Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

16 abr 2014

Francia congela las jubilaciones, los sueldos de funcionarios y las prestaciones

El Ejecutivo presenta los detalles de su plan para ahorrar 50.000 millones en tres años

Anuncia recortes en sanidad y se reducirán los efectivos de la mayoría de ministerios

“No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades", advierte Manuel Valls.

 

Valls, tercero por la izquierda, junto a los miembros de su gabinete tras el consejo de ministros. / PHILIPPE WOJAZER (REUTERS)

Presionado por Bruselas y por Berlín para cumplir con los plazos de reducción del déficit, el flamante primer ministro francés, Manuel Valls, ha salido este miércoles a la palestra para avanzar algunos detalles del plan de ahorro de 50.000 millones de euros en tres años anunciado por el presidente François Hollande.
 El Gobierno, que validará el reajuste la semana que viene en Consejo de Ministros, congelará las pensiones y las prestaciones sociales y no revalorizará el sueldo de los funcionarios, sin cambios desde 2010.
 En total, el Estado asumirá 18.000 millones del ahorro, las colectividades locales 11.000 millones, la sanidad 10.000 millones y la gestión del sistema social otros 11.000 millones de euros.
“Le debemos la verdad a los franceses, no es Europa la que nos impone sus elecciones, pero nuestro gasto público supone el 57% de la producción de riqueza”, aseguró el primer ministro, que, algo inédito en la historia de la V República, se sustituyó al portavoz del Gobierno en la habitual conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros.
 “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades y debemos romper esa lógica de la deuda que nos tiene atados de manos”, continuó y reafirmó el compromiso del Gobierno en cumplir con las reducciones del déficit y de la deuda en nombre de una mayor “soberanía”.
El país cerró 2013 con un desfase entre ingresos y gastos equivalentes al 4,3% del PIB, dos décimas por encima de lo previsto.
Para ello detalló el plan de ahorro de 50.000 millones de euros “repartido entre todos”, al cual ya se refirió la semana pasada en su discurso de presentación de política general.
 Una de las principales novedades consiste en el anuncio de la congelación de las pensiones y prestaciones sociales.
“En este contexto excepcional, no se revalorizarán hasta octubre de 2015”, indicó. La medida se aplicará al régimen de pensiones básico, a excepción de la más modestas, y podría ampliarse a las complementarias
. Sumada a la congelación del resto de las prestaciones, de las que quedan excluidas las mínimas como la ayuda a las personas sin recursos, supondrá un ahorro de entre 2.000 y 4.000 millones de euros.
 Estas se superponen a las reformas ya decididas, como el retraso de la edad de jubilación.

El Estado asumirá su parte en el recorte, del orden de 18.000 millones de euros (mil millones de menos que el anunciado la semana pasada)
. A los funcionarios les mantiene la congelación del índice a partir del cual se calcula su remuneración, una medida en rigor desde 2010.
Junto a ello y además de una reducción de los gastos inmobiliarios, reducirá los efectivos de los ministerios, salvo en educación, seguridad y justicia
. Las agencias públicas estatales, a excepción de las oficinas de desempleo y la universidades, deberán reducir igualmente sus gastos de funcionamiento.
 El Ejecutivo mantiene, sin embargo, su compromiso en creación de empleos en la educación nacional.
La administraciones locales por su parte deberán ahorrar unos 11.000 millones de euros en estos tres años.
 Otros 10.000 millones procederán del ámbito sanitario, que no debería afectar al nivel de asistencia de la seguridad social
. Sin entrar en mucho detalle, Valls evocó el seguimiento de medidas ya en marcha, como potenciar los medicamentos genéricos y un mayor eficiencia del sistema, como la promoción de la cirugía ambulatoria, que permite el alta hospitalaria el mismo día de le operación.

Cambios en impuestos

En contrapunto, el Gobierno se compromete a adoptar en junio “una medida para los contribuyentes más modestos”, en un esfuerzo por reforzar el poder adquisitivo para “reactivar la economía y ser más justos”.
 Valls descartó también reducir el salario mínimo para los jóvenes y las personas en el paro, una propuesta del presidente de la patronal Pierre Gattaz de la víspera, que había puesto en pie de guerra a los sindicatos y provocado una minipolémica.
Este ahorro debería permitir financiar el gran Pacto de Responsabilidad y de Solidaridad anunciado por el presidente François Hollande, por el que el ejecutivo reducirá las cotizaciones que pagan las empresas para aumentar su competitividad y a cambio de que creen más empleo.
 Las medidas anunciadas este miércoles serán aprobadas la semana que viene en Consejo de Ministros y se debatirán en el parlamento a partir de la siguiente.

La pretérita intensidad.................................................... Jordi Costa

Asumida la condición de anacronismo de 'Tren de noche a Lisboa', sería excesivo no reconocer una cierta habilidad de Bille August para no perder el hilo narrativo.

Jeremy Irons en 'Tren de noche a Lisboa', de Bille August.

El azar cruza puntualmente los pasos de un otoñal profesor de instituto de camino al trabajo y de una enigmática muchacha al filo del abismo (y del suicidio) en esta adaptación de la novela homónima de Pascal Mercier que El Aleph publicó en castellano en traducción de José Aníbal Campos.
 El danés Bille August lleva el libro a imágenes con un academicismo bastante desganado, que ha espoleado entre la crítica internacional severos juicios que coinciden en sancionarla como fósil fuera del tiempo.
 No obstante, asumida su condición de anacronismo expresivo, sería excesivo no reconocer en las claves clásicas del cineasta una cierta habilidad para no perder el hilo de la trama entre sus diferentes niveles narrativos.
Un impulsivo viaje a Lisboa que quizá resulte más convincente sobre el papel que en la pantalla convierte al profesor Raimund Gregorius (Jeremy Irons) en interlocutor póstumo de la voz de un hombre muerto: el intelectual pessoano Amadeu Prado (Jack Huston), que, enfrentándose a sus orígenes familiares, fue figura clave en la trastienda de la revolución de los claveles.
Planteada como una investigación sonámbula desarrollada por un sujeto desubicado, Tren de noche a Lisboa termina desvelando la tragedia de un triángulo amoroso en una encrucijada histórica que parece el reverso desencantado del que en su día inmortalizaría Casablanca (1942)
. La estrategia narrativa afirma como tema de fondo el contraste entre la intensidad de un heroísmo marcado por la fatalidad y la muerte en vida de los tiempos anti (o post)-heroicos. Todo es viejo, discursivo y sumiso al original literario, pero no necesariamente inepto.

TREN DE NOCHE A LISBOA

Dirección: Bille August.
Intérpretes: Jeremy Irons, Jack Huston, Mélanie Laurent, Christopher Lee, Lena Olin, Tom Courtenay, Bruno Ganz, August Diehl, Charlotte Rampling.
Género: drama. Alemania-Suiza-Portugal, 2013.
Duración: 111 minutos.

 

Paul Newman que estás en los cielos..........................................Josep Giralt

Una de las peores cosas que podrían ocurrirte en esta vida es que estés muriéndote y lo último que veas sea el programa Mujeres, hombres y viceversa, de Tele 5.
 Un espacio que infravalora y trivializa el diálogo, la comprensión, la empatía y la inteligencia de las personas, signo de cómo se perpetua la decadencia más absoluta,  basada principalmente en las audiencias.
Mi prima Lola estuvo ingresada durante unos meses con una afección pulmonar crónica.
 Compartía la habitación con otra paciente. Cuando íbamos a visitarla, teníamos que pedir que bajasen el volumen para poder hablar con ella
.  Lola nos miraba entre incrédula y estupefacta. Por suerte, nunca supo que aquellos alaridos catódicos eran los últimos que iba a escuchar en su vida, ni mucho menos pudo imaginarse que pretendiendo hacerle un bien, su doctor la cambiaría de habitación para colocarla junto a su marido, también enfermo en la misma planta.
 Siempre he creído que aquella decisión fue su tiro de gracia. Al cabo de una semana (llevaban 25 años juntos) entró en coma.
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Cuando regresaba del hospital no podía dejar de pensar que aquella situación de incomunicación en la que vivieron los últimos años, fue debido -entre otros factores- a que las cosas han cambiado algo. El sistema patriarcal  ha encontrado cada vez más resistencia y ha hecho que los privilegios para muchos hombres  se desmoronen.
 No ha habido mutación o metamorfosis de la especie humana, sino evolución
. Ante todo, cambio de valores, fruto de una lucha consciente de miles de mujeres por sus derechos.  Durante los últimos años Lola alzó su voz, no se sintió una mujer suficientemente querida y valorada y esa insumisión hizo el camino de su matrimonio -ya de por si complicado- menos creativo y feliz.
Llevaba la insatisfacción y tristeza silente como una traje del que solo se desprendía cuando estaba junto a sus amigas. 
 En su interior refulgía lo que la conocida psicóloga feminista Betty Friedan denominó "el malestar que no tiene nombre". 
 Ese hombre y esa mujer enclaustrados en su matrimonio terminaron por asfixiarse como peces fuera del agua. 
 Los pretextos que se dieron para continuar juntos no hicieron  otra cosa que hacerles reventar de soledad. La invulnerabilidad no existe para nadie. Caer era solo cuestión de tiempo. 
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A todos nos ha ocurrido que existen situaciones que nos sobrepasan. 
Y cuando se trata de cuestiones que nos atañen particularmente, todavía nos produce más desconcierto y tristeza.
 Dejar a mi prima en aquella lamentable situación y junto a un hombre que no supo amarla, me generó una serie de reflexiones que me llevaron -por una coincidencia del destino- ante una de las mayores obras llevadas al cine sobre el intrincado mundo del matrimonio.
La película “El Gato” me produjo la misma sensación que una ducha fría en pleno invierno
. Su visión fue como una punzante inmersión a la realidad
. Drama psicológico realizado por Pierre Granier-Deferre (París, 1927-2007) adapta con algunas variaciones la novela “Le chat” (1967) de Georges Simenon.
 La acción dramática transcurre en París a lo largo del invierno de 1971.  La película es un demoledor retrato de lo que puede llegar a ser la vida matrimonial. 
 Es junto a “¿Quién teme a Virginia Woolf?” de Mike Nichols, la historia más devastadora sobre el amor destruido y declive de la pareja que se ha escrito nunca.
Se trata de una historia en la que importan más las actitudes y miradas que los diálogos
. Es un drama sobre la hostilidad que siente un matrimonio incapaz  de entenderse. 
El marido solo muestra ternura con el gato que da nombre al film
. Entre los dos protagonistas no existe ninguna conversación hasta los quince minutos de metraje, lo que ilustra magníficamente el irrespirable ambiente conyugal de una pareja que no comparte nada más que el techo.
 Duermen en diferentes camas, comen a distintas horas, viven juntos, pero recluidos el uno del otro. A ello se añade la pérdida de facultades que comporta el envejecimiento, la enfermedad y su progresivo aislamiento. 
  Le Chat
Nunca hay felicidad sencilla entre un hombre y una mujer. Y posiblemente tampoco con uno mismo. ¿Cómo hemos concebido y construido el amor entre las personas? Bajo un aura de romanticismo que ha afianzado el rol de las mujeres como cuidadoras, sumisas, silentes, siempre agradables para los demás en todos los sentidos
. Y el rol de los hombres como controladores, proveedores, poseedores del cuerpo femenino, esperando madres cuidadoras y siempre dispuestas a satisfacerles.
 Sin la concepción del amor como libertad y equilibrio emocional, desde el reconocimiento en igualdad en conexión vital mutua, solo queda el hastío.
En una de las muchas conversaciones que mantuvímos me comentó que en los primeros años de su matrimonio le habían llegado a templar las piernas al escuchar el sonido de las llaves de su marido entrando en casa:
  “Hubo un tiempo en que para nosotros era imposible no tener sexo cada día. Ahora hace más de una década que no nos tocamos. No hay apenas afecto  
No hay nada que pueda ocurrir a los demás que no pueda pasarnos al resto. Tal y como señaló Terencio: “Nada de lo que es humano me es ajeno.” Nadie es tan especial o inteligente como para tener recetas mágicas contra el desamor y el paso del tiempo
. Nuestra principal aspiración es que nos quieran. Sin embargo solo la verdadera comprensión puede hacerlo posible. La realidad que se desarrolla ante nuestros ojos depende de que podamos verla y a menudo resulta muy difícil. En definitiva, se trata de dotar al corazón humano de refugio y sustento.
Estar cerca de ella y ver como su desdichada historia vital la consumía me enseñó que hay cosas que no pueden esperar.
 Conviene apresurarse, correr y marchar cuando sientes que no estás vivo. La vida pasa demasiado deprisa como para tenerle miedo.
 Por suerte, ahora nos encontramos ante un momento en el que parece que ha desparecido todo un ropaje sentimental al que estábamos vinculados
. Existen menos fingimientos, menos mentiras, menos camuflajes del deseo bruto.
 Mi prima creció y se educó en la España católica y franquista.
 Según me reconoció ella misma: “Si no me hubiesen puesto a trabajar con 12 años y no me hubiese sentido tan insegura, posiblemente no me habría casado nunca. Me he pasado la vida llena de miedos. Siempre me he sentido mal en mi propia piel.” 
   Día de la mujer
El orden social estimula que las personas vivan en pareja de forma matrimonial.
 No hay forma más eficaz de control y sometimiento. 
Pero vivir el amor en la institución matrimonial es una tarea difícil y que de salir mal conduce a una insatisfacción permanente. 
 No se puede vivir bajo el mismo techo con reproches constantes y sin ternura.  No hay ser humano que lo resista.  
Al igual que Jean Gabin en la película, mi prima tenía un gato con el que soñaba en el hospital. Cuando ya estaba muy medicada y apenas quedaba sombra de lo que fue, nos explicaba que el gato había ido a verla:  
“Esta mañana ha estado conmigo en mi regazo, Le he estado acariciando durante horas.” Todos sabíamos que aquello no podía ser cierto, pero no nos quedaban fuerzas para decir nada. ¿Cómo es posible que después de 25 años de convivencia quien se apareciese en alucinaciones fuese el gato?  
Gato-antena-luna
Nunca se sabe nada de los demás, de lo que está fuera de nuestra vista. 
Y menos del pasado. Si supiésemos sería tan simple. Yo nunca hubiese creído que había existido pasión en aquella pareja.
 La hubo, pero llevaban años sin tocarse
. Cuando se rasca un poco, cuando se adentra uno por el terreno de la confidencia, se oyen cosas tan alejadas del cuadro feliz y halagüeño que nos venden que nos sorprenderíamos
. Mujeres y hombres avergonzados, mal amados, que pasan meses y a veces años sin la sombra de ternura o de una relación sexual.  Si lo mejor que tiene el amor es el comienzo, ¿Acaso, la única manera de salvarlo sería volver a empezar constantemente? 
Divorcio_post
Asistimos a un decaimiento del deseo, que no concierne únicamente al deseo sexual, sino a todos los deseos. Una especie de pérdida de apetito generalizada.
 Uno de los problemas más acuciantes que tenemos en estos tiempos de incertidumbre es que no creemos en nada. ¿Qué pinta uno creyendo en el amor?  Pero además, nos encontramos en un punto de inflexión del paradigma del amor.
 Desde un cuestionamiento a esa forma de amor romántico que hizo que todo sea permisible en la pareja (la violencia, la sumisión, el engaño, la insatisfacción, el silencio) hacia una desvalorización absoluta al significado de la ternura del cuidado, de la pasión por la vida, de la expresión de las emociones en libertad. Y nos encontramos en la exaltación de lo pasajero, de ese supuesto "amor liquido”, que no tiene consistencia, porque se tiene miedo a arriesgar, porque no se quiere ver que el amor es  mucho más que ese primer comienzo.  
A nadie le gusta escuchar que la mayoría de las veces puede salir mal. Pero una pareja puede llegar a representar una fatalidad
. De salir bien, es un verdadero milagro. Françoise Giroud describe así la fórmula para la felicidad conyugal: “Es el movimiento mismo de la propia vida, lo que agota el deseo y hace nacer otro hacia otro objeto del amor
. Hay un amor que no está hecho de pasión sino de inclinación, de gustos y de interés comunes en el sentido más amplio, de ternura lúcida, de fidelidad incluso cuando algunas veces cueste, un amor que puede ir profundizándose no declinándose, y que no tiene nombre.
 Y sobre ese amor es sobre el que puede fundarse con éxito el matrimonio.”
VOLUNTARIADO
Ni siquiera uno mismo aprende. Nos pasamos la vida volviendo a empezar, persiguiendo un sueño construido por el orden social, cometiendo cien veces los mismos errores.
 Sin embargo, si queremos vivir plenamente, no debemos perder el contacto con una vida que cambia y evoluciona perpetuamente.
 Debemos aprender a no mantenernos dentro de los límites de la seguridad, sino en aventurarnos en la arriesgada senda de las nuevas experiencias. 
Tenemos que caminar junto aquellos y aquellas que nos hagan sumar. Es la única forma de construir y de disfrutar del placer de estar juntos. 
 Conseguir el respeto recíproco, los intereses comunes y una buena resistencia a la corrosión de la realidad, será solo cuestión de tiempo. Sumar es la clave.   
En definitiva, el sistema ha conseguido que se interiorice un  modelo de “amor romántico” que queda confinado dentro de los límites de la moral imperante. Lola paso la mayoría de sus años adultos deseando ser otra mujer y soñando con Paul Newman
. Murió sin conocer la ternura y las caricias de ningún otro hombre. 

Shakespeare, el mayor inspirador..................................................... Javier Marías

Fuente inagotable de fertilidad literaria, el dramaturgo y poeta inglés sigue siendo el escritor que corre más por las venas de los autores del presente

Un estímulo que alimentan novelas, películas o series de televisión

Aunque su nacimiento fue registrado el 26 de abril de 1564, habría nacido entre el 19 y el 25 del mismo mes.

Sé de numerosos escritores que leyeron a los más grandes en su temprana juventud —quizá cuando sólo eran lectores— y luego jamás vuelven a ellos.
 En parte lo entiendo: resulta desalentador, disuasorio, incluso deprimente, asomarse a las páginas más sublimes de la historia de la literatura. “Existiendo esto”, se dice uno (yo el primero), “¿qué sentido tiene que llene folios con mis tonterías? No sólo nunca alcanzaré estas alturas o esta profundidad, sino que en realidad es superfluo añadir ni una letra. Casi todo se ha dicho ya, y además de la mejor manera posible”.
Hay escritores, por tanto, que para sobrevivir como tales y encontrar el ánimo para pasar meses o años ante el ordenador o la máquina, necesitan fingir que no han existido Shakespeare ni Cervantes ni Dante ni Proust, ni Faulkner ni Montaigne ni Conrad ni Hölderlin ni Flaubert ni James, ni Dickens ni Baudelaire ni Eliot ni Melville ni Rilke, ni muchos más seguramente.
 Lo último que se les ocurre es regresar a sus textos, al menos mientras trabajan, porque el pensamiento consecuente suele ser:
 “Mejor me quedo callado y no doy a las exhaustas imprentas otra obra más: ya hay demasiadas, y la mayoría están de sobra. Por cálculo de probabilidades, sin duda las mías también”.
 Para quienes estamos en activo la frecuentación de los clásicos puede ser más paralizante y esterilizadora que nuestros mayores pánicos e inseguridades, y créanme que, excepto los muy soberbios (los hay, los hay), no hay novelista ni poeta que no se vea asaltado por ellos, antes, durante y después de la escritura.
Su grandeza y misterio me invitan a escribir,
me espolean,
incluso me dan ideas
Quizá por esa extendida evitación sorprende un poco —quizá por eso se me haya solicitado esta pieza— que alguien como yo, todavía en activo y más o menos contemporáneo, esté en permanente contacto (sería presuntuosa la palabra “diálogo”) con el más intimidatorio de cuantos escritores han sido, Shakespeare, hasta el punto de incorporarlo a menudo a mis propios textos, en los que lo cito, lo comento, lo parafraseo; está presente en muchos de ellos
. De hecho le debo tanto que seis títulos de libros míos son citas o “adaptaciones” de Shakespeare, y aún pueden ser siete si la novela que acabo de terminar conserva finalmente el provisional que la ronda
. No es que desconozca esa admiración desalentadora, ese estupor disuasorio que producen los más grandes autores, al lado de los cuales uno siempre se siente un iluso o un fatuo.
 Vivimos en una época en la que el deslumbramiento por los vivos está casi descartado, porque está más vigente que nunca aquel viejo lema, creo que medieval: “Nadie es más que nadie”. Cada vez está más generalizada la negativa a reconocer la “superioridad” de nadie en ningún campo (salvo en el deportivo), y hoy sería poco imaginable la reacción del narrador de El malogrado, de Thomas Bernhard, quien abandona su carrera pianística al coincidir con Glenn Gould y darse cuenta de que, por competente que llegara a ser, jamás se aproximaría al talento y al virtuosismo del intérprete canadiense
. Cualquier artista actual está obligado a suprimir —o a silenciar, al menos— la admiración por sus colegas vivos, más aun si son compatriotas suyos o escriben en la misma lengua. Incluso hemos llegado a un punto en el que, para sobrevivir, también hace falta desacreditar a los muertos —qué molestia son, qué incordio, cómo nos hacen sombra, cómo subrayan nuestras deficiencias y nuestra mediocridad—; o, si no tanto, hacer caso omiso de ellos y desde luego rehuirlos
. No son escasos los literatos que hoy afirman no haber leído apenas —ya les trae cuenta— y tener como referencias únicas el cine, la televisión, los cómics o los videojuegos.
 El propio, posible talento con las palabras no se ve amenazado si uno ignora lo que otros lograron con ellas.

Supongo que, en este mundo temeroso y mezquino, mi actitud es anacrónica. Frecuento a Shakespeare porque para mí es una fuente de fertilidad, un autor estimulante
. Lejos de desanimarme, su grandeza y su misterio me invitan a escribir, me espolean, incluso me dan ideas: las que él sólo esbozó y dejó de lado, las que se limitó a sugerir o a enunciar de pasada y decidió no desarrollar ni adentrarse en ellas.
 Las que no están expresas y uno debe “adivinar”. Por eso he hablado de misterio: Shakespeare, entre tantísimas otras, posee una característica extraña; al leérselo o escuchárselo, se lo comprende sin demasiadas dificultades, o el encantamiento en que nos envuelve nos obliga a seguir adelante.
 Pero si uno se detiene a mirar mejor, o a analizar frases que ha comprendido en primera instancia, se percata a menudo de que no siempre las entiende, de que resultan enigmáticas, de que contienen más de lo que dicen, o de que, además de decir lo que dicen, dejan flotando en el aire una niebla de sentidos y posibilidades, de resonancias y ecos, de ambigüedades y contradicciones; de que no se agotan ni se acaban en su propia formulación, ni por lo tanto en lo escrito.
Es su verbo, es su estilo, el que abre brechas
por las que otros nos podemos asomarnos
En mis novelas he puesto ejemplos: “It is the cause, it is the cause, my soul” (“Es la causa, es la causa, alma mía”), así inicia Otelo su famoso monólogo antes de matar a Desdémona
. El lector o el espectador leen o escuchan eso tranquilamente por enésima vez, lo comprenden. Y sin embargo, ¿qué demonios quiere decir? Porque Otelo no dice “She is the cause” ni “This is the cause” (“Ella es la causa” o “Esta es la causa”), que resultarían más claros y más fáciles de entender. O cuando a Macbeth le comunican la muerte de Lady Macbeth, murmura: “She should have died hereafter” (“Debería haber muerto más adelante”, más o menos).
 ¿Y eso qué significa —esa célebre frase—, cuando la situación es ya desesperada y el propio Macbeth morirá en seguida?
 También Lady Macbeth, tras empaparse las manos con la sangre del Rey Duncan que su marido ha asesinado, vuelve a este y le dice: “My hands are of your color; but I shame to wear a heart so white” (“Mis manos son de tu color; pero me avergüenzo de llevar un corazón tan blanco”)
. No se sabe bien qué significa ahí “blanco”, si inocente y sin mácula, si pálido, asustado o cobarde. Por mucho que ella quiera compartir el sino de Macbeth, ensangrentándose las manos, lo cierto es que la asesina no ha sido ella, o sólo por inducción, instigación o persuasión
. Su marido es el único que se ha manchado el corazón de veras.
Son ejemplos de los que me he valido en el pasado
. Pero hay centenares más. (“¡Ojalá fuera tan grande como mi pesar, o más pequeño mi nombre! ¡Ojalá pudiera olvidar lo que he sido, o no recordar lo que ahora debo ser!”, dice Ricardo II en su hora peor)
. Las historias de Shakespeare rara vez son originales, rara vez de su invención.
 Es una prueba más de lo secundario de los argumentos y de la importancia del tratamiento.
 Es su verbo, es su estilo, el que abre brechas por las que otros nos podemos atrever a asomarnos. Señala sendas recónditas que él no exploró a fondo y por las que nos tienta a aventurarnos.
 Quizá por eso sigue siendo el clásico más vivo, al que se adapta y representa sin cesar; el que sobrevuela películas y series de televisión oceánicas como El señor de los anillos, Los Soprano, El padrino o Juego de tronos, o más superficialmente House of Cards.
  A él sí osamos volver. No sólo yo, desde luego, aunque en mi caso no haya la menor ocultación.
Lo reconozcan o no otros autores, a los cuatrocientos cincuenta años de su nacimiento y a los trescientos noventa y ocho de su muerte, Shakespeare sigue siendo el que corre más por nuestras venas y el mayor inspirador de nuestros balbuceos.