más que ningún otro asunto. Yo soy mi física y mi metafísica”, dejó dicho el pensador francés.
 Damos por sentado que, siendo autor de 3.600 páginas sobre su propia vida, lo comparte sin matices.
Su proyecto ha causado un sufrimiento atroz a su alrededor
Llevaba tiempo trabajando en el libro, pero no encontraba la forma adecuada de tirar adelante.
 Un día me puse a escribir de manera embarazosamente confesional, contando cosas íntimas de las que nunca había hablado antes”, empieza relatando.
 Cuando se lo enseñó a su editor, le dijo que le parecía digno de “un maníaco”
. Ese día entendió que lo había encontrado. “Había en el texto una energía infrecuente. Abordaba una intimidad de la que se supone que no debe hablar una novela”, explica.
El éxito del proyecto reside, precisamente, en la transgresión de ese tabú.
 Al recorrer sus páginas, uno tiene la sensación de allanar su morada y adentrarse sin permiso en su privacidad.
 De hacerse con un diario personal escondido en un cajón y leerlo con avidez, para terminar descubriendo secretos extrañamente familiares
. Retraído pero nada hermético, Knausgård asiente. Existe placer en el hecho de leer sobre vidas ajenas, pero también en el de contar la tuya. Narrar tu propia existencia resulta casi lujurioso. Y, como toda lujuria, viene acompañada de culpa y de vergüenza.
 Por lo menos, eso es lo que he sentido yo”, asegura.
Pregunta. Su proyecto ha causado un sufrimiento atroz a su alrededor. Su madre le intentó disuadir para que no lo publicara, su ex mujer le ha condenado públicamente, la familia de su padre no le habla y su actual esposa terminó deprimida. ¿Cómo consiguió tirar adelante?
Me planteé no publicarlo, pero necesitaba el aplauso ajeno”
­Respuesta. Me repetía que el libro era más importante que mi vida.
 En aquel momento, lo creía de verdad.
 Cuando uno crea algo así, debe quererlo con todas sus fuerzas. Si no, el proyecto no resulta valioso. Eso no quita que fuera difícil e incluso descorazonador.
 Yo siempre me había visto como una buena persona. Y este libro no era el acto de una buena persona.
 Pero, por una vez en mi vida, me dije que tenía que ser honesto.
P. Entonces, ¿cree que ha valido la pena?
­R. Sí. Estoy feliz de que estos seis libros existan.
 Lamento haber hecho daño a los demás, pero no puedo decir que lo sienta. Dicho esto, dudé mucho. Cuando mandé el manuscrito a mi entorno y todos reaccionaron tan mal, me planteé no publicarlo.
 Ya lo había escrito, ¿para qué necesitaba que lo leyeran los demás? Entonces me di cuenta de que necesitaba el aplauso ajeno.
Solo lo siento por mis hijos. El precio que pague yo no me importa, pero el que puedan pagar ellos, sí.
Se calcula que uno de cada cinco noruegos ha leído alguno de sus libros.
 Algunas empresas tuvieron que prohibir sus novelas para evitar que los trabajadores se desconcentraran en horario laboral.
 Lejos de alegrarle, el éxito le perturbó.
 “Yo procedía del mundo académico y me consideraba un tipo serio que hablaba de cosas importantes. No me veía como un autor de best sellers”, reconoce. “¿Cómo era posible que me sucediera esto? ¿En qué había fallado?
El éxito me provocó un problema de identidad.
Afectó a la imagen que tenía de mí mismo”. Es cierto que sus novelas anteriores tenían un perfil más erudito
. Su segundo libro, Un tiempo para todo, versaba sobre la conexión entre lo humano y lo divino, además de reinterpretar pasajes de la Biblia.
 En cambio, Un hombre enamorado habla de calentar biberones y preparar papillas, de sortear desdichas domésticas y ganar batallas conyugales a riesgo de perder la guerra.
Anagrama edita en castellano el segundo tomo, ‘Un hombre enamorado’
P. ¿Cómo pasa uno de las sagradas escrituras a los pañales de sus hijos en menos de media década?
R. Nunca me lo planteé racionalmente – responde, soltando su primera y última carcajada. – Sentía una gran frustración, provocada por mi vida familiar.
 Me decía que mi vida no tenía sentido y soñaba con marcharme
. Hoy me sigo sintiendo así, pero menos. Este libro resolvió algo en mi interior. Antes veía a mi familia como el enemigo
. Ahora los veo como aliados. La recepción del libro fue tan extrema que agradecí que estuvieran a mi alrededor para protegerme.
P. ¿Ahora ya no cree que sería mejor escritor si no tuviera familia?
R. No, porque estaría totalmente aislado. Tener mujer e hijos me obliga a la interacción social, a enfrentarme al otro.
 Y de esa confrontación surge algo indudablemente bueno. Cuando era joven me marchaba largas temporadas a islas semidesiertas, porque creía que así era como uno debía escribir.
 Con el tiempo he entendido que hay que aprovechar lo que tienes delante. Sin ese conflicto familiar, mi libro no existiría.
Para seguir me repetía que el libro era más importante que mi vida”
P. ¿En algún momento lamentó haber escogido un título tan connotado y polémico como Mi lucha?
R. No. Siempre me ha parecido un buen título.
 Al final del sexto libro hablo sobre Hitler, aunque no fue premeditado.
 Me interesa la diferencia entre individuo y masa.
P. En el primer volumen, define esa lucha como un enfrentamiento “contra una fuerza superior”, pese a no ser religioso.
 ¿En qué consiste entonces esa fuerza?
R. Me resulta imposible responder con precisión.
 Existe un gran anhelo en el libro por vivir en el momento presente.
Es algo que solo me sucede con la lectura, la escritura y el arte
. Es un sentimiento parecido al que debía de ofrecer la religión: una conexión con el mundo, un esplendor de la existencia.
 Mis hijos no estudian la Biblia en el colegio y lo siento por ellos. Se está perdiendo un lenguaje, una mitología, una manera de experimentar el mundo. ¿Dónde ha quedado el éxtasis? ¿Ha adoptado otra forma o ya no lo necesitamos?
P. Dígamelo usted.
R. Diría que la cultura del entretenimiento ha sustituido a la religión en solo un par de generaciones. Mis hijos crecerán en un mundo muy distinto al de mis padres
. Me da pena, pero tampoco me opongo a ello. ¿Qué puedo hacer si a mi hija le gusta Violeta? Cada generación tiene las llaves de su tiempo.
P. Suecia, Noruega y Dinamarca encabezan la lista de naciones con mayores índices de felicidad, según datos recientes de la Universidad de Columbia. ¿Intensifica eso su desapego?
R. Tal vez tenga envidia de esa gente, porque yo nunca he sido feliz.
 Ya sabe que existe una larga tradición de intelectuales escandinavos depresivos, de Ingmar Bergman a Lars Von Trier [sonríe].
 Ser escandinavo significa formar parte de una sociedad que, desde que eres niño, te repite que no eres más importante que tu vecino.
 En la fotografía más conocida del Rey de Noruega, aparece en un tranvía vestido de calle y enseñando su billete.
 Ese proyecto social igualitario me parece bueno.
El problema es que implica un consenso excesivo
. En Escandinavia, todo el mundo piensa lo mismo. Y, cuando te atreves a decir cosas opuestas al consenso, eres considerado un ser malvado.
P. Pues en el libro dice unas cuantas. Por ejemplo, pone matices a la igualdad entre géneros y dice sentirse “emasculado” como hombre.
R. Eso responde a una gran inseguridad respecto a mi propia masculinidad. Un hombre de verdad no tendría problemas en criar a sus hijos.
 Ahora he cambiado un poco.
 He encontrado una manera de ser padre sin sentirme amenazado, tal vez porque vivo en el campo, donde los roles de género son más tradicionales que en la ciudad.
 Cuando vivía en Estocolmo presencié una conversación entre dos hombres que discutían sobre si era mejor llevar al niño de cara o de espaldas en la mochila porta-bebé. Me produjo un intenso sentimiento de claustrofobia.
 Odio que seamos cada vez más parecidos. Es mi definición del infierno.
P. ¿Qué escribe uno después de un proyecto como este?
R. De momento, muy poco.
 Tengo que superar lo que me ha pasado para ser capaz de seguir adelante.
 Necesito escapar a lo que soy y sentirme libre.
 Me he puesto a leer sobre física, disciplina de la que no sé nada, para ver si logro reinventarme
. De momento no ha dado resultado.
El año pasado intenté empezar una novela
. Escribí cuarenta páginas abominables.
 Sé que es posible que no vuelva a escribir nada que merezca la pena publicar.