Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

23 feb 2014

Críticos de alquiler................................. Juan Goytisolo

La suerte de un libro estaba echada si el censor escribía: “No debe autorizarse”.

 

Los que figuran bajo el título del presente artículo —su denominación no es mía, sino de mi muy querido Laurence Sterne— incluyen no solo a los que están al servicio de los intereses de un clan o de un sello editorial, como sucede hoy en casi todos los países del mundo, sino también a quienes incrustados en la burocracia estatal de las dictaduras velan por la pureza de la fe o ideología, el orden político y social, y las buenas costumbres.
 Son los primeros lectores de un material inédito, pero que aspira a dejar de serlo y acceder al público; y, como ocurrió en la larga noche franquista, respondían a las preguntas rituales de si ese material atentaba contra el dogma católico, los representantes de la Iglesia y del régimen o las normas que rigen la conducta de toda persona moralmente sana y honesta.
Hace ya algunos años llegaron a mis manos los informes del Ministerio de Información y Turismo respecto a mis novelas de juventud, informes en los que se aconsejaban ciertos cortes (unas veces de meras palabras, otras de párrafos enteros) o se descartaba el libro en su totalidad (el tajante y definitivo “no debe publicarse”).
 Dicha documentación, obra por lo común de estipendiados anónimos, se extendía del lector de base al jefe de lectorado, de acuerdo con una escala jerárquica cuya cima correspondía al director responsable del llamado Departamento de Orientación y Consulta.
En otra ocasión expuse ya de qué modo la presencia de esos lectores invisibles había incidido en mi estrategia narrativa para lidiar con ellos y eludir sus tijeretazos
. Era el juego del ratón y el gato, al que recurrí con éxito en el caso de Campos de Nijar en donde, pese a la crítica implícita de la mísera realidad social que describía, el censor no pudo cortar ni una sola línea.
 Pero mi satisfacción inicial (la creencia de haber sido más listo que él) se mudó al cabo de un tiempo en melancolía
. Si mi obra había pasado por la aduana de la censura era porque me había censurado yo mismo para evitar el mortífero choque frontal con el señor censor.
 Dicha constatación me dejó consternado y transformó mi presunta victoria en derrotada amargura
. A partir de entonces decidí acabar de una vez con el juego: dejar al censor su tarea y seguir yo con la mía.
 De resultas de ello, cuanto escribí desde 1963 cesó de publicarse en España y apareció en México, Buenos Aires y en la editorial parisiense de Ruedo Ibérico. Señas de identidad, Don Julián y El furgón de cola no se presentaron siquiera a censura
. Se acogieron al derecho de asilo y se autoexiliaron.
Hace algunos años llegaron a mis manos los informes sobre mis novelas de juventud 
Hasta fecha reciente desconocía las vicisitudes de la censura del tardofranquismo, cuando la hoy encomiada apertura de Fraga Iribarne propició un lavado de fachada de la casa y puso la información al servicio del turismo —nuestros seis millones de visitantes de entonces debían encontrarse con un país normal y acogedor, acunado ya por el dulce sueño europeo—, y por dicha razón he leído con vivo interés la documentación reunida por Valentina Muzzi, una simpática estudiante de la Universidad Complutense que escudriñó los archivos en donde se almacena la memoria de lo suprimido aquellos años con miras a un máster sobre el tema.
 Gracias a ella he refrescado mis recuerdos y sacado a la luz algunos puntos oscuros de mi relación involuntaria con esa sacra institución a la que Larra consagró algunas de sus mejores páginas.
En febrero de 1974, alentado por los aires de cambio que soplaban en la Península conforme se aproximaba el previsible final del dictador y la entronización del sucesor por él designado, mi editor, Seix Barral, había presentado al mencionado Departamento de Orientación y Consulta una solicitud de impresión en España de la novela Señas de identidad publicada en México ocho años antes.
La “lectura oficiosa” del crítico de alquiler anónimo (su firma es ilegible), después de una apreciación literaria que no desdice de las que aún se estilan (conjunto de “vivencias inconexas”, “carencia de línea argumental sólida”, etcétera) va directamente al quid del asunto:
“En los capítulos que se refieren a su paso (el del protagonista) por España o a sus recuerdos de los tiempos de la guerra y primeros años de la paz, queda bien clara la enemiga del autor con relación al régimen español
. Cuando lo que escribe lo pone en boca de partidarios del mismo, emplea entonces un estilo irónico burlesco, tono que desaparece para adquirir un aspecto serio y digno cuando la crítica está en boca de sus enemigos o se trata de comentarios del propio autor”.
Si a esa maligna inquina se añade una “burlona insinuación” respecto al jefe del Estado y, en lo que concierne a la religión, la existencia de “párrafos irreverentes” que en algún caso “llegan a la blasfemia”, el crítico de alquiler (yo era involuntariamente su ganapán) estima con razón que la novela NO DEBE AUTORIZARSE (así, con mayúsculas).
 La suerte del libro está echada, pero en la siguiente revisión —a solicitud del editor— por el jefe de lectorado, fechada en abril de 1976 (hacía medio año que Franco había muerto), este nuevo examinador, aun reconociendo que a lo largo de la obra el antifranquismo del autor es patente, emite algunas dudas sobre su índole delictiva y, habida cuenta del carácter “políticamente delicado” del asunto, se remite a una nueva revisión por la “superioridad”...
La Marca España ha cambiado, pero aun medran algunos con los "no procede"
Si me demoro en ese papeleo administrativo lo hago en la medida en que revela los coletazos defensivos de un sistema agonizante que, descabezado por el atentado contra el almirante Carrero Blanco, intentaba subsistir y prolongarse con una máscara nueva.
Lo que sí había cambiado entre tanto era la rebeldía de los editores que, conscientes de una más favorable correlación de fuerzas, aprovechaban los resquicios legales del llamado “silencio administrativo” para desafiar la censura y abrir nuevos espacios de libertad.
No quiero concluir estas líneas sin señalar que en 1974 Seix Barral había presentado también a la Sección Cultural del Libro (así, con mayúsculas) el manuscrito de Juan sin tierra y que la evaluación del mismo por el crítico de alquiler fue tan lapidaria y precisa como mostrenca:
“Conjunto de relatos breves, sin más unidad que un estilo literario en el que la trama se oculta bajo una jerga desvergonzada, absurda, en la que solo brilla con limpia nitidez la blasfemia o el relato de la corrupción sexual”.
Supongo que el reseñador se santiguó al redactar su informe y tratar de impedir que tal engendro llegara a manos de honestos y virtuosos lectores. Su sentencia (que “la obra sea denegada”) fue no obstante efímera.
 Un año después, la censura autorizó la exportación de los 2.000 ejemplares ya impresos sin licencia a Hispanoamérica, sin parar mientes en que, con ello, la Madre Patria se conducía como una madre desnaturalizada en cuanto enviaba a sus amadas hijas del otro lado del Atlántico el fruto emponzoñado que no quería para ella. ¡Una contradicción más en aquellos tiempos de confusión en los que nos adentrábamos, tiempos en los que, como denuncia hoy Rouco Varela, la esquiva y frágil libertad es el primer paso que conduce en derechura a los abismos del libertinaje!
Muchas cosas han cambiado en las últimas décadas en la Marca España
. Pero los críticos de alquiler medran aún con sus silencios administrativos y “no procede” en sus reinecillos de taifa. Como dijo un hispanista inglés amigo mío, si los colocas horizontal y verticalmente te dan para un crucigrama.
Juan Goytisolo es escritor.

Mujeres invisibles..................................Tomàs Delclós

El escaso número de artículos de opinión con firma femenina y la falta de sensibilidad de género a la hora de enfocar ciertas noticias se convierte en motivo de reproche.

Una lectora, María Teresa Cobos, escribía hace casi un año lo siguiente, a propósito de la escasez de artículos de opinión suscritos por firmas femeninas:
 “Es desesperanzador comprobar que en este aspecto relativo al 50% de la sociedad española, el diario no esté a la altura que corresponde a nuestro tiempo y a nuestras circunstancias. ¿Cómo podemos progresar ignorando el 50% de nuestras capacidades?”.
 Desde entonces, no ha habido mejoras palpables y la queja se reproduce
. Y es una situación que el propio diario no ignora. En el blog Mujeres de la edición digital se publicaba en septiembre un artículo de María Ángeles Cabré, directora del Observatori Cultural de Gènere (OCG), donde glosaba el análisis comparativo realizado con distintas cabeceras que se publican en Cataluña y en el cual este diario figuraba como el “más paritario”, pero, y eso es lo preocupante como indicativo de una situación general, con un porcentaje muy bajo (25,87% de firmas femeninas).
 Y no es idéntica la presencia en la columna de última, equitativa, que en La Cuarta Página, donde el porcentaje de intervenciones de autoras no llega al 7%.
 En el citado texto, se aseguraba que “la voz de la opinión es una voz afónica por lo parcial y desenfocada, por lo poco representativa de la inmensa población a que va destinada, donde hombres y mujeres se reparten las calles casi en la misma proporción. (…)
Lo dicho, en el periodismo los malos hábitos del patriarcado se siguen perpetuando y cualquiera diría que estamos aún en los años setenta, cuando la voz de las mujeres se empezaba realmente a oír”.
Cabré me comentó que esta menor visibilidad antes podía justificarse como reflejo de una realidad: la mujer ocupaba un lugar secundario en la empresa, la universidad, etcétera.
 “Ahora no es así y, sin embargo, en el mundo de la cultura y el periodismo sigue infrarrepresentada porque el referente simbólico no ha cambiado, sigue siendo el hombre. La cultura y el periodismo, en este sentido, van por detrás de la sociedad y perpetúan con más claridad el trato desigual”.
Trasladé la cuestión al subdirector responsable de Opinión, José Manuel Calvo, quien reconoció la veracidad de estos datos, que lamentó, y aseguró que la sección trabaja para mejorarlos progresivamente.
“El referente simbólico no ha cambiado, sigue siendo el hombre”
Pero el rastreo por parte de nuestros lectores de la atención hacia lo femenino no se limita a la cuota de articulistas en Opinión. M. Eugenia Ibáñez reprochaba en enero que para elaborar la lista de mejores deportistas del año se hiciera una encuesta en la que de 75 personas consultadas, únicamente 18 eran mujeres, “el 22,6% del total. ¿Es ese un porcentaje justo tras los resultados del año? ¿Qué han hecho deportistas como Pedro de la Rosa, Contador, Mata, Silva, Villa, Verdasco... para ser considerados los mejores y, en consecuencia, obtener el privilegio de elegir a la estrella del panorama deportivo del año?
 Se me ocurren, a bote pronto, una veintena de nombres de mujeres con mayores méritos que los deportistas citados”.
 La carta se encabezaba con una reflexión más general: “No parece que la sección de Deportes avance en demasía en el propósito de dar al deporte femenino un trato más considerado, más acorde con los resultados que las deportistas españolas están ofreciendo”.
 José Sámano, redactor jefe de Deportes, me remitió su respuesta a las dos cuestiones.
 Con respecto a la encuesta, admite que no repararon en el equilibrio de sexos, pero la selección de encuestados también responde a otros factores como la negativa a responder de algunos o, simplemente, al éxito a la hora de localizarlos
. “Quizá sea bueno que en la de este año seamos más equilibrados, pero de verdad que no hay nada premeditado”.
 Con respecto a la atención al deporte femenino, Sámano recuerda que en los Juegos Olímpicos de Londres se convirtió el éxito del equipo femenino español en hilo de la cobertura. “Hemos creado un blog específico, Ellas ganan, donde queremos interactuar con todas y siempre que podemos damos cancha a las deportistas”
. Con el citado blog, comenta Sámano, se quiere dar mayor visibilidad al deporte femenino y la sección no descarta otras iniciativas en este sentido.
Curiosamente, una queja similar, sobre la poca atención mediática al deporte femenino, le llegaba al ombudsman de The Observer en diciembre.
Esta misma semana, otro lector, Bernardo Frau, subrayaba que el diario no se había hecho eco del récord mundial femenino de la media maratón y se preguntaba si no se tuvo en consideración por no ser masculino
. En España, de 3.498.848 deportistas federados en 2012, 721.766 eran mujeres.
El chequeo de los lectores en esta cuestión no se basa únicamente en contabilizar las carencias. También, a veces, la cita expresa a la condición de mujer de la protagonista de una información se analiza como anómalo. Esto hizo, y lo argumentaba, Guillermo Ferrer a propósito de una noticia titulada: “UGT aspira a recuperar la credibilidad tras elegir a una mujer como líder”. Y escribía: “En un primer lugar, se podría entender que alguien está convencido de que por el hecho de elegir a una mujer, UGT cree que se va a recuperar la credibilidad automáticamente.
 Es evidente que esto no tiene por qué ser así, pero de cualquier manera se puede intentar hacer pensar a la población que va a serlo. No obstante, no hay en la noticia nada sobre que esta sea la intención de UGT”. El lector considera que cabe que únicamente se pretenda destacar dos hechos independientes (la condición de mujer y la recuperación de credibilidad), pero en este caso considera la formulación del titular confusa. Y se pregunta: “¿Por qué el periodista cree que su condición de mujer es tan importante como para remarcarla en el titular? Imagine el caso contrario. ‘UGT intenta recuperar la credibilidad, tras elegir a un hombre como líder’... ¿no le parece ridículo?”. Manuel Planelles, autor de la información, no valora si sería ridículo, “lo que está claro es que no sería una noticia. Porque el secretario general de UGT en Andalucía siempre ha sido un hombre en sus 125 años de historia, con lo que no tendría sentido periodístico destacarlo. De igual forma, no hubiera tenido sentido destacar que un hombre presidía la Junta cuando José Antonio Griñán fue elegido presidente andaluz
. Pero, cuando Susana Díaz le sustituyó, sí se subrayó que una mujer era la presidenta de la Junta, porque este cargo siempre ha sido ocupado por hombres hasta ahora. Carmen Castilla, tras ser elegida secretaria general de UGT en Andalucía, recordó ante los periodistas que era la primera mujer que lideraba la central en 125 años
. Resaltó además, como también se apunta en la información, que su objetivo era ‘recuperar la credibilidad’ del sindicato, afectado por el supuesto mal uso de fondos públicos”.
 El titular, prosigue, reúne las dos ideas, que es la primera mujer y que UGT busca recuperar la credibilidad, pero el “tras” no pretende sugerir que intentará recuperarla por el hecho de que su nueva secretaria general sea mujer.

 

La casa de Boccaccio................................................... Mario Vargas Llosa

PIEDRA DE TOQUE. Los cuentos del ‘Decamerón’, quizá escritos en el pueblecito de Certaldo, donde nació el escritor, inventan la prosa narrativa italiana e inauguran la riquísima tradición del cuento en Occidente.

 

FERNANDO VICENTE

El pueblecito toscano de Certaldo conserva sus murallas medievales, pero la casa donde hace siete siglos nació Giovanni Boccaccio fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial
. Ha sido reconstruida con esmero y desde su elevada terraza se divisa un paisaje de suaves colinas con olivares, cipreses y pinos que remata, en una cumbre lejana, con las danzarinas torres de San Gimignano.
Lo único que queda del ilustre polígrafo es una zapatilla de madera y piel carcomida por el tiempo; apareció enterrada en un muro y acaso no la calzó él sino su padre o alguno de los sirvientes de la casa
. Hay una biblioteca donde se amontonan los centenares de traducciones del Decamerón a todas las lenguas del mundo y vitrinas repletas con los estudios que se le dedican.
 El pueblecito es una joya de viviendas de ladrillos, tejas y vigas centenarias, pero minúsculo, y uno se pregunta cómo se las arregló el señor Boccaccio papá para, en lugar tan pequeño, convertirse en un mercader tan próspero.
 Giovanni era hijo natural, reconocido más tarde por su progenitor y se ignora quién fue su madre, una mujer sin duda muy humilde.
 De Certaldo salió el joven Giovanni a Nápoles, a estudiar banca y derecho, para incrementar el negocio familiar, pero allí descubrió que su vocación eran las letras y se dedicó a ellas con pasión y furia erudita
. Eso hubiera sido sin la peste negra que devastó Florencia en 1348: un intelectual de la elite, amante de los clásicos, latinista, helenista, enciclopédico y teólogo.
Tenía unos 35 años cuando las ratas que traían el virus desde los barcos que acarreaban especias del Oriente, llegaron a Florencia e infectaron la ciudad con la pestilencia que exterminó a 40.000 florentinos, la tercera parte de sus habitantes.
 La experiencia de la peste alejó a Boccaccio de los infolios conventuales, de la teología y los clásicos griegos y latinos (volvería años más tarde a todo ello) y lo acercó al pueblo llano, a las tabernas y a los dormideros de mendigos, a los dichos de la chusma, a su verba deslenguada y a la lujuria y bellaquerías exacerbadas por la sensación de cataclismo, de fin del mundo, que la epidemia desencadenó en todos los sectores, de la nobleza al populacho.
 Gracias a esta inmersión en el mundanal ruido y la canalla con la que compartió aquellos meses de horror, pudo escribir el Decamerón, inventar la prosa narrativa italiana e inaugurar la riquísima tradición del cuento en Occidente, que prolongarían Chaucer, Rabelais, Poe, Chéjov, Conrad, Maupassant, Chesterton, Kipling, Borges y tantos otros hasta nuestros días.
Gracias a esos relatos irreverentes y geniales se convirtió en un escritor inmensamente popular
No se sabe dónde escribió Boccaccio el centenar de historias del Decamerón entre 1348 y 1351 —bien pudo ser aquí, en su casa de Certaldo, donde vendría a refugiarse cuando las cosas le iban mal—, pero sí sabemos que, gracias a esos cuentos licenciosos, irreverentes y geniales, dejó de ser un intelectual de biblioteca y se convirtió en un escritor inmensamente popular.
 La primera edición del libro salió en Venecia, en 1492.
Hasta entonces se leyó en copias manuscritas que se reprodujeron por millares
. Esa multiplicación debió de ser una de las razones por las que desistió de intentar quemarlas cuando, en su cincuentena, por un recrudecimiento de su religiosidad y la influencia de un fraile cartujo, se arrepintió de haberlo escrito debido al desenfado sexual y los ataques feroces contra el clero que contiene el Decamerón.
 Su amigo Petrarca, gran poeta que veía con desdén la prosa plebeya de aquellos relatos, también le aconsejó que no lo hiciera
. En todo caso, era tarde para dar marcha atrás; esos cuentos se leían, se contaban y se imitaban ya por media Europa
. Siete siglos más tarde, se siguen leyendo con el impagable placer que deparan las obras maestras absolutas.
En la veintena de casitas que forman el Certaldo histórico —un palacio entre ellas— hay una pequeña trattoria que ofrece, todas las primaveras,
 “El suntuoso banquete medieval de Boccaccio”, pero, como es invierno, debo contentarme con la modesta ribollita toscana, una sopa de migas y verdura, y un vinito de la región que rastrilla el paladar.
En los carteles que cuelgan de las paredes de su casa natal, uno de ellos recuerda que, en la década de 1350 a 1360, entre los mandados diplomáticos y administrativos que Boccaccio hizo para la Señoría florentina, figuró el que debió conmoverlo más: llevar de regalo diez florines de oro a la hija de Dante Alighieri, Sor Beatrice, monja de clausura en el monasterio de Santo Stefano degli Ulivi, en Rávena.
Descubrió a Dante en Nápoles, de joven, y desde entonces le profesó una admiración sin reservas por el resto de la vida.
En la magnífica exposición que se exhibe en estos días en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia —Boccaccio: autore e copista—, hay manuscritos suyos, de caligrafía pequeñita y pareja, copiando textos clásicos o reescribiendo en 1370, de principio a fin, veinte años después de haberlas escrito, las mil y pico de páginas del Decamerón que poco antes había querido destruir (era un hombre contradictorio, como buen escritor).
 Allí se ve a qué extremos llegó su pasión dantesca: copió tres veces en su vida la Comedia y una vez la Vita Nuova, para difundir su lectura, además de escribir la primera biografía del gran poeta y, por encargo de la Señoría, dictar 59 charlas en la iglesia de Santo Stefano di Badia explicando al gran público la riqueza literaria, filosófica y teológica del poema al que, gracias a él, comenzó a llamarse desde entonces “divino”.
Descubrió a Dante en Nápoles, de joven, y desde entonces le profesó una admiración sin reservas
En Certaldo se construyó hace años un jardín que quería imitar aquel en el que las siete muchachas y los tres jovencitos del Decamerón se refugian a contarse cuentos.
 Pero el verdadero jardín está en San Domenico, una aldea en las colinas que trepan a Fiesole, en una casa, Villa Palmieri, que todavía existe.
De ese enorme terreno se ha segregado la Villa Schifanoia, donde ahora funciona el Instituto Universitario Europeo.
Aquí vivió en el siglo XIX el gran Alejandro Dumas, que ha dejado una preciosa descripción del lugar
. Nada queda, por cierto, de los jardines míticos, con lagos y arroyos murmurantes, cervatillos, liebres, conejos, garzas, y del soberbio palacio donde los diez jóvenes se contaban los picantes relatos que tanto los hacían gozar, descritos (o más bien inventados) por Boccaccio, pero el lugar tiene siempre mucho encanto, con sus parques con estatuas devoradas por la hiedra y sus laberintos dieciochescos, así como la soberbia visión que se tiene aquí de toda Florencia.
 De regreso a la ciudad vale la pena hacer un desvío a la diminuta aldea medieval de Corbignano, donde todavía sobrevive una de las casas que habitó Boccaccio y en la que, al parecer, escribió el Ninfale fiesolano; en todo caso, muy cerca de ese pueblecito están los dos riachuelos en que se convierten Africo y Mensola, sus personajes centrales.
Todo este recorrido tras sus huellas es muy bello pero nada me emocionó tanto como seguir los pasos de Boccaccio en Certaldo y recordar que, en este reconstruido local, pasó la última etapa de su vida, pobre, aislado, asistido sólo por su vieja criada Bruna y muy enfermo con la hidropesía que lo había monstruosamente hinchado al extremo de no poder moverse.
Me llena de tristeza y de admiración imaginar esos últimos meses de su vida, inmovilizado por la obesidad, dedicando sus días y noches a revisar la traducción de la Odisea —Homero fue otro de sus venerados modelos— al latín hecha por su amigo el monje Leoncio Pilato.
Murió aquí, en 1375, y lo enterraron en la iglesita vecina de los Santos Jacobo y Felipe, que se conserva casi intacta
. Como en el Certaldo histórico no hay florerías, me robé una hoja de laurel del pequeño altar y la deposité en su tumba, donde deben quedar nada más que algunos polvillos del que fue, y le hice el más rápido homenaje que me vino a la boca: “Gracias, maestro”.
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© Mario Vargas Llosa, 2014.

10 tiendas de alimentación que no se puede perder................ José Carlos Capel

Del ultramarinos al ‘aula gourmet’. 

Establecimientos que combinan la venta de productos de gran calidad con sesiones de degustación y clases magistrales.

 Una selección de pequeños templos de la gastronomía.

 

César Lucadamo

En muchos mercados a la última, atípicos o de diseño, la gente no va a comprar, sino a disfrutar comiendo
. Y mientras está allí se interesa por productos y acaba comprando.
 Podrían considerarse food halls (galerías gastronómicas) al más puro estilo londinense.
 Lugares para degustar y comprar, con lineales atiborrados, barras para picar, restaurantes informales y muchas mesitas, altas o bajas.
En toda Europa existen enclaves en esta línea: el famoso Ka De We en Berlín, la planta gourmet de las Galeries Lafayette en París y los food halls de Harrod’s, Selfridges y John Lewis en Londres.
 Y en Turín y Nueva York y otras ciudades italianas, el renombrado Eataly.
 En definitiva, lugares donde se come y se compra.
Lo mismo sucede en algunos de los mercados de moda en España
. Es el caso del de San Miguel, casi reservado a turistas, y el de San Antón, ambos en Madrid, o el de El Olivar en Palma de Mallorca
. En Barcelona no escapan a la tendencia la famosa Boquería, donde cada día se venden más cosas para degustar de pie, ni tampoco el mercado de Santa Caterina, donde triunfa el local de Rosa Esteva. La lista se haría infinita.
Una línea en la que se encuentran los Gourmet Experience de El Corte Inglés, que se suman a la tendencia.
Se reconozca o no, los conceptos que rodean a los comercios gourmet de última generación han cambiado por completo.
 Los clientes que se acercan a estos lugares no solo buscan calidad, sino la posibilidad de vivir experiencias.
 Comer y comprar, catar y probar, degustar y dialogar son los verbos que rodean las preferencias de las sociedades modernas, cada vez más participativas en todos los ámbitos.
 El gastronómico no escapa a las corrientes en boga
. Es lógico que los reductos antaño reservados a gourmets procedan a abrir sus puertas.
Detrás de estos nuevos comercios siempre hay especialistas
. No son meros entendidos, sino apasionados de su trabajo que ofrecen a sus clientes aquello con lo que disfrutan
. En sus estanterías se pueden hacer grandes hallazgos: huevos de caserío, conservas afinadas durante años, pollos de corral con garantía de origen, carnes con trazabilidad asegurada y hasta panes especiales.
Estos lugares no se conforman con ofrecer exquisiteces únicas, sino que difunden su conocimiento, la cultura que los acompaña
. A su alrededor proliferan cursillos de cata, degustaciones programadas o clases presenciales con maestros donde los asistentes intervienen y se impregnan de conocimiento.
Son comercios que venden productos de calidad, pero también experiencias asociadas.
 Muchos de ellos disponen de clubes a los que es fácil afiliarse.
 Un sistema que da acceso a eventos periódicos, algunos de gran relevancia
. Entre ellos, el Club de Vila Viniteca, fundado en 1992, en el que expertos sumilleres y enólogos consiguen para sus asociados vinos de producciones limitadas.
 Lo mismo que Lavinia, que permite reservar en primicia ciertas botellas antes de que lleguen al mercado
. Más aún: Quim Vila, propietario de Vila Viniteca, organiza premios, fiestas y un evento bienal –La Música del Vi– de cata por parejas.
Ningún comercio gourmet que se precie se concibe tampoco sin una venta digital de sus productos. Ni casi tampoco sin blogs o foros en Internet en los que los usuarios puedan verter sus opiniones. Algunas tiendas especializadas disponen también de restaurantes que, a modo de prolongación de sus espacios, permiten disfrutar de sus productos.
 Es el caso de Poncelet, en Madrid, la mejor tienda de quesos de España, que ofrece magníficas tablas surtidas en su Cheese Bar. O Casa Pepe en Barcelona, donde los espacios de degustación y compra casi se confunden.
 Comprar, comer y beber, vivir experiencias e impregnarse de cultura gastronómica
. Es el signo de los tiempos que corren